domingo, 26 de febrero de 2017

Por qué triunfa La la land, explicado en términos literarios



[Este post contiene spoilers]


La la land, escrita y dirigida por Damien Chazelle, arrasó en los Globos de Oro y, previsiblemente, lo hará esta noche. Y lo hará por varios motivos.

Porque los Óscar son premios de industria, no de arte.

Porque están concedidos por los miembros de la propia industria.

Porque La la land ha gustado mucho al público, y eso se premia en los Óscar -quizá es lo que se premia, porque la industria necesita taquillazos para sobrevivir-.

Y la pregunta interesante es por qué ha triunfado esta película en taquilla y entre los medios de comunicación

Y creo que su éxito se debe a lo mismo por lo que triunfa la mala literatura. Daremos algunas razones: 

Porque La la land es, formalmente, un melodrama. Como el 95% de las películas de Hollywood y de las novelas actuales.

El melodrama es un formato aceptado, sin fisuras, que se asume natural e inconscientemente por el lectoespectador. Un modo de contar tan archisabido que hay que estar alerta para verlo. El melodrama, además, tiene mucho que ver con la música -desde la propia etimología del término-: “tiene razón Steiner cuando precisa que el carácter teatral que inspiró a Dostoievski estaba en contacto directo con el melodrama, un género en el que originalmente la música subraya la acción representada, pero que hoy se usa de una forma mucho más amplia para describir cualquier hecho, artístico o no, que se nos presente cargado de efecto”[1].

El efectismo puro del melodrama guía al espectador entre giros argumentales tan pautados como las señales de tráfico para recabar de él una emoción pasajera y prefabricada, un humanismo de baja intensidad. Es el kitsch emocional globalizado[2].

Mientras la veía sentí, a ratos, agrado, y mi parte cerebral no terminaba de entender el "confort" irracional que sentía mi parte reptiliana. Es sobre ese agrado sobre lo que estoy escribiendo. Un agrado dirigido.

La la land triunfa porque su género es el musical nostálgico, un entretenimiento con musiquita que nos recuerda entretenimientos pegadizos que ya hemos visto.

Triunfa porque está hábilmente construida para traer al recuerdo de los espectadores las cintas que forman su memoria sentimental y su formación cinéfila, aunque hayan visto pocas películas, mediante los consabidos y predecibles guiños a Cantando bajo la lluvia y otros musicales vistos por todos, hasta por quien odia los musicales (y que quizá los odia por culpa de esos clásicos antonomásticos).

Ese recurso a la memoria se ejecuta de la misma forma que en La sombra del viento, de Ruiz Zafón, donde había referencias literarias: el objetivo es que los lectores crean que están leyendo literatura y crean asimismo que al comprar el libro de moda se incluyen en un círculo de cómplices prestigiados por conocer algunas referencias literarias escolares

Creo que, salvando un poco las distancias, es el mismo motivo que explica el -para mí incomprensible- éxito de Alberto Manguel: sus textos mencionan libros que todos hemos leído, en tono “buenrrolista” y en términos que todos pueden entender.

Lo que se premia en todos los casos: la retroalimentación del gusto propio.

De nuevo Bourdieu y la distinción: dame un melodrama facilito, bien construido, que me permita considerarme parte de un inexistente círculo social de connaiseurs, prestigiados por nuestras elecciones “culturales”: “Oh, querida, ¿viste el guiño a Gene Kelly en la escena de la farola?” Claro que lo vi, querido, ¡y también me encantó el homenaje a Fred Astaire y Ginger Rogers!” “Cuánto cine conocemos, pastelito” “Qué grande es el cine, pichurrín”.

Jugada maestra de los directivos de las productoras de cine y de la televisión: sembrar por doquier el equívoco de que puedes estar haciéndote más culto y cool sin dejar de participar en la conversación general. Que consumiendo sus productos tienes la ocasión de ser moderno y mainstream a la vez, con un pie en la vanguardia y otro en la tendencia becerril. El secreto del éxito de las teleseries, como ya apuntamos en otro lugar.

Eso sí, los responsables “artísticos” del producto, los directores, que algo de pundonor tienen, introducen algunas referencias cinematográficas más difíciles, dirigidas a los cinéfilos, que vienen a significar: “oye, que de cine sabemos, aunque estemos haciendo esto ahora por el bien del estudio”. Esta estrategia referencial, que Tarantino elevó a seña de identidad y a un arte propio, me parece que también late detrás de algunas obras de Nicolas Winding Refn, pero no soy crítico de cine y puedo estar equivocado.


 [Imagen tomada de aquí]

La la land triunfa porque está encantada de mostrar los rudimentos del capitalismo tardío: no dejes que los sentimientos afecten a tu carrera profesional, deja a tu pareja, renuncia a tus ideales artísticos difíciles, olvídate de tus aspiraciones juveniles: lo importante es tu futuro (económico).

Tu carrera bien merece un melodrama, unas lagrimitas.

“No tener nada que decir y decirlo de una manera trágica no es lo mismo que tener algo que decir”; Wallace Stevens, Adagia

La la land triunfa porque proporciona a sus fans los objetivos habituales del melodrama: 1) “ingresar en el deleite de la expiación sin consecuencias” -es decir, drama sin catarsis, folletín sin sufrimiento del espectador, que contempla los problemas ajenos con una ininterrumpida sonrisa en la cara, comiendo palomitas y tarareando las canciones; y 2): “el melodrama se responsabiliza por el resguardo de lo tradicional”[3]. Y La la land es muy tradicional: la chica acaba realizada en París con un buen tipo y una criatura en las manos. Sebastian, el guaperas, es un desastre afectivo, sí, “pero oye, el chico sienta la cabeza y se convierte en un emprendedor, abriendo un club”.

Y estéticamente, desde mi escasa competencia cinematográfica, La la land es un musical tradicionalista hasta el hartazgo, que no se cuestiona su lenguaje, que no avanza un ápice en el género, que no explora las posibilidades del cine. Del mismo modo que la novela triunfante en ventas no discute el lenguaje de la novela, ni el idioma con que está escrita, ni lleva el género más allá, ni se cuestiona la literatura y sus funciones.

La la land triunfa porque consigue el milagro de que la lógica socioeconómica convierta en aceptable un final presuntamente triste o agridulce, porque los chicos guapos no acaban juntos: “No es triste, porque es lo que yo haría, yo también le / la hubiera mandado a tomar por saco, pese a ser mi media naranja, porque la vida es así”. Por eso Sebastian sigue tocando al final, porque la vida sigue. The Show Must Go On: no importa que muramos, el espectáculo -y el negocio- deben continuar. No es un final agridulce, al espectador le encanta que la vida siga, le hace feliz, sobre todo si el sufrimiento contemplado no es el suyo. Ahora que lo pienso, ¡es un final feliz!

La la land triunfa porque es un espejo social, en el que sus miembros están encantados de mirarse.
Y eso vuelve locos a la industria y a los medios. Porque ellos fabrican los espejos.


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[1] Francisco Calvo Serraller, Extravíos; Fondo de Cultura Económica de España, Madrid, 2011, p. 88.
[2] Como se deduce de Chantal Maillard, Contra el arte y otras imposturas; Pre-Textos, Valencia, 2009, p. 35.
[3] Carlos Monsiváis, Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina; Anagrama, Barcelona, 2000, p. 78.

8 comentarios:

Pablo Muñoz dijo...

Muy bello. Daría dos o tres apuntes.

(1) Hasta qué punto, en efecto, estamos diciendo lo que no se puede decir. Está claro que Chazelle es muy buen director (la puesta en escena es imaginativa) y que al final se escenifica una renuncia que

(2) no es habitual en el relato de meritocracia, el relato de nuestro tiempo (en novelas lo ha glosado ya Lorentzen; en audiovisual, creo que Girls es el otro relato). Los relatos de meritocracia nos hablan de una-gestación-de-algo-inevitable.

(3) En efecto, al lado de estos relatos de meritocracia, incluso Singin' in the Rain era una película dolorosa o New York, new york, una gran película de renuncia. Es un efecto más, el de "amar la superfície" que tal vez se introduzca al cine con Pulp Fiction (1994).

Ilkhi Carranza dijo...

Totalmente de acuerdo contigo.
Yo diría que la industria y los medios no sólo fabrican los espejos, también maquillan ante ellos a los lectoespectadores pues los afeites del capitalismo son imprescindibles para mantener engrasado el sistema. Se trata de repetir como un mantra ante el espejo: "Don't waste your time on that loser"

Saludos

Charles Boyer (El otro) dijo...

"No soy crítico de cine, pero puedo estar equivocado..."
Es un riesgo ( casi como saltar sin red) el analizar una película en términos literarios. Se podría decir casi que un error desdel el inicio. "La La Land", creo gusta basicamente por está muy bien hecha y hay que reconocerlo aunque se perfile como un producto de masas y nos disguste.
Hay referencias a otras obras cinematográficas previas, si. Algunas obvias y otras más sutiles, pero eso en sí no debería ser un demérito. Acostumbrados como estamos a ver tantas películas que parecen rodadas como si la historia del cine hubiera existido, La La Land es de agradecer.
La trama (guión literario) no es nada original, eso es cierto, y ni las coreografías ni las canciones son novedosas ni brillantes pero son creíbles y aportan gran verosimilitud a la narración (Cosa por otra parte tan dificil en un musical). Pero seguramente el éxito de público ( movimientos de la industria aparte) es que de forma sorprendente y aparentemente sencilla, transmite dósis muy potentes de "emoción". Eso no deja de ser sorprendente dado el gran número de tópicos usados y uno se pregunta porqué.
La razón a mi modo de entender, es la gran potencia visual de la narración a través los planos, movimientos de cámara, utilización de la música, el color, la composición...etc. Son sencillamente brillantes, y... novedosos en los últimos 10´. Aunque tan solo sea por ese “como podría haber sido”, donde la forma visual narrativa y el diseño escénico tocan techo, ya sería más que recomendable ver el film y merecidos los premios.
Eso sí, es probable que esta noche la película haga historia o no en los Oscars, pero esa es otra ... película.

Vicente Luis Mora dijo...

Estimados, gracias por venir. Acabo de llegar a casa un poco exhausto; si me permitís, mañana respondo a vuestros comentarios. Gracias por dejarlos. Un saludo.

Vicente Luis Mora dijo...

Buenos días. Ya más descansado. Gracias de nuevo por los comentarios.
Charles, no hace falta ser crítico de cine para analizar ciertos aspectos de una película -de hecho, Pablo Muñoz, que es crítico de cine, no me ha censurado, sino que ha entendido la propuesta del post y ha añadido sus ideas propias en su comentario-; conozco el melodrama lo suficientemente bien para detectarlo hasta en las historias que mi sobrina le cuenta a su madre para disculparse.
Además, yo no he dicho que citar sea un "demérito", digo que en esta película es un síntoma. Usted, de forma incomprensible, cree que citar es un mérito. No: citar es una herramienta, un recurso discursivo (en casos puntuales, como en el citacionismo literario estudiado por Marjorie Perloff, es una "estética"), pero no es un valor nunca per se, depende del modo y el sentido de lo citado.
Y creo que mi estado se resume en sus propias palabras, Charles: "La trama (guión literario) no es nada original, eso es cierto, y ni las coreografías ni las canciones son novedosas ni brillantes". Pues ya está, para mí es suficiente. Es justo lo que estoy diciendo: tradicionalismo mediocre y sin originalidad convertido, gracias a la técnica espectacular y al melodrama en éxito masivo. Yes to all.
Un saludo y gracias por venir.

Charles Boyer (El otro) dijo...

Aun coincidiendo con gran parte de tu exposición, aclaro... Citar no es un demérito ni tampoco, obviamente, un mérito en si mismo. Pero creo que las "citas" en este caso aportan un peso y carga emocional a la película y en ellas reside una parte del éxito conseguido (Creo). Y ahí es donde me sorprende la película, junto con su gran fuerza de transmisión através de "lo visual" ( por otra parte tan escaso en las producciones de Hollywood y casi inexistnte en cinematografías como la nuestra).
Puede que esté equivocado y solo sea un melodrama más, pero algo dentro me dice que no...pero le daré unas vueltas más.
Y por cierto lo de "No soy crítico de cine, pero puedo estar equivocado" ( era sacado se su texto, pero aplicado a mi mismo !!)

Un saludo cordial y muchas gracias por su post.

Vicente Luis Mora dijo...

Ah, perdón. Lo leí anoche cansado, y lo entendí al revés, mis disculpas. Y gracias pro sus razonamientos.
Un saludo

Anónimo dijo...

Curioso que La La Land haya provocado tantas críticas de gente que habitualmente no escribe de este tipo de películas, premiadas, maisntream, etc. Seguramente porque como dice el autor es un "síntoma" claro de lo bien que a veces está ejecutado el viejo timo de dar gato por liebre. Esta película, que ha gustado mucho a gente que aprecio, cuya razón es que entraron pronto en ella y se quedaron encandilados hasta el final, la he visto dos veces. Las sensaciones de la primera fueron: las canciones son flojas, los números musicales también, a la hora me pregunto qué va a pasar al final si aquí no se está incubando nada para un tercer acto. Cuando se separan tras una discusión de lo más tonta de la historia de las parejas, y él al poco va a buscarla para que regrese y vaya a una audición, la película se me eleva, y con el final, me deje un buen gusto en la boca porque Emma Stone te hace vivir sus sentimientos finales. Gosling, no, porque es una seta.
La segunda vez mis sensaciones son estas: todo sigue siendo mediocre, los números musicales están ya muy vistos, y no tienen emoción ni gracia añadidos por la historia. La discusión estúpida sigue siendo estúpida, y el final me parece una de las mayores estafas que he visto en mi vida. ¡Ella se lía con un tipo gris y presumiblemente adinerado y tienen una hija apenas haber dejado a Gosling! Ella es, y lo ha sido toda la película, una muy mala persona. A ninguno le ha costado esfuerzo alguno su éxito. Ambos son muy talentosos y solo tienen que esperar que alguien se de cuenta y les pague una fortuna por ello. Las sonrisas finales son como los finales de Spielberg donde todo el desorden creado durante la historia se convierte en un orden maravilloso, que nos hace creer que el desorden era necesario para al final alcanzar una epifanía santurrona, incluyendo el Holocausto.
Los colorines, la planificación, tan alabadas, no son más que un muestrario de falsas imágenes, a la manera de las bisuterías para los indios del Oeste, que deslumbran pero que no contienen nada. Chazelle, como demostró en Whiplash es muy mal director y peor guionista. Solo sabe utilizar trucos tanto narrativos como plásticos, de esos que parecen algo pero no son nada, solo cacharrería. Quizás yo esté equivocado y todo sea magnífico. Gracias.