lunes, 28 de enero de 2008

Cloverfield, Ana Merino, Lolita Bosch, Fernández Buey


Cloverfield o el manuscrito encontrado

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La técnica del manuscrito encontrado es literariamente muy rentable, y funciona bien a escritores que, como un servidor, descreen del decimonónico narrador omnisciente. El narrador omnisciente, ese personaje que lleva la carga narrativa en tercera persona, y que se mete en la sopa y en la cama de los personajes, así como en su conciencia, era un recurso un poco infantil para sostener la historia, y venía de la omnisciencia divina, por un lado, y en la creencia en un Yo sólido por otro, travestido en un Él capaz de contar una historia (o una vida, o el Mundo) por sí solo. El manuscrito encontrado enfrenta al lector directamente con los personajes y con la historia, y no hay más interlocutores que diversas formas técnicas de disolución del autor en la trama. Cloverfield, la película que vi anoche y que creo llega a España a principios de febrero, trabaja con los mismos materiales. En el trailer que pueden ver ahí arriba, y que yo vi en Córdoba antes de volver, pueden ya entender el mecanismo del asunto. No les contaré nada de la película, pero sí se la recomiendo a los interesados en procedimientos narrativos, en técnica cinematográfica, en recursos artísticos para contar una historia. Hay detalles técnicos absolutamente asombrosos, que demuestran que el cine ahora está aprendiendo a marchas forzadas de la televisión, que va por delante. Hay toda una historia referente al marketing viral de esta película que sería interesante examinar desde el punto de vista de construcción ideológica capitalista de un éxito, y que vuelve a pasar -como tantas cosas- por el uso discriminado de nuevas tecnologías. No lo duden, ya sé que insisto mucho en esto, pero es que cada día la realidad nos da nuevas pruebas: el que quiera saber lo que está pasando, el filósofo que quiera comprender nuestro tiempo, el escritor que quiera aprehenderlo, tiene que estar al tanto de lo que sucede en el entramado Internet-TV-publicidad-videojuegos-cine. Ahí se está gestando, para bien o para mal, nuestra Weltangschauung, la cosmovisión que dejaremos a nuestros hijos. Echen un ojo. Porque ellos se lo están echando a usted.

Ana Merino, Cell Mate; Harbor Mountain Press, Vermont, 2007
Lleva uno leyendo a Ana Merino desde su Adonais Preparativos para un viaje (1995) y es curiosa (y bastante singular) la evolución de esta poeta hasta sus últimos libros. Cell Mate es la traducción al inglés de su último poemario, Compañeras de celda (Visor, 2007). Después de leer ambos, quería escribir algo original, pero no puedo superar lo que ha escrito Edmundo Paz Soldán para la contraportada de la versión norteamericana: “en estos poemas están presentes todos los registros de Ana: el caprichoso unas veces, el atrapado otras. Ana escribe oscuras canciones de cuna, cuentos de hadas para mayores, y lo hace sin perder el sentido infantil de lo maravilloso”. La traducción de Elizabeth Polli es impecable y ajustada.

Lolita Bosch, Insólita ilusión, insólita certeza; Mondadori, Barcelona, 2007
Como Merino en poesía, tiene Bosch para la prosa una inquietante capacidad para desbordar edades. Este extraño y hermoso libro, de edición enriquecida por unas brillantes ilustraciones, puede interesar a personas de muy distinta condición y edad. Con una prosa hipnótica, sustentada en la frase breve y en la repetición, el libro desarrolla la corta anécdota de don Joaquín de la Cantolla, un aeronauta visionario que quiso construir un segundo Distrito Federal sobre la ciudad de México, mediante decenas de globos aerostáticos unidos. En realidad lo que se cuenta es el amor de Lolita Bosch por México y por su extraña condición mágica, que permitió a Cantolla soñar con un segundo México aéreo y a Rodrigo Fresán con otro subterráneo en Mantra (2001). Lo que toca Bosch lo convierte en magia, como el país, así que lean todo lo que salga de sus manos.

Y ya que hablamos de soñar, no estaría de más citar al menos Utopías e ilusiones naturales (El Viejo Topo, Barcelona, 2007), del pensador Francisco Fernández Buey, un elaborado e imprescindible estudio sobre el pensamiento utópico, que desde el Renacimiento y la isla Utopía de Tomás Moro ha tenido un lugar de singular importancia en el pensamiento occidental, sólidamente anclado en el imaginario de progreso indefinido de la Modernidad. Como explica el filósofo, “el concepto moderno de utopía ha nacido de la combinación de estas tres cosas: (a) La crítica moral del capitalismo incipiente (…) (b) el propósito de dar nueva forma, una forma moderna alternativa, al comunitarismo municipalista tradicional, a la reivindicación de la propiedad comunal; y (c) una vaga atracción por la forma de vida existente en el nuevo mundo recién descubierto (América, 1942)” (p. 9). Desde sus comienzos hasta la actualidad, pasando por los imprescindibles análisis de Manheim y Bloch, Fernández Buey reconstruye la La posibilidad de una isla, por decirlo con el título de la novela de Houellebecq, sin dejar de defender una utopía plausible en nuestro tiempo. Aunque pensadores como Frederic Jameson o Peter Sloterdijk hayan visto en la Posmodernidad el final de la posibilidad de utopismos al modo antiguo, Fernández Buey demuestra que desde la perspectiva del altermundismo, la antiglobalización y la preocupación por un mundo sostenible se puede seguir defendiendo hoy un modelo utópico, lo que también hacen autores como Eduardo Galeano, José Saramago o Jorge Riechmann, por ejemplo. Desde ese punto de vista defiende Buey la factibilidad de un pensamiento utópico que sólo tiene aplicabilidad, desde luego, dentro de una concepción limitada y no total, al modo renacentista, de utopía (pp. 295ss). En otro sentido, desde una postura más social y continuadora de la idea kantiana de ciudadanía, se ha defendido por José Luis Molinuevo la posibilidad de las utopías limitadas tras la expansión de las utopías digitales, en alguno de los ensayos incluidos en su sugestivo blog o bitácora personal en Internet, Pensamiento en imágenes. En suma, el ensayo de Fernández Buey es absolutamente necesario para constatar que otro mundo intelectual también es posible, incluso dentro de nuestro planeta ultracapitalista.
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69 comentarios:

bydiox dijo...

Me limitaré a comentar únicamente sobre Cloverfield. Decir que en España se estrena este viernes (1 de febrero) y que casualmente coincide con la vuelta de la 4ª Temporada de Lost (serie de culto de la que algún día habrá que hablar largo y tendido, si no las visto, échale un ojo). Supongo que es coincidencia, pero detrás de ambos proyectos está la cabeza bienpensante de J. J. Abrams (http://www.imdb.com/name/nm0009190/)

Tengo muchas ganas de ver Cloverfield y aunque lo poco que he leído por ahí (prefiero no leer mucho) dicen que llega incluso a "marear", me espero una gran película, un cruce entre Godzilla y The blair witch project... de ahí nada malo puede salir.

Pregunta: ¿Te gustó?

Vicente Luis Mora dijo...

En efecto, Abrams está detrás, justo por eso digo que el cine está aprovechando los avances técnicos y narrativos de la televisión, especialmente de series complejas, como Perdidos o Héroes. Me gustaron cosas de la película, por desgracia el tipo de cine que me gusta (aunque veo de todo) es Dreyer, Tarkovski, Bergman y cosas así, lentas y profundas. Pero creo que Tarkovski rodaría hoy el Solaris de un modo similar al de Matt Reeves... en cuanto a los recursos técnicos. Respecto a trama, personajes, dirección de actores, composición de tomas y guión... creo que haría otra cosa. El sábado me das tu impresión, bydiox. Por cierto, no marea tanto como se ha dicho por ahí; el hecho de que la cámara se mueva es natural, teniendo en cuenta que debe transmitir los nervios del personaje que está grabando las escenas.

Christian Supiot dijo...

Asi que mi impresión tras ver el trailer en ingles y en español (con el inesperado titulo de Monstruos, un alarde de originalidad traductora más) es correcto...

Un godzilla rodado con cámara en mano...

Bueno, le daremos una oportunidad via Ares... Pero siento decir que no me convence el recurso al personaje-cámara algo manido ya para mi gusto (el proyecto de la bruja de blair, de verdad te gustó esa peli Bydiox?, Rec, etc).

Como recurso secundario si que creo que merece la pena (ver en el valle de Elah como pelicula más reciente que recurre a dicho truquito), pero sustentar toda la pelicula en ello... ¿Quien en su sano juicio sigue grabando mientras pasan esas cosas a su alrededor?

Manuel Márquez dijo...

Compa y paisano Vicente Luis, me apunto los títulos que reseñas, dado el interés genérico que me suscita el tema tratado -aunque no ande muy sobrado de tiempo como para acumular tanto "cartucho" en la misma "canana", supongo que merecerá la pena-. Y, sobre la peli, no sé si tendré ocasión de verla; también me atraen más, a priori, otras opciones, pero es que, además, suelo ser muy receloso con los intentos de darle vuelo intelectual (como un elemento más en la panoplia de maniobras comerciales que se despliegan para promocionar el producto) a productos que, bien mirados (o simplemente mirados, que es, las más de las veces, de lo que se trata) no dejan de ser meros divertimentos. Lo cual me parece fenomenal; lo que ya me gusta menos es que me lo quieran vender como otra cosa.

Felicidades por tu blog, y un abrazo.

Fram Ramírez dijo...

Cloverfield. Vi el spot-trailer en tv, la traducción del título es "MONSTRUOSO" (un capítulo más de la Historia de las traducciones de títulos, disciplina interesante donde las haya). Me ha resultado muy interesante e iluminador el argumento sobre la Omnisciencia y las nuevas estrategias narrativas; y estoy de acuerdo al 100% sobre la necesidad de estar al tanto del entramado de la "Neosemiótica tecnológica".
El proyecto de la bruja de Blair es un antecendente de estas técnicas narrativas que se perciben en el trailer de Cloverfield. Pero creo que no anda tan lejos la propuesta, en este sentido, del movimiento Dogma, que operó en un territorio equidistante de ese cine lento y profundo y de la nerviosa escritura visual de "la bruja de Blair" o "Cloverfield". En "Los Idiotas", "Celebración", "Italiano para principiantes", etc. ya se encuentra esta formula sintáctica junto a una semántica de la imágen probablemente más profunda. A mí también me gustó la bruja de Blair, al menos, en cuanto a su propuesta técnico narrativa. Sé que las críticas fueron encarnizadas y centradas en el argumento de que no era más que una operación de marketing. A mi parecer, se pasaron por alto demasiado alegremente los atrevidos logros de la película. El fenómeno no es nuevo, la resistencia a asimilar nuevas propuestas linguïsticas por parte de los practicantes y adoradores del antiguo culto. Y si bien, considero que La Bruja pueda ser asimilable más como un ejercicio de estilo sin continuidad (véase la pauperrima continuación El libro de las sombras TBWP2), sus propuestas linguísticas son válidas: La técnica del manuscrito (celuloide y vídeo en este caso)hallado(pero no en Zaragoza), la reconsrucción no omnisciente de la acción (que puso en juego Welles a lo largo de Citizen Kane y destruyó con el útlimo plano), la estética vídeo-casero, la sintaxis nerviosa y apresurada cual diálogo de chat.

Ana Merino. Gracias por la referencia, que sumo a la lista de libros de poesía por leer. Por cierto, el pasado viernes estuvo en el aula poética de mi pueblo el Cervantes del 2006. Como desconocedor de su obra, tras escuchar el accidentado recital y leer el cuadernillo editado por el Aula "José Cadalso", mi termómetro lírico solo ascendió con los poemas de "Cecilia" (2004).

Lolita Bosch. Otra referencia a agradecer. Aunque no me de tiempo a leerlo antes del fin, no dejaré de incluirlo en la lista de próximas adquisiciones para la Biblioteca Municipal.

Utopías e ilusiones naturales. Es sin duda estimulante la persistencia de la defensa de la utopía, como una suerte de bastión del optimismo, resistente ante la postura apocalíptica. Deberé releer el libro de Neussüs antes de echar un vistazo a este de Fernandez Buey. Creo muy interesante proseguir con el debate en torno al concepto de "utopía limitada, y no total", que defiende ese autor, y con los ensayos de José Luis Molinonuevo, cuya bitácora leo desde que la descubrí hace poco.
La verdad es que me cuesta lo suyo, y a veces desearía que uchos pensadores teóricos condescendieran un poco más con los que no hemos leído tanto, ni retenido tanto; pero comprendo que es muy difícil "traducir" lo aparentemente intraducible, lo que requiere una precisión terminológica. En fin, me interesa el concepto de utopía, y me siento cercano a la posición de Molinonuevo en relación a las nuevas tecnologías, sobre las que me dijo que "por ejemplo, en el terreno de la educación no se trata sólo de poner más ordenadores sino de decidir qué tipo de educación (y contenidos) queremos dar a través de las tecnologías. No tiene sentido seguir dando viejos contenidos con nuevos medios, lo que suele ocurrir" (muy pertinente respecto al debate sobre los videojuegos), y que "en el caso del arte y las nuevas tecnologías, lo menos interesante para mi es qué tipo de arte se hace con las nuevas tecnologías, frente a qué clase de sociedad nos abre, ayuda a entender y a vivir"

Recaredo Veredas dijo...

Hola. Me interesa lo que comentas respecto del narrador omnisciente. No es un recurso digno de nuestros tiempos, pero puede seguir funcionando en según qué obras y según qué géneros. Una variante curiosa de narrador omnisciente aparece en la novela "Lovely Bones" de Alice Sebold (por lo demás bastante floja). Consiste en utilizar, como apoyo para la omnisciencia y para la coherencia del punto de vista, la estancia de la protagonista en el más allá. Lógicamente desde el cielo se ve y se conoce absolutamente todo. Supongo que Mailer habrá utilizado un método similar en "El castillo en el bosque", aunque sustituyendo el cielo por el infierno. Saludos.

Vicente Luis Mora dijo...

Estimado Manuel Márquez, puedes estar tranquilo porque en ningún momento la productora de Cloverfield -que por cierto, no significa "monstruoso" ni nada parecido, es tan sólo el nombre de una salida de la autopista de Santa Mónica- ha dado ningún vuelo "intelectual" al filme. Para ellos es lo que es, un producto de entretenimiento. Sólo que es un filme que, además tiene algunas cosas interesantes, como las tenía, en un juicio de bydiox que comparto El proyecto de la bruja de Blair. Recuerda que Picasso basó parte de su aprendizaje en arte primitivo africano, cuyos autores desde luego no se proponían una renovación de la concepción de la plástica.

O eso supongo.

Anónimo dijo...

En su día me pillé Circular y Mester de Cibervía. Vengo de comprarme circular 07' y al llegar a casa y empezar a leerlo se me ha caido el alma a los pies al darme cuenta de que (en esencia) se trata del mismo libro, con algunos añadidos (pocos) y algún cambio de orden. No sé hasta que punto los cambios justifican una reedición, mas alla del puro afán de lucro. No me jode tanto que me hayan soplado 16€ como el hecho de sentir que alguien (autor? editor?) me estaba tomando el pelo.

Si algún día te decides a publicar circular 08' y circular 09', te aseguro que no picaré.

bydiox dijo...

VLM: ¿Has hablado en alguna entrada sobre tus gustos cinéfilos? Estaría bien (si existe) echarla un vistazo.
Supongo que iré el viernes, estoy dudando si quedarme en casa viendo en "familia" (con amigos y a lo grande) el estreno de la cuarta temporada de Lost o ir al cine a la sesión de madrugada a ver 'Monstruoso'. Qué decisión. (De todas formas, si no la veo el viernes, la veré el sábado y ya comentaré).

Christian: No he dicho que me gustara, sino que tenía evidentes puntos en común (aunque toda la campaña de la Bruja de Blair se llevó "en secreto" y es imposible que algo que lleve un gran estudio no se filtré... es decir, el marketing viral no funciona como tal si se sabe que que es marketing viral...; recuerdo vídeos en los que la policía buscaba a los chicos que supuestamente se habían perdido... y de hecho algunos informativos (españoles) cuando daban la noticia la dieron como real y no como una película. Alucinante). Y ahora que recuerdo... que yo sepa (a lo mejor hay alguna otra película que la ha superado) la Bruja de Blair era la película que más dinero había recaudado por euro (dólar) invertido, tendría que mirarlo... pero supongo que siga siendo esa película.
Y Christian no te recomiendo verla en formato Screener (se ha estrenado en enero en EE.UU. aún tardará un par de meses en salir un DVD-rip decente), espérate un poco / vete al cine.
Y contestando a tu pregunta ¿Quien en su sano juicio sigue grabando mientras pasan esas cosas a su alrededor? me remito a la definición de 'Pacto Narrativo': Contrato implícito que se establece entre el EMISOR de un mensaje narrativo y cada uno de sus RECEPTORES, mediante el cual éstos aceptan determinadas normas para una cabal comprensión del mismo, por ejemplo la de la FICCIONALIDAD de lo que se les va a contar, es decir, la renuncia a las pruebas de verificación de lo narrado y al principio de sinceridad por parte del que narra.

Ricardo: Ahora que comentas sobre Desde mi cielo, decir que existe el proyecto para llevar el libro al cine (marzo 2009) y que lo dirige Peter Jackson (el encargado de llevar a la gran pantalla la trilogía de Tolkien y de producir lo que serán las 2 nuevas películas de la saga, que abarcarían el libro de El Hobbit) y que ha puesto de su bolsillo 65 millones de dólares para el proyecto (a mí el libro me gustó, no me pareció una maravilla, pero es interesante).

Fram: Me alegra mucho que menciones Ciudadano Kane, puesto que últimamente parece que a las personas se les olvida que fue la primera en usar ese tipo de narración.


Un saludo... desde este otro lado

Vicente Luis Mora dijo...

Estimado anónimo, en ningún momento se ha dicho, ni por mí ni por mi editor, que Circular 07 no fuera una reedición ampliada de una parte de Circular (2003). Circular 08 será la reedición (esta, mucho más ampliada, aunque el volumen aportado respecto a la edición antigua -y el quitado y corregido- del 07 es notable), de la parte "Centro" de la edición antigua que tienes. Circular 09 no tiene nada que ver ni con una ni con otra. No obstante, tienes todo el derecho del mundo a sentirte estafado y a no comprarte ningún libro mío más. Pero debió de servirte de aviso ver que el libro se llamaba prácticamente igual. Respecto a lo de un supuesto ánimo de lucro, sólo puedo decirte que si mi "ánimo" al escribir fuera el de lucrarme, no escribiría libros del tipo de Circular 07. Lamento tu enfado. Si no hubieras firmado anónimamente, te devolvería los 16 euros de forma inmediata, mediante transferencia, a cambio de un simple escaneo conjunto de las dos portadas. Pero como has firmado sin nombre, cualquiera que tenga los dos libros podría hacerse pasar por ti. Es el problema de firmar anónimos. Que luego el aludido como pesetero ni si siquiera puede defenderse reembolsando la cantidad "robada". Saludos.

José R. Zamora dijo...

Hipnótico, sí señor, así me pareció a mí el libro de Bosch Tres historias europeas, ya tengo ganas de pillarme el que comentas.

Una pregunta, Vicente: ¿Sabes la razón por la que los libros de Berenice en la biblioteca provincial de Córdoba sólo son de consulta y no de préstamo? Para mí es una putada, hay libros que me hubiera gustado llevarme a casa, como Afterpop o Construcción, y que sólo puedo leer allí. ¿Hará falta un Fram Ramírez cordobés?

Un saludo.

Vicente Luis Mora dijo...

Pues no entiendo lo que me cuentas de la Biblioteca. Yo pensé que sólo los libros antiguos o en mal estado eran para consulta sin préstamo. He sacado cientos de libros de esa biblioteca sin problema. La verdad es que no sé qué decirte. Saludos.

Christian Supiot dijo...

En cualquier caso, y al margen del pacto narrativo... creo que el uso/abuso de la cámara en mano es un enorme paso atrás... Es como si un libro no parara de vibrar mientras intentas leerlo... Al final acabarías agotado y lo desecharías... La camara en mano me provoca la misma sensación... 15 minutos es lo máximo que la soporto... aún en casa algo más pero en el cine me tengo que salir y no está el horno (el precio de las taquillas) para boyos (mi economía)...

cgamez dijo...

Respecto al comentario sobre el narrador omnisciente, me gustaría saber tú opinión sobre narradores en tercera persona no tan omniscientes como los que utiliza Franzen (especialmente en Las correcciones), o la narradora posmoderna de Expiación de McEwan (aunque no me acabó de gustar el libro). Me parece interesante esa forma de evitar la omnisciencia del narrador pero dándole libertad para que imagine las historias a partir de su experiencia. Estoy pensando también en la distancia de Houellebecq al narrar como si lo estuviera contemplando todo desde detrás de un televisor.

Un saludo.

Anónimo dijo...

A josé r. Zamora: Construcción está editado por pre-textos no por berenice.

Vicente, deja de escribir tanto que ya no recuerdas ni donde te publican cada cosa ;)

Vicente Luis Mora dijo...

me estoy quitando, me estoy quitando...

Wilco dijo...

Fernández Buey y José Luís Molinuevo (apunto sus Pensamientos en imágenes)

Uno de los momentos occidentales en los cuales arte-pensamiento-religión (por llamar estas cosas de alguna manera) se juntaron, donde el lenguaje era más que lenguaje, fue , digamos el romanticismo alemán. Crítico con la Ilustración de la razón monetaria. La de los derechos , tan universales y seguidos como los más sensatos de los 10 mandamientos.

No lo he leído del todo, me parecido entender que José Luís Molinuevo escribe en este sentido.

No sé porqué es, pero hablar de estas cosas provoca risas, incluso en lugares en los cuales esas risas , por tener lugar justamente allí, son arañazos.

Quiero decir. El arte no es decoración y ya está.

Pensamiento-religión-arte-comunicación...
ámbito común, mismo parto.

Tendencia a la intelectualización ocurre. ¿Todavía no podemos estudiar con rigor todo esto?

No todo vale, estoy de acuerdo. Aceptamos Iker, no se lo cree nadie, no molesta.

Ponte a estudiar religión (implica arte, ética, lenguaje...) Hay lugares -los más inadecuados- en los que manifestarte crítico con lo que, en lineas generales, entendemos en España España España, como religión es cualquier cosa menos tolerable (no hace falta que le expliques, no quiere, ¿para qué?, es autora omnisciente)

Pienso que la religión, como se entiende mayoritariamente, no es arte. Es imposible mirarla así. No es como escuchar música o mirar el campo con la espalda.

Vicente Luis Mora dijo...

[Para C.Gámez] Prefiero Houellebecq a Franzen, en casi todos los sentidos, también en el del narrador omnisciente. Piensa en La posibilidade una isla, también construida a través de los manuscritos encontrados (en este caso, los "relatos de vida" virtuales de Daniel y sus versiones neohumanas). Como decía mi amigo y narrador Javier Fernández, que no haya narrador omnisciente no significa que no haya narración, ni que no sea necesario "alguien" que cuente. Pero en la realidad no hay más voces en off que las de la tele, y por eso no me gusta utilizar más voces en off que las de las televisiones que aparecen en mis libros. Sólo para el relato breve, donde la estructura locutiva no es lo fundamental, sino la performativa, donde no el sujeto elocutorio sino la trama (de acciones o psicológica) es lo importante, entiendo hacedero el narrador en tercera persona, porque a veces ahorra tiempo. Pero un cuento no es una novela, no pretende reflejar la vida entera sino una minúscula parte, y por ello necesita de ciertas muletas. No combato a los narradores que utilizan el narrador omnisciente, algunos de ellos hacen a veces cosas que me gustan (aunque prefiero a los tardomodernos como Unamuno o Torrente, que lo dinamitaban con ironía en las mismas novelas); simplemente, prefiero a quienes no lo utilizan, porque yo mismo no lo utilizo. Y uno como crítico no puede estar, lo dijo Eliot y lo repito mucho, contra sus propios patrones de gusto. Saludos.

José R. Zamora dijo...

Cierto, anónimo: mea culpa. No serán sólo los de berenice...lo recordé, que Construcción se editó en pre-textos, al poco de publicar el comentario y como tiro de centro cívico para meterme aquí no he podido corregir mi error antes, lo siento.

Un saludo.

Raúl Betadine dijo...

Sobre el tema de las utopías, entiendo que hay en el pensamiento occidental, quizá desde la República de Platón, una necesidad de actualizar el mito de la Edad de Oro (que quizá sea poligenético, pues está presente en muchas mitologías del orbe) fuera del pensamiento mágico. Y es curioso que enseguida surja la idea de la distopía, que se ha revelado muy fértil en la narrativa occidental actual (desde el Auster de El país de las últimas cosas hasta La carretera, de McCarthy).
Gracias por mantenernos al día.
Saludos

cgamez dijo...

Agradecido por la respuesta (muy coherente). Yo también pienso que el manuscrito encontrado es una técnica muy sugerente para narrar el momento actual. Por ejemplo, internet está plagado de textos en primera persona que se pueden tomar como manuscritos encontrados. O los ordenadores (leí aquí tu reseña de J-pod). Pero a la vez creo que el narrador permite huir del yo, ahora que es fragmentario, y acrecienta la empatía por los otros. Aunque te suscribo en lo de Huellebecq, especialmente porque, normalmente, enseña el truco (quien narra) como en Las partículas, o el Coetzee de Elizabeth Costello, incluso el nuevo flaneur estilo Loriga en El hombre que inventó Manhattan (al respecto, perdón por no haber leído aún Circular, está en la lista, de aquí a dos libros más, es que hay tanto). Franzen me gusta, pero en Las correcciones hubiera preferido que enseñara el truco. Uno de sus personajes se acerca mucho al narrador, y es posible hablar de toda tu familia, imaginar sus pensamientos, desde tu conocimiento. Pero no da pistas. Supongo que te refieres a algo parecido cuando hablas de la ironía y la dinamitación del narrador (de su omnisciencia, supongo).

Perdón por la extensión (pesado) y un saludo.

Alvy Singer dijo...

Quería esperarme al sábado, cuando ya haya visto Cloverfield, pero no puedo evitar participar en el debate, para defensar ciertas cuestiones. La cámara en mano: es una técnica narrativa y depende exclusivamente de la brillantez del que la usa. Paul Greengrass ha dado lecciones magistrales en todas sus películas de como usarla, Tony Scott de como parodiarla y Alejandro González Iñarritu de como vulgarizarla, con encuadres marcados solo por un leve temblor en busca de un impacto (aunque su corto para la saga de spots de BMW protagonizados por Clive Owen hacía un buen uso de ella, volveremos sobre ello).

Respecto a otras películas que les pueden interesar y que, desde ya, les recomiendo a todos (en especial a vicente, cuyo lúcido comentario me hace pensar que debería empezar a escribir sobre cine por el bien mío):

-The Signal (2007). Una invasión post-zombie que tiene mucho de reflexión sobre la sociedad mediática y esquiva casi una pulsión honesta aquello que 28 days later soñó con ser.

-Redacted (2007). Brian DePalma sigue siendo el tipo más inteligente y vanguardista desde hace treinta años. Ya filmó una demostración epatante de interpretación postmoderna de Hitchock (la filmó varias veces) y varias sobre Vietnam. Ahora se descuelga con una película arrolladora visualmente.

-Right at your door. Una muestra de poética de urgencia desoladora.

Sirven para complementar este debate, por supuesto el añadido de [REC] una película-reality sensiblísima y Diary of the Dead (del maestro Romero) no sobran.

Alvy Singer dijo...

Otro apunte: la cámara en mano con sus zooms, sus tamborileos y demás es una técnica setentera debida a los documentales de la televisión, con un look inmediato. Es producto también de una época: French Connection de William Friedkin es una cinta excepcional en ese aspecto y cualquiera de las primeras piezas del American Gothic (en especial Last House on Left, versión perversa de Bergman, y The hills have eyes, ambas de Wes Craven) dan lecciones sobre como usarla.

Anónimo dijo...

Vicente, la técnica del manuscrito encontrado es, si cabe, aún más decimonónica que el narrador omnisciente. Un ejemplo sería, en nuestra literatura, Pepita Jiménez, pero hay miles y miles en toda la narrativa europea del siglo XIX. Si se utiliza de manera paródica, como en el Quijote, puede ser espectacular, pero normalmente tiene que ver con un deliberado afán de mímesis y disimulo, de dar verosimilitud a un artefacto estético. Como si se avergonzara de ser literatura. Por otra parte, el narrador omnisciente, que lleva siglos recibiendo palos, puede ponerse en marcha de diferentes modos: puede hasta mezclarse con los pensamientos del personaje, como en el estilo indirecto libre de Virginia Woolf; o desaparecer en la supuesta objetividad del montaje, como en el neorrealismo. O puede ser igualmente paródico, como en los novelistas del siglo XVIII -Diderot, Voltaire, etc.- matizado, renqueante.

Vicente Luis Mora dijo...

Gracias por la clase, pero ya sabía todo eso. Fíjate la datación más moderna que citas con un uso válido del narrador omnisciente, Virginia Woolf. Viene pasando casi un siglo ya de eso... Pero si quieres escribir como Diderot y Voltaire, no seré yo quién te lo impida. Ánimo.

Anónimo dijo...

Te diré alguna más: Bernhard, Coetzee, David Grossman, Sarraute, Duras, Lispector, Avello, Goytisolo, Handke, Kundera, Esterhazy, casi todos los rusos... El caso es hasta dónde quiera saber el narrador.

cgamez dijo...

No es que la técnica del manuscrito encontrado sea del XIX, es que es la primera estrategia narrativa que usa la literatura moderna europea. No sólo el Quijote, tambien Robinson Crusoe (Defoe usó varias técnicas eludiendo el narrador omnisciente). No será después, cuando la modernidad se crea con la autoridad suficiente para su omniscencia (Voltaire sin ir más lejos), cuando se consolide el narrador omnisciente, la panacea del determinismo intelectual del XIX. Pero desgraciadamente, ya no estamos en la modernidad (la posposmodernidad quizá?) y el narrador omnisciente no se justifica por sí mismo, pues desde que Gödel demostró que ni la matemática es completa, no se puede consolidar esa autoridad "divina". Es por eso que se vuelve a la técnica del manuscrito encontrado, pero sin la ingenuidad de los fundadores (como Godard en Vivir su vida). También es por eso que me interesan las técnicas posmodernas que utilizan el narrador pero sin su omnisciencia (la Elizabeth Costello de Coetzee). Porque nosotros ya no podemos narrar desde la omnisciencia. Otra cosa sería el cine, que empezó a narrar distinto y utiliza ahora el manuscrito encontrado de otra forma. Aunque yo no sé mucho de cine y me gustaría que VLM y Alvy Singer explicaran algún día algo al respecto.

Recaredo Veredas dijo...

Hola. No creo que deba englobarse a toda la tercera persona en el mismo saco. Estoy de acuerdo con la falta de validez del narrador omnisciente decimonónico. Por supuesto. Pero creo que un narrador en tercera apoyado en un solo personaje -para relato breve- o en los protagonistas -para novela- cuya mirada no se eleve sobre la capacidad de los personajes sigue resultando válido y puede evitar los excesos de subjetividad de algunas voces identificadas (siempre que el fin de la obra pretenda evitarlos). Gracias por el post. No es fácil encontrar debates sobre cuestiones técnicas.

Sergi Bellver dijo...

Desde luego, si hay algo monstruoso es a veces el tema de las traducciones…

Como tú mismo has dejado ver ya, Vicente, no creo que Cloverfield venga a inventar nada realmente nuevo. Además, tras la metáfora recogida en trailer y cartel, con esa libertad decapitada, me huelo a chasco, como el que me llevé con El bosque y todas las películas de Michael Night Shyamalan a excepción de El sexto sentido. En todo caso, podré “juzgar” cuando la vea, pero de entrada no me atrae demasiado. A quien le gustara Godzilla (entiendo que os referís a la versión americana, a la plaga de velociraptores deconstruidos ―los de Spielberg, vamos, pero con eczemas y sobrepeso― en el Madison Square Garden) o The Blair Witch Project entiendo que le interese. La primera fue también puro y duro cine de entretenimiento, y un experimento con cierta gracia la segunda ―tuvo tiempo de tenerla, antes de la avalancha de imitaciones, como le pasó a Ringu, antes de convertirse en The ring y toda la caterva de películas aftersushi con niña muerta en remojo―. Estas películas soportan mal el paso del tiempo, se sustentan en fórmulas efectistas con fecha de caducidad. Por ejemplo, sin necesidad de dinosaurios mutantes posmodernos ni operadores casuales de handycam, hubo otras películas mucho menos taquilleras capaces de aunar… yo qué sé, angustia, terror, inmediatez de emociones, oscuridad, inmersión del espectador en la historia, etcétera, y que aún hoy ponen los pelos de punta. ¿Alguien se acuerda de Deliverance? John Boorman, por favor. No hace falta una mutación por radioactividad o una videocámara con el baile de San Vito, estilo Nosolomúsica; con los abismos de lo humano y la desnudez del bosque ya te jiñas, con perdón.

En serio, me encanta el Diario de Lecturas por los debates que se arman, a veces desde la propuesta inicial de Vicente, a veces por esporas que germinan espontáneas sin que parezcan venir a cuento, y sin embargo vienen. Disfruto con la lectura de todos los comentarios (esté o no de acuerdo) y lo que más me interesa es cierta percepción general de “movimiento” en esta página. No sé hacia dónde, pero con estirar un poco las piernas y el coco, se agradece siempre el paseo.

Iba a comentar algo, por cierto, ya que vuelves a mencionarlos en esta entrada, sobre los videojuegos. No sabía si hacerlo aquí o allí, en fin, qué más da, todo está relacionado. Antes de nada, decir que empiezo a tener mis sospechas de que Alvy Singer no sea en realidad Alvy Singer. El otro día en una cena comentábamos lo que este joven ha leído y aprehendido en tan poco tiempo. ¿Y encima le quedan ratos para darle a la consola y pasarse los juegos? Lo siento, señores, creo que Alvy Singer es un complot, una comunidad secreta, un superordenador que inocula virus de gusano a diestro y siniestro… muy siniestro, tanto, que estoy por pensar que él mismo es el responsable de la corporación Umbrella y del retrovirus que nos convertirá un día a todos en malvados residentes de Racoon City. Sí, uno ha tenido su época de jugón, y sus afinidades, como todos, porque también en los videojuegos, como en cine o literatura, hay estéticas para todos los gustos. A mí nunca me han entusiasmado los rollos tipo Second Life o Sims (prefiero una caña con amigos), ni los shoot’em up, salvo las series de Medal of Honor o Call of Duty, por puro fetichismo y mi interés por la IIª Guerra Mundial. Prefiero los juegos no lineales (que van más allá de las combinaciones posibles para llegar de A a B eliminando enemigos) que me dan opción a imaginar soluciones, y claro, también me he reído con las flatulencias del mayordomo de Lara Croft, pero me han enganchado juegos minoritarios como la saga Soul Reaver, menos aparatosa pero sobrada de imaginación. Luego están aquellos juegos con “algo especial”, que sin grandes alardes técnicos han conseguido momentos cumbres del género. Sin ir más lejos, el ya referido Resident Evil 2, (el mejor de la saga por atmósfera) con sus fondos renderizados en 2D y la soberbia ambientación. Quien lo haya jugado no olvidará la tensión anunciada, presentida, y el instante en el que aparece el primer “lamedor”. En fin, luego está la serie Metal Gear Solid, sencillamente, lo mejor que se ha hecho nunca en videojuegos, y otros, menores, pero que siempre me han gustado por sus posibilidades, como Driver y The Getaway. Y hasta en el fútbol no nos ponemos de acuerdo, con las escuelas FIFA de EA o PES de Konami…

Pues bien, me lo pasé bomba con el debate anterior, pero sólo quiero añadir que un tema cualquiera parece otra cosa en manos de mentes hiperactivas, que entre gente inteligente y culta, cualquier debate sube tres escalones… y creo también que cualquier excusa es buena para ello, pero pienso que los videojuegos nunca han dejado de ser lo que quieren sus desarrolladores que sean: un producto de entretenimiento, cuanto más rentable mejor. Artesanos sí, hay tipos que realmente se lo curran mucho y resuelven sus trabajos con un talento encomiable, igual que hay castañas pilongas que se acaban a toda prisa antes de la campaña navideña, para hacer caja. Vicente aludía en su momento a la capacidad de inmersión de un juego como valor intrínseco-artístico, o algo así (perdona, tendría que revisarlo), pero inmersivos, y como ninguno, también fueron en su día (y lo que te rondaré) Tetris o Packman… ¿Proto-arte digital interactivo? ¿Fósiles de esta nueva fauna? ¿Serán las novelas para teléfono móvil que hacen furor en Japón la literatura del siglo XXII? Mi idea de la cultura (patatera o no, es la mía) es otra cosa y siempre que he jugado con la consola tenía la inequívoca noción de estar, en el mejor de los sentidos, matando el tiempo, desconectando, vaciando de ciertas preocupaciones mi cabecita, mientras extorsionaba a unos cuantos tenderos del Nueva York de los años 30, con el fondo de la banda sonora de El Padrino o me cargaba a unos cuantos orcos con el hacha del enano Gimli.

Si aceptamos pulpo como alta cultura, y somos capaces de suscitar un debate así por estas cosas, hasta la manera de hacer un bocadillo de jamón puede ser arte y cultura, y no estoy bromeando. Si os apetece os lo demuestro. Creo que Vicente me respondió muy acertadamente una vez a cuento del parkour. Unas capacidades llevadas al límite, una coordinación y una propuesta que para unos es deporte y para otros arte. Desde luego, en ambos casos, cultura, si cultura es todo lo que nos conforma como sociedad y nos formula como individuos.

Por eso mismo tiene razón Vicente al acabar señalando esa necesidad de que el cronista, el escritor, el poeta y el filósofo deban estar al tanto de todo lo que ocurre en su tiempo, bebiendo de todos los vasos comunicantes, sin estanqueidad en su pensamiento y visión del mundo. Pero también hay un mundo inmenso que conforma nuestra realidad y nos formula como sujetos. Un mundo que también sucede fuera de ese círculo Internet-televisión-publicidad-videojuegos-cine, o dentro, pero en todo caso le precede y circunvala. A ver si vamos a estar ensimismándonos con los canales y estamos a punto de olvidarnos de la fuente. A ver si con tanto zapping-pangeico-visual vamos a perder la perspectiva y resetear nuestra mente sin haber guardado antes una copia de seguridad de todas aquellas otras cosas que nos construyen. No sé, sólo pregunto, porque de toda esa Weltangschauung, a mí me sigue interesando más la Schöneheit. Mameluco que es uno.

Respecto a la omnisciencia y otras técnicas y andamiajes de lo narrativo, creo que siempre que un autor (y me refiero a cualquier disciplina) sea capaz de crear un universo perfecto y no lo traicione, ni con él a ese pacto narrativo, todo vale, como dice Fram (yo también quiero un bibliotecario de esos en mi barrio…), hasta la omnisciencia (la de Woolf viene de unos 70 años atrás, sí, pero fíjate el juego que le ha dado a Stephen Daldry para filmar la magnífica Las horas -Ed Harris, papelón, poco citado-). Cualquier cosa que nos parezca estar descubriendo ahora, seguro que también se hizo antes. Lo único que distingue la mediocridad del arte es la mirada del autor, no importa de qué técnica (y tecnología) se sirva. Aunque ahora que no nos oye nadie… a mí me atraiga más el manuscrito encontrado que el demiurgo impostado, o la hemorragia textual celineana que la nivola de Unamuno [*]. Hasta hay quien abomina de esos saltos atrás del narrador que inoriza y traza un cuadrilátero paralelo al campo de batalla del libro, y hay quien adora lo metaliterario… Pero no hay más quid en la cuestión que en la de FIFA o PES, uno es más proclive a algo y ya, sin que nada sea “mejor”, mientras todo sea honesto y trabajado. Lo que convierte la escritura de Javier Marías en un peñazo para algunos (como a mí), es justo lo que engancha a sus seguidores. Por eso cada vez sé más lo que me gusta pero al mismo tiempo me ando con cuidado de no jugar al “narrador omnisciente” fuera del libro, con la vida, quiero decir, con las opciones de los demás…

Últimas pantallas, me quedan tres vidas y tengo la barra de energía al mínimo:

Le contesta Vicente a CGamez que un cuento no es una novela, no pretende reflejar la vida entera sino una minúscula parte, y por ello necesita de ciertas muletas, cuando yo creo más bien que (aparte de no saber qué pretende cada cuentista con su relato) un buen cuento, los mejores cuentos, prescinden precisamente de cualquier muleta y período de convalecencia (porque han de ser perfectos y no tienen margen para la digresión o el parche) que se permita la novela para, de lo particular a lo universal, abarcar la vida entera. He leído cuentos de Carver, Cortázar o Chéjov que me hablaron más de mí mismo y del otro, del mundo entero, que novelones olímpicos. La mirada, de nuevo…

Por cierto, Vicente, vaya cara de intelectualón casual wear se te ve en la foto de Calle 20.

Me pareció sencillamente genial el enlace que dejaste en la anterior “tertulia”, el slide con ese montaje de obras de arte versión 2.0. Mira, te dejo una gilipollez que hice ayer, para que sonrías allá en Alburquerque.

Un abrazo, gracias por las referencias de Bosch, Merino y Molinuevo, que anoto, y perdón por el rollo. Es lo que tiene aguantarse tantos días, que luego hay diarrea.

Game over.

Pd: Picasso era un genio, pero probablemente se le considere el mayor genio de la pintura contemporánea porque también era un hacha en publicidad (en la que le tocaba a sí mismo, claro).

[*] para repensar(nos) y resoñar, del prólogo de Niebla:

Esta ocurrencia de llamarle nivola –ocurrencia que en rigor no es mía, como lo cuento en el texto– fue otra ingenua zorrería para intrigar a los críticos. Novela y tan novela como cualquiera otra que así sea. Es decir, que así se llame, pues aquí ser es llamarse. ¿Qué es eso de que ha pasado la época de las novelas? ¿O de los poemas épicos? Mientras vivan las novelas pasadas vivirá y revivirá la novela. La historia es resoñarla.

Miguel de Unamuno, avatar: Gandalf reverted.

Anónimo dijo...

Tanto Voltaire como Diderot hicieron parodias de la omnisciencia del narrador. Es más, el verdadero narrador omnisciente, que no se permite ni ser irónico ni poner en duda su saber, comienza con la "objetividad" de Flaubert -por ejemplo el amigo de Liceo de Charles Bovary que comienza a narrar su historia-, que entra en el XX con la desaparición del autor en la selección de los hechos. Por lo tanto, propongo: distinguir la omnisciencia del narrador de la objetividad y no pensar que la historia avanza por bloques compactos: modernidad, posmodernidad, ultramodernidad. Eso sí que es una forma moderna de verlo. Además, tampoco creo que en la "ingenuidad de los fundadores". ¿Por qué ingenuos? ¿Por inventarse un género?

Alvy Singer dijo...

(http://tinyurl.com/23mk8k )

EL DESEO Y LA BESTIA

Jordi Costa.

En Domingo, un corto de Nacho Vigalondo realizado para una de las ediciones de Notodofilmfest, una cámara de vídeo doméstico registra el avistamiento de un ovni. La banda sonora recoge la discusión que el casual operador está manteniendo con su pareja. En un momento climático, el protagonista deja la cámara en el suelo y el objetivo captura el desenlace de la bronca, mientras, en el off del plano, el objeto volador no identificado hace algo prodigioso que no vemos. Ese desplazamiento del objetivo de lo prodigioso a lo trivial, de lo cósmico a lo privado también define la esencia de Monstruoso, la producción de J. J. Abrams tan inteligentemente publicitada como raudamente castigada en la taquilla americana por un público quizás poco receptivo a la experimentación.

irigida por Matt Reeves -cineasta que debutó con la heterodoxa comedia romántica Mi desconocido amigo (1996) antes de centrarse en labores televisivas-, Monstruoso es, como Domingo, todo un síntoma cultural, una consecuencia de esa cultura del yo que privilegia lo íntimo sobre lo colectivo. Como a estas alturas de la inclemente campaña publicitaria ya sabrá todo lector, Monstruoso es una monster movie en forma de documento encontrado, El monstruo de tiempos remotos (1953) de la era YouTube, narrado por una videocámara en la que palpitan los ecos de una historia de amor en forma de flashes de cinta reciclada. Y ahí está, precisamente, el verdadero toque de distinción de la película: en realidad, Monstruoso no habla de la devastación de Nueva York por parte de una criatura colosal, de cuyo cuerpo llueven parásitos voraces. Monstruoso es, en realidad, una película de amor: la crónica de una desesperada reconciliación amorosa en el mismo umbral del Apocalipsis.

El productor Abrams ya había abierto un discurso parecido con su sensacional serie Alias: allí, los arquetipos de la ficción de espionaje se sometían a la radical transgresión de tener vida privada. Una vida privada que, en una prodigiosa pirueta, aportaba todo el armazón narrativo del juego de simulacros, mentiras y apariencias que definía un género que, superados los referentes de la guerra fría, intoxicaba la esfera de lo íntimo. Monstruoso es, pues, puro Abrams y sus muchas virtudes no se agotan en la premisa: la película de Reeves funciona como abrumador ejercicio de virtuosismo, en el que el registro, aparentemente caótico, de la catástrofe se pone al servicio de un calculado juego de elipsis e informaciones dosificadas.

Sin estar libre de interpretaciones políticas -el crítico de Village Voice hablaba del paso de Godzilla a Al-Quaedzilla-, Monstruoso centra su interés en otra cosa: en la vida interior del arquetipo -antipático, pijo y sin carisma- mientras todo se desmorona a su alrededor.

bydiox dijo...

Acabo de ver Cloverfield y la verdad es que me ha gustado. No es el peliculón del año, pero la historia está bien contada (con esa introducción) y aunque alguno podría pensar (como Christian) que no es verosímil seguir grabando mientras uno huye del peligro... en este caso lo han hecho muy muy bien.

Y si obviamos la parte fantástica, podría ser un documento gráfico muy muy real (la escena del humo me ha recordado mucho a las imágenes que se vieron en el 11S grabadas por videoaficionados justo después del derrumbe de las torres).

A la mayoría de la gente no le ha gustado, pero a mí sí... así que supongo que lo suyo sería no recomendársela a amigos y familiares, para que luego no le echen la bronca a uno.


Un saludo.... desde este otro lado

Tropovski dijo...

Impresionante, Cloverfield/Monstruoso. Épica del fin del mundo, pornografía de la destrucción. Al acabar la película, mucha gente en la sala se quedó con la sensación de "¿Ya?" -desencantada, vamos (!?)-, y alguien comentaba a su compañer@ de butaca: "Pues que me la expliquen". Dicho comentario me recordó a ese chiste de aquel/la que se quedaba hasta el final de la película porno por ver si se casaba la protagonista.

Yo me quedo, del final, con ese guiño a Godzilla cuando la cámara, en azaroso flashback, encuadra el mar del Japón. Y del resto de la película, con todo: es impresionante, como el cine, aparte del lenguaje televisivo que comentaba Vicente, fagocita el 11-S para apropiárselo y transformarlo en (más) espectáculo.

Vicente Luis Mora dijo...

Siento el retraso en colgar los comentarios, he estado de viaje. Bydiox, Tropovski, bien visto lo del 11/S, es tal cual. Leeré lo de Costa, Alvy, acabo de llegar, son las once de la noche y estoy muerto. Saludos a todos.

Vicente Luis Mora dijo...

Alvy me ha dejado este interesante link, cuyo contenido no he podido leer, pero que puede animar este debate a partir de Cloverfield. Si tuviera tiempo, lo traduciría:

The Death of Postmodernism And Beyond
Alan Kirby

I have in front of me a module description downloaded from a British university English department’s website. It includes details of assignments and a week-by-week reading list for the optional module ‘Postmodern Fictions’, and if the university is to remain nameless here it’s not because the module is in any way shameful but that it handily represents modules or module parts which will be taught in virtually every English department in the land this coming academic year. It assumes that postmodernism is alive, thriving and kicking: it says it will introduce “the general topics of ‘postmodernism’ and ‘postmodernity’ by examining their relationship to the contemporary writing of fiction”. This might suggest that postmodernism is contemporary, but the comparison actually shows that it is dead and buried.

Postmodern philosophy emphasises the elusiveness of meaning and knowledge. This is often expressed in postmodern art as a concern with representation and an ironic self-awareness. And the argument that postmodernism is over has already been made philosophically. There are people who have essentially asserted that for a while we believed in postmodern ideas, but not any more, and from now on we’re going to believe in critical realism. The weakness in this analysis is that it centres on the academy, on the practices and suppositions of philosophers who may or may not be shifting ground or about to shift – and many academics will simply decide that, finally, they prefer to stay with Foucault [arch postmodernist] than go over to anything else. However, a far more compelling case can be made that postmodernism is dead by looking outside the academy at current cultural production.

Most of the undergraduates who will take ‘Postmodern Fictions’ this year will have been born in 1985 or after, and all but one of the module’s primary texts were written before their lifetime. Far from being ‘contemporary’, these texts were published in another world, before the students were born: The French Lieutenant’s Woman, Nights at the Circus, If on a Winter’s Night a Traveller, Do Androids Dream of Electric Sheep? (and Blade Runner), White Noise: this is Mum and Dad’s culture. Some of the texts (‘The Library of Babel’) were written even before their parents were born. Replace this cache with other postmodern stalwarts – Beloved, Flaubert’s Parrot, Waterland, The Crying of Lot 49, Pale Fire, Slaughterhouse 5, Lanark, Neuromancer, anything by B.S. Johnson – and the same applies. It’s all about as contemporary as The Smiths, as hip as shoulder pads, as happening as Betamax video recorders. These are texts which are just coming to grips with the existence of rock music and television; they mostly do not dream even of the possibility of the technology and communications media – mobile phones, email, the internet, computers in every house powerful enough to put a man on the moon – which today’s undergraduates take for granted.

The reason why the primary reading on British postmodernism fictions modules is so old, in relative terms, is that it has not been rejuvenated. Just look out into the cultural market-place: buy novels published in the last five years, watch a twenty-first century film, listen to the latest music – above all just sit and watch television for a week – and you will hardly catch a glimpse of postmodernism. Similarly, one can go to literary conferences (as I did in July) and sit through a dozen papers which make no mention of Theory, of Derrida, Foucault, Baudrillard. The sense of superannuation, of the impotence and the irrelevance of so much Theory among academics, also bears testimony to the passing of postmodernism. The people who produce the cultural material which academics and non-academics read, watch and listen to, have simply given up on postmodernism. The occasional metafictional or self-conscious text will appear, to widespread indifference – like Bret Easton Ellis’ Lunar Park – but then modernist novels, now long forgotten, were still being written into the 1950s and 60s. The only place where the postmodern is extant is in children’s cartoons like Shrek and The Incredibles, as a sop to parents obliged to sit through them with their toddlers. This is the level to which postmodernism has sunk; a source of marginal gags in pop culture aimed at the under-eights.

What’s Post Postmodernism?
I believe there is more to this shift than a simple change in cultural fashion. The terms by which authority, knowledge, selfhood, reality and time are conceived have been altered, suddenly and forever. There is now a gulf between most lecturers and their students akin to the one which appeared in the late 1960s, but not for the same kind of reason. The shift from modernism to postmodernism did not stem from any profound reformulation in the conditions of cultural production and reception; all that happened, to rhetorically exaggerate, was that the kind of people who had once written Ulysses and To the Lighthouse wrote Pale Fire and The Bloody Chamber instead. But somewhere in the late 1990s or early 2000s, the emergence of new technologies re-structured, violently and forever, the nature of the author, the reader and the text, and the relationships between them.

Postmodernism, like modernism and romanticism before it, fetishised [ie placed supreme importance on] the author, even when the author chose to indict or pretended to abolish him or herself. But the culture we have now fetishises the recipient of the text to the degree that they become a partial or whole author of it. Optimists may see this as the democratisation of culture; pessimists will point to the excruciating banality and vacuity of the cultural products thereby generated (at least so far).

Let me explain. Postmodernism conceived of contemporary culture as a spectacle before which the individual sat powerless, and within which questions of the real were problematised. It therefore emphasised the television or the cinema screen. Its successor, which I will call pseudo-modernism, makes the individual’s action the necessary condition of the cultural product. Pseudo-modernism includes all television or radio programmes or parts of programmes, all ‘texts’, whose content and dynamics are invented or directed by the participating viewer or listener (although these latter terms, with their passivity and emphasis on reception, are obsolete: whatever a telephoning Big Brother voter or a telephoning 6-0-6 football fan are doing, they are not simply viewing or listening).

By definition, pseudo-modern cultural products cannot and do not exist unless the individual intervenes physically in them. Great Expectations will exist materially whether anyone reads it or not. Once Dickens had finished writing it and the publisher released it into the world, its ‘material textuality’ – its selection of words – was made and finished, even though its meanings, how people interpret it, would remain largely up for grabs. Its material production and its constitution were decided by its suppliers, that is, its author, publisher, serialiser etc alone – only the meaning was the domain of the reader. Big Brother on the other hand, to take a typical pseudo-modern cultural text, would not exist materially if nobody phoned up to vote its contestants off. Voting is thus part of the material textuality of the programme – the telephoning viewers write the programme themselves. If it were not possible for viewers to write sections of Big Brother, it would then uncannily resemble an Andy Warhol film: neurotic, youthful exhibitionists inertly bitching and talking aimlessly in rooms for hour after hour. This is to say, what makes Big Brother what it is, is the viewer’s act of phoning in.

Pseudo-modernism also encompasses contemporary news programmes, whose content increasingly consists of emails or text messages sent in commenting on the news items. The terminology of ‘interactivity’ is equally inappropriate here, since there is no exchange: instead, the viewer or listener enters – writes a segment of the programme – then departs, returning to a passive role. Pseudo-modernism also includes computer games, which similarly place the individual in a context where they invent the cultural content, within pre-delineated limits. The content of each individual act of playing the game varies according to the particular player.

The pseudo-modern cultural phenomenon par excellence is the internet. Its central act is that of the individual clicking on his/her mouse to move through pages in a way which cannot be duplicated, inventing a pathway through cultural products which has never existed before and never will again. This is a far more intense engagement with the cultural process than anything literature can offer, and gives the undeniable sense (or illusion) of the individual controlling, managing, running, making up his/her involvement with the cultural product. Internet pages are not ‘authored’ in the sense that anyone knows who wrote them, or cares. The majority either require the individual to make them work, like Streetmap or Route Planner, or permit him/her to add to them, like Wikipedia, or through feedback on, for instance, media websites. In all cases, it is intrinsic to the internet that you can easily make up pages yourself (eg blogs).

If the internet and its use define and dominate pseudo-modernism, the new era has also seen the revamping of older forms along its lines. Cinema in the pseudo-modern age looks more and more like a computer game. Its images, which once came from the ‘real’ world – framed, lit, soundtracked and edited together by ingenious directors to guide the viewer’s thoughts or emotions – are now increasingly created through a computer. And they look it. Where once special effects were supposed to make the impossible appear credible, CGI frequently [inadvertently] works to make the possible look artificial, as in much of Lord of the Rings or Gladiator. Battles involving thousands of individuals have really happened; pseudo-modern cinema makes them look as if they have only ever happened in cyberspace. And so cinema has given cultural ground not merely to the computer as a generator of its images, but to the computer game as the model of its relationship with the viewer.

Similarly, television in the pseudo-modern age favours not only reality TV (yet another unapt term), but also shopping channels, and quizzes in which the viewer calls to guess the answer to riddles in the hope of winning money. It also favours phenomena like Ceefax and Teletext. But rather than bemoan the new situation, it is more useful to find ways of making these new conditions conduits for cultural achievements instead of the vacuity currently evident. It is important here to see that whereas the form may change (Big Brother may wither on the vine), the terms by which individuals relate to their television screen and consequently what broadcasters show have incontrovertibly changed. The purely ‘spectacular’ function of television, as with all the arts, has become a marginal one: what is central now is the busy, active, forging work of the individual who would once have been called its recipient. In all of this, the ‘viewer’ feels powerful and is indeed necessary; the ‘author’ as traditionally understood is either relegated to the status of the one who sets the parameters within which others operate, or becomes simply irrelevant, unknown, sidelined; and the ‘text’ is characterised both by its hyper-ephemerality and by its instability. It is made up by the ‘viewer’, if not in its content then in its sequence – you wouldn’t read Middlemarch by going from page 118 to 316 to 401 to 501, but you might well, and justifiably, read Ceefax that way.

A pseudo-modern text lasts an exceptionally brief time. Unlike, say, Fawlty Towers, reality TV programmes cannot be repeated in their original form, since the phone-ins cannot be reproduced, and without the possibility of phoning-in they become a different and far less attractive entity. Ceefax text dies after a few hours. If scholars give the date they referenced an internet page, it is because the pages disappear or get radically re-cast so quickly. Text messages and emails are extremely difficult to keep in their original form; printing out emails does convert them into something more stable, like a letter, but only by destroying their essential, electronic state. Radio phone-ins, computer games – their shelf-life is short, they are very soon obsolete. A culture based on these things can have no memory – certainly not the burdensome sense of a preceding cultural inheritance which informed modernism and postmodernism. Non-reproducible and evanescent, pseudo-modernism is thus also amnesiac: these are cultural actions in the present moment with no sense of either past or future.

The cultural products of pseudo-modernism are also exceptionally banal, as I’ve hinted. The content of pseudo-modern films tends to be solely the acts which beget and which end life. This puerile primitivism of the script stands in stark contrast to the sophistication of contemporary cinema’s technical effects. Much text messaging and emailing is vapid in comparison with what people of all educational levels used to put into letters. A triteness, a shallowness dominates all. The pseudo-modern era, at least so far, is a cultural desert. Although we may grow so used to the new terms that we can adapt them for meaningful artistic expression (and then the pejorative label I have given pseudo-modernism may no longer be appropriate), for now we are confronted by a storm of human activity producing almost nothing of any lasting or even reproducible cultural value – anything which human beings might look at again and appreciate in fifty or two hundred years time.

The roots of pseudo-modernism can be traced back through the years dominated by postmodernism. Dance music and industrial pornography, for instance, products of the late 70s and 80s, tend to the ephemeral, to the vacuous on the level of signification, and to the unauthored (dance much more so than pop or rock). They also foreground the activity of their ‘reception’: dance music is to be danced to, porn is not to be read or watched but used, in a way which generates the pseudo-modern illusion of participation. In music, the pseudo-modern supersedingof the artist-dominated album as monolithic text by the downloading and mix-and-matching of individual tracks on to an iPod, selected by the listener, was certainly prefigured by the music fan’s creation of compilation tapes a generation ago. But a shift has occurred, in that what was a marginal pastime of the fan has become the dominant and definitive way of consuming music, rendering the idea of the album as a coherent work of art, a body of integrated meaning, obsolete.

To a degree, pseudo-modernism is no more than a technologically motivated shift to the cultural centre of something which has always existed (similarly, metafiction has always existed, but was never so fetishised as it was by postmodernism). Television has always used audience participation, just as theatre and other performing arts did before it; but as an option, not as a necessity: pseudo-modern TV programmes have participation built into them. There have long been very ‘active’ cultural forms, too, from carnival to pantomime. But none of these implied a written or otherwise material text, and so they dwelt in the margins of a culture which fetishised such texts – whereas the pseudo-modern text, with all its peculiarities, stands as the central, dominant, paradigmatic form of cultural product today, although culture, in its margins, still knows other kinds. Nor should these other kinds be stigmatised as ‘passive’ against pseudo-modernity’s ‘activity’. Reading, listening, watching always had their kinds of activity; but there is a physicality to the actions of the pseudo-modern text-maker, and a necessity to his or her actions as regards the composition of the text, as well as a domination which has changed the cultural balance of power (note how cinema and TV, yesterday’s giants, have bowed before it). It forms the twenty-first century’s social-historical-cultural hegemony. Moreover, the activity of pseudo-modernism has its own specificity: it is electronic, and textual, but ephemeral.

Clicking In The Changes
In postmodernism, one read, watched, listened, as before. In pseudo-modernism one phones, clicks, presses, surfs, chooses, moves, downloads. There is a generation gap here, roughly separating people born before and after 1980. Those born later might see their peers as free, autonomous, inventive, expressive, dynamic, empowered, independent, their voices unique, raised and heard: postmodernism and everything before it will by contrast seem elitist, dull, a distant and droning monologue which oppresses and occludes them. Those born before 1980 may see, not the people, but contemporary texts which are alternately violent, pornographic, unreal, trite, vapid, conformist, consumerist, meaningless and brainless (see the drivel found, say, on some Wikipedia pages, or the lack of context on Ceefax). To them what came before pseudo-modernism will increasingly seem a golden age of intelligence, creativity, rebellion and authenticity. Hence the name ‘pseudo-modernism’ also connotes the tension between the sophistication of the technological means, and the vapidity or ignorance of the content conveyed by it – a cultural moment summed up by the fatuity of the mobile phone user’s “I’m on the bus”.

Whereas postmodernism called ‘reality’ into question, pseudo-modernism defines the real implicitly as myself, now, ‘interacting’ with its texts. Thus, pseudo-modernism suggests that whatever it does or makes is what is reality, and a pseudo-modern text may flourish the apparently real in an uncomplicated form: the docu-soap with its hand-held cameras (which, by displaying individuals aware of being regarded, give the viewer the illusion of participation); The Office and The Blair Witch Project, interactive pornography and reality TV; the essayistic cinema of Michael Moore or Morgan Spurlock.

Along with this new view of reality, it is clear that the dominant intellectual framework has changed. While postmodernism’s cultural products have been consigned to the same historicised status as modernism and romanticism, its intellectual tendencies (feminism, postcolonialism etc) find themselves isolated in the new philosophical environment. The academy, perhaps especially in Britain, is today so swamped by the assumptions and practices of market economics that it is deeply implausible for academics to tell their students they inhabit a postmodern world where a multiplicity of ideologies, world-views and voices can be heard. Their every step hounded by market economics, academics cannot preach multiplicity when their lives are dominated by what amounts in practice to consumer fanaticism. The world has narrowed intellectually, not broadened, in the last ten years. Where Lyotard saw the eclipse of Grand Narratives, pseudo-modernism sees the ideology of globalised market economics raised to the level of the sole and over-powering regulator of all social activity – monopolistic, all-engulfing, all-explaining, all-structuring, as every academic must disagreeably recognise. Pseudo-modernism is of course consumerist and conformist, a matter of moving around the world as it is given or sold.

Secondly, whereas postmodernism favoured the ironic, the knowing and the playful, with their allusions to knowledge, history and ambivalence, pseudo-modernism’s typical intellectual states are ignorance, fanaticism and anxiety: Bush, Blair, Bin Laden, Le Pen and their like on one side, and the more numerous but less powerful masses on the other. Pseudo-modernism belongs to a world pervaded by the encounter between a religiously fanatical segment of the United States, a largely secular but definitionally hyper-religious Israel, and a fanatical sub-section of Muslims scattered across the planet: pseudo-modernism was not born on 11 September 2001, but postmodernism was interred in its rubble. In this context pseudo-modernism lashes fantastically sophisticated technology to the pursuit of medieval barbarism – as in the uploading of videos of beheadings onto the internet, or the use of mobile phones to film torture in prisons. Beyond this, the destiny of everyone else is to suffer the anxiety of getting hit in the cross-fire. But this fatalistic anxiety extends far beyond geopolitics, into every aspect of contemporary life; from a general fear of social breakdown and identity loss, to a deep unease about diet and health; from anguish about the destructiveness of climate change, to the effects of a new personal ineptitude and helplessness, which yield TV programmes about how to clean your house, bring up your children or remain solvent. This technologised cluelessness is utterly contemporary: the pseudo-modernist communicates constantly with the other side of the planet, yet needs to be told to eat vegetables to be healthy, a fact self-evident in the Bronze Age. He or she can direct the course of national television programmes, but does not know how to make him or herself something to eat – a characteristic fusion of the childish and the advanced, the powerful and the helpless. For varying reasons, these are people incapable of the “disbelief of Grand Narratives” which Lyotard argued typified postmodernists.

This pseudo-modern world, so frightening and seemingly uncontrollable, inevitably feeds a desire to return to the infantile playing with toys which also characterises the pseudo-modern cultural world. Here, the typical emotional state, radically superseding the hyper-consciousness of irony, is the trance – the state of being swallowed up by your activity. In place of the neurosis of modernism and the narcissism of postmodernism, pseudo-modernism takes the world away, by creating a new weightless nowhere of silent autism. You click, you punch the keys, you are ‘involved’, engulfed, deciding. You are the text, there is no-one else, no ‘author’; there is nowhere else, no other time or place. You are free: you are the text: the text is superseded.

© Dr Alan Kirby 2006

http://www.philosophynow.org/issue58/58kirby.htm

Alan Kirby holds a PhD in English Literature from the University of Exeter. He currently lives in Oxford.

Anónimo dijo...

Estructura de las revoluciones, sensación de anomalía, el narrador omnisciente no les sirve, crisis, quiebra del paradigma, nuevas teroías en pugna, triunfo de una de ellas, teoría aceptada, por qué : persuasividad. Situación: inconmensurabililidad de paradigmas, eso me gusta, aplicado a la narrativa, coexistencia de narradores, demobarullo y anarcoliteratura. Esto no es ciencia. Me ha gustado cómo y lo que dice Bellver. Arrivederchi.

cgamez dijo...

Quede claro. Yo no estoy en contra del narrador en tercera persona. Lo he dejado claro en alguno de mis comentarios. A mí me interesa mucho. Tengo mis dudas acerca de la omnisciencia. Cómo dice Recaredo, no podemos meter a todos los narradores en el mismo saco (Voltaire al lado de Kundera, que siempre deja claro que él es quien narra y desde la imaginación y la experiencia. Por cierto, interesante comentario de Alvy Singer respecto a Kundera en su blog). Pero me parece que las primeras preguntas que se hace un narrador son quién va a contar la historia y por qué él y no otro. Y que entre las muchas dimensiones de un texto existe una que pretende la universalidad y otra que está anclada en el momento en que se redacta el texto. Esa es la razón que llevó a Diderot, a Woolf, a Flaubert, a Nabokov, a Gide, a Unamuno a dudar y buscar nuevas formas de narrar. Todos debemos agradecer esas dudas. Tal vez explicaban lo mismo, pero lo hacían diferente. Eso no parece que lo entienda el señor Anónimo, que no duda, más bien sentencia. No sé de donde le viene a él la autoridad, pues no se identifica, pero el error del manuscrito encontrado no le ayuda, ni la incomprensión sobre el guiño a la ingenuidad (si hubiera visto Vivir su vida, cosa que dudo, habría entendido que Godard pretende filmar esa película como los pioneros del cine, pero no puede porque ya ha visto mucho cine y eso le influye inevitablemente). Cierto que Flaubert fue quien sentó cátedra, que también lo hizo del estilo indirecto libre. Pero en su momento fue una novedad estilística (Bovary es una de mis novelas preferidas). ¿Es extraño que eso sucediera exactamente en el momento aálgido del positivismo y el determinismo científico? Con lo que hubiera disfrutado Stendhal escribiendo novelas en primera persona. No me extiendo más. Aquí hay que ser ágil y si explico, Anónimo lo entenderá como "bloques compactos" (ya me explicará Vd. como explicar los múltiples matices de los procesos histórico-culturales en cinco líneas). Y es más que evidente que todas las técnicas y narradores conviven siempre. Sin ir más lejos, la novela picaresca se escribió en primera persona. Pero lo importante es la coherencia. Lo creíble en ese caso era que un pícaro escribiera su propia vida, aunque tras él se escondiera el mismísimo Quevedo. Es hay donde falla la omnisciencia por sí misma hoy en día. Señor anónimo, el debate es para mí la ampliación de miras. Yo puedo opinar diferente y hasta estar errado, pero comparto mis ideas y aprendo de las opiniones ajenas. Vd dicta (por eso le va tan bien lo de la omnisciencia). Pero hágame un favor, documéntese primero.

En fin, a otras cosas. Me sorprendió que Cloverfield fuera tan experimental para un multicine (sólo 15 min. de monstruo no gusta al gran público). No me extraña lo del castigo de la taquilla. Pero técnicamente es muy interesante. Hay elementos a destacar. La escena del ataque del ejército, es pura TV. O el caos del hospital de campaña. Además de los comentarios de bydiox y tropovski, me ha recordado a Lost (obvio) y a la CNN.

Un saludo.

cgamez dijo...

Por cierto, muy sugerente el artículo de alan Kirby.

O.S.C. dijo...

Pues yo salí del cine bastante descontento. Quizás llevaba espectativas bastante más altas de las que se cumplieron. No sé si lo leído en los comentarios de esta entrada tuvieron algo que ver. A mi me pareció una película bastante palomitera y -mal que me pese por lo que dirán de mí- bastante mal contada. No soy un experto en narratología, tan sólo un simple aficionado, pero creo que en una orgía del caos tiene poco sentido querer incrustar una historia con introducción, nudo y desenlace. La crónica de una destrucción contada desde la subjetividad de una cámara de vídeo doméstica (a la par que indestructible) debería ser, como mínimo, fragmentaria.

Otra cosa que me pregunto es si ver al monstruo era necesario. ¿Lo era? Yo, si fuera o fuese director de algo, no lo enseñaría ni de lejos. "Monstruoso" hubiera sido todavía más monstruoso si en lugar de ver el mal, lo hubieramos supuesto. Eso dejaría más abertura para las lecturas de "11/S" que se empeñan en hacer. Qué mejor metáfora de la destrucción que no ver lo que nos destruye. Que cada cual hubiera puesto allí su miedo. En interiorizar lo terrible consiste, bajo mi punto de vista, el verdadero sentimiento de Lo Sublime. Y creo que me hubiese cagado las patas abajo si la cosa hubiera sido así, aunque esto va a gusto del señorito que escribe.

En cuantro al inicio de la película me parece excesivamente largo para una película que dura 85 minutos. Y teniendo en cuenta que el sentido de la película, me pareció entender, era más que otra cosa, la eterna historia de amor de la literatura caballeresca. Caballero + Princesa en apuros + más monstruo + camarilla de acompañantes que se van dejando el tipo a lo largo del metraje.

En definitiva, me parece una película normal, tirando a mala. Lamento no saber apreciar a vuestro elogioso nivel todas las claves posmodernas que traslucen en el "flim", aunque en mi barrio a esto le llamamos "pinícula". Pero sigo pensando que la mejor manera de "nombrar la cosa", no es mostrándola, sino sugiriéndola. Llamadme antiguo.

Fdo. "Antiguo"

Alvy Singer dijo...

Reproduzco el comentario hecho en mi blog, en el que ya cito este post, para ahorrarles garbeos inoportunos, ahora que ya la he visto.:

Algo está pasando: en Lunar Park, Bret Easton Ellis tuvo que vestirse de Bret Easton Ellis para poder hablar de si mismo de la forma más metáforica y terrorífica posible. En Rant, Chuck Palahniuk recurre a las biografías orales de George Plimpton para recontar dos cosas: A sangre fría y la crónica del psycho killer más surrealista de todos los tiempos. Pero no olvidemos una cosa: Capote tuvo que partir de los hechos para escribir la ficción. Ahora es a la inversa.

Cloverfield evidencia que el cine es ahora quien necesita a la realidad. En realidad , a diferencia de War of the Worlds, la cinta de Matt Reeves va mucho más allá: la crónica de Spielberg (al pie del cañón, con los supervivientes y el desespero, el desconcierto) no tenía la reflexión sobre las relaciones entre el individuo con la Historia. En una bella metáfora: no es que Nueva York se derrumbe, es que ese derrumbamiento está tan ligado a los asuntos privados del sujeto. Esa interrupción súbita de los Hechos es lo que genera prácticamente toda Cloverfield como una película de monstruos fuera de lo normal, la primera norteamericana que se deja ver, sorprender y aturdir tras Jurassic Park de Steven Spielberg. Comparte con la ácida (y magistral) The Host, esa relación confusa, que en la cinta de Boong Jon-Ho deviene perplejidad (característica primordial de su cine), entre monstruos y humanos, pero igual que la cinta asiática, se encomienda a referentes que no podían ser más clásicos: desde los clásicos de Eugene Lourié hasta Them! Además ¿qué es sino el punto de partida, sino una aplicación teórica de aquella frase de Casablanca que rezaba el mundo se derrumba y nostros nos enamoramos?

Vicente Luis Mora dijo...

Alvy, la película justifica su existencia por tu comentario, nació para morir en él. Un abrazo y gracias.

Sergi Bellver dijo...

Pues ahora que también la he visto... y por si alguien ata cabos aquí o allá (acabo de dejarle este comentario a Alvy), ahí va:

Y a veces incluso la realidad es fagocitada por el cine, cuando invita al cuco a entrar en el nido. Y acabamos tomando por válidos para lo real los mecanismos que se han formulado desde la pantalla. Los neoyorquinos tuvieron un derrumbe de torres interiores e invisibles más grave que el del propio WTC, en efecto, el 11-S colapsó más aún su seguridad emocional, ese hechizo de grandeza propio de la metrópolis que de repente se vió en entredicho, en juego.

Como "película" de monstruos, eso sí, sin la talla XXL, se me ocurren cintas bastante buenas, como The thing (incluso la segunda versión), y no hablemos ya del genial primer Alien. Como monstruo en película que se deja ver, sinceramente, la revisión de King Kong de Peter Jackson no está nada mal y soporta mejor ciertas etiquetas (me gustaría saber tu opinión al respecto de ese título, Alvy). Cintas como Cloverfield (al final la he visto, para poder opinar, tenía puntos acumulados en la "Cinesa card", menos mal que me ha salido gratis) me recuerdan más al otro "alien", al "versus predator". Nada que ver con la sugerencia y la potencia de lo no dicho del primero. Cloverfield bebe más de los videojuegos y los "reality". Para algunos eso será hasta interesante, estar a la última. Sólo es otra opción más en la estética, por suerte.

El rascacielos ha sido desde los primeros años del siglo XX el símbolo de la potencia americana (imitado por los aspirantes de otras latitudes, cuando la riqueza se desafora). El gran simio, desde las primeras versiones "post-crack del 29" tenía que amenazar con el caos (moral y económico) desde lo alto del Empire State Building. Al Qaeda sabía que decapitar las Twin Towers (ya lo había intentado antes desde la base, pero era mucho más cinematográfica una puesta en escena que garantizara sacarlo en directo en la CNN, haría más "taquilla", más pupa, usar el mismo lenguaje del enemigo) era amputar el orgullo americano a la altura de las rodillas. Los símiles, las metáforas, son viejas ya. Pero siguen funcionando. Por eso la imagen de la libertad decapitada, para convocar de entrada el miedo en los occidentales (neoyorquinos globalizados que aún a miles de kilómetros tienen al puente de Brooklyn más a mano en su bagaje cultural)... pero luego todo queda en poco más que eso, fórmulas de dosificación de la información, lo más viejo de lo viejo entre las novelas, tener al lector/espectador a la espera, justificar la inversión.

Eres la hostia, Alvy, me gusta mucho tu capacidad de relacionar influencias, anudarlas en una red que me parece solvente. Un gran crítico -y pocos hay- convierte algo resueltamente y a priori en lo que tiene dentro, así como un buen escritor tiene en su mirada la mejor baza. Por eso no hay motivo malo para nadie, si sabe darle las vueltas necesarias.

A mí no me interesa este tipo de cine, o debo ser simple y no le veo las vueltas, como sí se las veo a Bergman o Herzog. Me encantaría que un director hiciera de Truman Capote, pero no para filmar un juego de EA o hacer un remake camuflado de Godzilla. Me encantaría que echara al pájaro cuco del nido y masticara realidad con una película sobre Guantánamo, por ejemplo.

Pero qué diablos, al fin y al cabo, that's entertainment.

Un abrazo.

********

Por cierto, a veces suceden los flechazos y los rechazos amistosos, como en los bailes, la guapa y la fea. Algo de eso hay, me gusta veros bailar y no se está tan mal aquí, sentado. Me da perspectiva. Los feos tenemos perspectiva.

Anónimo dijo...

Chorrada tras chorrada... Parecéis una comuna postmoderna con derecho a compartir todo menos follar entre sí, cosa que sí consiguieron vuestros antepasados. Dicho esto queda clara la conclusión.

Besos para todos.

Alvy Singer dijo...

Querido Sergi, con comentarios con el suyo que mezclan tanto amor por lo que se escribe y una disidencia tan inteligente, tan bien argumentada, da gusto leerle.

King Kong me parece una película a todas luces insuficiente y sí, aburrida. Se mostraba incapaz de contar lo mismo que la original, en tres horas, y haciéndolo sin duda de una forma peor (más redundante, y con unos subrayados para idiotas, ese momento Conrad) con momentos que no hubiera preferido ver nunca (el baile en el hielo) de un kitsch serio, díficil de soportar sino es con carcajadas. Más allá de eso, la original sigue preservando una historia más brutal y más ambigua. Por cierto ya que cito la original ¿se ha fijado que el King Kong bien podría ser ese gran crack bolsario del 29, igual que esta Cloverfield es ese otro crack del 2001? No dudo de la capacidad de amar de Peter Jackson, pero en su respeto a la obra hay una grandilocuencia (la división en tres actos, la enfatización) que me parece previsible, sobretodo cuando estamos recoloreando una historia a todas luces mejor. Más allá de las comparaciones King Kong tiene un aliento más épico que trágico, y no por casualidad Jackson rescata motivos de sus anteriores tres películas.

The Thing.... Adoro la película de Hawks, pero creo que la de Carpenter es una forma modélica de remake: respetuoso sólo desde la distancia pero en el fondo hinchado, irreverente, explícito y superior En todos los años ochenta está esa idea de mostrar lo que en los años cuarenta era elipsis, y por supuesto La Cosa no es otra cosa que una traslación glaciar del esquema Hawksiano de Rio Bravo (el esquema del que parte toda la obra de Carpenter desde Asalto a la comisaría del distrito 13) de gente atrapada. Es decir La Cosa es mejor que la de Hawks (y Nyby) porqué es muchísimo más Hawksiana. ¿Irónico eh? Y además el trabajo de Rob Bottin y el final nada complaciente ayudan a darle al conjunto un aire hermético, misterioso y fascinante.

Y sobre Alien. No puedo añadir nada que no se haya escrito sobre esa obra maestra. Sería mediocre e injusto. Pero si citaré algunas cosas leídas por resumirlo un poco: su imaginería lovecraftiana en el diseño de su monstruo (NV dixit), su mezcla indiscriminada de talentos (Dan O'Bannon, HR Giger, Jerry Goldsmith y el mejor y más eficaz Ridley Scott) que fue fruto de una serie de casualidades nada cósmicas y su fascinante condición de bastarda mezcla entre terror y ciencia ficción.... partiendo todo ello del esquema del noir, el clásico “detection film”. Es una película insuperable y naturalmente que al mirar el monstruo de Cloverfield, una simpática colleja digital a Ray Harryhausen sin todo su talento, uno debe situarse más cerca de películas como Behemoth (o las citadas ahí arriba) que de la imaginación desbordada de Giger.

Cloverfield es una película entretenida, emocionante y con algunas consideraciones a tener en cuenta. Por supuesto que The Host sigue siendo la monster movie que todos deberíamos ver, pero Cloverfield no desmerece porque a nivel técnico su narrativa es una proposición indirecta del plano secuencia, que es algo que ya da una plasticidad y una imaginación en las soluciones de ciertas escenas que en las producciones mainstream no teníamos. Es decir, que para usar bien ese recurso técnico hay que tener una forma de rodar , como poco, inteligente. Acerca de la imagen de la estatua de la libertad, contarte la anécdota:

En su entrevista JJ Abrams, el productor y cerebro de todo esto, aseguraba que a él la idea le vino por la supervivencia de Godzilla como un icono vigente en Japón, en las tiendas de juguetes y demás, pero también había bastante del clima del 11S. Creo que más allá de lo que diga, sea relevante o no, hay dos cosas significativas: el icono pop y el fondo trágico. La idea de la estatua decapitada está sacada, lo admitieron los responsables de Cloverfield, de un clásico subversivo de la SF del mismo Carpenter, con esto cierro el comentario ya: 1997, rescate en NY. ¿Recuerdas el cartel?http://tinyurl.com/yqgo9v

Esto ya tiene un significado, más allá de la referencia o ya sea por la película en sí, una sátira despiadada. Buscando en el youtube REAL UFO encontramos este video http://tinyurl.com/3xrwmn .

Una reproducción excelente del efecto sorprendente de las películas de los años 50, del “you believe!” Pero es otra cosa. Justo esa es la relación que mantiene Cloverfield con los monstruos del pasado.

Vicente Luis Mora dijo...

Para anonimo: todo es ponerse, hombre, no deseche la posibilidad del sexo virtual. Mande foto y al menos podemos masturbanos pensando en usted. Saludos.

Vicente Luis Mora dijo...

Por su cercanía con algunas cosas de las aquí comentadas, cuelgo parte del excelente artículo del maestro Félix Duque en el ABCD del pasado sábado:

"Oigamos la voz premonitoria de Max Horkheimer, clamando en el desierto de la cultura (no en vano estaba refugiado en Chicago, en el ominoso año de 1933), mucho antes de que hubiera televisión, ordenador portátil, teléfono celular y videojuegos varios: «La fotografía, la telegrafía y la radio han encogido el mundo. [?] Ahora, el horror de la propia ciudad en que uno vive está sumido en el sufrimiento universal, y la gente vuelca su atención en los problemas conyugales de las estrellas de cine». Sangre y pavor. Justamente esa cercanía es la que provoca miedo. Y en el fondo, terror, velado continuamente por la dosificación in effigie de imágenes espantosas. Ahora, paulatinamente, democráticamente producida por los propios usuarios: víctimas y verdugos, y a las veces las dos cosas simultáneamente, ya que filman sus automutilaciones con la diminuta cámara del teléfono móvil. Es la bonita ronda nocturna del happy slapping: la producción móvil y omnímodamente distribuida de sangre y de pavor para sobrellevar la violencia primordial, hoy tecnológica: la rapiña de tierras y de hombres esquilmados, exhaustos, en el nombre fementido de la Cultura de Occidente, el lugar del ocaso y de la occisión. Splendida vitia, decía San Agustín de la cultura romana. Glänzendes Elend, «brillante miseria», repetirá como un eco Immanuel Kant, refiriéndose al autodenominado Siglo de las Luces. Todos participamos de esa cultura. Todos, sin saberlo, ejercitamos un trabajo de duelo: Trauerarbeit. Mientras, el capitalismo se beneficia de ese ocultamiento de la verdad del origen, siendo correspondido con creces en su estrategia de poder por las tácticas de la astucia de las masas, que ejercen a su vez sobre los medios de la cultura de masa su propia dominación mostrenca, teledirigida. El caso es saber a dónde mirar. Ahora, lo sabemos clara, obscenamente. Hay que mirar a las múltiples pantallas por donde se desparrama el poder de la cultura, la cultura del poder. Tendencialmente somos ya todos, en cuanto consumidores de simulacros, iguales. Vasta felicidad. Ya lo barruntaba Novalis: «Achatad las montañas, y el mar os estará agradecido»."

Sergi Bellver dijo...

Remito a la bitácora de Alvy Singer para mis respuestas (le visiten, coño), la de hace un rato y las que vengan.

Sólo quiero añadir que no siento mucho respeto por los anónimos, son peores si insultan sin sentido, obvio, pero tanto si teorizan como si alaban, no sé, es cosa mía, pero me molestan los anónimos. Siento que se toman una licencia que no les corresponde y que lo positivo de la red (participación e interactividad) se estropea con este tipo de cosas. Una cosa es un foro o un chat para seborreicos faciales acelerados, donde "supersex21" le dice cosas a "arwendeluz" y todo eso. Pero entre gente con nombre y apellidos, no sé, cuanto menos queda feo.

Y follo estupendamente, por cierto.

José R. Zamora dijo...

Quiero romper una lanza en favor del anónimo , del anńimo que aporta, no del cobarde que se esconde detrás del anonimato para dar por saco con inmunidad. Me interesa el anónimo tipo poeta de la col, el maravilloso personaje de la película de Naess, que compraba una cantidad ingente de cajas de col, les introducía un poema y volvía a dejarlas en el supermercado. O el anonimato colectivo responsable del enorme mosaico de chicles que había en la pared de un colegio marista cerca de mi casa, o el anonimato de los graffiteros, cuando dejan el graffiti sin firmar. Agustín García Calvo, en un o de sus programas radifónicos, en un número dedicado al arte, (se llamaba Pensamiento tres, antes había sido una sección de Caravana de hormigas) hablaba de la conveniencia de enseñar a los niños a crear obras de arte anónimas, o disparar al infinito el número de pseudónimos utilizados, para cuidar así que aquello que se hiciera, se hiciera porque la cosa enamora y no por hacerse el artista. Se trata de descarga de individualidad. Todos hemos sentido el peso de tener nombre y apellidos. El yo (me llamo) no sólo es un asidero, en ocasiones es una condena.
Saludos.

Vicente Luis Mora dijo...

Querido J. R. Z., nada me gustaría más que encontrarme aquí con una obra de arte hecha comentario, y firmada por un anónimo (esto es, no firmada). Tal cosa no ha ocurrido en los tres años de blog, y quizá no haya ocurrido nunca en la blogosfera, pero no desespero, quizá algún día ocurra. Saludos.

José R. Zamora dijo...

Sólo imagina el artículo de Felix Duqe hecho comentarío anónimo...
En la facultad aprendí de un pedazo de maestro y fenomenólogo, anónimo por supuesto, que a veces el receptor también gana si se pone entre paréntesis la autoría de un texto. Hicimos un experimento y todo que nos sorprendió. Estábamos en primero, así que muchos prejuicios no podíamos tener, pero él ya nos alertaba de los peligros de hacerle demasiado caso al quién. Nos decía, hursselino que era, "al orden de razones". Luego también nos habló de las virtudes del prejuicio.
Por otro lado, en algunos casos, el anonimato puede ser encomiable por suponer un retirada consciente y voluntaria, una negativa, a venderse en el actual mercado de las vanidades que fluye paralelamente al mercado sensu estricto.
Un saludo para cada uno.

Sergi Bellver dijo...

Y la clau amb lletres de Joan Brossa, por ejemplo, José, ¿te la imaginas anónima? Yo también, y en el fondo estoy más de acuerdo con lo que dices de lo que crees (por eso me caso y me "arrejunto" con los textos que me con-mueven y no con los autores, y en realidad estoy bastante hasta el gorro del ego de los escritores -me incluyo-). Pero al hilo de lo que dice Vicente, salvo en algún momento en que realmente un anónimo plantea una duda o hace un comentario más o menos inteligente (y hablo por mi experiencia de casi cuatro años con las bitácoras), generalmente el anónimo sólo viene a incordiar, in so many ways. Y cuando viene a aportar algo digno (que también lo he visto), entonces me jode más, porque no hay remite al que darle las gracias.

pd: tampoco los que firmamos con nombre y apellidos solemos dejar obras de arte, se hace lo que se puede...

logiciel dijo...

Realmente hay tanta diferencia en dar un nombre y un apellido aquí, en un entorno así, como firmar con un seudónimo? A mí me dice algo en realidad saber que un señor se llama Pepito Pérez? Que alguien tenga una bitácora es realmente informativo?

Lo que sí es cierto es que no se puede negar la capacidad de réplica a nadie, eso por supuesto, ni hacer ostentación de cobardía.

Aunque no sepan quién eres, imagino que debe doler recibir según qué mensajes en el correo. Algunos deciden evitárselo.

Vicente Luis Mora dijo...

Los anónimos molestan de verdad sólo los dos o tres primeros, porque es una cosa que no sueles encontrarte en la vida real. Luego los lees con una sonrisa, incluso tengo un archivo de algunos para hacer el retrato robot de un tarado mental sociópata, en alguna de mis novelas.

A veces pienso que existe sólo un Anónimo, una sola persona que no quiere firmar, un ser oscuro y hosco que vive encerrado en su casa, cobrando una pensión por algún tipo de discapacidad (no necesariamente física) y que no se come una rosca en la literatura. Ese Anónimo Global es el que escribe todos los comentarios anónimos de todos los blogs de literatura del mundo, llenándolos de envidia, rencor y mala baba. Su novela, fragmentaria e inacabable, es la suma de todos esos libelos, de todas esas zafiedades, de todos esos insultos, de todas esas acusaciones, de toda esa negra grafomanía compulsiva. En cierta forma, ya ha publicado esa novela; en cierta forma, es el autor más publicado y conocido del mundo. Una especie de Pynchon invisible y traumatizado, del que ni siquiera sabemos el apellido.

Vicente Luis Mora dijo...

Anónimo se levanta temprano por la mañana, para que sus comentarios tengan todo el día para ser aprobados, o rechazados. Examina los blogs donde no hay aprobación previa, y entra en ellos a saco, o firmando como Otro Anónimo o SuperAnónimo o Nadie o Anonymous, o Unoquepasabaporaqui o con firmas donde su identidad se sustente en la falta de identidad, o mediante nombres que presuman de su dispersión nominadora. Anónimo paga a escritores reales para hacer de negros, renunciando a su nombre real, escribiendo Anónimos por todas partes del mundo. Anónimo tiene varios ordenadores en su casa, conectados en diversas ventanas a cientos de blogs a la vez, está suscrito a todas las RSS esperando las respuestas que su hiel levanta. Anónimo vive para el libelo y el insulto, es un trol medular, el supertrol, la Intertrol. Anónimo come pendiente de la pantalla, visita Technorati buscando blogs de nueva creación, no deja títere con cabeza, piensa que ningún blog es mayor de edad hasta que no recibe una de sus visitas (si no tienes anónimos en tu blog no eres nadie, teclea malvadamente al nuevo y temeroso bitacorero). Los recuadros para escribir los comentarios son su pequeña caja dentro de la caja mediana de la pantalla dentro de la caja mayor de su cuarto. Anónimo (sí, se me ha ido la olla, disculpad) debe sacarse al día diversos correos electrónicos, en cuentas de correo abierto, para ir cambiando sus múltiples personalidades virtuales y no ser bloqueado por los filtros de los blogs. Por las noches, cuando el nivel baja y sólo puede actuar en los blogs hispanoamericanos, entra también en los chats a introducir su semilla negra. O redacta los posts que al día siguiente aparecerán, casi a la vez, en miles de blogs de literatura. Anónimo sueña con ganar un premio a la insistencia literaria, la Medalla de Oro del Trabajo, o algo así; un galardón que consiga que un día salga una foto en negro en el periódico, o con el rostro perplejo de su Alteza con la medalla en la mano y Nadie más en la instantánea, con un pie de foto que diga que “Nadie recogió la Medalla de Oro de Anónimo”, lo cual es en sí mismo una paradoja, un reconocimiento, porque Anónimo es Nadie, y viceversa. Anónimo encuentra un filón en las páginas de cultura de los periódicos, en las webs de premios literarios, en los suplementos y revistas que reseñan libros: son los lugares donde aparecen los éxitos de los demás, los sitios donde surgen los prestigios que él entiende que debe, como una misión vital, denigrar. Anónimo no compra comida con azúcar. Anónimo no recibe llamadas de teléfono, seguramente le cortaron la línea hace años y no lo sabe. Anónimo un día recibe, en uno de sus correos virtuales y falsos, el correo de otro Anónimo insultándole. Anónimo salta por la ventana, aterrado y deprimido al mismo tiempo, y al día siguiente los compungidos vecinos entrevistados confirman a la cámara, apuntando con el dedo a su terraza, que ellos pensaban que allí, en el quinto izquierda, no vivía Nadie.

logiciel dijo...

Se podría escribir un buen thriller psicológico, Vicente.

Pero casi me parece más atractivo diseccionar el seudónimo. Para mí es una especie de título entendido como paratexto, que condensa la esencia del discurso.

Anónimo dijo...

Intertrol!

Esto ha tenido mucha gracia medular. Viva la memética inducida, y anónima, por supuesto. Un saludo.

Liquid Sky

Alvy Singer dijo...

Algunas fuentes (como el célebre The Big Book of Blog Trolls and Other Conspiracies of the Millenium) aseguran que Anónimo pasó largas épocas en Ámsterdam y unas luces de neón pasaron frente a sus ojos: Fetish & Lyotards. Desde aquel entonces, Anónimo lo tuvo claro: había que descartar a los opositores de los metarrelatos. Otros, muchísimo menos freudianos, aseguran que la historia se remonta a un Congreso de Trolls Blogoesféricos, cuya Rama Intelectualista Situacionista estaba en crisis: al parecer el último ensayo publicado (bajo signo anónimo) llamado El éxtasis de la ofensa no había sentado nada bien, y sería Anónimo, encabezando esa RIS particular, el escogido para defender esos ideales llenos de grandeza.

Los estudiosos de Anónimo repararon en que el nick Anonymous era usado los jueves, días en los que rendía tributos a la verdad y la venganza contra su infancia, en la que vio más de dos veces seguidas La Chinoise. El resto de días Anónimo procuraba una prosa con metáforas que conjuraran a lo que él consideraba la gran plaga del siglo XXI: Los marxistas y los semiólogos, refiriéndose a estos últimos como Brujos Goethianos del Mal Vivir. Anónimo tuvo una vida feliz durante su estancia en Francia, pero sin embargo pronto fue incomprendido por su ensayo Contra la Opinión, Contra La Blogoesfera, un largo ensayo sobre César Vidal.

José R. Zamora dijo...

Vaya, parece que lo del anonimato no cuaja. No será éste, la blogosfera, el espacio adecuado para lanzar mensajes constructivos desde el anonimato. Tampoco éste tiempo parece ser propicio para ello. Sergi Bellver lleva cuatro años de blog Vicente L.M tres, supongo que experiencia no les falta. Incluso como para hacer un resumen de la vida y la muerte de ese ciudadano cero que son todos los anónimos. Creo que está claro que no me refería a ese tipo de anonimato, pero aquí éste parece ser la norma. Llevo poco tiempo mirando por esta ventana, espero que no termine defenestrándose Nadie en mi presencia.
Formular la pregunta de si otro anonimato es posible, ¿os parece paralela a la cuestión, también interesante, de si las masas, que se componen de individuos anónimos, pueden ser otra cosa que lo que son?

Saludos.

Ibrahím Berlín dijo...

Plas, plas, plas. Cuánta carga explosiva/ expresiva se huele por aquí, ¿no, Vince Carter, digo Vicente? Permíteme no obstante hacer mi contribución por estos lares, una contribución que últimamente viene siendo la inversión de la óptica con la que un tema es tratado. (Cuando estoy de acuerdo con un tema, o cuando soy profano en él, mantengo silencio y observo feliz a la pantalla.)

Bien, qué decir del rol de los anónimos en Internet… Son como… ¿cómo decirlo?... algo así como una versión aún más ridícula de Cho Seung Hui —el asesino de Virginia, ¿recordáis?, el de la masacre en aquella universidad de EEUU que luego resultó componer perturbadas obras dramáticas—; versiones del asesino (17 años) del periodista turco Hrant Dink, o incluso de Mohammed Atta, pero también de los “quemadores de coches” en la banlieue francesa, o del rol unidimensional del maltratador en España que constantemente nos meten por los ojos en los media.

No me estoy quedando con vosotros, amigos. Esto tiene una explicación. Lo prometo.

Lo que quiero decir con estas enigmáticas relaciones es que el anónimo responde a ese personaje de carácter destructivo que, por distintas razones, termina descolgándose del estado de ánimo de la opinión pública (y en este punto habría que preguntarse: ¿cuál es el estado de la opinión pública de ‘Diario de lecturas’?, ¿qué rasgos definen a sus lectores?, ¿cuáles son sus códigos sociales: qué aceptan y qué no?) y hace todo lo que está en sus manos por atentar contra ella, contra los valores que ella implica. En efecto, algunos de los anónimos que por aquí pululan suelen resultar una reacción enferma y nihilista de cómo se encuentre en un determinado momento ese estado de opinión (ej: el extrañísimo caso del post en memoria de Ángel González).

Particularmente yo no calificaría de “tarado mental” al anónimo —o en su defecto, a todos los casos expuestos en el segundo párrafo—, Vicente. Llámenme sucio determinista e sedicioso relativista, si quieren, pero considero todos estos casos como un producto —en cierta medida natural— consecuencia de la sociedad democrática que habitamos. (Baudrillard: “La integración es lo peor, la muerte.”) ¿Se trata de un problema? Seguramente, pero erradicarlo exige dirigir primero una observación amoral, sociológica, a fin de encontrar primero una explicación a los comportamientos del anónimo.

Anónimo dijo...

Hola, soy el anónimo que aporta.
Cgamez, estamos más de acuerdo de lo que crees. De hecho si relees mis mensajes, verás la afinidad de mi planteamiento con el tuyo. Sí he visto la película, no hay que ser tan "presuponor", y me parece un poco ingenuo querer fingir que olvidamos nuestro aprendizaje, o que un texto no está elaborado, o borrar la huella del autor. Por ejemplo veo un narrador omnisciente clásico, digamos Thackerey en La feria de las vanidades, y pienso: qué sutil manera de mostrarnos los engaños de la ficción, valga el pleonasmo.
Y para que vea que me he documentado, le remito al ensayo de Seymour Chatmann (1990), Historia y discurso. La estructura narrativa en la novela y en el cine, traducción del inglés por María Jesús Fernández Prieto, Madrid: Taurus.
Vicente, una cualidad graciosa del anonimato es que despierta las neurósis de los presuponólogos. No somos el mismo. Somos cientos. Y compartimos despacho con Félix Duque.

Vicente Luis Mora dijo...

Para el pequeño anónimo: lo dudo, Félix Duque es una persona modesta y humilde, y se te hubiera pegado algo.

Liraminam dijo...

Yo, como seudónimo, me uno a la opinión de Logiciel.

Sergi Bellver dijo...

Retales:

Me ha gustado mucho esto que dice logiciel:

Pero casi me parece más atractivo diseccionar el seudónimo. Para mí es una especie de título entendido como paratexto, que condensa la esencia del discurso.

*

No es el mismo el anónimo el que mata a John Lennon o abre fuego en Columbine (aunque quede el "nombre", no hay discurso, sólo infección de lo real-transitorio, nada) que el que rastrea telefonillos virtuales en los que gritar cacamococulopedopis y salir corriendo. Este no pasa de necio y el otro rebasa el umbral de la cordura. En el fondo todo el mundo quiere un nombre a toda costa. El anónimo necio, para colmo, además es cobarde. Un amigo mío dice que sólo hay algo peor que un ambicioso: un ambicioso torpe.

*

Troll.

T-roll: camiseta enrollada, dulce de algodón, nickname serigrafiado.

T-rol: Juego de rol en el que un anónimo asume el papel del martillo del abecedario. Greguería idiota sobre la no-personalidad. Top manta (holgazanería intelectual, piratería textual).

*

El valor de un discurso, en efecto, no está en el remitente, pero entre gente educada, como en los caballeros medievales, uno se levanta desde lejos la visera del casco y se mira a los ojos. Soy un antiguo, aún creo en el honor y esas cosas.

*

Lo dicho, a los anónimos que sinceramente participan para aportar algo, les guardo cierto rencor por no poderles dar las gracias y, sobre todo, por no poder buscar otros diálogos, si surgieran.

*

Algunas de las mejores cosas que me han pasado en cuatro años de bitácora (sólo uno con cierta intención "seria", los tres primeros fueron un apestoso ejercicio de exhibicionismo emocional), las han protagonizado anónimos: cartas sin remite (cartas-cartas, de puño y letra), el envío de un ordenador de mesa a mi domicilio cuando no tenía medios para conseguir uno, textos míos impresos en papel y comentados de puño y letra, y sobre todo, espaldarazos y collejas oportunas para que espabilara.

*

Cuando un discurso viene, por ejemplo, de un colectivo, y las voces distintas se funden en una común, el mensaje llega con más fuerza. Ese pseudoanonimato es entonces necesario.

*

Si uno fuera más precavido, hubiera hecho muchas cosas como anónimo (cosas que no dudo me lastran, hacen que muchos no se tomen en serio el presente por el pasado, cosas que echarme en cara un buen día). Pero prefiero ser honesto que salir indemne.

*

El anónimo siempre sale indemne, ergo...

Ibrahím Berlín dijo...

Sergi, ¿y cómo es eso de que el asesino de Lennon trasgrede el umbral de la locura? Si acaso, puede que su “obra” sí sea susceptible de ser interpretada bajo una óptica literaria, pero ya ni siquiera, como demuestra el relato de Vicente. Ni el anónimo ni el psicópata debieran responder a lecturas románticas; ambos son, en mayor o menor medida, enfermos sociales. Ya sabes, como en el célebre verso de Mario Santiago, viran sin timón y en el delirio.

Sabemos que el anónimo es un personaje típico de Internet. En circunstancias normales, nadie llega al autor de Diario de Lecturas y le dice: «eh, Vicente, me has estafado con tu jodido Circular. ¡¡¡Devuélveme mi pasta, tío!!!» No obstante, la red, como la gran ciudad, facilita la segregación. No es más que los pros y los contras de las nuevas formas de socialización.

Saludos

Anónimo dijo...

Ojos sin párpados

Cloverfields; (VV.AA., 2009)

(…)una vez finalizado el rodaje de la trama central, y en una iniciativa comercial que perseguía asegurar la carrera del largometraje, una cantidad indeterminada de cámaras fue entregada por etapas a distintas personas. Como ya ocurrió con el DVD colectivo “I fuckin shot that!”, (2006) de Beastie Boys, el nervioso y frenético tono general de las imágenes fue agujereado con secuencias intimistas de inusitada lentitud, que son finalmente lo mejor de este estreno (…) El diálogo entre el yonki y la camarera encerrados en la tienda en ruinas ya ha alcanzado el primer puesto en los vídeos más vistos de internet.

Cloverfields:Wired (2010), es la serie limitada –ya en cualquier pantalla o videoclub- de ocho episodios cuyos extras, spin offs, y post-ficciones colgadas en los vlogs naturalmente excede los lanzamientos de DVDs y Bluerays habituales. Para el lanzamiento de la edición oficial han sido necesarios un año y medio de clasificación, traducción y montaje para llegar a este resultado. Claro que eso es el principio de un torrente que está lejos de acabar su trayectoria, rodeada por innumerables satélites de fan fictions, acaba siendo un documento "realista" de una “falsa” leyenda urbana, en otro engaño monumental, extendido por “flashmobs” sucesivos en una suerte de itinerario alternativo por las calles de NuevaYork. Hasta aquí, cualquier catástrofe es lo mínimo que se puede esperar: desde 1985, con Watchmen y su capítulo doce con criatura sorpresa alienígena, NY espera algo así. Pero la auténtica novedad de la película surge transcurrido su primer tercio, cuando el desastre “monstruoso” se multiplica en diferentes lugares del mundo que a su vez tendrán sus propias crónicas audiovisuales “en tiempo real”, asimismo transferidas de inmediato a la red en un proceso sin precedentes fagocitado en el acto de su nacimiento.

(…)La internacionalización de lo monstruoso no ha funcionado sin embargo en países como España, donde el escepticismo hacia los monstruos en suelo patrio ha sido muy generalizado –basta ver los castizos extras de la edición española del cofre- Las grabaciones de este país han aportado más bien poco si se comparan con las aportaciones vietnamitas, ucranianas y malienses ( estas últimas con desconcertantes y líricas referencias al carácter demoníaco del río Níger) .

(…) existe sin embargo una cierta decepción dada por la inmediata toma de postura de los cámaras y actores, conscientes de la importancia relativa de lo que están grabando, casi temiendo quedarse fuera del montaje final en salas comerciales, quizás el objetivo último de captación de audiencia por los productores (…)

C.M. .

Anónimo dijo...

El Anónimo Que Aporta piensa que son necesarias otras voces. Recuerda El Lazarillo, el Kamasutra y la literatura erótica cuando estaba públicamente prohibida. Cree que es necesario abofetear los prejuicios colectivos. Sabe de los peligros de jactarse de la firma. No entiende, y eso afirma, porque cgamez no ve que están más de acuerdo de lo que parece. Aunque cgamez no entiende porque Anónimo Que Aporta no vio eso comentarios atrás y prefirió el enfrentamiento al diálogo. Cgamez cree que los Anónimos Que Aportan son buenos (él ejerce de anónimo la mayor parte de su vida). Pero le caen más simpáticos los seudónimos de logiciel. Piensa en los seudónimos y los heterónimos y se imagina los múltiples blogs que escribiría Pessoa si viviera estos tiempos de literatura post. Visualiza los comentarios ácidos de Álvaro de Campos en el blog diario del gris Soares, las discusiones políticas con Ricardo Reis y las incursiones de Pessoa en el debate (como Anónimo Que Aporta). Imagina que los aforismos de Mora estarían lincados en la bitácora panteísta de Caeiro. Sopesa las hipotéticas polémicas, que divertirían al otro Mora, VLM, el que se arriesgó a administrar el espacio. Por suerte para cgamez, Pessoa no está, sino su estupidez, la de cgamez, claro, quedaría aún más retratada en esos debates virtuales. Esboza una sonrisa. Piensa en el Anónimo Que Aporta y el Anónimo Que Aporta también piensa en él. Y sin un narrador omnisciente como yo, parecería que están jugando una partida en un videojuego culto de los que habla Alvy Singer. Y el narrador omnisciente, que soy yo, decide parar la disgresión porque en el debate hay otras voces también sugerentes (Bellver, Zamora, bydiox, Berlin, osc, tropovski y tanta otra gente que merece el mismo respeto que Anónimo Que Aporta y cgamez). Y entonces, el narrador omnisciente, que soy yo, vuelve su mirada subjetiva a cgamez y piensa que agradecerá la referencia. Y después se gira y observa a Anónimo Que Aporta y echa en falta el humor y la autocrítica del Lazarillo. Y piensa que Anónimo Que Aporta siempre estará amenazado por el otro anónimo, el intertrol, el Anónimo Que No Aporta, igual que unoquellega ensuciaría la obra de Bansky si éste no firmara sus hermosos graffitis.

cgamez (en su versión narrador omnisciente anónimo)

Vicente Luis Mora dijo...

Transcribo, por su interés intrínseco y por su relación con lo desarrollado en esta cadena de comentarios, este excelente fragmento del blog de Jorge Carrión sobre la serie de TV "Dexter":

"Como es sabido, en nuestro siglo XXI, la experimentación argumental y formal, la creatividad para adultos, el riesgo y la inteligencia, en fin, de la industria del espectáculo audiovisual se han trasladado a los estudios de televisión y a las empresas de videojuegos. Éstos, en alianza con internet y sus nuevas formas de lectura, están relevando a Hollywood como factoría del entretenimiento. Entre-tenerse. Para no caer. Porque no hay red bajo esa neblina de vacío que tenemos bajo los pies y al otro lado de las pantallas. Sólo representaciones de un imaginario colectivo cada vez más poblado de mutaciones del monstruo. En Dexter, precisamente, la monstruosidad se expande. Los momentos álgidos de la serie son las conversaciones entre monstruos: los psicópatas de muy distinto signo que se cruzan en el camino del protagonista y con los que trata siempre de conversar para entenderse mejor a sí mismo. Para examinar su propia monstruosidad. Que tiene una parte natural y otra adquirida. También Harry, su padrastro, se comportó como un monstruo."

posted by jordicarrion on 01.24.08

Vicente Luis Mora dijo...

Los "spins off" de Cloverfield, una de las cosas que me parece más interesante de la película: "sigue" en Youtube, independizada de su hermana para la gran pantalla. Aquí tenéis el link que me ha pasado Alvy: http://www.youtube.com/watch?v=nPkkDz3cTyg

Ana | Sindrome de asperger dijo...

Vaya es una pena que ya no pueda ver esa pelicula, tiene muy buena pinta.

Saludos.