sábado, 25 de enero de 2020

Zapping



Esta película los dos la habíamos visto en forma fragmentada; el tedio y el zapping, sumados a las distracciones domésticas, nos habían hecho ver pasajes distintos, uno más el principio que el final, el otro al revés. [...] Esas escenas faltantes vuelven como fantasmas: uno las ha suplido imaginariamente para completar la trama, y después la reconstrucción y la realidad, dada la poca realidad que tienen esas escenas, se le mezclan.

César Aira, Las conversaciones; Beatriz Viterbo Editoria, Rosario, 2007, pp. 12-15.

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pide lo real un plus de realidad
acrisolar el ojo en el zapeo:
el refundido
de lo firme en la razia de los cambios
de lo uno en la suma de fragmentos


Ricardo Hernández Bravo, Pausa para anuncios. Madrid: El sastre de Apollinaire, 2019, p. 36.


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 [Oleksandr Hnatenko]

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Lila tampoco estaba libre de pecado e incurría en el zapping. Pero los zapping de Lila eran diferentes. Sus zapping siempre tenían más significado, en sus zapping el todo era más conmovedor que sus partes. Las noches de lluvia o viento, o esas tardes tontas que no hacen biografía, yo la observaba coger el mando a distancia e hilvanar imágenes con un tino asombroso, redimiendo la estulticia de los canales, haciendo flores con la basura. Los zapping de Lila solían ser estremecedores, cuando combinaban tragedias con bagatelas, matanzas con saraos. Emparedado entre atentados, niños esqueléticos y jóvenes asesinados en el fútbol, el último humorista encumbrado por una muletilla idiota se antojaba sutil filósofo. A veces, ni siquiera era necesario mirar la pantalla. Bastaba con cerrar los ojos para oír las frases que construía su imaginación televisiva, sentencias contundentes que lograban explicar la vida o aforismos que revelaban sus hilvanes, y que para ser emitidas necesitaban la colaboración desinteresada de cinco o seis personas distintas y de alguien que las ensamblase con lucidez.
            Cuando Lila hacía zapping, la televisión era tan sabia que daba miedo.


Félix J. Palma, “Lila y alrededores”, Métodos de supervivencia


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Uno de aquellos ataques lo sorprendió sentado en su sofá Karlstad viendo la televisión. Tanteó sobre la mesa y alrededores en busca del hueso sin dar con él. La crisis se precipitaba. El programa que emitían en aquel momento en televisión, un reality show, hacía tiempo que se había convertido en algo parecido a un fotomontaje realizado por Dziga Vertov que pretendiera mostrar un recorrido turístico por los más escabrosos parajes de la invalidez emocional. La solución de emergencia consistió en coger el mando a distancia y apretarlo con fuerza entre los dientes. En lo más agudo de la crisis, con los dientes castañeteando, los canales fueron pasando en un orden errático ante la mirada perdida de Eduardo. Duran i Lleida amenazaba con retirar su apoyo al Gobierno si no se reconocían los derechos inalienables de Cataluña; una chica preguntaba a la invisible audiencia cuál era la capital de Francia (cinco letras); Ángel Gabilondo entrevistaba al lehendakari vasco; Juan Manuel de Prada hablaba de los derechos inalienables del nasciturus; un señor del PP, que se apellidaba igual que un ministro de Franco, lamentaba las declaraciones de Duran i Lleida, pero todavía más la actitud pasiva del Gobierno; un hombre vigoréxico encaramado a una tarima que tiraba de un par de poleas sin dejar de sonreír a la cámara, y, por último, al mismo ritmo de cámara lenta con el que Eduardo recuperaba la conciencia, un hueso que asciende y asciende y que acaba convirtiéndose en una nave espacial surcando el vacío del espacio.

Javier Moreno, Alma

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Mi falta de costumbre a televisores de 999 canales hacía del visionado una especie de laberinto. Comienzas deteniéndote en todos los canales, pero terminas yendo de uno a otro sin parar hasta que al cabo de una hora aparece en tus pupilas un mosaico de imágenes que levanta una barrera entre tú y la realidad.

Agustín Fernández Mallo, Limbo; Alfaguara, Madrid, 2014, p. 192.

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            El éxito de la televisión reside en su atención a estas leyes, pero también por la posibilidad estructural de zapping. Alarmados, los ejecutivos de las cadenas y de las agencias de publicidad ven el zapping como una amenaza para la fidelidad del espectador. En realidad, deberían aceptar que sin el zapping nadie vería televisión hoy en día. Lo que hace casi un siglo era una atracción basada en la imagen ha devenido una atracción sostenida por la velocidad.

Beatriz Sarlo, Scenes from postmodern life; University of Minnesota Press, Minneapolis, 2001, p. 49.

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 [Todd Hido, "Interiors"]

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¿Cambiaría de canal? Nikki era una de esas personas con complejos de culpa por sus huecos culturales e históricos, cada vez que hacía zapping y se encontraba con un canal de noticias o documentales o clásicos, se sentía obligada a quedarse ahí al menos unos minutos, por más que en realidad tuviera prisa en llegar a su telenovela o a Bugs Bunny. El zapping convertía a muchos en seres culpables, incapaces de gozar plenamente de su superficialidad, de admitir que les interesaba más enterarse de los últimos chismes de Hollywood que de lo que ocurría en Bosnia o Ruanda.

Edmundo Paz Soldán, Sueños digitales; Alfaguara, La Paz, 2000, p. 51-52.


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Pero te sientes sola y cambias de canal:
hoy sólo quieres ver arder el mundo.

Diego Vaya, “Oda al futuro”, Game Over; Renacimiento, Sevilla, 2015, p. 46.

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Cambié de canal.
No emitían nada. La nada comunicativa.
Metí la mano en la pantalla, escarbé entre las bandas de la carta de ajuste,
como arena o tiza molida de colores,
y desenterré una calavera:
la calavera del speaker, de la objetividad.

Juan Andrés García Román[1]

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[…] las viejas no zappean, sólo se asoman a las cortinas cuando ven pasar a un extranjero por la calle.
Celso Castro, Astillas Libros del Silencio, Barcelona, 2011, p. 123.

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            Creo que en el infierno no hacen falta torturas, gritos, barreños de alquitrán ni otros horreres: el baño de Svidrigailov –en la variante de una habitación de hotel en la que tienes que vivir eternamente, sin identidad, sin pasado y sin futuro, sin esposa, sin carrera profesional, sin vida, en definitiva– resulta igualmente útil y es considerablemente más limpio en comparación. Podrías meter incluso un televisor con varias docenas de canales en los que detenerte más o menos un minuto, hasta recorrerlos todos: noticias, deportes, moda, política, animales, fiestas, dibujos animados, y luego otra vez desde el principio, otra vez un minuto en cada uno, hasta que llegar a mirar a través de los dedos, con los globos oculares doliridos como si te los hubieran acuchillado y con un vacío interior mayor que el mundo, la única tortura infernal verdaderamente aterradora.

Mircea Cărtărescu, Las bellas extranjeras; Impedimenta, Madrid, 2013, p. 119; traducción de Marian Ocha de Eribe.


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[Lee Friedlander]

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Pero el vértigo no sólo está afuera, lo hemos asimilado a la mente que no para de emitir imágenes, como si ella también hiciese zapping.
Ernesto Sábato, La resistencia


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Pongo la tele y sonrisas húmedas. Zapping de orden y museos. Animales ejecutados y orejas desalojadas. Correas tras espasmos de gloria, segundos de pedestal y la destreza del suelo. Como en un truco de magia, cada ficha se recoloca en su casilla hasta el pistoletazo del día siguiente. Ciudad peregrina pero en orden, albergas películas y santuarios, frecuencias que sin rozarse construyen la veracidad de un mapa…
Marta Agudo, 28010[2]

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[…] una generación antes de que la televisión fuera inventada, existía ya la necesidad de zapear desde la poltrona del mundo.

Beat Wyss[3]

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            “[...] nuevo, mejoradozap –Pues verá… -¡Espere! –amplia sonrisa–. –¡Escucharemos su historia después de la publicidad! Envía politono, sonitono o real al 2525 y lo recibirás por sólozap apagar todos los focos que se propagaron a causa del fuerte viento y la alta temperaturazap aquí estamos con una madre que ha sufrido la brutalidad y los malos tratos de su hijozap

Natalia Manzano[4]

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[Isaac Cordal

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            El zapeo abole las antiguas leyes de la narración que establecían las reglas sobre el punto de vista.
Beatriz Sarlo[5]
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[...] dioses que miraban desde lejos alucinados
por sus propias farmacologías celestes
y que cambiaban de canal
cuando se aburrían.

Diego Doncel[6]

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Frases cortas. Manía referencial. Memoria selectiva. [...] Sintaxis química. Cut-up. Interrumpimos este programa. Palabras extranjeras. No italics. Short Attention Span. Zapping. Kamikaze. Heil. Loops y Samplers. Volare. Idioma de aeropuertos súbitamente comprensible. Ósmosis.
Rodrigo Fresán, Mantra

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[Francis Pienaar]

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[…]
¿No habrás venido a presentar tu dimisión? Bésame Paco
ya no hay stop, un policía desaparecido, una revelación
12 céntimos por minuto, con la participación especial de Sharon Stone
no soy muy fuerte en Historia, turno para Eusebio de Granada,
lagarto, lagarto, aparenta tranquilidad, de venta en farmacias
Ley y orden, Son los más fieles aficionados al motociclismo
contra las picaduras, celebró su cumpleaños en el plató,
politono duquesa al 7777, el presidente
no voy a opinar de esta persona por dignidad, el mejor gazpacho,
volvemos en cinco minutos, cerca de la puerta de Tannhaüser,
todos con la roja, se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia,
las moscas revolotean en el sofá impregnado de plasma,
el asesino tira el mando a distancia a la basura,
desconecta la señal y limpia el parqué
meticulosamente con lejía conejo
yéndose del lugar del crimen con el lamento
de la ininterrumpida parrilla que impide el fílmico
y perfecto estupor de la carta de ajuste.

Jordi Corominas
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            “[...] sin dirección y sin ritmo, el tiovivo continúa dando vueltas, enloquecido, una pantalla de televisión dominada por un ferocísimo zap, entre mil canales. No sólo se destruye la imagen, sino la imaginación. Ya no hay memoria; se ha vuelto imposible por la evacuación del deseo, de la racionalidad, de todo proyecto de singularidad”.

Toni Negri, Arte y multitud; Trotta, Madrid, 2000, p. 30.

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[Stephen Partridge, "Still from Monitor", 1975]
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ZAPPING

En mi cabeza hay un loco
haciendo zapping –no puedo
concentrarme en nada últimamente:
ni leer un libro hasta el final
ni escuchar lo que me dicen
ni tan siquiera darle forma a un pensamiento.

¿Terminar este poema?
Ni de coña.
Pasa la página,
cierra el libro,
vete a dar una vuelta,
vuelve otro día.

A lo mejor
hasta tenemos
un poco más
de suerte.

Roger Wolfe[7]

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La TV debe hacer zapping a la audiencia antes de que ésta le haga zapping a ella.

Derrick de Kerckhove, La piel de la cultura; Gedisa, Barcelona, 1999, p. 39.

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El zapping, por tanto, tiene ya varias décadas de historia: es una forma ya clásica de lectura. En nuestro mundo multipantalla el zapping se ha vuelto la forma común de acercamiento a la información, al conocimiento y al placer, a través de los buscadores y los dispositivos simultáneos.”

Jorge Carrión, Lo viral; Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2020, p. 75.

 
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            En la antigüedad se concebía el universo como un texto, como un libro encriptado que espera ser descifrado; pero hoy, nosotros, no podemos verlo de otra manera que como un conjunto de canales audiovisuales emitiendo, todos al unísono, diferentes programas en lenguas diferentes. Zapping continuo de la mente.

Ángel Cerviño, Kamasutra para Hansel y Gretel; Ediciones Eventuales, Madrid, 2007, p. 111.
 
 

 [Elizabeth Messina]
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[1] Juan Andrés García Román, “¿Asomado a la ventana traslúcida?”, El fósforo astillado; DVD Ediciones, Barcelona, 2008, p. 77.

[2] Marta Agudo, 28010; Calambur, Madrid, 2011, p. 41.

[3] Beat Wyss, “La identidad del otro. Una reflexión antropológica sobre la distancia”, en Gabriel Aranzueque (ed.), Ontología de la distancia. Filosofías de la comunicación en la era telemática; Abada, Madrid, 2010, p. 183.

[4] Natalia Manzano, “01 televisión”, Apnea –método de inmersión-; El Gaviero, Almería, 2005, p. 55.

[5] “Zapping abolishes old laws of visual narration that laid down rules about point of view”; Beatriz Sarlo, Scenes from postmodern life; University of Minnesota Press, Minneapolis, 2001, p. 50.

[6] Diego Doncel, En ningún paraíso; Visor, Madrid, 2005, p. 21.


[7] Roger Wolfe, El invento. Antología poética; selección de Aurora Luque y Emilio Carrasco, Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 2001, p. 56.