sábado, 9 de enero de 2010

Pasadizos entre Avatar y las Soledades de Góngora




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Lo esencial de un poeta es que nos construya un mundo.


Ezra Pound


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en el papel diáfano del cielo


Luis de Góngora


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Voy a intentar explicarme. Siempre que releo el Polifemo o las Soledades pienso en el número de horas que dedicaría mi ilustre paisano don Luis de Góngora a cada verso. Ese tiempo, por supuesto, no incluiría sólo el lapso de redacción; es necesario pensar en las horas de lectura, reflexión e imaginación previas que lo engendraron. ¿Podríamos calcular treinta, cuarenta horas para cada verso? Podríamos.



El pasado miércoles veía, como siempre que puedo, el programa nocturno de David Letterman, uno de esos extraños programas norteamericanos (como 60 seconds, como Jeopardy, como el fantástico Saturday Night Live) que llevan en antena más de treinta años de forma ininterrumpida. Entrevistaba el cómico a Sigourney Weaver, actriz de Avatar, y ella desveló que cada fotograma (cada uno de los 24 que tiene un segundo de película) había supuesto 45 horas de trabajo al equipo.



Pensemos en este fragmento de las Soledades, una tirada de versos de la Soledad II que se cuenta entre mis partes preferidas:


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laberinto nudoso, de marino


Dédalo, si de leño no, de lino


fábrica escrupulosa, y aunque incierta,


siempre murada, pero siempre abierta.


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Serían imaginables otras formas de describir unas redes lanzadas desde un barco, muchas de ellas más fáciles y directas, pero pocas más precisas y hermosas que las elegidas por Góngora. Nada hay casual en esos versos, ni semántica ni versal ni tónicamente, e incluso la inclusión de sintagmas como “de leño no” iría dirigida, según algún comentarista (no recuerdo ahora si Micó o Jammes), a evitar confusión con términos relativos a la madera que podrían resonar en “nudos”. Sí, Góngora es así de complicado. El primer verso de las Soledades, el famoso “Pasos de un peregrino son errante”, es uno de los endecasílabos más logrados y polisémicos de nuestra lengua, pudiendo apelar, al menos, a tres realidades diferentes.



Salí de ver Avatar en 3 dimensiones con una sensación ambivalente y contradictoria. Por un lado había asistido a un espectáculo magnífico, con momentos sobrecogedores. Había visto cosas que no sólo jamás había contemplado en una sala de cine, sino que jamás pensé contemplar. Por otro lado, tenía también la inconfundible sensación –y no era la primera vez con Cameron– de haberme tragado una película normal, un melodrama montonero y predecible, un producto muy habitual en el cine hollywoodiense.



Tras mucho pensar, creo que el “problema” es que ambas sensaciones son perfectamente compatibles. Y por eso me acordé de Góngora. Como todo poeta cordobés, odié a Góngora hasta cierta edad. Supongo que a los vates granadinos les sucederá lo mismo durante un tiempo con García Lorca, hay sombras que asfixian al principio. En los cursos de doctorado descubrí una poesía absolutamente magistral, insuperable en lo técnico y con momentos de gran belleza y sentido del humor, aunque no es el tipo de poesía que a mí me alimenta ni como lector ni como creador. Me gusta la complejidad literaria, pero otro tipo de complejidad, no exactamente la de Góngora. Lo que intento decir es que Góngora, aunque no me llegue como me llegan otros poetas también complejos y maestros (como Celan o Ashbery o Mallarmé o Juan Ramón), me asombra y me fascina por su poder técnico, por su inigualable virtuosismo constructor. Y eso es lo que llama la atención de Avatar. Lo que me deja perplejo, lo que me hace olvidar la medianía de la historia de fondo, su épica que da la impresión de estar muy vista, sus evidentes referencias sociohistóricas, su rala fábula. De Avatar me gusta y me asusta su absoluto dominio de la imagen. El tratamiento de la imagen, de la misma forma que Góngora trataba, sojuzgaba y maltrataba a la palabra y a la imagen (poética). Los que me siguen ya saben que no soy muy fan de Dámaso Alonso (un error al teclear me ha dejado la impagable errata Dámalo Asonso), pero en cuestiones gongorinas hay que reconocer el genio interpretativo del poeta profesor. Y este párrafo suyo nos abre una nueva e inesperada conexión más entre las Soledades y Avatar: “Góngora tenía un sentido exacto (…), nítido, trasluciente (…) en su hiperrealidad: los colores, su densidad: los aromas adquirían cualidad de color o nostalgia, los movimientos descompuestos en la rutina y en la selva confusa de su poesía entremezclaban (...) realidades por medio de la metáfora”[1]. Quienes hayan visto Avatar habrán reconocido al momento la selva hiperreal creada por Cameron y su equipo, su capacidad de crear mundos, de destacar y definir colores, tanto reales como inventados, opacos o fosforescentes, formas estáticas o en movimiento, paisajes. Cameron construye un mundo creíble, fantástico y plausible a la vez, donde la experiencia del espectador es la de encontrarse realmente dentro del mismo, pero no por el efecto óptico de las tres dimensiones, sino porque lo que se alcanza a los ojos es tan vívido que parece que puede tocarse. Cameron vuelve sensual la naturaleza. Y pocos directores son capaces de hacer eso.



Algunos me dirán que una película no se salva por su brillantez técnica, que se requieren más cosas. Nada que objetar. A ellos les diría que Avatar no tiene por qué ser una buena película. Pero la cuestión es otra: ¿y lo que aporta? Porque aporta una visualidad fascinante, un tratamiento de la imagen de síntesis que consigue, según el agudo apunte de Alvy Singer, que la actriz Michelle Rodríguez parezca un efecto especial, algo crudo en su carnalidad real, frente a la elaboración exquisita de los demás objetos filmados. Como escribió Jordi Costa en su reseña de esta película, “en cierto sentido, exigir que Avatar acompañara su excelencia técnica con un discurso innovador y rupturista sería algo parecido a esperar que ese tren que llegaba a la estación de Ciotat hubiese venido cargado con las primeras bobinas (venidas del futuro) de la aún nonata Ciudadano Kane (…) La película es puro Cameron en su fusión de fetichismo tecnológico y mística New Age –los componentes esenciales de Abyss (1989), sin ir más lejos-, pero sus toques de genio trascienden tanto su estética como su contenido y están en la virtuosa aplicación del motion-capture y en su capacidad de simular una experiencia de inmersión hiperrealista en la materia esquiva de los sueños”. Así que sí que hay algo. Cameron quizá no sea un gran cineasta, pero es un gran arquitecto. Domina como nadie los materiales de construcción. Sabe pulir cada piedra visual hasta colocarla en su espacio exacto. Inventa materiales nuevos, y técnicas nuevas para ensamblarlos con las imágenes convencionales. Y la arquitectura es un arte. Jorge Guillén hablaba de “lenguaje construido”[2] cuando se refería a la poesía de Góngora. Creo que ya se me entiende.










[1] Dámaso Alonso, Cuatro Poetas Españoles; Gredos, Madrid, 1967, p. 65.



[2] Citado en Andrés Sánchez Robayna, La luz negra; Júcar, Madrid, 1985, p. 58.

31 comentarios:

Alfredo J. Ramos dijo...

«I see you, I see you» es, si no recuerdo mal, una de las frases clave de la película, se repite varias veces. El juego (¿el lego?) se impone, también puro Góngora: «Te veo, te veo, Te Beo, Tebeo...» Avatar me parece un tebeo fascinante (fanzinante?), prodigioso en su desarrollo técnico y visual, en efecto; magnífico en su compendio y prolongación de hallazgos y técnicas preexistentes, sometidos aquí a la estilizada complejidad de una nueva realidad hecha posible (creada) a través de una forma distinta de mirar. Pero tebeo, puro tebeo, al fin.

Interesante, original y rica la comparación con Góngora, que acaso admita un juego literal: Avatar es de luz con sombra un río / «por lo bello agradable y por lo vario [...]: / derecho corre mientras no provoca / los mismos altos el de sus cristales; / huye un trecho de sí y se alcanza luego; / desvíase, y buscando sus desvíos, / errores dulces, dulces desvaríos / hacen sus aguas con prestado fuego;/ engazando afluentes en su plata, / de selvas coronado se dilata / majestuosamente...» (S. I, 490; 204-212).

Y aún se podría seguir admirando la prodigiosa coincidencia visual, tan pertinente casi que se diría que don Luis vislumbró un mundo parecido.

Un saludo.

logiciel dijo...

No he visto Avatar. Sí he leído a Góngora -en el cole-. Me resultaba absolutamente incomprensible, y por eso me atraía. Quería saber qué quería decir. Al final llegué a la conclusión de que era un fantástico 'vacilón'. Poesía pura, vamos.

Vicente Luis Mora dijo...

Así es, Alfredo. No me quise parar mucho a buscar posibilidades de comparación (también manejé "campo agradecido / oro trillado y néctar exprimido...) pero lo cierto es que las hay. La poesía de Góngora ve, y la imagen de síntesis de Cameron nos devuelve la vista. El musgo, el polen y los líquenes son táctiles y hermosos; el protagonista de Avatar siente en todo momento la necesidad de tocar las flores y las plantas, como si fuera un niño que nace a un mundo nuevo. Me pregunto qué hubiera pensado de esta película ese gran poeta de la naturaleza, Claudio Rodríguez. Fíjate en la contradicción: natura en estado puro, pero inventada, ficticia, localizada en otro planeta y creada artificialmente, en imagen digital. Asombroso oxímoron, ¿no crees? Saludos.

Filomeno dijo...

El problema de Avatar no es que no aporte nada, o que no tenga un discurso innovador y rupturista... el problema es que como producto hollywoodiense es en algunos aspectos innecesariamente cutre.

Yo a Avatar no le pido unos diálogos o unos personajes increíbles. Me conformo con los de siempre, los que Cameron ya ha demostrado repetidas veces que sabe hacer.

No le exijo excelencia. Me conformo con que no produzca vergüenza ajena.

Toy Story fue el primer largometraje producido usando únicamente imagen generada por computador. Pero, además de ser un hito desde el punto de vista técnico, era una excelente película de dibujos animados: divertida, emocionante, trepidante ... capaz de mirar de tú a tú a cualquier otra gran película del género.

El hecho de salir de ver Avatar del cine con sensaciones encontradas creo que es una prueba de que la película es, al menos, parcialmente fallida. Y a mi me parece una pena.

Oscar Sáenz dijo...

Estimado Vicente, me he asustado un poco al ver la intención que tenías de comparar Góngora con Ávatar, pero no puedo sino aplaudir de nuevo por el hallazgo de este pasadizo.

Recuerdo en la lectura de la Soledades esa vivacidad de los colores que, ahora sí, me han recordado el virtuosismo digital de las selvas de Ávatar.

Muchos hemos opinado que podrían haber invertido esa revolución visual en una historia menos trillada, pero tal vez como Góngora, Cameron ha buscado la complicidad del público en un tema reconocible para que se dejara llevar por la geografía hiperreal de su película, sin perderse en la trama.

Anónimo dijo...

El peregrino son, errante y azul.

No la vi en tres dimensiones, pero sí me metí en la película, y dentro de un guión muy muy sencillo, trillado y archiconocido.(”y qué” me diría un amigo), crea un planeta donde la historia de siempre necesita su primera batalla. De Cameron me quedo con su parte en Días Extraños y un montón de sensaciones dispersas en casi todas sus películas. En AVATAR, al contrario que el Philip K.Dick maltratado con que se tejen tantos argumentos de la actual narrativa en cualquier medio, se emplea a fondo (y tanto dinero obliga a no complicar argumentos) y consigue animar un mundo. Decir que Pandora tiene la pinta de un fondo de portada de Boris Vallejo es muy admisible, pero no es menos cierto que se trata de las primeras ocasiones en los que esa traducción de realidades parece “natural”, tiene su lógica y está llena de sugerencias. Sí que sales con sensaciones encontradas (buen apunte lo de Pixar y sus guiones), porque Cameron puede hacerlo mejor, pero es muy probable que nadie excepto él y muy pocos otros, se liarían la manta a la cabeza de tal modo que estemos hablando de eso. Porque han construido un mundo tan "real" que se merece contar mejor, puede. Un saludo y hasta otra.
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c.m.

Alvy Singer dijo...

Me ha gustado mucho el pasadizo. Del mismo modo que a Góngora no se le pide que sea Celan (ni Rimbaud, ni Valéry, ni Mallarmé, ni Baudelaire), a Cameron no hay que soñarle una especie de Resnais. La batalla final de Avatar que bien podría pasar por un remedo de El retorno del jedi deja por los suelos el ridículo sentido compositivo de Richard Marquand: es un gigantesco espectáculo, en la onda del final de Mononoke, en el que la Naturaleza y el Hombre se enfrentan del modo más barroco posible. Si el sueño de James Cameron era convertir la imagen en un espejismo mutante de toda la fuerza expresiva y kinética y hermosa de la vanguardia anime mezclada con los usos más clásicos y espectaculares del scope....lo ha conseguido. Y que nadie espere de un autor algo que NUNCA ha dado. Pero NUNCA, vamos.

Vicente Luis Mora dijo...

Estamos de acuerdo, nadie le pide a Cameron que sea Tarkovski. Sólo me pregunto qué hubiera hecho, qué hubiera podido llegar a hacer el director ruso si hubiera tenido estos medios para rodar Stalker, donde la naturaleza de la Zona puede dar o quitar la vida. Saludos.

Alvy Singer dijo...

Paciencia. Quizá llegue el momento. El autocoronado sucesor (y que ciertamente fue su pupilo mientras el viejo Tarkovski estuvo vivo) tarkovskiano ya ha rodado una cosa hermosa solamente con la coreografía imposible de una steadicam (y del digital): hablo de Sokurov y de su obramaestra El arca Rusa. Quizá si el 3D demuestra fiabilidad comercial para otras apuestas que no incluyan al blockbuster, podamos verle interesado.....

Anónimo dijo...

Ese presupuesto quizá con Solaris, me parece. En Stalker se trata casi de un auto sacramental hasta llegar al misterio de la habitación (vacía, no vacía)y ese efecto especial-sin contar sonidos y montaje, que son excelentes- ahí, por lo menos, me basta.

Eso sí, a partir de ahora, un director, podrá pensar algo que hacer con la materia que ha hecho andar a Neytiri.
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c.m.

Filomeno dijo...

A mi en cambio la batalla final de Avatar me parece tediosa, y cuando el "malo" se metió en la armadura de combate yo ya estaba incómodo en mi butaca.

Al menos en el Retorno del Jedi las batallas se entrelazaban con otra parte de la historia, Luke en la estrella de la muerte, la escena final con el emperador... lo que en mi opinión dejaba mucho menos lugar al aburrimiento.

Como decía arriba, yo no le pido a Cameron algo que nunca ha dado antes. Pero yo creo que Cameron es un buen narrador de historias de acción. En Terminator lo era. En Aliens lo era. También en True Lies lo era. Pero en Avatar lo he visto más torpe que nunca. Eso es lo que no me ha gustado.

Antonio Ruiz Bonilla. dijo...

Avatar es como la escena donde Marilyn besa a Tom Ewell después de levantársele la falda con el aire del metro en "La tentación vive arriba". Todos le devolveríamos el beso sin preocuparnos lo más mínimo por su cociente intelectual.
Un saludo

Anónimo dijo...

Sokurov me divierte en bello y sabio 2D. "Avatar" me lleva a saltos de la fascinación al sopor. Y hablo de la cosa cerebral. El sistema nervioso en su conjunto va a lo suyo, claro.

Antonio Trashorras

Anónimo dijo...

Un artículo genial, Sr Mora. Qué pena no haber visto todavía Avatar. El otro día fuimos al cine y para nuestra sorpresa se habían agotado las entradas hasta el 17 de enero, ¡a 150 yuanes la entrada(15e)!Muchos adolescentes pekineses van a esquilmar su presupuesto del mes para ver el espectáculo. Yo la última vez que fui a ver una película 3D fue en la Expo del 92.

hombredebarro dijo...

A mí la naturaleza hiperrealista-inventada de la peli me pareció como esos cuadros chinos llenos de efectos, cataratas y colores imposibles, pero sin la gracia de lo cutre. En cuato a la historia, puro bochorno, pero reconozco que pronto veremos por la calle avatares. Lo que más me gustó fue eso, el diseño de los seres azules. Me han entrado ganas de leer a Góngora. Un saludo.

Vicente Luis Mora dijo...

Saludos hasta el lejano Oriente, Sr. Anónimo. Hombre de barro, si he conseguido que le entren ganas de leer a Góngora, el post está más que justificado. Un saludo a todos y gracias por participar.

Anónimo dijo...

El anónimo oriental es de Miguel Espigado. No sé qué pasó, que no apareció mi nombre. El btunnel que utilizo para saltarme la censura y ver el blog siempre da errores. Hasta la próxima

Vicente Luis Mora dijo...

Me lo imaginé, Miguel, pero no estaba seguro. Gracias por dejar tu opinión. Un abrazo.

Luis Gámez dijo...

Vicente, más que de pasadizos (si bien tu método es fascinante y revelador en cierto sentido) yo hablaría de una coincidencia de base: el tópico del náufrago exquisitamente retorcido en el caso gongorino y aquel otro, relacionado quizá, del born again, esa segunda oportunidad tan propia de la mitología popular americana. Antes que en Avatar, mientras leía tu artículo no podía sino pensar en Lost (y por más que lo evidente: la forma en que enhebra ambos tópicos, señalando su común filiación). El hecho es que Avatar es un producto rematado, redondo, cerrado y coronado. Carece de ambigüedad. Su mensaje es unívoco. La perfección técnica es su marca. En el caso de las Soledades gongorinas, tú esto ya lo sabes, el esfuerzo del poeta siempre fue entendido como una anomalía. Su base en el lenguaje griego, antes que en la claridad retórica de los modelos latinos en boga, la complejidad de sus imágenes, la monstruosidad (hablo ahora de Polifemo, no de Soledades) hicieron que estas obras fueran percibidas, hasta bien entrado el siglo XX, más como errores que como logros. El hecho de resultar en un poema inconcluso, la coincidente adecuación a su época, no por casual o circunstancial menos significativa y brillante, una intencionalidad si no ambigua al menos indescifrable en las coordenadas del poema y muchos otros rasgos son características que más que aproximar ambos "productos" hacen que el tránsito entre ambos por tu pasadizo sea, al menos, abrupto. Pero Lost..., ahí lo dejo, por si te interesa...
Por lo demás, coincido con Alvy, no esperaba más de Cameron. Sin embargo, no sé qué dirán los demás, Terminator (1 y 2) me parece una gran historia con dos muy buenos guiones. Pero no jodamos, esta mistificación de Philip K. Dick no es Stalker, claro. Y ya que Cameron produjo la indecente Solaris de Soderbergh y que tú mismo sacas a colación al gran ruso, la comparación Avatar-Stalker se hace pertinente. En cuanto a Tarkovski, a pesar de las limitaciones, de haber perdido la filmación original y haber tenido que regrabar sin presupuesto, etc., su película sigue contando con decisiones técnicas (tecnológicas) que aportan densidad a la narración y que son ineludibles (pienso en lo absurdo que sería ver la película en un televisor en blanco y negro, por ejemplo, a pesar de que conservaría el núcleo de belleza y sentido que la sostiene), mientras en el caso de Avatar se puede obviar el recurso al 3D, si bien lo que nos muestra es el vacío que envuelve (como esa imagen de un globo explotando a cámara lenta). Paradójico, ¿no? En fin, me quedo de todos modos con esa referencia a los Lumiere (a nadie se les ocurriría pedirles Magnificent Amberson a los hermanos pioneros, aunque Ángel Martín hizo una coña criticando aquella primera película desde una perspectiva contemporánea) y con la certeza de que el cinematográfico ha sido el medio artístico que más rápido ha evolucionado a razón de los avances tecnológicos (no en vano se lo debemos a ellos), por lo que en breve podríamos pasar de tener en salas de 3D conciertos de U2 y bochornosos espectáculos fantacientíficos a verdaderas obras de arte (Un momento, ¿no es eso lo que han intentado los de Píxar con Wall-e y con Up? ¿Darán el salto al 3D)...
Buena aportación, Vicente.

Vicente Luis Mora dijo...

Lost y Góngora... hum, muy interesante la comparación, Luis. Hay que pensarlo. Y Pixar no sé, pero el próximo Shrek es en 3D, también. Me temo que ha llegado una moda; por lo demás, en junio comienzan a vender televisores en 3D para tener en la propia casa. Así que esto es sólo el comienzo. Saludos, Luis.

Anónimo dijo...

¡¡Precioso Vincent!! Coincido contigo en lo que aporta Avatar y me encanta la comparación con Góngora. Te leo, te leo...

Marimorena.

Juan Murillo dijo...

Entiendo la compración del tiempo que toma una creación, pero lo de Góngora y lo de Cameron son cosas distintas.

Las 45 horas de Cameron se obtienen de dividir el número de horas hombre en planillas al final de rodar la pélicula por la cantidad de fotogramas. Aún más, no es imposible que se refieran al tiempo de render que lleva cada fotograma en el render farm.

Gongora, en cambio, levantó las Soledades, como es de esperar, solo.

Me parece que el derroche técnico es produce un buen espectáculo pero también permite hace películas regulares que parecen muy buenas. Avatar es una de estas.

Vicente Luis Mora dijo...

En ningún momento del post se ha dicho que la película sea buena, Juan. Más bien se ha dicho que es regular, que es lo que pienso, con aspectos magníficos. Es un acierto técnico fallido (o poco ambicioso) como narración. Saludos.

reacio dijo...

Yo, el siglo pasado ya estaba bastante en contra del cine. Siempre he pensado que es un entretenimiento para perezosos, para gente tan vaga que prefiere que otros les "imaginen" las historias.
Sospecho que el cine del s.XXI llegará incluso a prescindir de las historia. En los últimos años, ya se denunciaba el exceso de efectos especiales y la pobreza argumental de la mayor parte de las grandes producciones. Pero es que los críticos son unos señores muy mayores... Con "Avatar" ya no hay duda de que el nuevo espectador es ante todo un consumidor de efectos especiales, de experiencias visuales. El nuevo espectador es antes que otra cosa un consumidor de tecnología visual y, mucho más consecuente, va al cine a VER una película. No a que le cuenten historias...

gdsm dijo...

Hola Vicente,
¿Me podrías decir de donde sacaste la cita de Pound? Me ha gustado el post, pena que no haya visto la película.
Saludos

Vicente Luis Mora dijo...

Pues la verdad es que no recuerdo de dónde la saqué. Puede que de alguno de los ensayos de "Il mare", pero no lo sé. Saludos.

Anónimo dijo...

Seguro que ya se ha leído por aquí, pero por si acaso, echad un vistazo a este artículo de José Luis Brea, un buen pasadizo a otro lugar, sin pasar por el lado XXX de la vida.

http://salonkritik.net/09-10/2010/01/deveniravatar_la_vida_sin_cual.php#more
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c.m.

Abund1@ dijo...

Uy llego tarde al debate...

Lo que habría que agradecerle a Avatar, no es que trajera consigo las bobinas del cine que está por venir con la tecnología que inaugura. Bastaría con que evitara traer sus vagones repletos de ideología subrepticia, que redunda en el desafuero de invitar a venderse en la aceptación de la mafiosa práctica de dejarse salvar por las buenas por quien te viene a derrocar por las malas.

Difícilmente puede pasarse por alto el guión de Avatar, un pastiche de algo entre El último samurai y el último mohicano, Rapa Nui y Pocahontas, Starship Troopers y Final Fantasy. Que lo peor no es esa exaltación futurista de la tecnología marine, sino el doblegamiento de la opción crítica a comportamientos colectivos de falsa reconciliación por mor de una cosa llamada Gaia.

A pesar de todo esto, algo recorre Avatar que la convierte en truco mágico inevitablemente eficaz. En el filo de reconocer la ilusión que provoca por todos los extremos de significado del término, se abre nuestro margen ético como espectadores: ilusión como motor y anhelo, pero también ilusión como ficción y mentira.

Anónimo dijo...

Pues sí, a pesar de todo, esa película-artefacto contiene lo suficiente como pare seguir hablando del asunto, como dice Abund1@, ese "truco mágico inevitablemente eficaz. En el filo [...]ilusión como motor y anhelo, pero también ilusión como ficción y mentira." En la era "lobal", señala Alan Moore, la cuestión sigue siendo cómo aprovechar la ilusión y las fisuras que crea imaginar. Y no parece que sea (sólo)encerrarse en un sepulcro tecnológico para dedicarse a vivir el deseo de ser piel azul mientras todo cae junto al generador eléctrico.
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c.m.

Anónimo dijo...

con mucho respeto al autor de este blog y este texto... qué tiene que ver góngora con avatar? vamos es que si esta son las fuentes para ejercer la crítica estamos en la calle... no sirve góngora para hacer una lectura de avatar ni aunque se fume un yopo amazónico más potente que el de cameron... ;-)
de verdad es que eres mejor como lector y crítico de literatura

Shandy dijo...

Me parece una ingeniosa y maravilllosa osadía atisbar este pasadizo entre dos mundos y dos creadores tan lejanos en el tiempo. Las asociaciones siempre son subjetivas, pero por tus explicaciones, y aún sin ver la película, comprendo y atisbo la relación que estableces. Aún se me resisten los hiperbatónicos laberintos de Góngora y su barroquismo, pero es indudable la belleza y la perfección técnica de su poesía. Y con Lorca no hay quien pueda -éste no se me resiste-, construye y sugiere un mundo singular, único, es sinestesia constante, sensualidad pura, y a veces sólo con el sonido de las palabras. Me gusta esa cita de Ezra Pound: que el poeta nos construya un mundo. Lo ya conocido puede ser diferente, ese es el reto: Yunques ahumados sus pechos