viernes, 16 de enero de 2015

Mavrakis y el neuromarketing



Nicolás Mavrakis, El recurso humano; Milena Caserola, Buenos Aires, 2014.

Nicolás Mavrakis (Buenos Aires, 1982) es un joven periodista, crítico literario y escritor argentino, del que habíamos leído algún ensayo sobre tecnología y literatura, y que cuenta con varios libros publicados. Su última publicación, la novela El recurso humano, muestra que la inquietud sociotecnológica es una constante en su obra, latente ya en obras anteriores como No alimenten al troll (2012). Construida como una distopía, El recurso humano presenta el discurso en primera persona de un experto en neuromárketing, es decir, un “programador especializado en análisis de información neurocientífica” (p. 114). El objetivo de su trabajo es, definiéndolo a grandes rasgos porque la idea es más compleja de lo aquí resumido, crear agentes provocadores (p. 117) del consumo de los demás. Para ello debe ser capaz de predecir las pautas de consumo, pues sólo así se llegarán a establecer los patrones de condicionamiento: “¿Pero qué tal si el trabajo predictivo se vuelve pragmático? ¿Qué tal si uno pudiera, llegado el caso de la predicción perfecta de los fe­nómenos humanos, moldear el mundo de acuerdo a las necesidades de cada individuo?” (p. 37). El refinamiento de estos procesos por las empresas del ¿futuro? que presenta Mavrakis llega a tal sofisticación que el cerebro humano no basta y es necesario crear algo más complejo: “Hay que miniaturizarse y desaparecer en bytes” (p. 35) se dice reveladoramente, anticipando que el personaje Arcidiácono es un programa de Inteligencia Artificial: “Arcidiácono era la suma encriptada y viva de una infinita memo­ria del consumo, creciendo con cada byte que se sumaba a la red. Su propia memoria se había digitalizado bajo un algoritmo que se nutría del análisis diferencial de cada orden de compra ingresada a todas las versiones occidentales, orientales, legítimas y piratas de sitios como eBay, Amazon, BetterWorldBooks, Hardwaresales.com, Mercado Libre.” (p. 130). Este trabajo de predicción comercial, sustentado en el análisis de ingentes cantidades de datos, no es ninguna fantasía; Byung-Chul Han, en Psicopolítica (2014), escribía: “el Big Data podría poner de manifiesto patrones de comportamiento colectivos de los que el individuo no es consciente. (…) Los datos personales se capitalizan y comercializan por completo (…) los hombres (…) devienen mercancía. El Big Brother y el Big Deal se alían”[1]. Han sólo describe, Mavrakis encarna narrativamente el procedimiento por el cual podrá llevarse a cabo esa mercantilización inconsciente del sujeto actual en breve plazo.

Textualmente, la novela se presenta como un diario al revés, que invierte La flecha del tiempo, al modo de la novela de Martin Amis –que no por casualidad aparece en la novela–, o del Viaje a la semilla de Alejo Carpentier. Alternándose con este diario fragmentario aparece otro relato, numerado en código binario, que cuenta la otra parte de la historia con secuencialidad temporal opuesta. El primer diario es algo extraño y heterodoxo, pues sabe cosas que pasarán al día siguiente, algo improbable en un diario strictu sensu: “Pudo haber sido el momento más extraño del fin de semana. Pero faltaba lo peor.” (p. 81). La extrañeza se aclara en otro momento, en el que hay una conexión del diarista con el otro registro binario, pues el diario se refiere el 31 en julio en pasado (“Creo que ya escribí en algún lugar de este diario que es como el amor: no hace falta buscarlo, te encuentra”, p. 90), a una frase que se escribirá dentro del relato binario en el pasado temporal de la novela, pero en el futuro de la historia (p. 21), revelando que el diarista tiene acceso al otro segmento del discurso. La crítica Leticia Martín ha establecido algún paralelismo (no completo) entre este diario y el Diario de la beca de Mario Levrero, y podemos asociarlo con cualquier diario cuyo objeto último sea, precisamente, la destrucción del diario convencional (véase página 133).

El gran asunto de El recurso humano es precisamente la reconfiguración de lo humano, vía la neurociencia, en el futuro próximo; mientras los científicos investigan en lo que somos, las corporaciones trabajan en cómo rentabilizarlo, y la novela de Mavrakis muestra las más inquietantes –pero plausibles– formas de lograrlo. “El mundo va a ser la combinación exitosa de bases de datos reco­lectadas por sociólogos, psicólogos, neurólogos y el trabajo metódico de programadores senior” (p. 37). Novela política, pues, en la que lo contado es más importante que el modo en que se cuenta, le conecta con otros narradores de su entorno (con J. P. Zooey, a mi juicio, más que con otros), y con esa imparable tendencia distópica que canaliza el imaginario del pánico socio-económico-tecnológico-político que sacude la literatura en castellano en ambas orillas del Atlántico.

Para terminar, y como curiosidad, diremos que la novela de Mavrakis, aparecida antes que el último episodio de la serie Black Mirror (el especial de navidad titulado “White Christmas”), toca la mayoría de los temas planteados televisivamente por éste, por ejemplo la miniaturización de la conciencia en bits, demostrando que Arcidiácono sí que sabía leer el futuro.


[Relación con autor y editorial: ninguna]


[1] Byung-Chul Han, Psicopolítica; Herder, Barcelona, 2014, p. 98.