sábado, 9 de mayo de 2020

Poliantea 5


A menudo pienso la cantidad de buey que haría falta para hacer un caldo con el lago de Ginebra.

Pierre Dac, en la revista L'os à moelle

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Cuando yo era niño, mi padre –bendito sea– me rompió las piernas para que caminara de un modo cómico. Ahora hay personas que no verían con buenos ojos ese tipo de cosas.

El payaso Fratellini, citado en Harry Frankfurt, On Bullshit

 
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            […] el Chonchón, espíritu maligno proveniente del más allá, causa de muerte, invalidez, locura, aborto y pérdida de virginidad (en este orden)
César Aira, Entre los indios (2012)

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Abordaron la cuestión de lo sublime.
Determinados objetos son sublimes por sí mismos, el estruendo de un torrente, las tinieblas profundas, un árbol abatido por la tempestad. Un carácter es bello cuando triunfa, sublime cuando lucha.
-Comprendo -dijo Bouvard-. Lo bello es bello, y lo sublime es lo sublime.
¿Cómo distinguirlos?
-Por medio del tacto, -respondió Pécuchet.

Gustave Flaubert, Bouvard y Pécuchet (1881)


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Hay un extraño y pequeño museo, sin duda tú lo conoces, construido por Kenzo Tange, en Niza. Es adorable. Es una deliciosa construcción pequeña que se encuentra sobre un estanque, cerca del aeropuerto. Fue construido hace ya tres o cuatro años, y permanece vacía desde entonces, porque nunca se tuvieron los medios para encontrarle un contenido. Por lo tanto, es el museo del vacío, y es maravilloso; es una joya. Desde hace cinco o seis años, Kenzo Tange no hace nada.
Jean Baudrillard, en conversación con Jean Nouvel

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- El 13 bis; ¿es una cifra par o impar?

Raymond Queneau, Le vol d'Icare (1968)


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 esto era un niño bueno
 y educado
 que le quitaba los juguetes
 a los niños malos
                    
             Antonio Martínez Sarrión

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No es esto condenar aquella enérgica viveza, que como calor nativo de la disputa, da aliento a la razón; sino aquel feroz tumultuante estrépito, más propio de brutos, que se irritan, que de hombres, que razonan, y que a los que no han visto otras veces semejantes lides, pone en miedo de que lleguen a las manos, como Juan Barclayo dice le sucedió con dos profesores, cuya ardiente contienda pinta festivamente en la primera parte de su Satyricón: Tam acriter coeperunt contendere, ut res meo judicio ad manus, pugnamque spectaret. Siendo yo oyente en Salamanca, sucedió, que un Catedrático de Prima, por el excesivo fuego con que tomó el argumento, se fatigó tanto, que, quedando casi totalmente inmóvil, fue menester una silla de manos para conducirle a su casa.

Benito Jerónimo Feijoo, Teatro crítico universal, 1726-1740, Tomo VIII, discurso 1º, “Abusos de las disputas verbales”, I, 3.


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NAT: Deme un poco de tiempo. Un día más.
LA MUERTE: No puedo, ¿qué quiere que le diga?
NAT: Un día más. Veinticuatro horas.
LA MUERTE: ¿Para qué las necesita? La radio dijo que mañana llovería.

                Woody Allen, Para acabar de una vez por todas con Ingmar Bergman


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Es decir, lo que es bueno, o que posee las cualidades de “lo bueno”, da como resultado “la verdad”. Si no lo da, siempre puedes apostar a que la cosa no es bella, aunque aún puede que sea impermeable.

Woody Allen, Para acabar de una vez por todas con la cultura

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            Así aprendí que la reencarnación existe, pero no es más que la edad. Un día te despiertas en otro cuerpo que ni siquiera reconoces y te preguntas de quién serán esa barriga fláccida, esas piernas débiles, esas manos temblorosas y esa voz que parece salir de una profunda cueva, tras atravesar una cortina de telarañas.

Rafael Reig, Señales de humo. Manual de literatura para caníbales I (2016)

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“He terminado de pasear, señora. Pero usted, ¿cómo sabe que soy un desgraciado?”. “Lo somos todos”, dijo ella, y volvió a cerrar la puerta de golpe.   

Eugenio Montale

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-¿Cuál es el tempo más adecuado para cantar esta canción?
-Si el solista es malo, muy rápido.

Gabriel Fauré, compositor francés

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Lo que más me asombra al leer un tratado de enfermedades mentales es encontrar en él los retratos morales de nuestros mejores amigos.

Giovanni Papini, El saco del ogro

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Nadie que se haya cruzado con un amigo alguna vez en su vida puede terminar sus días en paz. La Historia está llena de ejemplos: Pierre Klossowski, Louis-René des Fôrets, Albert Camus, Bernard-Marie Koltès, D’Artagnan, Thomas Bernhard o Walter Rocco Orgini «Torrebruno»: todos ellos tuvieron amigos en uno u otro momento y todos eran (algunos sin saberlo) franceses.

Rubén Martín Giráldez, “Prólogo a Centauros extirpados” (2011)

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Uf, estoy rendido. Esto de ser un tirano es agotador, no paras nunca. Siempre matando enemigos, es cansadísimo (...) Los que tenemos poder no necesitamos futuro, nos satisface demasiado el presente.

Max Frisch, La muralla china

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Con este animalito planeaba, una tarde sin quehaceres, sembrar el caos en Central Park y así, no sé, animar un poco el ambiente.

Matías Candeira, Antes de las jirafas (2011)

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Para estar muerto es preciso, por desgracia, morir.

Nicolas Berdyaev


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Pero qué público más tonto tengo.

Kaka de Luxe

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Cuando el emperador Amarillo despertó, estaba encantado de haberse encontrado a sí mismo. 
Lieh-Tzu

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He viajado mucho al fondo de mi cama.

Georges Perec

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Señora, en esta ocasión, no podemos por menos que felicitarle por la muerte de su marido.
Honoré de Balzac, El verdugo (1830)

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Moralmente era unipiernista

Samuel Beckett, Molloy (1951)

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Como todos sabemos, Cristóbal Colón ha sido honrado por la posteridad debido a que fue el último que descubrió América.

James Joyce, "El espejismo del pescador de Arán"


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Debe ser horrible ser un poeta aceptado por la sociedad.

Augusto Monterroso, La letra e (1987)

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-Y además veo perfectamente lo que va a ocurrir –exclamó Laura-: no podrá usted por menos de describirse en ese novelista. [...]
-¡No, no! Ya tendré buen cuidado de hacerle muy desagradable. [...]
-Eso es: así le reconocerá a usted todo el mundo.

André Gide, Los monederos falsos (1925)

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Johnson había discutido durante algún tiempo con un caballero testarudo; éste, que había hablado de una forma muy enrevesada, tuvo la ocurrencia de decir: 'No le entiendo a usted, señor', a lo que Johnson replicó: “Señor, he encontrado un razonamiento para usted, pero no tengo la obligación de encontrarle también un entendimiento”.

James Boswell, Vida del Doctor Samuel Johnson (1791)


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Los propietarios se han robado sus almas. 
Léon Bloy


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Pero ¿qué mayor prueba de que el futuro está ya escrito que la del periódico de cada mañana? ¿Cómo, si no, podrían pasar todos los días exactamente 32 páginas de cosas?

Sánchez Ferlosio, Vendrán más años malos y nos harán más tontos


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 -Si creyésemos siempre lo que dicen los periódicos…
-¿Por qué no? Siempre hay que creer en algo.

De Gertrud, de C. T. Dreyer

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“¡No molestar al león!”. “¿Por qué?”, le pregunté al guarda. “Porque se caga”, respondió.

 Stanislaw Jerzy Lec


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Conde de Apraskin: “D'Anthes, se dice que sois un hombre que tiene muchas aventuras galantes”.
Georges D'Anthes: “Casaos, señor conde, y os lo demostraré”.

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Tenía un concepto tan alto de sí mismo, que a veces le parecía que era un enano.

Stanislaw Jerzy Lec
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Vive en esta vecindad
cierto médico poeta,
que al fin de cada receta
pone Mata, y es verdad.

Manuel Bretón de los Herreros

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Si al escéptico le llamas mendaz, se hace de cruces de que lo infamies.

Cristóbal Serra

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Ya no tengo colaboradores. Les envidiaba. Me ahuyentaban los lectores que quiero perder yo mismo.

Karl Kraus           

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¿Qué se propuso Martín [Adán] al escribir su tesis? ¿Sólo ser doctor en Letras (...)? Pienso que no. Quiso (o sucedió sin quererlo) demostrar que en su propio estilo caben la fantasía y el criterio, la arbitrariedad y el equilibrio. Los catedráticos aprobaron el estudio porque habría sido vergüenza desaprobarlo; habría equivalido a mostrarse incapaces de entender, y un catedrático universitario debe ser capaz de entenderlo todo, hasta lo que no entienda, como en el presente caso.

Luis Alberto Sánchez[i]

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“Nunca sé qué decir cuando habla de esa forma”.
“Ha estado hablando a estudiantes toda su vida”, dije. “No espera que nadie diga nada”.

Don DeLillo, Point Omega (2010)
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            La ontología del presente es una cosa para filósofos muy exquisitos. Yo me refugio en la frase de Ignacio Gárate cuando le decían, “qué bien te quedó esto”. “¿De verdad? Pues yo la verdad es que no me he dado cuenta, porque bastante hacía con escribirlo para saber además qué es lo que estaba diciendo.
Miguel Marinas, Un lugar donde no se miente (2014)

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Cuando La Fontaine es malo es porque se ha descuidado; cuando Lemotte lo es, porque se ha esmerado.
Chamfort

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Nicolás Faret (1596-1646), a pesar de dedicar sus días a la escritura, ha pasado a la historia por otro motivo mucho más peculiar: su apellido. En su obra El hombre honesto confiesa su desagrado por la jocosa broma del destino: “No sé cómo ha ocurrido que mi nombre por desgracia rime con Cabaret tan adecuadamente, de manera que buenos y malos poetas, amigos y desconocidos, se han valido de esta rima que encuentran tan cómoda”.

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El amor es un fuego
Nos quema a todos
Nos desfigura a todos
Es la excusa que pone el mundo
por ser tan feo

Leonard Cohen


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Un alemán es un hombre que no puede decir ninguna mentira sin creérsela él mismo.

Theodor W. Adorno, Minima moralia

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El señor Hans Knospe, un lector alemán, me dice lo siguiente en una carta: "Usted dice en la página 239 de Cien años de soledad: ‘Y cuando llevaba toda su ropa a casa de Petra Cotes, Aureliano Segundo se quitaba cada tres días la ropa que llevaba puesta y esperaba en calzoncillos a que estuviera limpia’. Pregunto: ¿Cuándo se cambiaba y lavaba Aureliano Segundo los calzoncillos?”.

Gabriel García Márquez, Notas de prensa: Obra periodística, 5 (1961-1984) (2015)







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[i] L. Alberto Sánchez, “Prólogo” a Martín Adán, De lo barroco en el Perú; Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, 1968, p. IV.

domingo, 26 de abril de 2020

Dadas las circunstancias



Paco Inclán, Dadas las circunstancias. Zaragoza: Jekyll&Jill, 2020. / Hay quien piensa que Paco Inclán toma sus vivencias y les introduce unas gotas de ficción para hacer sus libros. Algo me dice que no es así; sospecho que, en realidad, es justo al revés: Inclán toma un lugar y una anécdota, puede que reales, puede que conocidos de primera mano (o no) y, desde ahí, comienza a ovillar y fabular y tejer posibilidades hasta que localidad y anécdota quedan indisolublemente unidos, como si hubieran sido paridos así desde el principio de los tiempos. Alguna pista ofrece al explicar en la página 69 que sus modos de investigación no son los convencionales: no es un modo de abrirse al encuentro de lo inesperado, sino de reconocer que “investigación” aquí es lo mismo que “ficción”. / Todos los libros de Inclán son extraterritoriales —que no globales— e insertan los mapas donde sucede cada historia; aunque las geografías son distintas y están bien re-construidas, hay un aire de familia de lo humano a punto de fracasar, o recién fracasado, que une todos los cuentos: “a ciertas horas, el mundo se parece demasiado” (p. 57), sostiene una frase memorable. / El lenguaje, que se supone vía de comunicación, lo es aquí de distorsión: tortilogos, erralengua. Muchos de sus personajes, ya desde el monje tibetano de Tantas mentiras (2015), están lost in translation y de ese equívoco comunicativo surgen otros tipos de encuentros. Esa devoción lingüística de Inclán puede moverle a estructurar un cuento sobre el filo entre las dos acepciones de la misma palabra, como sucede con la anfibológica “escatología”, que le permite acercarse a la figura de Arnau de Vilanova en tonos tan quevedianos como impredecibles. Otro ejemplo es ese delirante congreso sobre el idioma esperanto al que Inclán supuestamente acude y que tanto me ha recordado —por el humor y los paraísos artificiales— a “Badajoz”, el fascinante relato de Robert Juan-Cantavella incluido en Proust Fiction (2005), también basado en la lectura delirante de la realidad de un congreso académico escrito desde el otro lado del espejo. Con “Viaje al país del esperanto” y “Badajoz” se puede dar un taller sobre las posibilidades de dinamitar los límites entre realidad y ficción desde la calidad literaria —detalle que no pocas veces se olvida al cruzar ese transitado río—. Juan-Cantavella hace en ocasiones periodismo gonzo; Inclán, en cambio, utiliza el gonzo como género literario, como forma donde sus semánticas chapotean felices y rotundas. / Si aparece la merecidísima segunda edición, estaría bien corregir el apellido Burke por Bourke en la página 82. / En resumen, Inclán hace crítica social geopolítica disfrazada de crónica humorística implacable con el propio narrador de la historia. Es lo contrario de la autoficción, vestido de autoficción. / Lo mejor de esta intuición mía sobre su naturaleza estructuralmente ficcional es que, incluso si es falsa o despistada, me hace disfrutar el doble de sus libros. Déjenme permanecer en el error. / La voz del narrador de los libros de Inclán puede parecer sencilla o accesible al lector no avisado, por la empatía que despierta, pero es una diabólica obra de arte: la de un escritor tan bueno que teme parecer soberbio y se hace pasar por otro más enrollado y humano, al que le cae la vida en lo alto. / Es una literatura singular, humana hasta la médula, brillante. Aquí tiene un fan duradero.





[Relación con la editorial: ninguna. Relación con el autor: ninguna]