sábado, 16 de marzo de 2013

(Firma digital invitada) Paula García Santoro: inquietudes sobre el diseño

"Hola, Vicente. Estoy estudiando diseño de producto, y tengo algunas dudas que me gustaría plantearte en relación a este campo. En primer lugar, quisiera mostrar mi repulsión hacia esta tendencia posmo-chachi en el diseño que se/nos impone y que vendría a representar el BUEN HACER: Ikea. No hace mucho, en unas de esas yoguererías tan de moda y tan representativas de un mundo aparentemente suave y limpio, un chaval, ante la extrema limpieza y blancura-cool del local (la limpieza como antesala del fascismo), le dijo a su compañero: “joder, aquí parecemos manchas”, y me pareció un comentario muy paradigmático de la repercusión del diseño en las personas. El diseño parece que esté en el cielo, en los valores (los objetos parecen más virtuosos que las personas), en el buen hacer, en ese espacio blanco, abstracto, divino, donde se establecen hipotéticos usos sin ninguna relación con las manos, más que las del propio diseñador. Es como si nuestra función se redujera a producir espectros, imágenes de lo apropiado, de lo que tendría que ser un hogar o espacio público, es decir, una vida. Un escenario, a fin de cuentas, limpio, seguro, culto, para que la gente vea, toque y piense que está en un buen lugar.

Participar de esta paranoia colectiva, en la que todo es guay, sexy y anárquico, inclusive, y consciente de sí y blablabla, me entristece, porque con todas estas gilipolleces sé que se ocultan unas cada vez más radicales diferencias de clase, adquisitivas y jerárquicas. Los objetos se reducen a las exposiciones, a los Designs weeks, y a la madre que los parió. Es como si la figura del diseñador fuera una mamá ideal, muy Special-K, que tiene que cuidar, enseñar y alimentar BIEN a sus niños, para que un día (que nunca llegará) se conviertan en unos buenos ciudadanos-emprendedores. Por ello, es menester que sepan apreciar como toca todas esas instalaciones superecológicas que les hemos montado para divertirse, reflexionar, etc. ¡Anda ya! Parece que nos eduquen para cobardes, para asquearnos del otro. Estoy harta de todas estas políticas destinadas a asfixiar las vidas de las personas con una sonrisa servicial, convirtiendo la ciudad en una casa, en algo íntimo y domesticable, y así tú poder sentirte “como en casa” -> Hasta aquí mi pataleta pija.

Ahora bien, te pregunto, Vicente, ¿qué aconsejarías a una estudiante de diseño que está apuntito de meterse en el proyecto de final de carrera? ¿cuál es tu postura frente al diseño? y en este panorama tan turbio y geometrizador que se presenta, ¿conoces alguna propuesta en el diseño que respete a las personas, que parta de la tierra? ¿y alguna referencia bibliográfica? El otro día leí una entrevista muy interesante al arquitecto Enric Miralles y me gustó mucho su forma de proyectar, dialogando con el entorno, pero consciente a su vez del daño que puede llegar a producir su obra en el tejido urbano. Es una manera de proyectar que me parece muy atractiva. En clase proyectamos de la siguiente manera: apuntamos en la pizarra (blanca) una serie de conceptos que ponemos en común y que más adelante se convertirán en algo físico... Los valores nos ciegan. Seguimos soñando en realizar un sistema democrático de gente libre e igual, y acabamos creando cosas blancas-tope-chachis sin apenas relación con su entorno. Islas flotantes, hermosas, en un mar de conflictos y miseria."

Paula García Santoro, diseñadora de producto (Valencia, España)

____________________________________________________________________

Respuesta

Gracias por tu interesante punto de vista, Paula. No soy experto en diseño, y no puedo recomendarte bibliografía como la que buscas. Pero lo que escribes me ha hecho pensar. En efecto, hay un diseño humanizado, como el de Miralles, o como el de los edificios de Rafael Moneo, que incluye al hombre en el proyecto y le procura entornos habitables. Lejos de la máxima de Le Corbusier, para quien la casa era una "máquina de habitar", Miralles o Moneo eliminan la máquina de la ecuación -por más que toda construcción sea en parte, por supuesto, un artefacto mecánico-. El problema del diseño comienza cuando lo maquinal, como apuntas en tu texto, cobra más importancia que el ser humano al que el edificio (el objeto, el producto, el entorno, etc.) va destinado. Entonces comienza la alienación, que puede ser simple e inocua, como cuando hay un exceso de diseño, o grave y dañina, cuando el diseño convierte a la persona que se mueve en su interior en una mancha, en un error estético, haciéndola sentir incómoda.

Y esto sucede, por descontado. Hay centros comerciales, aeropuertos o espacios abiertos en los que al diseño excesivo de la arquitectura se une el hiperdiseño de algunas tiendas o espacios interiores, de forma que se produce en la persona que circula por ellos una especie de síndrome Stendhal espacial, donde el vértigo descrito por el escritor de Grenoble se transmuta en un mareo visual producido por la saturación de diseño que, en una tienda de Apple, por ejemplo, va desde el logotipo hasta la organización de la tienda, desde los objetos vendidos hasta las mesas funcionales, proyectándose en todo momento la idea de que no eres "cool" si no formas parte de esa lógica hiperorganizada y estetizante. No son pocas las personas que me han comentado la frialdad terrible que contemplan en una tienda de Apple. Como si existiese una distancia inalcanzable entre la perfección de los objetos cuadrangulares (todos los productos más vendidos de Apple son ahora cuadrangulares), con esquinas levemente redondeadas, y nuestro cuerpo tosco, romo, lleno de accidentes orográficos y de extremidades que tienden a romper la forma rectangular.

Creo que es el imaginario de la ciencia ficción el que mejor ha representado la alienación del individuo en espacios hiperdiseñados, donde la única forma de no desentonar es ajustarse a una mecánica de movimiento pactada de antemano, a una coreografía maquinal (véase en especial el trailer de THX 1138). Sólo si el ser humano se comporta como un mecanismo puede formar parte razonable del entorno. Son tres películas (las otras son The Clockwork Orange y Tron) que muestran diversas formas de deshumanización. Te dejo estos tres vídeos y con ellos me despido. Gracias por tu correo electrónico.














3 comentarios:

Sociedad de Diletantes, S.L. y Casilda García Archilla dijo...

Magníficos los dos

Anónimo dijo...

Por fin una crítica a la estandarización de la creatividad y a lo que se entiende por "buen gusto" en diseño, es decir: cosas blancas. Se echan de menos más voces que se opongan a ese circuito-mamoneo de "diseños para diseñadores".
Bravo por los dos autores.

José M. dijo...

Una mirada mas allá acerca de estas cuestiones que nos rodean por todos lados se desprende del texto de Paula. Enhorabuena. Me recuerda a los comentarios de creo A. Loos acerca del hombre completamente sometido por el diseño y "acabado". Pero... ahora vemos como una línea recta y un funcionalismo pueden ser tanto o mas ornamentales que las florituras de primeros del s. XX.
Una pregunta:
¿Por que todos-todos-todos los galeristas enseñan en las ferias de arte contemporáneo unas cosas que se abren, con teclas y que tienen una manzanita blanca luminosa en la tapa?
Deben ser de una secta....