sábado, 14 de marzo de 2009

Noches de aburrimiento


Haruki Murakami
After Dark; Tusquets, Barcelona, 2008

He leído ya algunos títulos de Murakami y aún sigo buscando dónde está el “genio”, el “gran novelista de nuestro tiempo” y el “maestro” del que varias críticas hablan. Una sola página de Pynchon o de Coetzee guarda más talento y mayor pregnancia en la memoria que After Dark. Las novelas de Murakami son propicias para personas que necesitan libros sin complicaciones, que se lean rapidito y “de un tirón”; ese tipo de novelas que interesan a quienes no gustan de eso que unos llaman alta literatura y otros literatura a secas. Leer las novelas de Murakami, al menos para mí, es pasar unas horas con la conciencia de que al rato (dos horas, dos días) se desvanecen de la memoria y pasan al limbo de los libros leídos sin ningún tipo de provecho. En El lamento de Portnoy dicen que la estructura temporal de After Dark coincide con la del ritmo de lectura, pero en mi caso no ha llegado ni a la mitad, será que leo muy rápido. Vargas Llosa decía que las novelas de Murakami son frívolas. A mí me parecen superficiales. Cita numerosos novelistas occidentales, pero no parece haber aprendido de ellos. Nulo uso de la elipsis. Nula ambición estilística, estructural o argumental. Ni un párrafo brillante. Ni un pensamiento agudo, elevado o subrayable. El bolígrafo con que suelo anegar de tinta otras novelas señalando hallazgos, citas o diálogos majestuosos queda hoy a un lado, aburrido, inútil. Las conversaciones de After Dark entre Mari y Takahashi son intercambiables con las de Naoko y Töru de Tokio Blues, lo cual quiere decir dos cosas: 1) que Murakami no domina los códigos lingüísticos de los adolescentes frente a los de quienes rozan la treintena y cree que todos hablan igual; 2) también quiere decir que se queda en la superficie psicológica, como si todos los hombres y todas las mujeres del mundo fueran clones, y no hubiera más que un único tipo de pensamiento. También son intercambiables los espacios: el bar nocturno de After Dark es idéntico al que regenta el protagonista de Al sur de la frontera, al oeste del sol. Tokio de noche podría ser Shangai, París o Alpedrete. Ni una sola singularidad espacial, ninguna descripción que llevar a un taller de escritura creativa como modelo. Y así con todas las facetas narrativas. Murakami es autor de un solo personaje femenino y de uno masculino, de un solo espacio, de una sola ciudad, de un solo libro (no demasiado divertido y no demasiado ambicioso). Por ese motivo, es bastante posible que, a no mediar recomendación expresa de algún lector inteligente, After Dark sea el último libro de Murakami que leo. Muy mal debe estar el panorama internacional para considerar a Murakami un maestro en algo, a no ser de los best-sellers escritos con decencia pero… perfectamente olvidables. Pienso en Saramago, en Murakami, en algún narrador español subido al éxito mundial, y me pregunto si para ser un narrador global es requisito indispensable dar la mínima literatura posible en cada libro. Mejor no me contesto.

136 comentarios:

Miguel Espigado dijo...

Hola Vicente. Con este post, creo que te sumas a un pequeño pero creciente número de críticos comprometidos con las vanguardias y la buena literatura que reniegan de Murakami.

Yo quería llamar la atención sobre una de las cosas que me parece que más ha ofendido tu sensibilidad estética, que es la similitud, la repetición, casi el plagio entre diversas obras de Murakami, elementos, etc (bueno, lo dejas perfectamente claro en tu post, para mejor explicación lo mejor es releer la última parte). Yo comparto esa sensación que comentas, pero no ofende mi sensibilidad estética. Me gusta. Considero a Murakami uno de esos autores que están reescribiendo siempre la misma obra, haciendo variaciones y más variaciones de un único tema, de unos únicos personajes, etc. Esto puede ser muy criticable, pero yo lo defiendo desde el punto de vista artístico, aunque desde el comercial (vender siempre la misma novela), puede ser bastante dudoso (eso es inegable). Murakami, que dice beber mucho de la literatura norteamericana, tiene buenos maestros en quien fijarse. Paul Auster, por ejemplo, repite en todas sus novelas casi los mismos personajes, los mismos conflictos, la misma ambientación, y si bien es cierto que, personalmente, ya no lo leo más, sí disfruté de sus novelas como si fueran variaciones de una única historia, un único conflicto y unos únicos personajes que le obsesionan y le sirven de inspiración una y otra vez. Carver es otro escritor americano cuyos relatos tratan, una y otra vez, el mismo conflicto, la misma historia. O Woody Allen, otro americano que se ha pasado décadas repitiendo el mismo personaje, las mismas tramas, etc, y que a mí solo dejó de gustarme cuando, precisamente, dejó de hacerlo, dejó de repetirse, quiero decir. También me vienen a la cabeza algunos pintores que en un momento de sus carreras desarrollaron un estilo pictórico que luego han repetido una y otra vez. Claro que, ¿hasta que punto esto es explotar una fórmula, acomodarse en un formato que controlas y reporta éxito, o hasta que punto corresponde a la pulsión íntima de un artista de desarrollar una sola idea que le obsesiona y aspira a evolucionar y mejorar una y otra vez hasta la perfección? Un saludo.

Juan Carlos Márquez dijo...

Vicente: No sabes cómo me alegro de comprobar que no soy el único a quien no gusta el artificio narrativo del japonés y su escritura pegada a los territorios comunes. Hace algún tiempo un amigo nos recomendó "Tokio Blues" con el siguiente resultado: mi mujer no pasó de la séptima página y yo no llegué.

Anónimo dijo...

(El aburrimiento que pudo reinar, otras crónicas de libros que dan cuerda a su mundo glocal)

“me pregunto si para ser un narrador global es requisito indispensable dar la mínima literatura posible en cada libro”

Contestemos, contestemos. Midamos cantidades de literatura siguiendo el método de Poe de construcción de poemas confrontados con el estilo -porqué no- líquido más propio de Ashbery; contemos los hallazgos de Gracq, comparándolos con el grand style de Philip K Dick... Pero nada de eso hay en sus libros, apenas. Importa la peripecia del personaje, la torrencialidad (pasar página muy rápidamente, sí). En cuanto al nulo uso de la elipsis es una aplicación casi directa de la continuidad informativa de la narración del manga mainstream, y dado que Murakami es mainstream, aquí y en Tokio, no es algo que deba sorprender. Daniel Defoe también es exhaustivo en su registro narrativo, y Thomas Hardy, por cierto muy denostado por Tom McCarthy, este sí un autor de libros extensos-y-densos.

Una actualización del folletín, como podría decir RB de APR. Pero el rasgo hipnótico es algo utilizado por gente tan discutible como brillante a la hora de atrapar el pez dorado (ese big fish de las profundidades). No creo que la narrativa de Murakami tenga otra intención que no sea la de provocar una inmersión momentánea en un mundo muy sencillo: un solo tipo de cosas, como un bar, una conversación, un viaje, una marioneta como personaje. Se trata de querer entrar, también. Y es cierto que lo pone muy difícil. Sus últimos libros no me gustan casi nada, pero me llama la atención, todavía.

La exaltación del personaje/autor), enlazando con la de los autores americanos que ha traducido es algo tan accesorio y prescindible como igualmente extendido en otros campos ajenos o colindantes al literario.
--
[Publicado originalmente el 21/7/2008 a las 10:24]

Blog de Jean-François Fogel

Veinte apuntes sobre Haruki Murakami

En el Times de Londres, Stephen Armstrong publica la lista de las "diez cosas que hay que saber a propósito de Haruki Murakami". Para él, el novelista japonés es el autor que más influencia tiene y también el que más éxito tiene con sus traducciones a 40 idiomas. No hay sorpresas en la lista de los diez puntos:

1. Murakami divide a la gente (los que aman y los que no lo soportan).

2. Murakami tiene tremenda influencia.

3. Sus libros no ofrecen un guión obvio para el cine.

4. Murakami tiene visiones contradictorias sobre su país.

5. Murakami fue el dueño de un club de jazz.

6. Murakami lo debe todo al base-ball (al mirar un partido de pelota en el estadio Jingu, que se ve en la fotografía, tomó la decisión de ser novelista).

7. A Murakami le gustan los gatos.

8. Murakami tiene verdadera afición por la música.

9. A Murakami le gusta correr.

10. Murakami pertenece al romanticismo.

Esto es lo que sabe una persona cualquiera sobre Murakami, pero no explica nada sobre Murakami. Haruki Murakami ha escrito una obra mucho más grande que su persona. Más importantes son los diez puntos sobre lo que una persona aprende al leer Murakami. Me acuerdo de un intento excelente firmado por Javier Aparicio Maydeu, en El País. Es un "decálogo murakamiano apócrifo" añadido a una reseña del libro de cuentos Sauce ciego, mujer dormida. Viene así:

1. Silogismo: la ficción es imaginación y la imaginación es real, luego ¿la ficción es real?

2. Ante la duda, jamás desprecies la ficción de género: Raymond Chandler o J. G. Ballard también valen su peso en oro.

3. Lleva razón Roland Barthes: el que habla (en el relato) no es el que escribe (en la vida) y el que escribe no es el que es.

4. Pulp fiction y Cult fiction conviven en la novela sin necesidad de cuidados especiales.

5. Una fórmula para la felicidad: un vaso de Wild Turkey leyendo cuentos de Carver mientras suena la Suite francesa de Poulenc (o cualquier tema de Bill Evans o Bird Parker, de cualquier grande del jazz, mejor).

6. Un cóctel que nunca falla en narrativa: 1/3 de ambigüedad, 1/3 de humor y 1/3 de memoria inventada.

7. No existe la ficción americana, rusa o japonesa. Existe la ficción (que será global o no será).

8. Kafka en el altar: "Explica lo más extraño como si fuese lo más natural".

9. Balzac y Gauguin discutiendo sobre si Star Trek es mejor que Fort Apache mientras Hitchcock les espera en Starbucks tomando un café.

10. Goyesca japonesa: "El sueño de la ficción produce monstruos".

Esto es una lectura de Murakami, es decir, un viaje sumamente subjetivo en la frontera entre ficción y realidad, con una visita nueva y completa de toda la cultura contemporánea. Me gusta sobre todo el punto nueve, lo de Hitchcock esperando a Balzac y Gauguin.

--

ESTRENO
Kafkita


Á. FERNÁNDEZ-SANTOS
EL PAÍS - Cine - 08-03-2002

Aunque aguado, al compartirlo con Joel Coen por la película más sosa que éste ha hecho, David Lynch ganó el premio al mejor director en el Festival de Cannes por esta brillante y retorcida, artificiosa y, obviamente, sobrevalorada Mulholland Drive, reducción de Kafka a Kafkita en alrededores de un Sunset Boulevard de laboratorio posmoderno y pijo, que también puede darle un Oscar dentro de un par de semanas.
En Mulholland Drive, este elegante y listísimo cineasta estadounidense -maestro en la argucia de hacer pasar como flotaciones contra la corriente a mercancías con deriva descaradamente a favor de ella- es un sagaz vendedor de neveras a esquimales, que recupera aquí su gusto por el guiño de complicidad a la capilla de adoradores que fabrican iconos de papel con sus películas. Y, con astucia y osadía, nos endosa otro de sus célebres gatos travestidos de liebre, que aunque no alcanza el grado de impostura de aquella irrisoria película que dedujo de su serie televisiva Twin Peaks, se acerca a ella en lo que tiene de despliegue de retórica esotérica y de resurrección del viejo, pero cada día más vigente, juego al falso vanguardismo consistente en hacer volar pirotecnias de ideas destinadas al asombrado y boquiabierto burgués, o esquimal, de turno.

El premio en Cannes al Lynch de Mulholland Drive es también merecido si con él se quiere hacer olvidar que tres años antes se dejó de premiar allí a su sencilla, conmovedora y excelente -no es, en modo alguno, casual que no la escribiera él- Una historia verdadera. Y también es un premio justo si lo que se quiere es distinguir el arte, o más bien artilugio, de hacer rizos, a veces preciosos y casi siempre preciosistas, propios de un virtuoso dominador de los juegos de los volúmenes y los tiempos de los encuadres, que en eso David Lynch es todo un maestro y lo ha demostrado, además de en Una historia verdadera, en su otra gran obra, El hombre elefante, además de en bellas ráfagas de otros filmes, como Corazón salvaje.

En estos filmes, Lynch logra alimentar su bien engrasada, y a veces muy afinada e incluso refinada, maquinaria de fabricar misterios con rasgos de verdadera vida, expresados en comportamientos veraces de gentes veraces, reconocibles como congéneres, como vecinos, que no es precisamente lo que les ocurre a los fantoches que deambulan en las oquedades de Mulholland Drive, que quienes no se sienten cobijados bajo ellas tienen derecho a llamar por su nombre, vacíos. Y es el vacío lo que llena las tacadas de exquisiteces esotéricas que flotan dentro en este oscuro filme oscurantista, del que su propio urdidor juega a hacernos creer que él tampoco entiende qué demonios ocurre al final, ni en medio, en un rizo irrefutable del juego a épater le bourgeois, del que Lynch es tan consumado virtuoso como de la mecánica de la dirección de películas.

--

más información


Jay Rubin, Haruki Murakami and the music of words.

http://www.amazon.com/Haruki-Murakami-Music-Words-Rubin/dp/0099455447

--

Otras críticas, para salir de dudas, confirmarlas o caer en la confusión:

Tokyo Blues (Norwegian Wood)

http://lector-malherido.blogspot.com/search/label/Tokio%20Blues

Al sur de la frontera, al este del sol

http://lector-malherido.blogspot.com/search/label/Haruki%20Murakami

http://lector-malherido.blogspot.com/2007/01/haruki-murakami-y-las-pajas.html


Kafka en la orilla

http://lector-malherido.blogspot.com/2007/01/kafka-en-la-orilla-kafka-on-shore-de.html



/
Un saludo,
c.m.

Anónimo dijo...

Me pasó lo mismo con La ofensa de Menéndez Salmón. Me gustaría que alguien me hubiera avisado así. Gracias. Voy a seguir con Imán de Sender, que eso sí.

Tomás Rodríguez Reyes dijo...

mantengo la misma impresión que tú sobre Murakami, pero también sobre otros autores vendidos como genios y resultantes como nada. Un saludo y una invitación a mi blog. Salud

Stalker dijo...

Vicente, no se puede estar más de acuerdo contigo. Murakami parece un escritor que refleja muy bien el "signo de los tiempos": una literatura inocua, perfectamente edulcorada y adocenada, pero que reviste un cierto celofán como producto de "calidad".

El único y tímido apunte de originalidad o fuerza que he leído en Murakami es la descripción del encierro y tortura (desollado vivo) del militar japonés en China en "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo", y ni siquiera eso compensa la lectura de una novela tan larga y poco estimulante...

Pero la pregunta que hemos de plantearnos, Vicente, es la siguiente: ¿por qué perdemos el tiempo leyendo estos libros? Se me ocurren varias respuestas, algunas inquietantes.

Hace poco he releído "El gran cuaderno", de Agotta Krystoff. De nuevo me golpeó como pocas novelas. Si no lo conoces es una recomendación que me permito hacerte, apenas 100 páginas inolvidables, únicas, brutales.

Abrazos

hombredebarro dijo...

Y sin embargo, aún no tienes del todo claro que sea el último libro suyo que lees. Si han conseguido eso contigo qué no lograran con otros lectores menos avezados. Normalmente no está mal leer libros mediocres, casi todos lo son. Lo malo, a mi modo de ver, es que todos leamos los mismos libros mediocres. Ya es cojonudo cuando damos con alguno que nos entusiasma, sobre el que intentamos crear un criterio de objetiva excelencia. Para quienes nos interesan las diferentes formas de contar el mundo (creo que el mundo se puede contar, a pesar de la opción de esquivar las historias para contarlo) leer lo peor es tan interesante como leer lo mejor o lo mediocre, teniendo en cuenta que en una escritura que se tenga por verdad esos términos en los que se compara la calidad de una obra han de ser manejados con distancia y prudencia. No hay reglas para escribir el mundo. Soy yo el que pone las reglas. Si no me pertenecen para qué escribir lo que ya está escrito, o leer lo que y está leído. Así que a veces lo mejor y lo peor pueden ser la misma cosa. Lo que no se puede aguantar es más de lo mismo. Tanto pienso como nos dan para comer y leer.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Es que este libro es el peor de los del japonés. Te doy la razón en lo de la identidad de ciertos espacios y añado que también algunos personajes, sobre todo los adolescentes, suelen tener el mismo conflicto y responder del mismo modo en casi todas sus historias. Pero, ¿piensas lo mismo de Al sur de la frontera, al oeste del sol o de Kafka en la orilla? Para mí Kafka en la orilla, que creo que hasta ahora es su mejor novela, tiene un toque lynchiano que es fascinante.

Un Saludo.
Oche

Vicente Luis Mora dijo...

Uy, creo que voy a tomar un café antes de contestar a todo esto.

Sergi Bellver dijo...

Mientras te tomas el café, Vicente, te diré que como lector ni me gusta ni me motiva el trabajo de Murakami o del mencionado Saramago. Y claro (resulta obvio), como escritor ni me plantean retos ni me hacen tomar notas compulsivamente, como me sucede con otros. Sí, escritura decente, resolutiva, y tal vez un primer pasito para muchos lectores (sostengo que un lector primerizo puede pasar de Saramago a obras mayores -con todos mis respetos por el luso-, y que no todo está perdido, al menos lo observo en muchos de mis alumnos, que llegan leyendo a Coelho -con perdón- y terminan pidiéndome, emocionados por el descubrimiento de LA literatura, más títulos de Cheever o Ford, después de pasar por estadios intermedios).

Como lectura de consumo "decente", pase. Ahora bien, como apuesta literaria (de alta literatura, o baja, o flaca, o gorda, pero sobre todo, como literatura VIVA), no cuela. Y en ese terreno la crítica y los medios mainstream son cómplices del despropósito. Espero que en otra escala no estemos repitiendo las mismas inercias en la literatura española y latinoamericana, grupo por grupo, secta por secta, encumbrando escrituras baldías y escritores vigoréxicos. En fin, la mejor profilaxis al final es hacer caso del boca a oreja de quien te fías (de quien tiene un criterio en el que confiar). Lo demás pertenece al negocio y al Mercado.

Ya que estamos, del autor español que hablas sin dar nombres (apuesto saber a quién tienes en mente, porque me conozco ya como la palma de mi mano ese mapa sutil que con el tiempo se va armando entre las lecturas de todos los que considero con criterio), y de otros autores parecidos, creo que su "problema" no es tanto la falta de recursos como el deseo de figurar. Eso es por su misma concepción viciada del "éxito", que es lo que termina por marcar la pauta para -casi- todo el mundo literario (para mí, "éxito" es terminar un jodido relato después de dos meses, quedar moderadamente satisfecho y que encima le guste a alguien que yo respete como lector). Creo que cuando la carrera importa más que la obra, y el resultado más que la búsqueda, se dan esta clase de libros-burbuja que vuelan alto a las primeras de cambio pero no resisten el paso de los años.

Todavía seguimos leyendo a Céline o a Mann o a Miller o a Kafka. Y, francamente, ha llegado un momento en el que ya no le doy segundas oportunidades a ciertos autores. Seguro que cualquier día me pierdo un buen libro de Murakami, y que los tendrá mejores, vale. Pero una vida no da para todo lo que se ha publicado ni las 24 horas del día para todo lo que llega como novedad. Entonces, ¿para qué volver a leer a Murakami si todavía me faltan títulos de Céline, Mann, Miller o Kafka, o si de repente me cruzo con un escritor del ahora que sí me motiva y me obliga a las anotaciones constantes, mientras musito un admirado "qué cabrón" entre dientes?

Abrazos.

Marta María López dijo...

Murakami no resiste una comparación con Pynchon o Coetzee, de acuerdo, pero es que casi ningún autor actual resistiría una comparación con ellos o con Agota Kristoff, por nombrar algunos autores que ya han sido nombrados aquí. El problema de Murakami no es tanto que no sea un genio como que lo hayan vendido como tal. Creo que es un escritor pasable, aburrido por momentos, repetitivo la mayoría de las veces, incluso superficial. Sus cuentos son mucho mejores que sus novelas y dentro de sus novelas, las primeras son mejores que las últimas. Yo he leído cuatro o cinco novelas suyas y el libro de relatos. Es cierto que no hay ambiente japonés, el ambiente es aséptico, transcurre en Japón porque el narrador lo dice, pero no hay nada que así lo indique a excepción de los nombres de los personajes y, en algunas novelas, el tema del suicidio como escape ante la presión, un tema que él trata muy a la japonesa. Por todo lo demás, sus influencias son americanas, incluso en su amor por el jazz, que aparece tanto en su literatura. No podemos olvidar que al lado del Japón más tradicional convive otro Japón muy americanizado y que algunos de los autores japoneses más japonesistas usan también mucho los tópicos, los lugares comunes. Tampoco podemos olvidar que Murakami recrea de alguna manera el mundo de los libros que leyó y que está enfermo de literatura, que aquellos que lo llaman romántico están en lo cierto. Él recrea un mundo literario, no real, sus personajes masculinos se enamoran de mujeres a las que ni conocen ni comprenden pero “crean” en su imaginación un contenido para el continente que tienen ante los ojos. Si queremos leer literatura japonesa que recree el mundo japonés, abramos libros de Kawabata y Mishima, no de Banana Yosimoto ni de Haruki Murakami.
Y a pesar de todo ello, hay cosas de Murakami que a mí sí me interesan, hay momentos en los que logra crear una atmósfera, tal y como dice otro comentarista, que me recuerda a Lynch. Murakami no es un genio, pero ¿cuántos escritores actuales, vivos y en activo lo son?

Un saludo.

Anónimo dijo...

Hace varios años recuerdo la aparición de N.P., de Banana Yoshimoto, como un minidescubrimiento, igual con Kitchen. Me ocurrió casi lo mismo con la crónica del pájaro. Ni me pareció que era lo mejor despues del calimocho ni me vi bajo presión para leerlo "porque tocaba" (recordemos esas fajas avisando a los presuntos traidores: HAY QUE LEER A...) No he tenido la sensación de tener que probar un sabor decepcionante, porque tampoco esperaba tanto en principio. Si antes he incluido la crítica de Mulholland Drive es por que existe una relación semejante lector/espectador, y no hablo de la calidad de cada uno, sino de la falta de sentido, el esquematismo y la libre asociación. Me quedo con Lynch de largo, pero eso ya es algo personal, y me estaría yendo del aburrimiento hacia otra noche oscura.

A lo mejor, simplemente, la fortuna de Murakami se debe a una adscripción errónea. Los libros -en este caso, pero podría tratarse de otros objetos- de este “autor” no habrían de leerse como literatura, ni siquiera como entretenimiento a-literario; (repetitivos son, eso seguro). Son sucedáneos perfectos de sueños de la realidad. Son sustitutos, replicantes de una imaginación que no va muy lejos. Es el decir, como casi todas, de un alcance limitado de lo posible. Es probable que esa “normalidad” dentro del ámbito narrativo sea considerada como algo atractivo por muchas personas, que se acercan a lo que llaman “su mundo”, obteniendo un reflejo apagado, pero un reflejo al fin y al cabo, de unas cuantas imágenes generalizadas por los media, una sensibilidad amortiguada y amorfa incapaz de escribirse. Es una posibilidad de escape, y un motivo de éxito. Un saludo y hasta otra.
--
Para exageraciones ver esto:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/cena/gallega/Murakami/elpepicul/20090314elpepicul_1/Tes
--
c.m.

Vicente Luis Mora dijo...

1. Miguel, precisamente por eso me interesan tan poco Paul Auster y literaturas afines a la suya. Comencé leyendo hace siglos The New York Trilogy y me encantó. Luego seguí leyendo y me di cuenta de que todo cuando leía era mera sombra de aquello. El resultado: Auster, como tantos otros, ha hecho una buena novela. Creo –por ser un poco autocrítico– que esta animadversión que siento por los novelistas de un solo libro o los poetas de un solo poema puede venir de mi poética como escritor, que intenta no repetir jamás el mismo libro, y que se reinventa en cada entrega. Pero es que así son los escritores que más me gustan, con algunas excepciones (porque me gustan muchos escritores, incluso el Paul Auster de la trilogía), y es que creo que la literatura de calidad está sustancialmente ligada a la originalidad bien entendida, lejos del “originalismo”: un mal a combatir, tan pernicioso como el tradicionalismo. Y uno no puede ser original solamente una vez, debe mantener esa tensión a lo largo de su carrera. Si es un buen escritor, no le resultará fácil hacerlo. Si no puede hacerlo, quizá no sea tan buen escritor: se convierte en un tradicionalista de sí mismo, lo cual además de pobreza indica soberbia.

2. A la literatura tipo Murakami Baudelaire la llamaba “literatura ligera”. Tiene su sitio en el mercado editorial, incluso en las lecturas intrascendentales que de vez en cuando uno debe (subrayo debe) echarse al gaznate, siquiera para luego poder distinguir las grandes obras del resto.

3. La anterior es una de las posibilidades de “por qué leemos estos libros”, que un par de comentaristas han señalado. Les diré por qué he leído yo a Murakami. Lo he leído porque un amigo me regaló Tokio Blues. “Vaya tostón insustancial”, pensé al cerrarlo. Lo único que me gustó fue esa imagen de un agujero en el campo que nadie es capaz de localizar. Al describirse antes de la página 30, el libro podría haber acabado ahí, siendo igual de superficial, pero al menos hubiera funcionado como cuento con una imagen interesante. Entonces, ¿Por qué he seguido leyendo a Murakami? Pues porque uno no quiere ser eternamente el pepito grillo de la crítica, y piensa: “a ver, Vicente, si este tipo obtiene estos elogios y es publicado en todas partes, debe ser que has tenido mala suerte con el libro elegido, o que Murakami ha podido seguir escribiendo otras cosas mejores. Así que a seguir trabajando: léelo”. Ya ven, uno intenta ser bueno, y a pesar de eso resulta ser el enfant terrible de la crítica hispana, según algunos artículos. Bueno, podría ser peor, podría ser un crítico mainstream, como bien apunta Carlos. El caso es que por eso he seguido leyendo a Murakami, para ver si encontraba ese algo que justificase la histeria mundial. Por supuesto, lo he encontrado: la histeria mundial, en temas de literatura, se basa en esto: dadnos algo que parezca literatura siendo un best seller o una cosa ligerita que todo el mundo pueda entender (y que, sobre todo, sea muy “filmable”) y lo convertiremos en un éxito global: y de ahí salen los ciegos de Saramago, las sedas de Baricco, los clubes de jazz de Murakami y tantas otras zarandajas.

4. Mientras escribo esto, Sergi Bellver cuelga un comentario inteligente, como todos los suyos, donde apunta otro valor para este tipo de libros que a mí no se me había ocurrido: hacer de enlace para niños o jóvenes con la literatura digna del nombre. Esto me parece bien: cumple lo que hicieron en mi caso algunas novelas de aventuras, de piratas o de ciencia ficción de baja estofa. Sí, Murakami puede ser la novela de aventuras de nuestro tiempo, porque en nuestro tiempo no pasa nada, está detenido en el mismo inane “momento 24/7” globalizado, cuya nadería tan bien describen esas noches en blanco murakamianas. Las aventuras de hoy se reducen a salir de noche a tomar copas intentando que no te roben o no te rajen (o ambas cosas).

5. Respecto a las asociaciones, muy populares también, entre Murakami y Lynch, Murakami y el surrealismo y Murakami y Kafka, prefiero no entrar porque me pongo atómico. Creo que Lynch, Kafka y el surrealismo merecen algo más que ciertas comparaciones. Sé que Lynch, Marta, instalado también durante un tiempo (ya no, ojo) en el cine comercial, puede ser menos refractario a la asociación, pero el irracionalismo de sus películas es profundo, y no es en absoluto circunstancial, como en el caso de Mukarami, que es solo “puntualmente lisérgico”, como algún comentarista ha señalado, y no irracional. Lo irracional es la poética de Lynch; en Murakami es un recurso momentáneo y pocas veces coherente con el realismo ramplón y de poca altura que nutre la mayor parte de sus páginas. Saludos a todos y gracias.

Marta María López dijo...

1. Cuando comparo a Lynch (la mayoría de cuyas películas me parecen obras de arte sin parangón en el cine por su originalidad y su profundo conocimiento de la extrañeza y de esa máxima de que la normalidad sólo es un espejismo) con Murakami, lo hago del siguiente modo: la mejor novela de Murakami (que tampoco es que sea gran cosa) con lo peor del cine más comercial de Lynch (que aún así tiene su punto de interés) y ahí sí encuentro algunos destellos. Pálidos destellos, por supuesto, porque no estoy ni de lejos comparándolos “seriamente”.

2. Cuando digo que Murakami es un escritor pasable, lo digo desde el grupo dentro del que lo encuadro: comercial y de puro entretenimiento. Jamás he mirado a Murakami con los ojos con los que sí miro, por ejemplo, a Kawabata o a Mishima. Nunca he esperado más de Murakami que lo que sabía que daba de sí después de leer la primera novela. Yo he leído muchas novelas de Murakami, no por gusto, sino porque iba por las tardes a leerle a mi madrina, que estaba en una residencia, y a ella le encantaba que le leyese estas novelas. Reconozco que cuando leo busco una visión del mundo y un buceo por el ser humano (suena cursi decirlo así, pero es cierto). Hay otra mucha gente que sólo busca pasar un buen rato y que le cuenten una historia que le enganche. No entro ni salgo en esta última visión de la literatura porque sería larguísimo. Hubo un momento en que prodesse et delectare se convirtieron casi en incompatibles y la tendencia del delectare se simplificó hasta lo que hoy tenemos en algunas librerías, en las carteleras del cine… Es triste, pero es.

Saludos, Vicente.

Vicente Luis Mora dijo...

Marta, con respecto a tu 2, y al planteamiento anterior al respecto, estoy totalmente de acuerdo. Sólo quería puntualizar el tema Lynch; pero según tu última precisión, tampoco hay nada que objetar. El peor Lynch y el mejor Murakami pueden tener algo que ver. Pero creo, como tú, que el mejor Lynch es inalcanzable por el multipremiado Sr. Murakami. No hay discrepancias entre nosotros. Gracias por tu participación.

logiciel dijo...

A mí me parece que los libros para llevar a la playa también son necesarios, y lo digo completamente en serio.
Con las gotas de sudor resbalándome por la nariz no podría leer otra cosa que Murakamis o Zafones, y mientras resulten distraídos, me parece que ya está bien.

Vicente Luis Mora dijo...

Soy alérgico al sol, Logiciel (no es broma). Sólo puedo bajar a la playa por la noche, a pasear. Saludos.

josé luis molinuevo dijo...

Tienes razón Vicente, pero me da la impresión que tu crítica alcanza al Murakami modélico en literatura, pero no al ejemplar. Y en este sentido a mi me resulta muy interesante. Como su homónimo en arte es toda una mina para filósofos y críticos new age. Por esa razón he comentado todas sus obras desde el comienzo de mi blog hasta caer literalmente dormido de aburrimiento pero sin renunciar, como sabes, a incluirle en mi último libro por ser un ejemplo valioso de la factoría Danto, de esa belleza(?) que ha huido del arte refugiándose en la vida...de Peter Pan.

Apostillas literarias dijo...

Totsl y absolutamente de acuerdo con lo que dices sobre Murakami. Me provocan lo mismo.

Anónimo dijo...

(Es probable que se haya perdido algo por la cibervía, de modo que puede que se repita algún párrafo que envié en el correo desaparecido, mis disculpas si al final estoy equivocado)

A lo mejor, simplemente, la fortuna de Murakami se debe a una adscripción errónea. Los libros -en este caso, pero podría tratarse de otros objetos- de este “autor” no habrían de leerse como literatura, ni siquiera como entretenimiento a-literario; (repetitivos son, eso seguro). Son sucedáneos perfectos de sueños de la realidad. Sustitutos, replicantes de una imaginación que no va muy lejos. Es el decir, como casi todas, de un alcance limitado de lo posible. Es probable que esa “normalidad” dentro del ámbito narrativo sea visto como algo atractivo -de manera ocasional o permanente- por muchas personas, que se acercan a lo que llaman “su mundo”, obteniendo un reflejo apagado, pero un reflejo al fin y al cabo, de unas cuantas imágenes generalizadas por los media; una sensibilidad amortiguada y amorfa incapaz de escribirse. Es quizás algo que puede sucedernos al margen de la calidad de una obra. Es una posibilidad de escape, y un motivo de su éxito.


La afición de Murakami por LOST, como antes por Twin Peaks sí que me hace pensar que fue por lo más superficial de esta segunda. Pero un gusto adquirido por la manipulación arbitraria del espectador no es algo a destacar como algo demasiado positivo. En la serie, más interesante llegan a ser el corolario virtual, las consecuencias tangibles de esta isla que la serie misma, de alguna manera una metáfora de la obra de arte contemporánea. ¿Un dodo de isla Mauricio,a punto de extinción, o alguien incapaz de soñar, como en el ciclo Vurt de Jeff Noon?


Y en cuanto a Lynch-Murakami; en modo alguno estoy comparando los mundos expresivos de estos dos autores como la actitud con la que son recibidos. (Entrar o no entrar, pasar o no pasar al final del pasillo, descender por el pozo de paredes membranosas)

Se podría comentar, de paso, el desdén de clásico “realismo español”, con que se despacha la inverosimilitud de unas cuantas novelas, cuando otras son ensalzadas por desarrollarse en espacios intermedios de sentido mejor considerados. La cruz de unas cuantas propuestas escritas en castellano no es la infinitud de lo que asumen los argumentos, sino más bien la incredulidad con la que el lector medio suele acogerlas. Saltando al medio audiovisual, suele ser mejor aceptado un Farscape, un Stargate S-1, que cualquier serie futurista española (el antiejemplo de “Plutón...” dice mucho de la rémora de tardocostumbrismo que parece casi obligatoria en la ficción televisiva nacional) Las variaciones de las aventuras actuales, en las que -por suerte- no todo pasa por no ser rajado de camino a una discoteca o de regreso de unas copas, será siempre mejor vista con otros filtros o nacionalidades. Creo que esa especie de exotismo es una de las fuentes del boom coyuntural de ciertos autores.

Otras repeticiones. La rutina de la eterna retirada de António Lobo Antunes. Con lo que me suelen gustar algunos de sus libros, y qué pesadez con algunas declaraciones. Me quedo con una de ellas en las que afirmaba leer, o echarse al gaznate, unas cuantas malas novelas, pues disfrutaba viendo las costuras, la mala carpintería con sus clavos torcidos. Volvemos al sudor y a la playa de día.

En cuanto a la irregularidad, es algo que ya no se discute en César Aira, se incluye como parte indisoluble de su obra, algo que no pierde ocasión de remachar en según que entrevistas el argentino. Una actitud muy saludable para él, ¿para todos?

Maneras de escribir. Martin Amis en El infierno imbécil, donde dice que Burroughs es un escritor de malas novelas con grandes momentos.


--
Joy in repetition: Qué decir de autores (casi) para todos los públicos como dos Toms, Spanbauer o Robbins (Still life with woodpecker, un libro que transcurre en el interior de una cajetilla de Camel), cada uno con un universo personal, y sin embargo de fácil entrada en los mismos. Y hay unos cuantos así en Estados Unidos, por comenzar con aquellos autores influyentes en el corredor que tuvo un club de jazz. Ya dijo Thomas Disch que la ciencia ficción debía ser el género propio de su país, por ser este una nación de mentirosos.

Sin duda, hoy he tomado demasiado café, disculpad la longitud. Hasta otra.


--
c.m.

Anónimo dijo...

Bloom the Strong Misreader: (...)quién puede saber en este mal momento qué sobrevivirá o no. Un mundo donde J. K. Rowling es considerada una gran escritora no es un mundo en que podría prever un gran futuro para la literatura. Pero déjame llegar a mi punto crucial. Es lo que he enseñado y es sobre lo cual insisto siempre. Sólo importan tres cualidades en una obra literaria: poder cognitivo (que incluye la originalidad, por supuesto); belleza (esplendor estético); y sabiduría. Esas son las tres cualidades. Solamente estas tres cualidades sirven para juzgar la literatura. Homero sobrevive por eso. Cervantes es supremo por eso. Shakespeare es supremo por eso. Goethe es supremo por eso. Whitman es supremo por eso. Whitman tiene sabiduría, Whitman tiene originalidad cognitiva y un esplendor estético extraordinario. Y por lo tanto sobrevivió."

http://salonkritik.net/08-09/2009/03/lo_mejor_de_la_cultura_america.php#more

Vicente Luis Mora dijo...

En otras cosas difiero de Bloom, pero ese párrafo lo suscribo palabra por palabra. Siempre y cuando entendamos "esplendor estético" en un sentido más abierto que el de la estética clásica, por supuesto, que incluya -cuando sea pertinente- incluso ciertos feísmos. Por lo demás, el párrafo es impecable. Saludos.

Manuel G. dijo...

Vaya por Dios, me ha pillado leyendo Tokio Blues.

Yo voy a defender a Murakami. Desde unos presupuestos determinados comprendo que Murakami parezca pobre, pero el interés de este autor, para mi, puede estar en otro lado.

Alguien que conozco hacía una crítica a Murakami desde el presupuesto de que era un narrador de un Japón moderno y urbanita, sin diferencias con Occidente. Desde ese presupuesto quizás haya escritores mejores. Pero yo no leo a Murakami así, sino que lo hago siendo muy consciente de estar ante un escritor japonés de literatura fantástica y surrealista.

Pero su surrealismo tampoco es habitual. Su forma de narrar es de una simplicidad extrema, sin florituras, casi naif, muy extraño quizás para cánones occidentales, que va creando un mundo interior bastante creíble, y que termina por sugerir leves extrañamientos, o descoyuntamientos, con la realidad, para rozar delicadamente el surrealismo, sin que el lector sepa a ciencia cierta estar fuera de este mundo.

A su vez, la simbología y los arquetipos de los mitos japoneses están presentes: los espíritus de los bosques, las damas dolientes que llenan la literatura clásica japonesa, las montañas mágicas.... Ese aliento se esconde en la la narrativa de Murakami. Y ojo, el proceso de actualizar los arquetipos antiguos, para hacerlos modernos, también es algo que puso en práctica Joyce, tan sutilmente quizás como Murakami.

Partiendo de unos presupuestos determinados, si quiere verse como un autor urbano, occidental, realista, postmoderno... probablemente se tendrá derecho a aborrecer de Murakami. Pero con otros presupuestos, quizás más cercanos a la literatura clásica japonesa y a la literatura fantástica, la lectura de Murakami resulta mucho más rica. Y las asociaciones creadas fascinantes.

¿Por qué cambiaría esto la percepción?. Pongo un ejemplo: ¿no se empobrecería la lectura de una obra como Moby Dick, sin ser conscientes de todas las resonancias y asociaciones bíblicas que contiene, para querer verla como una simple narración realista de la caza de ballenas?. Yo creo que esas asociaciones enriquecen mucho la lectura de Murakami para quien sepa leerlas.

Ryunosuke Akutagawa, Kobo Abe, Kafka, Julien Gracq, Buzzati...serían para mi mejores referencias que otras de la literatura occidental (que por otro lado, engañosamente, muchas veces el autor menciona en sus obras) para entender a Murakami.

Manuel G. dijo...

Murakami lo dice, que no le gustaría escribir nada más si tuviera que ser siempre realista, si no pudiera introducir elementos fantásticos.

Quizás a un nivel superficial se corresponda con un autor que enclava la narración en el Japón moderno, el mundo moderno, pero a un nivel más profundo, creo que las cuestiones que he dicho antes son más importantes.

Si el presupuesto es describir la realidad, puede fracasar; pero si el presupuesto es crear una aguda atmósfera fantástica sobre esta realidad, que te meta en el misterio, yo creo que es muy bueno.

Es verdad que se parece a Lynch, pero Murakami es mucho más delicado a la hora de mezclar el mundo real y el de fantasía. Lynch salta al otro mundo de manera brusca. En Murakami es algo leve, apenas perceptible.

Otro ejemplo de autor para mi malinterpretado podía ser Bernardo Atxaga. Lo veo interesante, pero por cosas que no leo ni en las críticas en contra, ni en las alabanzas a favor. De lectura mucho más rica si se conoce la literatura y la mitología vasca, de donde bebe.

Vicente Luis Mora dijo...

Puedo puntualizar, Manuel, casi cada cosa que dices, pero es que no estamos en la misma onda, no estamos hablando de lo mismo. Bastará, para hacerme entender, con apuntar algo irrefutable: Murakami nunca, jamás, aunque escriba toda su vida y viva 300 años, tendrá el talento suficiente para escribir este párrafo de Moby Dick, que tampoco es de los más brillantes:

“With a wild whimsiness, he now used his coffin for a sea-chest; and emptying into it his canvas bag of clothes, set them in order there. Many spare hours he spent, in carving the lid with all manner of grotesque figures and drawings; and it seemed that hereby he was striving, in his rude way, to copy parts of the twisted tattooing on his body. And this tattooing had been the work of a departed prophet and seer of his island, who, by those hieroglyphic marks, had written out on his body a complete theory of the heavens and the earth, and a mystical treatise on the art of attaining truth; so that Queequeg in his own proper persona was a riddle to unfold; a wondrous work in one volume; but whose mysteries not even himself could read, though his on live heart beat against them; and these mysteries were therefore destined in the end to moulder away with the living parchment whereon they were inscribed, and so be unsolved to the last” (chapter 110).

No es la agudeza de la mirada, no es la riqueza de la comparación: es, pura y simplemente, el modo inmortal en que Melville siente el idioma inglés, es la carga de cientos de años de uso de la lengua que Melville siente antes de escribir, y frente a la cual se siente responsable; es un don que Murakami ni siquiera sospecha.

Es como comparar a Maradona con un futbolista de tercera regional, o a Beethoven con Britney Spears. Saludos.

Doctor Infierno dijo...

¿Haruki Murakami = Takashi Murakami?

"dadnos algo que parezca literatura/arte siendo un best seller/o una cosa ligerita que todo el mundo pueda entender (y que, sobre todo, sea muy “filmable”) y lo convertiremos en un éxito global"

EL SÍNDROME MURAKAMI.
Estreno inminente en los principales escaparates.

(apedread esos escaparates)

Portnoy dijo...

Por alusiones, pero seré breve.
Creo que hay dos Murakamis, el sensiblero y el siniestro, y desde luego prefiero el siniestro. El sensiblero es el que le ha dado fama internacional y le ha convertido en un fenómeno de masas en Japón. No me gusta Tokio blues ni las otras novelas de ese estilo. Sin embargo El pájaro que da cuerda al mundo y La caza del carnero salvaje me parecen obras muy inteligentes.
Sobre la sencillez narrativa no hay más que decir. Pero no creo que la sencillez sea un defecto siempre. No me parece que lo sea en Murakami, sí me lo parece en el sobrevalorado Saramago.
Hay una frontera entre la Alta Literatura (sea lo que sea eso) y los Best sellers. En esa franja se mueve Murakami y también Auster, junto a muchos otros.
La relación con Lynch es puramente ambiental y consiste en la utilización de la inquietud como motor narrativo. Lynch y Murakami, por trabajar distintos medios, son incomparables.
Se puede estar comprometido con las vanguardias y la buena literatura... pero creo que ese compromiso supone en cierta manera ignorar esa franja intermedia... entonces, ¿por qué denostar a Murakami?
Un saludo

Manuel G. dijo...

En el tema del lenguaje, por desgracia no podemos valorar a Murakami en el original. Pero desde Japón no parecen señalar el lenguaje de Murakami como un valor. No estaba tratando ahora de ponerlo al nivel de Melville, sino señalando un ejemplo sobre cómo una obra se puede empobrecer según su interpretación.

Otra cuestión es si una obra de literatura fantástica tiene derecho a ser considerada al nivel de las obras "realistas". Cuando a Murakami se le baraja en la jerarquía se hace desde los presupuestos de la literatura "Realista-social-crítica-comprometida..." la considerada literatura "seria"... ¿Es justo valorarlo desde presupuestos que no maneja?

También se ha hablado de Bloom: genios como Shakespeare, Goethe, Cervantes... !vaya!...el problema de Bloom es que no se puede ir más a lo seguro, y así no tiene gracia ninguna, es redundante y no aporta nada nuevo.

Vicente Luis Mora dijo...

Bloom respondería: no se trata de que sea nuevo lo que yo diga, sino que sea nuevo (y bueno, y sabio) lo que los escritores digan.

Se trata, Portnoy, de comunicar a los lectores interesados -que vienen por aquí a ver qué pueden leer, lo sé porque ellos me lo dicen vía mail o, antes, personalmente-, en qué libros no deben perder su tiempo cuando hay otros, y por qué. Eso es todo. No hay nada personal, Murakami parece un buen tipo en las fotos, pero entre la Alta literatura y los best-sellers, como dices, hay una "franja". Esa franja se llama Baja Literatura o literatura ligera, prescindible, frente a la imprescindibilidad de la alta o gran literatura. No es denostación, sino mero ajuste. Saludos y gracias por venir.

Manuel G. dijo...

Se me ocurre que para enclavar a Murakami habría que hacerlo con otros autores occidentales de corte fantástico (o de la ciencia ficción). Se me aparecen por ejemplo dos: Philip K. Dick y Ballard. A ninguno de estos dos autores se les pide que no escriban como lo hacen sobre temas y parcelas específicas de un modo particular, sobre asuntos de cierta temática concreta; ni se les pide que hagan grandes novelas totalizadoras sobre nuestra época. Escriben sobre aspectos muy parciales de la realidad o la fantasía, con herramientas, recursos y estilos que no son los de la “alta” literatura. Dicho esto, además, me recuerdan en muchos aspectos a Murakami por sus estilos sencillos en extremo, sus mundos extraños, sus atmósferas irreales.

Estos dos autores tienen su espacio, en cierta manera diferente al de los otros grandes autores “serios” de la literatura mundial, y son valorados de otra manera, sin que nadie que yo sepa pretenda establecer comparaciones. Pero a Murakami sí se le está comparando con la literatura “sesuda o ceñuda” (por no llamarla “seria”, de nuevo).

Lo mismo que al cómic no se le pediría nunca que fuera como la novela, a un autor de corte fantástico no se le puede pedir lo mismo que se le pide en otros géneros. El género fantástico tiene otros presupuestos, por ejemplo, en él es lícito buscar una sencillez y una claridad para centrarse en la descripción de mundos especiales; es lícito idear situaciones extrañas, cerradas y muy específicas, simplificadas en condiciones de laboratorio, fuera del mundo real; es lícito eliminar el alto lenguaje literario; es lícito descuidar todo tipo de técnicas, adornos, florituras, tramas...a veces simplemente para centrase en algo muy concreto.

Todo puede ser más simple en muchos aspectos, incluso en el límite de lo infantil o naif, en función de que el objetivo sea ante todo proyectar una situación fantástica. Y esto nadie se lo reprocha a Dick o Ballard, al describir por ejemplo a un grupo de exploradores cibernéticos en una ciudad virtual muy esquemática; o cuando se narra el viaje de unos astronautas por una inmensa sala de espera espacial. Sí, hay poco lugar para un estilo genial, o una descripción total del ser humano etc... pero no se trata de eso.

Resumiendo, creo que Murakami es un escritor que habría que poner en el ámbito crítico de lo que representan por ejemplo autores como Dick y Ballard, en un ámbito parecido de pretensiones, ambiciones, mecanismos desplegados... Y además, encima, tener en cuenta que es un escritor japonés, sobre quien nuestros patrones etnocéntricos en muchos casos van ser a ser injustos.

SOLRAC dijo...

He leído atontamente todos sus comentarios sobre Murakami y he decidido no perder ni un segundo de mi tiempo de lectura en él. ¿Por qué habría de hacerlo, si aún no he terminado con Faulkner, ni he empezado con deLillo?

Salúdicos

Vicente Luis Mora dijo...

Estimado amigo Solrac, que creo opina usted aquí por vez primera, voy a darle un consejo que me agradecerá dentro de unos meses: siga usted con Faulkner y luego pase a DeLillo, leyendo sus libros comenzando por este orden:

Submundo
Mao II
Ruido de Fondo
Jugadores
Americana
Cosmópolis
Body Art

Falling Man
, El hombre del salto, no la he leído aún, ni sus otras novelas, tiene bastantes. Pero esas siete novelas son uno de los corpus narrativos más sólidos y fascinantes de finales del XX y principios del XXI. Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

Volvamos a los orígenes: Murakami es japonés.
Pedro Pablo Custodio no.

Juan Carlos Márquez dijo...

He leído "atontamente", escribe Solrac en una errata impagable, y quizá sea eso lo que pasa con Murakami, que hay que leerlo un poco "atontamente" para salir bien parado.

Fram dijo...

Hola, amigos. Hacía tiempo que no intervenía, lo cual no significa que no siguiera con interés los debates.

Manuel G. me ha tocado la vena sensible cuando ha escrito que "Lo mismo que al cómic no se le pediría nunca que fuera como la novela,(...)". En rigor, eso es imposible, como lo sería que una película fuera como una novela o una obra de teatro como una novela y así hasta el infinito. Son medios (lenguajes) diferentes, con sus propias gramáticas, convenciones, normas, ...
Pero sí se le puede pedir al cómic que sea tan "culturalmente elevado" como algunas novelas cumbres de la literatura; de hecho, ya existen historietas así, a pesar de lo cual, el imaginario popular sigue viendo al cómic como un medio subcultural juvenil, un prejuicio del que la mayoría (ni los intelectuales que presumen de progresía y aperturismo mental) no ha podido desprenderse.

Y haciendome eco de las palabras de Vicente, los historietistas que alcanzan la excelencia son aquellos que asumen los años de construcción del lenguaje historietístico, los logros narrativos y son capaces de avanzar un paso o varios en su desarrollo, al tiempo que desarrollan un contenido trascendente. No me vale que se reivindique un tebeo porque fue el primero en el que apareció un superhéroe homosexual, por ejemplo. Este cómic puede tener interes histórico documental, sociológico, etc. pero si como construcción lingüística no trasciende, el contenido no basta por sí sólo para elevarlo a un lugar que no es pertinente.

Salú-2.

Vicente Luis Mora dijo...

Chapeau, Fram. Por eso, precisamente, hubo que inventar el término "novela gráfica" cuando apareció Watchmen, porque de pronto se había levantado algo entre ese cómic y los demás. Su revolución en el lenguaje expresivo del tebeo fue tal que, como en el caso de El Quijote, apareció una dimensión que antes no existía tan claramente definida o que era invisible hasta entonces. Profundizar en los medios expresivos (tanto en el lenguaje como en las estructuras), ese es el reto y esa es la señal inconfundible de la literatura de verdad y del arte de verdad. El resto son consumibles perecederos. Saludos, Fram.

María dijo...

Hola a todos. Tengo 16 años y no estoy de acuerdo con algunas de las cosas que se están diciendo aquí. No creo, la verdad, que de la mala o mediocre literatura se pueda saltar a la alta literatura. La mayoría de la gente de mi edad o no lee nada o lee porquerías, que es peor, cosas como Crepúsculo y así.
La verdad es que yo nunca leí (como mucho leía a Julio Verne algunos veranos que me iba a casa de mis abuelos a Meñakoz y me aburría muchísimo porque allí no tengo amigos). Empecé a leer hace sólo unos meses, en octubre, porque me pasaron un libro de relatos de Juan Carlos Márquez y leí La sombra de las acacias y me encantó. A partir de ahí he comenzado a leer un poco guiada por mi hermano mayor, mis padres y mi profesora y como no he hecho otra cosa que leer a Capote, a Bioy Casares y gente así, a veces cuando tengo ciertas cosas entre las manos siento una bofetada en plena cara. No sé como explicarlo, pero aunque no sabría decir por qué algo me parece muy malo, cuando lo leo intuyo que es muy malo. Tokio blues es la novela favorita de una de mis amigas y a mí me parece horrorosa, no pude acabar el primer capítulo y me daba un poco de vergüenza decirlo porque había oído que era un escritor muy bueno. Es tan blando, el pobre, con ese sentimentalismo tan cursilón, buf, no me gusta nada.
No creo que sea tan fácil el salto de la mala a la buena literatura. La mayoría de la gente se mantiene en la mala o deja de leer. Creo que es un error pretender que alguien de mi edad ame la literatura leyendo a Lope porque nos pilla muy lejos y tenemos que tener un gusto muy adquirido para valorarlo, pero también es un error comprarle a tu hijo Crepúsculo pensando que lo importante es leer. Hay lecturas que te idiotizan y pervierten para siempre tu sentido literario.
Yo quiero pensar que las cosas que leo me harán crecer y me harán preguntarme cosas.
Hay que reconocer que Murakami no es Zafón. ¿Alguien leyó a Zafón? Yo casi entro en shock tratando de leer Marina.
Un abrazo (María)

Manuel G. dijo...

Fram, lo he dicho por la misma razón que tu esgrimes. Has malinterpretado cuando piensas que lo digo porque "el comic es algo juvenil y no hay que pedirle mucho".

Como se puede leer, lo digo porque son modos de expresión diferentes. Es un simple paralelismo. Lo mismo que una narración de fantasía o ciencia ficción no despliega los mismo medios que otras.

Digo que Dick y Ballard pueden ser grandes (lo mismo que el cómic, repito), aunque tengan otros objetivos y su obras hagan primar otras dimensiones más allá de las "constructivas"

Es más, yo diría que una interpretación donde lo único que cuenta es una interpretación constructiva, es más pobre, cuando es lo único que se tiene en cuenta. Lo literario es más cosas que lo "constructivo". Y esa visión unidimensional empobrece.

Por eso obras de contrucción y lenguaje sencillos y sin ambiciones en ese sentido, pueden ser inmensas, por muchas otras razones.

Más cuando la sencillez de Murakami colabora a la dimensión fantástica, como unas condiciones de laboratorio y una atmósfera irreal. Y eso lo veo en Dick y Ballard también.

Vicente Luis Mora dijo...

Querida María, qué interesante es tu comentario, por diversas razones. Sinceramente, no creo que sea tan difícil dar el paso a la gran literatura, tú misma lo has hecho al leer a Capote y a Bioy, que tiene grandes obras (pienso en La invención de Morel, pero también en sus relatos breves). La mayoría dimos el paso de Dick Turpin o Arthur C. Clarke a Stevenson, Conan Doyle, o E. A. Poe sin darnos cuenta. Nombres como Verne o Wells ayudaron a dar el paso, desde luego, y quizá lo que habría que buscar son los Wells o Verne de hoy. No digo que Murakami no pueda hacer esa función: lo ha hecho con tu amiga, aunque no contigo. Quizá en tu caso, si te gustan Capote y Bioy, algunos cuentos accesibles de Borges (lo que yo leía a tu edad) pueden ayudarte. A mí (y a Jorge Volpi, según descubrimos para nuestra sorpresa en México en un acto conjunto) fue "La biblioteca de Babel", el relato de Borges, lo que me hizo escritor. "Este tipo -pensé- tiene las mismas obsesiones que yo", y de ahí a comprarme las obras completas y leérmelas enteras medió un par de semanas. A veces un relato basta para entrar en la alta literatura por la puerta grande. También creo que te gustaría DeLillo, también creo que disfrutarías leyendo a Cormac McCarthy y a Kafka. En fin, cada lector encuentra su enganche con la literatura por algún sitio, se trata de probar hasta que rápidamente un autor te conduce al que estás buscando sin saberlo. Gracias por tu comentario.

Manuel G. dijo...

Otra cuestión que me parece fuente de error es querer leer una novela como Tokio Blues como una novela realista (lo digo en general, no por Vicente); aunque para más inri el mismo Murakami diga que es su única novela realista.

El gusto de Murakami es el que es, y por mucho que él lo diga, la ambientación no es 100% realista, como en casi todas sus obras. A Murakami le puede su visión fantástica y el interés por la creación de atmósferas irreales, por ejemplo especialmente en todo el trozo de ese sanatorio "mágico".

Por eso, si uno intenta buscar los síntomas de los protagonistas en los manuales de psicología tal cuales, va arreglado. Se trata más bien de "trastornos" simbólicos, que personifican el tema del bloqueo vital que gravita sobre la obra.

Lo mismo que pensar que ese sanatorio es un sanatorio como pueda serlo uno real. Igual que los juzgados de Kafka no pueden verse como juzgados reales.

Ahora bien, Murakami juega sutilmente con las fronteras entre lo real y lo fantástico de manera muy fina, a veces haciéndolos difícilmente distinguibles. A veces de lo fantástico sólo nos llega un pálpito.

Si esto es así en Tokio Blues, ya no digamos en otras obras de Murakami, como señala muy bien Portnoy.

Anónimo dijo...

Tras estas conjeturas tuyas sobre "la alta literatura", a lo que no encuentro respuesta es por qué escribimos, para qué escribes tú mismo... Luego, saber si tu comentario crítico pertenece a la alta literatura o no.

Vicente Luis Mora dijo...

Querido anónimo, a la pregunta de por qué escribes tú, tendrás que responderte tú mismo. A la de por qué escribo yo, suelo responderme en privado, disculpa que no comparta con alguien sin nombre una cosa tan íntima. Y respecto a si mi comentario es o o no alta literatura, mi respuesta no puede ser otra que ésta: Vicente Luis Mora es el único escritor del mundo sobre el que no puedo tener una opinión como crítico. Supongo que tu inteligencia te permitirá entender por qué. Un atento saludo.

logiciel dijo...

¿Y si fuéramos un poco más atrás y nos planteáramos 'La littérature, c'est quoi?' como Jean-Sol Partre?

A partir de aquí, a lo mejor el camino para determinar la 'buena literatura' y la 'mala literatura' sería más llano.

Saludos

Vicente Luis Mora dijo...

Logiciel, este fin de semana he redactado, previendo que ibas a hacer ese comentario hoy (es broma), un post sobre ese y otros temas que colgaré este viernes. Entonces ahondamos en ese interesante asunto. Abrazos.

Anónimo dijo...

Si permites en tu blog los anónimos creo que estás en el derecho de responder a una cuestión inferida de tu planteamiento. Supón que yo sea Murakami, por ejemplo...

Respóndeme, o concluyo que ni como persona eres capaz de apreciarme tanto como a María.

Vicente Luis Mora dijo...

Estoy en mi derecho de responder, y de no responder. ¿Quién te crees que eres para que yo tenga que responderte, por narices, a una cuestión tan personal como por qué escribo, sin siquiera identificarte? ¿Estás en serio? Eres tú quien no se valora a sí mismo al no dar la cara, amigo o amiga. No te respetas ni para sostener tu opinión en público... Hazte tú caso y luego pídenos a los demás que lo hagamos. Si queremos, claro. Sólo faltaba.

Vicente Luis Mora dijo...

Manuel, se me había olvidado contestar a lo tuyo. Como tú, no creo que esta sea una novela realista, pero es que también me parecen un error -no quise abundar en los defectos que le veo a la novela- los 3 apuntes "no-realistas" (llamarlos surrealistas sería bastante inapropiado, por muchas razones) que Murakami hace en After Dark: los dos desdoblamientos ante el espejo de dos personajes, y la aventura con "la otra habitación" (un recurso muy viejo, por otra parte) de la modelo durmiente. Creo que están muy traídos al pelo esos tres momentos, frente al monocorde y bastante plano realismo de las otras partes. Parece decir Murakami con esas partes: "esto es para que veáis que yo sé hacer otras cosas", pero entonces las preguntas serían: si sabes hacer otras cosas, ¿por qué no las has hecho? Y si no las has hecho, ¿para qué recordarlo? En otras novelas de Murakami lo irracional está más hilado con el fondo del relato, se ajusta sin forzar la trama, de ahí las comparaciones que muchos comentaristas han hecho con Lynch. Pero precisamente en After Dark creo que esta parte no-realista es innecesaria y que no añade nada al resto del libro. Según tu opinión sí añade, y supongo que según la de Murakami también. Puedo ser yo el equivocado, por qué no. Saludos.

Portnoy dijo...

Creo Vicente que estamos demasiado acostumbrados a que toda narración sea consecuente en sus partes. Por lo que conozco de ella, como lector o espectador, la narración japonesa no precisa de esa coherencia interna, ni busca que la narración se explique en sí misma. After dark es un buen ejemplo. Murakami deja deliberadamente todos los hilos en el aire, no explica nada, no concluye nada, prácticamente no inicia nada. No se trata de contar una historia sino de transmitir una serie de sensaciones a partir de unos hecho que ocurren en un tiempo limitado. Es algo que suele hacer en sus relatos también.
No quiero decir con esto que estés equivocado y que yo tenga razón. Se trata más bien en insistir en la distinta forma de enfocar la literatura en culturas diferentes.
De todas formas Murakami fue traductor de Auster, Irving y algún otro, cito de memoria, por lo que conoce perfectamente como funciona la narrativa occidental. Creo que en parte su éxito internacional radica en saber combinar elementos de ambas culturas y su rareza narrativa le hace difícil de clasificar: No sabemos si estamos ante un genio o ante un embaucador de la franja media.
De todas formas no creo que importe demasiado. A fin de cuentas de lo que se trata es de disfrutar a través de la lectura y nosotros, los que hablamos de libros en la red, recomendamos o no según nuestros gustos y nuestras opiniones. Huid de Murakami, dices. Pero antes dadle una oportunidad a El pájaro que da cuerda al mundo, sin duda su mejor novela.
Tal vez haya dicho alguna cosa que merecería ser mejor explicada, pero no quería extenderme demasiado.
En fin, un saludo y gracias por ceder este espacio para la discusión.

Vicente Luis Mora dijo...

Portnoy, lo que dices es razonable y defendible, como todo lo que dices en tu inteligente y cuidado blog. Sí, Murakami conoce bien la tradición occidental. Si se propone hacer algo a medio camino me parece que, visto desde el lado occidental, el resultado no es satisfactorio (para mí, insisto, aunque por lo que estoy viendo en los comentarios parece que hay más detractores que partidarios). Habría que preguntarle a un crítico japonés exigente qué opina desde el otro lado. Gracias por venir, Portnoy, un saludo.

Alvy Singer dijo...

Estoy con Vicente en que el Murakami realista es plúmbeo, repetetitivo y hasta atroz. Yo disfruté de algunas partes de Tokio Blues por los guiños: Salinger, Fitzgerald, Mann, pero novelísticamente empeora cada vez que la menciono.

Sin embargo, La crónica del pájaro que da cuerda al mundo (y Hard-boiled wonderland and the end of the world, no traducida, y partes de Kafka en la playa, que sobrevive a su rígida estructura narrativa) me remite al mejor y maestro Kenzaburo Oé, que le dio el premio más importante de Novela a Murakami, presidiendo un jurado de dicho galardón. Es el maestro confeso de Murakami y es en esa novela donde encuentro yo una estructura muy interesante, que recorre toda la historia reciente japonesa, y un interés por el desarrollo de una poética muy, muy similar a Oé. La obsesión con el pozo no me parece casual.

He de decir que admiro que VLM sea tan claro, tan guerrillero de marcar líneas. Eso está a su altura. Pero también que me gusta el Murakami que me lleva al Lado Oscuro y que no es, naturalmente, el de las casualidades, los clubes de jazz, los amores perdidos y la soledad en Tokio.

Vicente Luis Mora dijo...

Y yo valoro su discrepancia, Mr. Singer, porque la diferencia es lo que nos permite aprender. Gracias y un abrazo.

Juan Carlos Márquez dijo...

Se habla en algunos comentarios de Auster en relación a Murakami y yo no creo que la comparación sea adecuada. Auster es un escritor tramposo (en el sentido de que sus protagonistas siempre están al límite de lo humanamente soportable, con lo cual es muy fácil sostenerlos), pero su maestría a la hora de entretejer los hilos de la ficción es superior a la del nipón, si bien Auster se muestra incapaz de finalizar las historias, seguramente porque sus novelas generan tantas expectativas que son imposibles de cerrar (lo cual también es tramposillo). Pues eso, que Auster es tramposo, esta sobrevalorado, pero tiene unos conocimientos técnicos superiores a los de Murakami, pero sobre todo es, para mi gusto, mucho más ameno. Está por tanto en el tránsito entre la literatura de consumo y la alta literatura, que a veces roza, mientras que Murakami está un poco por debajo. Esa es mi opinión, otra más.

cgamez dijo...

Qué lástima. Siempre llego tarde a los debates interesantes o simplemente no estoy. Qué se le va hacer.

Yo también querría romper una lanza en favor de Murakami. Estoy de acuerdo en muchos de los juicios que haces sobre la obra del japonés, Vicente (especialmente los relacionados con la excesiva comercialidad y la falta de sustancia). Sin embargo, habría que contextualizar que Murakami se mueve en una sociedad ultraconsumista (la más consumista del planeta, más aún que la norteamericana) y sus obras son producto de esa sociedad en la que está inmerso.

Por otro lado, puedo entender el éxito de sus libros porque aúna las historias de siempre (Tokyo Blues no es más que una entrada en la edad adulta, un paso de pubertad, la historia más vieja jamás contada) con simbología japonesa presente y pasada como otros contertulios han dicho ya (el uso y abuso del suicidio sin ir más lejos), lo que hace que el lector perciba algo que le suena mucho pero contado de otra manera (sencilla, eso sí).

En todo caso, imagino que la obra de Murakami, aunque gusta, no trascenderá tal como ya avisaba Alvy Singer (que curioso, hace un rato comentó) al compararlo con Kundera y su pobre recepción crítica:

http://elrinconalvysinger.blogspot.com/2008/02/leer-essays-le-hace-uno-mejor-anglfono.html

Un saludo a todos y perdón si repito cosas.

Anónimo dijo...

¿Por este orden, Vicente?

Submundo
Mao II
Ruido de Fondo
Jugadores
Americana
Cosmópolis
Body Art

Desde luego que si aguantan el tirón de Submundo, lo que venga después no va a ser cuesta arriba. Cuando tengas ocasión y hayas leído Falling Man, estaría bien saber lo que piensas.

Body Art es una de las novelas que más me gustan de este autor, un comentario sobre el fondo de irrealidad del libro no faltaría en este post. Quizás por eso dije en su momento que os podría interesar Falling Out of Cars, de Jeff Noon,por cómo varía el estilo al deteriorarse la salud de la narradora. Espejos de oscuridad, como un grial hecho pedazos. Un saludo y hasta otra.
--
c.m.

Juan Murillo dijo...

Cuando decía Portnoy: "Creo que hay dos Murakamis, el sensiblero y el siniestro,"

Pensé por un momento que se refería al temible, al tenebroso Ryu Murakami, pero no resultó ser que hablaba de el mismo autor.

Ryu Murakami es el verdadero Murakami, este otro es un impostor. Compararlos es como comparar la harina con la pólvora.

Alvy Singer dijo...

http://www.newyorker.com/archive/2005/01/24/050124crbo_books1

Decía el maestro Updike sobre Kafka en la orilla:

"Though his work abounds with references to contemporary American culture, especially its popular music, and though he details the banal quotidian with an amiable flatness reminiscent of Western youth and minimalist fiction in the hungover nineteen-seventies, his narratives are dreamlike, closer to the viscid surrealism of Kobo Abe than to the superheated but generally solid realism of Mishima and Tanizaki. We often cannot imagine, while reading “Kafka on the Shore,” what will come next, and our suspicion—reinforced by Murakami’s comments in interviews, such as the one in last summer’s Paris Review—is that the author did not always know, either. "

Scott Esposito, desde su blog Conversational Reading ha escrito mucho sobre Murakami:

Another end of the world book that is very highly interpretable is Haruki Murakami's Hard-Boiled Wonderland and the End of the World. This book stands out as being one of the strangest novels from a writer who tends to be known for writing strange novels.

The book has intertwined narratives that are told in alternating chapters. The first one concerns a 35-year-old Japanese man who is a sort of freelance mathematician. He underwent an operation that changed the composition of his brain so that he could put himself into a trance-like state where performs complex calculations incredibly rapidly (presumably, these are of the type that a computer couldn't handle). One day he's called to an office. After a minutes-long elevator ride he is placed into a dark closet that opens onto a ladder. He climbs several stories down into a subterranean cave where he finds a kooky old professor working on a project called "The End of the World." He gives the mathematician a unicorn's skull and an assignment, telling him that if he doesn't receive the results by Monday the world will end. The world doesn't end, but eventually it turns out that the mathematician's consciousness is also at risk--if he doesn't get help from the old professor, he'll forever be trapped within a sub-community that's formed within his own mind.

That sounds like enough on its own, but we're not even in the second narrative yet. This narrative takes place in a sort of medieval gated town called The End of the World. A man has just been let into the town, which is more like a grand prison controlled by The Gatekeeper than an actual city. The newest prisoner learns that residents of this town have had their memories stolen, and that soon his will be taken too if he doesn't find some way to escape.

There are several links between these narratives--both protagonists are in danger of having their consciousness stolen, the unicorn's skulls figure prominently into both narratives, and, of course, there's that pregnant phrase "the end of the world" which we find at the heart of both narratives. The typical interpretation of this book is that the community called The End of the World is inside the narrator's head, and that it explains what happens to him after he loses his consciousness. But, this is only the most basic interpretation--there are many other, much more nuanced ones. Murakami excels in creating fantastic stories that support an unusually large number of interpretations, and this novel is no slouch in that respect.

Sobre Oe, que premió a Murakami

http://www.japannewsreview.com/society/kansai/20070705page_id=344

Vicente Luis Mora dijo...

Usted, que me aprecia, me perdonará esta maldad, Sr. Singer.

Joyce sobre Murakami:

What the hell is this?!!!

Alvy Singer dijo...

¡¡¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!!!! Hombre, es que piense que los japoneses, Tanizaki entre ellos, dicen que su lenguaje es tan bonico como sus plantas y que tú, sucio y elevado Occidental, no lo puedes tocar. No te digo ya JUZGAR.

Murakami se opone a eso. A mi me han quedado algunas imágenes perdurables y he visto a un hombre con cierta (CIERTA) inteligencia.

Vicente Luis Mora dijo...

Ok, ok, está bien. Voy a convertirme en oriental y a guardar un elocuente silencio. Saludos cordiales, Mr. Singer.

Alvy Singer dijo...

No. ¡Nunca! Necesitamos a un crítico que se levante y diga "esto de TOKIO BLUES" y cite a los grandes novelistas de hoy y de clases sobre técnica literaria y sea tan valiente para superar a la idiotez generalizada (porque el amor es idiotez y con esto me doy un cachete si hace falta). Deje a los orientales con su misticismo casi a escala biológica, y usted siga a lo suyo.

Vicente Luis Mora dijo...

Ok, ok, lo haré. Hoy estoy facilón, como verá, me tiene en su mano. La temprana llegada de la primavera a estos lares me tiene melancólico y lábil. Hágase en mí según su palabra, Sr. Singer. Saludos.

Alvy Singer dijo...

Vaya a un club de jazz de Nuevo México. Conozca a una extraña por casualidad. Y al final, reencuentre el amor escuchando no sé cual canción de los Kinks mientrs lee a... Marcel Proust. Entonces hablaremos de TERNURA.

Jajajaja ;)

Vicente Luis Mora dijo...

A la orden!! Me voy ahora mismo.

Vicente Luis Mora dijo...

Querido Sr. Singer, hice lo que me dijo. Fui al club de jazz. Saludé a una extraña. Cinco segundos después saludé a su marido. El jazz era bueno. Yo seguía el ritmo con los pies. Diez minutos después, saludé a otra extraña. Ella recordó que tenía algo en el horno. El jazz era realmente bueno, créame, era un disco de Charlie Parker. Apuré mi sorbo de bourbon mientras me entraban unas ganas terribles de suicidarme. De pronto lo comprendí todo. Yo era un personaje de Haruki Murakami.

Alvy Singer dijo...

Cuando trató de suicidarse, yo estaba en un cibercafé de Barcelona. Estaba ejerciendo de bloguer, pero eso nunca me gustó. Barcelona era entonces (ayer) una ciudad con muchas protestas, pero yo seguía escuchando mis viejos discos de jazz. Leí su blog, el de Vicente Luis Mora. Leí su momento de suicidio. Una niña disfrazada de oso polar paralítico me saludó. Se llamaba Kurokika. Después de una piruleta, marché a casa.

Recordé entonces que Kikuroi era el nombre de una compañera de escuela. Recordé nuestro andar, nuestro pesar por ser bizcos únicos. Los bizcos únicos eran los que llevaban gafas y eran hijos únicos. Caminábamos lentos sólo para poner a prueba nuestros riñones y ver si así se nos escapa el pis. Una tarde llenamos el parque de orina. Después la perdí de vista. Miré a la niña.

Me fui a casa. Escuché más discos de jazz. Qué discazo el de Stan Getz. No pude hacer otra cosa que empezar a pensar en masturbarme, pero al final caí dormido. Al despertar en la cama, el camionero vestido de oso paralítico en fase de recuperación estaba ahí. Miré por la ventana. Y me caí al suelo, lloré. No era más que una voz narradora mimética de Murakami.

Miguel Espigado dijo...

Uno puede hallar una fórmula en los cuentos de Carver, de Bukowsky, de Auster, de Cortázar, en los personajes de Woody Allen, en las tiras cómicas de Mafalda, en los capítulos de Fraiser, en los cómic de Hell Boy, en las leyendas de las mil y una noches, en las parábolas de la Biblia, en los personajes del Proyecto Nocilla, en el cubismo de Picasso, en los ready made de Duchamp, en las interpretaciones que hace John Cusack, en las películas de Almodóvar; en todo. Francamente, creo que los genios capaces de reinventarse en cada ocasión son, aunque muy admidables, realmente escasos. Lo habitual es que los artistas giren en torno a unos pocos parametros estéticos, obsesiones personales, objetos de inspiración, temas, etc, y los desarrollen una y otra vez, desde diferentes ángulos y perspectivas. Yo, de base, no estigmatizaría a ningún artista por repetirse. Antes, trataría de valorar cual, de todas sus repeticiones, es la que consiguió expresar con mayor genialidad esa historia, ese sentido o estética a la que ha dedicado toda una vida.

Bueno, ya sé que estáis de coña con lo último. Pero no me resisto a creer que cuando ponemos After Dark en la picota, pesan más factores ambientales que elementos intrínsecos del texto, como por ejemplo las otras obras de Murakami, que en realidad no forman parte de After dark. After Dark es un libro autónomo, no la última entrega de una saga. Por otra parte, ¿qué diríamos si After Dark hubiera sido escrita por un escritor emergente español? ¿Seríamos igual de implacables? ¿O será que nos molesta la fama y el prestigio del autor, que consideramos desmedido? Sin embargo, la fama del autor tampoco es parte de After Dark.

Está claro que hay post y post, y críticas y críticas. De haber querido hacer una autopsia al texto, formalista, descriptiva y enriquecida, Vicente, lo habrías hecho con la misma brillantez de siempre. Sin embargo, lo que se trataba en esta ocasión, me da la impresión, era de minar una posición, o sea, poner en tela de juicio el prestigio de un autor, la visión que la comunidad literaria tiene de Murakami. Los motivos para ello, por supuesto, tan legítimos y impecables como el resto de la labor crítica que realizas en Diario de Lecturas. Ahora bien, dejando claro que esto es una discursión teórica, tengo una objeción. Creo que no hace bien a la literatura radicalizar nuestra posición hasta convertirnos en una especie estetas del arte, con unos criterios estéticos tan elevados y exigentes que apenas son compartidos por un puñado de refinados lectores de paladar exquisito. Yo lo digo porque mi madre, que es una gran lectora y odia los best seller, adora a Murakami. A ella, en cambio, escritores vanguardistas como los que reseñamos en Afterpost, le importan un bledo. Por supuesto es cuestión de gustos, pero si no logramos conectar con esa grandísima cantidad de lectores que leen a escritores como Murakami, ¿no nos estaremos convirtiendo en prisioneros de nuestra propia torre de marfil? ¿No sería mejor olvidar todos esos factores ambientales y concentrarse en el texto, para tratar de discernir las razones por las que tantos millones de buenos lectores adoran a Murakami? Todo esto que digo, que quede muy claro, son objeciones que en primer lugar me hago a mí mismo. En los últimos meses, mucha vanguardia se me antoja frívola, y algunos best sellers, como Los hombres que no amaban a las mujeres, completamente necesarios.

Pego aquí abajo la reseña de After Dark que publiqué en Quimera, por si a alguien le interesa.

Me disculpen el rollo, Un saludo.

La noche japonesa

After Dark
Haruki Murakami
Tusquets, Barcelona, 2008. 248 pags

La noche americana fue el nombre que se popularizó en Europa para referirse a una técnica utilizada en los estudios de Hollywood de los años cincuenta, que consistía en hacer pasar escenas rodadas durante el día por escenas nocturnas. Colocando un filtro y cerrando un poco el diafragma, se imprimía a la película una atmósfera que con el paso de los años ha pasado a ser una de las señas emblemáticas del cine de una época, en el que no importaba tanto alcanzar el hiperrealismo como crear una ilusión de tonalidades ficticias. Haruki Murakami ha querido filmar una novela con una receta similar. Dando testimonio de las horas alucinadas de una noche en blanco en un barrio de la gran metrópoli japonesa, After Dark se abre como tiempo especial donde la realidad adquiere esa tonalidad fabulosa. Así el paisaje cotidiano se desdobla, y el barrio que durante el día no presenta nada especial, por la noche se puebla de individuos solitarios y animales nocturnos como barman, prostitutas, inmigrantes ilegales, músicos de jazz o mafiosos, con el trasfondo posmoderno de la iluminaria urbana y las calles desiertas. Un ambiente emocional cálido y acogedor, como de programa radiofónico de madrugada, invita a los desconocidos a compartir sus miserias, historias y tribulaciones, para luego desentenderse y olvidarse para siempre.

After Dark también podría servir como ejemplo de película novelada o storyboard traducido a literatura. La voz narradora, que abre los capítulos con un estilo casi idéntico al utilizado en las notas escenográficas de un guión, da cuenta de los movimientos de la cámara imaginaria con la que se captura la escena. No solo asume los límites de la narrativa a través de la imagen; también invita al lector a reflexionar sobre dichos límites, colocando a menudo la técnica narrativa en el centro de lo narrado. El relato metaficcional desembocará en lo fantástico cuando se empiece a jugar con la relación entre el observador y lo observado, confundiendo los planos de realidad que ocurren a uno y otro lado de la pantalla de un televisor. El relato abstracto de una adolescente durmiente, observada por un individuo enmascarado que la observa a través de una pantalla, se entremezcla con capítulos más realistas, donde los personajes confiesan sus problemas o se conducen en la soledad de la noche. Así se transmite la sensación de que todo va transcurriendo simultáneamente, como es corriente en las películas donde las tramas se desdoblan. Es en ese tiempo especial, especificado gracias al dibujo de un reloj que encabeza los capítulos, cuando se abre una temporalidad aristotélica, que aúna más en la naturaleza escénica de la novela.

Dentro de la narrativa de Haruki Murakami, After Dark constata una vez más la propensión del autor a profundizar en personajes adolescentes, solitarios, taciturnos, habitualmente marcados por una historia triste, que se han fugado del domicilio familiar o de una vida planificada y responsable. Estos personajes, ya presentes en novelas anteriores como Tokio Blues o Kafka en la Orilla, presentarán sus conflictos de forma confesional, a modo de historias que van desgranando en largas conversaciones, sin que la narración conozca grandes clímax ni sobresaltos, ni cambios sustanciales en el status de los participantes en la trama. Murakami nos ofrece así un retrato de adolescentes inadaptados y solitarios que relacionamos casi inevitablemente con la versión que los medios periodísticos dan de los problemas de la pubertad en la sociedad japonesa actual. En un contexto más general, la tradición literaria americana de relatos de madurez como El Guardián entre el Centeno o El Palacio de la Luna, parece haber encontrado en Murakami un renovador. Pero quizás el mayor valor de After Dark, más allá de esta consabida temática, sea presentarse como una novela cinematográfica diferente, gracias a la inclusión de una narración metaficcional que adquiere tintes casi oníricos.

Blumm dijo...

Aún no he leído nada. Tenía el sexto sentido erizado, de verdad, me olía algo.
Ahora lo ratificas.
Hay mucho que leer para entretenerse con Murakami.

Además, pregunto, ¿es mejor que Tanizaki?

¿No?

Pues...

logiciel dijo...

De acuerdo con la postura de Miguel Espigado. Ese pensamiento demasiado extendido de 'vaya porquerías que lee la gente' siempre me ha chirriado un poco, desde un punto de vista, digamos, 'profesional'.

Otra cosa son los gustos personales de cada cual, que entonces no hay nada que objetar - ni que discutir-, pero creo que no son los que deben servir para valorar la calidad de una obra literaria o su falta. ¿Democracia o dictadura otra vez?

Saludos

Juan Carlos Márquez dijo...

No sé, Miguel, quizá lleves parte de razón, es posible que a algunos nos moleste un poco el éxito desmedido de Murakami, pero no se trata, creo, de una cuestión de envidia cañí sino de cierta lástima, lástima porque hay muchos escritores mejores que permanecen ocultos o no reciben tantas palmadas en el hombro¡Y que este hombre tenga el gallinero literario alborotado con tan poca cresta...! Uno, por mucho que sepa cómo funciona el mundo literario, nunca se acaba de acostumbrar a estas cosas.
En mi caso, tampoco se trata de una falta de conexión con el mundo oriental, como alguien apuntaba con otras palabras, pues en otras artes soy un fervoroso admirador, caso del cine, en el que Kitano es uno de mis directores favoritos, como los son otros muchos directores de paises orientales.

Vicente Luis Mora dijo...

¿Dictadura? Macho, qué fuerte. Aquí se han comentado todo tipo de libros. De todo tipo de editoriales. A la izquierda se estiran verticalmente 68 comentarios, donde cada uno ha podido decir lo que le ha dado la gana, incluso recomendar otros libros. Es una dictadura muy rara la mía.

Estoy de acuerdo con vosotros, Miguel y Logiciel, y de hecho haber seguido leyendo a Murakami después del primer libro demuestra que yo también leo de todo, desde lo más difícil hasta lo más ligerito. Pero cuando hay una fama injustificada, un prestigio sustentado en una (a mi juicio) errónea manera de hablar de "genialidad" o "gran literatura", que son términos que he visto asociados -y muchas veces-a Mr. Murakami, me entra algo muy malo por el cuerpo. Y necesito liberarme. Y suele pasar que de pronto mucha gente dice, como pasó otras veces en este mismo blog: "menos mal, pensé que estaba loco y que nadie más se había dado cuenta de que este prestigio es injustificable". No suelo hacer mucho canon negativo, pero a ver si no voy a poder hacerlo nunca. En ese caso, la dictadura la sufriría yo, no otros.

Porque eso significaría que en este blog todos podrían decir lo que quisieran, menos yo.

Lo cual sería muy divertido. Me parece.

logiciel dijo...

No te piques, Vicente. Era un sólo un guiño simplón. Espero que a estas alturas no me malinterpretes a la primera de cambio.
Te aseguro que si pensara que vas de dictador no me molestaría en leer ni uno de tus post. Abrazos.

Vicente Luis Mora dijo...

Hombre, pues ya me podías haber hecho el guiño con otra cosa, esta es bastante desagradable. Pero bueno, no pasa nada, todavía no me hecho efecto el café. Venga, saludos.

logiciel dijo...

A ver si lo arreglo o acabo de joderlo.
Lo que quería decir es que se suele subestimar -no tú- el éxito masivo de algunos libros o algunos escritores con argumentos que se limitan a la tan codiciada 'calidad'. Lo que yo me he preguntado siempre - no hoy - es si ese es un argumento suficientemente sólido ¿Cómo se mide la calidad? ¿Quién fija los parámetros de calidad? ¿Hay tanta gente sin 'criterio'? Puede que la respuesta sea simplemente 'sí', pero a mí no me acaba de convencer.

¿Mejor ahora?

Carlitox dijo...

Soy el primero en poner a Crepúsculo, Murakami o a Dan Brown en su sitio. Pero el elitismo apesta. ¿Qué es lo contrario de "literatura ligera"? ¿Literatura pesada?

El peligro no está en los libros, sino en los lectores. Acusar a un escritor de publicar algo que no nos gusta y, por tanto, contaminar al resto de los lectores para que no lean lo que sí nos gusta es, cuanto menos, una conclusión humillante. Humillante para esa tercera persona sumida en la vergüenza ajena.

Los libros son para leer. Hay tiempo de sobra para ello. Lo de Alta o Baja literatura no lo decimos nosotros, sino un conglomerado heterogéneo de personas y varios factores como tiempo, contexto, etc.

Vamos a quitarnos las gafas de pasta y a apagar la pipa, mejor.

Vicente Luis Mora dijo...

Ay de las confusiones categoriales. Voy a decirlo una sola vez, explicándolo para que lo entienda cualquiera, incluido Carlitox, tan agresivo y poco afortunado hoy (a mi juicio, a lo mejor para otros está sembrado).

Cuando un carpintero te deja la casa hecha unos zorros, te encargas de pasar la voz a tus amigos para que llamen a otro cuantdo tengan que hacer arreglos en casa.

Cuando un fontanero te llena la cocina de agua, se carga tus tuberías y pudre tus muebles, no sólo no le pagas, sino que le denuncias.

Cuando un electricista hace su trabajo más o menos bien, pero te deja las paredes manchadas, la casa sucia, coge cervezas de la nevera sin haberte pedido permiso o mira lujuriosamente a tu mujer en vez de a los fusibles, acabas pagándole y le das las gracias, pero luego recomiendas a los amigos a cualquier otro electricista.

Cuando lo que hace un político no te gusta, votas a otro político y, en ciertos casos, y si te da la gana, se lo comentas a tus amigos. Simplemente por el gusto de hablar, sin discutir. Ni siquiera con la intención de cambiar sus inclinaciones o convicciones.

Todo esto es de sentido común, ¿verdad?

Bien, pues cuando haces lo mismo con los libros te llaman elitista.

Saludos a todos.

cgamez dijo...

A estas alturas del debate (y a colación de la acertada intervención de Miguel Espigado), me gustaría replantear aquí el debate Alta vs Baja cultura (tan posmoderno). Ya sé que Fernández Porta (qué grande) lo redefinió muy bien con lo de la Alta cultura pop, pero creo que aún quedan flecos por pulir. Por ejemplo, Joyce utilizó para el Ulysses baja cultura y mira lo que salió, Carlos Maiques o Framm nos podrían hablar de lo muy elevado de algunas novelas gráficas (que no cómics). Pero yo sigo preguntándome si todo lo que triunfa en el mainstream es por definición baja cultura y todo lo que se convierte en producto de culto (algunas cosas auténticos peñazos) son alta cultura (sin ir más lejos, a mí las melodías démenlas ligeritas y bailables aunque tristes, que me gustan más). También pienso que pueden existir categorías híbridas como las que definías tu mismo Vicente en tu paseo por Arco (literatura +/- calidad +/- mercado).

Un saludo y buen debate.

Vicente Luis Mora dijo...

Uy, se me había olvidado, Logiciel. La calidad literaria es el acuerdo constante de multitud de lectores inteligentes de diversos lugares, lenguas, países, épocas, edades, formaciones y gustos sobre el alto valor de un mismo libro, sostenido durante mucho tiempo.

Se entiende por "lector" a los efectos de la definición anterior a los lectores en sentido general, a los críticos literarios y a los escritores que, implícita o explícitamente (mediante sus comentarios o la influencia en sus propias obras), reconocen la importancia de ese libro.

Hay otra definición, más contundente que ésta, pero ya aparecerá en el momento y lugar oportunos.

Saludos.

Carlitox dijo...

No entro en el gusto personal de cada uno ni en la necesidad de compartir esas opiniones con los demás. Simplemente rebato esas opiniones. Supongo que por eso está la posibilidad de comentar los posts, ¿cierto?

Además, las comparaciones de su respuesta no son válidas. Está hablando de daños materiales. De momento no ha habido nadie que se haya suicidado por leer un mal libro.

Repito, un mal libro para el que lo lee. A lo mejor yo leo a Murakami después de atender otros criterios y pienso justamente lo contrario.

Ahora bien, encasillar obras dentro de ciertos "peldaños" no es un argumento convincente. Que un libro sea alto o bajo... eso no me dice nada.

Vicente Luis Mora dijo...

Carlos, dices "Pero yo sigo preguntándome si todo lo que triunfa en el mainstream es por definición baja cultura y todo lo que se convierte en producto de culto (algunas cosas auténticos peñazos) son alta cultura". Ya sabes que la respuesta es no: Mario Vargas Llosa, Coetzee, Gabriel García Márquez o Houellebecq son los más vendidos, con diferencia, en cuanto sacan un nuevo libro al mercado. Son best-sellers internacionales (creo que Cien años de soledad ha vendido como 100.000.000 de libros). El índice de ventas es un dato sospechoso (lo digo como lo pienso, a la exlusiva luz demoscópica de los libros que ocupan, en España, las capciosas y ya de por sí sospechosas listas de libros más vendidos), pero no es un dato definitivo. Al final, el único dato relevante es el texto. Saludos.

Vicente Luis Mora dijo...

¿Cómo que daños materiales? Todo lo que he apuntado, o casi todo, son daños sustancialmente morales!!

A mí me produce un daño irreversible dedicar varias horas a un escritor mediocre. Pienso en toda la buena literatura que podía haber leído en ese tiempo y a la que, quizá, ya nunca pueda llegar o volver. Es un daño tremendo, metafísico, que me produce unos cabreos tremendos. Esos cabreos a veces me han traído problemas, porque escribo las reseñas desde esa frustración inmediata. Pero no creo que eso sea malo: la literatura es algo pegado a la vida, para mí es parte de mi buen o mal humor, y tengo derecho a que los demás noten mi enfado. No soy un magistrado del Supremo: no tengo ningún deber de ser imparcial, ni moderado, ni comedido. Un juez debe ser imparcial porque lo que juzga no le atañe: es un debate entre dos contendientes, o entre un criminal y el Estado. Cuando algo le afecta personalmente, la Ley Orgánica del Poder Judicial le obliga a apartarse del caso, pidiendo la inhibición. Si no lo hace, las partes pueden pedir su recusación, para garantizar la legalidad del procedimiento.

La crítica literaria no tiene nada que ver con eso: es personal y parcial en todos los casos, es un libro y tú, los dos solos. Es lo que ese libro te provoque intelectualmente. No es algo que ocurra entre dos terceros, el tercero eres tú, es TU caso.

Y digas lo que digas, Carlitox, sí que haces caso, como todos, a los peldaños. Si un amigo te dice que una empresa de informática que ha perdido los datos de su ordenador está en el peldaño de las empresas cutres, no dudarás ni por un momento en irte al peldaño de las empresas eficaces. Ni un momento, siempre que te fíes de la opinión de tu amigo. Si no soy tu amigo y no te fías de mi opinión, tanto mejor para ti. Disculpa si, a mi vez, yo no confíe demasiado en la tuya.

Definir el peldaño "buena literatura actual" es lo que intenta este blog, con vuestra imprescindible colaboración, desde 2005. Es un proceso, un movimiento, una obra en marcha, no un resultado comprobable. El mismo hecho de operar sobre la actualidad genera disfunciones, por la falta de distancia, pero ese es el trabajo y la obligación de los críticos valientes y con criterio. Por supuesto, todos nos podemos equivocar. Imagínate que Murakami saque el año que viene una incontestable obra maestra. Entonces, ¿qué pasa? ¿Dónde queda entonces este post? Pues que habrá que corregir el juicio, y decir en un nuevo post que Murakami publicó una serie de novelas no demasiado interesantes, hasta que llegó su maravilloso libro "x". También pasa lo contrario: fui un gran defensor de los primeros títulos de Juan José Millás, pero sus últimos libros me parecen flojísimos. Pero este debate, que no se abre hasta que un crítico expone sus dudas sobre Murakami, es lo más sano y necesario del mundo. Hoy por hoy, en España, sólo puede hacerse en ciertos blogs. Los medios tradicionales no tienen formatos, ni cabida, ni generosidad ni humildad para admitir la crítica ajena como parte del discurso. Nosotros sí. Saludos y gracias a todos en general y a todos en particular.

Saludos.

Alvy Singer dijo...

Miren, ando acabando un texto sobre Homo Sampler. ¿Y saben lo que anuncia en ese libro Eloy FP? Que la banalidad puede adquirir nuevas y camaleónicas formas. Que ahora la distinción es TODAVÍA más compleja. Que tras el Aura que anunció Benjamin (la subversión desde dentro y esto es algo que yo admiro mucho de autores de cómics como Mark Millar) puede estar al lado de un "simulacro de aura". Fijaos en la película de Watchmen como caso representativo.

Por eso me sorprende esta discusión. Lo pop y no lo pop. Las jerarquías, en fin. Saben, si quieren podemos decir, sin más, que Murakami es un titán, pero creo que la actitud de VLM ha sido muy paciente, muy democrática, muy abierta. Cuando criticó Doctor Pasavento de Enrique Vila-Matas llovieron también multitud de palos: ¿no será que existe un establishment? Y esto no va por Vila-Matas sino por nosotros. He admirado Bartleby y compañía y el último libro de Vila-Matas y sigo pensando en él como un autor insobornable, independiente, pero también pienso esto, aunque discrepemos, del crítico que gestiona esta bitácora.

Los que hemos querido discrepar hemos abierto una línea alternativa a Vicente: hemos comentado que El pájaro que da cuerda al mundo y en Kafka on the shore hay un narrador capaz de crear imágenes y momentos turbadores, de lelvarnos al Lado Oscuro. Pero si se fijan la línea crítica que sigue este post es la de leer al Murakami realista (aquel que empezó siendo excepción con Norwegian Wood y luego ha tenido continuadores).

Blumm dijo...

Tengo por aquí dos citas -esperad que me quito las gafas de pasta y dejo la pipa sobre el posavasos del whisky- que pueden contestar a Carlitox.

Hay Baja Literatura y Alta Literatura. De eso no hay duda. Yo, por lo menos no tengo dudas. También está el Bajo Guadalquivir y el Alto Guadalquivir. Tampoco se duda. En uno se pasea y en otro se desciende en un kayak por aguas bravas, arriesgando la vida.

Ahora me voy al fichero. Localizo la G de Gombrowicz. Estoy en racha con él. La cita, no la olvido. Si os gusta anotadla. Está extraída de su Diario, páginas 91 y 93. Rezan así:

La de la página 91:

Rabelais (...) escribía lo mismo que un niño hace sus necesidades bajo un arbusto: para aliviarse. Atacaba lo que le enfurecía; combatía lo que se le atravesaba en el camino; y escribía para deleitarse -y para deleitar a los demás-; escribía lo que le dictaba la pluma

Página 93. Es más radical. Por eso me gusta más.

No hay alternativa; sólo se puede escribir como Rabelais, Poe, Heine, Racine, Gogol, o no escribir

Ese o no escribir es demoledor. Muchos autores deberían reflexionar sobre esta oración disyuntiva.

¿Sigo con Tanizaki, no?

Vicente Luis Mora dijo...

Yo, para no ponerme estupendo hablando de literatura, y no parecer elitista, sigo con mi colección de ejemplos sacados de la vida cotidiana: cuando los periodistas deportivos eligen al mejor jugador del año, o votan el Balón de Oro al mejor futbolista, ¿son elitistas, también?

Cuando el Marca le pone a unos jugadores 5 estrellas después de un partido, y a otros solamente 2, ¿está siendo elitista?

Cuando un abogado no da a basto de peticiones de clientes, por su gran fama profesional, ¿están esos clientes siendo elitistas?

Cuando una mujer elige al que considera el mejor hombre entre sus opciones, para salir con él, ¿está siendo elitista?

¿Sigo?

Blumm, yo seguría con Tanizaki. Pero te lo digo en voz baja, para que nadie se moleste. Saludos.

Blumm dijo...

Se cruzan los comentarios, lo siento.

A mí me gustaría oír del autor de este blog si es verdad lo que dice Bértolo de él en el Quimera de este mes. Es más, Alvy, creo que explicaría su quehacer que me parece loable y de "acción desbrozadora".

Bértolo dice:

"Sí, esa desaparición de una tradición literaria operativa estaría también en el origen de algunos de los movimientos de renovación literaria -el Afterpop de Eloy F.P., Pangea de Vicente Luis Mora- elaborados desde la necesidad de crear espacio literario para nuevas y propias propuestas literarias y remitiéndose a una tradición cosmopolita que si, por una parte quiere dar cuenta del sinsentido de buscar hoy terreno de apoyo en tradiciones nacionales, no duda en aceptar la cultura impuesta por la Nación-Imperio".

Y con respecto a Vila-Matas, Marco Kunz coge alcohol y lo rocía sobre unas cuantas heridas que sangraban del brazo derecho de Dietario Voluble. En este mismo Quimera, el número 304 y esta reseña, de verdad, no tiene desperdicio.

¿Quién es Marco Kunz?

Vicente Luis Mora dijo...

Marco Kunz es un excelente hispanista alemán (creo que es alemán, espero no equivocarme), gran conocedor de la narrativa española contermporánea y un gran estudioso, entre otras, de la obra de Juan Goytisolo.

Respecto a lo que dice Bértolo hay, como es sana costumbre en él, zanahoria y palo al mismo tiempo. Coincido en la zanahoria, claro, y discrepo en el palo, claro también, por qué no.

Creo que respecto a lo que dice Bértolo sobre la cultura del "Imperio", habría que precisar que, dentro del "Imperio", hay una gran mayoría de personas que están a favor de ciertas cosas, y un buen número de personas que están en contra de ciertas cosas del "Imperio". Por ejemplo hay muchas personas que dudan que el "Imperio" deba ser un "Imperio", en vez de un país normal. Entre estas últimas personas, críticas con la cultura de su país, con la economía de su país o con alguna de sus partes, con la política de su país o con sectores de la misma, se encuentran, con pocas excepciones, los escritores norteamericanos que nos gustan a Eloy Fernández Porta y a mí. Hay otras cosas de la cultura yanqui que nos gustan (de Whitman a Pynchon pasando por Hopper o Pollock o el cine independiente made in USA). Hay otras cosas que no nos gustan. Y otras que nos resultan indiferentes. Muchas veces no son las mismas, por cierto, Eloy y yo tenemos gustos diferentes porque somos personas diferentes.

Haber venido aquí (a Estados Unidos) me ha ratificado algo que ya sabía, pero que ahora tengo como documentable certeza: los mayores críticos al sistema cultural norteamericano están dentro de estas fronteras, y no en Europa. Aquí hay autores complacidos, autores críticos y autores que van por otros derroteros. Leo a todos los que puedo, y muchos de ellos son muy buenos. Disfrutar de sus prosas no es "aceptar la cultura impuesta por el Imperio". Yo me he traído parte de mi bibloteca de casa, de modo que nadie me impone culturalmente nada. Es más, soy yo el que organiza aquí actividad cultural europea e hispanoamericana. De modo que creo que puedo discrepar con elegancia, y con todo respeto a Constantino. No tengo por qué defender a Eloy, que se defiende bien sólo, pero Eloy lee de todo, procesa todo tipo de información, y es variado y amplio en sus gustos, de lo que son buena muestra sus ensayos. Saludos.

Alvy Singer dijo...

Adoro al delicioso e inteligente Bértolo, pero tomo nota de su expresión. "La cultura del imperio". ¿Esto ya no se usa para referirse a textos creados durante reinado romano, no?

No vengo a negarles la condición imperial, vengo a preguntarme si eso quita que en su seno hayan crecido estupendos creadores críticos con él e inteligentes en sus posiciones.

Saludos.

Anónimo dijo...

Estoy dudando ya hasta de que hayas leído a Murakami, no creo que hayas pasado tantas "noches de aburrimiento" con un libro que ni te interesa... porque o bien eres un superman o es falso que leas tanto: eso humanamente y como lo sueltas es imposible. ¿Cuántas fueron las noches de aburrimiento? Dínoslo y así podemos usar la calculadora para hacer un cálculo real de todo lo que eres capaz de leer...

Vicente Luis Mora dijo...

Tío, me has pillado. He de reconocerlo. En realidad soy un personaje salido de la pluma de Borges. No leo los libros. Ninguno. Me los invento. Miro la portada, la foto del autor, el número de ISBN, e intento deducir el posible contenido. Luego, escribo una crítica de ciencia ficción, una fantacrítica. Hasta ahora, mis críticas han resultado acertadas en parte, lo cual me parece increíble, dadas las circunstancias. Debe ser cuestión de suerte. Toco madera para poder seguir viviendo del cuento, y teniendo engañada a tanta gente. Que no lo sepa nadie, esto queda entre tú y yo, querido amigo del alma...

Jesus Andres dijo...

Qué interesante y qué complicado!
Creo que Auster juega a veces en primera división y a veces en segunda.
Pero incluso sus libros flojos tienen algo que me interesa.
Aunque si hubiese empezado Auster por Tombuctú no habría leído los demás.
Podría empezar a DeLillo por cualquiera y después querría leer todos los suyos.
Leí Tokio Blues y no encontré nada interesante. Apenas subrayé: tiempo, memoria, lugar, inciertos y palabras. Me regalaron After Dark y lo leeré para salir de dudas.
De momento yo pondría a Murakami en el salón de los rechazados.
Saludos.

cgamez dijo...

Lamento discrepar con Alvy Singer respecto a que Norwegian Wood empezó siendo excepción (a lo mejor no he entendido el comentario, que eso me pasa muy a menudo). Esa novela fue la que le valió el éxito (abrumador) en Japón y a posteriori en el resto del mundo. Sus libros anteriores excepto El carnero (que es distinto) no están disponibles en castellano pero Al sur de la frontera va de lo mismo. Sólo después escribió cosas más complejas como El pájaro o Kafka aunque El pájaro llegara antes. Yo creo que mezcla ambas facetas en función de sus intereses (otra cosa es que a Vicente no le guste, que me parece muy respetable).

Tampoco veo tan claro eso de Alta y Baja literatura. Eso, al menos depende del público receptor. Por ejemplo, El Quijote no se consideró Alta literatura en un principio (y mira ahora). Lo que sí tengo claro es que si un libro es bueno, es bueno independientemente de lo que venda. Y me parece bien el criterio de que si una serie de personas cuyo gusto literario merece tu confianza, es muy probable que el libro sea excelente aunque a uno después vaya y no le guste (está en su derecho).

Saludos.

Manuel G. dijo...

Ya he perdido el hilo, pero me parece más productiva una crítica centrada en si Murakami tiene éxito en usar “lo irracional” o en crear atmósferas irreales. Vicente, tu dices que no tanto. Yo no he leído After Dark, pero a mi me parece ese su mérito en una serie de obras. Tengo la impresión de que ha creado mundos, texturas y perspectivas de valor para la literatura. Me aventuraría a decir que tiene bastante originalidad en mezclar muchos elementos antes dispersos por la literatura fantástica, la narrativa y los mitos japoneses, incluso los clásicos occidentales. No sé si perdurará, pero yo lo veo algo nuevo y muy interesante.

Estoy de acuerdo contigo en que Murakami se repite mucho, y puede llegar, de hecho, llega, a cansar. Es verdad que siempre es más o menos la misma obra la que escribe (o en la que emplea los mismo elementos), pero lo mismo se podría decir de Borges. También podría estar de acuerdo en cierto aspecto de tu crítica que va, creo yo, en realidad, contra el Murakami-que-se-vende por las editoriales, el realista, pop, adolescente.... porque ese marketing no lo creo exacto y olvida lo mejor de Murakami. Por algo quizás se menciona tan poco “Crónica del pájaro...” y “A la caza del carnero...”, que curiosamente aquí algunos, los menos, vemos como lo más perfecto del autor.

Manuel G. dijo...

Otro punto sobre el que me gustaría decir más... Me parece una buena línea la de Portnoy, cuando habla esclarecedoramente de una característica de la narrativa japonesa que es la no tan estricta necesidad de una coherencia interna.

Lo occidental en Murakami, para mi, es puramente superficial, de atrezzo y escenario. En cuestiones de estilo y gusto, hay más cosas que se podrían inferir de la narrativa japonesa. Por ejemplo, la narrativa japonesa suele ser mucho más extática que la occidental, no sólo en el argumento, sino en la propia forma de mirar, que en nuestra cultura implica mucha mayor acción, fluidez, cambio permanente, variedad... Para un occidental, la quietud japonesa puede ser asfixiante.

El narrador japonés parece usar otra forma de concentración en los objetos. Se centra en un detalle, o en algunos aspectos, y todo lo demás queda desdibujado o eliminado. (pensad en la pintura japonesa de paneles). Lo cual se traduce también en que los personajes muchas veces viven concentrados en algo muy concreto. Algo de lo que a veces depende toda su vida; como sublimado. De ahí esas relaciones humanas claustrofóbicas, que podemos ver por ejemplo en Murakami. Por el contrario, el occidental tiende a enfocar un cuadro general y un escenario donde accionan muchos más objetos. Y los personajes viven de una manera abierta al mundo y a muchas cosas que se les ofrecen; no viven hiperconcentrados en “sólo una cosa” de manera casi “autista”. Todo esto, por cierto, debe estar relacionado con el budismo zen que impregna la cultura y el arte japonés.

Otro aspecto a considerar sería el uso del lenguaje, que debe ser sencillo y claro ante todo (pensad en los haikus, donde se trata de conseguir lo máximo con el mínimo de medios). Frente al uso del lenguaje en occidente donde se espera quizá una mayor exhibición y brillantez en el dominio del lenguaje.

La simpleza en el lenguaje de Murakami puede parecer desesperante desde el punto de vista de un escritor occidental, a quien el cuerpo le pedirá casi por naturaleza ser ingenioso y brillante. Acusar a Murakami de simple, quizás muestra sólo cómo proyectamos nuestra sensibilidad occidental.

En Murakami está muy presente todo esto, que no se si he definido bien. En Mishima, en Kawabata, Kobo Abe etc...también; no debe ser casual.

Alvy Singer dijo...

Querido Cgámez, Norwegian Wood empezó siendo excepción por el enfoque y temática: Murakami había cultivado antes un estilo reconocible por lo Onírico antes que por las convenciones más realistas. Eso no quita ni afecta a que fuera un gran éxito. Sus dos primeras novelas jugaban mucho más con el lenguaje extrañado que no con el elemento per se, pero A wild sheep's chase y Hard boiled wonderland (o su secuela, Dance, dance, dance) afianzan la temática de este hombre.

Creo que en Haruki Murakami and the music of words hay algunas, pocas, consideraciones sobre el estilo del autor. Cedo la palabra a Rodrigo Fresán:
"La literatura de Murakami

en general -y Kafka en la orilla muy en particular-es un juego de reglas imprecisas pero firmes. Obliga -como sucede con los filmes de David Lynch- a una entrega absoluta sin cuestionamientos ni prejuicios. Hay que entrar rindiéndose primero para salir ganando después. Quien se resista se quedará fuera, confundiendo lo raro con lo tonto, irritado e insomne. Y es que Murakami -aun nutriéndose de tantas fuentes, con prosa tan dulcemente realista como ácida y lisérgica- empieza y termina en sí mismo y lo suyo posee la textura imposible pero verosímil de los mejores sueños. De ahí que, a la altura de la última página, en lo que para muchos constituirá un final demasiado abierto, Cuervo le aconseje a Kafka (y, por extensión, a los lectores) que "es mejor que duermas. Y, al despertar, habrás pasado a formar parte de un mundo nuevo". Y Kafka en la orilla es la incontestable evidencia de que Cuervo no miente. He aquí un libro extraño -un mundo nuevo- que divierte, emociona, da miedo, hace reír, intriga y, por último pero no en último lugar, desconcierta. No se le puede pedir más a una novela."

De After Dark es más escéptico:

"Uno empieza a leer un nuevo Murakami y se siente un poco incómodo y hasta irritado por ciertos tics y guiños al lector que se supone cómplice de entrada."

Juan Carlos Márquez dijo...

Al final, siempre sale a relucir, con perdón, lo del puto elitismo. En los demás campos del saber, del arte e incluso de la vida cotidiana (como bien apunta Vicente en varios ejemplos), cuando alguien acreditado opina es un experto. En cambio, cuando alguien que SABE opina de literatura es un elitista o todo se reduce a una nebulosa cuestión de gustos personales.

Portnoy dijo...

Me parece, no hace falta decirlo, muy estimulante esta discusión.
De todas formas la conclusión que se puede obtener es que no hay un baremo que nos permita calificar una obra, que en la mayoría de los casos apelamos a nuestros gustos o a nuestras sensaciones. Ya hemos visto como Vicente se aburre y Alvy defiende a ultranza al Murakami siniestro (Haruki, claro, los "dos" Murakamis a los que me refería son el mismo Haruki) y al mismo tiempo todos somos capaces de detectar en algunas de sus novelas un aspecto sensiblero que no acaba de convencer. No hace mucho, a raíz de la publicación de After Dark, apareció en 20 Minutos una crítica en la que se calificaba a Murakami de fenómeno adolescente en Japón. Evidentemente el cronista no había leído a Murakami.
Los que apreciamos a Murakami, igual que los que apreciamos a Vila-Matas, agradecemos que se nos señale los puntos negativos de sus obras. Es curioso como lo que a unos fascina a otros desagrada.
Entonces, ¿es ese el baremo? ¿no hay nada más allá de los gustos y las impresiones?
Vivimos en una época sin kafkas, ni dostoievskis, ni joyces, sin el Thomas Mann de la montaña mágica, sin Sterne... todo lo que se publica es potencialmente vendible. No digo que todo lo que se publica sea comercial, pero sí tiene ese potencial (hay muchas excepciones, lo sé)
En esta época comercial no hay apenas riesgo narrativo, casi todo se centra en la estructura y no en la forma que, al parecer, Joyce llevó al límite en Finnegan's Wake. Cualquier narrador decente se sitúa en esa frontera acomodaticia entre lo banal y lo supremo. Murakami entre ellos, sí, pero muchos otros también.
¿Nos conformamos y nos divertimos? ¿o destruimos completamente el sistema?
Perdonadme. He dejado dos o tres cosas en el aire que son muy discutibles,(escribo directamente, con cita para el médico en media hora) pero preferiría seguir con Murakami.

logiciel dijo...

Me gustaría dejar claro, por si todavía no lo está, que yo no afirmo ni niego nada, simplemente expreso en voz alta una serie de dudas que me 'asaltan' de vez en cuando, y que agradezco que me des la oportunidad de expresar aquí.

Saludos

Vicente Luis Mora dijo...

Cada vez que me levanto y veo la que habéis liado durante mi noche por un lado me alegro y por otro me asusto. Voy a tomarme el café y espero a que me haga efecto mientras que Portnoy vuelve del médico. Creo que hay que entrar a fondo en lo que dice, porque no estoy de acuerdo. Saludos a todos.

Anónimo dijo...

No es elitismo... Simplemente creo que se trata de una visión puramente fascista del mundo y de la literatura.

Manuel G. dijo...

Por cierto, habéis hablado de Auster, y a mi se me parece mucho el planteamiento de "El Palacio de la Luna", por ejemplo, a "Tokio Blues", por su personaje principal abandonado de si mismo, pero con las diferencias culturales de por medio y mucho mayor misterio y otras cosas interesantes a favor de Japón.

Me gustaría saber si Auster le ha parecido a alguien un autor "llorica", como a mi, donde las impresiones si son lo que parecen, cosa que no se puede hacer directamente con Murakami, porque podría ser todo al revés para un japonés. Y de hecho lo es.

Vicente Luis Mora dijo...

He colgado el comentario del anónimo anterior para que seamos conscientes de la fauna que nos acecha. Os ruego que no le respondáis, es sólo por curiosidad taxonómica y como recordatorio de que "ellos" están entre nosotros. Saludos.

Juan Carlos Márquez dijo...

De "El Palacio de la Luna" no tengo muy buen recuerdo, Manuel, pero sí de "Leviatán", la trilogía de Nueva York y "La música del azar", quizá la más extraña y siniestra de todas. La última etapa de Auster apenas me interesa. En cualquier caso, me gusta más que Murakami, aunque sus personajes estén siempre al borde del colapso y el azar sea el tema de buena parte de su obra.

Sir Alsen Bert dijo...

La literatura no va por los derroteros de encontrar un Mann o un Dosto y qué menos, un Goethe. Yo creo que no.

La literatura empieza a abrirse paso con experimentos como por ejemplo, coger esta entrada y editarla junto con sus comentarios. ¿Sería eso Literatura? Nosotros, que somos todos o casi todos unos personajes escondidos en un nick.

Con personajes se hace la ficción.

No, tampoco he leído nada del japonés. Por eso no entro en la discusión. Eso sí, me ha parecido interesantísima y digna de ser editada todas estas aportaciones, algunas muy, muy valiosas.

Vicente, no sé si la tienes traspasada a un word pero si la tuvieses, ¿tendrias incoveniente en enviármela cuando acabase?

(No penséis mal. No se la voy a presentar a ningún editor)

Gracias.

Vicente Luis Mora dijo...

Estimado Sir Alsen, no dude que lo haré (utilizo el tratamiento porque eso exige el protocolo de los Sires :). le ruego me escriba al correo electrónico de la parte superior derecha del blog dándome el suyo. Póngame respetuosamente a los pies de su señora. Saludos.

Alvy Singer dijo...

En Norwegian Wood hay un personaje, en la mejor subtrama o al menos la más interesante, que sólo lee a autores con la distancia que proporciona el tiempo.

En este tiempo tumultoso la literatura ya no ocupa el lugar central. Claro que tenemos grandes escritores , hilando con lo que dice Portnoy: tenemos a Bolaño, a Fresán, a Foster Wallace, a Roth, a Coetzee, a Pynchon, a DeLillo, entre otros, por citar a los que he leído y releído con fuerza y admiración. Pero esta es, Eloy F.P. mediante, la "literatura de la implosión mediática". Ahora hay medios, todos más jóvenes que la literatura, como el cómic, el cine o los videojuegos que han venido para quedarse.

Es cierto que hoy no tenemos a kafkas, dostoievskis, joyces, becketts, woolfs. Pero tenemos sus libros, sus profundos lectores y la posibilidad de alargar con ellos nuestro marco cultural.

En cuanto a lo de Norwegian Wood yo creo que su principal fascinación se encuentra en el título español (pensadlo: Tokio Blues). Lost in translation, una copia estilística de Wong Kar-Wai y el primer Jim Jarmusch, funcionaba por Bill Murray y claro, por SCARLETT JOHANSSON. Pero ¿había algo "profundo" en aquella película? ¿O simplemente había sensibilidad para que llevar al espectador? Dicho de otro modo, Murakami consigue con el lector global proyectarle a una ciudad-mundializada donde escucha los Beatles y asiste también al desengaño de la izquierda, sin embargo con una espiritualidad exótica que lo hace fascinante. Yo creo que es parte de su sex-appeal entre los lectores cuando hace novelas "realistas". Cuando hace Kafka en la orilla me parece evidente porque nos fascina. El resto, lo explica Fresán:

"Lo que sí distingue a Tokio blues de tantas otras -lo que la hace inequívocamente murakamiana- son las numerosas alusiones al pop occidental pasadas por el tamiz de lo oriental (aquí el eslogan beatle "todo lo que necesitas es amor" muta a un casi samurái "todo lo que necesitas es dolor" porque, sí, recordar duele); el guiño a Fitzgerald (la dedicatoria parafrasea a la de Suave es la noche, varias menciones a El gran Gatsby) y al Mann de La montaña mágica (con sus sanatorios/hoteles existenciales); sus tan adorables como aterrorizantes nenas fatales (aquí vienen la perturbada y perturbadora Naoko y la erótica y erotizante Midori seguidas por la madura y sabia Reiko); la mención entre psicótica y zen a otras dimensiones dentro de ésta; y, por encima de todo, su prosa. Porque leer a Murakami es una experiencia única. No puede decirse que sea un gran estilista; pero sí que es algo todavía más extraño y valioso. "

Juan Carlos Márquez dijo...

Alvy, un itinerario:

Mistery train-Jarmush-Ghost dog-Kitano-Hanna Bi-Murray-Flores rotas-Lost in traslation.

eli dijo...

Me ha hecho gracia tu encuentro con desconocidas en el bareto de jazz. Precisamente es eso lo que cansa de Murakami.
After Dark es cansino, malo, muy malo, dada la deriva del debate hasta sobra la imagen de la portada del libro. Me lo leí hace un par de meses y poco es lo que se ha quedado de él en mi memoria. Sin embargo de Kafka en la orilla, que leí hace dos años, conservo un recuerdo muy vivo, todavía me da escalofríos la historía del chico, todavía no se esfumado la simpatía que sentí por Nakata y Oshima, todavía siento miedo cuando pienso en Johny Walken. Para mí son obras incomparables, y me daría mucha pena que se juzgara la calidad de una por la de la otra.

(A ciertos anónimos: Os recomiendo el librito de José Antonio Millán, Manual de urbanidad y buenas maneras en la Red. No estaría de más echarle un vistazo)

Saludos.
Oche.

Anónimo dijo...

Hosti, lo siento, he publicado con el Nick de mi novia, sorry.
Oche

Vicente Luis Mora dijo...

Oche, la experiencia de casi cuatro años me ha hecho confirmar mi intuición de que hay dos tipos de anónimos: los interesantes, gente normal que quiere opinar sin que se sepa exactamente quiénes son (hay varios poetas, profesores y narradores que conozco que actúan así en este blog para evitar "vendettas" personales de otros blogueros), y los trols, los gilipollas a quienes intento tener fuera del diálogo. Lo que ocurre es que de vez en cuando es bueno recordar que existen, comprobar que su inoperancia intelectual les conduce a la mala educación y al anonimato, para que nadie sepa lo tontos que son, y los pocos argumentos que tienen. A mí, con el paso del tiempo, han pasado a darme cierta ternura. Saludos.

cgamez dijo...

Yo tampoco creo que sea época de Mann, Joyce, Woolf, Proust o Kafka por centrarme en una época de la literatura, la moderna (ojo, yo soy fan de Joyce hasta los huesos, de Kafka ni digamos). Cabe tener en cuenta que esos autores cristalizaron por escrito los deseos de un público lector por entonces muy culto, que esperaba lo sublime en literatura, que todavía no se había dado. De ahí lo complejo de sus obras (esto no es mío, lo leí de un profesor universitario de literatura). A eso me refería cuando lo de alta y baja dependía del público receptor. En ese sentido me parece muy bueno el análisis que hace Alvy del público actual y el futuro (el otro comentario, en el que me contestabas, no lo respondo por aquello de quien calla otorga). El público actual tal vez no busque un léxico tan sublime en los textos (eso no siempre es bueno, piensen como acabó todo aquel público en los 40), pero es mucho menos analfabeto en cuanto a asimilación de lenguajes visuales (gracias Molinuevo y Gubern por enseñarnos un poco) y cibernéticos. Creo que por ahí pueden ir los tiros. Cuidado, eso no elimina la complejidad, la hace comprensible léxicamente pero no tanto conceptualmente. Y creo que el buen escritor debe buscar lectores inteligentes en este aspecto. Un ejemplo sería el de Fernández Mayo. Sus novelas son sencillas en cuanto a escritura se refiere, no así la estructura o las historias, y consigue comunicar con mucha gente de distintos ámbitos expresivos. Los juegos gráficos de Coupland también van por ahí, y se trata de un gran contador de historias por otra parte. Sé que hay más. Ahora no se me ocurre ninguno de forma nítida (para mí Sebald por las imágenes, pero ahí el léxico sí es complejo). Creo que los demás podéis aportar mucho más al respecto.

Un saludo.

Vicente Luis Mora dijo...

Llevo unos días de mucho trabajo y me he perdido un poco del debate, lo siento, pero cuando no puedo no puedo. Sólo te diré, Carlos, que no creo que las cosas sean tan fáciles como explica ese profesor de literatura. La época de finales del XIX es una de las más complejas de la Historia y a ella precisamente dedicaré un post en breve, quizá el viernes 27, puesto que mañana cuelgo un post escrito el fin de semana pasado que, sin quererlo, enlaza con algunas cosas que han ido saliendo del debate. Lo hizo uno de mis clones mientras yo trabajaba, o quizá fuera mi gata, ahora no recuerdo. Tengo tantos negros que me pierdo. Otra cosa, Carlos: lo que apuntas al final de tu comentario es muy interesante. Sobre Fernández Mallo quizá te interese lo que éste ha colgado en su blog, un fragmento de una cosa que publiqué en USA en octubre, creo que te interesará: http://www.alfaguara.santillana.es/blogs/elhombre/2/blog-post/244/en-hofstra-hispanic-review-sobre-el-espacio-en-proyecto-nocilla/
Saludos.

Portnoy dijo...

Al hilo de lo que dice cgamez, que es algo sobre lo que hablaba antes de irme precipitadamente, parece que la innovación literaria actual pasa por demoler o alterar o innovar a partir de la estructura... y lo que pasa es que no me parece tan innovador, ni suficiente para garantizar un resultado aceptable que esté por encima de la media, que se acerque a lo sublime. Por ejemplo, ya que lo cita cgamez, la sencillez estilística de Fernández Mallo combinada con la estructura de Nocilla Dream me hace sentir como si estuviese ante un regalo en el que todo fuese envoltorio; sin embargo en Los detectives salvajes, y no pretendo comparar a Bolaño con Mallo, se equipara la estructura con la complejidad de estilo.
Entonces, ya que parece que he pasado de hablar de Murakami a hablar de todo (y de nada) lo sublime, o lo que de nuestros tiempos se considerará sublime en el futuro, o está por llegar o no sabemos verlo, pero debe contener (e innovar) en algo más que en la estructura y el estilo. A Murakami se le compara con Lynch, es cierto. Posiblemente porque son artistas capaces de transmitir unas sensaciones que no se encuentran directamente en sus imágenes y en sus textos. La inquietud de lo que no se dice, de lo que no se ve, es una característica que comparten. Se trata de un paratexto que subyace al texto y que no es explicado directamente, algo que el lector y el espectador entiende y siente, inducido por el autor, evidentemente, pero a través de un mecanismo oculto.
Es posible que para que eso ocurra sea necesaria complicidad con el autor, pero ¿no ocurre eso siempre?, ¿no es necesaria la complicidad del lector cuando ve al padre de Tristram Shandy dar cuerda al reloj?
Que no se suponga que pienso que Murakami o Lynch formen parte de lo sublime del futuro, pero sí que pienso que agotada la vía de la inteligibilidad del texto, prácticamente agotadas las historias, y los juegos estructurales como moneda corriente, tal vez queden las sensaciones como material narrativo... no "voy a hablar de como sienten mis personajes" si no "voy a hacer sentir al lector esta emoción precisa sin que sepa que me lo propongo".
Vaya, que la alta literatura contemporánea debe pasar necesariamente por Samuel Beckett ( o eso quiero creer)

Vicente Luis Mora dijo...

No puedo ahora seguir en el debate, pero te hago una pregunta, Portnoy. Me ha sorprendido tu última frase: "que la alta literatura contemporánea debe pasar necesariamente por Samuel Beckett". ¡¡¡Yo pienso exactamente lo mismo!!! Y mi amigo el novelista Javier Fernández, uno de los que más profundamente ha seguido el ejemplo de Beckett, también. Pero Bolaño me parece lo contrario de Beckett... Exactamente lo contrario, vamos: creo que lo pondría como ejemplo de su antónimo perfecto. ¿Entonces..?

Portnoy dijo...

Debe ser porque todo lo que no sea Beckett es lo contrario de Beckett, ¿no?
Es broma. Debo pensar en eso que dices sobre Bolaño y Beckett.

Manuel G. dijo...

Acabé “Tokio Blues”, y quería dejar una breve interpretación. Tengo que decir que la mayoría de las críticas y comentarios que he leído y escuchado por ahí, creo, tocan muy poco el corazón de lo que a mi me parece el libro.

Yo veo que lo occidental es en el libro muy superficial. Me refiero a los escenarios, algunos productos de occidente, libros, la música nombrada, los beatles... pero todo esto no viene a explicar la novela y mucho menos su inquietud principal. A lo mejor Murakami no es ajeno descriptivamente por motivos de actualidad a ese hiperconsumismo japonés que ha cambiado la superficie del país, pero poco más. No capto una tensión creativa fuerte en este sentido. Me pregunto si Murakami no es simplemente irónico o se burla de todo esto.

Detrás de tal superficie resulta una novela bastante extraña, en los comportamientos, su lógica, las relaciones humanas, las distintas formas del amor en la cultura japonesa, el sexo tanático... todo me parece extraño; pocas cosas creo que tengan una fácil e inmediata interpretación a la manera hippy, occidental, pop... de la que todos los críticos parten.

Manuel G. dijo...

¿Qué ha pretendido Murakami? ¿mostrarnos el Tokio moderno? ¿mostrarnos a los japoneses de hoy con todas sus costumbres occidentales?. Para mi no: la novela está llena de la muerte; no es algo que se esconda precisamente. El verdadero esfuerzo está en el intento de ofrecernos una especie de ensayo sobre la influencia de los muertos y de la muerte en los vivos; internándose por las conexiones entre Eros y Tanatos. El tema de por si, ya obliga a entrar en un mundo de fantasía. Murakami se ha lanzado a indagar en las relaciones de una serie de personajes con la muerte, y esto no se enfoca con realismo, sino a la manera fantástica, simbólica, surrealista, anímica... No veo un interés en Murakami por quedarse en un realismo sociológico. Aunque necesitara un escenario.

Hay muchos puntos sugerentes. La importancia de los tríos: cómo la muerte de alguien provoca la unión de los que le conocieron; cómo la presencia de la muerte dispara energías sexuales en los otros. Cómo se produce una cadena continuada de relaciones originadas en la muerte, una vez y otra. El sexo se mezcla mecánicamente con la muerte y el suicidio en todo momento. ¿De donde sale todo esto?

Para mostrar que no es una simple historia ñoña sobre adolescentes (habría que ver qué es cursi o ñoño para un japonés, para lo cual a lo mejor tengan otra tolerancia), se me viene a la cabeza compararlo con un libro como “El lobo estepario” (donde anecdóticamente aparecen escenas alusivas al jazz), en el uso explícito de una simbología y fantasía personales, o en su forma de mostrar mundos interiores cerrados, junto con la obsesión de la muerte. Se menciona a Hesse en el libro por otro lado. Aquí tenemos a otro autor onírico a quien siento una mejor referencia para enclavar, o comparar, si se quiere, a Murakami. ¿Realmente es tan adolescente?

“Se ha ahorcado en lo más profundo de un bosque tan oscuro como su mente.”...Es una frase que podría ser una buena concreción del corazón del libro.

Para mi es apreciable todo este esfuerzo, sin ser su mejor obra, y un Chapó a Murakami, por permitirnos transitar por estos mundos irracionales e invisibles, aunque juegue a veces libremente con la imaginación.

Por otro lado me sorprende que una canción de los beatles, y algunas escenas de bares, puedan ocultar todo lo que hay dentro de una novela así. ¿Son pobres las novelas, o somos pobres lectores?

Vicente Luis Mora dijo...

Querido Manolo G., lamento disentir contigo pero te voy a decir algo que me he estado callando durante todo este tiempo. Te voy a decir lo que dirían gentes tan distintas como un crítico estructuralista, un crítico marxista y un crítico historicista tipo Sainte Beuve: la novela es un invento occidental. Cualquier japonés que publique una novela está operando del mismo modo que los poetas occidentales que escribimos haikus de vez en cuando: a medias entre el homenaje y la perversión del género.

Hay prosa japonesa tradicional, por supuesto, como el Kojiki o el Genji Monogatari, pero del mismo modo que el Panchatantra hindú o las 1001 noches árabes, son formas fabuladas de contar historias reales (Genji) o historias cortas que reúnen leyendas tradicionales (las otras). En el caso del Genji, en realidad estamos ante un conjunto de piezas cortas, hiladas, de contenido social y de carácter descriptivo, escritas con un fin moral (no necesariamente edificante): es decir, algo parecido, salvando las obvias y anchas distancias espacio-temporales, a nuestro El Conde Lucanor o a los Cuentos de Canterbury de Chaucer.

La novela como tal, la novela moderna a la que se adscriben, a medias entre el homenaje y la perversión, Mishima, Oé o Murakami, es una invención europea. Si nos ponemos estupendos, española. Saludos.

Manuel G. dijo...

Pero Vicente, ¿eso se opone a algo de lo que digo?. Si los japoneses, según esos críticos, pervierten la novela occidental, aunque la homenajeen por otro lado, eso quiere decir justamente que no se puede interpretar completamente una novela japonesa como se haría con la occidental.

¿No es eso lo que digo?

Vicente Luis Mora dijo...

No, no creo que esa eso lo que dices. Pareces intentar suspender el juicio sobre Murakami por nuestra presunta incapacidad para juzgar sobre estándares japoneses. Y yo lo que intento decir es que no son japoneses, ¡son europeos!

Lo explicaré mejor con un ejemplo. Yo no puedo valorar un haiku japonés por 2 motivos: 1. la radical inaccesibilidad del uso poético de la lengua para un no japonés, algo de lo que han hablado incluso los traductores profesionales de poesía japonesa, puedo copiarte elocuentes párrafos al respecto. 2. mi incomprensión del "lugar" retórico desde el que un poeta japonés se enfrenta a su tradición cultural y dialoga con ella, algo que sí puedo hacer con un occidental, incluso aunque no hable su lengua, porque esa cultura es en gran medida común. Pero cuando alguien salta las barreras culturales, en una u otra dirección (nosotros hacia ellos, Murakami hacia nosotros), se quiebra ese estatus y se cae en la trampa de la "forma" extranjera. Ello nos coloca en un lugar donde es Murakami el que tiene que perder, no nosotros (en novela). Del mismo modo en que cualquier occidental que escriba haikus hace, en cierta forma, el ridículo, ya que un poeta japonés clásico tardaba a veces años en escribir un solo haiku. Para ellos la redacción de esas 17 sílabas era un proceso de "llegada", después de una larguísima reflexión estético-filosófica. Para nosotros, que nos acercamos al haiku lúdicamente, es sólo una "forma métrica japonesa", que utilizamos con mayor o menor ingenio (poco, en mi caso), pero con una ligereza inconcebible para un japonés.

Mi tesis no es que un japonés no pueda escribir una buena novela, porque sea una forma europea: a la vista está que hay numerosos japoneses que lo han hecho, y bien. Sólo digo que Murakami no llega, se queda especialmente corto, no cubre las legítimas aspiraciones que un europeo puede exigir a una novela, del mismo modo que nuestros haikus, a juicio de los críticos japoneses (quizá con algunas excepciones) no llegan a colmar sus expectativas. Saludos, Manuel.

Alvy Singer dijo...

Yo veo conexiones con Dick y con Ballard en Hard-boiled wonderland and the end of the world. De Ballard saca esos mundos sumergidos y les da un retrato singular y único. De las realistas, son las que cita Vicente, no hay muchas más conexiones y es cierto que por mucho que disfrutemos con la lectura de algunas, son decentes y esto no lo niega el crítico, poco de lo que se cuenta en "Al sur de la frontera, al oeste del sol" es poético.

No hay que olvidar lo que dice Fresán. En las palabras de Murakami, al menos traducido por Rubin, se percibe siempre un tono muy propio de él, pero a veces esa prosa puede parecer simplona o nada brillante. A Dick no se le recordara por ser un gran prosista americana, pero si por legar al imaginario contemporáneo obras como El hombre en el castillo y Ubik en las que desestabiliza la realidad y genera unos diagnósticos visionarios sobre su presente y futuro y pasado. Ballard es un buen escritor, al menos en su lengua inglesa, y combina multitud de procedimientos como de estilos. Pasa algo similar con Christopher Priest, menos reconocido, pero no menos brillante.

Manuel G. dijo...

Bueno, tengo algunas dudas sobre tu tesis, Vicente. Pero ahora de momento voy a transcribir un extracto de “El crisantemo y la espada”, de Ruth Benedict, estudio clásico de antropología sobre la mentalidad japonesa, que puede ser interesante para clarificar todo esto. La películas de guerra supongo que también se originaron en Europa, pero tenían un publico específico en Japón y ya un estilo propio; lo mismo creo yo que la novela japonesa del siglo XX. También querría decir luego algo sobre la literatura híbrida de nuestro tiempo, y del ensanchamiento gradual en Occidente de lo que es una novela, gracias entre otras cosas, a la recepción de otras literaturas, incluidas las antiguas.

La realidad es que cuanto más se indaga sobre aspectos literario-culturales japoneses, más se comprende que muchas cuestiones que se ponen en duda de las novelas de Murakami no son gratuitas para un japonés y vienen a significar lo contrario de lo que pensábamos. Esto me parece inevitable. ¿Cómo encajamos tal hecho cierto?

Ni se puede pedir a los lectores que lo sepan todo sobre Japón, es verdad; ni se puede ser tan etnocentrista como para leer una novela japonesa exactamente igual que una novela de cualquier país europeo (de hecho, hemos ensanchado poco a poco en Europa esta tolerancia). Pero en cierta manera el problema no creo que tenga una solución total, y obligatoriamente vamos a estar siempre sometidos al error en muchos aspectos cuando leemos una novela japonesa, tanto en el éxito como en el fracaso. Siempre habrá una dis-comprensión en los dos sentidos, también cuando resulta todo un éxito. Hay que convivir con ese grado de error y por tanto afrontar estas lecturas con tolerancia, no con principios estrictos. Pero es que esto está ya dentro de la concepción de la literatura hoy por hoy a la hora de disfrutar de otras literaturas o de la literatura en general: cierto ensanchamiento y conciencia de otros presupuestos culturales. Esa concepción era más estricta en el siglo XVII, en los orígenes de los que hablas.

Aquí va el texto:

“Las películas modernas de guerra siguen la misma tradición. Los norteamericanos que han presenciado estas películas suelen decir que son la mejor propaganda pacifista que han visto en su vida. Esta es una reacción característica de los norteamericanos, porque las películas están totalmente centradas en el sacrificio y sufrimiento de la guerra. No le sacan partido a los desfiles y bandas militares, ni a las orgullosas demostraciones de maniobras navales o de armamento. Lo mismo si tratan de la guerra-ruso-japonesa como del “Incidente chino”, insisten machaconamente en la rutina y monotonía de las marchas por el barro, en el sufrimiento de los combates sin gloria, en el resultado incierto de algunas campañas. Las últimas escenas no son las de una victoria, ni siquiera las de una carga de los banzai. Son las de un alto en el camino durante la noche en una ciudad china, gris y llena de barro, o las de los personajes cojos, heridos y ciegos que representan a tres generaciones de una familia japonesa, superviviente de tres guerras. O bien muestran a la familia en casa, tras la muerte de un soldado, lamentando la pérdida del esposo y padre, del sostén de la familia, y uniéndose todos para salir adelante sin él. El fondo conmovedor de las películas anglonorteamericanas del tipo Cavalcade les es completamente desconocido. No dramatizan tampoco el tema de la rehabilitación de los veteranos heridos, ni mencionan siquiera los motivos por los que se luchó. Al público japonés le basta con comprobar que todos cuantos aparecen en la pantalla han devuelto el “on” a pesar de haberles supuesto un tremendo esfuerzo. Por ello puede afirmarse que en el Japón estas películas eran propaganda militarista; sus patrocinadores sabían perfectamente que no inclinarían a los espectadores hacia el pacifismo.”

Vicente Luis Mora dijo...

Querido Manolo, es interesantísimo charlar contigo, porque tus conocimientos de antropología te permiten ofrecer textos que me parecen fascinantes. El que copias lo es, y mucho, y ofrece irisaciones del asunto que dan para pensar largamente. Pero de lo que no estoy seguro es de que ese texto te dé la razón a ti. Tampoco me la da a mí (además, no me interesa tener razón, me interesa construir), sino que opta por un camino intermedio. Instala el error categorial en los saltos culturales, algo que defendemos los dos: tú, para decir que no podemos comprender los verdaderos intereses de Murakami; yo, para decir que Murakami no comprende nuestros intereses. A esa inaccesibilidad es a la que me refería.

Hace unos años, leí poesía en Berlín con un poeta chino, ahora mismo no recuerdo el nombre. Escribía indistintamente en chino y en alemán, lo que me sorprendía mucho. Por entonces yo era capaz todavía de chapurrear la lengua y de entender textos fáciles. Le comenté mis impresiones sobre uno de sus poemas y me respondió: "jamás había pensado en eso que dices. Escribí el poema pensando en tal y en tal cosa. Pero, ahora que lo veo como tú (subrayen el 'lo veo como tú') esa lectura es hacedera, es también posible".

Ese hueco, esa fractura, es la que hizo abandonar a Borges la lectura de poesía china y japonesa, según comenta en algún sitio. De memoria le cito, después de ver la disparidad con la que dos traductores habían abordado la misma metáfora: "un sombrío escepticismo se había apoderado de mí".

Pues eso. Pero la diferencia es que las metáforas de la poesía china y japonesa clásica son maravillosas y acaban saltando, en cualquiera de sus traducciones, las diferencias culturales. Son tan potentes que vencen la resistencia de los idiomas y las estructuras mentales de emisor y receptor.

Murakami se diluye en el camino, con lo cual su texto de origen no debe ser muy interesante.

Saludos.

Manuel G. dijo...

Bueno, ya sé que hay otro tema muy interesante en el blog sobre el que discutir, y, efectivamente, como no se trata de llevar razón... sólo algunos puntos de entre los muchos que se van a quedar en el tintero. Y perdona por si alargo esto demasiado.

- ¿Y si tu tesis descansara demasiado sobre la idea de que obras como “La historia de Genji”, y otras obras de la literatura japonesa antigua, no son novelas?. El Quijote, el Lazarillo etc...consisten igualmente en narraciones episódicas. ¿Y si no fuera tan importante esa clasificación sobre lo que es novela y no lo es?. El Genji en la mayoría de lugares se considera novela. Pero novela es un termino sui generis, y tu concepto de novela parece muy estricto, muy elaborado conceptualmente.

- Se puede dudar que sea el escritor japonés el que tenga que comprender nuestros intereses. Quizás si como una necesidad editorial o comercial a posteriori, pero no creo que tenga que ser una necesidad creativa. Visto de otra manera, somos los lectores occidentales los que nos adentramos en otra literatura, hecha por y para los japoneses, y por tanto también debemos hacer un esfuerzo. De hecho, eso está ya en nuestra evolución literaria, en el acercamiento y el gusto por otras literaturas, en el éxito de narradores africanos, orientales... cosas antes impensables. Somos nosotros los que queremos leer algo distinto. Ahí el valor de lo exótico. ¿Por qué querer juzgar estrictamente con un hipotético patrón europeo, cuando parece que el impulso para leer a autores japoneses es su exotismo?. Ahora bien si tu dices: “Esta obra japonesa es mala como novela europea”. Eso te lo puedo admitir. A lo mejor es que no hablamos de lo mismo. Tu presupones que debes juzgarla como novela europea, y yo estoy metido en juzgarla (con mis muchas limitaciones) más en su matriz inicial como narrativa japonesa. Pero ¿es justo valorar a Murakami estrictamente como novela de alta literatura europea ?...Yo creo que no.

Manuel G. dijo...

- Hay una enorme tradición narrativa en Japón. Hay obras reconocidas como cumbres de la literatura, sin ir más lejos, “La historia de Genji”, “El Heike monogatari”...hay una gran tradición poética, teatral...y gran variedad de géneros en todas las disciplinas. Se hace difícil pensar que los japoneses tengan que hacer obras narrativas sin tener en cuenta la tradición y los patrones propios. Esto por no hablar de lo difícil de anular una simple sensibilidad cultural diferente a la hora de fijar valores y patrones. El concepto estricto de novela, quizás es lo de menos en todo esto.

- Ayer escuché en alguna parte que Bloom no incluía a Valle Inclán entre los grandes porque “era intraducible”. ¡Y sin embargo creía que era de los grandes!. Según Nabokov: “Los grandes autores siempre triunfan por razones equivocadas”. Yo lo transformaría: “La literatura japonesa siempre triunfa o fracasa en Occidente por razones equivocadas”.

Vicente Luis Mora dijo...

Manolo, de verdad que es encomiable tu paciencia, y tu sosiego a la hora de elaborar hipótesis. Te imagino dando vueltas a los libros de Murakami, repasando conceptos de endoculturación en tu vasta biblioteca de antropología, y diciéndote a ti mismo: "a ver cómo lo enfoco esta vez".

Puedo estar equivocado, sin duda. Lo repito desde hace varios comentarios, varios posts, varios años. Pero todos tus elaborados argumentos me conducen, por una extraña razón de polaridad inversa, a razonamientos simplones, pero me temo que bastante eficaces. Aquí va otro:

Una lámpara, ya sea en china, en España, en Japón, en Sinaloa o en Armenia, está pensada para dar luz. Si alumbra, es buena en cualquier parte; si está fundida, es una mala lámpara allá donde la pongas. Eso sí, puede ser bonita como adorno.

Una novela, ya sea en china, en España, en Japón, en Sinaloa o en Armenia, busca contar una historia. Si la historia es buena y está contada con ritmo narrativo y talento, funcionará allí donde la leas. Si no, será una mala novela en cualquier parte. Eso sí, puede ser bonita como adorno, y vender millones de ejemplares.

Imagina que tienes razón, y que Murakami es bueno: su premio son sus millones de lectores.

Imagina que Murakami no es tan bueno: da igual, se ha llevado un premio de millones de lectores.

¿Crees que necesita, en cualquiera de los dos casos, defensa?

Abrazos, Manolo.

Manuel G. dijo...

Pero es que Murakami alumbra, sólo que alumbra con una iluminación que puede ser muy matizada según el gusto japonés, y no brilla potentemente como querría el lector europeo, lo cual molestaría al japonés.

Me imaginas bien: rodeado de miles de volúmenes, arengándole a los lomos de los volúmenes de antropología japonesa, medio loco, iluminado...jaja... leíste a Canetti.

Vale, bien: que Murakami se defienda a partir de ahora sin mi.

Carlitox dijo...

Toc toc. Llego tarde, pero bueno, solo quería señalar un par de cosas.

*) Sigo pensando que lo de "daños materiales" es exagerado. Está bien que se opine de un libro. Es que no hablo de eso, sino de la etiqueta de "alta literatura", que es peligrosa. Eso y que el problema no estaría, creo yo, en el que escriba de forma alta o baja, sino en los lectores que aclamen ese libro, aunque sea horrible para ciertos sectores.

El otro día hice una leve referencia a Taleb. No tiene nada que ver con el tema, pero él afirma que no hay forma alguna de prever que Rowling sea un best-seller hasta que se pone en venta. En cierto modo, yo comparto esa visión de forma un poco nihilista.

Buena o mala literatura, eso no es que de igual, sino que son conceptos que irán rotando cada cierta porción de tiempo.

*) Blumm, la cita de Gombrowicz podría pegar, pero no encaja. El contexto de Gombrowicz era otro.

*) Seguramente ya lo conocen, pero por si acaso les digo que hay un libro muy bueno que escribió Carlos Rubio para Cátedra: Claves y textos de la literatura japonesa. Es de los mejores libros que existen en español para comprender mejor la literatura nipona.

Anónimo dijo...

Déjense de leer a Murakamis y demás pendejadas mediáticas. Lean, por ejemplo, la última novela de Dan Peters "La soledad de Charles Dickens"(Drood, en inglés).Eso sí es literatura de la buena, no Murakami. La buena literatura japonesa creo que se acabó el día en que se suicidó Kawabata.

(Chema)

vortice dijo...

No reniego de Murakami (una vez si)pero tras buscar en sus páginas esa esencia de magia que se intuye entre la superficial lectura he llegado a la conclusión de que efectivamente solo se intuye...tras Norwegian Wood, La caza del carnero salvaje, Kafka en la orilla y el pajaro que da cuerda al mundo vino After dark y after after dark creo que no vendrá mas Murakami.
Hay momentos estelares (al menos para mi)con esa luz..pero quedan colgados en un éter de el vino que tiene Asunción (que ni es blanco ni tinto ni tiene color).
Trata de bajar a los infiernos y se queda en el limbo, vamos, que ni Apolo ni Dionisos...yo prefiero los perros a los felinos y de estos últimos los salvajes.
Seppuku diría Mishima para After Dark.
Hiromi Kawakami "El cielo es azul, la tierra blanca", la semana que viene en Acantilado.

Vicente Luis Mora dijo...

No conozco a este escritor, Kawakami. Por lo que veo lo recomiendas. ¿Tiene libros ya traducidos al español?

Anónimo dijo...

Hermano, para ser breve:
si te aburre Murakami, imaginate el espeso sopor -de noche o de día- que causais la llamada literatura after/marketing pop nocilla y todo eso. ¡Dios mio! Un poco de autocritica y menos autobombo.
Que os estais pajilleando los unos a los otros todo el día: VILAS --> MORA--> PORTA ---> MALLO --> MALLO ---> MALLO ...

Esos egos... ¿Mamá no os hacia caso de pequeños?

Doug dijo...

Totalmente de acuerdo. Para quedarnos en la vecindad geográfica yo diría que una sola línea de Kawabata es más valiosa que 300 páginas de uno de los bodrios de Murakami.Ni una sola frase memorable o exquisita en ellos, nada.

Un saludo cordial.

Mi blog

funci dijo...

Chicos, para no gustaros Murakami os habéis enrrollado de lo lindo. ¿Qué pasa, que la literatura divertida es mala? Pues quedaros con Marías o con Muñoz Molina, toditos para vosotros.

Lector Iracundo dijo...

¡Buf! ¡Marías y Muñoz Molina! ¡Menudos tostones!

Creo que está muy bien que existan críticas como esta en Internet, que es casi el único lugar que queda donde poder leer críticas literarias.

memofield dijo...

¡Menudo revuelo! Y cuán interesante. Llego muy tarde y, por si a alguien sirve de algo, os cuento brevemente mi experiencia con Murakami. Empecé con Kafka en la Orilla, por recomendación de mi compañera. Lo leí y, pasó algo extraño. Me atrapó, pero no de la forma que lo hacen otras novelas. Mucho simbolismo, mucha trama inconexa pero sugerente... Total, que devoré el resto de su obra, novela tras novela, hasta que la saturación ha llegado con la última 1Q84. Ahora me resulta empalagoso y repetitivo. Si tuviera que resumir toda su obra, lo haría en una sola, que nadie a citado en este debate, creo: El Fin del Mundo y Un Despiadado País de la Maravillas. Una caña. Curiosamente escrito en 1985 y editado muchos años despúes. Impresionante. Y, curiosamente, poco conocida. También creo que a partir de ahora jamás podré leer otra novela suya.

Vicente Luis Mora dijo...

Qué barbaridad, increíble que este hilo siga generando conversación. No conozco ese libro que citas, ni siquiera había oído hablar de él. Gracias por tu aportación. Saludos.

Juan Carlos Aguirre A. dijo...

Muy interesante. Lo comparto.