Fragmento de mi prólogo al recién publicado libro de Rafael Pérez Estrada, (2025). Breverías completas. Barcelona: Galaxia Gutenberg.
"He oído y leído decenas de citas, chascarrillos y anécdotas de Pérez Estrada, que revelan una personalidad arrolladora, aguda y desopilante, capaz siempre de decir la phrase juste en el momento exacto, y esa capacidad ingeniosa de síntesis suele conducir, más temprano que tarde, al aforismo. En la mayoría de los estudios sobre el género aforístico se dedica un apartado a reunir las diversas terminologías personalizadas que el género concita, y entre ellas siempre se incluye la de «brevería», creada por Rafael Pérez Estrada para sus creaciones minúsculas y afortunadas, claro indicio de la importancia que el autor tiene en nuestro país dentro del “hipergénero” (Paulo Gatica Cote, El aforismo hispánico en la encrucijada digital) más breve. Esas breverías son las reunidas en este volumen, ordenadas con un criterio riguroso –que invita más a seguir los temas que la cronología– por José Ángel Cilleruelo, albacea modélico y esforzado de la obra de Pérez Estrada.
Este conjunto de aforismos puede funcionar como una especie de modelo a escala de la obra de Pérez Estrada. Como un espejo roto, refleja casi toda la unidad difusa de su obra, porque su proyecto aforístico está compuesto a partir de una radical hibridación de géneros literarios. Así, comienza con un adagio donde se aúnan palabra y deseo, «Se alzó tanto el lenguaje entre nosotros que tuve que besarla», y a partir de ahí se van encadenando otras fulguraciones semánticamente entrelazadas. En ocasiones el autor crea un tipo de frase o párrafo breve que oscila entre el apunte, el aforismo, el poema en prosa y el microcuento, algo que ya apuntó Francisco Ruiz Noguera, cuando escribió que Pérez Estrada «se acoge, tanto en lo formal como en lo conceptual, a la tradición literaria de lo conciso, así como a una textualidad –fronteriza entre lo lírico y lo narrativo– que está en la línea de las nuevas maneras del microrrelato». Estos imaginarios anfibios le permiten al autor inventar libérrimamente anécdotas y teorías entre lo realista y lo surrealista; invenciones que pueblan sus textos en general, y este libro en particular, de imágenes poéticas ambientadas en las culturas más diversas. La creatividad y el sentido del humor se aprecian también en los personajes apócrifos: filósofos, cortesanas, religiosos o sabios que nunca existieron fuera de estas páginas, y que funcionan como sosias o pseudónimos de su inteligencia.
Como ha señalado Ana Cabello, la escritura de Pérez Estrada tiene una característica singular: «la obra de Rafael Pérez Estrada hay que concebirla como una obra total, donde el poeta hace, deshace y rehace continuamente». No hablamos de una reescritura continua –a la manera de Juan Ramón Jiménez, donde los textos son trabajados individualmente hasta la exasperación–, sino de otro tipo de operación literaria, más compleja, que parte de una visión de la escritura propia como un cosmos, cuyas galaxias o piezas pueden alearse, desatarse y alterarse a voluntad, produciendo resultados diversos según la ordenación resultante en cada momento. La secuencia de piezas, en su nueva ubicación y afectada por las recientes vecindades, arroja resonancias distintas, y la consecuencia de la novedosa agrupación de piezas es otra estrella, otra galaxia u otra nebulosa que sigue haciendo obra, creando universo conceptual. Y por su naturaleza paradojal, solitaria y agrupable a la vez, los aforismos tienen una condición errante que se ajustaba especialmente al gusto metamórfico e inquieto de Pérez Estrada, «señor del instante, […] maestro de las intuiciones cinceladas para siempre», como lo ha definido Jesús Aguado.
Pocas veces un creador ha pisado con tanta fuerza a la vez lo fantasioso y lo real; es raro que alguien sea capaz de recrear el deseo, el cuerpo o un lugar concreto, y de ahí pueda saltar sin dificultad, como puede verse en la «textura brillante y transparente» (José Luis Morante) de estos aforismos, a lo angélico o lo maravilloso. Como explicó José Ángel Cilleruelo en 1999, en Pérez Estrada «El arte —lo azul— es un “estado de gracia”, pero una vez constatado, su efecto languidece frente a una belleza sensual, concreta y penetrante: el “inquietante perfume” de la verdadera realidad; esa realidad —parece querer decirnos Pérez Estrada en sus “poéticas”— que ha escapado del realismo y solo es posible capturarla en las Málagas inventadas, en las infinitas alas del ángel o en sí misma —su perfume, su tacto, su imagen... En suma: en la imaginación». Calidad, la imaginativa, que ha sido destacada siempre por los estudiosos como la característica más constante y reseñable de la obra del malagueño."