sábado, 25 de enero de 2020

Zapping



Esta película los dos la habíamos visto en forma fragmentada; el tedio y el zapping, sumados a las distracciones domésticas, nos habían hecho ver pasajes distintos, uno más el principio que el final, el otro al revés. [...] Esas escenas faltantes vuelven como fantasmas: uno las ha suplido imaginariamente para completar la trama, y después la reconstrucción y la realidad, dada la poca realidad que tienen esas escenas, se le mezclan.

César Aira, Las conversaciones; Beatriz Viterbo Editoria, Rosario, 2007, pp. 12-15.

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pide lo real un plus de realidad
acrisolar el ojo en el zapeo:
el refundido
de lo firme en la razia de los cambios
de lo uno en la suma de fragmentos


Ricardo Hernández Bravo, Pausa para anuncios. Madrid: El sastre de Apollinaire, 2019, p. 36.


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 [Oleksandr Hnatenko]

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Lila tampoco estaba libre de pecado e incurría en el zapping. Pero los zapping de Lila eran diferentes. Sus zapping siempre tenían más significado, en sus zapping el todo era más conmovedor que sus partes. Las noches de lluvia o viento, o esas tardes tontas que no hacen biografía, yo la observaba coger el mando a distancia e hilvanar imágenes con un tino asombroso, redimiendo la estulticia de los canales, haciendo flores con la basura. Los zapping de Lila solían ser estremecedores, cuando combinaban tragedias con bagatelas, matanzas con saraos. Emparedado entre atentados, niños esqueléticos y jóvenes asesinados en el fútbol, el último humorista encumbrado por una muletilla idiota se antojaba sutil filósofo. A veces, ni siquiera era necesario mirar la pantalla. Bastaba con cerrar los ojos para oír las frases que construía su imaginación televisiva, sentencias contundentes que lograban explicar la vida o aforismos que revelaban sus hilvanes, y que para ser emitidas necesitaban la colaboración desinteresada de cinco o seis personas distintas y de alguien que las ensamblase con lucidez.
            Cuando Lila hacía zapping, la televisión era tan sabia que daba miedo.


Félix J. Palma, “Lila y alrededores”, Métodos de supervivencia


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Uno de aquellos ataques lo sorprendió sentado en su sofá Karlstad viendo la televisión. Tanteó sobre la mesa y alrededores en busca del hueso sin dar con él. La crisis se precipitaba. El programa que emitían en aquel momento en televisión, un reality show, hacía tiempo que se había convertido en algo parecido a un fotomontaje realizado por Dziga Vertov que pretendiera mostrar un recorrido turístico por los más escabrosos parajes de la invalidez emocional. La solución de emergencia consistió en coger el mando a distancia y apretarlo con fuerza entre los dientes. En lo más agudo de la crisis, con los dientes castañeteando, los canales fueron pasando en un orden errático ante la mirada perdida de Eduardo. Duran i Lleida amenazaba con retirar su apoyo al Gobierno si no se reconocían los derechos inalienables de Cataluña; una chica preguntaba a la invisible audiencia cuál era la capital de Francia (cinco letras); Ángel Gabilondo entrevistaba al lehendakari vasco; Juan Manuel de Prada hablaba de los derechos inalienables del nasciturus; un señor del PP, que se apellidaba igual que un ministro de Franco, lamentaba las declaraciones de Duran i Lleida, pero todavía más la actitud pasiva del Gobierno; un hombre vigoréxico encaramado a una tarima que tiraba de un par de poleas sin dejar de sonreír a la cámara, y, por último, al mismo ritmo de cámara lenta con el que Eduardo recuperaba la conciencia, un hueso que asciende y asciende y que acaba convirtiéndose en una nave espacial surcando el vacío del espacio.

Javier Moreno, Alma

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Mi falta de costumbre a televisores de 999 canales hacía del visionado una especie de laberinto. Comienzas deteniéndote en todos los canales, pero terminas yendo de uno a otro sin parar hasta que al cabo de una hora aparece en tus pupilas un mosaico de imágenes que levanta una barrera entre tú y la realidad.

Agustín Fernández Mallo, Limbo; Alfaguara, Madrid, 2014, p. 192.

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            El éxito de la televisión reside en su atención a estas leyes, pero también por la posibilidad estructural de zapping. Alarmados, los ejecutivos de las cadenas y de las agencias de publicidad ven el zapping como una amenaza para la fidelidad del espectador. En realidad, deberían aceptar que sin el zapping nadie vería televisión hoy en día. Lo que hace casi un siglo era una atracción basada en la imagen ha devenido una atracción sostenida por la velocidad.

Beatriz Sarlo, Scenes from postmodern life; University of Minnesota Press, Minneapolis, 2001, p. 49.

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 [Todd Hido, "Interiors"]

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¿Cambiaría de canal? Nikki era una de esas personas con complejos de culpa por sus huecos culturales e históricos, cada vez que hacía zapping y se encontraba con un canal de noticias o documentales o clásicos, se sentía obligada a quedarse ahí al menos unos minutos, por más que en realidad tuviera prisa en llegar a su telenovela o a Bugs Bunny. El zapping convertía a muchos en seres culpables, incapaces de gozar plenamente de su superficialidad, de admitir que les interesaba más enterarse de los últimos chismes de Hollywood que de lo que ocurría en Bosnia o Ruanda.

Edmundo Paz Soldán, Sueños digitales; Alfaguara, La Paz, 2000, p. 51-52.


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Pero te sientes sola y cambias de canal:
hoy sólo quieres ver arder el mundo.

Diego Vaya, “Oda al futuro”, Game Over; Renacimiento, Sevilla, 2015, p. 46.

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Cambié de canal.
No emitían nada. La nada comunicativa.
Metí la mano en la pantalla, escarbé entre las bandas de la carta de ajuste,
como arena o tiza molida de colores,
y desenterré una calavera:
la calavera del speaker, de la objetividad.

Juan Andrés García Román[1]

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[…] las viejas no zappean, sólo se asoman a las cortinas cuando ven pasar a un extranjero por la calle.
Celso Castro, Astillas Libros del Silencio, Barcelona, 2011, p. 123.

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            Creo que en el infierno no hacen falta torturas, gritos, barreños de alquitrán ni otros horreres: el baño de Svidrigailov –en la variante de una habitación de hotel en la que tienes que vivir eternamente, sin identidad, sin pasado y sin futuro, sin esposa, sin carrera profesional, sin vida, en definitiva– resulta igualmente útil y es considerablemente más limpio en comparación. Podrías meter incluso un televisor con varias docenas de canales en los que detenerte más o menos un minuto, hasta recorrerlos todos: noticias, deportes, moda, política, animales, fiestas, dibujos animados, y luego otra vez desde el principio, otra vez un minuto en cada uno, hasta que llegar a mirar a través de los dedos, con los globos oculares doliridos como si te los hubieran acuchillado y con un vacío interior mayor que el mundo, la única tortura infernal verdaderamente aterradora.

Mircea Cărtărescu, Las bellas extranjeras; Impedimenta, Madrid, 2013, p. 119; traducción de Marian Ocha de Eribe.


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[Lee Friedlander]

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Pero el vértigo no sólo está afuera, lo hemos asimilado a la mente que no para de emitir imágenes, como si ella también hiciese zapping.
Ernesto Sábato, La resistencia


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Pongo la tele y sonrisas húmedas. Zapping de orden y museos. Animales ejecutados y orejas desalojadas. Correas tras espasmos de gloria, segundos de pedestal y la destreza del suelo. Como en un truco de magia, cada ficha se recoloca en su casilla hasta el pistoletazo del día siguiente. Ciudad peregrina pero en orden, albergas películas y santuarios, frecuencias que sin rozarse construyen la veracidad de un mapa…
Marta Agudo, 28010[2]

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[…] una generación antes de que la televisión fuera inventada, existía ya la necesidad de zapear desde la poltrona del mundo.

Beat Wyss[3]

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            “[...] nuevo, mejoradozap –Pues verá… -¡Espere! –amplia sonrisa–. –¡Escucharemos su historia después de la publicidad! Envía politono, sonitono o real al 2525 y lo recibirás por sólozap apagar todos los focos que se propagaron a causa del fuerte viento y la alta temperaturazap aquí estamos con una madre que ha sufrido la brutalidad y los malos tratos de su hijozap

Natalia Manzano[4]

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[Isaac Cordal

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            El zapeo abole las antiguas leyes de la narración que establecían las reglas sobre el punto de vista.
Beatriz Sarlo[5]
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[...] dioses que miraban desde lejos alucinados
por sus propias farmacologías celestes
y que cambiaban de canal
cuando se aburrían.

Diego Doncel[6]

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Frases cortas. Manía referencial. Memoria selectiva. [...] Sintaxis química. Cut-up. Interrumpimos este programa. Palabras extranjeras. No italics. Short Attention Span. Zapping. Kamikaze. Heil. Loops y Samplers. Volare. Idioma de aeropuertos súbitamente comprensible. Ósmosis.
Rodrigo Fresán, Mantra

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[Francis Pienaar]

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[…]
¿No habrás venido a presentar tu dimisión? Bésame Paco
ya no hay stop, un policía desaparecido, una revelación
12 céntimos por minuto, con la participación especial de Sharon Stone
no soy muy fuerte en Historia, turno para Eusebio de Granada,
lagarto, lagarto, aparenta tranquilidad, de venta en farmacias
Ley y orden, Son los más fieles aficionados al motociclismo
contra las picaduras, celebró su cumpleaños en el plató,
politono duquesa al 7777, el presidente
no voy a opinar de esta persona por dignidad, el mejor gazpacho,
volvemos en cinco minutos, cerca de la puerta de Tannhaüser,
todos con la roja, se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia,
las moscas revolotean en el sofá impregnado de plasma,
el asesino tira el mando a distancia a la basura,
desconecta la señal y limpia el parqué
meticulosamente con lejía conejo
yéndose del lugar del crimen con el lamento
de la ininterrumpida parrilla que impide el fílmico
y perfecto estupor de la carta de ajuste.

Jordi Corominas
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            “[...] sin dirección y sin ritmo, el tiovivo continúa dando vueltas, enloquecido, una pantalla de televisión dominada por un ferocísimo zap, entre mil canales. No sólo se destruye la imagen, sino la imaginación. Ya no hay memoria; se ha vuelto imposible por la evacuación del deseo, de la racionalidad, de todo proyecto de singularidad”.

Toni Negri, Arte y multitud; Trotta, Madrid, 2000, p. 30.

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[Stephen Partridge, "Still from Monitor", 1975]
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ZAPPING

En mi cabeza hay un loco
haciendo zapping –no puedo
concentrarme en nada últimamente:
ni leer un libro hasta el final
ni escuchar lo que me dicen
ni tan siquiera darle forma a un pensamiento.

¿Terminar este poema?
Ni de coña.
Pasa la página,
cierra el libro,
vete a dar una vuelta,
vuelve otro día.

A lo mejor
hasta tenemos
un poco más
de suerte.

Roger Wolfe[7]

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La TV debe hacer zapping a la audiencia antes de que ésta le haga zapping a ella.

Derrick de Kerckhove, La piel de la cultura; Gedisa, Barcelona, 1999, p. 39.

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            En la antigüedad se concebía el universo como un texto, como un libro encriptado que espera ser descifrado; pero hoy, nosotros, no podemos verlo de otra manera que como un conjunto de canales audiovisuales emitiendo, todos al unísono, diferentes programas en lenguas diferentes. Zapping continuo de la mente.

Ángel Cerviño, Kamasutra para Hansel y Gretel; Ediciones Eventuales, Madrid, 2007, p. 111.

 [Elizabeth Messina]
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[1] Juan Andrés García Román, “¿Asomado a la ventana traslúcida?”, El fósforo astillado; DVD Ediciones, Barcelona, 2008, p. 77.

[2] Marta Agudo, 28010; Calambur, Madrid, 2011, p. 41.

[3] Beat Wyss, “La identidad del otro. Una reflexión antropológica sobre la distancia”, en Gabriel Aranzueque (ed.), Ontología de la distancia. Filosofías de la comunicación en la era telemática; Abada, Madrid, 2010, p. 183.

[4] Natalia Manzano, “01 televisión”, Apnea –método de inmersión-; El Gaviero, Almería, 2005, p. 55.

[5] “Zapping abolishes old laws of visual narration that laid down rules about point of view”; Beatriz Sarlo, Scenes from postmodern life; University of Minnesota Press, Minneapolis, 2001, p. 50.

[6] Diego Doncel, En ningún paraíso; Visor, Madrid, 2005, p. 21.


[7] Roger Wolfe, El invento. Antología poética; selección de Aurora Luque y Emilio Carrasco, Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 2001, p. 56.

sábado, 11 de enero de 2020

Poliantea 1


 

Paul Dirac era un matemático hasta los tuétanos, una personificación del dicho de Karl Friedrich Gauss de que, cuando ello es posible, uno debe contar. Una vez que estaba paseando con un colega, éste señaló que había catorce patos en el lago; Dirac respondió: “Quince. He visto uno yendo bajo el agua”. También era excesivamente empírico. Una vez que un recién llegado a la mesa de los profesores importantes de Cambrigde se aventuró a decir, para iniciar la conversación: “Hace mucho viento, profesor”, Dirac se levantó, fue hasta la puerta, la abrió, miró fuera, se sentó, pensó un momento y luego respondió: “Sí”.

Timothy Ferris, La aventura del universo, II


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Esto respondió el famoso periodista y parlamentario inglés John Wilkes cuando le atacaron por su trayectoria:
–El conde de Sandwich: "Señor, yo no sé si morirá en la horca o de la viruela".
–Wilkes: "Eso depende, mi señor, de si me abrazo a los principios de su señoría o a los de su amante"

Bethan Kernan[i]


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Es esencial: cuanto más personal sea el producto, mejor. Sólo hay dos cosas que puede uno controlar en la vida: el arte y la masturbación.

Woody Allen, El País, 03/12/2000

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El físico norteamericano Murray Gell-Mann (...) hablaba más lenguas de las que sus amigos podían contar, tenía un conocimiento a fondo de todo, desde botánica hasta el tejido de alfombras caucasianas, y se decía, con perdonable exageración, que era un gran físico, no porque tuviese particulares aptitudes para la física, sino simplemente porque se dignaba incluir la física entre sus muchos intereses (...) corregía  a los extranjeros sobre la ortografía y la pronunciación de sus propios nombres, mientas que él pronunciaba las palabras extranjeras con tan impecable acento que a veces no se hacía entender. (...) Richard Feynman, el principal competidor de Gell-Mann por el título de “el hombre más listo del mundo”, pero carente de presunción, una vez se encontró con Gell-Mann en el vestíbulo exterior a su despacho de Cltech y le preguntó dónde había estado en un viaje que acababa de hacer. “Moon-TRAY-Algh”, respondió Gell-Mann, con un acento francés tan pesado que sonaba como si se estuviera ahogando. Feynman –quien, como Gell-mann, había nacido en la ciudad de Nueva York–, no tenía ni idea de qué estaba diciendo, y cuando finalmente descubrió lo que Gell-Mann decía era “Montreal”, le preguntó: “¿No crees que la finalidad del lenguaje es la comunicación?”.

Timothy Ferris, La aventura del universo, II


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Te sorprende que la oreja de Mario huela tan mal.
Tú tienes la culpa: por cotillearle, Néstor, a la oreja.
Marcial



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“Un pueblo de EEUU se llamará Half.com”. (...) Este pequeño pueblo de 370 habitantes, antiguo paso para las caravanas que visitaban el viejo Oeste, está decidido a reencarnarse a través de la Red y a presumir de que es la primera comunidad de Estados Unidos que ha colgado en su nombre el apellido .com

Hoy en Internet, Diario El Mundo, 12 de enero de 2000

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En un primer borrador escribí: «La teoría topológico-psicosocial de Lacan»; pero una de mis amigas, Montse Domínguez, planteó la muy atinada pregunta: «¿Qué es eso? Y en todo caso, ¿qué tiene que ver la topología matemática con el psicoanálisis?». Y empecé a temer que ese pasaje pudiera dejar en evidencia el montaje. Pero entonces di con la solución perfecta: para embrollar la cuestión e impedir que el lector pensara, ¡utilizar el francés!

Alan Sokal, Más allá de las imposturas intelectuales (2008)

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Dicen que el francés debería ser la lengua universal, y yo manifiesto mi acuerdo si con ello se quiere decir que es la lengua con la que uno puede engañar a sus anchas a todo el mundo.

J. W. von Goethe, Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1796)

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FAUSTO: Si tuviese yo siquiera siete horas de sosiego, no tendría necesidad alguna del diablo para seducir una criatura como esta.
MEFISTÓFELES: Ya casi habláis como un francés.

J. W. von Goethe, Fausto (1832)

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Se me ocurre algo mejor para cerrar capítulo: es el día en que todos los padres del planeta confiesan a sus hijos que son franceses. Escenas de terror y llanto ante la terrible noticia.

Rubén Martín Giráldez, Menos joven (2012)

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Los franceses no tratan bien a sus caballos. Se los comen.

Peter Greenaway, The Draughtsman's Contract (1982)

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De hecho, la mañana le había deparado una nueva decepción: el cotejo del modus operandi del asesino con los archivos de los asesinos múltiples no había dado ningún resultado. En ninguna parte de Europa, ni en Estados Unidos ni en Japón se tenía constancia de un homicida que cortase en tiras a sus víctimas y después las desperdigara por la habitación, era algo absolutamente sin precedentes. “Por una vez, Francia va en cabeza…”.

Michel Houellebecq, El mapa y el territorio (2011)

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Conforme crecía, una notoria educación inglesa corrigió en gran medida sus defectos franceses.
Charlote Brontë, Jane Eyre (1847)

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Péguy, el más heroico en la vida y en la muerte, el más sensible también a la poética de ser francés. [...] Mystères y Cahiers siguen siendo, para devolvernos nuestra singularidad de espíritu, el canto épico de nuestra conciencia. Tanto es así que Dios habla en él directamente a los franceses para distinguir sus virtudes, desarrollar su historia y, con una dilección a la vez tierna y viril, hacerlos brillar de gloria. Todos de buena raza, ‘hijos de buena madre’, los franceses, pueblo inventor de la catedral, pueblo inventor de la cruzada, viven la fe y la caridad y son el pueblo de la esperanza.

Alphonse Dupront, “Du sentiment national” (1972)[ii]

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            Los franceses me parecen una raza melancólica, ¿será que no tienen imaginación, y por lo tanto ningún desahogo cuando se topan (como termina ocurriéndole a cualquier persona inteligente) cara a cara con los horrores del mundo?

Lytton Strachey a Virginia Woolf[iii]

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En el cartel de esta noche, el técnico René Descartes [...] El francés es, a nadie sorprende, un egocéntrico.

Jorge Volpi, Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción (2011)


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A pesar de su putrefacción o, si se quiere, gracias a ella, el esprit francés, tan vitriólico como casual en apariencia, sigue fascinándonos a muchos. Boni de Castellane, un gran señor “fin de siglo”, algunos de cuyos rasgos aprovechó Proust para crear a Charlus y a Swan, le dijo a un noble ful que le mostraba falsos retratos de sus antepasados del XVI, preguntándole como los encontraba: “A decir verdad -dijo Boni- parecen muy sorprendidos”. Y remató la faena con este soberbio pase de pecho: “Cuando usted se muera, le mandaré una corona y ésa será, querido, la única auténtica en su vida”.

Antonio Martínez Sarrión, Esquirlas

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Otra vez por empatía o en virtud de ciertas y siempre relativas coincidencias epocales, no cabe sino admirar la respuesta de la dieciochesca Madame du Deffand a un cardenal que refería el largo trayecto de san Dionisio, patrono de París, entre el lugar de su decapitación y el sitio donde acabaría erigiéndose el templo a él consagrado: “Ah, monseñor, en estas cosas lo que cuenta de veras es el primer paso”.

Antonio Martínez Sarrión, Esquirlas

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Hazía con esto maravillas, que cuando vino por aquí el ambaxador francés, tres vezes vendió por virgen a una criada que tenía.

Fernando de Rojas, La celestina (1500)

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Un noble de la corte de Luis XIV se parecía muchísimo al rey, quien reclamó la presencia de aquel doble suyo cuando fue informado de su existencia y le preguntó:
-¿Su madre visitó la corte en alguna ocasión?
El noble, haciendo una reverencia, respondió:
-No, señor. Pero mi padre sí que estuvo aquí.
Alfred Tennyson

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Las discotecas cierran a las ocho de la mañana porque hay gente muy torpe que necesita mucho tiempo para ligar.

Manuel Vicent, Las horas paganas

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Nosotros sabemos muy bien lo que es trabajar, porque lo hemos visto.

El Gran Wyoming - Reverendo, Antología 1975-2000


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Dios hizo las aguas, la tierra, los astros, las plantas, los animales, el hombre y la mujer; y no siguió haciendo porque comprendió, en su infinita sabiduría, que lo iba haciendo muy mal.

Silverio Lanza

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Me confieso culpable de platonismo y de berkeleyismo y dudo mucho de que a estas alturas pueda obtener la remisión pues además desde hace bastante tiempo incurro en la inquietante manía de mallarmeísmo y concibo el mundo como un libro que yo estoy o debería estar escribiendo.

Salvador Elizondo, Camera lucida (1983)

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            Me dejé las espinas, no soy tonto del todo. No me gustaban especialmente. Las rosas, digo. Pero seguí comiendo.

José Óscar López, Fragmentos de un mundo acelerado (2017)

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Salimos a cenar con el músico pop, que no cena porque está a régimen y sólo toma un cuenco de cacahuetes. La noche va tirando hacia bares de alcohol fuerte o más o menos parisino. El músico los pide de dos en dos hasta que duerme su borrachera con la frente en el mostrador mientras hablo con dos críticos musicales de periódicos de la ciudad. Suena entonces la campana del cierre, levantamos como podemos al músico, y se nos cae muy seguro al suelo. Alcanzamos a llevarlo hasta su coche. Los dos críticos, con su mejor intención, proponen dejarlo a dormir así, el coche en la calle y él inconsciente en el asiento de atrás toda la madrugada, con la ventanilla un poco abierta. La crítica musical es despiadada.     

Álvaro García[iv]
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            Vaya, qué maravilla, pienso. Por aquí anda la vida. Estoy rodeado de detalles jugosos. Esto es el paraíso del amante del chisme. Apenas una semana después, veo otra pelea en la misma curva de la calle. A ésta se unen todos los vendedores ambulantes de la zona. Es un pandemonio, pero totalmente normal, y en diez minutos se disipa. Fin de la riña. Todos vuelven a sus asuntos. Es una pésima forma de manejar una sociedad, sí, pero de pronto siento una vaga piedad por todos los escritores que deben ejercer su oficio en soñolientos barrios residenciales estadounidenses y tienen que ocuparse de cosas como el divorcio describiendo como friega muy lentamente los platos un personaje. Si John Updike hubiera sido africano habría ganado el premio Nobel hace veinte años.

Teju Cole, Cada día es del ladrón (2007)

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Dios existe, estoy seguro de ello; la existencia de alguien superior es la única explicación posible para tanta prueba y error. Dios es un científico con más fracasos que aciertos. Empezó bien, en especial durante los primeros siete días. Pero tendría que haberse retirado hace tiempo.

Rodrigo Fresán, “La formación científica”, Historias argentinas (1993)

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Cuando la entrevistadora americana, todavía bella, me entrevistó fue para decir: “Uy, ¡Cuántos libros!”, y para preguntarme enseguida: “¿Los ha leído usted todos?” “Sí”, le dije, “pero solamente una vez”.

Guillermo Cabrera Infante, prólogo a VV.AA. Palabra de América (2003)

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Sabato y su mujer, Matilde, daban una cena en casa con amigos (y no tan amigos) escritores. La cena iba bien, todo el mundo charlaba animadamente, pero Sabato, en su silla de anfitrión, cada vez parecía más contrariado. Entonces Matilde escribió algo en un papelito y pidió a todos los asistentes de la mesa que se lo fueran pasando de uno a otro como si de una notita escolar se tratarse. El papelito traía: "Ernesto está triste porque no se está hablando de él".

Leticia Sánchez Ruiz, en Facebook




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[i] B. Kernan, “The 10 Most Perfect Responses of all Time”, The Independent, 2016, http://indy100.independent.co.uk/article/the-15-most-perfect-responses-of-all-time--ZJAVQNpbZl.
[ii] Citado en Marc Fumaroli, La república de las letras; Acantilado, Barcelona, 2013, pp. 368-369.
[iii] Virginia Woolf y Lytton Strachey, 600 libros desde que te conocí. México D.F.: Jus, 2017, p. 24, traducción de Socorro Giménez.
[iv] Álvaro García, “Sin contemplaciones”, El Mundo, edición Málaga, 07/03/2007.