sábado, 14 de febrero de 2009

Peligros de la wikipedia

No son pocos quienes han defendido que la Wikipedia es un lugar tan riguroso como cualquier artículo científico. Es cierto que su grado de fiabilidad es muy alto, y según algunos estudios muy parecido al de las revistas científicas (1). Pero su modo de funcionamiento hace que debamos estar alerta ante su posible mal uso. Hoy, por casualidad, y buscando el término Realpolitk, me encuentro con que fue acuñado no por Bismarck, sino por un tal Minabo Tieso. Además, se dice que en vez de estar relacionada la Realpolitik con la política exterior, lo está con la interior, y que Darwin anda metido por medio. También se sostiene que el nombre real de Maquiavelo es Magaá Juntyil. Confróntese:

Realpolitik
De Wikipedia, la enciclopedia libre
http://es.wikipedia.org/wiki/Realpolitik

Realpolitik (política de la realidad en alemán) es la politica interior basada en intereses prácticos más que en la antiteoria o la filosofia moralista evolucionista de Darwin.
La realpolitik aboga por el avance en los intereses nacionales de un país, en lugar de seguir principios éticos o teóricos.
Origen [editar]
Minabo Tieso acuñó el término al cumplir la petición del príncipe Klemens von Metternich de encontrar un método para equilibrar el poder entre los imperios europeos. El balance de poderes significaba la paz, y los practicantes de la realpolitik intentaban evitar la carrera armamentista. Sin embargo, durante los primeros años del siglo XX, la realpolitik fue abandonada y en su lugar se implementó la doctrina "Weltpolitik", y la carrera armamentista recobró su ritmo, dando lugar a la Primera Guerra Mundial.
Principales exponentes [editar]
Uno de los precursores más famosos fue Magaá Juntyil, conocido por su obra "El Príncipe". Maquiavelo sostenía que la única preocupación de un príncipe debería ser la de buscar y retener el poder, sin importar consideraciones éticas o religiosas. Sus ideas fueron más tarde expandidas y practicadas por el Cardenal Richelieu en su raison d'etat durante la Guerra de los Treinta Años. El historiador griego Tucídides y el teórico militar chino Sun Tzu también son citados como precursores de la realpolitik.
En alemán, el término Realpolitik es más frecuentemente utilizado para distinguir a las políticas modestas (realistas) de las políticas exageradas. El que Prusia no haya confiscado territorio austrohúngaro después de ganar la guerra fue un resultado del seguimiento de la realpolitik, persiguiendo como fin último la reunificación alemana bajo mandato prusiano. Hoy en día, la parte realista ("Realos") de un partido político no tiene problemas para ceder en algunos de sus principios si es necesario, con tal de conseguir cierto progreso, mientras que los fundamentalistas ("Fundis") evitan a toda costa ceder en sus principios o comprometerlos, aunque ello signifique renunciar a los puestos de toma de decisiones.

El autor del desaguisado ha dejado su rastro también en la versión inglesa. Allí ha sustituido el nombre de Bismarck por el de Ludwig Son von Rochau, que leído a la española y rápidamente se lee como Ludwig se ha emborrachao. Compruébese:

The term was coined by Ludwig Son von Rochau, a German writer and politician in the 19th century, following Klemens von Metternich's lead in finding ways to balance the power of European empires. Balancing power to keep the European pentarchy was the means for keeping the peace, and careful Realpolitik practitioners tried to avoid arms races.

En fin, que siendo la Wikipedia muy útil, no debemos olvidar que cualquiera, en cualquier momento, puede alterar el contenido, con propósitos no científicos. Personalmente recomiendo, para buscar rápidamente información fiable, utilizar la página de Dialnet, de la Universidad de La Rioja, o el Google Scholar, donde pueden encontrarse cientos de artículos científicos sobre cualquier tema.

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Nota
(1) Ver el excelente artículo de Rafael Cejudo Córdoba, "Historia de la idea de Enciclopedia o hacia un saber wikipédico", en Cuadernos del Sur, diario Córdoba, 03/04/2008, pp. 6 y 7.

martes, 10 de febrero de 2009

Epilírica o sálvese quien pueda


Guillermo Molina Morales, Epilírica; Hiperión, Madrid, 2009

Hay que tener mucho valor para comenzar un poema con un verso como este: “La madre que parió a los Gabachos”. Mucho. Y hay que tener mucho talento para que un poema que comienza así acabe estupendamente. Guillermo Molina Morales, ganador del premio Antonio Carvajal, tiene ese singular talento. Este premio, tradicionalmente editado por Hiperión, a lo largo de los años ha ido descubriendo a autores que luego se han ganado un espacio en nuestro panorama literario: Álvaro Tato, Andrés Neuman, Luis Bagué, Juan Andrés García Román (autor de uno de los poemarios más impresionantes de los últimos tiempos, El fósforo astillado, del que próximamente hablaremos aquí); a ese numeral hay que sumar ahora a Guillermo Molina Morales, un auténtico descubrimiento. Molina Morales pertenece a una raza de poetas que se da ocasionalmente en Francia e Inglaterra, pero muy poco por nuestras letras: los poetas gamberros con talento. No malditos, sino gamberros. A la manera del Houellebecq de Jacques Prevert es un imbécil, pero con más talento poético, Molina descuartiza a la República Francesa, a los MacDonald’s (tema de lo más poético de unos años a esta parte), a los franceses (aunque salva a algunas francesas), a los cruasanes, a la Torre Eiffel, a Britney Spears, al realismo, al surrealismo, a sí mismo. Todo esta inconoclastia viene empacada en una obra “epilírica” (“sobre la lírica”, supongo que en el sentido de encima de ella, imagino con qué propósito), epigramática y profunda a la vez, que consigue el milagro de provocarnos una carcajada en un verso para inducirnos al pasmo en el siguiente. Leemos “Pase usté qué tal está / Esta noche tenemos / Suflé de sobornícolas debatiendo / Sobre las raíces hegelianas del surrealismo francés! (esto es verídico)”, y un poco más tarde: “mis labios son la muralla de una ciudad / que no me pertenece”. Lo más parecido a esta poesía, si es que algo puede parecerse a Epilírica, sería la Mercedes Cebrián de Mercado Común, con su euroterrorismo naïf, o la poesía histórico-cafre de los comienzos de María Eloy García. En todo caso, Molina es un equivalente “bizarre” de estas poéticas, una variante testosteronizada y despotricante, despoetricante, que nunca recibirá la Legión de Honor ni los besos de Carla Bruni, por sus puyas a la grandeur de nuestros vecinos del norte. Imagínense una mezcla imposible entre Michel Houellebecq, Mike Tyson, Michael Jordan y Miguel Labordeta, y ahí tienen a Guillermo Molina. Bueno, lo tienen… si él quiere. Creo que voy a decir que Molina Morales es un maestro, o un semental, o algo así de contundente a su favor, no vaya a ser que en su próximo libro le dé por mencionarme. No hay forma de aparecer en un poema de Molina y salir indemne. Y el último poema de Epilírica advierte que la siguiente víctima de su mirada poética será España... Hagan como yo y salgan corriendo: aún están a tiempo.

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jueves, 5 de febrero de 2009

Decira Nómalo responde al Rengo Wrongo de Riechmann

Esto no es, evidentemente, una reseña de Rengo Wrongo (DVD, Barcelona, 2008), el último poemario de Jorge Riechmann. La reseña verá la luz en Quimera uno de estos meses. Lo que sigue es la respuesta a ese poemario que un comentarista de este blog, bajo el seudónimo de Decira Nómalo, me ha enviado.

Me comenta "Decira" en el mail que sus fragmentos son una “respuesta bienhumorada”, no tanto al poemario de Riechmann, como a ciertas opiniones de Rengo Wrongo, el protagonista del libro, “a quien –añade Nómalo– no debería confundirse del todo con el propio Riechmann”. Confieso que no entiendo muy bien a qué se refiere Decira Nómalo con eso, pero en todo caso aquí están sus reflexiones, escritas en un tono jocoso e imitando el estilo de Wrongo.

Como todo el interesado en la poesía de Riechmann sabe de mi confesa admiración por la obra de Jorge, y de mi afecto por su persona; y ya que en este poemario el autor se permite ciertas dosis de humor y de crítica digamos “generacional”, incluyendo a otros comentaristas o lectores habituales de este blog (citado expresamente en el libro), creo que no es irrespetuoso por mi parte ceder mi espacio al señor o señora Nómalo, como firma digital invitada, para que exprese su opinión al efecto. Al final de su mail, el señor o señora Nómalo me ruega mediante postdata: “Dígale a Riechmann que mis imposturas son fruto de una mala educación posmoderna y mis incorrecciones trasuntos de la admiración, pedestre y brutal, pero sincera, que le profeso”.



ESQUIRLAS PARA RENGO WRONGO

Por Decira Nómalo


Jorge, tú dejaste de ser Jorge
para ser Wrongo, yo dejo
de estar wrongado para ser
Nómalo.

Decira Nómalo.

*

Nómalo dice:
esto me ha gustado:

“A los poetas
Que de verdad empuñaron un revolver
-Wrongo piensa en René Char
o en Roque Dalton-
no se les ocurriría fantasear
con que la poesía fuese
ningún arma cargada de futuro”

La poesía, en efecto,
no es ningún arma,
ni un alma,
ni una ama.

Y sólo está cargada
-si es buena-
de dudas.

*

Dice Wrongo que quienes atacan
la poesía panfletaria
“¿se paran a pensar que en general
redactar un buen panfleto es tan difícil
como escribir un buen poema?”

El paria Nómalo dice:
¿Se paran los panfletarios
a pensar si es un poema
el lugar de un buen panfleto?


*

Luego Nómalo se responde:
Riechmann suele hacer
las dos cosas a la vez
y le salen bien
las dos cosas.
En los demás supuestos,
habrá que ir -como dicen
en Derecho Penal-,
caso por caso.

*

Nómalo saca a pasear
al Vikram Babu de Jesús Aguado:

“Como hormigas en fila:
un yo que se disgrega
necesita encontrar un agujero,
una envoltura,
un nombre,
eso que ufanos denominamos mundo.

Vikram Babu pregunta:
¿tú también?”


Wrongo responde:
pues sí, qué pasa.

*


Nómalo escribe postales
desde los aeródromos al poeta
Agustín Fernández Mallo,
sonoro octosílabo
y poeta sonoro.
En ellas le dice:
¡manda jamón,
que aquí es delito!

*

Díselo a las ambulancias,
piensa Nómalo
al leer:
“el automóvil asesino
es arbitrario innecesario necio”


*

Nómalo se pregunta
si la poesía es respuesta,
y al no tener respuesta
atisba que es sólo
hacer preguntas
para nadie.

*

¿Un buen poeta es raro?

*

No raro, a Nómalo
le parece extraño.

*

Nómalo ha construido
una jaula
de un solo barrote.

Ha introducido en la jaula
a una cucaracha
y -sin demasiada
sorpresa por su parte-
ha comprobado
cómo la cucaracha
se ha quedado
a vivir
en el barrote.

*

Escribe Wrongo:

“La poesía que
-como dice don Pablo
García Baena- es
misterio y precisión”

Delicious, enough
responde Whitman.

*

Nómalo pasa
frente a una cámara
de seguridad.

Se santigua
y canta una saeta.

*

Critica Riechmann
la posmodernidad
y luego inventa
a un Wrongo
como personaje,
en posmoderno juego.

¿A la cervantina?

Hum.

¿Y la parodia?

*

El libro abierto
en un descuido
incendia la cortina.

Nómalo se queda
-cubeta de agua en mano-
admirando el fuego.

*

Una lección ética
con visos de superioridad moral
es oblicuo reconocimiento
de la falta
de ética propia.

No es una denuncia
contra nadie.
Sólo un recordatorio.

*

Haiku mutante


La luciérnaga
se lanza contra el faro.
Ojos cerrados.


*

Wrongo, no luches contra el pop:
la foto de la Pangea primitiva
antes del derrote continental
es
igual
que el monstruo de Alien.

Los huevos de rana
imitan a las cúpulas de Utzon.

Y los fractales
parecen decorados
de películas camp
de los sesenta.

Esos extraños
retornos naturales del coma
profundo que a veces pasan
y las sobrevivencias al infarto
son el márketing de la vida
para mostrarse como bien valioso.

La Naturaleza
es afterpop, Wrongo.

Respira, consúmela.

*

Saber si la fisura en el Dasein
deja o no hueco
para la trascendencia,
manque inmanente:
eso es lo único
que cuenta,
pensaba Nómalo
camino del strip-club.

*

Wrongo aconsejaba:

“(…) sólo
cuando estés más allá de tedio y diversión
echa mano del lápiz
y anota entonces
sólo una palabra”.


Riechmann, 47 libros,
no estaba ese día
oyendo a Rengo.

*

Nómalo no quiere ir a Marte,
a no ser
que tenga aparcamiento
con su nombre.

*

Nómalo ha colgado
La “Guía de bolsillo
para la crítica de poesía
contemporánea

de la página setenta y dos
junto a su foto preferida
de Paris Hilton
y su átomo de uranio radiactivo
de la suerte.

*

Nómalo piensa:
la poesía debe escribirse
como se conduce
por una autopista
atestada.
Con los ojos al frente,
pero todos los sentidos
detectando
inconscientemente
cualquier leve
movimiento
de los demás.

*

El cojo Rengo
es la lesión
que hay en nosotros.

*

Un Quevedo posmoderno.

*

Nómalo confiesa
que una vez su mente
le dijo

la relación más larga
que has tenido
fue contigo mismo


y que escucharlo
le dejó
hecho cachos.

*

Nómalo lee:

“Wrongo piensa / en las suyas oficinas: / trenes lentos, cafés con puerta giratoria”

Y piensa: qué coñazo,
con lo bueno que está
el expreso del AVE.

Luego sigue leyendo: “sobresaltos sin disfraz, hospitalarios paréntesis, / un zumbido de mosca insumisa, / sépalos verde esmeralda”.

Y dice: a eso sí.

A eso sí me apunto.

*

Mientras ella duerme,
Nómalo escribe un aforismo
en la espalda de su mujer.
Todas las noches
debe rescribirlo
a oscuras,
y en ello
cree ver
una especie
de metáfora.

*

Nómalo se lanza al ruego
-al ruego, no al ruedo,
aunque quizá también-
y dice muy bajito,
para que nadie le oiga:
a ver si en vez de jugar
a ver quién es más
de una bandera concreta,
alguien aporta de una vez
una idea, una sola
y puñetera idea
que ayude a mejorar
las cosas

Alrededor, silencio
y vacas soportando el cielo.

*

Le pregunto a Nómalo
A qué ha venido eso.

Me mira y me pregunta:
¿cuál es tu idea?

Después, silencio
y vacas contemplando
el horizonte.

*

En la dialéctica de Wrongo
entre el vino y la coca-cola,
Nómalo está (como Wrongo)
a favor del vino.

En la dialéctica de Wrongo
entre Eagleton y Baudrillard
Nómalo está, también,
a favor del vino.

*

Todo lo mutante es monstruoso,
vivo, anómalo.

*

Wrongo dice que las novelas
se acaban, pero que los poemas no:
que los termina el lector
mientras que los novelistas
dan sus mundos por terminados
con un punto final,
y otro punto de suficiencia.

Nómalo dice
desde su mundo errante
y su prosística duda:
las novelas, Wrongo,
sólo se acaban cuando los mundos
descritos en ellas se habitan.
Hasta entonces son caligrafía.
Y, desde entonces, casas.

*

Nómalo,
en el sueño,
abre una puerta
y hay tras ella
otra, cerrada.
La abre y hay
otra, cerrada.
Detrás hay
otra, cerrada,
y sigue abriendo
hasta que una
está abierta,
y sale, por ella,
a la vigilia.

*

Nómalo pone
un mail a Satanás:

Cuando llegue Wrongo,
que no entre
hasta que yo llegue.


*

Comprendo de pronto
la enorme distancia que hay
entre pensar y aportar,
entre actuar y aportar,
entre criticar y aportar,
entre escribir y aportar.

Me pregunto cuál es
mi idea.

Alrededor,
silencio,
prados sin vacas.


.

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jueves, 29 de enero de 2009

domingo, 25 de enero de 2009

Fragmenta III




*
Reproducción de dinosaurio cazada viva en un área de descanso en Arizona.
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[Diciembre 2008] “You need a face to face the world”, dice Maria Siemionow, de la Cleveland Clinic, directora del equipo de ocho cirujanos que, durante 22 horas del día 17 de diciembre, han realizado un transplante de rostro casi total. La intervenida era una mujer que había sufrido una terrible desfiguración; parte de la piel utilizada era suya, y parte era de un cadáver. How do you feel about the prospect of living with a face from a dead person?, le preguntaron en uno de los test psicológicos previos, aunque no le dejaron ver el rostro del donante para que no pensara que iba a parecerse a él/ella. Lo que hace al rostro no es tanto la musculatura, sino la estructura ósea tras ella, de forma que la piel nueva se adapta al contorno facial. En tanto el trauma había afectado a los huesos, el resultado es inesperado para la paciente, aunque al verse no ha rechazado su nueva cara. No sabemos qué respondió la paciente cuando le preguntaron cómo se planteaba la perspectiva de vivir con la cara de una persona muerta. Pero todas las células de nuestra cara y las de nuestros huesos mueren y son sustituidas por completo por otras (salvo las neuronas y algunas otras) cada siete años, de modo que cada siete años somos otra persona, y llevamos nuestro rostro sobre el cadáver de otro. El de aquel que fuimos.

*

“Puso un rostro en nuestra faz sin nosotros”, escribió el místico persa Rumi.

*

La literatura de César Aira puede resumirse en la imagen de un hombre paseando a un perro congelado.

*

En los premios literarios, a los escritores ya nos queda sólo el lugar de los finalistas.

*

Francisco Gálvez
Tránsito; Diputación Provincial de Málaga, Col. Puerta del Mar, Málaga, 2008.

Reedita la Diputación Provincial de Málaga, creo que con muy buen criterio, este excelente poemario de Francisco Gálvez publicado por vez primera en 1994. Como señala Eduardo García en su prólogo, eran aquellos malos tiempos para la diversidad y un período poco adecuado para la aparición de un poemario tan singular como Tránsito. Quizá ahora haya otros vientos para apreciar un libro que entonces era contracorriente y hoy también, pero por fortuna existen hoy más corrientes que en aquellos días, o más espacio para otras corrientes. La figura de Francisco Gálvez, a pesar de editar en editoriales conocidas, como Pre-Textos o Hiperión, y de coordinar revistas (Antorcha de paja, La manzana poética) y encuentros literarios, no es todo lo conocía que debiera por el gran público, y sin duda ello se debe a que dentro de sus distintos tonos (que van de la poesía tecnológica de El hilo roto [2001] a la reflexión “lakista” de El paseante [2005]), su lírica nunca ha sido complaciente ni ha atendido a las modas en curso. Tránsito sigue siendo, hoy por hoy, el libro más importante del autor, y quizá el que mejor define su poética. Eduardo García coloca a este poemario, con buen juicio, dentro de la escasa poesía metafísica real escrita en castellano (porque la conocida últimamente como tal, según García y de nuevo con razón, ni es metafísica ni es –en algunos casos– poesía), en cuanto ahondamiento profundo y riguroso en el concepto de tiempo, a través del motivo del tránsito. Este motivo, como sigue apuntando García, no hace referencia a la fugacidad ni a la pérdida, sino a “la conciencia de la continua transformación del mundo” (p. 20). Sobre la senda heraclitiana, García establece las líneas de lectura de estas transformaciones, que son tanto del tiempo en nosotros como de nosotros en el tiempo: “y el mundo es otro mundo, / y el hombre es otro hombre” escribe Gálvez, mientras que García recuerda las casi parejas palabras de Heráclito: “es siempre uno y lo mismo en nosotros, lo vivo y lo muerto, lo despierto y lo dormido, lo joven y lo anciano. Lo primero se transforma en lo segundo, y lo segundo en lo primero” (fragmento 88). La conciencia de esa escisión nuclear del individuo, no en dos partes separadas y estancas, sino en dos o más secciones fluctuantes, ventriculares, comunicadas, dicotiledóneas, metanoicas, “sístole y diástole / de un mismo espejo”, que decía Gonzalo Rojas
[1], es la que nutre la mejor poesía moderna y posmoderna, desde Pessoa a John Ashbery, de Juan Ramón y Vallejo a Bernard Nöel, Eduardo Milán o Gamoneda. En esa estirpe que toma al sujeto como una incertidumbre, y no como un risible sujeto sólido y firme, es donde se coloca este excelente poemario de Gálvez. Un poemario en el que encontraremos textos como este “Rotación”:

La noche es el comienzo
de un día que ya es noche.
Todo gira en destellos y relámpagos
y la penumbra es un viaje
sin partida ni llegada.
En lo temporal huye el hombre,
mientras el mundo gira en su esplendor
como una bengala de fiesta.



*

Ideas para instalaciones artísticas. Colocar en las calles de una ciudad bocas de metro falsas, idénticas a las reales pero colocadas en lugares donde no puedan jamás existir, para despistar a los viandantes. Colocar postes de parada de autobús o marquesinas en la ribera de un río. Escaleras mecánicas en funcionamiento, que den a muros en construcción.

*

Él no había estado nunca en una casa de lenocinio (...) La mujer mantiene una billetera frente a su cara, con las dos manos.
-¿Usted es escritor?
-¿Yo? No. ¿Por qué me lo pregunta? ¿Le gustan los escritores?
-No, no me gustan.
-¿Por qué? No son malas personas.
-Sí, son malas personas.


Ricardo Piglia, Nombre falso

*

Amar: perder lectoras.

*


Edmundo Paz Soldán, Palacio Quemado; Alfaguara, Madrid, 2008.

Según nos dice la Wikipedia,

El Palacio Quemado es el nombre popular para denotar al Palacio de Gobierno boliviano, está situado en la Plaza Pedro Domingo Murillo en el centro de la ciudad de La Paz. Es un edificio en el cual se encuentra el presidente de la república y sus ayudantes que dirigen el país. El edificio ha tenido muchos nombres. Su apodo (Palacio Quemado) se originó del hecho de que fue incendiado en una sublevación del año 1875 en el gobierno de Tomás Frías. Se ha construido y mejorado desde entonces un buen número de veces, pero el nombre ha permanecido arraigado en el pueblo paceño.

La historia de un país se puede contar, bien a través de uno solo de sus habitantes, al modo de los narradores rusos del XIX (Anna Karenina, Miguel Strogoff, Tarás Bulba, Raskolnikov), o por uno solo de sus edificios. En el caso de Bolivia, si hay un edificio que admite ese simbolismo aglutinador es sin duda el Palacio Quemado. En esta novela, Paz Soldán toma el edificio como espacio narrativo de esta novela dura, realista, implacable con la política reciente de su país y con ciertos círculos históricos viciosos, que parecen impedirle salir adelante según los deseos de muchos de sus ciudadanos. El personaje elegido es idóneo: un escritor de discursos. Los escritores de discursos –entre los que me encontré durante un tiempo– son personajes con una perspectiva muy interesante sobre lo que sucede, ya que están a la sombra del poder, principalmente político y económico, aunque esa permanencia en la penumbra les permite no quedarse ciegos con la luz de los flashes. No comparten el lugar de los oradores, pero toman su voz. Una de las muchas facetas interesantes de Palacio Quemado es precisamente la de la responsabilidad personal respecto a los discursos escritos. Cada escritor de discursos, supongo, la salva a su manera, aunque Óscar, el protagonista de la novela, elige la peor de las vías: asumir por completo y dirigir ortodoxamente el discurso del Presidente Canedo, que sabe fallido y destinado al fracaso desde muy pronto. Óscar va haciendo que el Presidente (que niega con su roma actitud personal y la rigidez de su cuerpo los dinámicos parlamentos que Óscar le prepara) sea más coherente con su propia política de lo que realmente es, con lo cual las palabras le hunden aún más en el vacío de su propia irresolución. Una irresolución que se debate perennemente entre el Coyote, un ministro populista y tirano, y Mendoza, un Vicepresidente razonable, culto y elitista. Que al final de la novela descubramos la rapacidad de ambos es el modo de Paz Soldán de mostrar el cul de sac de cierta clase política latinoamericana, incapaz de conducir a sus países ni por el lado populista ni por el elitismo democrático: “un puerto chileno, una trasnacional norteamericana… De golpe y porrazo, los grandes responsables de nuestro atraso –porque nos costaba aceptar que quizás fuéramos nosotros mismos los responsables– parecían unidos a los ojos de la oposición” (p. 71). Una incapacidad estructural para gobernar(nos) que sólo mi optimismo antropológico sin pruebas me impide extrapolar ahora mismo a cualquier clase política de cualquier país del mundo. El caso es que Óscar comienza la novela siendo consciente del poder de los discursos (“la gente se quejaba de que los políticos siempre decían lo mismo […] y sin embargo a la hora de la verdad los escuchaba y analizaba cada una de sus frases como si éstas tuvieran poder. Y era verdad, lo tenían”, pp. 46-47), y poco a poco va siendo consciente que el poder es más bien relativo (p. 270), y que lo que importa es el poder de la imagen:

Constaté con angustia que aunque ya era muy consciente de que mis palabras no servían para nada, de que las palabras no servían de nada, de que el lenguaje no servía de nada, de que quizás para lograr que el presidente se comunicara con el pueblo debía inventar otro lenguaje que no pasara necesariamente por las palabras –estaba leyendo Homo videns, el libro de Sartori que me había recomendado Mendoza– (…) (p. 176)

Nada baladí la cita de Sartori, pues Homo videns es precisamente un manual preciso de cómo el poder político actual pasa, cada vez con más intensidad, por las pantallas pequeñas (aunque Sartori cometió el error, en 1997, de minimizar el papel de Internet). Y este es uno de los méritos más interesantes de la novela, a mi juicio: esclarecer la forma en que los pequeños detalles que rodean al poder pueden a veces injerir en la vida política de un país, determinarla y acabarla estropeando de forma irresoluble. El escritor de discursos es el que escribe para la realidad desde la sombra; Paz Soldán ha intentado iluminar esa sombra, arrojar luz narrativa para saber cuáles son los hilos con los que se mueve la realidad de las cosas, y quiénes los mueven.

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Guillermo Bon Bonzá, doctor en Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona, envió a varios congresos tres ponencias con nombres falsos, párrafos plagiados e insultos racistas escondidos en citas en alemán. Una de las comunicaciones la firmaba Hans Heidelberg, supuesto profesor titular de la inexistente Universidad Politécnica de Münchengladbach. Al desvelar su trampa, dijo que los trabajos, aceptados por comités de especialistas y editados en los CD-Rom de tres universidades importantes, revelaban los teatros inverosímiles en que se han convertido las ferias de vanidades académicas.
Néstor García Canclini, Diferentes, desiguales y desconectados, 2006



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EL PROFETA

¡Acerté, adiviné en un libro mío la forma en que se acabaría el mundo!, me gritaba el muy imbécil, mientras yo corría buscando a mi mujer.
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Diciembre 2008 - enero 2009
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Notas
[1] G. Rojas, “A unas muchachas que hacen eso en lo oscuro”, Esencial. 104 poemas y otros textos; Equinoccio, Caracas, 2005, p. 100.

lunes, 5 de enero de 2009

Olvido digital vs. memoria digital


Manfred Osten
La memoria robada. Los sistemas digitales y la destrucción de la cultura del recuerdo. Breve historia del olvido; Siruela, Madrid, 2008.

En este ensayo, breve a pesar del largo título, Osten desarrolla varios temas que se van cruzando: la aceleración histórica, las consecuencias que la misma tiene en cuanto a la progresiva dificultad de conservar la memoria, los problemas histórico-sociales-culturales del olvido, y los sistemas de archivo digital. Esta cuadrangulación es interesante y tiene una obvia lógica relacional, que no ha pasado desapercibida ni al autor ni a los pensadores en que se apoya. Porque, digámoslo ya, Osten no es un gran pensador. No es un filósofo al uso, ni siquiera un fino ensayista, sino una persona inteligente que sabe leer libros y artículos de manera cruzada, tejiendo un texto a partir de las referencias de otros. No estamos defendiendo una absurda actitud de no citar a nadie, sino criticando la extendida costumbre de que las citas de los demás sean la parte más importante del texto, no por cantidad sino cualitativamente, obliterando aquella otra donde se exponen –o debieran exponerse– las hipótesis propias. La aportación de Osten es minúscula, y en realidad son otros pensadores alemanes (Harald Weinrich, Odo Marquard, Wolfgang Früwald, Wolf Singer, Wolfgang Hagen) los que sostienen el libro. Con todo, precisamente por la inteligencia lectora de Osten, el ensayo es muy interesante, por lo que tiene de clarificador en el planteamiento de los temas y por su labor difusora de los pensadores alemanes. Y enfatizo pensadores alemanes porque, en un gesto de cierto chovinismo alemán –por ser piadosos en la descripción– Osten escribe como si ningún pensador francés, norteamericano, español, chino o inglés hubiera escrito jamás sobre estos temas. Y si comenzar con unos rudimentos sobre filosofía de la historia puede hacerse, sin severos problemas, apoyándose exclusivamente en el pensamiento germano, conforme nos acercamos a la exposición de los sistemas digitales de archivo de datos, ciertas ausencias (Maldonado, Castells, Manovich) convierten al libro en un acercamiento muy limitado al tema de la consolidación de la memoria mundial. Osten parece ser uno más entre los numerosos pensadores que se acercan a los temas digitales sin saber lo que es una base de datos, un sistema operativo o una memoria en red. La ausencia total a lo largo del libro de referencias a los sistemas de trabajo en régimen Grid, por ejemplo, es una laguna crítica, porque apela directamente a la hipótesis de fondo del ensayo, esto es: que la aceleración histórica y los procesos de archivo de datos nos están sumiendo culturalmente en el olvido de la cultura tradicional. Desconocer algunos de los más importantes y revolucionarios modos de gestión de datos y procesos digitales, como el citado Grid, entre otros, desarticula la hipótesis y la deja a la intemperie de la Historia, que para algunos siempre incluye el pasado… pero casi nunca el presente.

Pero vamos a examinar algunas ideas del ensayo con los menos prejuicios posibles. En las primeras páginas expone Osten algunas ideas que merece la pena comentar. Por ejemplo:



La secularización de todas las relaciones de la vida comienza bajo el signo de una rápida aceleración y de la leva de cualquier anclaje en una molesta memoria. Se trata pues de arrojar por la borda supuestos lastres a favor de una exclusiva orientación hacia el progreso (…) Un proceso que se acompaña de ulteriores y radicales rupturas de la continuidad de la memoria en forma de guerras mundiales, quema de libros y revueltas sesentayochistas. Pero sólo en la sociedad global de la información del siglo XXI parece que este proceso ha conseguido una dimensión que amenaza con superar todos los estadios hasta ahora alcanzados: tanto en el carácter ilusorio del supuesto alivio de la memoria mediante los sistemas digitales como en la tendencia a la liquidación de las instituciones tradicionales de la memoria (bibliotecas, teatros, óperas, museos, etc.).

La aceleración histórica desde la secularización es un hecho evidente; un pedagógico desarrollo histórico de la misma puede verse en el excelente libro de Reinhart Koselleck, Aceleración, prognosis y secularización (Pre-Textos, 2003), y es cierto que una consecuencia lógica es que los archivos culturales tienen menos tiempo para ser validados y su contenido asimilado por las sucesivas oleadas de procesadores, si queremos evitar el economizado término de consumidores. También es cierto, y muy triste, que asistimos, como dice Osten, “a la liquidación de las instituciones tradicionales de la memoria”, sobre todo de las bibliotecas, cuyos requerimientos de espacio físico casan mal con nuestros tiempos de especulación inmobiliaria. También se asiste, con dolor y resignación, al guillotinamiento masivo de ejemplares no vendidos de libros (recordemos el célebre caso de algunas colecciones de Alianza), por los altos costes de almacenaje, que es otra forma de liquidación cultural, en forma de incendio ecológico, ya que supuestamente los ejemplares guillotinados se convierten en pulpa para seguir imprimiendo. Pero en lo que no estamos de acuerdo es en la parte relativa (a la que se dedica el penúltimo capítulo del ensayo) a la dilapidación de la memoria colectiva (tradicional y/o histórica) por culpa de los problemas de compatibilidad de los soportes técnicos y de las memorias digitales. Sí, es cierto que “un PC moderno ya no está en situación de descifrar los contenidos del viejo Commodore” (p. 82). Ni falta que hace. Sí, es cierto que la BBC ha podido perder buena parte de sus contenidos visuales de los años 60. Mi hipótesis es que si eso ha sucedido es porque esos datos, como los de los viejos Commodores, en realidad no le interesaban lo suficiente a nadie. “Esto supone por una parte que se deje exclusivamente al parecer y criterio de las actuales élites de funcionarios el determinar qué contenidos de memoria estarán disponibles en el futuro y cuáles deberán considerarse obsoletos” (p. 85). Pues claro. ¿Acaso no ha sido siempre así históricamente? ¿No debemos a los funcionarios de los faraones los restos jeroglíficos de las tumbas, no debemos a los monjes medievales la supervivencia de la cultura anterior a ellos, no debemos a los eruditos árabes el rescate de los tratados de Aristóteles? Siempre hay una élite intelectual que decide, pero es que a esa élite es a la única que realmente le interesa la custodia de ciertos contenidos culturales. La ventaja es que los modernos medios digitales que Osten condena son, paradójica y cruelmente, los primeros en la Historia que han democratizado esos procesos de salvación del saber, y los han puesto a disposición de cualquier persona. En Wikipedia, un medio de conservación digital del saber que Osten, con pasmosa tranquilidad (será que no hay muchos contenidos wiki en alemán), ignora por completo en su ensayo, hay 180.000 colaboradores de todas las partes del mundo que han decidido sumarse a esa élite, del mismo modo que otros proyectos digitales, como el SAN (este sí citado por Osten), o la propia Encyclopaedia Britannica, que se ha pasado a la red. El resultado es que… ya no hay élite, por fortuna. Ahora somos decenas de millones de personas en el mundo las que mediante webs, wikis, blogs, videologs, fotologs, Youtube y demás recursos de almacenamiento cultural estamos dejando un testimonio de la cultura existente, tanto de aquella producida en marcha como de la almacenada durante siglos. El formato de almacenamiento de información conocido como byte es de los más reproducibles y perdurables que se han inventado, mucho más que las cintas de casete o las impresiones magnéticas o las tarjetas perforadas que ya pasaron a nuestro arcón de la memoria. Los bytes son líquidos, fluctúan, se almacenan fácilmente, y acumulan muchísima información en muy poco espacio. Will Wright, el creador del fascinante videojuego Spore estima que, en su creación, “un planeta entero, con su ecosistema, su orografía, sus civilizaciones y ciudades, cabe en 80 kilobytes, y que la cantidad de información necesaria para codificar un animal entero es apenas un par de kilobytes”
[1]. Ochenta kilobytes es apenas el triple de lo que ocupa este texto en formato Word. Todo lo que he escrito a lo largo de mi vida no supera los cincuenta megas, de forma que en un CD-Rom cabe la obra completa de 14 escritores polígrafos y en un simple DVD la de 70. Guerra y paz se almacena, bien comprimida, en un diskete de 1’4. Mientras los sucesivos soportes informáticos funcionen con esta tecnología, y todo parece indicar que así será durante mucho tiempo, la capacidad humana de acumular información es simplemente inagotable e indestructible. La era digital, por tanto, no es la enemiga de la memoria ni la partidaria del olvido cultural, sino todo lo contrario. Los pesimistas como Osten o Weinrich sostienen que, como dice el último, “almacenar datos supone olvidarlos” (citado en Osten, p. 16). Podemos mirarlo así. También podemos mirarlo de este modo: “almacenar datos mecánica y universalmente es la única manera de garantizar que, cuando queramos recordarlos o necesitemos volver a ellos, estarán a nuestra disposición”. Que estos nuevos modelos de almacenamiento están afectando a nuestra organización cerebral es obvio, del mismo modo que la calculadora redujo nuestro potencial de computación y que la televisión ha reducido nuestra capacidad de atención continuada. Los pesimistas ven esto como una pérdida. Yo lo veo como una liberación, como el medio en que el propio hombre se ha dotado de instrumentos para liberarse de los trabajos pesados y mecánicos para dedicarse a trazar respuestas entre conceptos lejanos, del mismo modo que el automóvil nos permitió llegar antes a los sitios donde queríamos llegar. Fui opositor durante años. Llegué a almacenar de memoria miles o millones de datos que luego han devenido absolutamente innecesarios. Todavía sueño con las listas de bienes inmuebles del artículo 334 del Código Civil o con las penas para el robo con escalo. Algunas sentencias judiciales que vemos de cuando en cuando nos garantizan que saber de memoria la ley no garantiza siempre la justicia. Hay muchos críticos de literatura que han leído mucho y no se han enterado de nada. Hay gente que se estudia las guías de teléfonos. Yo me alegro por ellos. Pero me encanta haber comprobado, por mí mismo, que la memoria por sí sola no significa nada. Que lo importante no es tener todos los datos de alguna materia, sino saber los suficientes para entender y poder localizar los restantes cuando es necesario. Nuestro conocimiento es ya demasiado vasto para que un Goethe acumule todos los saberes de su tiempo. Hoy nuestro Goethe se llama Google. Este Googlthe es el único que puede rastrear nuestras epistemes casi por completo, con la ventaja de que es un instrumento (como cualquier otro buscador, como la Wikipedia o como la WWW) a disposición de usted, que lee estas palabras, a disposición de cualquiera que se acerque a Internet. La tecnología sólo es mala cuando se utiliza mal. Cuando se utiliza bien por los hombres la tecnología elimina el cáncer, corrige la vista, controla las placas solares y los molinos eólicos, fabrica los medicamentos, canaliza el agua y la filtra, etiqueta los alimentos orgánicos, crea vacunas, separa a los niños siameses y les da esperanza a quienes nacen sin riñones y hasta devuelve la vista a algunos ciegos. Hasta contribuye a crear depósitos del saber, tanto virtuales como tangibles, donde todo el conocimiento del mundo está a salvo, incluso el conocimiento creado por los autores pesimistas, luditas y tecnófobos. Feliz año a todos.

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Notas
[1] Javier Candeira, “Un universo en una línea de código”, en VVAA, Mondo píxel, vol. 1; Editorial Tébar, Madrid, p. 58.