domingo, 29 de abril de 2007

Muerte y ficción

Elena Medel
Tara; DVD Ediciones, Barcelona, 2006


Sin abordar la multiplicidad de sentidos del título de este poemario, porque la propia autora lo hace en la parte final, y centrándonos sólo en su apuesta poética, puede decirse que Tara es el primer poemario de Elena Medel (1985), que tiene -como todos los vates- una prehistoria que debe olvidarse en cuanto aparece su primer libro de cierta consistencia. Y no cabe duda de que Tara la tiene, algo sorprendente en alguien de veintiún años, y que este poemario nos señala un camino, la vía por donde se habrá de desarrollar –suponemos– la voz de Medel en los próximos años.

Otro hecho también infrecuente (que un vate joven dedique un libro a la muerte, siquiera bajo la especie de desaparición de un ser querido), ayuda sin embargo a entender la cuestión. A mi juicio, la gravedad de la experiencia personal sufrida, la muerte de un familiar de la autora (lo saco a colación porque el libro lo hace), es la que ha provocado la gravedad general del conjunto, así como el brusco cambio de rumbo frente a la superficialidad pop de sus entregas anteriores. En efecto, Medel ha probado la vida y ha sido tempranamente consciente de que ésta, como decía Gil de Biedma, va en serio. De ahí que la mayoría de los poemas vuelvan a la infancia, a unos simbólicos 10 años en que el mundo estaba todavía ordenado, en presencia del ser perdido y en perpetuo estado de juego. Es decir: el territorio simbólico es el mismo de Mi primer bikini (2001), sólo que ahora la mirada sobre el mismo es devastadora, intentando salvar los muebles de una experiencia que en aquella plaquette era puro y naíf festejo de alargamiento. Y sin embargo nos queda la sensación de que no se ha salvado del todo cierta impostación, de que nos encontramos con un elaborado puer senex que, como es comprensible, no tiene aún la distancia vital y temporal suficiente para sublimar poéticamente la experiencia de la tragedia. Medel es una voz en formación, sí, pero eso es lo que suele decirse de poetas diez años mayores que ella.

Que el objetivo de Tara no se consiga de manera total no significa que no debamos apuntar numerosos aciertos parciales, tanto en la brillante imaginería utilizada, como en el lenguaje, como en el disimulado virtuosismo formal con que se acometen algunas de las “vidas” en que el poemario se divide. También hay un gran acierto en un motivo difícil de explicar literariamente sin caer en morbosidades, efectismos y otros errores hollywoodienses: la exposición de la crueldad aberrante de la muerte, de su sinsentido azaroso e injusto, algo a lo que dedicase buena parte de su obra aforística Elías Canetti. Canetti escribía en Hampstead ideas útiles para entender uno de los fines temáticos de Tara: “por supuesto que todo es muerte. Pero también hay que decir que, por inútil que nos parezca, nos oponemos con dureza y encarnizamiento a la idea de que todo es muerte. La muerte –sin ningún engaño trivial– debe perder su prestigio. La muerte es falsa. Y es propio de nuestra condición encontrarla falsa”. Y, en efecto, si hay algo llamativo en Tara es la seriedad técnica con que se aplica para la muerte un estatuto de ficción, una voluntad de construcción falsificadora, no sabemos –ni necesitamos saber– si como paliativo del dolor o como voluntad de oposición a su azar inescrutable. Pero la terrible ficción de poemas como “Queridas hermanas” o “Los niños que se mueren”, construidas como filmes oníricos de aterradora belleza, van en la dirección de eliminar o exorcizar la muerte al convertirla en posibilidad estética, en drama ficcional, en algo que puede controlarse mediante la escritura. A mi juicio, este es el mayor acierto del libro de Medel y una de las pruebas más palpables de que estamos ante un talento que ha dejado de ser lo prometido para convertirse en algo precoz y demostrable, un talento que ha sabido renunciar a la facilidad para escoger el duro y acertado camino de la imperfección.
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Comentarios
Ana M. dijo...
Después de haber escuchado a Elena recitar sus propios poemas, comprendí que debía comprar "Tara" para enamorarme de ellos. Y qué diferente es la sensación de la poesía en colectividad a la de la poesía en soledad, leída, releída y estudiada (lo que no significa que haya una mejor que otra).Un saludo.
7:27 PM
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Edgar Quinet dijo...
Y si la autora de "Tara" tuviera 38 años? Cómo podría considerarse/valorarse este poemario?
2:07 PM
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Vicente Luis Mora dijo...
Como el de una voz en formación, amigo Quinet. Saludos.
3:00 PM
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superwoobinda dijo...
Me parece atractivo tratar sobre este texto en el que la autora elije su propia voz para atravesar dos tabús: el tabú de expresar sentimientos femeninos y el tabú de la muerte, sin tomar ventaja de ellos. Teniendo en cuenta que una chica/mujer escribe distinto no por una determinación biológica sino por una posición social distinta es interesante la franja lingüística en que se inscribe, porque este pathos de duelo no ha sido construido por comparativa con el universo masculino, si no que explora por derecho propio el punto final de una convivencia en el tiempo con el agente transmisor de valores y segunda madre en la línea vital. La muerte parece el punto de partida para repasar la línea de información genética transmitida, repasar la potencia de la “cultura” en esa célula mínima de madre-hija, una cierta memoria generativa en un sistema auto repetitivo de aniquilación y autorrealización. Esa memoria generativa sería una especie de lenguaje natural, entendido como una manera de recibir el mundo y responder a él, una serie finita de inclinaciones, aprendizajes o experiencias que, pudiendo en teoría generar una infinita cantidad de construcciones, acaban pululando en un umbral donde unas y otras nos reconocemos, como un insecto en una trampa de luz.Hay algo ahí.Un saludo.
7:05 PM
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Edgar Quinet dijo...
Vale, y si tuviera 65 años (no estoy de coña)? seguiría siendo una voz en formación? Quiero decir con esto, que no termino de entender si eso de la "voz en formación" es algo propio del texto desde un punto de vista inmanente, o es una apreciación que se hace debido a que sabemos que el autor es joven y aun tiene mucho camino por delante, etc. Me pregunto.Saludos.
9:25 PM
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Vicente Luis Mora dijo...
Bufalino publicó su primer libro con 60 años (yo tampoco estoy de coña). En el caso que planteas diría que es una voz en formación porque se le notaria "pulso", "voz", o como quieras denominarlo, pero tendría trabajo por delante. Si te sirve de baremo, te diré que la mía (36 años) también me parece una voz (poética, narrativa y crítica) en formación. Me queda mucho por aprender. Sigo sin estar de coña, te lo aseguro. Saludos, Edgar.
11:50 PM
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sísifo k. dijo...
Claro que hay algo ahí, querida super. Hay mucho ahí.Como bien señalas, la muerte es excusa para la introspección en lo femenino. Para la búsqueda y la afirmacion de la propia feminidad a través de la feminidad negada de la madre de la madre.Una investigación en lo universal a través de lo individual, un intento de comprensión, desde la propia experiencia, del hecho de la filiación femenina.Relacion telúrica de la hija con el hecho de la muerte de la fuente de la maternidad, la fuente de la identidad propia.En el título está ya toda la información necesaria. “Tara” es en origen la tara de lo femenino, el fallo, la anomalía, la hipotética imperfección de lo hembra. La fuente de la debilidad. Pero en el nombre confluyen muchas fuerzas. El término, como el libro, se puebla de significados. Elena descubre el ídolo de TARA, representación votiva de la que era para los aborígenes canarios Diosa Madre del mundo. Diosa primigenia occidental, representación de la fecundidad, de la tierra como hembra, que, pese a ser erradicada de todo el Mediterráneo, o sometida, mediante partenogénesis estúpidas, a dioses masculinos, primero por los griegos apolíneos y los judíos, y luego, por los cristianos y los árabes, consiguió sobrevivir en las islas, plena de privilegios, hasta el genocidio cultural que supuso la conquista castellana.Y ese encuentro con la diosa se hizo iluminador. A la búsqueda de esa unión con la verdad de la tierra desde el dolor de la abuela muerta, que es representación de la posibilidad negada a lo femenino, se unió la consciente o inconsciente influencia protectora del ídolo de Tara. Un amigo de Elena Medel le envió desde las islas una réplica de la estatuilla aborigen que, “se instaló” junto al teclado de su ordenador y, que, de algún modo, “iluminó” su búsqueda de identidad, la revisión de su biografía afectiva, su homenaje a la luminosa identidad femenina recién desaparecida, que es, al mismo tiempo que ceremonia a la Raíz, autoproclama de feminidad irreductible.A través de lo particular, del dolor de la muerte de la mujer que la une con su estirpe de hembras, Elena, en tanto que eslabón último de una cadena de daños, intenta desgranar, identificar, comprender, y neutralizar todas las “taras” impuestas a su linaje, todos los “defectos asignados” al ser humano que la unía, a través de la línea de la endoculturización femenina, con el universo de las no presentes y la carga invisible de sus taras.Afirmación de estirpe como afirmación individual. Como autobúsqueda. Homenaje póstumo como autohomenaje. Autoofrenda. Autoalumbramiento. Autobautismo en el misterio e la hembra orgullosa de ser hembra nacida de hembra, que se nombra, a través de ese acto, dueña del primigenio orgullo femenino que la anulación perpetrada durante milenios desde la institución patriarcal, ha reducido a lo superfluo, a la vergüenza, al ridículo de la hipotética “tara” que inhabilita a la feminidad para lo grande. Con respecto a su obra anterior, creo que es un cambio estético y un cambio de profundidad. No es un cambio de intención ni dirección.“Mi Primer Bikini” era ya una afirmación de su derecho femenino, pero desde la afirmación de la niña que se descubre hembra. Superficialidad pop, portafolios generacional, Heidi masturbándose, en un acto de iconoclastia, en el día de la ceremonia del fin de la infancia. En “Vacaciones”, la Elena adolescente, la Dueña del Verano, dice adiós desde la parte trasera del autobús que abandona la edad que define a los audaces.En “Tara”, Elena busca en la Muerte. En la Tierra. En la Herida. En la Sangre. En la genética cultural. La infancia es sólo excusa para el análisis. No busca en lo aprendido del espacio-tiempo que le ha tocado vivir, sino en lo aprendido en la vida recibida cuerpo a cuerpo. Lo aprendido en la humanidad. En la carne. En la sangre vertida en tierra. Tierra Como muerte. Como matriz que acoge. Como Madre. Como Hembra.TARA como signo que conduce a la divinidad de lo femenino que niega toda tara.P.D. Evito usar la palabra “mujer”. Primero porque me gusta el estallido de violencia inconsciente de la palabra HEMBRA. Segundo, porque en la etimología del término “mujer” está agazapado el hipotético “condicionamiento biológico” de lo femenino: La tara.
10:14 PM
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Anónimo dijo...
Independientemente de la calidad de la obra de Elena Medel, está claro que es un boom mediático. Está de moda. Impone modas, además. La poesía de la normalidad tiene distintas vertientes, y una de ellas es la auspiciada por el Instituto de la Juventud de la Junta de Andalucía... ¿por qué siempre ganan sus certámenes autores en la onda medeliana? Bueno, eso es aparte. Me centro ahora en Elena: me picó la curiosidad y la he leído a fondo. Bien. Mi impresión es que no está mal, nada mal, aunque uno a veces tiene la sensación de que está leyendo más unas magníficas estampas de un diario personal que poesía, verdadera poesía. Pero en general, es un buen poemario, sobre todo teniendo en cuenta la edad de su autora. Y he ahí el meollo. Creo entender las preguntas de edgar... ¿hasta qué punto se está valorando eso, la edad de la autora, que no es más que una cuestión extraliteraria? Claro que es un elemento que ha de tenerse en cuenta a la hora de "juzgar" la obra, pero... ¿de verdad no hay nada detrás de experimento, del valor de lo joven por lo joven -no lo joven, sino lo extremadamente joven-? Por otro lado, siendo mujer, me han sorprendido mucho los comentarios de superwoobinda y de sisifo. Dios mío. Creo que Elena da mucho más de sí que todo eso. No sé muy bien qué es eso de los "sentimientos femeninos", "la filiación femenina" o "Tara" como expresión de la hipotética imperfección de la hembra. Debe de ser una mujer poco enterada de lo que soy...Saludos.
11:44 AM
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sísifo k. dijo...
Creo anónim@ que no has entendido nada. Débase a mi incapacidad expresiva o a tu incapacidad comprensiva. El caso es que lo lamento.Evidentemente “Tara” no se queda ahí. Estamos abordándola desde uno de sus márgenes. Ya Vicente abordó el libro frontalmente. Lo buenos libros tienen infinitas lecturas. Por otro lado, y para no extenderme. Creo que sí:“eres una mujer no enterada de lo que eres”. Felizmente minimizada. Alabada tú. Te aplaudo (con los dedos abiertos)Analiza etimológicamente mujer. A lo mejor luego no te gusta tanto el término.Sobre tu pregunta por la filiación femenina.... pues no me apetece trascribirte ningún manual de antropología ahora.dale al guguel. Sobre la hipotética tara asignada a la feminidad, casi ni me pronuncio. Si te oyeran las sufragistas se te comían viva. Y no te creas el cuentito de la igualdad de géneros. O créetelo si quieres. Te propongo un ejercicio muy divertido que pongo en práctica con mis amig@s para comprobar su “cintura genérica” (aclaro que mis amigos son muy jóvenes. Con los de 40 parriba ni me atrevo): Llama en femenino a todos los hombres de tu entorno. Y mejor que en femenino, en femenino diminutivo: Señorita. Diles las cosas que se les suelen decir a las mujeres. Retírales la silla. Ábreles la puerta. Inutilízalos. Verás cómo la cara les va cambiando, y cómo, aunque se hagan los progres enseñando dientes, al poco rato empiezan a echar humo por las orejas. No todos, claro, la mayoría, digamos. A las féminas, evidentemente, llámalas Señor. Veremos si de pronto no sientes como si se equilibrara alguna balanza que hasta ese momento te resultaba invisible. Luego, si quieres, y si tu jefe no te ha despedido por degradarlo en la escala social, hablamos de las cargas inconscientes de los géneros(y de la exiestencia o no de taras preasignadas a lo femenino).Sobre Medel´s fashion look, pues qué quieres que te diga. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. El premio IAJ se hizo grande con ella, y recibe mucha menos atención mediática que esos grandes popes que hablan con la voz de trompeta de los adultos en las pelis de Snoopy.La diferencia es que ella SI conecta con el público joven, y quienes la oyen la adoptan más tarde o más temprano (mírame a mí. Quién me ha visto y quién me ve...), de modo que toda promoción se hace “efectiva” en términos de lectores. Me atrevo a más. Probablemente sea “La Medel”, la gran proveedora nacional de nuevos lectores de poesía. Ella y un pequeño puñadito más. Curiosamente, los denostados por “la institución”. Ojito al dato. Sobre la órbita medeliana, ¿Habrá tenido algo que ver el hecho de que La Medel haya invertido sus dividendos en “la bella Varsovia” y haya dado salida a más de un centenar de inéditos (o casi) andaluces y no andaluces?. O a sus actividades polacas? Lo cierto es que es difícil ser joven poeta y no estar en algún modo interconectado con La Medel. Entre lo hiperactiva que nos ha salido nuestra anti-BettyBoop y que en este mundillo son 4 gatos...Por otro lado. Cuántos libros ne-fas-tos publican, año sí año también, popes tan cubiertos de laurel que van siempre extintor a cuestas por si las colillas? Por qué esa diferencia de trato? A ver si llamamos a las cosas por su nombre y dejamos a Las Polacas crecer en paz. Todos saldremos ganando. Por último. Sabes qué creo que tiene La Medel para ser bendecida pese a su imperfección?: La verdad. Escribir verdad en boca. Ese es (además) el viento que separa la paja del trigo. Ques joven y tiene unos ojazos? Medel sobre hojuelas.P.D. Nada es extraliterario.Somos literatura.
1:29 PM
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superwoobinda dijo...
en ningún momento yo he hablado de imperfección de la hembra. ni de filiación. ni de taras, querida anónimo. hablaba de kristeva, de woolf, de kate millet.pero veo que sí, querida anónimo, que sigue siendo tabú el análisis de un texto dsede esa perspectiva teórica. aún cuando el texto está denotativamente dirigido a ese sentido.un saludo.
1:44 PM
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Elvira Navarro dijo...
Aburre a estas alturas que alguien diga que no entiende qué son los sentimientos femeninos o la filiación femenina. El sujeto es el resultado de un condicionamiento histórico objetivo. No es más que una estructura (la femenina en este caso) transmitida fundamentalmente por filiación familiar (pues las familias, y esto también es bastante obvio, tienen la función social, política y económica de criar hijos para la sociedad, lo cual significa la asunción de una infinidad de roles, no sólo el femenino). Esa estructura que llamamos sujeto siente lo que le han enseñado a sentir. Lo femenino es una condición, de la misma manera que lo es lo masculino, que señala una realidad social, política y económica, y que todos mamamos desde que nacemos. Afimar: "No sé muy bien qué es eso de los sentimientos femeninos, la filiación femenina (...) como expresión de la hipotética imperfección de la hembra" es negar una realidad histórica. Tradicionalmente a las mujeres se les ha hecho asumir su imperfección con respecto al hombre. El poemario de Elena Medel, a mi entender, se hace cargo entre otras muchas cosas de esta condición secundaria de la mujer, a la que quiere restituir a través del mito (y las sociedades, también la nuestra aunque no lo parezca, establecen sus jerarquías a través de los mitos). No es poco ni baladí lo que aborda el poemario, y se agradecería una aclaración del lugar del que se habla cuando no sólo se afirma no entender, sino que se desdeña una realidad. ¿Qué limbo es ese al que muchas mujeres que entendemos perfectamente qué son los sentimientos femeninos y la filiación no tenemos acceso?Por otra parte, llama la atención lo mucho que cuesta conceder a Elena Medel su valor. Hay que estar hablando siempre de lo que le resta (su edad, que está de moda, que le han salido epígonos infumables que encima ganan premios), haciendo un sofisma que consiste en decir que es buena por lo que no es buena (¿y qué pasaría si no tuviera 22 años?, etcétera). Veo mucho de autoconsuelo en todo esto. Tara es un excelente poemario, y hasta cierto punto toda voz es siempre una voz en formación. El sentido de la escritura se cifra en la búsqueda, y ay de quien se crea que ha llegado al fin a la voz, al tono, al estilo y a la ética definitiva.Un saludo.
5:03 PM
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Vicente Luis Mora dijo...
Elvira, saludos, gracias por incorporarte. Si tengo tiempo entraré en algunas cosas de las que se están diciendo, pero avanzo: 1) que creo haber entrado en la sustancia del libro, fuera de elementos sociológicos a los que dedico 5 líneas. 2) Que una voz en formación significa lo que significa. Tú misma, que tienes un buen libro de relatos (que por cierto reseño en el próximo número de Quimera) eres una voz narrativa en formación. Hay una diferencia entre una voz poética en crecimiento (todas lo son, como bien apuntas), y una en formación. Creo que no es difícil entender la diferencia. Saludos.
5:16 PM
Antención NOTA IMPORTANTE:
Como veo que el debate empieza a cobrar cierta intensidad, y antes de tener que censurar nada, reitero las normas mínimas de educación que impuse en el blog original: cualquier comentario insultante o denigratorio (salvo que el insultado o denigrado sea yo, caso en el cual haré lo que me dé la gana, como es obvio), será eliminado al recibirse y no será colgado. Teniendo en cuenta que este sistema de blogger no puede editar los comentarios ajenos, cosa que era factible en el de Bitacoras.com, no podré eliminar la parte insultante del comentario, con lo cual tendría que borrarlo entero. Espero que no perdamos posts interesantes por esta causa, aunque la culpa en ese supuesto será sólo del remitente. Supongo que estaréis de acuerdo con estas normas, que se aceptaron sin ningún problema en el blog antiguo. Saludos a todos.
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Anónimo dijo...
Qué barbaridad, sisifo, como te has puesto... Tú y las del clan de la arroba podéis tener razón en ciertas cosas, pero yo también soy mujer y mis opiniones también serán, digo yo, "femeninas". Aunque no lo creas, y a pesar de estar "felizmente minimizada", como tú dices, algo sé de escritoras... he leído a muchas. Posiblemente no menos que vosotras.En cuanto a la Medel (no es despectivo ese "la", por cierto; se usa frecuentemente en la crítica literaria) creo haber dicho que su poemario es bueno. No he hecho ninguna crítica destructiva. Alabo su precoz talento y lo de la Bella Varsovia (que no lo conocía, pero que acabo de ver que ciertamente está muy bien). Pero no tiene nada que ver con lo que yo hablaba. Nada. Sólo he dicho que Elena Medel es un fenómeno mediático (y lo es) y que ojo con alabar su juventud, que no es la primera vez que se cargan a un joven autor. Confío en que Elena se desarrolle plenamente y su poesía crezca todo lo que pueda, más allá de su edad, más allá de su sexo.Perdón, Vicente, por desviarnos de la crítica del libro... que es, como siempre, interesante.
5:44 PM
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Elvira Navarro dijo...
Gracias por la reseña. Estaré atenta.Mi intervención contestaba solamente a Anónima y a Edgar Quinet.Un saludo.
6:05 PM
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Varón Dandy dijo...
Aunque esto ya esté más que dicho por gente con sapiencia contrastada y gran credibilidad, quisiera comentar que creo errónea la concepción de igualdad entre hombres y mujeres. La lucha por acabar con la marginación de las hembras (que parece que a veces ya no sé si son lo mismo que las mujeres), buscando la consabida igualdad, debería ser abandonada poco a poco (aunque queda mucho trabajo todavía) por la reivindicación de la diferencia entre ambos géneros. Esto no tendría como fin una nueva redistribución de las labores destinadas a cada grupo, sino en el cambio definitivo de una sociedad creada por y para hombres. La mujer entonces no procedería a introducirse en las estructuras sociales para copar aquellos puestos destinados hasta ese momento para machos, sino que el pulso debería ir en la dirección de la reestructuración social completa. Esto todo viene a algo.Decir que las mujeres y los hombres somos diferentes, conlleva establecer diferencias, lo cual se antoja una labor de muy difícil consecución y de implicaciones peligrosas. Quizás el campo donde estas diferencias se antojan más claras, sea en el de las artes. La exclusión de las mujeres de la tradición poética, ha impedido la asimilación de la mitad de la sensibilidad de la especie. Esto de la mitad de la sensibilidad es una barbaridad, pues el solapamiento entre géneros es mucho mayor del que se pueda pretender, o quizás no tanto (me viene a la cabeza el final de El Lobo Estepario). Qué decir de las magníficas obras que jamás podrían haber sido escritas por hombres, como las de Marina Tsvietaieva, Alejandra Pizarnik, Else Lasker-Schule, Sylvia Plath, Emily Dickinson... por citar unas poquitas bastante obvias. Por desgracia todo esto nos lo hemos perdido (nos lo han denegado), y frente a la literatura femenina, se erige la literatura universal que es la escrita por hombres (otro chascarrillo demasiado manido me temo). ¿Renunciar a la naturaleza femenina para escribir buena literatura apartada de esa etiqueta falazmente ensuciada de literatura femenina? ¿Escribir dentro de la tradición literaria renunciando a la propia condición sexual para evitar clichés? Error, error, error. Repito, la historia de la literatura se escribe con testículos porque entronca sobre sí misma y con la exclusión deliberada durante siglos de todo aquello que sonase a sensibilidad femenina, no asimilada por quien tuviese que asimilarlo en su momento. Yendo ahora al Tema La Medel y La Tara, decirle a Sisifo que yo he nacido en la década de los 80, con lo que soy público joven y Elena Medel NO conecta conmigo. “toda promoción se hace “efectiva” en términos de lectores. Me atrevo a más. Probablemente sea “La Medel”, la gran proveedora nacional de nuevos lectores de poesía”. Esto suena horroroso, he pensado en Sabina y en García Montero y otros popes estravagarios y he tenido escalofríos. “Lo hiperactiva que nos ha salido nuestra anti-BettyBoop”. Muy elogiable su labor, pero eso no le da más valor como poeta. Creo que tanto usted como el señor Elvira, sobre valoran a Elena Medel (que, no lo he dicho aún, lo digo ahora, me parece bastante interesante y en formación) y pretenden ponerla en un lugar que muchos creemos que no ocupa todavía (y con este todavía no quiero decir que lo vaya a ocupar). Hay unos cuantos poetas en España mejores que Elena Medel y que no tienen la incidencia ni la valoración que ésta tiene, aunque también es cierto que hay muchos más valorados que ella siendo mucho peores. Lleva más palos de los que se merece sinduda, pero no su poesía es la que es.Saludos a todos y disculpen mi intromisión
8:32 PM
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Edgar Quinet dijo...
Vale, pues ahí va otra pregunta (y lamento si soy insistente) ¿en qué momento podríamos decir que una "voz" ya no está en -llamémoslo así- proceso de formación? Dices (Vicente) que tu voz (a tus 36 años) te parece aun en formación. Luego Elvira alude a la búsqueda constante (sin la que nada habría interesante, cierto, sólo autocomplacencia y concursos amañados) y posteriormente aparece el término "crecimiento". Vale, toda "voz" está en constante evolución o crecimiento, eso es fácil. Pero ¿qué poemario tendría que escribir Elena Medel (o fulanito de tal) para que no apareciera eso de "la voz en formación"? ¿Tenía Rimbaud (recurro al tópico) una voz en formación? ¿Y si Elena cogiera ahora y se fuera a Etiopía a traficar con armas?Un placer.
10:40 AM
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Anónimo dijo...
Me parece muy interesante lo que plantea Elvira Navarro.Dos apuntes: en primer lugar, lo de hombre o mujer, si no voy errado, lo define el "sexo biológico", en primer lugar, y después todo lo demás (condicionamientos económicos, sociales, políticos...); no me creo la teoría que en los últimos tiempos ha querido olvidarse de eso. Además, precisamente por el tema sexual, biológico, hormonal, incluso de conformación cerebral, es obvio que para un hombre (crítico) y además blanco, etc., es a priori una dificultad añadida entender ciertos temas (concretos, no todos) de la escritura de una mujer (autora) que tematiza aspectos de su "condición femenina". Evidentemente, el crítico debe hacer el esfuerzo de comprensión; y seguramente si se centra en elementos de tradición literaria, métrica, estilo, o temáticos de otra índole, puede escamotear aquello que quizá no puede del todo entender o valorar. Lo mismo ocurre con diferencias sociales, étnicas, de edad o generación, etc., cada cual con su background y cada cual con su capacidad de análisis de éste.El segundo aspecto: lo de "quitar" o no a Medel (a quien no conozco personalmente, pero seguramente conoceré cualquier día de estos). En el propio título "tara" se subraya la carencia. Además, Elvira, cada crítico aduce las razones que cree convenientes; y si tú crees que el poemario es muy bueno, estás en todo tu derecho de publicar una reseña y decirlo.No defiendo a Vicente (él sabe hacerlo solito), sino el vicio español de criticar al crítico pero no arriesgarse uno mismo en la esfera pública. Todo el mundo sabe de fútbol más que nadie y todo el mundo tiene una opinión sobre lo que lee que cree válida: pero de ahí a argumentar, redactar 40 líneas y defender una tribuna (aunque sea un blog), el español medio culto pasa de eso.Espero que no suene todo esto demasiado agresivo. Son ideas sueltas, para animar el debate. Sólo texto. Estoy leyendo tu libro, precisamente, y por eso me animo a escribir en este blog, después de meses de no hacerlo.Jordi C.
10:52 AM
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Áreo Lórima dijo...
Tara tiene cuatro poemas muy buenos (bajo mi punto de vista): Árbol Genealógico, Los niños que se mueren, Cumpleaños y probablemente la vida I completa, que estimo es un poema fragmentado en cuatro.En ellos Elena se vacía y nos muestra un universo femenino peculiar, a veces un tanto Burtoniano*.Un poemario bastante autobiográfico en el que tengo la ligera impresión que hay algún que otro poema de su época del primer bikini.No sé hasta qué punto es bueno basar el poemario de Elena o sustentarlo en la precocidad a la hora de afrontar la muerte de su abuela, si no me equivoco, por desgracia, sobrevino la misma cuando Elena tenía la edad de 20 años más o menos, una edad no tan temprana para afrontar la muerte de la matriarca en segunda línea, no sé si es exagerado Vicente, el hablar de la precocidad de la autora a la hora de escribir el poemario, me parece un gran regalo de Elena hacia su abuela, pero yo no soy partidario de utilizar este tipo de artificios, hablo desde el más profundo respeto hacia la autora y su familiar, pero creo que los poemas de un/a poeta no necesitan de ese tipo de campañas. Creo que tanto los críticos de este libro, como los editores, e incluso la autora, se equivocan a la hora de apuntar hacia esa dirección.Con respecto a los poemas que mencioné al principio, decir que en boca de Elena ganan mucho más.Particularmente la lectura del poemario no me enganchó al principio, con ello quiero decir que no es un poemario que puedas leer de principio a fin sin pararte, de corrido, he tenido que releerlo varias veces para buscar esa conjunción.En cuanto al hembrismo, feminismo u otra etiqueta que se quiera colgar al libro, decir, que desde mi condición de hombre, pienso que todo lo que sea etiquetar conlleva sus riesgos, reitero que no creo que los poemas de Elena necesiten una etiqueta hembrista, lo cual, además, dudo que sea el deseo de la autora.Siguiendo con otros hilos que han ido apareciendo a tenor de la crítica de Vicente, decir que evidentemente, sea por el motivo que sea, Elena es, a día de hoy, la más mediática entre los/as poetas jóvenes, su libro va ya por la segunda edición, lo cual significa que algo hay, talento, marketing, lo que se quiera, pero algo debe haber, eso sí, no entiendo porqué muchos críticos dejan a un lado a otros/as grandes poetas, el mundo poético (joven) ni empieza ni acaba en Elena, la poesía joven goza de una gran salud en este país, hasta llegar al punto de poder asegurar que estamos ante el mejor momento poético juvenil, poetas como José Antonio Padilla, Vanessa Pérez Sauquillo, David Leo García, Juanma Gil, Sofía Rhei, Ana Gorría, José Daniel García, Diego Vaya, Marco Antonio Raya, Luna Miguel, Yolanda Castaño, Miriam Reyes, Raúl Quinto, Alberto Santamaría, Mercedes Díaz Villarías, Gonzalo Escarpa,Carmen Camacho, Francisco Onieva o Antonio Agredano, entre otros/as así lo acreditan, todos ellos de grandísima calidad y muchos de los mismos injustamente valorados por la crítica.Es preciso continuar en esta dirección, a pesar de que en muchas ocasiones exista un excesivo fariseísmo entre unos y otros, algo que habría que limar de algún modo, puesto que no son lógicas ciertas conductas.Eso sí, siempre debe prevalecer el respeto y la cordura a la hora de evaluar o realizar una crítica constructiva, no caer en el fácil panegírico ni tampoco en el insulto.En resumidas cuentas, Tara es un libro interesante, muy bien escrito pero un paso más en la carrera de Elena Medel, no creo que signifique un antes ni un después sino un paso más en busca de esa voz a la que se refería Vicente.Compren poesía, no lo duden.
*En alusión a los paisajes evocaciones y climas que recrea el director Tim Burton.
1:55 PM
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vicente luis mora
1) Edgar, me lo has dejado a huevo: el libro que tendría que escribir Elena (o yo) para dejar de ser voces en formación sería uno de Rimbaud. Saludos.
2) Estimada Areo Lórima, la inmensa mayoría de poetas jóvenes que mencionas han sido citados o reseñados en este blog. Si lees Singularidades, tendrás muy claro que conozco a la perfección que la poesía joven no empieza ni acaba con nadie. Abrazos y bienvenida.
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Elvira Navarro dijo...
Gracias, Jordi. Ya antes intervine para decir que estaba contestando únicamente a Edgar Quinet y a Anónima, a pesar de que en mi respuesta hacía referencia a la voz en formación que plantea Vicente en su post sobre Tara. Estoy en líneas generales de acuerdo con la reseña de Vicente e, insisto, no le estaba respondiendo a él, sino a lo fácil que es en el caso de Elena Medel concederle valor por su precocidad y al mismo tiempo quitárselo por la misma precocidad (de ahí que metiera, mal metido por lo que veo, el tema de la voz en formación). No sé si me explico. Por otra parte, cuando afirmas: "lo de quitar o no a Medel (...) en el propio título tara se subraya la carencia", estoy de acuerdo de que con ello se señala una falta, pero que ésta hace referencia a parte de la temática del poemario y no a que la autora se esté restando valor, como parece (o al menos así lo he entendido yo; perdón si te estoy entendiendo mal) desprenderse de lo que dices.Con respecto a los géneros y a la crítica, afirmas: "Además, precisamente por el tema sexual, biológico, hormonal, incluso de conformación cerebral, es obvio que para un hombre (crítico) y además blanco, etc., es a priori una dificultad añadida entender ciertos temas (concretos, no todos) de la escritura de una mujer (autora) que tematiza aspectos de su "condición femenina". Estoy de acuerdo y añado que siempre me ha llamado la atención que haya una "literatura femenina" (que la hay), y en cambio no se definacomo "literatura masculina" (que también la hay) aquella escrita por hombres que tematizan su condición masculina o que enfocan mayoritariamente los temas desde su masculinidad. Céline o Bukowski serían dos ejemplos.Un saludo.P.D. Espero haber aclarado con esta intervención que mis comentarios no iban contra lo dicho por Vicente, y pido disculpas si alguien se ha ofendido.
4:32 PM
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sísifo k. dijo...
/Querida anónima. ¿cómo me he puesto?Que tus opiniones sean o no femeninas?. El género no aporta o resta valor a una opinión.No has hecho el experimento, verdad? ¿Temes la respuesta o eres tan capaz de predecirla como para evitar ponerla en práctica? No. Fémina y mujer no son lo mismo. Etimología, porfaplis.Y yo, lo que digo, es que hay que dejarla en paz. Que Tara es un libro más complejo, más inteligente, más profundo, más lleno de verdad que la inmensa mayoría de los libros de poesía que se publican cada año.Bienvenida sea Elena, Bienvenida su verdad. Bienvenida su juventud. Bienvenidos su ojazos. Bienvenida ella y todos y tod@s los capaces de escribir libros como Tara.Otro gallo cantaría a "La Poesía" (retintín) con diez Taras al año. Con respecto a encumbramientos, la señora Medel es lo suficientemente lista para no creer lo que no sea cierto. Otra cosa es esa constante pataleta vatética (de vate) que suele rodearla.Apunte: Que nadie me haga daño....Unas cuestioncitas: A quién hace daño Medel en sus libros?Por qué ese bulle bulle alrededor? Por qué, como dice Elvira, esa cerrazón en negarle su valor? No lo entiendo. Incluso, malpensado de mí (seguro que voy al infierno pa los restos) he llegado a creer que bajo las campañas anti-Medel hay una inquina que sigue resultándome incomprensible....
/Querida-o-e Varon dandyQue Elena no te llega se comprende con leerte. Incluso un lector de mi calaña, después de analizar un poco tus argumentos, sería capaz de predecir que no iba a llegarte aunque hirviéramos la 3a edicion de Tara en un cacito y te diéramos la infusión. Por favor: lee atentamente el inicio del post de Elvira Navarro acerca de la “Filiación”. Luego busca en guguel: “Endoculturización”. Luego hablamos de roles de genero y de diferencias “naturales” entre hombres y mujeres, porque esa "afirmación de la diferencia" no es más que una asimilación inconsciente del mito príncipe valiente y la casta princesita agitona de pestañas. Con respecto a esa tesis de la igualdad, la comparto. El Gran problema del feminismo radical es que nunca luchó por la igualdad, sino por la masculinización femenina con el fin de lograr el acceso a los puestos de poder. La igualdad real no es esa. y tampoco es la afirmación de la diferencia. La igualdad real es la no-existencia de comportamientos, máscaras, actitudes, aptitudes, funciones, lugares, horizontes, límites _Pre-asignados_. Y eso sigue estando leeeeeejos.....
/ Estimado Jordi C.Sólo un apunte pese a que no se dirige usted a mí.Le ruego: -analice etimológicamente los términos hombre y mujer. -analice, luego, lo implícito.
Saludos a todos. SísifoP.D. pido disculpas si alguien le molesta mi tono. Como dijo Vicente una vez, fábula mediante, “es mi naturaleza”.
4:57 PM

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Vicente Luis Mora dijo...
No me he dado por aludido, Elvira, ni tampoco por el comentario de Jordi. Creo que un hombre sí puede perfectamente entrar a examinar valores femeninos en una obra literaria, y creo haberlo hecho con Juana Castro en el estudio preliminar a su antología La extranjera (2006), comentada el sábado pasado por L. García Jambrina en ABCD. Es verdad que hay que hacer un esfuerzo de "otredad", pero se hace cuando es necesario, y punto. Los críticos españoles -yo mismo hasta no hace mucho- suelen obviar esa parte y, en un ejercicio bastante machista, pasan olímpicamente de la teoría literaria posfeminista. Eso es algo soberbio y ridículo, y lo señalo, pero ojo... No menos sectarias son algunas críticas literarias feministas, que denuncian la falta de otredad en la crítica histórica escrita por hombres pero son incapaces de ejercerla para sus (hombres) contemporáneos. En general, todos deberíamos ser un poco más sensibles, tener mayor preocupación por lo que hace el/la otro/a, y, en general, estudiar más. A ello voy, por cierto. Saludos.
4:59 PM
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Áreo Lórima dijo...
Vicente, la alusión a demás poetas jóvenes no lo decía por ti, sino por algún contertulio y contertulia que veo un poco recelosos para con la amiga Medel, de sobra conozco tu trayectoria, crítica y conocimiento sobre poesía literatura joven.Lo único que digo (a estos compañeros de debate) es que existe una gran diversidad de autores jóvenes conocidos y desconocidos que también tiene su porción de queso en el mercado, que si no les gusta lo que hace Elena que busquen otro autor, pero que no caigan en el debate destructivo por que sí.
8:51 AM
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Varona-o-e Dandy dijo...
Mira Sísifo, he releído mi comentario y yo mismo ya discrepo con algunas de las cosas que allí he dicho, y más de las que tú señalas; nadie me mandó meterme en camisa de once varas, así que apando. Algo de lo que dije fue una reacción ante esa manía de que las mujeres deben comportarse de cierta manera y adoptar ciertas actitudes para ser tomadas en serio. Tan negativo me parece ceder a esa coacción, como comportarse tal princesa suspiritos. “Las fuentes de un escritor son sus vergüenzas; quien no las encuentre en sí mismo o las escamotee está condenado al plagio o a la crítica”, dijo Cioran. Por aquí querían ir mis tiros, por ese escamoteo, y me refería al comentario anónimo no a ti ni a Elvira. Espero que se me entienda un poquillo, soy muy lento con el teclado y eso me hace perder el hilo.Leo el principio del comentario de Elvira y debo insistir en los errores del mío.Respecto a Elena Medel, me temo que se me ha entendido mal. Me parece una buena poeta, y también creo que Tara es un poemario mucho mejor que la mayoría de los que se publican, muchos de ellos por gente reputada; aunque para mí, excelente o magnífico, son términos cuyo listón no alcanza, pues son muy pocos los poemarios que yo calificaría así. Esta mujer lleva demasiados palos inmerecidos cargados casi siempre, por no decir siempre, de envidia y mala baba. Cuando se está ahí, esas cosas pasan (con esto no pretendo justificar tales actitudes), mira si no, por no alejarse demasiado, a VLM, que te lo puedes encontrar tachado de joven arrogante enemigo de Machado y Cernuda, cuando todos sabemos que Vicente (redoble) no es joven (risas enlatadas y chispum final). Pero también creo que a veces, como reacción a esos ataques, las cosas se sacan de madre. Cuando Elvira dice que Elena SI conecta con los jóvenes suena a eslogan tipo Join The Medel. Al igual que revalorizarla como poeta por cuestiones ajenas a su poesía, como su actividad cultural o sus ojazos (cosa en la que incides en dos comentarios), me parece contraproducente y semeja más fruto de la pasión de un acólito enamorado que de un lector agradecido. Elena Medel es una buena poeta (que escasean para mi mano estrecha) y aún por encima, muy joven, lo que no la hace mejor, pero sí crea más expectación, pues si sigue evolucionando de esta manera, muchos tendrán que recular, o acabar envenenados.Termino ya, saludos a todos.
11:36 AM
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Elvira Navarro dijo...
No he hablado en ningún momento de la conexión con el público joven, Varona-e-o Dandy. Mi argumentación iba en contra del fenómeno sociológico y sus eslóganes.En fin, creo que la discusión se agota.Saludos a todos.
12:53 PM
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Anónimo dijo...
¿Cuándo váis a casa de alguien de visita llegáis con las manos vacías, sin nada que ofrecer, e insultáis al que os ha cocinado las cositas?Flipante.
1:10 PM
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V.D. dijo...
Mis disculpas Elvira, fue Sisifo quien hizo esa alusión.
2:20 PM
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sísifo k. dijo...
Querido-a-e V. D.No hombre, no es eso, Lo ojazos de Elena son tan parte de mis intenciones como la mega-infusión de Tara que quería prepararte a ti. (¿porque te quedas con ese detalle y no con el resto? hay que tender en lo posible a lo sustantivo del discurso ajeno)Y sí, insisto en creer que es la mayor proveedora de lectores de poesia de este pais, y la aplaudo y la felicito y me aplaudo y me felicito, porque “Tara” no es un libro fácil, y cualquier pibe-a capaz de no perderse en su lectura será ya un lector que HABREMOS GANADO TODOS (me gustaría poder subrayar eso). Dudo mucho que sabina genere lectores para todos. Y los estrafalarios....(Sísifo, compórtate...)... pues eso... (Creo que me hago entender). Pero tienes razón. No soy imparcial con Elena, del mismo modo que NADIE lo es. Ad+: Me pasan con Elena 3 cosas. Una literaria y dos que no lo son.
1ª (Razón literaria) Me parece una poeta prodigiosa. Precocísima, con una facilidad alucinante para captar la información inscrita en lo que la rodea. Y no digo que su poesía sea siempre prodigiosa, mi primer Bikini me pareció deslumbrante para su edad. Vacaciones es como compartir un helado con un amigo. Y Tara, ya, sí, me parece una Gran obra (sin apostillas) Con imperfecciones todas las que quieras, pero no es la perfección formal la que define a un poeta. Es su capacidad para captar en su archivo de percepción inconsciente la materia prima, descifrar los códigos no visibles en lo visible de esa captura, usarlos a su antojo y re-inscribir, conscientemente, en lo inconsciente del que lee, su obra.Hablo de su naturaleza. De lo que ella es. La capacidad poética es una cualidad. Hace falta un desequilibrio que se posee o no se posee. Una luz o una turbiedad. No lo sé. Es la misma “cosa” que permite ver el color ultravioleta o precisar desde lejos, sin índice de error, la temperatura de las manos ajenas. Por eso los griegos creian a los poetas estaban tocados los dioses. Elena tiene “ese algo” y estoy de acuerdo con Vicente. “Ese algo” es aún una posibilidad. Yo quiero conocer su magnitud. Y para eso, hay que dejarla crecer. Aunque, desde mi perspectiva, y pese a sus imperfecciones, Tara sea YA una obra al alcance de muy pocos poetas en este momento. Elenita lo escribió con 20 años.Yo hace rato que pisoteé mi sombrero. Puedo echarle a ella la culpa o rendirme a sus encantos. Es más inteligente lo segundo. (Ad+ este sombrero chafado me queda de lujo)
2º (Razón no-literaria del todo) Nunca quiero olvidar al pibe que fui. Porque si soy frágil hoy, y nací en los 70, a la edad en que Elena, mi fragilidad era limítrofe con la ausencia de piel. Una mala mirada, un comentario malinterpretado y tenían que recogerme del suelo con espátula. Cuando veo a todos es-o-a-s señor-e-a-s con aire de petulancia, maldad mal disimulada, y una media sonrisa cianótica en el rostro descuartizando a un chiquillo o chiquilla en base a no se qué criterio estético (a Tara me atengo), no puedo dejar de imaginar al “yo” “que fui” en el lugar del chiquillo, y por empatía o por lo que sea, siento dolor, y se me enciende en el pecho la hoguera. Me contengo como puedo. Pero soy débil. Se me notan las ganas de mata-culebras que me entran. Aclaro que mi mosqueo a ste respecto no va por nadie (de aquí). La juventud está llena de aprendizajes, errores y aciertos, y cuando veo una panda de “establecidos” mofándose de los errores de un-a chaval-a (que los dobla en talento ya a sus años) me entran ganas de convertirme en “mediocricida meticuloso”.
3º (razón peri-literaria) Estoy harto de buitres que encierran a los niños en jaulas para seguir sintiéndose pájaros de culto.Se llenan la boca hablando de lo mal que está la poesía, de lo injusto que es el reconocimieto de Elena Medel (E.M. suele ser la monotemática muñeca vudú desde el 2001 hasta la fecha, aunque a AV le ha caído lo suyo, y otros hiperiones y dvds suelen ser carne de cañón en según qué casos), pero cuando cruza la puerta un señor de los que tengo en mente (evito nombres para evitarle a Vicente el disgusto de verse obligado al “delete”) que no es peor poeta porque la mitad de las veces su rimbombancia como rapsoda “anula su "fotogra-finísimo arte” como escritor, caen todos de rodillas, a “hacer lo que haga falta” por ver si los invita a uno de sus “saraitos” vinvulados al poder. Hay uno al que tengo especial tirria (cada vez que me lo tropiezo en un programa de radio tengo que darle al off porque su engolamiento me causa hipoglucemia). Una docena (o dos) de “Pejes Gordos” pulula por ahí. De bautizo en comunión, amamantando adoradores, prometiendo herencias, cobrando premios millonarios, publicando en colecciones de "alto standing", concediendo entrevistas y colgándose medallitas.¿Qué hay que sacar los cuchillos y descuartizar a alguien para demostrar "nuetro patriotismo poético"? Pues vamos por un IAJ un hiperioncete o un dvd destos, que aún no tienen cargo público y no perderemos "una subvencioncilla" o "una lecturilla" o un "programilla en alguna diputacioncila". Chitón con respecto ( mantén la templanza Sísifo que te pierdes) a los premios "ciudad de..." o a los " fundacion:... " en los que una docena de señor@s alternan su función de presidente del jurado en Villarriba con la de ganador de los juegos florales en villabajo,donde 0h! sorpresa! El presidente del jurado resultó que era el ganador del premio de poesia de Villarriba. En fin.... Que en este mundillo hace falta un poquito más de:
a) coraje para ser sinceros y no aplicar leyes de embudo que exigen a los jóvenes ser Walt Whitman (para publicar sin ser descuartizados) y aplauden, bajo la babia del laurel, publicaciones que mejor se hubieran quedado en los pañales de sus dueños. (ocasionalmente premiadas ad+ con dinero público).
b) humanidad para ponerse en el pellejo de un chavalin o chavalina que llega a este mundillo lleno de ilusión y lo primero que se encuentra es un helicoptero que lo alumbra con un foco, una pared y un montón de señores gordos dispuestos a fusilarlo.Mis mas sinceros respetos a cualquiera capaz de sobrevivir a un desembarco adolescente en este mundillo.
ACLARACIÓN: Como verás soy absolutamente “neutral”. Y lo expuesto es, punto por punto, el orden de prioridades en mi “neutralidad”. Con el resto de los jóvenes poetas que considero valiosos,y elena no está ni muchisimo menos sola, soy igualmente neutral" sólo que con ellos los puntos 2º y 3º no suelen existir. (¿por qué será?)
P.D. Perdón por salirme de TARA.
P.P.D. Mis mas sinceros respetos. Tu paso atrás te honra.
P.P.P.D. Cierro mi ejercicio de tortura visual. Esta semana he posteado tanto que mi Plan Para Dominar el Mundo en 37 lecciones y 9 Ejercicios Prácticos se está resintiendo. Abrazos a todos. Pido disculpas Especialmente a Vicente por el tono y la extensión .
9:54 PM
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miércoles, 25 de abril de 2007

Pensamiento español

Andrés Alonso Martos, Vicente Raga Rosaleny y Juan D. Mateu Alonso (eds.),
Surcar la cultura; Pre-Textos, Valencia, 2006.


La colección “Filosofías” que Pre-Textos coedita con el Departamento de Metafísica de la Universidad de Valencia nos está dejando un interesante legado de pensamiento español joven. En este caso se recopilan 17 ensayos de otros tantos filósofos españoles, prologados por una interesante reflexión inédita del sociólogo Zygmunt Bauman sobre el mercado y la industria cultural.

Aunque la noticia debería ser positiva (hay filosofía en España, y por tanto jóvenes para los cuales sigue siendo una valiosa rama del saber), el tono medio de los ensayos incluidos no anima al optimismo. Para empezar, en el prólogo de los tres editores se lee esta confesión: “al análisis de la cultura como refugio en tiempos de oscuridad se encaminan, pues, todas estas variaciones sobre el tema de nuestro tiempo” (p. 9), que dista mucho de ser entusiasta. Pero además, avanzando en la lectura, nos encontramos con que, salvo raras excepciones (un acercamiento a Rawls, otro a Rorty y poco más), la mayoría de los filósofos incluidos han abandonado la posibilidad de razonar sobre su tiempo y se han dedicado a examinar la historia de la Filosofía, con cumplida sapiencia, eso sí. Algún día habrá que preguntar a nuestros pensadores si no piensan sobre el presente (hay un interesante trabajo sobre el pasado de López Merino) por falta de interés o porque la filosofía contemporánea española no encuentra canales epistemológicos que aborden los temas que hoy nos interesan, salvo las consabidas excepciones (Trías, Molinuevo, Echeverría, el en estas páginas reseñado Gómez Pin). Sí, es cierto que estamos en tiempos oscuros, donde el saber está desplazado y hay más resistencia a la teoría que nunca, pero, precisamente por eso: ¿no es nuestro tiempo actual la materia sobre la que más luz necesitamos? Mientras llegan las nuevas luminarias, contentémonos con un excelente conjunto de ensayos de pensadores actuales como éste, también –es inevitable– con las irregularidades y altibajos de todos los libros colectivos.

sábado, 21 de abril de 2007

Mercedes Cebrián: La vida portátil


M. Cebrián, Mercado Común; Caballo de Troya, Madrid, 2006




No era infrecuente hasta ahora que la poesía abordase nuestro entorno próximo: las ciudades, las calles, las infraestructuras de comunicación: desde los trenes de Machado a los aviones de la poesía reciente, pasando por los coches de Salinas o Marinetti, el medio de viaje siempre se ha incorporado al imaginario poético. Lo que no es habitual es que la mirada de un poeta se centrara en los no-lugares definidos por el sociólogo Augé, esas grandes zonas impersonales y destinadas al tránsito, como aeropuertos o zonas francas, donde pasan media vida los ejecutivos que cierran tratos y visten trajes ingleses, los funcionarios del Mercado Común que, más allá de la anécdota europea, hay que leer con dimensiones de cosmovisión. Para Cebrián, el planeta no es más que un gran Mercado donde las franquicias son los nuevos cruzados y sus centros comerciales los nuevos templos (“abrieron un IKEA / en Jerusalén”), y donde el “desplazamiento” de la “vida portátil” es el tegumento clave del sistema, que posibilita su supervivencia, al reunir toda la mano de obra disponible, perdida en la confusión de lenguas: “padecemos diásporas, símiles de diásporas; / padecemos también lo laborioso / de la empresa de hablar”. Los ciudadanos actuales, como expusieran Maffesoli y Attali, son nómadas libres, difuminadas sus cualidades psicológicas, étnicas y nacionales en un perenne derivar por trabajos y países. “Bouvard y Pécuchet –decía el Deleuze de La isla desierta– son la primera pareja planetaria. Es cierto que hoy hemos perfeccionado la errancia, y es como si ya no tuviéramos necesidad de movernos”
[1]. Esa errancia (“oremos por nuestros pasaportes”, p. 29), esa “vida portátil” es el hilo conductor de este primer y sorprendente poemario de Mercedes Cebrián, una autora muy a tener en cuenta si sumamos a estos textos los relatos y poemas incluidos en El malestar al alcance de todos (Caballo de Troya, 2004), libro con no pocos asuntos comunes con este poemario.

Entre esos puntos de contacto está, desde luego, el corrosivo sentido del humor. La poesía de Cebrián se escribe desde el punto de vista imaginario de una niña ficticia, tan naïf como cruel, que observa la realidad con una ingenuidad malvada dirigida a poner al descubierto las contradicciones culturales del capitalismo, por seguir el título de Daniel Bell. Un mullido gamberrismo (“será la garra suave”, pedía Miguel Hernández, y Cebrián la tiene) da aliento al poemario: “nunca una despedida amplia / en el aeropuerto de la provincia”; o: “la población flotante no decide, no sabe / desde dónde le llegan los abrazos, el desamparo ocurre / en forma de regalo de empresa”. Huyendo del esteticismo, de cualquier clase de corrección, sin amparo en tradición española alguna (¿Gloria Fuertes + Arrabal?), con imágenes súbitas más propias de los nonsense poems de Lear o Carroll que de algún surrealismo, la poesía de Mercedes Cebrián era impensable antes de ella, es absolutamente singular y fascinante en su alejamiento de todo lo conocido y practicado en su entorno, con unos resultados poéticos que desbordarán a algunos lectores, que irritarán a otros y que no dejarán indiferente, desde luego, a nadie. No imagino qué otro poeta en castellano es capaz de escribir: “koala y pantuflas / pertenecen a un mismo y apacible / campo de la semántica”. Tampoco quién es capaz de disimular tanto dolor (y tanto horror) bajo la algarabía de celofanes azucarados, quién es capaz de interrogarse con tanta sutileza sobre la angustia de lo babélico, de lo globalizado, de lo español (“la España que raspa”, leemos en algún lugar). Mercado Común es un poemario de insólita ternura, un conjunto de preguntas mayúsculas escritas “en minúscula”, un poemario que expresa perfectamente la desolación personal y psicológica en un mundo atrapado por el deseo de alcanzar la felicidad a toda costa, ese objetivo adolescente y ñoño que sólo una mirada falsa y cruelmente infantil como la de Cebrián puede revelar y debelar: “de eso se trataba, de añicos, / de botellas vacías tras la fiesta, de reciclar / el vidrio”.


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Notas
[1] Gilles Deleuze, “Falla y fuegos locales”, en La isla desierta y otros textos; Pre-Textos, Valencia, 2005, p. 205.