Hay que ver las cosas surrealistas que a veces le pasan a uno. Hoy me ha sucedido algo que parece ciencia ficción política, o sacado de una película sobre conspiración anti gubernamental, pero que en todo caso, y pendiente de confirmación, me ha sentado como una gran broma pesada. Todo comienza cuando me llega, con fecha de hoy (19 de noviembre), un comunicado de prensa de la editorial Melusina, que supongo real y contrastado, y que me ha dejado estupefacto, descolocado y con notable indignación. Ojalá dentro de unos días me entere de que todo ha sido una broma, o una jugada de un grupo mediático como los que el otro día mencionábamos. El comunicado difunde la información de que uno de los miembros del colectivo de filósofos francés Tiqqun ha sido detenido y procesado por atentado, sabotaje y pertenencia a un grupo subversivo terrorista, titulado “célula invisible”. Podemos pensar que es un bulo filtrado por los propios Tiqqun, de hecho he estado mirando en la red y no he encontrado nada, pero… ¿Y si la noticia fuera cierta? Pues si estos hechos son ciertos, es decir: si este pensador ha cometido los hechos y finalmente la justicia francesa comprueba las acusaciones, me parece que esas acciones son repugnantes, deleznables y creo que en ningún caso actuaciones de ese tipo pueden ser justificables desde un punto de vista filosófico. Un atentado es un crimen contra todos, contra cada uno de nosotros, venga de quien venga, y se le dé la justificación que quiera dársele.
Me ha producido gran inquietud la noticia porque he comentado, entre muchos otros, los libros de Tiqqun en un artículo que aparecerá próximamente, y cuya edición estaba ya cerrada cuando, en el momento de enterarme de la noticia, he llamado para saber si se podía cancelar o modificar sustancialmente la publicación. A mí me llegaron esos libros como novedades de filosofía, están distribuidos como tales en las librerías españolas, y como libros de filosofía los he tratado. Los terroristas, al menos hasta ahora, solían redactar panfletos, hojas repartidas anónimamente por la calle, y no libros difundidos por editoriales convencionales; nadie en sus cabales puede imaginarse que un libro de filosofía distribuido por cualquier editorial española pueda tener detrás a alguien realmente peligroso. Las ideas del grupo me parecieron muy radicales y así lo digo en el artículo, pero aun así tengan claro que no hubiera escrito nada sobre este colectivo de haber sabido con antelación que uno de sus ideólogos puede ser condenado por atentado y sabotaje, al menos hasta que se publique la sentencia firme que ratifique su inocencia. Siempre pensé, mientras leía estos libros, que había bastante “pose” en ellos, y que sus tajantes declaraciones –entre las que había mezcladas algunas hipótesis filosóficas de interés– eran más posturas simbólicas que afirmaciones reales; que se trataba de puras hipótesis especulativas, dirigidas a estudiosos, y no de normas vinculadas a un programa “práctico” de realización de las mismas. En el artículo hago hincapié, precisamente, en que confío en que algunas de sus aserciones sean puramente simbólicas y deseo en voz alta que, en ningún caso, se produzca el paso a la acción. Desgraciadamente, ese paso puede haberse producido y yo me he enterado cuando ya no podía hacer nada para arreglarlo. Por eso lo arreglo ahora.
Leí estos libros entre muchos otros, y por error los confundí con el “tono general” de todos, sin caer en la cuenta de que eran sustancialmente diferentes. Un error por mi parte, en el que mi casi total desconocimiento del francés, que me impidió poder investigar más en la red sobre el grupo, tiene mucho que ver. En muchos ensayos recientes se critican los abusos de algunos Estados, y se pone en guardia a los ciudadanos contra posibles recortes de libertad. Yo creo que ésa es una obligación civil: los ciudadanos somos los primeros que tenemos que velar por nuestros derechos, precisamente porque son nuestros. Pero eso es una cosa y otra, muy distinta, combatir el Estado de Derecho, algo que me parece demencial y absurdo porque, como explican con sensatez los estudiosos de Derecho Constitucional, sólo dentro de un estado de Derecho pueden garantizarse los Derechos Fundamentales del hombre. Sólo un Estado de Derecho garantiza al ciudadano tener los resortes legales para velar por su privación injusta de las libertades. Yo leí los libros de Tiqqun como postulantes de una reforma de las cosas, como defensores (radicales, sí, pero defensores) de un cambio de perspectiva. Cuando hablaban de “revolución” yo la entendía al modo de “otro mundo es posible”, como es común hoy día, no como “muertos en las calles”. Creo que el hecho de leer esos libros dentro de un bloque de otros muchos donde las cosas se entendían de un modo más sosegado y pacífico, me llevó a confundir cuáles fueran las reales intenciones de los miembros de Tiqqun. Ahora mismo ni siquiera me planteo cuáles puedan ser, al final, esas intenciones. Hasta que no salga la sentencia firme del caso no pienso volver a preocuparme por ellos. No se trata de condenarles de antemano, ni de negar el derecho constitucional y fundamental de presunción de inocencia; simplemente “suspendo” mi juicio sobre ellos hasta que su inocencia, si se declara, me dé la confianza suficiente para retomar mi opinión sobre ellos como colectivo. Cuando se abre un proceso legal en España contra alguien, y me imagino que en Francia es igual, es porque el juez ve “indicios racionales de criminalidad”. Creo que eso es algo muy serio para hacer como si nada; en términos intelectuales, lo que entiendo que debe hacerse es darle al “pause”, interrumpir el pensamiento sobre esos libros, hasta que resulten libres sus autores -si resultan libres-. Ni condenar ni absolver de antemano, simplemente esperar. Por desgracia, mi artículo va a aparecer después de conocerse estos hechos, como si yo estuviera absolviendo de antemano o “comprendiendo” al ideólogo procesado. Quiero que quede claro que eso NO es así, y me da rabia no haber conocido esta noticia apenas una semana antes, cuando había tiempo para hacer algo. Ojalá pudiera volver atrás en el tiempo, pero no se puede. De ahí que deje ahora taxativamente claro, de forma pública e incuestionable, que esta es mi opinión ÚNICA Y DEFINITIVA sobre el grupo Tiqqun en adelante, hasta que se publique una sentencia firme. El atentado político es una de las peores lacras de la humanidad y algo que vuelve a este mundo, cuando ocurre un atentado, un lugar detestable. Y ninguna filosofía puede intentar justificar ese desatino.
En un reciente post, “Periódicos de broma (o no)”, hacía referencia a la existencia de una serie de grupos o colectivos de personas que intentan hacer ruido al expresar sus ideas, formalizándolas de un modo sugestivo o diferente, por lo común bajo la norma del ingenio y del sentido del humor. Por supuesto, esto de Tiqqun no tiene ninguna gracia. En sus libros aparecen como unos ingeniosos antagonistas de algunas situaciones que consideran injustas, y era la argumentación y construcción filosófica de sus ideas la que llamó mi atención, porque algunas veces son muy inteligentes. Leí Teoría del Bloom porque mi tesis doctoral es sobre la construcción literaria y filosófica del individuo contemporáneo, y ese es el tema central del libro; como tal opúsculo filosófico me acerqué a él. Añadí luego el otro ensayo porque quería hacer un artículo sobre todos estos grupos que, desde distintos países, posiciones y métodos, plantean sus posturas de forma colectiva, y tiendo a leer todo lo posible de todo lo que comento. Ahora entiendo que, quizá, los dos ensayos no eran sólo filosofía, sino que a lo mejor eran programas de acción coordinada, y me arrepiento de haber tratado como meros libros de filosofía lo que quizá sean otra cosa, y lamento haber escrito el artículo porque la crítica literaria no tiene nada que ver con eso. La crítica literaria es lo contrario de la violencia, y lo contrario del atentado político, por lo menos la mía lo ha sido siempre y así seguirá, pues esas son mis convicciones.
No puedo comprender cómo alguien formado, culto e inteligente, puede llegar a tomar las armas contra nada. Si es que ése ha sido el caso. De ser cierto, me parece lamentable y contrario a la propia idea de filosofía, entendida como amor a la sabiduría. Una de las tareas de la filosofía del siglo XX ha sido precisamente intentar comprender cómo han podido ocurrir cosas como el Holocausto, y reflexionar sobre cómo evitar que se reproduzcan. La Filosofía es una lucha sostenida –salvo algún caso puntual– contra la violencia.
Ojalá todo esto sea una broma, y estemos ante una noticia falsa, o ante un bulo difundido por Tiqqun o por quien sea, y ese procesamiento judicial no sea real, sino el invento de alguien. Y espero, incluso en el caso de que fuera real la noticia, que no llegue a ser condenado el autor por tales hechos. Porque de otro modo me daría mucha vergüenza pensar que un artículo mío pudiese caracterizar de “interesantes” las tesis de este grupo, en el caso de que su ideólogo llegase a ser condenado por los hechos que se le imputan. Y me avergonzaría incluso aunque de ninguna manera hubiera podido yo saber, o siquiera imaginar, que tras esas páginas pudiera haber un “programa real de lucha”, que yo entendía meramente simbólica, más metafórica que cierta, jamás realizable a través de los actos. Me avergonzaría incluso habiéndome enterado demasiado tarde, sin posibilidad ya de corregir la información en el propio lugar. Y por eso quiero que quede constancia aquí de que, si tal cosa sucediese, comprendo el alcance de mi posible error, cometido sin culpa mía y sin una información fundamental que yo no tenía, por el que pido de antemano, aun antes de haberse llegado a cometer, las disculpas correspondientes.
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miércoles 19 de noviembre de 2008
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2 comentarios:
Os rogaría, si es posible, no colocar comentarios a esta entrada. Si la noticia es falsa suprimiré el post, y no lo es, preferiría que toda la opinión, como digo en la entrada, esperase a la resolución del juez francés. Gracias.
"Arrepentirse es ser dos veces hipócrita"
Friedrich Nietzsche
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