martes, 16 de diciembre de 2008

Crack, Boom, Afterpop, McOndo, Mutantes-Nocilla






Lo bueno de los blogs es que, entre otras cosas, permiten completar lo que ha salido, por problemas de espacio, recortado en otros sitios. El sábado pasado asistíamos en ABCD las Artes y las Letras, el suplemento literario del diario ABC, a un interesante diálogo a tres bandas (¿triálogo existe?), entre el mexicano Jorge Volpi, el español Jorge Carrión, que moderaba y coordinaba, y el boliviano Edmundo Paz Soldán. Tal y como estaba en el suplemento, el debate ya era interesante, pero creo que ahora, completo, lo es más aún, y pone sobre la mesa varias cuestiones interesantes: la tensión generacional, los grupos literarios, el diálogo entre las "dos orillas" (o la falta de él), las verdaderas novedades literarias y las que no lo son tanto, etc. Transcribo ahora el diálogo sin comentar, pero abriré los comentarios opinando al respecto.



McONDO, EL CRACK, AFTERPOP: ¿LA REINVENCIÓN DE LO GENERACIONAL?


En 1996 coincidieron las dos últimas grandes propuestas generacionales de la lengua española, desde un extremo y el otro de América Latina. Desde Chile, Alberto Fuguet y Sergio Gómez llamaban a los escritores en sintonía con la aldea global y las nuevas tecnologías y armaban la antología iberoamericana McOndo, en oposición al realismo mágico y comercial de su momento histórico. Desde México, Jorge Volpi, Ignacio Padilla y otros firmaban el manifiesto de El Crack, en defensa de la alta literatura y del retorno a la ambición del Boom. Justo diez años más tarde se publicó en España Nocilla Dream (Candaya, 2006) de Agustín Fernández Mallo, cuya segunda parte Nocilla Experience (Alfaguara) ha aparecido este mismo año. Regresa así un debate antiguo: ¿qué hacemos con lo que tradicionalmente se ha llamado “generación”? La llegada, en las mismas fechas, de los ensayos Afterpop. La literatura de la implosión mediática (Berenice, 2007) y Homo sampler. Tiempo y consumo en la Era afterpop (Anagrama, 2008), de Eloy Fernández Porta, ha dado nombre a una reactualización generacional. El fenómeno ha sido debatido por el boliviano Edmundo Paz Soldán, el mexicano Jorge Volpi y el español Jorge Carrión, desde una perspectiva histórica y crítica.

J.C. (Jorge Carrión): Vayamos al principio: esta historia comienza en 1993, con la publicación en Santiago de Chile de Cuentos con Walkman, una antología de nuevos escritores que tuvo mucho éxito y que provocó, de hecho, la antología mcondiana…

E.P.S. (Edmundo Paz Soldán): Después de la antología Cuentos con Walkman, que estaba circunscrita a escritores chilenos de la nueva generación, Alberto Fuguet coincidió en el Iowa Writers Workshop con el escritor mexicano David Toscana. Cuando Alberto le mostró el libro a David, éste se mostró gratamente sorprendido y le sugirió hacer una nueva antología pero a nivel latinoamericano… Así surgió McOndo. Hay un dato algo olvidado al respecto: si bien el prólogo se refería sobre todo a la realidad latinoamericana, tres de los diecisiete escritores incluidos eran españoles: Loriga, Mañas, Martín Casariego.

J.C. Ese hecho me hace pensar en los nombres de las supuestas “generaciones”. De una terminología numérica e histórica (del 27, de medio siglo) o epocal (modernistas, contemporáneos), se pasa en la posmodernidad a las onomatopeyas (Boom, Crack), lo tecnológico o de inspiración popular (Walkman, MacOndo, Nocilla). ¿Será por causas periodísticas?


E.P.S. El nombre del Boom apareció en un periódico argentino. En la segunda mitad del siglo XX es la crítica periodística la que comienza a influir en gran manera en la recepción de los movimientos artísticos. A veces, bautizándolos, y en otras ocasiones banalizando el alcance de su propuestas. En esto los escritores somos corresponsables, porque nos servimos de los medios a la vez que los criticamos.

J.C. Y en 1996 se publica McOndo y se publicita el Crack. Yo tengo la sensación de que la gestación de ambos proyectos, y no sólo su ideología, es antitética. Si hemos de creer el prólogo de la antología, se trató de un libro gestado con pocos recursos y mucha fuerza de voluntad, sin un pacto previo de difusión, sin contratos, sin agentes literarios poderosos apoyando la iniciativa; aunque Mondadori sea una editorial poderosa. En cambio, en el Crack intuyo que existió la intervención de poderes, desde miembros del Boom, a quienes se estaba reivindicando, hasta superagentes o editoriales… ¿Me equivoco?


J.V. (Jorge Volpi): Éste es uno más de los malentendidos que siempre han rodeado al Crack. El grupo empieza con la reunión de cinco amigos, Palou, Padilla, Urroz, Chávez, Castañeda y yo mismo, en un Vips de la ciudad de México, en 1994, cuando ninguno de nosotros tenía el menor contacto con ningún “poder”. Padilla, Urroz y yo éramos amigos desde la secundaria. Todos habíamos publicado nuestros primeros libros con muchas dificultades (y enormes resistencias críticas). Los cinco teníamos nuevas novelas inéditas, todas ellas amplias y ambiciosas (no digo que necesariamente buenas) y habíamos tenido muchas dificultades para publicarlas. Decidimos entonces asumirnos como grupo (jamás como generación), darnos un nombre irónico (Crack por el obvio homenaje pero también burla al Boom) e intentar publicar las cinco novelas dentro de una misma colección. Después de varios intentos frustrados, el editor Sandro Cohen en Planeta y luego en Nueva Imagen decidió acoger nuestros libros. Luego se diría que Cohen fue el inventor del Crack, otra mentira. Cuando los libros se publicaron finalmente en 1996, decidimos añadir la “broma en serio” de acompañarlos de un manifiesto. Así nació el Crack. Sin agentes. Sin pensar en el mercado o en las traducciones. Sin padrinos.

J.C. Entonces habría dos fases: la doméstica, privada, y la internacional. Recuerdo, por ejemplo, la implicación de la revista barcelonesa Lateral en la segunda. O la publicación del manifiesto en revistas anglosajonas. ¿Cómo se dio la segunda fase, desde tu perspectiva?

J.V. La fase “doméstica” del Crack, como la llamas, duró bastante tiempo. Tras la publicación del manifiesto en 1996, recibimos decenas de ataques y descalificaciones en la prensa mexicana, de parte de contemporáneos y escritores un poco mayores que nosotros, por la pretensión de aparecer como grupo, algo muy mal visto en un país donde los grupos proliferaban pero nunca se atrevían a presentarse así, como los que se formaban entonces en torno a Nexos o Vuelta. Muchas notas hacían referencia, por ejemplo, al “autodenominado grupo del Crack”, una obvia referencia a los “autodenominados zapatistas”, como si fuésemos un grupo guerrillero. Reconozco que en nuestro intento había cierto anhelo juvenil de incomodar y escandalizar, pese a que en realidad lo que pedíamos era una especie de vuelta al Boom y una crítica feroz a la obligación para un escritor latinoamericano para escribir realismo mágico. La segunda “etapa”, si podemos llamarla así sin ser petulantes, del Crack se inicia con el Premio Biblioteca Breve a En busca de Klingsor, en 1999 (cinco años después de la formación del grupo) y se consolida con el Premio Primavera a Amphytrion. A partir de allí hay un repentino interés fuera de México hacia el grupo al que pertenecen esos dos mexicanos que acaban de ganar premios en España. (En ese momento yo seguía haciendo mi doctorado en Salamanca y Nacho Padilla había regresado a México hacía un año.) Vienen entonces las traducciones, las reediciones de algunos de nuestros libros, el nuevo escándalo mediático (ahora propiciado por nuestra supuesta complicidad con el “mercado” o por nuestro “abandono” de temas latinoamericanos, ambas cosas falsas). Los momentos importantes para el Crack que siguieron son la publicación en España del manifiesto (en Lateral), la publicación por Muchnik en 2001 de novelas de Palou y Vicente Herrasti (que se incorpora al grupo) y por fin, en 2004, de Crack. Instrucciones de uso (Mondadori), nuestro propio relato de las aventuras del grupo a diez años de existencia.

J.C. En tu relato hay una elipsis: qué ocurre entre la situación todavía edénica de 1996 y la situación institucionalizada de 1999.

J.V. Entre 1996 y 1999 los autores del Crack continuamos publicando novelas y ensayos en México de manera constante, y al mismo tiempo la mayor parte de sus miembros salimos de México para estudiar en otras partes (Nacho y yo en Salamanca, Ricardo y Eloy en Estados Unidos). Combinamos la vida académica con la literaria. Y así, como estudiante de doctorado, fue que obtuve el Biblioteca Breve.

J.C. Por otro lado, lo que apuntas acerca de las revistas como núcleos "generacionales" es interesante. Está claro que todos los escritores tienen una red o un grupo que se puede identificar con lo que hace cincuenta años se entendía por "generación". La "alianza" entre Fuentes, Goytisolo, Ortega o Ríos, por ejemplo, apunta en esa dirección; la "solidaridad" textual y personal entre Vila-Matas, Piglia, Villoro o Bolaño también. El problema es explicitar, hacer visibles esas redes, sobre todo a partir de una forma literaria que se percibe como anacrónica: "el manifiesto"...

J.V. Al contrario de otros grupos, los miembros del Crack decidimos hacer pública nuestra amistad literaria (sin contar con una revista, que es lo que tradicionalmente han hecho otros grupos); el manifiesto desde el principio fue un guiño irónico, una broma en serio, una provocacion. Y en ese sentido funcionó perfectamente, pues la reacción de otros grupos (que nunca se presentaron como tales) fue muy violenta. Todos sabíamos que un manifiesto era "anacrónico", como tú dices, pero esa era la intención... A la fecha seguimos creyendo que los grupos literarios animan la vida intelectual y por eso seguimos reivindicando su existencia.

E.P.S. A finales de los noventa, por otro lado, la idea de un movimiento artístico o propuesta generacional se hallaba descartada. Eran tiempos posmo, en los que había que ser irónico, escéptico, estar de vuelta de todo. Incluso de la misma tradición literaria. El prólogo a la antología McOndo tenía un tono medio en serio medio en broma. Fue la crítica la que interpretó el prólogo como un manifiesto, y así redujo lo generacional a lo que mostraba la antología: simplemente, se trataba de los escritores nacidos en los sesenta que habían comenzado a publicar en los noventa.

J.C. ¿Con McOndo el proceso expansivo fue muy diferente? ¿Se agotó con la antología? ¿Durante cuánto tiempo se atribuyó la etiqueta a sus autores?


E.P.S. El prólogo combativo de Fuguet y Gómez hizo que se viera a McOndo no como una simple antología sino como un movimiento coherente, con un manifiesto generacional, en el que todos sus autores estaban conjurados en procura del mismo objetivo. De hecho, muchos autores no estaban de acuerdo con el prólogo y se desmarcaron. Por ejemplo, ¿se acuerda alguien hoy que Santiago Gamboa estaba en la antología? Otros, incluso los que teníamos algunos reparos pero no nos desmarcamos del todo, nos quedamos con la etiqueta de “escritores McOndo”. Hasta ahora hay entrevistas en las que debo responder a alguna pregunta sobre mi pertenencia a McOndo.

J.C. Hasta ahora hemos hablado de coincidencias en la forma de los fenómenos, ¿qué ocurre con el fondo?

E.P.S. Efectivamente, si bien hubo una coincidencia temporal entre el Crack y McOndo, y hubo objetivos comunes, también siento que había diferencias importantes. Una de ellas tiene que ver con la relación de la literatura con la cultura popular. A veces siento que el Crack, en su defensa de las novelas “difíciles”, siguió mostrando una diferencia muy jerárquica entre cultura alta y cultura popular. McOndo intentaba un diálogo con la cultura popular, con los medios, con las nuevas tecnologías. En el manifiesto del Crack, Padilla ataca los videojuegos; a mí, por ejemplo, me parece que algunos de los creadores más interesantes de nuestro tiempo trabajan diseñando videojuegos.


J.V. Creo que tienes toda la razón, Edmundo. A Palou, Herrasti, Urroz o a mí nunca nos interesó demasiado (hasta ahora) la llamada “cultura popular” (Nacho en cambio siempre fue un fanático de los cómics). Yo, por ejemplo, me crié con música clásica y ésa sigue siendo mi pasión hasta ahora. Apenas sé algo de música pop, todo lo contrario de, digamos, Fuguet. En nuestros libros apenas hay jóvenes, no nos interesaba retratar ese mundo de sexo, drogas y rock’n’roll que tanto furor hizo tanto en España como en América Latina. En cambio, todos crecimos con la televisión y el cine, que son fundamentales tanto para McOndo como para el Crack.

J.C. En el décimo aniversario de la antología, Fuguet escribió en su blog “pronto postearé el puto prólogo”. ¿Cómo ven aquel proyecto, ahora, sus integrantes?

E.P.S. De 1996 al 2003, McOndo fue una mala palabra en la literatura latinoamericana. Sus escritores eran unos chicos del barrio alto, alienados a la cultura norteamericana. Creo que pasó lo mismo con el Crack. Digo 2003 porque ese año fue un parteaguas. En el congreso organizado por Seix Barral en Sevilla, me llamó la atención que se hablara de McOndo como una cosa aceptada y asumida, sin escándalos, simplemente parte de la historia reciente. McOndo puede verse como una intensificación de la presencia de los medios y la cultura popular que ya aparece en la obra de Cabrera Infante o Puig, pero lo que viene después de McOndo, toda la generación YouTube, hace ver que McOndo no era para tanto. En cuanto al proyecto, queda la sensación ambivalente de que fue como un arrebato, pero, a la vez, que causó impacto porque fue un arrebato. Cuando pienso en Afterpop, en cambio, siento que tiene un grado de sofisticación teórica que no tenía McOndo.


J.C. Seis o siete años después del Crack y McOndo, sin etiquetas ni manifiestos, nació en América Latina un fenómeno muy diferente, y de algún modo antitético. Me refiero al proyecto Eloísa Cartonera, que surgió en la Argentina de la crisis y se ha expandido a otros países latinoamericanos. Se trata de un proyecto de origen social, promovido por escritores que, a priori, no tienen por qué haber tenido, como Fuguet o como tú, Edmundo, una formación estadounidense ni posibilidades económicas para acceder al mundo de los shoppings, Miami, alta tecnología, etc., que se reivindicaba en el famoso prólogo de McOndo, que podía leerse como una defensa del neoliberalismo…

E.P.S.: Es cierto, McOndo puede leerse como un síntoma del momento celebratorio en torno al neoliberalismo que se vivía a mediados de los noventa en el continente. Creo que esa fue una de sus limitaciones: un proyecto que sólo incluía a hombres, a escritores de clase media, que no estaba muy interesado en explorar problemáticas sociales o políticas,etc. Pero creo que los compartimientos estancos de ese período han cambiado. Hay un retorno a temas sociales y políticos, y muchos de nosotros –me incluyo-- hemos publicado en alguna de las versiones de Eloísa Cartonera que han aparecido en países como Perú, Bolivia, Chile, México.

J.C. Los dos fenómenos generacionales latinoamericanos se articulan en un mundo casi sin Internet. Esa es la gran diferencia respecto a lo que ha pasado con Nocilla Dream y Afterpop: el fenómeno es estrictamente español. Quizá ese es, a mi juicio, uno de sus defectos. Había plataformas de internacionalización, al menos en el ámbito de la lengua, gracias a los blogs y los e-mails, y en cambio, el debate se ha limitado a nuestras fronteras…


E.P.S. La diferencia principal es que con McOndo y Crack hay como diez años de perspectiva. Es más fácil hacer el balance. Nocilla y Afterpop son todavía fenómenos en flujo, en formación, como sacarle una foto a un grupo que se mueve. Y eso complica un poco el análisis... Ahora, lo cierto es que el Crack también inicialmente era un fenómeno local, mexicano. Fue la caja de resonancia española la que lo amplificó.

J.V. Como dice Edmundo, del Crack y McOndo han pasado ya diez años, y su contaminación y difusión exterior fue, en realidad, bastante lenta. Creo que a fin de cuentas el congreso organizado por Casa de América y Lengua de Trapo en 1999 fue el detonoador de los contactos internacionales de nuestra generación (allí nos hicimos amigos Edmundo y yo, por ejemplo). Nocilla y Afterpop, en efecto, son fenómenos muy recientes y sólo españoles, al menos por ahora. La distancia entre lo que ocurre en España y cada país de América Latina sigue siendo muy grande, a pesar del internet y la globalización. Nocilla, para colmo, es un nombre puramente español, que nada significa en América Latina (en México ese producto se llama "Nucita"). Por ahora me parece difícil que ambas denominaciones sean adoptadas o copiadas en otros países, pero nunca se sabe.

E.P.S.: En Bolivia se dice Nutella… Yo encuentro varios puntos de contacto entre McOndo y Nocilla/Afterpop: el interés por la cultura pop y de masas, el intento de narrar el impacto de los medios en la subjetividad, el deseo de ver la literatura en su relación con una ecología de medios muy intensa, etc. Pero me parece que McOndo no es un referente conocido para los narradores españoles, a diferencia de lo que ocurrió con el Crack. ¿O me equivoco? Por otro lado, han pasado diez años entre Mcondo y Nocilla/Afterpop. ¿Es Nocilla una versión retrasada de lo que pasó en América Latina hace una década? ¿Cuáles son los cambios fundamentales?

J.C. Ten en cuenta que hablamos de plataformas de visibilidad. Lo afterpop estaba configurado, al menos parcialmente, desde mediados de los noventa, en novelas de Debate, en congresos de joven narrativa, en artículos de Lateral... Es decir, el interés por lo audiovisual, que después ha derivado en un interés conceptual y formal por las nuevas tecnologías, la posición irónica respecto a la cultura pop, la red personal de interlocutores, la experimentación, etc., viene de lejos en la nómina abierta de autores españoles que ven el lenguaje como un problema y no como una solución en nuestro presente. Pero no se ha hecho visible hasta ahora. Eso me lleva a la pregunta que os he formulado antes: separación institucional, lo latinoamericano como tendencia o moda en España, eclipsando lo local... ¿Cómo lo veis?

E.P.S. Los mundos culturales latinoamericanos funcionan como compartimientos estancos. Los lectores peruanos, por dar un ejemplo, no conocen qué se publica en Ecuador, y viceversa. Para bien y para mal, la literatura latinoamericana depende de las editoriales españolas para su difusión. El peligro, entonces, es tratar de escribir pensando en lo que le podría interesar al mercado español. La tentación es muy fuerte. Y no veo impermeabilidad a esos cantos de sirena.

J.C. Diego Trelles, en el prólogo a El futuro no es nuestro, dice que la antología de McOndo no tenía una base teórica sólida y que su propuesta estética era un “simulacro inofensivo”. Destaca, además, algo que llama la atención: al “grupo” le une la “superación de la novela total”. Y concluye que han optado por llamarse “sin onomatopeyas ni prefijos pegajosos”. ¿Qué opináis sobre el proyecto?

E.P.S. McOndo era una respuesta visceral a un estado de cosas, no había una base teórica pero sí varias ideas-fuerza muy importantes. Y había una selección de textos con cierto aire de familia. En literatura, no creo que sea un punto en contra no tener una base teórica. Las onamatopeyas y los prefijos son imposibles en una antología como la de Trellez, que apuesta por ser representativa y al hacer eso debilita cualquier posibilidad de una propuesta estética clara.

J.C. La paradoja de Bogotá 39 era que los autores latinoamericanos más leídos por los demás eran los que habían publicado en Anagrama… Jorge incluso declaró que sois o somos la “generación Anagrama”, porque nuestras lecturas han dependido del catálogo de esa editorial. Generación YouTube, generación perdida, generación X, Y o Z, Next Generation, ordenadores de nueva generación, generación nocilla o Anagrama… Quizá haya llegado el momento de olvidar esa palabra. ¿No creéis?

E.P.S. Me parece que sí, en teoría. Pero en la práctica la seguiremos usando.

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58 comentarios:

Vicente Luis Mora dijo...

1. Nos hacen los otros.

2. Nos hacemos nos/otros.

3. Hay más diálogo entre las "dos orillas" del que parece: Volpi y Paz Soldán han vivido en España; Carrión ha vivido en Argentina, yo vivo en América también. Sólo hay charco para quien se queda en uno de los extremos.

4. Los escritores tienen derecho a agruparse. Los demás escritores tienen derecho a cabrearse cuando algún grupo tiene cierto éxito o hace cierto ruido mediático.

5. En este último caso, nos des/hacen los otros.

6. Permítanme una síntesis absolutamente intolerable:
Crack: alta cultura libresca
McOndo: cultura audiovisual
Nocilla-mutantes: cultura digital

7. Nocilla-mutantes no llega con diez años de retraso, está en otra cosa. A lo mejor cuesta, como apunta Volpi, diez años darse cuenta.

8. Volpi, Carrión y Paz Soldán pertencen a tres países diferentes, y sin embargo pueden discutir perfectamente. Lo que quiero decir es que el charco solamente lo ve el que está hundido en el medio.

9. El término generación debería extinguirse sin más, aunque algunos, como apunta Paz Soldán, seguirán usándolo a título pedagógico. También de este modo se utilizan el término asíntota y el término epanadiplosis. Nadie los utiliza en el día a día, no tienen ningún valor fuera de determinado contexto académico. No sé si se me entiende.

10. Los nombres los ponen los demás (periodistas). Los textos, los autores. Las jerarquías, los lectores. Las críticas, todos.

11. El que piensa que las redes de amistad entre escritores son malas, es que no pertenece a ninguna.

12. Mi red agrupa cientos de escritores, de diversas partes del mundo. Es mi mayor orgullo (mucho más que mis textos, desde luego). Esa red es mucho más grande que mi red de enemigos. La mitad de esos enemigos están en una red en mitad del charco. Ahora que lo pienso, son el charco.

13. Algunas antologías (27, Mirroshades, Nueve novísimos, McOndo), crean realidades literarias, se convierten en parte del canon. Toda antología es canónica o tiene esa vocación, pero no todas alteran la percepción de la realidad. Las que logran son las menos, y a día de hoy nadie sabe cómo se consigue ese resultado. Afortunadamente.

14. Es cierto el problema de la distribución de los libros, que elimina la posibilidad de tener un mapa completo de la realidad hispanoamericana. Un modo de acercamiento es precisamente este: gracias a Internet, Volpi, Paz Soldán y Carrión leerán el mismo texto a la vez, en igualdad de condiciones. ¡Libro electrónico ya!

15. Como diría Perec, me gusta poner el número 15 en una lista, aunque no tenga nada especial que decir.

16. En el último número de la revista española "Paralelo Sur" Noemí Montetes hace un imparcial e interesante repaso al grupo Afterpop, por si alguien está interesado. Puntualizaría muchas cosas del artículo pero, en general, el hecho de que esté escrito con desapasionamiento le da credibilidad. Ojalá siempre se escribiera así de nosotros, a la debida distancia.

17. El futuro de la literatura hispanoamericana es el del propio planeta: ser global. Esto no significa dejar de ser hispanoamericana, sino evitar, en lo posible, mirarse al ombligo cultural. En ese ombligo hay un charco muy pequeño.

18. Tengo ganas de debatir, de modo que prometo entrar al trapo de todo lo que se diga.

Como diría un mexicano, favor de no insultar. Ya conocéis las reglas del blog: sólo se me puede insultar a mí. Cualquier comentario contra los otros tres escritores que traspase el umbral del denuesto, será eliminado de forma inmediata.

Juan Carlos Márquez dijo...

Yo no tengo ni quiero tener reparos que ponerle a nadie: ni a los grupos de escritores ni a los escritores aislados, aunque creo que el aislamiento nunca es tal y que Internet y sus inmediaciones (los blogs, el correo electrónico, facebook, etc.) han sustituido la correspondencia epistolar entre escritores y nos ha dado posibilidades de intercambio, debate e interactuación que hace dos décadas eran impensables. De hecho, si dentro de unos años alguien quisiera saber lo que opinábamos unos y otros, más le valdría que buceara en los posts, porque escrito en papel va a quedar más bien poco, al menos del debate. Me gustan los puentes (salvo el de Calatrava en Bilbao, porque casi me partí la crisma una vez en aquel suelo deslizante)y tengo la certeza de que todo lo que se mueve en la literatura es bueno para la literatura, con independencia de cómo se reacomode el puzle en el futuro, porque a ese puzle le saldrán siempre nuevas piezas. Lo que sí me repatea es la tendencia a la generalización, como la que ha demostrado Javier Marías en el último Semanal de El País, al acercarse, sin tener idea y encima jactándose de su desconocimiento, a Internet y los blogs. ¿Has leído ese artículo, Vicente? ¿Lo habéis leído?

Vicente Luis Mora dijo...

Sí, lo he leído. Citaré ese artículo en un texto que sacaré por aquí en enero. No digo más de momento.

Anónimo dijo...

En trapos al rato.
1. Incluso biológicamente, es cierto, nos hacen otros.
2 (Birth) The School of Work&Death. Somos cursos de formación a distancia; los medios de formación de masas, el modelismo con o sin radiocontrol nos produce en tiempo real (y sobre la distancia, muchas veces, hoy en día, existe mucha más entre compañeros de trabajo que con interlocutores algo menos alejados, separados por el otro lado de la pantalla)
4. Agrupemos las experiencias poéticas “de la diferencia”, las ínsulas extrañas, las naves sin puertos...
5. Nos hacen de menos, nos echan de menos. No creo que haya planos de demolición tanto como labor previsora del desgaste, pero no es tan programática en el camino que desarrolla su actividad.
6. Efectivamente, es difícil simplificar así como así, y si tuviera que ser cierta la síntesis, parece que vayamos hacia el crack audiovisual vía calzadas digitales. Las fosas de las Marianas del gusto como el negativo de las alturas tardomodernas, mutaciones que crackean el medio con el que atrapar un pez dorado.
7.¿Diez años? Si es cierto que está en otra cosa, ni cuatro ni dos. Si esa otra cosa o “new thing” consigue lectores, o nuevos interventores, no acólitos. (Si a lo mejor esta “otra cosa” ya no es literatura comme il faut, puede que [ya] no sea importante). En Calle 20 (hacia 2005-6), bien o mal recogida la afirmación, Eloy Fernández Porta hablaba de una inteligencia social que ya no necesitaba de la novela como medio de expresión o retrato colectivo…
8. Las conversaciones se dan cuando hay ganas de intercambio. SkypEople.
9. Se entiende bastante bien lo de la extinción, pero mientras el contexto académico influya en los planes de estudio, la palabra generación no va a desaparecer. Quién entrará, -y con qué formación- a entrar no ya en el temario, si no en la esfera de influencia que vaya a modificar el rumbo del cuento de las generaciones, es el asunto que decidirá el futuro de la terminología al uso. Además, es una contradicción que no interfiere en lo literario, pero la taxonomía (xxxx, tardomoderno, posmoderno, mutante, afterpop, pangeico…) no deja de ser anti “académicamente” útil, y en cierto modo prolonga el carácter de genealogía evolutiva que se rechaza al abominar del término generación. Así como es posible encontrar rancios autores modernos de veinte años, me gustaría que fuese posible hallar escritura pangeica en autores de más de ochenta. Es un deseo casi imposible por aspectos tecnológicos (que definen derivas, tendencias y comportamientos estéticos demasiado pegados a la actualidad, si hablamos de mutaciones pangeicas), pero hay pasadizos hacia esa intuición. Antonio Orejudo, en El síndrome Chéjov, 2006, : “Casi todo lo que parece posmoderno hoy se hizo en el XVI o en el XVII, basándose casi siempre en alguna obra griega y latina. En el caso de Ventajas de viajar en tren, sí recuerdo que tenía la idea de escribir algo que pudiera leerse como una colección de cuentos y como una novela. No sé si es una tendencia actual. Bien mirado, casi todas las narraciones largas, incluso la monolíticas de Thomas Mann están compuestas de episodios, cuyas fronteras se borran. Hoy la diferencia es que esas fronteras no sólo no se borran, sino que se subrayan.” Roban los mapas, incluso.
10. Las críticas, todos. Más o menos, ahí estamos, leyendo “mal” los “aportajes” ajenos.
11. 12. 13. Afortunadamente las realidades literarias son alteraciones perceptuales de la realidad. Ahora que lo pienso, Agustín García Calvo tradujo hace años la obra de Lucrecio como De la realidad. Otra naturaleza de la cosa.
14. El libro electrónico a lo iTunes unificaría, si no la curiosidad pluriforme, quizá si el alcance, la simultaneidad de algunas obras, incluso de otros idiomas ¿Qué pasa con, por ejemplo, las diferentes traducciones de continente a continente, Gonzalo Garcés y su artículo en Babelia y la posterior discusión pública en el blog de Jorge Carrión? O qué ocurre con el sentimiento de comunidad. Quizás sólo es nostalgia de un mundo analógico, y toca ahora otra asociación de intereses. ¿Debería sorprendernos que ahora cada país tiene su versión doblada del Disney/Pixar de temporada, el tema principal cantado o perpetrado por su OT local por defecto? O se ve con subtítulos, que también.
15. Gran número.
16. He de leer ese artículo de Noemí Montetes para poder opinar, con o sin puntualizaciones (el grupo Afterpop; ¡esto parece la legión de superhéroes!, como si se tratase de un grupo elástico a lo Reed Richards), pero ese “ojalá…” La distancia ya existe si localizas una frontera entre ellos y “vosotros”; si es “debida” o no tanto viene más tarde. El desapasionamiento puede no ser ecuánime, pero ayuda, como ayudaría que afterpop se escribiese, si es en realidad un estado o condición-, en minúscula, colaborando, si así se desea, a la propagación internacional de un discurso integrador y trans-temporal -© , (R), TM o no-, pero más local de lo que parece a la hora de escoger sus imágenes sampler; no sé si esta es una de las causas por las que no ha funcionado internacionalmente. En la era de la implosión mediática, los usuarios buscarán también sus propios referentes a-locales, queriendo al menos la sensación de “elegirlos” por sí mismos, sean objeto o no de consumo masificado, ensalzados o no por cualquier sujeto, repitiendo una oración de g-localismo involuntario. Intentar lo contrario es colar una franquicia a personas que están por encima de esas etiquetas, pero que acuden a ellas como referencia/diccionario de uso en tiempos del “capitalismo pasional” vivido por Rengo Wrongo (quedan diez años, según versiones; al tiempo).
17. El charco umbilical puede ser muy pequeño, pero muy profundo, muy ensimismado, (casi) satisfecho y (casi) autista. ¿Tokio ya no nos quiere, o El hombre que inventó Manhattan, un ejemplo “antiguo por tardomoderno” de una narrativa global en castellano?

Ser digno de interés global; emocionar desde la enumeración; ampliar una visión desde la micronesia de conceptos; ensanchar la experiencia a través del detalle, puede estar en la lista de propósitos de un ombligo: lo difícil siempre será salir de su órbita, y coser una ruta de acceso al hilo de todo ello.
18. Enter sandman
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Os dejo con unos enlaces de un artista muy ballardiano, Yuichi Yokoyama. Espero que lo disfrutéis. Un saludo.

http://www.lacarceldepapel.com/2008/02/19/experimentacion/


http://www.transatlantis.net/blog/


Yuichi Yokoyama

http://www.transatlantis.net/blog/archives/2008/02/yokoyama_update.html


http://www.transatlantis.net/blog/archives/2007/11/public_engineer.html


http://www.thehighhat.com/Marginalia/006/Yokoyama_Lanier.html


new engineering

http://www.pictureboxinc.com/product/id/129/


travel

http://www.pictureboxinc.com/product/id/295/


posters

http://www.pictureboxinc.com/product/id/339/
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c.m.

Vicente Luis Mora dijo...

Bueno, Carlos, tu entrada es densa y no toda ella es contestable, en el sentido de que en varios puntos formulas tu opinión, tan o más respetable que la mía, y no hay nada que discutir. Sólo entro a considerar un par de asuntos. Las terminologías basadas en un criterio estético, entendiendo este término ampliamente, incluso hasta el límite de una estética sustentada en la oposición hacia/contra otra (Boom-Crack; Macondo-McOndo), no son comparables al criterio metodológico de la generación, que es, y de ahí sus lamentables resultados en la práctica aplicada, lo contrario de un criterio estético. No tenía pensado ponerme espeso, pero a ti hay que darte de comer aparte. Por poner el ejemplo de la poesía, donde más se utiliza este marchamo, el método generaciona es criticado, ya sea por sus puntuales partidarios [cf. J. L. García Martín, La segunda generación poética de posguerra; Diputación de Badajoz, 1986, p. 9; Luis García Jambrina, La promoción poética de los 50; Espasa Calpe, Madrid, 2000, p. 16; Miguel Ángel García, El veintisiete en vanguardia. Hacia una lectura histórica de las poéticas moderna y contemporánea; Pre-Textos, Valencia, 2003, p. 15], como por sus detractores [Jenaro Talens, citado en Silvia Bermúdez, Las dinámicas del deseo. Subjetividad y lenguaje en la poesía española contemporánea; Libertarias, Madrid, 1997, p. 105; Antonio Garrido Moraga, “Esteticismo y decadentismo en la última poesía de autores andaluces (1970-1985)”, en VVAA, Mis tradiciones (poéticas y poetas andaluces), ayuntamiento de Córdoba, 1988, p. 109; Miguel Casado en varios libros]. Todos, en mayor o menor medida, reconocen las carencias del sistema. Luego, la pregunta es lógica: ¿para qué seguir empleándolo, si está claro que el método no funciona?

Frente a esa falta de rigor, los membretes o rúbricas estéticas se caracterizan por un intento de aprehender las cosas por lo que verdaderamente son, y no por los años en que nacieran los autores que las hacen. No puedes no criticar el método generacional y luego decir que te gustaría que un posible pangeico de 80 años fuera incluido en los recuentos. No sé la edad de Robert Coover ahora mismo, pero es bastante mayor y tiene varias novelas pangeicas, Carlos. Es el primer ejemplo que se me viene a la cabeza, pero hay más. He dedicado dos libros a la estética pangeica. Eloy Fernández Porta, otros dos a la estética Afterpop. No son la misma cosa, son como dos enormes diagramas de Venn que se intersectan en una sola zona, vasta, eso sí. Los jóvenes de 20 años de que hablas son tardomodernos disfrazados de pangeicos: en "La luz nueva" puse un ejemplo muy concreto con un poemario publicado en 2007. Y Coover sería -no en todos los libros, sí en algunos- un pangeico viejuno, como diría Eloy. Las visiones estéticas se pueden criticar, no existe ninguna perfecta, pero tienen la garantía del rigor, de la seriedad (que en el caso de Eloy no está reñida con un humor sano), y la preocupación por lo único fundamental de todo esto: las obras. El contenido y alcance de las obras, con independencia de la edad, religión, sexo, origen geográfico, lengua de escritura o partido político del autor. Todos esos aspectos también cuentan, pero después, en el análisis pormenorizado de cada texto. El modelo analítico para mí a estos efectos es el de los estudiosos del hipertexto: se limitan a dar el nombre del autor, el título de la obra, y como mucho el año de nacimiento. El lugar de origen del autor les da exactamente igual. Creo que así es como hay que ir procediendo con todos. Para ser global hay que pensar globalmente. Fíjate que digo globalmente y no globalizadamente, que es otra cosa.

Ahora tengo que irme, pero luego vuelvo. Gracias por tu comentario, Carlos.

logiciel dijo...

Me parece normal que cada cual busque una 'bandera', marca comercial, onomatopeya - o lo que sea - bajo la que cobijar su 'generación' o grupo - o lo que sea - que le haga compartir unas mismas concepciones estéticas, y que intente dotarlas de un manifiesto para hacerlas oficiales, o no lo haga si prefiere no hacerlo. Que yo sepa siempre ha sido así, ¿no?. Unas han cuajado y otras no. Lo que pienso es que no dejan de ser 'ismos', como el 'academicismo' mismo, pero no creo que nadie piense que eso tenga nada de malo, en serio, digo.

Saludos

Anónimo dijo...

Gracias por la contestación, Vicente. Es cierto que la mayor parte de mi comentario son respuestas personales "nada contundentes" al primero de los tuyos. Una especie de juego, y como dijiste que entrarías al trapo con ganas de debatir o conversar…, pues eso, ahí estamos.

Sobre lo que desarrollas más tarde me parece muy acertada la imagen de los dos conjuntos en intersección. Podríamos continuar diciendo que estos dos sobrevuelan territorios que un concepto en crisis o abiertamente obsoleto como "generaciones" es incapaz de cartografiar. Perfecto. Aún así, creo, que a pesar de tomar partido por la clasificación estética subsiste – porque creo es casi imposible suprimir esa tendenciosa inercia- una “cierta” actitud generacional, puede que más patente con “afterpop”, más que con “pangeico”, y digo esto con el mejor humor posible, al menos, escribí el anterior comentario con la misma idea.

El ejemplo de Coover es útil por sugiere una transversalidad que defiendes en tus libros, pero, tratándose de clasificaciones estéticas “hipertextuales”, todo autor, suprimida su existencia en un conjunto determinado por su nacimiento o lugar del mismo, entra (o no) en las categorías estéticas que se han elaborado a posteriori con el mayor rigor posible; todo autor tiene zonas de intersección con planteamientos que diseccionan el texto y aledaños. Esto es taninevitable como complicado de abordar sin fricciones, aunque se trate de comportamientos individuales o colectivos, indefendibles a la luz de las teorías más actuales. Iba a escribir “desfasados”, pero no sería lo correcto, ahí mi propia inercia quiere hablar por mí, y por eso hay que vigilarla. A lo mejor no me he expresado con claridad, lo que venía a decir es que no siempre cuadra todo, y que lo idóneo de una serie de ideas no implica un cambio de contexto -del registro general de la realidad- como debería indicar un criterio lógico (en referencia a los planes de estudio y su continuidad en los desmanes teóricos). Gracias y disculpa si me he ido del asunto y de las onomatopeyas.

Sobre Yokoyama, espero que te haya interesado al menos un poco. Un saludo y hasta otra.
--
c.m.

Vicente Luis Mora dijo...

Es que la realidad nunca es mapeable por completo, Carlos. Por eso en La luz nueva, junto a los espacios pangeico, posmoderno y tardomoderno, postulé la existencia de un no-modernismo, bajo el amparo de Latour, que venía a cubrir dos cosas: 1ª, la obvia laguna de que no todo es mapeable, de que siempre hay cosas que escapan al radar crítico (esto es un acto de humildad teórica que me gustaría ver en otros teóricos más a menudo, no dejo que se me olvida nunca). 2ª, que cualquier registro de la realidad es entrópico, como la realidad misma, y por lo tanto el error es parte de la experiencia del registro. Allá donde proyectamos la luz de nuestra inteligencia, va nuestro error permanente con ella. Espera, voy a buscar alguien más brillante que yo para sintetizar esto: "Maps are even used to explain why we are where we are (...) Central to the expansion of our knowlegde about the world and the maps we make of it are factors as our ethical and philosophical assumptions, the physical evidence produced by sense-extending instruments (...) and the creative power of the imagination itself. An essential ingredient in charting both the physical and metaphysical universe is the agonistic relationship between analytical reason and the desire for a totalizing vision of things" (John A. McCarthy, Remapping Reality. Chaos and Creativity in Science and Literature; Rodopi, New York, 2006). Sí, así es: el deseo es parte de nuestra voluntad mapeadora y por lo tanto es un elemento que cuenta a la hora de valorar el resultado. Encontramos lo que queremos encontrar. Y, como decía Wilson en Consilience, también la mente humana forma parte (invisible) de nuestros mapas, lo que implica ir con nuestras limitaciones por delante. Seguramente Eloy y yo nos equivocamos al establecer nuestras categorías, pero es que todos los hacemos, siempre. De modo que lo importante no es si nos equivocamos o no, algo constitutivamente humano porque el caos está dentro de nosotros, sino si nuestra equivocación puntual es brillante, si es seria, si aporta o no algo al estado de cosas. Si conserva los archivos culturales tal y como están o si, por el contrario, los amplía y los pone en crisis. Yo no quiero ser perfecto, me bastaría con ser útil. Pienso en una de las imágenes de Yokoyama que nos has enlazado; en ella aparecen diversos objetos ya usados, piezas de basura que el artista rehumaniza, poniéndoles caras, haciéndolas humanas. De eso se trata: rastrear en la basura de la realidad estética, sacar lo que aún es válido, humanizarlo, mapear el estercolero.

Abrazos, Carlos, gracias.

Blumm dijo...

Los editores valientes. ¿Para cuándo esa publicación?

Esta mañana he leído la entrevista en el ABCD de la biblioteca. Completada, la releo y volveré a leer.

Gracias de nuevo.

Esther dijo...

A mi me parece necesario reagruparse en generaciones o como quiera que se llamen, si realmente lo que importa es la literatura. Viendo desde la distancia nuestra historia literaria parece más fácil comprender o aceptar esa unión de afinidades ¿por qué cuesta tanto ahora entender que ciertos escritores afines se unan para llegar mediaticamente a un público que les reclama? ¿es necesaria esa distancia en el tiempo para comprender? El que no se reagrupa es porque o no quiere o no puede hacerlo. Me parece lícito y necesario. Lo demás son pataletas y el tiempo dirá.

Jesus Andres dijo...

Muy interesante.

Es curioso que el mejor modo de buscar algo en un archivo aleatorio sea por las etiquetas con las que se clasificó. Y no por el autor, la fecha o el lugar de creación, que aunque figuren también en las etiquetas, puede que no sepas o no te importen.

El resultado de la búsqueda podría no ser un segmento-generación, ni tampoco un nicho de una matriz. Podría ser un cúmulo volátil formado por fragmentos semejantes extraídos de la nube informe en donde estaban alojados.

Saludos.

Anónimo dijo...

Utilidad.
Clasificación.
Google.
Y por debajo: un substrato: el mito romántico, el yo, el individuo, el genio, la OBRA, estúpido, la OBRA.
Shakespeare no era uno, tampoco Homero.
Oulipo.
Los intertextos más importantes de EXPIACIÓN no son confesados por McEwan en su larga bibliografía.
Y sí: la obra, individual, pero también: la red que te permite no caer.
¿O no?

Miguel Espigado dijo...

Tengo la sensación de que Edmundo Paz Solán y Jorge Volpi apenas saben nada -o muy poco quieren compartir- sobre los autores españoles inscritos en la “Generación Nocilla”. La entrevista de J.Carrión es un repaso a la historia de McOndo y el Crack, pero sus interlocutores profundizan muy poco en el tercer elemento, aunque el entrevistador trata de conducirlos hacia ese tema en más de una ocasión. No considero que esto sea un defecto de la entrevista, yo diría que es un reflejo más de la mínima presencia de esta nómina de escritores en el panorama literario latinoamericano. Las críticas que llevo leídas sobre Fernández Mallo en medios latinoamericanos, en su mayor parte, son como una especie de encogimiento de hombros, como diciendo “¿Y a qué viene tanto revuelo?” A mí me da la sensación de que causa poco muy poco interés el planteamiento estético de Fernández Mallo allí, y que la publicidad gruesa de los medios y el marketing distorsiona la recepción de la obra y abre expectativas que luego parecen no cumplirse. ¿Alguien tiene la misma sensación o más bien la contraria?

Hablamos de que la Red podría dar horizontalidad al parcelamiento nacional literario, pero yo en la Red latinoamericana detecto, a menudo, que el sentimiento de hermandad entre pueblos latinoamericanos se articula, en parte, a través del distanciamiento irónico y mordaz sobre lo que venga de España. No sé si lo véis así o es una percepción errónea. Mi pregunta sería ¿una hermandad (claramente estructurada desde el progresismo y la izquierda) de donde los españoles estaríamos fundacionalmente excluidos, perjudica de base a la recepción de la literatura española actual allí? ¿O es que simplemente no se conocen y ya está?

Confieso mi ignorancia de la realidad latinoamericana y de su panorama literario, así que pregunto con humildad. ¿Creeis que escrituras como las de Agustín Fernández Mallo o Eloy Fernández Porta -por hablar de los dos miembros que le dan nombre al grupo- podrían calificarse de “primermundistas”? ¿Cierta clase de posmodernidad (o afterpostmodernidad, si se quiere) puede parecer un juego estético frívolo allá donde la dureza de la realidad social tiende a imponerse en la mente y la vida de las personas?

El misterio general sería, ¿qué factores afectan a la recepción de la literatura española no tardomodernista* en Latinoamerica? (aparte de los comerciales, claro).


* Cada vez le encuentro más sentido a este término

Vicente Luis Mora dijo...

Es difícil dar una respuesta precisa a tus preguntas, Miguel. Lo latinoamericano no es uno solo, como tampoco lo español o lo finlandés o lo griego lo es. Pero además al hablar de Latinoamérica (para mí, y para muchos otros, por fortuna, Hispanoamérica incluye también a España), hacemos referencia a un territorio continental llenos de países que tampoco se conocen demasiado entre sí. Creo que Paz Soldán lo deja caer en el diálogo: los mexicanos tampoco tienen claro lo que se publica en Chile, y viceversa; y también hay tensiones (culturales y políticas y económicas) entre algunos países, como se pudo ver en la nacionalización en Venezuela de una cementera mexicana. Hablamos de una rica variedad de países, afortunadamente. ¿Que hay cierto resentimiento en algunos grupos contra España? Cierto. ¿Que esos mismos autores, cuando les llama una editorial española para publicar, lo dejan todo y la saliva se les escurre por las comisuras de los labios? También. Bueno, casi todos. Hay ciertas contradicciones existenciales en Latioamérica, como en todos lados.

Pero las reticencias -que se vieron claramente en el diálogo que mantuvieron Carrión y Garcés en el blog del primero- hacia la "madrastra patria" campan por ahí, y sería una ingenuidad no reconocerlo. La mayoría de mis amigos aquí son mexicanos y hablamos con tranquilidad de estos temas. Porque el diálogo no sólo es posible, sino que es cotidiano, para quien quiere sostenerlo. Personalmente o vía Internet.

Pero no suscribiría la afirmación de que la dureza de la realidad política hace imposible el arraigo de literaturas... "estéticas" en Latinoamérica. Hombre, Borges era latinoamericano, por poner el ejemplo más fácil, y sigue siendo el autor más citado y seguramente el más leído, a la par que "Cien años de soledad", o quizá más. No son opiniones, doy datos contrastables: si tecleamos en Dialnet, el servicio de alertas sobre publicación de contenidos científicos de la Universidad de la Rioja, las palabras "García Márquez", se obtienen 647 resultados de libros, tesis o artículos sobre el escritor colombiano. No está mal. Si se teclea "Borges", se obtienen ¡¡2275!!

Aprovecho para recordar que el realismo fantástico, ese género que tanto combatieron Volpi y sus compañeros del Crack, fue también dominante durante mucho tiempo en Latinoamérica y su marca ideológica era tanto o más escapista que la de Fernández Mallo. Creo que, en realidad, bastante más antiideológica, lo cual, como sabemos, es una ideología en sí. De todas formas, han sido algunos latinoamericanos los que más han combatido este tipo de literatura, aceptada por otros latinoamericanos. La pluralidad es notoria en esos lares, hay lectores para todos los gustos; unos comulgarán más con las propuestas españolas (sean o no ideológicas, aunque seguro que las ideologizadas, como la de Isaac Rosa, no en vano premiado en latinoamérica, pueden encontrar un mayor eco), y otros menos.

Si me pides mi opinión, creo que la difusión de la literatura española en latinoamérica depende del mismo factor que la difusión de la latinoamericana en España: del esfuerzo que hagan las editoriales. Pese a las lamentaciones de este lado del charco (el americano), a día de hoy me sigue pareciendo que los españoles somos más generosos con los latinoamericanos (en términos generales y con las consabidas excepciones) que al revés. Echo de menos a un escritor en Latinoamérica como Lolita Bosch, que se encarga de difundir, antologar y hacer conocer a los autores mexicanos mediante congresos en España. (Si alabo los esfuerzos de Jorge Carrión en el mismo sentido van a decir que es amigo mío, así que de él no digo nada). ¿Para cuándo alguien como Bosch en Argentina, México, Chile, Colombia, que cuide de los españoles? Hay gente en Argentina que estudia literatura española, como un grupo de investigación de la Universidad de Mar del Plata, pero estoy hablando de otra cosa, estoy hablando de autores a autores, de creadores a creadores. En este blog se habla frecuentemente de autores hispanoamericanos, y se reseñan sus libros (próximamente, uno del mexicano Emiliano Monge). Veo pocas reseñas de libros de autores españoles en blogs lationamericanos. Veo editoriales como Periférica en España, dedicada casi por completo a autores hispanoamericanos (otro caso sería la madrileña Iberoamericana), y no conozco ninguna editorial parecida en todo este continente dedicada a lo español. Lamento la sinceridad, como lo digo lo pienso. Pero lo mejor de todo es que ni Bosch, ni Carrión ni yo (ni Masoliver Ródenas o Eduardo Moga, otros grandes defensores de lo hispanoamericano en España) vamos a dejar de hacer lo que hacemos, porque lo hacemos por puro sentido del deber, y no por esperar nada a cambio. Saludos.

cgamez dijo...

Respecto al tema de las generaciones. Creo que explicas muy bien que toda la realidad literaria ni se puede mapear completamente, ni puede clasificarse exactamente mediante ese tipo de categorías estancas. Pero por otro lado, si tenemos en cuenta el funcionamiento del mercado (suplementos, editoriales, público que se acerca a lo que considera movimientos novedosos, intereses de los mismos escritores) y el de la mente humana, que desde los griegos (y antes) ha necesitado de las categorías y las clasificaciones para tratar de orientarse en ese caos real, pienso que el término no deja de ser útil. De acuerdo en que sólo es un esquema que simplifica lo real, pero sabiéndolo, tiene su utilidad.

Un saludo.

Vicente Luis Mora dijo...

¡Eso espero, Carlos! Gracias y saludos.

Vicente Luis Mora dijo...

¡Eso espero, Carlos! Gracias y saludos.

elespigado dijo...

Vicente, Resumo aquí tu respuesta, a modo de sugerencia de lo que creo que podrían ser puntos muy muy interesantes para que más buenos conocedores de la materia los retomen (¿algún latinoamericano por ahí?) Especialmente relevantes me parecen los dos últimos. Por si a alguien le apetece. Un saludo.

1. Latinoamerica no es un territorio único sino un grupo de realidades diferenciadas con sus correspondientes problemas de comunicación.

2. Hay reticencias hacia lo español. Las hay en algunos grupos de escritores, pero este se desbarata en cuanto una editorial española les pone un contrato encima de la mesa. También se encuentran escritores sin reticencias.

3. Borges y el realismo fantástico son claros ejemplos de que las literaturas “estéticas”, no ideológicas o sociales, también gozan de una gran popularidad en Latinoamérica. Con todo, reconoces que el carácter “concienciado” de la literatura de Isaac Rosa es una ventaja para su difusión en este continente.

4. Hay una clara descompensación entre la gran atención que editoriales de prestigio y escritores españoles le prestan a Latinoamérica y el escaso interés de sus homólogos latinoamericanos hacia España.

Ana dijo...

Vicente,

Gracias por poner el post con la entrevsita completa. Había leído el artículo el sábado en el ABCD pero claro no es lo mismo que completo.

Estoy de acuerdo contigo: nos hacen los otros y al mismo tiempo, nos hacemos nosotros.

Por fin conseguí "La luz nueva".

Un saludo

Vicente Luis Mora dijo...

Gracias, Ana. Gracias, Miguel, por el resumen. Así puestas parecen propuestas polémicas, pero me temo que tengo parte de razón al menos en lo que digo. Me encantaría que alguien, español o latinoamericano, me diera datos comprobables que refutaran mi argumentación.

Se me acaba de ocurrir otro dato estadístico que yo no tengo tiempo de comprobar, pero que sería interesante que alguien muy aburrido hiciera: coger los catálogos de Seix Barral, Anagrama y Alfaguara, y luego los de las tres mayores editoras latinoamericanas, y comprobar el porcentaje de latinoamericanos que hay en las editoriales españolas y luego el porcentaje de españolas que hay en las otras.

Nos íbamos a morir de la risa.

Saludos.

logiciel dijo...

Pero es que el distanciamiento también es poductivo. Puede que exista una añoranza del 'espíritu salvaje' en una sociedad mundial globalizada, que no se tenga sensación de identificación, que no se compartan los postulados teóricos..., pero yo creo que eso es más bueno que malo.

logiciel dijo...

Lo que quería decir es que me parece bastante reduccionista atribuir la, digamos, 'frialdad' en la recepción de producción española a prejuicios que probablemente sólo imaginamos. La explicación suele ser menos 'visceral'.

Saludos

Anónimo dijo...

Saludos.
Estoy muy de acuerdo en lo que dices, Vicente. Efectivamente, Miguel, la realidad social, en la época de Internet, no tiene por qué ser razón de (casi) nada en el arte. Cuando regreses de China, sigue con América Latina; a este paso vas a ser un lector realmente global...
Yo diría, a muy grandes rasgos, que efectivamente no hay un gran interés por la literatura española en América Latina; pero quizá es simplemente que España es vista como lo que es: un país hispanohablante más; de modo que se le presta la misma atención que a Cuba o a Venezuela. En ese sentido, creo que también hay una focalización en autores. Es decir, en Argentina se sigue mucho lo argentino, y se seleccionan algunas poéticas que sí son vistas como afines, por ejemplo la de Mario Bellatin o la de Vila-Matas, de modo que se siguen a algunos autores y no a ámbitos más abstractos y "nacionales".
Sobre el Proyecto Nocilla. Hay cierta sensación, creo percibir, en América Latina, de que "llegamos tarde". Es decir, que Fuguet, Fresán, Paz Soldán, etc. ya llevaron las nuevas tecnologías y las áreas comerciales a la literatura hace veinte años; y que Aira, Piglia y compañía ya investigaron sobre la fragmentariedad y la neovanguardia performática en los ochenta y noventa.
No digo que sea cierto o deje de serlo, es algo muy complejo, pero ya sabéis que nuestras preferencias de lectura y nuestra opiniones son muchas veces intuitivas y precipitadas...
Saludos
Jordi C.

Jesus Andres dijo...

Espero no ser demasiado indiscreto:

Vicente, tomando tu propio blog como muestra del debate de estos temas (literatura en español, crítica, contemporaneidad,…), ¿se podría saber el porcentaje de visitas de uno y otro lado del charco?

Creo que puede ser una pista del público, consumidor o no, que sigue estos asuntos en un entorno no comercial y de modo voluntario.

Habría que ponderarlo, al menos, en función de los habitantes de cada lado.

Saludos. Y gracias.

elespigado dijo...

A lo mejor es idealista, pero confieso que a mí me gustaría que hubiera más imbricación entre las redes literarias de los diferentes países de habla en español.

Podemos aceptar que España, a efectos literarios, es contemplado como un país más. Me parece que tras esta afirmación prima la buena voluntad y una diplomacia bienintencionada. También creo que es una advertencia valiosa para evitar planteamientos como el mío, algo españocéntricos, ahora me doy cuenta.

Creo que ahora existe una descompensación que puede ser la base de cierta frustración, al menos en mi caso. Por un lado, tenemos las herramientas, la potencialidad, para construir un panorama literario configurado a través de afinidades genéricas, estéticas, independientemente de su país original de edición. Por otro lado, se observa una obstinada pervivencia del pensamiento localista en los nuevos agentes que operan con estas herramientas. Me incluyo dentro del problema como humilde bloguero.

Yo a estas alturas tengo dudas de que, sin un impulso consciente, colectivo, digamos, sin cierto programa o activismo, la Red vaya a alcanzar su máximo potencial para generar un panorama verdaderamente panhispánico, que a algunos idealistas nos encantaría. Por eso, creo que cierta polémica no viene mal, cierto malestar, cierta inquietud, pueden ser interesantes si se saben canalizar hacia lo constructivo. En ese sentido, me parecía especialmente interesante el comentario de Vicente Luis Mora. Me ha sorprendido que todavía nadie se haya animado a discutirlo o rebatirlo. Un saludo.

Anónimo dijo...

Fijaos en El Boomerang, tenía esa vocación, teóricamente, pero no es más que una plataforma de diferencias...
O analizad qué hemos recomendado de 2008 en Hermando Cerdo. Juan Gabriel Vásquez, por ejemplo, que vive hace muchos años en Barcelona: Vargas Llosa y Juan Villoro.
Jordi C.

Anónimo dijo...

Jordi C:“Sobre el Proyecto Nocilla. Hay cierta sensación, creo percibir, en América Latina, de que "llegamos tarde". Es decir, que Fuguet, Fresán, Paz Soldán, etc. ya llevaron las nuevas tecnologías y las áreas comerciales a la literatura hace veinte años; y que Aira, Piglia y compañía ya investigaron sobre la fragmentariedad y la neovanguardia performática en los ochenta y noventa.
No digo que sea cierto o deje de serlo, es algo muy complejo, pero ya sabéis que nuestras preferencias de lectura y nuestra opiniones son muchas veces intuitivas y precipitadas...”

Regreso al futuro vía Hemeroteca Sampler:

http://elrinconalvysinger.blogspot.com/2007/11/comentario-del-fallecido-blog-en.html
miércoles, noviembre 14, 2007
Comentario de Eloy Fernández Porta en el fallecido bló de Vicente Luis Mora en bitacoraspuntocom convertido en post estelar (homenaje a Joseph Lai)
Vuelve la guest star favorita del blog, en un formato diferente y en un pionero sistema que propone un homenaje inteligente a los logros artísticos de Tomas Tang o Joseph Lai, vía alegoría blogoesférica. And now the news:

Eloy-as-españolazo-del-bombo
Sería interesante que la definición literaria-intencional de posmodernismo ("yo soy escritor posmoderno porque quiero") se complementara con una visión más social-pragmática. Tal como yo lo veo, uno es posmoderno no porque haya leído un artículo de Derrida o el último número de Neo2, sino porque vive en un medio en que sus deseos y aspiraciones han sido acelerados a la velocidad del consumo, en que los criterios de legitimación y valor que solíamos llamar "modernos" han sido sustituidos por otros creados por los mass media, en que la geografía está más determinada por las coporaciones que por los Estados-Nación, en que se está sometido a políticas de control y legislaciones que difícilmente pueden seguir llamándose modernas (i.e., ya que hablamos de ciencia: la posibilidad legal de patentar seres humanos (microbios modificados genéticamente) viene a cuestionar la distinción moderna entre "vida natural" y "producto comercial"). Todo esto es, hasta donde yo puedo ver, una realidad envolvente, que no es paranoia de Derrida sino que existe. Respecto de esta realidad la literatura puede asumir críticamente la condición de la época (posmodernismo "bueno": Thomas Pynchon) o puede soslayarla por medio de un simulacro de crítica (posmodernismo "banalizado": el último Juan José Millás).

Así pues, ¿qué nos impide hablar de un posmodernismo literario español con todas las letras, como se habla del alemán, del surafricano o del mexicano? ¿Nuestra peculiar Historia? No hay ningún país que haya hecho una "correcta transición" desde la Modernidad hasta la Posmodernidad; Alemania, por ejemplo, pasó del totalitarismo imperialista a las ruinas, de ahí al desarrollo capitalista y de ahí a la posmodernidad, todo en poco más de veinte años -y nadie cuestiona la existencia de un posmodernismo alemán, como tampoco se cuestiona que un autor surafricano como Coetzee sea un fenómeno posmoderno. ¿El provincianismo? ¿Respecto de qué capital? Todos sabéis que la historia de las literaturas "innovative" norteamericanas, desde Gertrude Stein hasta los escritores avant-pop, es la historia de una elite cultural formada por los escasísimos escritores que hablaban una segunda lengua en un medio literario totalmente monolingüe; de los pocos que leían alguna traducción en un medio que no traduce casi nada; de los pocos que estaban al corriente de lo que pasaba en literaturas que no fueran la norteamericana, y bebían todo lo que podían de ellas. ¿Qué habría sido de los posmodernos norteamericanos de los sesenta sin Borges? ¿Qué es Walter Abish, sino un miembro más de la tradición oulipista europea? ¿Qué es la teoría posmoderna tal como la han inventado en Brown, en Berkeley y en Duke sino una "puesta en práctica" de la deconstrucción y la filosofía de la diferencia francesas? ¿Qué es "Estilos radicales" de Susan Sontag, sino la obra de una provinciana entusiasta que se llena la boca diciendo obviedades sobre Godard y Barthes en un medio en que esos nombres son desconocidos, y con un registro que no hubiera pasado un tribunal de tesina en Francia?

Un intelectual norteamericano es, por definición y con escasas excepciones, un Robin Hood que roba a los viejos ricos de la cultura europeos para dárselo a los pobres de espíritu yanquis. A mí me cae bien Robin Hood, pero, po favó sus lo pido: basta ya de complejo de inferioridad hispano respecto de la "capitalidad cultural nortemericana". La entrevista con Agustín que acabo de leer, y que aquí ha publicado un buen fanzine electrónico, tiene un nivel al que NINGUNO de los estudiantes de letras de Boston College y UPenn a los que doy clase cada año llega ni de lejos. Y este blog también. La posmodernidad no se entiende peor desde Zaragoza que desde Indiana; más bien al contrario: el nativo de Indiana sólo conoce una cultura pop (la suya), mientras que el de Zaragoza conoce lo mismo que el de Indiana más una segunda cultura pop -española- que es, entre otras cosas, una instancia de crítica y deconstrucción del pop oficial norteamericano. Hala, ya lo he dicho. ¡Contento me tenéis, que tengo que salir a defender el orgullo apañol desde Barsalona!
--
c.m.

Vicente Luis Mora dijo...

Estoy leyendo con mucho interés los trabajos contenidos en el volumen coordinado por Jesús Montoya Juárez y Ángel Esteban (eds.), Entre lo local y lo global. La narrativa latinoamericana en el cambio de siglo (1990-2006); Iberoamericana, Madrid, 2008. Esto es lo que tenemos los críticos y/o escritores españoles: que somos tan sordos a lo que ocurre en Latinoamérica que dedicamos nuestro tiempo libre a leer este tipo de libros. Pero qué raros somos, Jordi.

En varios de estos textos (entre los cuales, por cierto, se cuentan uno de Volpi y uno de Paz Soldán), se explica el cambio de rumbo que está sufriendo la literatura latinoamericana actual, que está posicionándose lentamente en un lugar que, como explican los compiladores, no es "ni McDonald's, ni Macondo" (p. 10). Recomiendo especialmente el trabajo de Francisca Noguerol, que se llama "Narrar sin fronteras", título al que me gustaría suscribirme como si se tratase de una poética. Saludos.

Anónimo dijo...

no recordaba un debate tan interesante en este blog desde los tiempos de aquel doctor pasavento...

denle duro!!

Vicente Luis Mora dijo...

Iba a preguntar ¿"denle duro" a quién?, hasta que he caído en la cuenta de que es...

a mí!!

Bueno, acabo de tomarme vacaciones, así que estoy de buen ánimo. Seguimos.

Edmundo Paz Soldán dijo...

Yo recojo el guante y acepto la crítica: los escritores, críticos y editores latinoamericanos no están tan interesados por lo que pasa con la literatura española como los españoles por la latinoamericana. Acepto el matiz de Jordi: España se ve como un país más. Pero tampoco es tan así: ese "país más" es el que nos obsesiona (queremos publicar en una editorial española, ser reseñados en Babelia). Si existe esa obsesión por lo extraliterario de España, lo mínimo que se puede pedir es que venga acompañada por un interés por lo literario. Es algo en lo que vale la pena reclamar e insistir. Ya sabemos que esto es cuestión de piel, que esto debe ocurrir de manera natural, aunque, claro, los que ocupan cierto lugar en la esfera pública pueden ayudar a reconocer esta falta: les recomiendo leer Nudge, que me parece que es más útil que el último libro de Gladwell.

Vicente Luis Mora dijo...

Te honra tu sinceridad, Edmundo. Como toca, después de tu gesto, devolver el golpe con elegancia, aprovecho para repetir algo que no he dicho en estos comentarios, pero que sí he puesto por escrito en otros lugares: en general, los escritores españoles ganarían (me refiero a los jóvenes, a los que están en edad de aprender -y aunque no sea joven me considero aún capaz de aprender-) si leyeran más literatura hispanoamericana. Cuando un poeta joven me pregunta qué poemarios debería leer, siempre le respondo que, de momento, se aprenda de memoria "Las ínsulas extrañas", la antología preparada por gente de las dos orillas: Milán, Valente, Varela, Robayna. Después, se puede pasar a los libros y autores que esa antología dejó atrás, aunque los nombres centrales están en ella. Jordi recomendaba, para la prosa, algunas antologías parecidas de narrativa latinoamericana. Lo importante es leer a estos autores, que desde puntos de vista a veces muy diferentes al nuestro (y a veces no) se plantean problemas y soluciones narrativas muy interesantes.

Sin esperar, repito, que ellos hagan lo mismo con los españoles.

Si los escritores españoles jóvenes leen de todo, y los latinoamericanos sólo se leen a sí mismos, no ha de pasar mucho tiempo hasta que los lectores se den cuenta de las importantes consecuencias de las opciones tomadas en cada caso.

Gracias, Edmundo. Saludos desde la nieve de Albuquerque hasta la tuya de Ithaca.

Edmundo Paz Soldán dijo...

Nieve de Albuquerque... eso sí que sonó bien raro.
Lo paradójico de todo esto es que sí algo ha caracterizado siempre a los escritores latinoamericanos (en esto se puede generalizar) ha sido su tendencia a mirar afuera, a dejarse influir por múltiples tendencias, a estar muy abiertos a lo que no es de ellos. Pero el problema es que a veces ese mirar afuera está conectado con ciertas obsesiones simplificadoras. Y ahora lo que se lleva es leer a los norteamericanos. Y cansa ver que están al día con lo que pasa por aquí, que han leído, digamos, a Nicole Kraus (una escritora que me parece de segunda) pero no a Manuel Vilas. Y así mil ejemplos.

Vicente Luis Mora dijo...

Ya colgaré alguna foto de la nieve de aquí. Ángel González llegó a dedicarle a la nieve de Albuquerque un poema muy breve (seguramente porque la nieve aquí también lo es: apenas dura mes y medio, a golpes sueltos).

Volviendo al tema, lo de las lecturas extranjeras -y norteamericanas sobre todo- ni lo he mencionado, porque si uno ni siquiera lee literatura extranjera, "apaga y vámonos", como decimos en España, no sé si también es expresión corriente en Latinoamérica.

Pero las referencias extranjeras, aunque sean de Pynchon, no pueden dotar a la literatura de un idioma de aquello que le es más íntimo y esencial: la relación consigo misma como fruto del lenguaje, como tensión estructural de lenguaje. "Toda concepción del lenguaje" -dice Henri Meschonic- "debe encararse como una estrategia" (La poética como crítica del sentido; Mármol-Izquierdo Editores, Buenos Aires, 2007, p. 169). Cuando se abandona la investigación sobre el lenguaje propio, el resultado es una "lingua franca" literaria de ningún valor, una cadena sónica que ha perdido su significación estructural como lengua expresiva; Fresán lo describió muy bien en "Esperanto": “La eterna soledad del lenguaje que ya no sirve para nada; que, habiendo optado por la seguridad de sumar marcas registradas en lugar de palabras nuevas, ha perdido todo matiz de sorpresa” [Rodrigo Fresán, Esperanto (1995); Tusquets, Barcelona, 1997, p. 150]. El idioma recocido en la lengua extranjera se pudre, se angosta y se agosta, se deja morir, adquiriendo un tono administrativo y pálido. Sólo leer lo mejor de la propia lengua, allá donde se encuentre, es la única garantía de que la preoucupación por el lenguaje seguirá siendo la semilla de la narrativa que vale. Hay que hacer lo que hicieron Joyce o Beckett: no imitarlos, no copiar sus textos, sino imitar su preocupación por su idioma, por inventar una lengua nueva, incluso cuando comenzaban a escribir en otra. Saludos, Edmundo.

Lupui dijo...

En este post se puede ver la distancia entre la publicación normal -ABC- y la publicación blog. La conversación del ABC era lineal y rígida. La del blog es como un rizoma que va expandiéndose y creciendo, las aportaciones de uno cambian el aspecto global. La prensa sólo permite hablar a unos pocos, pero aquí hablan todos, los escritores conocidos y los anónimos, gracias por permitirlo, Vicente.

Anónimo dijo...

Y a mí me ha dejado una sensación extraña la lectura de los suplementos culturales de esta semana...
Mario Vargas Llosa es "el mejor ensayista de la lengua", "todos estábamos esperando con impaciencia" la última novela de Ana María Matute, no existe la literatura joven española, ni siquiera la latinoamericana, leamos corriendo la trilogía de culto y al Nobel porque es el Nobel...
Nada cambia.
Jordi C.

conde-duque dijo...

[Este comentario no tiene que ver exactamente con el post, pero no sabía dónde ponerlo.
Hace unos meses entré con cajas algo destempladas (pero sinceras) en este blog para criticar una crítica. Ahora he descubierto, gracias al comentario de arriba de un Anónimo, esta crítica de hace varios años:
http://vicenteluismora.bitacoras.com/archivos/2005/10/16/doctor-pasavento
Precisamente llevaba unos días intentando describir mi perplejidad como lector ante una cosa tan mala, aburrida y tramposa —pero tan alabada y premiada— como el Doctor Pasavento de Vila-Matas, que he estado intentando terminar de leer (a duras penas lo he conseguido).
A eso EXACTAMENTE me refería cuando hablaba de valentía e inteligencia en mi crítica a la crítica de "Derrumbe". Lo difícil es hacerlo tan bien.
Queda dicho.
Un saludo.]

Vicente Luis Mora dijo...

LITERATURA

Tan vehemente, pensó un calamar,
voy a hacer el ridículo, si un chorro
de tinta basta ya para alejar
monstruos sin sentido de la crítica.
Del corazón perdida la abundancia,
descubrió la voluptuosidad formal:
mentirse objetivado en arabesco
y en él aún mostrarse, subjetivo.
Al orgullo de no mostrarse nunca
llamó sinceridad, y sentimiento
del estilo, al temor de verse expuesto.
En la esperanza de que los espasmos
del agua le serían favorables
confió en el lenguaje. Y murió
devorado: tentóle lo inefable.

G. Ferrater, Mujeres y días; Seix Barral, Barcelona, 1979, p. 53.

Jesus Andres dijo...

¿Es Calatrava un arquitecto posmoderno hispano o internacional?
¿Existe una literatura posmoderna hispana o una literatura posmoderna escrita en español?

logiciel dijo...

Un poema brutal de Gabriel Ferrater, de quien Pla dijo: 'Me gusta como escribes, pero ¿por qué te empeñas en ponerle musiquilla'

Alvy Singer dijo...

Buenas Noches. Desgranaré algunos pensamientos sobre el debate tan interesante que se ha montado.
La literatura norteamericana la introduce en Latinoamérica, al menos las nuevas voces y las más renovadoras, Rodrigo Fresán, quien a través del diario Página 12 ha dado conocer y ha reivindicado a autores excelentes. Fresán, asimismo un escritor maravilloso, conoce por supuesto la tradición europea, pero todos sabemos que la Capital del Imperio tira más que la vieja Europa, de la que España es un viejo puntal y no digo esto por Fresán (un lector voraz y completo) sino por los lectores de “sólo norteamericanos”. También es una cuestión de sencillez y dialéctica ya que es mucho más fácil leer en inglés que el hecho, casi imposible hoy en día, de que los poderosos norteamericanos aumenten su cuota de traducciones. Llegan a Bolaño y se ponen paletos, los muy farrucos, con si era heroinómano, si el hombre estuvo ligado a causas revolucionarias (y no lo dicen cualquiera, lo dice hasta el, en general, inteligente Jonathan Lethem). Y no entro en el debate “se drogaba o no”, sino en el trapo de “construimos el mito, os guste o no”. Y Roberto Bolaño ya tiene “beat”. Si ustedes me entienden… Hay escritores excelentemente ignorados por las nuevas generaciones de escritores, y no me atrevería a culpar sólo a los norteamericanos: Svevo, Sebald (¿alguien aparte de Carrión le confiesa disciplinado amor?), Musil, Roth (Joseph), etc. Son ejemplos, algunos arbitrarios, de cuatro escritores a los que sólo parecen haber leído Susan Sontag y James Wood, figuras inusuales en lo que viene siendo habitual de la intelliguentzia norteamericana. La pregunta es ¿Por qué le hemos denegado el pase a Europa? Y he puesto ejemplos de la tradición más reciente, de novelistas que (por desgracia) aún tenemos que reivindicar. Imaginad la sangre nueva. Me ha encantado el comentario de Vicente de la lengua, es una observación excelente y es sencillo distinguir entre un buen y un mal cuentista justo fijándose en el que cree en la lengua y el que la usa como vehículo de imitación. La obertura europea (el otro día en la Central me compré el último libro de ensayos de John Updike) no se está viendo “favorecida” en el Imperio. Ahora, empiezan a flipar con Vila-Matas. ¡AHORA!
Otra cosa más: la parte final de McOndo, al menos eso leí su edición de Mondadori, tenía autores españoles en ella. Ray Loriga es uno de ellos. Significativo que no se haya hablado del asunto que serviría para tener un puente entre McOnders y AfterPoppers, de tener que necesitarlos ambos. También significativa la pérdida de Francisco Casavella, un excelente novelista discreto, que más allá del Nadal ha sido sombría, incluso triste en su cobertura, casi de compromiso.
Sobre el discurso de los suplementos: se da por perdido a excepción del Cultura(s) de la Vanguardia. No tenemos aquí, y no sé si tuvimos, un Martin Amis dispuesto a cambiar la escena literaria. O lo que se dice mejor: un señor dispuesto a darle ese poder al Amis de turno. No me preocupa tanto como Jordi C. que Vargas Llosa siga siendo el novelista estrella: llega la navidad y hay crisis, supongo.
Sobre la recepción al inglés de Borges, hay un excelente ensayo de J.M. Coetzee en Stranger Shores, muy significativo por lo que ocurrió (y como) en 1960, fecha tardía si vemos cuando se publican en castellano y por vez primera y si vemos quela Revolución Borges ocurre en la revista Sur. Si ven lo que está pasando con Bolaño, del que sólo cinco ingleses leyeron la para mí perfecta Nocturno de Chile en su temprana traducción, el panorama no tiene pinta de mejorar. Y lo más sencillo para los jovenes es pasarse a a literatura norteamericana, que se traduce por diversas editoriales y aún así llega de manera parcial y sesgada, además de los que leen en inglés.
A menudo me encuentro con escritores jóvenes chilenos que arquean la ceja cuando les hablo de Cela, premio Nobel y ni con esas muchachotes, y de la potencia de La Colmena, o como me flipan las labores de Gómez de la Serna, etcétera. La buena noticia, para nosotros, es que estamos atentos a lo que Sergio Chejfec, César Aira, Mario Levrero, Alejandro Zambra et al (tres nombres de tres recién llegados a mi montón de pendientes y alguno ya habitual) nos tienen en la chistera. Y no vamos a dejarlos escapar, porque no se trata de descortesía sino de lectura, como ha dicho más arriba Vicente. Y si quieren perderse a Magrinyà, Monzó, Carrión y demás, pues peor para ellos: así irá su literatura.

logiciel dijo...

Bufff... me estoy poniendo de los nervios... C'est pas ça, mes vieux, c'est pas ça...

Anónimo dijo...

Me estoy poniendo de los nervios... Aquí aparece de nuevo en escena la españa imperialista, pero esta vez con muchos errores conceptuales de base...

Jesus Andres dijo...

Está bien tender puentes. Favorece la lengua. Indistintamente del uso que se le de: hablar en la barra de un bar (o de un blog) o crear una obra maestra.
Y también está bien tender puentes con otras lenguas. Por lo mismo.
Si puedes cruzar el puente a otra lengua es estupendo. Y si no, pues haz un viaje falso utilizando una traducción.
La traducción es como una copia con acrílico de un cuadro hecho al óleo. No sólo es una falsificación sino que además utiliza otra técnica, según convenga a ésta para que se parezca a aquella.

Cuanto más digital es la vida menos importa la localización y más fácil es cruzar el puente. Allá cada uno si quiere o no ampliar su perspectiva.
Leer escritores de otros países u otras lenguas te permite conocer como cuentan sus vivencias, pero para vivir sus vivencias tienes que vivir en sus países y en sus lenguas. Disculpen la premeditada redundancia.

Aún así, la posmodernidad se contradice con los regionalismos. Otra cosa son las minorías, pero no es el tema del debate. Y áun se contradicen más con los términos pangea o afterpop. Lo dicho, cuanto más digital menos local.

El español no es un estilo, como tampoco lo es la pintura al óleo. Sus particularidades afectan a su uso, pero no es un estilo.

Personalmente me interesan, entre otros, Fresán por su ambición, Calvo por su destreza, y Fernández Mallo por su creatividad. Vila-Matas copia lo peor de sí mismo en remakes inaguantables. Y si ampliamos el magnífico Estrella Distante de Bolaño hasta hacerlo igual de extenso que Los detectives salvajes, se convertiría en idéntico extenso tostón.
Dónde nacieron o viven ahora estos autores, es anecdótico. Y por eso, precisamente por eso, hay que tender esos puentes.

Como hace Vicente.

Vicente Luis Mora dijo...

Uy, qué divertido. La España imperialista. Ardo en deseo de conocer mis o nuestros errores conceptuales de base. Asegúrate bien antes de enterarte de si algunos de estos comentarios son latinoamericanos o no. No vaya a ser que algún latinoamericano resulte ser imperialista también.

No falla: en cuanto hay un debate de cierto interés, aparecen por aquí los perdonavidas. Iluminadnos con vuestra sabiduría, por favor.

Anónimo dijo...

¿Qué es llegar tarde? Lo mejor no es cuándo llegar, seguramente será cómo hacerlo. Y cada ola, ya que no cada generación, tiene sus maneras de elegir. Musil, Svevo, Sebald, Roth han sido y son muy leídos, y en el caso de Sebald su influencia se puede rastrear en unos cuantos escritores, como puede ser el Javier Marías de Negra espalda del tiempo.

Continúan a pesar de todo, se aplican criterios cronológicos de juicio, sin contar con la falta de interés que despierte cualquier país (o su aportación literaria contemporánea) donde “se habla español”… Se puede considerar la posibilidad de un enorme latifundio habitado por excelentes novelistas discretos, como el por desgracia fallecido Casavella en la definición de Alvy Singer. Unos habitantes excelentemente superdotados para el análisis y quizá discretos para la escritura. La referencia a Amis, u otros novelistas estrella hace pensar en la ambición, en los logros, pero también en la confianza de lo posible.

Si se conciben el desarrollo de medios, los avances tecnológicos como una inmersión transformadora, no deja de ser curiosa la sensación percibida (¿desde dónde?) acerca de lo que es llegar, a tiempo o no. Ni la admiración hacia los pioneros, los exploradores del abismos salvaje de ese entonces, su ahora de hace veinte años. No tomemos el histórico atraso nacional como causa obligatoria del retraso en la evolución de las corrientes narrativas. Leamos la introducción a Mutantes, panorama de narrativa española de última generación (sin comillas). La falta de interés no es necesaria percibirla en lectores de otros países, vive con nosotros.

Sigamos la no linealidad temporal que conceptos como afterpop o pangeico suministran como novedad a la catalogación por estéticas. El apunte de Eloy Fernández Porta de un pop extremeño, granadino o zaragozano como un hecho de mayor complejidad que el originado a partir del collage de Hamilton es divertido, en todas partes reparten: ya lo hace Jayce Clayton en su entrevista en RDL cargando contra el mal colonialismo musical de Diplo y sus expolios del tercer y cuarto mundo, pero en la misma entrevista el norteamericano Clayton/DJ Rupture habla de su deslumbramiento con una música importada desde Inglaterra como el jungle/drum&bass, o de cómo cuando vivió en España se interesó por el flamenco y casi nada por el hip hop patrio

¿Existe el apropiacionismo responsable, el desarrollo sostenible de Sampladelia?
Un saludo.
--
c.m.

logiciel dijo...

Las preferencias y gustos literarios son absolutamente subjetivos. No existe la objetividad en eso. Y actualmente gracias a la red no son (tan) necesarios los agentes en la difusión de tal o cual obra o producción. Quien no se interesa por algo es sencillamente porque no quiere. En cuanto a las traducciones, la vieja leyenda del 'traduttore traditore' ha quedado afortunadmente superada. El traductor literario actual la mayoría de veces es también escritor, y sabe lo que se juega en ello. O sea, que también podríamos aplicarnos la copla por no interesarnos más por literatura extranjera.

Y lo siento, pero me ha sonado a maldición bíblica eso de 'si no me lees, peor para tu literatura'.

Anónimo dijo...

(para Logiciel) te acompaño en lo del criterio subjetivo y en la superación de los testamentos traicionados o traducidos. Se me ocurre pensar, sin embargo, que a pesar de lo que afirmas "actualmente gracias a la red no son (tan) necesarios los agentes en la difusión de tal o cual obra o producción. Quien no se interesa por algo es sencillamente porque no quiere", en realidad, muy poca gente piensa de la misma manera, lo que provoca una suerte de necesidad -todavía- de organismos colectivos, o personas singulares que actúen como difusores de información, si quieren llegar a más personas. Otro asunto es pensar cuántas, cómo, porqué. Es más, casi te diría que estamos tan acostumbrados a ello que lo pedimos, un mandarín, un mandarín contestatario o una plataforma alternativa como variante, porque son figuras que "oficializan" el gusto y conforman algo más tangible que una opinión como esta. Lo de la maldición bíblica no lo había pensado así, pero creo que lo comparto. Un saludo y hasta otra.

c.m.

Vicente Luis Mora dijo...

Rodrigo Fresán, en http://laperiodicarevisiondominical.wordpress.com/


"Con el paso del tiempo, me da la impresión que lo de Mccondo es más un prólogo que un libro y, por supuesto, mucho menos que una generación. Yo entregué un cuento para la antología a pedido de mi amigo Alberto Fuguet y no leí la introducción sino hasta que salió el libro. Hay cosas que comparto y cosas en las que no estoy de acuerdo sencillamente porque nunca pensé en ellas. En lo personal, no tengo ningún problema con el realismo mágico. En lo generacional, yo creo que uno lee y escribe -entre otras cosas- porque le gusta estar solo. No siento que haya ninguna generación que me contenga. Si se trata de “cartografiar” la literatura, me gusta pensar que cada escritor es un país en sí mismo que puede mantener o no relaciones amistosas y diplomáticas con otros países/escritores. Tampoco me interesan las guerras, aclaro."

logiciel dijo...

Es triste no saber vivir sin 'mandarines'.

Otro saludo

Anónimo dijo...

Logiciel, lo que quiero decir es que se puede hacer, no que no sea difícil o imposible. Y también que se trata de una figura que se puede buscar o rechazar, pero que no sólo depende de esa persona, sino también de aquellas para las que importa lo que dice.En el mejor de los casos, se trata de indicar una dirección posible, jamás una obediencia ciega. ¿Matar al buda si se cruza en tu camino, como dijo Lin Chi? Tampoco es eso, pero no es tan triste. En fin, nada más. Un saludo, felices fiestas -porqué no- y hasta otra.

c.m.

logiciel dijo...

Felices fiestas, por supuesto que sí.

El Guero Mestizo dijo...

Usted comento..."El futuro de la literatura hispanoamericana es el del propio planeta: ser global. Esto no significa dejar de ser hispanoamericana"...

el mundo esta remezclando todas las culturas, pero me parece que todavia conforman a las tradiciones de Europa (UK) y America (USA), tal vez por la fuerza del ingles.

Pero me parece también que cada cultura que esta abierto al cambio, va integrar el ingles sin olvidar sus raíces. Por ejemplo, nosotros podemos jugar con el Espanglish.

Estoy encantado cada dia mas, esperando que nuevas culturas van a subir, culturas que nunca imaginábamos.

Vicente Luis Mora dijo...

Estoy muy de acuerdo con usted, y también muy contento de que las antiguas y estólidas culturas se remezclen en la batidora mundial. Cuanto más mezclados y mestizos, menos intolerantes y estirados. Un cordial saludo.

Enrique Prochazka dijo...

Hola Vicente. Acerca de 9.: Yo utilizo "asíntota" bastante seguido, para 1) describir el modo como dos líneas se aproximan una a otra, o 2) metafóricamente, para significar una reunión progresiva e imposible. No empleo "epanadiplosis", pero estoy realmente entusiasmado con la idea de usarla si me cuentas de qué se trata. Mientras tanto emplearé la variante "empanadiplosis", que alude, desde luego, al modo como se cortan en dos las empanadas.

Abrazo, E

Vicente Luis Mora dijo...

Ja ja Enrique sabes que tienes licencia para usar la palabra que quieras como desees. Un abrazo.

debate popular dijo...

Creo que el tema pasa porque el hecho de que nadie es Profeta en su tierra o por lo menos eso cuesta sino se tiene una fama anterior reconocida.Es por eso que los libros triunfan más en España donde la industria se puede decir es más organizada que en latinoamerica.

Vicente Luis Mora dijo...

Sí, creo que son verdad las dos cosas que apuntas. En España el mercado está bien organizado, y por fortuna cada vez se abre más a la literatura latinoamericana. Saludos y gracias.