lunes, 20 de septiembre de 2010

El hoax de Quimera


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Sí, es cierto, lo confieso: he redactado el último número de la revista Quimera, el 322, correspondiente al mes de septiembre, desde la primera línea hasta la última, a través de 22 seudónimos y varios nombres reales que se han dejado usurpar por mí. Luego contaremos más sobre el qué, pero creo que debemos comenzar pensando el por qué lo he hecho.


Por qué

¿Cuál es el objeto, la tarea, el propósito que debe mover a un escritor de nuestro tiempo? ¿En qué debe o -más bien- en qué puede consistir la tarea literaria en nuestro entorno y en los albores aún de un siglo nuevo? Para mí que un autor se haga estas preguntas o no se las haga es nuclear como muestra de responsabilidad artística y, por lo común, su literatura suele ser parte de la respuesta implícita o explícita a ambas cuestiones. Respuestas que pueden ser diversas e incluso, y sin salir de obras valiosas, contradictorias. Un autor tiene derecho a decir que la tarea de la literatura en nuestro tiempo debe ser ahondar en la preocupación por el lenguaje; otro, que su misión es dar cuenta de los problemas sociales que nos acechan y angustian; otro, que posiblemente su razón de ser se encarne en una obra amena pero que no esquive cuestiones trascendentales y reflexivas; otro puede apuntar a un más allá estético configurado por inmutables valores inmanentes, y aun pueden existir autores que sostengan que el arte en general y la literatura en particular tienden a ser una interrogación por la condición humana o por la búsqueda de un sentido. En mi caso, según el día o según la obra, creo que la literatura es o puede ser todas esas cosas. Y también creo que escribir puede presentarse también como un modo de intervenir en lo real, de cuestionar nuestro mundo y también nuestra forma de pensarnos escritores o artistas. La literatura, como dijo Arnold hablando de la poesía, puede ser una crítica de la vida, y también una crítica de la crítica, y una vivencia artística de la vida. Entre estos dos últimos parámetros, como una forma de analizar nuestro sistema literario y sus formas de recepción y legitimación y también, y al mismo tiempo, como una forma activa de participar en los procesos artísticos con un gesto que va más allá de la propia escritura, ahí, nadando entre dos aguas, es donde se encuentra la intención que me ha llevado a escribir por completo una revista conocida y respetada en nuestro mundo editorial, con muchos años a su espalda de experiencia y trabajo. Hacerlo en una pequeña revista no tenía la dimensión transgresora, deliberante, cuestionadora, que aporta una revista enclavada en el centro de un sistema literario. Además, responde a mi antigua intención de hacer literatura en todos aquellos lugares que se posible, utilizando al efecto cualesquiera formatos existentes.

Damián Tabarovsky escribía en el número de Quimera anterior a mi atropello: “sé que la pregunta por los mecanismos de legitimidad de la literatura debe estar en la base de toda literatura. Es una pregunta que incumbe ante todo a los escritores y no sólo a los sociólogos
[1]. No pude leer este número veraniego hasta después de haberse publicado el de septiembre, al vivir fuera de España, y me parece ahora significativo y feliz que el propósito del número ficticio estuviera contenido en el anterior, sobre todo teniendo en cuenta que el propio Tabarovsky se dejó escribir por mí y autorizó que me hiciera pasar por él, demostrando que cuando opina que hay que preguntarse por los mecanismos de legitimidad en literatura (y el autorial, como él bien sabe, es uno de los más poderosos) se hace la pregunta no sólo con la teoría sino también con la práctica, en consecuente y coherente actitud.

El papel de la literatura en nuestro tiempo es un papel difícil, un papel ya en trance de desaparecer incluso como papel, para cifrar su permanencia en signos convertidos en píxels. La literatura, esto ya se ha dicho, tiene numerosos y dotados competidores que la dejan cada vez más sola en nuestros espacios de ocio y reflexión y sigue sin plantearse seriamente, esto ya se ha dicho menos, si la culpa de su postergación se debe a la amenaza externa o a la debilidad interna. Félix de Azúa explica en su espléndida Autobiografía sin vida cómo la literatura del XIX se configura en parte como una reflexión sobre sí misma después del revuelo romántico, y cómo la novela del XX puede explicarse en su mejor parte como la búsqueda a través de la prosa del poder de la palabra abandonado por la poesía. Podemos discutir hasta el hartazgo las secantes ideas de Azúa, pero no algo innegable que subyace en ellas: los grandes libros de ambas épocas buscaban algo. Qué debe buscar la literatura del 21, ésa es la cuestión. El número 322 de Quimera es mi propia respuesta a la pregunta.


Qué

No es esta la primera vez que algo así se hace, ni siquiera la primera vez que yo lo hago. Cuando estudiaba Derecho en Córdoba, entre mi amigo Francisco y yo elaborábamos por completo o casi por completo la revista estudiantil Talión, inventándonos diversos personajes y seudónimos para rellenar cada número. Sin tener conocimiento del precedente, antes que nosotros ya había hecho algo similar el crítico José Luis García Martín en la revista literaria de su universidad, seguramente amparándose en los Folletos literarios que Leopoldo Alas preparó por entero y bajo su seudónimo habitual, Clarín, desde 1886 y durante bastantes años. Karl Kraus también hizo durante años su publicación personal, si bien –creo- firmando en nombre propio. En este caso, el número 322 de Quimera tiene la diferencia de ser una revista general conocida, de circulación nacional e internacional, por lo que las dimensiones de la “intervención” son diferentes que en una publicación universitaria.

La idea me surgió en octubre de 2009 y la trasladé con pocas esperanzas de éxito, por la locura que suponía, a los por entonces tres directores de Quimera, quienes la recogieron, para mi sorpresa, con entusiasmo. Tras la marcha de Jorge Carrión y Joan Trejo de la revista dos meses después, continué el proyecto con Jaime Rodríguez Z., el actual director, que ha sido un paciente cómplice de todo este gigantesco engaño, cuyo secreto hemos logrado mantener hasta el final, incluso para colaboradores estrechos de la publicación. Debo decir que cualquiera que sea el valor transgresivo que este número supone, hubiera sido imposible si la propia revista y sus directores no hubieran avalado la operación, de modo que Quimera se convierte, gracias a su gesto, en la única revista de crítica y también de autocrítica de la literatura española actual.

El proceso ha sido muy lento: muchos años de recopilación de casos y temas antes, siete meses después de larga y paciente escritura del número, de todas sus secciones. Numerosos ejercicios de imitación de estilo para las secciones fijas de colaboración, firmadas además por nombres con un estilo propio y consolidado: Germán Sierra, Germán Tabarovsky, Manuel Vilas, Agustín Fernández Mallo: a todos ellos gracias por dejarse voluntariamente usurpar por esta escritura falsificadora y fantasma. Meses de imaginar colaboradores, seudónimos, cada uno con sus características de estilo, cada uno con su minibiografía. Meses de hacer fotografías equívocas o ambiguas. Meses de inventar libros supuestos, de escribir poemas para que los poemarios pareciesen reales, de frases para que las falsas novelas tuvieran verosimilitud, en un proceso abismante donde tenía que inventarme la escritura del crítico inexistente y también la del ficticio escritor reseñado. Meses de ingeniar decenas de argumentos, de tramas, de ideas y declaraciones apócrifas, de traducciones falsarias, de quiméricas editoriales, de increíbles obituarios. Meses de encarnar filósofos, escritores, estetas, profesoras especializadas en otros enredadores como Fresán o Bellatin, biógrafos, críticos venales. Meses de contar caracteres y de pensar sobre los fenómenos del hoax y la impostura literaria, leyendo a numerosos autores, para justificar las diferentes ideas de diferentes personae en el sentido griego del término, máscara mediante. Meses de aprendizaje. Meses de mucha diversión. Meses de regreso a la sensación de la escritura como vértigo, como salto sin red, como camino al vacío sin preocupación por el sendero de regreso. Meses de libertad creativa absoluta. Meses inolvidables.

En la “Entrevista mínima” del número de octubre contaré más cosas. Aquí terminaré diciendo que desde este momento, un libro titulado Quimera 322 se añadirá a mi nota bibliográfica, puesto que para mí lo publicado es algo más que un ejemplar o número de revista, para mí es un ensayo orgánico o más bien inorgánico sobre la falsificación literaria, llevado a cabo desde una falsedad editorial, de modo que se configura como una metafalsificación. Un ejercicio a medias literario y a medias performativo, que quizá sea lo único decente que he escrito en mi vida.


[Si alguien está interesado, puede solicitar un ejemplar a Quimera a través de su web, http://www.revistaquimera.com/detalleRevista.php?idRevista=49]

[1] Damián Tabarovsky, “Sociología de la literatura”, Quimera nº 320-21, julio-agosto 2010, p. 10.

82 comentarios:

Marc dijo...

Mis felicitaciones y mi admiración por el trabajo. No creo que sea lo único decente que has escrito. Sí me parece que es algo importante para la literatura del siglo XXI. Un gran abrazo.

Portnoy dijo...

Haces bien en añadir Quimera 322 a tu bibliografía. Coincido con Menéndez Salmón que Quimera 322 debe disfrutarse como una novela, leerse de principio a fin dejándose engañar, siendo cómplice, del hoax sobre el hoax.
Mis felicitaciones

Vicente Luis Mora dijo...

Gracias, Marc y Javier. Un abrazo.

milo j. krmpotic' dijo...

Asiento anonadado... No me había dado cuenta de la extensión y ambición de la impostura. Me quito el sombrero, aplaudo con las orejas y sólo lamento que me pille con Qué Leer cerrado, porque bien se merecía usted un cielo dantesco...
Felicidades, señor...

logiciel dijo...

Jaja, me parece un experimento muy ingenioso, además de un considerable ejercicio estilístico. Habrá que hacerse con el ejemplar. Felicidades.

Germán dijo...

Habiendo dejado de ser, como hasta ahora, cómplice silencioso del asunto, puedo por fin felicitarte en público por el magnífico trabajo que has realizado para Quimera 322.
Estoy de acuerdo con que este número de Quimera debe ser leído como una nueva novela tuya, pero con las interesantes implicaciones de una verdadera intervención mediática. Resulta una curiosa inversión de Alba Cromm: de una falsa revista en formato libro, a un falso libro en formato de revista real.

Un abrazo,
Germán

Francisco Daniel Medina dijo...

Te felicito por tan arduo trabajo al igual que han hecho los posteadores anteriores. Pero, ahora, me planteo una serie de cuestiones. ¿Demuestra esto que tod@s los escritores, con sus respectivos egos, son perfectamente prescindibles puesto que, en cualquier momento (no sin esfuerzo y dedicación, claro está), alguien puede suplantarles y hacer exactamente lo mismo que ellos hacen y del modo en que ellos lo hacen? Está claro que la pregunta que planteo se responde sola: no puedes imitar a un autor si éste antes no ha creado ese estilo propio susceptible de ser imitado, pero, a partir de ahí, y como sucede en la pintura, nadie puede estar seguro de si el cuadro que cuelga de una de las paredes de su salón lo ha pintado realmente aquél que lo rubrica o un imitador consumado. Yo creo que la cuestión que aquí se plantea es más compleja. La cuestión es si, pudiendo alcanzar un autor-imitador el mismo resultado que el autor suplantado, eso debería importarnos. ¿Qué es lo que verdaderamente importa? ¿El autor que firma o el contenido? Opino que, para hacer la gracia completa o para haber llevado este experimento hasta sus límites, debiera haberse desvelado el hecho de que el número de Quimera había sido escrito por un solo autor, pero no debiera haberse desvelado, al menos todavía, el nombre de ese autor. Entonces habríamos tenido la posibilidad de intentar encontrarte a ti entre todos los posibles falsificadores. No sé si me explico. Esto me recuerda a una novela publicada recientemente por Seix Barral titulada el teorema de Almodóvar. Muchos, entre los que me incluyo, se la atribuimos sin duda alguna a Enrique Vila-Matas, pero el libro aparece firmado por un misterioso Antoni Casas Ros que, según reza en la biografía de la solapa, tiene el rostro desfigurado y no concede entrevistas.

Vicente Luis Mora dijo...

Muchas gracias a todos, especialmente a Germán, como es lógico. Luego te respondo, Francisco Daniel. Abrazos.

LITERACTA dijo...

Enhorabuena, quizás me dije a mí mismo quién podría ser esta Yolimar Ford-Echeverría, al final no me decidí a buscar en internet algún libro de esta autora. Ha sido genial, otra vez enhorabuena.

domenicochiappe dijo...

Rescato el aspecto polifónico de este gran experimento. Será interesante ver qué sucede con Quimera 322 y Alba Cromm, ambas novelas con similar idea de partida (varias conciencias dentro de un marco --el medio de comunicación) pero empacadas y distribuidas de manera distinta. Es como el huésped (la revista) y el control (el libro), ambas inoculadas por la misma sustancia.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Leída todavía a trozos (la tengo a recaudo, no tengo tiempo, precisa el suyo) no he caído en la cuenta, pero es cierto que ningún nombre me era familiar ni en Quimera, que vengo leyendo desde hace unos dos cursos, ni de otra revista de la cosa cultural. Me mosqueé por el atropello que un tal Lázaro hacía de tu Circular. Iba a la yugular, en plan kamikaze, una crítica canalla, un desvarío que, puestos a leer con calma, me parecía excesivo. Pensé incluso escribir en tu Diario por si tenías noticia del asunto. Imagino que, caso de ser un autor real, te dada bien igual, Vicente. En todo caso, la osadía está hecha, lanzada, publicada, repartida por kioskos y bibliotecas. Un palimpsesto, un tipo de palimpsesto horizontal y múltiple. Pensé en Joaquín Phoenix y su último fake: la historia contada como veraz y resuelta después como ficción. En una revista de cine virtual en la que escribía (escribo todavía, a veces) surgió la idea de escribir críticas sobre películas falsas pero presentadas como reales. Algo parecido. Un saludo.

Enrique Prochazka dijo...

Felicidades, Vicente. Maravilloso.

Elijo no creerte: creeré que el hoax es tu confesión. Que Quimera 322 es transparente.

Abrazo, E

Anónimo dijo...

circular 010??
mmmm

Juan Carlos Márquez dijo...

Yo no he llegado nunca a escribir una revista impostora completa, pero en mis tiempos de periodista tuve que inventarme unas cartas al director con quejas de ciudadanos para inaugurar una sección en un diario del top ten. La única diferencia es que yo lo confieso hoy y aquí, años después, por primera vez.

Rafa dijo...

eres muy singular.
1. Si el tiempo es algo más que lo que nos sucede entiendo que tu tarea ha sido Hercúlea.
1.1 La naturaleza del tiempo es inconclusa. Deberías plantearte ahora falsear las imágenes morbosas de los telediarios de antena tres.
1.1.1 si el tiempo es cíclico, y no es una quimera, espero que las hojas de la revista se transformen en materia intelectual después de ser polvo.
1.1.1.1 el tiempo lo preside todo. Imagino que una persona metaficcional como lo eres tú habrá sabido disfrutar de construir anclajes para el tiempo.

José Luis Amores dijo...

Vicente, al final sí que te has puesto morado, pero a escribir.

Es curioso, hace 27 días justos comenté en el blog de Javier Calvo (http://elblogdejaviercalvo.blogspot.com/2010/08/m-contraatacan.html#comments) que "Granta hubiera sido un vehículo ideal para Alba Cromm ... [pues qué] mejor acomodo formal para una revista-novela que otra revista-revista".

Saludos.

Ana dijo...

Ante la grata sorpresa que me suscita lo que acabo de leer sólo puedo repetir lo dicho por logiciel: "habrá que hacerse con un ejemplar". Lo único que lamento es no poder sentir lo que han escrito aquellos que lo leyeron y se acaban enterar de todo.
¡Felicidades!

jorge dijo...

MAGNÍFICA. Desde luego, lo mejor de 2010.

hombredebarro dijo...

Vicente, quiero hacerte algunas preguntas:
¿No pierde eficacia el experimento con esta confesión? ¿No tienes miedo de que algunos lectores piensen que todo no es más que un truco de VLM y de la propia revista?
¿Por qué en vez de descubrir el pastel no se ha seguido el juego desde este Diario?
Un saludo.

Maletadelibros dijo...

Enhorabuena por el nuevo libro, o revista, o artefacto. Me parece coherente con tu forma de ver la literatura, con Alba Cromm, y creo que consigue tu propósito de ponerlo todo patas arriba, porque esta interferencia, desde la impostura, en la realidad, me produce un desasosiego que se puede expresar en una sencilla pregunta. Desde hace 20 días o dos semanas, que habrá estado la revista a la venta, ¿nadie se ha dado cuenta o ha sospechado del engaño? ¿Ningún lector o crítico o aficionado ajeno a la confabulación se ha percatado del metahoax que suponía la revista? No lo sé, espero que sí, pero al menos en la red nadie lo ha dicho. De lo contrario...

Astrud dijo...

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre que lo hace todo en España.
Es el que escribe las canciones de la radio,
es el que te sirve las copas y el que te vende el diario.

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre que lo hace todo en España.
Es el que te coje los bajos del pantalón,
era el cura que te dio la primera comunión.

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre que lo hace todo en España.
Es el que escribe todos esos libros,
es el crítico literario más leído.

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre que lo hace todo en España.
Es el genio visionario que se inventó el Colacao,
es el dueño de Forlasa y es secretario de Estado.

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre que lo hace todo en España.
Es el que pone anchoas dentro de las aceitunas,
es amante de la Infanta y lo es de más una.

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre que lo hace todo en España.
Traduce los artículos de Le Monde Diplomatique,
es el que hace los masajes en Masajes a Mil.

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre que lo hace todo en España.
Se inventa los debates que hacen en Antena 3,
es cajero de Ikea y es teniente coronel.

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre que lo hace todo en España.
Es el que redacta y responde las encuestas,
es el gilipollas que reparte las becas.

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre que lo hace todo en España.
Es el que programa el Teatro Real,
es la máxima autoridad en derecho penal.

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre que lo hace todo en España.
Es el que ha pintado en todas las esquinas
"Otro mundo es posible" y "menos policía".

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre que lo hace todo en España.
Es el hombre que da todas las propinas,
es un verdadero artista, os voy a dar una pista,
os voy a dar una pista ...

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre en España ...

Hay un hombre en España que lo hace todo,
hay un hombre en España ...

María José Blanco dijo...

¿Pero qué has intentado hacer ?
¿Un alarde de virtuosismo o poner en tela de juicio a todo el sistema de la crítica literaria española ?

Un saludo.

Vicente Luis Mora dijo...

ja ja muy buena la cita de Astrud, siempre me gustó mucho esa canción.

Hombre de barro, creo que la respuesta a tu pregunta la hace Maleta de libros en el comentario siguiente.

Francisco Daniel, llevo muchos años investigando, por (autoimpuestos) deberes académicos, el tema de la autoría. En el número de Quimera hay un artículo titulado "El yo como videojuego", y referencias a seudónimos y heterónimos como modo de expresión literaria. Creo que ya entiendes por dónde voy.

Gracias a todos y un saludo.

logiciel dijo...

Hombredebarro, me tomo la libertad de responderte, aunque muy probablemente los motivos de Vicente puedan ser otros.
¿Te imaginas unas consecuencias como las del experimento de Orson Welles con el panorama literario actual?
saludos

Vicente Luis Mora dijo...

Cuando uno se mete en un proyecto de escritura de siete meses, es imposible que la motivación pueda ser una sola, como sabéis quienes escribís, y si no sois escritores bien podéis imaginarlo, comparando la literatura con otro proyecto vital. Todos los proyectos tienen diferentes intenciones, la mayoría compatibles entre sí... En este caso tantear, testar, probar, poner en cuestión, examinar la capacidad de recepción crítica de la crítica y la autorización de los procesos autoriales (disculpadme los juegos de palabras) eran una parte no menor del proyecto. Había otras intenciones, ya expuestas en el blog, y otras más que saldrán en la entrevista en el próximo número, y otras más que me guardaré, cuidadosamente, para mí. Saludos, Logiciel.

Anónimo dijo...

Hombredebarro:

Logiciel, no entiendo lo que me quieres decir, pero de eso se trata, ¿no?, de ver las consecuencias.

Vicente Luis Mora dijo...

En otro orden de cosas, he visto esta mañana una noticia que tiene relación con alguno de los aspectos de este Quimera 322: Orham Pamuk va a abrir en breve, en un barrio de Estambul, su ficticio Museo de la Inocencia, un local cuya colección se compone de 83 cajas de madera, una por capítulo de su libro The Museum of Innocence, donde guardará objetos cuyo simbolismo está descrito en el propio libro:
http://www.theartnewspaper.com/articles/The+museum+that+was+written+down/21427

logiciel dijo...

No necesariamente, hombredebarro. Welles no tuvo en cuenta las consecuencias, y casi lo linchan. Lo interesente es el experimento en sí.

Vicente Luis Mora dijo...

Hombre de barro y Logiciel, ¿hablábais de consecuencias? El buscador Dialnet, de la Universidad de la Rioja, uno de los buscadores más utilizados por investigadores, da por buenos los artículos de Quimera escritos por mis criaturas. La inexistente Berta Herthaussen es indexada así:

http://dialnet.unirioja.es/servlet/busquedadoc?db=1&t=berta+herthaussen&td=todo
1 documento encontrado
Buscando todos los documentos que contienen berta herthaussen

Página 1 de 1
Hoax y medios de comunicación: algunas de las mayores imposturas del periodismo reciente

Berta Herthaussen

Quimera: Revista de literatura, ISSN 0211-3325, Nº 322, 2010, pags. 14-17

Y también José Jardiel Duque (una mezcla imposible entre Jardiel Poncela y Félix Duque), con su artículo hoax sobre el hoax de Sokal:
Buscando todos los documentos que contienen jardiel duque

Página 1 de 1
Alan Sokal: de nuevo sobre el viejo Hoax. El físico canadiense contra la "fantaciencia"

José Jardiel Duque

Quimera: Revista de literatura, ISSN 0211-3325, Nº 322, 2010, pags. 18-22


Me alegro de que estos díscolos hijos míos entren por la puerta falsa de la historia académica...

logiciel dijo...

Lo que yo te decía. Suerte que los has parado a tiempo, sino ya los veo bibliografiados en la universidad pasado mañana.

Vicente Luis Mora dijo...

De todas formas, no hay que descartar que sea un bienhumorado gesto de autoparodia de los administradores de Dialnet. El problema es... cómo saberlo.

logiciel dijo...

mmmm... bonita posibilidad.
Mis respetos, mister.

Anónimo dijo...

(Metavurt Mix para el Mago de Hoax)

El escritor ha confesado...pasadizos entre lo público y lo privado.

¿En qué capítulos conocemos a las personas, bajo qué nombres, qué intereses?¿Y si todas son...la misma? Si la manera correcta de leer este Quimera es de principio a fin (como un cuento, como una novela; al fin y al cabo, un relato extraño), y no, tal y como me sucedió, sin orden ni concierto (como si fuera una revista "normal") ¿En qué capítulo (mejor dicho, artículo) comencé a saber del hoax ignorándolo?¿Cuál puede ser el más importante? ¿Cuál es la manera correcta de leer un engaño, caer en él, descubrirlo, o disfrutarlo?

El "timing" de las relaciones humanas. Pensar en, empleemos la palabra, la construcción del devenir o su intento.

¿Cuándo la revista deja de ser Quimera y el lector se da cuenta de que es un fake?¿Está el fake en la mente de quien lee, en los propensos a ver todo lo comunicable como una falacia? En otro lugar, alguien fascinado ante lo mágico, no busca el tercer pie al gato, la decepción del truco o una explicación convincente a lo inverosímil pero acontecido.

Caminar por un mar de arena blanca y seguir (una cuestión de tiempo, claro)

En mi lectura de Quimera, más que el desconocer nombres, se trataba de cómo eran los mismos (Nelson George Manrique, o en ese plan, que diste con unos cuantos...), que tiene su retranca: eso de asomarse, mirar como un gato antes de tirar un objeto al suelo y decir, "sí, es un truco, ¿pasa algo? Pero si quieres saber el resto, sigue leyendo"

Seguir, seguir adelante; las cosas no se acaban, se continúan...

Un saludo y hasta otra.
--
c.m.

Anónimo dijo...

Hola Vicente:

¿El master en literatura en la era digital existe?¿Montesinos o Biblioteca Buridán son reales?¿Te gustaría leer a Edson Lechuga?¿Jean-Claude Izzo, Todd May o sobre la querella de los filósofos? Pura curiosidad, no más.
--
c.m.

hombredebarro dijo...

Según la Wikipedia:
Joe Orton (1933-1967) fue un dramaturgo británico que había conocido a Kennet Haliwell en 1951 cuando éste tenía 25 años y él 18. Juntos empezaron a robar libros en la biblioteca local para modificarles las tapas, las solapas o manipular el texto. Luego los devolvían y usaban los originales para decorar su apartamento. Finalmente fueron descubiertos y admitieron que habían transformado más de 70 libros, lo que les supuso 6 meses de cárcel y una multa. Los libros que habían modificado se convirtieron en los más valiosos de la biblioteca. En 1978 John Lahr escribió una biografía sobre Orton titulada Prik up your ears (Ábrete de orejas) que en 1987 llevó al cine Stephen Frears, protagonizada por Gary Oldman.
Desde que conocí esta anécdota por la película tuve claro el alto valor que la gamberrada tiene como metáfora y representación de la somnífera sopa cultural y la mojigatería de majaderías con que nutrimos nuestros desvelos artísticos.
Vicente, permíteme otra pregunta:
-¿Te consideras un gamberro, aunque sólo sea un gamberro intelectual?

gdsm dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carlos González Peón dijo...

Vicente,

Soy mejor lector de este espacio que de la revista Quimera, puesto que de ésta –por motivos que no vienen al caso-, hasta el día de ayer, no había comprado un triste número mientras que su blog lo consulto siempre que tengo oportunidad. Aunque no la he leído todavía (la revista) –por culpa primero del Sr. Soucy y luego del Sr. Franzen y su adictivo “Como estar solo”- no me cuesta esfuerzo hacerme una idea de la ardua a la vez apasionante tarea que ha podido suponer un trabajo de esta magnitud. Me quito el sombrero como otros de arriba y aplaudo también con las orejas y lo que se preste porque da gusto asistir a ejercicios tan creativos como este que dicen tanto de usted. Ejercicios, que independientemente de su originalidad, deben ser reconocidos públicamente por su función transgresora. Quisiera yo para mí la paciencia infinita que le imagino, por más estimulante que fuese la tarea y alabo también el buen criterio de Quimera a la hora de prestarse al juego.

(sigue)

Carlos González Peón dijo...

(continuación del anterior)

No quiero irme sin antes comentar que me hizo mucha gracia descubrir que durante la publicación de esta entrada (llamémosle “confesión”) estaba yo desarrollando para mi blog sin saberlo una suerte de ejercicio semejante a este, aunque a una escala infinitamente menor (en apariencia). No está en mi ánimo hacer publicidad gratuita a su costa (nada más lejos de la realidad, puesto que no está la popularidad entre los objetivos que persigo con este blog –no con este, al menos-) pero no puedo dejar de invitarle a que visite la entrada a la que hago referencia, que es la última publicada y recibe el título de "El arte de hacer-lo (in)creíble": http://lamedicinadetongoy.blogspot.com/

Nuevamente, muchísimas felicidades. Guardaré la revista entre el resto de sus libros, .

María José Blanco dijo...

Todo esto recuerda al escándalo de Sokal: "Hacia una hermeneútica transformativa de la de gravedad crítica".

En un mundo posmoderno donde todo se relativiza, las descripciónes de la realidad se consideran narraciones y por tanto todo es igual de posible o igual de ficticio.

Saludos.

Collage dijo...

¡Ojalá hubiese leído ese número de Quimera sin saber nada! Ahora me mueve la intriga, pero está agotada en todos los quioscos de Madrid. ¡Incluso en el grande Atocha! Qué rabia! La idea me parece cojonuda, y hasta el número, 322, mola.

Crítico falso dijo...

Yo también soy un hoax.

Independientemente del contenido de la revista, me pregunto por qué lo habéis descubierto tan rápidamente. Si el bulo no cala profundamente porque apenas da tiempo a que se genere alguna respuesta, ¿entonces qué sentido tiene? ¿su función es meramente la del ejercicio literario?

Habrá que leerlo. Pero sabiendo de qué se trata, se leerá de otra manera, como una ficción más, y entonces los parámetros de juicio serán los de siempre en la ficción.

Por otro lado, romper el contrato de confianza que la revista tiene con el lector, ¿es tan difícil?. Yo pago por algo que, como siempre, ha de consistir en una revista con artículos de distintas personas, y sin embargo se me toma el pelo pues como es normal voy totalmente confiado. ¿Qué mérito tiene esto? ¿qué demuestra? ¿que somos confiados?

Ahora el lector es el burlado. Como próximo bulo, ojo, porque podrían salir una serie de críticas que te engañaran como autor a ti y a otros escritores; o un editor que te engañara como autor en busca de publicación; o unos lectores falsamente apasionados que te engañaran como fans. ¿Sería así de fácil?

Anónimo dijo...

Mis felicitaciones, sr. Mora. Y muy bien traídos los antecedentes. En cuanto a estos, me permito recordarle lo que cuenta Rod Funlies en su viejo estudio Diodos, The Other: A History of Open Identities (Pomona University Press, 1961. Según el autor, es muuy probable que en el siglo XVII, un oscuro y muy desconocido filósofo neerlandés de nombre Holmesterius fuera el responsable de escribir todas las obras de Spinoza, creando a su vez su figura pública. Aporta interesantes datos en el capítulo 7, pp. 126-173.
Saludos

logiciel dijo...

A mí me basta con la constatación de que se puede hacer. La possibilité d'une île. Los motivos no me interesan. Y con eso me quedo.

Álex Nortub dijo...

Estoy en ello, leyendo Quimera 322. Me quito el sombrero. Siempre me ha interesado todo aquello que tenga que ver con la falsificación. La película Fake de Welles es una de mis preferidas, la he visto 322 veces. Enhorabuena por la jugarreta.

Anónimo dijo...

Estás hecho un Larra de nuevo cuño!!

Vicente Luis Mora dijo...

Gracias a todos.

Crítico falso: el peligro de ser engañado como crítico está ahí siempre. Alguien puede publicar un libro de un poeta poco conocido de principios del XX en una editorial poco atenta, y llevarnos a muchos críticos a la confusión y a la risa general. Por eso intentamos leer todo lo que podemos, aunque es imposible leerlo todo, como imaginas. Ese riesgo está ahí, y hay que afrontarlo. Respecto al plazo, cada uno tiene su opinión, yo tengo la mía -y mis motivaciones- y no tengo que comentarlas todas, y menos a personas a las que no conozco y que no se identifican. Sé que lo entiendes. Saludos.

gdsm dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cuaderno Célinegrado. dijo...

He terminado ahora de leer el número. Creo que he quedado maldito para siempre, verificando las fechas de nacimiento y los datos más a mano de las personas reales a que se aludía. Me temo que Quimera 322 va a ser una interferencia en la estructura mental que intentaba fabricarme con la excusa de formarme un carácter.

Rubén Martín G.
desde ahora, el Rubio Men Helado.

Crítico falso dijo...

¿Qué pensarías de un "artista" que os intentara meter a los críticos obras falsas o reutilizadas para luego contarlo y usarlo como un gran logro?

¿Qué pensarías de alguien que te suplantara como personaje en una serie de conferencias en algunos lugares remotos, o usara partes de tus obras para presentarlas como originales suyas; y además, después, ya en el juzgado, declarara que se trataba de un experimento literario?

¿Aplaudirías así sin más?

Juan de Dios García dijo...

Como ya han dicho algunos, me quito el sombrero, señor Vicente.
Un abrazo.

Vicente Luis Mora dijo...

Crítico falso: ¿quién te dice que eso no (me) ha pasado ya? Respondo contundentemente: si la conferencia, libro u obra creada a mi costa es buena (en cuyo caso, es más que probable que fueran mejores que las que suelo hacer), no dudes que no sólo felicitaría al falsario sino que le animaría a continuar. Estando un buen libro por medio, algo tan difícil de encontrar, ¿qué importancia tendría que el libro fuera creado como trampa o no, o la intención con la que esté hecho? Lo importante, si está bien hecho, es que el libro exista.

E insisto, no des por sentado tan pronto que eso no haya ocurrido ya. Saludos

David Monthiel dijo...

yo me lo he pasado estupendamente. compré en un aeropuerto la revista para pasar el rato. Y la fui leyendo. Enhorabuena. El cuento de Ibaterra es magnífico.
Pero:
Creo que no se debería haber "descubierto" el fake. Dejarlo ahí. Sin ruedas de prensa ni confesiones. En Quimera se dan las suficientes pistas para saber.

salud

gdsm dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Collage dijo...

Por fin encontré 322 Q, (en un quiosko pequeñito de la calle áncora, Madrid), y ya he leído la obra. He me he quedado con una sensación agridulce. Por una parte siento una gran admiración. La falsificación es muy buena, puede pasar perfectamente por otro número de Quimera. 322Q combina diferentes estilos y todos ellos parecen “auténticos”. Los supuestos artículos de las personas “reales” reflejan sus estilos. Y los textos de los personajes ficticios no desentonan. A veces contienen guiños que parecen “coñas” pero creo que no sobrepasan la frontera del ridículo. Quizás lo más inverosímil sea la crítica de Circular 010 (por cierto, ¿para cuándo una nueva edición?). La decepción (si es que se puede llamar así) proviene precisamente de la naturaleza de la copia. Está tan conseguida, que es eso, un número más de Quimera. Tiene textos interesantes, otros artículos más bien aburridos… Vamos, que en general, la lectura se hace más bien plomiza, pues es eso, un revista de crítica literaria, y nada más. El rato que uno pasa leyendo no despierta nada realmente interesante. Si se hubiera falsificado una revista de videojuegos (con autores que no existen y juegos inventados) pues sería eso, una gran farsa (que no es poco) pero nada más. Por otra parte, 322Q muestra los cimientos más bien endebles del mundillo literario, pues si un número ficiticio, puede pasar como real, es que en realidad todo los parámetros y ejes de coordenadas son más bien puro cuento. Es como cuando unas personas colaron en Arco un cuadro pintado por ellos mismos (sin ningún valor, ya no recuerdo si hasta era de un niño) y pasó desapercibido para todo el mundo; críticos y expertos incluidos. Nadie dijo: “¿Qué pinta esta mierda aquí?”.
Eso sí, enhorabuena, VLM, porque el engaño ha sido cojonudo, y porque sin duda, 322Q hace reflexionar.

Francisco Javier Torres dijo...

¡Qué cabrón! Ya decía yo..., esos nombres tan raros y ese Ortega y Gasset (Julio), ese manifiesto tan poco manifestable. (Pero qué pedazo de cabrón :-)))

Mario Domínguez Parra dijo...

Recuerda la polémica de Alan Sokal con los posmodernos, aquel artículo parodia que fue publicado en Social Text. Más tarde Sokal declaró haber escrito un hoax con el que criticaba el excesivo uso de terminología científica por parte de filósof@s como Kristeva, Lacan, Baudrillard o Deleuze. Después publicó, con Jean Bricmont, Imposturas intelectuales, denunciando dicho uso. Seguro que la tenías en mente cuando escribiste este número. Interesante experimento.

Vicente Luis Mora dijo...

Sí, en efecto, Mario. El primer artículo largo de la revista lo dedico precisamente al affaire Sokal, partiendo de su último libro aparecido en España. Saludos y gracias.

Santiago Rodriguez Guerrero-Strachan dijo...

http://bitacora.librosdelminotauro.com/2010/09/fantasmas.html

Crítico falso dijo...

Pues nada, a falsificar todo lo posible.

http://www.elpais.com/articulo/reportajes/refinado/ingeniero/fusilaba/novelas/elpepusocdmg/20100926elpdmgrep_6/Tes

Vicente Luis Mora dijo...

Da bastante para pensar, ¿verdad? Sobre todo el último párrafo del artículo, donde el inefable Debenedetti, al que me refiero en uno de los artículos de Quimera, dice:

"Como expliqué cuando me cazaron, esto demuestra una vez más que el sistema editorial italiano es un mundo carente de verdad en el que todo está permitido. ¿Cómo es posible que ningún crítico ni periodista se haya dado cuenta hasta ahora?".

Esa es la cuestión. Y nuestra obligación, la de los críticos, es luchar por ser los Jean-Pierre Bouerdick que descubren la falsedad por recordar que ese texto ya se ha leído en otra parte. El problema es haber leído esa otra parte, el texto plagiado o publicado bajo otro nombre. El hecho de que se publiquen tantos nuevos libros en España o en Europa (o en Italia) no puede ser una disculpa: nuestra obligación es leer todo lo que podamos y conocer los resortes estilísticos y trazos retóricos de al menos los escritores más importantes no sólo del momento, sino también del pasado. Quiero decir: no es necesario localizar exactamente y de forma inmediata la obra, sino ser capaz de pensar al leer la obra falseada o plagiada: "esto me suena al escritor X o al escritor Y". A partir de ahí, como ha hecho Bouerdick, lanzarse a investigar hasta dar con las fuentes. Una cosa es no reconocer a un ensayista desconocido que habla sobre la arquitectura de Tschumi, algo verdaderamente difícil, y otra no reconocer el personalísimo estilo de Peter Handke durante un libro entero. Creo que en eso estaremos de acuerdo.

Al haber hecho lo de Quimera soy consciente, y lo soy desde que empecé a escribirlo, de que puedo ser una víctima propiciatoria: algunos estarán deseando que sea el cazador cazado. Es un riesgo que he querido correr, que considero justo correr, cuando uno pone en cuestión ciertas cosas. Por ello sigo haciendo mis deberes, leyendo cuanto puedo, tomando notas, destilando técnicas de otros, haciendo retratos individuales y en grupo de sus estilos y marcas narrativas o poéticas. Creo que ahí reside la honradez de mi oficio, la más importante honradez posible en un crítico literario.

María José Blanco dijo...

Me sorprende, Sr. Mora, que ahora comentes las similitudes entre tu proyecto y el escándolo de Sokal. Más que nada porque eso te lo había dicho yo antes y no me comentaste nada.
Pero bueno, supongo que serán distorsiones de la visión posmoderna, o quizá que el comentario vale más cuantas más citas tenga.

Como siempre,un saludo.

Vicente Luis Mora dijo...

María José, se lleva hablando aquí de Sokal desde hace varios días, desde el día 21 para ser exactos, citado en uno de mis comentario. No seamos tan estrictos. Saludos.

Enrique Prochazka dijo...

Hola Vicente. Acabo de releer todos los comments y tus respuestas y ya casi da pereza preguntarse si tú estás escribiéndolo todo o qué. De modo que no lo haré.

Dos cosas me vienen a la mente (o bueno, te vienen a TI a TU mente, si es que eres tú quien escribe esto):

La primera tiene que ver con la magnitud -no sé cómo llamarla: ?espiritual? del experimento y la "posibilidad de una isla" de logiciel. Siento que hemos rozado algo trascendente aquí, con este enfatizar las costuras. No es sólo burlarse de la industria editorial o de las ridiculeces que pueden emerger de las usinas de la crítica contemporánea. Por un momento, creo que estamos más cerca del René Guenón de "El doble sentido del anonimato" que de Sokal / Bricmont. Más cerca del Homero de la "Batracomiomaquia", que es, qué duda cabe, una gamberrada de hace 28 siglos.

La otra cosa que me viene a la mente es un artículo que publiqué aquí en "El Comercio" de Lima, en 2000, acerca de la obra secreta de Daniel Smisek (el protagonista de mi novela incloncluible, que conoces al menos volumétricamente). Smisek, dice el artículo (que no te paso de inmediato porque está tres discos duros al fondo y a la izquierda, pero lo buscaré) habría abierto no menos de 26 cuentas de coreeo electrónico con distintas identidades, sólo con el fin de hacerlas discutir. La discusión, sabían dos o tres amigos que se entrometieron en ella, era una verdadera novela de no poco vuelo. Lo interesante (y vuelvo a lo que reclaman algunos de tus comments) era que Smisek había decidido matar a todos, cerrar el rollo y no contarle de eso a nadie... Cosa que desde luego, hizo.

Abrazo, Enrique

Nicolás dijo...

Aquí viene el ingenuo del pueblo para testimoniar. Se ha leído la revista y... cayó en la trampa. ¿Qué es lo que siente uno? Pues vergüenza tío. Pero, al final, los lectores muy muy leídos como yo ¿¿no son los que dan valor al intento??
Chapeau bas señor Mora.

Anónimo dijo...

Bueno, yo llevo escribiendo a diario en 356.587 blogues diferentes, y en ocasiones por partida quadrupedumque, desde hace años y sin congestionarme... ¡y no me pongo tantos moños!

Anónimo

Vicente Luis Mora dijo...

Querido Enrique, creo que no es del todo cierto lo que dices, creo que Smisek no se lo calló, o quizá se lo calló para decirlo... ahora. Pronunciado, el dudoso valor del silencio anterior desaparece. Pero insisto en el "dudoso": te lo dije en su momento, cuando atisbé el mamotreto sabatino y recorrí asombrado sus últimas páginas: el destino de todo ese trabajo es la luz, la imprenta, el lector. Si no, no existe. Y deberíamos castigarte por tu "avaricia" de guardar, de esconder, de hurtar, de acaparar. Alguien debería escalar las rejas de tu casa limeña, abrir las ventanas, apartar cuidadosamente los juguetes del menor de tus chicos, irse al sur, a cierta puerta, a cierta esquina de tus estanterías blancas y sacar de allí el mamotreto y publicarlo. Y tú sabes que es verdad, y que el resto es silencio. Y que, en literatura, resumo y acabo, las cosas se hacen para contarlas y que puedan leerse, no para guardarlas, donde a nadie (ni a uno mismo) pueden aprovechar. De todos los libros que me duele no haber leído, el que más me duele es el tuyo. Mi recriminación. Mi miedo a que hagas lo que Gógol con la segunda parte de "Almas muertas". Y mi gran abrazo, como siempre.

Daniel.- dijo...

Hola Vicente, estuve siguiendo estos días los comentarios y me quedé con ganas de hacer un par de acotaciones, sobre los distintos temas que se fueron planteando.

Lo primero es decir, recordar aquí -porque en tu trabajo en Quimera está muy presente- que la literatura en sí misma siempre también puede ser comprendida como una falsificación. Lo digo en relación con la deriva posterior acerca de plagios que tuvo la conversación.

Me gustó la idea y el resultado del número de Quimera, con la salvedad de que en los apellidos/seudónimos firmantes estaban pensados como para que se descubriera el engaño. Demasiado homenaje, ya entenderás. Lo que no descubrí en su momento fue que las columnas firmadas no pertenecían a sus autores, ahí hay un doble mérito tuyo, te felicito, colaron, señal que hubo un buen y múltiple trabajo de copia de sintaxis ajenas, lo cual será copia pero es dificilísimo de lograr, trabajo sumamente laborioso además. Me quedé con la idea, cuando me enteré aquí que eras el autor del número, que quizás se perdieron la oportunidad de hacer otro número especial, el siguiente, el próximo, donde explicaran, completaran y analizaran este trabajo sobre el valor de lo falso en literatura.

Con respecto al caso del ingeniero italiano, me gustaría explicar algo: la literatura en Italia tiene una circulación mucho más regional que en España. Hay escritores famosos en Bologna y desconocidos en Milano. Y así en cada ciudad con circuito editorial y cultural propio. Mímesis, una de las editoriales implicadas en el escándalo sí tiene circulación nacional pero los libros del ingeniero Filipuzzi no, digamos, no es que circularan mucho. Es verdad que la literatura italiana, tal como afirma Debenedetti, es absolutamente insular. Mucho más que la española, pensemos que se trata de un país cuya lengua se habla sólo en ese país, ergo su industria editorial es únicamente para consumo interno. Se comprenderá que la situación es incomparable con la iberoamericana.

Dicho todo lo cual -pido disculpas porque se me está haciendo largo, intentaré resumir lo que me queda- no estoy muy seguro que la función del crítico sea la de custodiar el trabajo genuino. No estoy muy seguro que el trabajo del crítico pase por custodiar algo, ni el gusto ni la verdad, qué sé yo. El crítico nos debe ayudar con las referencias, es decir con la comprensión. Si esas referencias dejan al descubierto un plagio bien, pero no creo que debas preocuparte demasiado en eso, digo esto con relación a uno de tus últimos comentarios.

Los casos de plagios se suceden, existe un problema técnico, se llama copy & paste. Nunca en la historia de la humanidad fue tan fácil copiar y pegar. Dicho esto, quizá, pienso que si la industria editorial fuera realmente ágil, ya hubiera creado un nuevo género: el remix. Viejos textos remixados y mixturados, creando nuevos textos, un poco al modo de la música. Así tendríamos una normativa y podríamos exigir ser rigurosamente informados sobre cuales son las obras y autores que se han reutilizado.

En Argentina hubo un caso interesante que, creo (el condicional es porque yo no estaba por entonces en España), hizo poco ruido aquí. Una obra que gana un premio de novela (La Nación) y luego se descubre que copia setenta y pico de páginas de Nada de Laforet. Como el autor es un catedrático todo el parnaso académico argentino salió en su defensa argumentando inter e hipertextualidad y que toda oración, irremediablemente, remite a otra anterior. Obviamente algunos nos plantamos en contra pero es una discusión que aún no se terminó, quedó inconclusa, el premio le fue retirado pero, ¿a quién le importan los premios? La cuestión es otra. Sé que los lectores de Quimera conocen la historia pero la cuento aquí para ponerla en discusión ahora mismo.

Hay otro problema técnico y es insalvable: se edita demasiado. Y sólo se puede editar demasiado, si se edita sin filtros.

En fin, gracias y perdón por la extensión pero sentí la necesidad de hacerles conocer mi opinión. Abrazo.

Crítico falso dijo...

Se falsifica y se suplanta poco para lo que se debería, ¿no?

Debenedetti denuncia a los editores, ¿pero qué denuncia Quimera, si estamos todos tan satisfechos?

¿se denuncia a sí misma y a la propia charlatanería postmoderna?

Vicente Luis Mora dijo...

Crítico falso, creo que tus últimas y rencorosas palabras estropean todas las anteriores. Por mi parte, nuestra conversación ha terminado.

Daniel, gracias por dar tu opinión, que me ha parecido muy interesante. No creo que haya que "defender lo genuino", más bien saber cuándo se está ante el texto copiado (he defendido antes el valor de cierto apropiacionismo artístico y del artista como sampler, en la línea de los estructuralistas y luego de nombres como Bourriaud o Fernández Porta) y cuándo nos encontramos ante la copia, más que nada para saber exactamente qué añade la apropiación, cuál es el "exceso de sentido" (disculpa la alusión algo esencialista tipo Bloom o Steiner) que la operación de copy+paste incorpora en la obra. No podemos saber el alcance de la intervención de un escritor sobre los textos anteriores si no conocemos éstos.

Uno de los críticos más inteligentes de este país, y por desgracia de los menos conocidos, me dijo hace ya diez años que si hubiera un editor español con el valor suficiente, publicaría con él de nuevo el Quijote bajo su propio nombre, eliminando cualquier referencia a Cervantes. "Eso", me decía, "iba a dejar claras un par de cosas de un modo ineludible para la literatura española". Pues bien, la idea de ese crítico ha sido ejecutada, regionalmente o no, por este extraño autor italiano. No comparto su modo de proceder (los textos de Quimera son todos originales, no he copiado nada, son creación ex novo), pero creo que lo realizado por Filipuzi es execrable y alucinante a la vez, es reprochable y premiable, es carente de ética y también abre un debate o un ángulo de reflexión muy, muy, terriblemente profundo sobre lo que es ético y no en literatura. Tengo que pensar mucho sobre todos estos temas, pero tu comentario me parece valioso por la diferente perspectiva que presenta. Gracias, Daniel y bienvenido.

Anónimo dijo...

Arthur Cravan (nació en 1888 y desapareció en 1918 en una travesía por mar en algún lugar del Golfo de México sin que su cadáver fuese encontrado)

¿Quién fue Arthur Cravan? ¿Un poeta dadá? ¿Un pintor fauvista? ¿Un torero? ¿Un boxeador? ¿Un provocador profesional?

Algunos de los testimonios hablan de Cravan como de “un precursor del happening”, un compinche de Francis Picabia y Marcel Duchamp, con una formidable capacidad de causar escándalos que se transformaban en intervenciones urbanas aleatorias. Otros, más esotéricos, sugieren que el personaje “era algo de otro mundo”, un gigante de casi dos metros que llevó los puñetazos a la lucha artística y el arte al ring de box. “Querría que mis guantes fueran como los rizos de una mujer”, dicen que decía Cravan, que llegó a pelear con el campeón negro Jack Johnson en la Plaza de Toros Monumental de Barcelona, hacia 1917.
“Que se sepa de una vez por todas: no seré civilizado”, era una de sus consignas. Desde las páginas de la revista Maintenant, que escribía toda él, de la primera a la última página, con diferentes seudónimos, atacaba a unos y a otros (a Chagall lo llamaba “Chacal”) y hasta logró que el respetabilísimo The New York Times levantara como cierta una de sus notas, “Oscar Wilde est vivant”, cuando el autor de El retrato de Dorian Gray ya estaba bien muerto.
(Copiando y pegando a Mónica Patricia Blanco)

Crítico falso dijo...

Es que soy un personaje falso. No debería enfadarse, porque eso es lo que tiene la falsificación, permite un poco de histrionismo.

De hecho aplico las teorías de A.E sobre la "frivolidad postmoderna", causante de tantos males.

No se enfade, se ha de poder leerle a usted y a Quimera sin comulgar con sus principios. Es más fuctífero disentir que admirar, ¿no le parece?.

Vicente Luis Mora dijo...

Hay modos y modos de disentir, Crítico falso, algunos más educados que otros.

Por lo demás, la frivolidad posmoderna nunca me ha sido aplicable, como creo que es fácil constatar. Saludos.

LEO MARES dijo...

Felicidades, Vicente. Me he quedado perplejo al enterarme, y desde entonces no paro de darle vueltas a todo el asunto, y lo que genera. Desde ahora "Quimera 322" (me gusta, suena a Celda 211) será una de las ficciones que recomiende. Qué gusto haberlo comprado y leído en cuanto salió. Ahora que sé la verdad, si es que lo es, me lamento de no haber investigado más a fondo determinados aspectos de la revista-libro que me llamaron la atención, como le ha pasado a tantos lectores. Me quedé simplemente en la búsqueda en google de Ibarreta/Ibaterra, escritor que me interesó mucho, tanto la entrevista como el cuento. Me di cuenta de que en la portada de la revista pone "Ibarreta" y en la entrevista "Ibaterra"; cuando lo leí, al no encontrar nada sobre el autor, ni con un apellido ni con el otro, escribí a Quimera para interesarme por el nombre auténtico e, iluso de mí, advertirles de una posible errata. Ahora me doy cuenta de que era un señuelo, ¿no? Otras cosas que me llamaron la atención, como a todos: los intrincados nombres, apellidos compuestos y algunos conocidos; la exagerada crítica negativa a "Centro" (maravilloso el título: Errores circulares; todo un logro de autoironía); que a Yolimar no se le viera el rostro; que me gustara el manifiesto final, que no suele gustarme, la verdad, lo siento por Vilas y Fernández Mallo (ahora es cuando confiesas que en realidad, esto sí, lo han escrito ellos). Lo que no entiendo es cómo -¡estando precisamente leyendo sobre hoaxes!- no le di una vuelta de tuerca más a la cabeza para sospechar que la propia revista podía ser un hoax. Ahí reside, en este caso, mi error como lector activo, y uno de los logros de tu capacidad de ficcionar hasta el límite (¿y uno de tus objetivos: activar al lector pasivo, sea crítico o fontanero, que cultivan las listas de ventas y los suplementos literarios?). Por suerte, soy escritor y no crítico, y digo por suerte porque tendría más bemoles que me hubiera tragado como "real" Quimera 322 si fuera crítico, y porque me parece un oficio -el de crítico- tan necesario como difícil de llevar a cabo (con esa honradez de la que hablas, claro). Sois como los árbitros de la literatura: cuando pitáis a favor, nadie dice nada; pero, ay amigo, cuando pitáis en contra. Un trabajo arduo, ya digo, y necesario.

Dices: "...mi antigua intención de hacer literatura en todos aquellos lugares que sea posible, utilizando al efecto cualesquiera formatos existentes"
Una gran intención. Y con “Quimera 322” la has llevado a la práctica.

Enhorabuena

LEO MARES dijo...

Joder!Acabo de descubrir que, además, la impostura se confesaba en la penúltima página de la propia impostura, columna del medio, abajo...Grandioso. Otra cosa que me llamó la atención fue que en el catálogo de Pre-Textos no apareciera un libro ya publicado, en teoría, por ellos (el de Ibarreta/Ibaterra)...
Sigo pensando en ello y me parece que ha tenido que ser, como escritor, una tarea muy estimulante. Y divertida. Y liberadora. Y ardua, sí, muy ardua. Pero muy gratificante, visto el resultado final. A mí, como lector-escritor (ya me es casi imposible no leer con ojos de escritor, lo que, en cierta manera, me provoca una cierta melancolía), me parece que "Quimera 322" abre la mente y expande el ente, que dice un amigo. En fin, me callo ya.

hombredebarro dijo...

Vuelvo a plantaer la pregunta, Vicente: ¿Te consideras un gamberro, aunque solo sea intelectualmente?
Un saludo

Vicente Luis Mora dijo...

Hombre, un poco gamberro puedo ser. Pero no por el hoax, sino por algunas maldades que he deslizado en el interior, sobre todo en la reseña del libro inexistente de critica literaria...

Crítico falso dijo...

¿Se puede falsificar -yo mismo- sin que ello implique intrínsecamente algo de mala educación e impertinencia?

¿No habría algo muy raro en falsificar y seguir dentro de una impecable corrección política?

¿No sería extraño el caso de una falsificación que sólo levantara satisfacción y elogio?

Vicente Luis Mora dijo...

-sigo sin acentos-

si, es facilisimo falsificar sin mala educación e impertinencia, yo lo he hecho.

"¿No habría algo muy raro en falsificar y seguir dentro de una impecable corrección política?" No, no lo habria.

"¿No sería extraño el caso de una falsificación que sólo levantara satisfacción y elogio?" Si conoce usted este blog desde hace tiempo sabra que no me gusta el elogio y que prefiero el debate. Pero un debate sin rencor, como otros muchos han hecho, basado en el respeto y en la inteligencia. Saludos.

Vicente Luis Mora dijo...

Me ha gustado mucho esta reseña de Miguel Espigado en Afterpost, en la que une Alba Cromm y el número de Quimera, al que considera -y lo es- un ejercicio de literatura experimental:

http://afterpost.wordpress.com/2010/10/01/alba-cromm-y-quimera-322-de-vicente-luis-mora/

Crítico falso dijo...

Antiguamente el que falsificaba iba al trullo, ¿no es un poco raro si ahora le van a dar a uno una condecoración?

Vicente Luis Mora dijo...

Creo que su punto de vista ha quedado claro. Saludos.

Crítico falso dijo...

Bueno, pero no vaya a entender esto último de manera literal.