martes, 31 de agosto de 2010

Enciclopedias, diccionarios, círculos



Jesús Aguado, Diccionario de símbolos; Paréntesis, Sevilla, 2010


Alberto Savinio, Nueva enciclopedia; Acantilado, Barcelona, 2010





Aguado, Jesús (Madrid, 1961): “Poeta, traductor y antólogo español (…) Su obra está contenida en las siguientes publicaciones: Primeros poemas del naufragio en 1984, Mi enemigo en 1987, Semillas para un cuerpo en 1988, Los amores imposibles, ganadora del Premio Hiperión en 1990, Libro de homenajes en 1993, El placer de las metamorfosis (Antología 1984-1993) en 1996, El fugitivo en 1998, Piezas para un puzzle en 1999, Los poemas de Vikram Babu en 2000, La gorda y otros poemas en 2001, Lo que dices de mí en 2002, Heridas en 2004 y La astucia del vacío en 2005” (tomado de Wikipedia).





Círculo: “el sustantivo enciclopedia, nacido etimológicamente de la pretensión de agotar el conocimiento del mundo encerrándolo en un círculo”; Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio.





Discóbolo: “Que yo sepa, nadie se ha preguntado por qué Mirón eligió, entre todos los vencedores de los juegos olímpicos de aquel año, representar al discóbolo. Dado su prestigio y sus influencias políticas (era amigo personal de varios colaboradores de Pericles y éste le apreciaba y le distinguía casi tanto como a Fidias, consejero artístico suyo) podría haber escogido al lanzador de jabalina, al velocista o al luchador. ¿Por qué al discóbolo, triunfador de una modalidad atlética de las consideradas como de segundo rango? Los estudiosos se han fijado en la predilección de Mirón por el movimiento, novedad en un arte que hasta ese momento había producido sobre todo obras estáticas. A partir de esto alguien incluso ha afirmado que "ante la disputa de su tiempo, de lo uno y permanente de Parménides y lo vario y transitorio de Heráclito, [Mirón] se entrega con entusiasmo al lado de éste". Si estoy en lo cierto ya veremos que este comentario roza pero no llega a plantear el verdadero problema. Pero antes debemos avanzar un poco más. / De los pocos datos fiables que nos han llegado de la vida de Mirón hay uno muy significativo: era miembro de una academia que incluía a filósofos, geómetras, historiadores, políticos, artistas, etc. Otro de los pertenecientes a la misma, Pelops Heraclíteo, escribió un tratado del que se conserva el título, "Del odio de todo lo circular", y apenas unos fragmentos difícilmente inteligibles. Se sabe que se lo dedicó a Mirón semanas antes de la celebración de los juegos en los que saldría exitoso el discóbolo que luego éste esculpiría. / Por otro lado, y como ha dicho un erudito, "la esfera y el círculo son los paradigmas, esquemas o registros básicos del funcionamiento topológico de la razón en Grecia". Esto es así no sólo en el plano metafísico o teológico, sino también en el político, en el artístico (incluídas la arquitectura, la música o la poesía), en el ético-filosófico y hasta en el de la estrategia militar. El círculo era la forma fundamental de la que dimanaba todo y a la cual tenían que tender todas las otras. Todo se diseñaba según un sistema circular, desde los frontones hasta las tragedias, resumen de su ideal de perfección. La democracia es hija de esta visión: todos somos iguales como los radios que parten del centro de un círculo. La misma polis o los templos se trazaban siguiendo un plano circular. Anaximandro decía que el Cosmos está formado por ruedas de carro concéntricas, Parménides que el Mundo no era sino anillos o coronas circulares, Heráclito utilizaba un modo de razonamiento calificado de circular (del tipo "Del Todo procede el Uno, y del Uno el Todo", cuya estructura es ABBA). Platón, ya posteriormente a Mirón, dedica varios libros (entre ellos el "Timeo") a demostrar el carácter esférico de lo más importante: el Demiurgo, el Universo, el Alma... Y Aristóteles diría en su "Metafísica" que las cosas concretas imitan la esencia circular que tienen en sí, que a su vez imita el movimiento circular de las esferas celestes, las cuales imitan la inmovilidad absoluta del Principio o Motor Inmóvil. / A la vista de todo esto (sumarísimo repaso que no hace justicia a la riqueza del tema) podemos ya ensayar una respuesta a la pregunta de porqué Mirón esculpió el discóbolo (y de que lo hiciera quizás animado por la dedicatoria de Pelops Heraclíteo). El discóbolo, según nuestra tesis, no es sino una alegoría. El motivo atlético es una excusa para anunciar o pedir algo más: el lanzador no se está preparando en realidad para arrojar un disco; lo que tiene en su mano es toda una concepción del Cosmos y de la relación del hombre con éste, una concepción que, por causas que se han perdido, le incomodaba a él y, probablemente, a la Academia a la que pertenecía. El discóbolo es el hombre que, tenso y concentrado hasta el límite (no se trata de batir una marca sino de escapar de una prisión), quiere romper el círculo contra un árbol o un muro, partirlo en mil pedazos aprovechando que está dormido entre sus dedos y antes de que le vuelva a transformar en uno de sus radios. / El discóbolo es la crítica a una civilización...¿y el anhelo de otra? ¿Cuál podría ser? Porque quizás Mirón no considerase, entonces, el disco como un círculo sino como una especie de centro sobredimensionado cuyo lanzamiento lo desplazaría hacia otro lugar: ¿el Extremo Oriente, la India? Si a Mirón, como es verosímil que ocurriera dada la época en la que vivió, le hubieran llegado noticias de la cultura del Indo, ¿no es posible que hubiera soñado con sustituir a la Hélade como ombligo del mundo por ese lugar tan misterioso y lejano? En ese caso el discóbolo seguiría siendo una crítica, pero además una invitación al viaje. Y de paso explicaría que escogiera el bronce (que sólo se extraía en los confines "orientales" del mundo griego) para su obra en vez del mármol blanco, que era el material prácticamente oficial para esta clase de encargos”; Jesús Aguado, Diccionario de símbolos, pp. 82-84.





Entrada: “27. Ling. En un diccionario o enciclopedia, cada una de las palabras o términos que se definen o traducen”, Diccionario de la Real Academia de la Lengua.





Entrada o fragmento como obra de arte: “Hacer en grande es fácil, y propio de inexpertos; hacer un pequeño cuadro es difícil, y dado solamente a los sabios”, (A. Savinio, Nueva enciclopedia, p. 204.





Entradas comunes: hay sólo un puñado de términos que examinan conjuntamente Aguado y Savinio en sus disímiles repertorios: Madre, Don Quijote, Melancolía, Niño, Realidad, Padre, Pueblo, Tiovivo. Las notorias diferencias en el tratamiento que ambos dan a estos conceptos resumen bien la abismal distancia entre ambos: Savinio, más frío o comedido y enciclopédico; Aguado, no menos sabio pero más contaminado de vida y de energía afectiva. La enciclopedia saviniana es la notable obra de un ensayista agudo y cerebral, el diccionario de Aguado el tesaurus de un poeta.





Justa y tiovivo: “(…) Así como percibimos hoy lo que un día conocerán otros (…) sentían los precopernicanos el movimiento circular de la Tierra que, para nosotros, ha pasado a ser conocimiento. Ya directa, ya indirectamente, el movimiento circular ha representado en todos los tiempos al movimiento, y más que el movimiento el ‘sentido’ de la vida universal. Trazando un círculo con lápiz sobre papel, o con carbón en el muro, o con la punta del bastón en el polvo o la arena, el hombre tiene siempre el sentimiento de representar una cosa problemática y atada a la forma misteriosa e inmensa del universo. El círculo es mágico y nuestra condición cambia tremendamente según que estemos dentor o fuera del círculo. Los niños juegan al corro, y en el cielo de Dante las jerarquías angélicas se forman en sublimes carolas. El sentimiento del movimiento circular ha ocupado la mente de los pensadores fuera incluso del conovimiento del movimiento mismo. Pensar no significa conocer, y los pensamientos que más me gustan son aquellos que no están atados a conocimiento alguno: pensamientos libres, pensamientos desinteresados, pensamientos ‘sin fin ulterior’. Y pensamiento ‘sin fin ulterior’ era el pensamiento de los centros concéntricos que pensaba Parménides de Elea, quinientos años antes del nacimiento de Jesucristo. Este auténtico fundador de la teoría de la unidad explicaba en su poesía que el tiempo no nos ha conservado el nacimiento de la Tierra, del Sol, de la Luna, ‘que reluce con luz prestada’, del éter común, de la leche celestial, del sumo Olimpo y de la fuerza fría de los astros. Él sabía que la Tierra tiene forma de esfera y daba a las diversas regiones del cielo el nombre de ‘coronas’, representándolas en forma de círculos concéntricos que se envuelven sucesivamente unos a otros, en parte de fuego y puros de toda mezcla, y en parte de fuego mezclado con el elemento oscuro, es decir, la Tierra. (…) Protágoras veía en el círculo el signo de la perfección, y yo el signo de la prisión. Y estos círculos que trazan mundos y más mundos eternamente en torno a nosotros, este infinito girar del universo, no es más que la forma de una inmensa cárcel: un tiovivo loco y desesperado”; Alberto Savinio, Nueva enciclopedia; pp. 226-230.





Palabras: Para Savinio, la etimología es la entrada preferible al conocimiento: penetrando en las palabras ahondamos en el sentido de los conceptos y abrimos la puerta a la abstracción (“el descubrimiento etimológico es una iluminación”, p. 144; “la filología es un enorme juego de palabras”, p. 276). Su modo de conocimiento es vertical. Para Aguado, las palabras son resonancias metafóricas las unas de las otras (reminiscencias nietzscheanas), de modo que todas forman una partitura (p. 187), un tapiz extricable donde lo que importan son los nudos: los pliegues o puentes que se abren unas a las otras. Su modo de conocimiento es, en consecuencia, horizontal.





Rémoras: En el libro de Aguado, la rémora principal es la heterogeneidad de materiales, que le hace mezclar entradas memorables con otras muy circunstanciales, de origen periodístico. En el libro de Savinio, su absoluta falta de comprensión para entender lo Oriental y su eurocentrismo a ultranza, que llega hasta el punto, en algún momento (p. 385), de lograr un oxímoron: convertir lo europeo en una forma de lo cateto.



Savinio, Alberto (Atenas, 1891 - Roma, 1952): “Pseudónimo de Andrea de Chirico, fue pintor—al igual que su hermano, Giorgio de Chirico—, escritor y músico. Entre sus obras destacan Hermaphrodita (1918), La casa inspirada (1925), La infancia de Nivasio Dolcemare (1941) y Toda la vida (1945)” (de la Web de Acantilado).



Símbolos. “(…) los símbolos, además de ser o poder ser cristalizaciones de constantes universales o locales (los motivos de una cultura concreta o de la humanidad como tal), son también, y quién sabe si sobre todo, el modo particular e irrepetible de asirse alguien concreto a su cultura o a la Humanidad. Desde esta perspectiva, los símbolos no son sino las imágenes que ayudan a una persona a ser persona en medio de las otras personas, los accidentes geográficos, las leyes universales, los misterios del universo o los sucesos de su existencia cotidiana”; Jesús Aguado, Diccionario de símbolos, p. 214. “nacidos del íntimo conocimiento (…) son al mismo tiempo interiores y exteriores; por eso han pasado a lo perdurable, como todas las imágenes del gran arte griego: nacidas del conocimiento, se han tornado verdad permanente” (Hermann Broch, La muerte de Virgilio).

[Relación con los autores reseñados: ninguna con Savinio, amistad con Jesús Aguado. Relación con las editoriales de los títulos reseñados: ninguna]

9 comentarios:

Esther Rodríguez Cabrales dijo...

Como según se nos cuenta en El Banquete, circular era la morfología del andrógino (tal vez, hoy, aún lo sea) -que participaba del hombre y de la mujer- con cuatro brazos y cuatro piernas. Un círulo castigado a vivir por separado (tal vez, hoy, aún viva así).

Esther Rodríguez Cabrales dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Benjy, el poeta memo dijo...

y el Donuts, que también participa del círculo.

Anónimo dijo...

Otros modos de ircular

http://www.youtube.com/watch?v=rhYV2Q6_hbI

Un saludo.
--
c.m.

logiciel dijo...

La etimología encierra la esencia de la poesía, de la sociología, de la historia, de la humanidad, en resumen. Y no tiene nada de circular, por cierto.
Saludos

Benjy, el poeta memo dijo...

no se olviden del Donuts de crocanti

Anónimo dijo...

Otra posibilidad es ver los círculos como crecimiento, también, arborescente como el de las plantas o de las raíces etimológicas.

En la serie de Árbol Samurai, el artista Gabriel Orozco trabaja a partir de los movimientos en el tablero de ajedrez del caballo, combinando formas y colores según vayan creciendo.

Un vídeo y un articulo sobre estas obras:

http://blog.art21.org/2008/11/06/gabriel-orozco-samurai-tree/

Aquí se ven algunas de ellas:

http://www.teatenerife.es/uploads/images/galleries/63ca7e7920.jpg

http://blog.art21.org/wp-content/uploads/2008/11/orozco-samurai-row1.jpg


http://blog.art21.org/wp-content/uploads/2008/11/orozco-samurai-row3.jpg
--
c.m.

Anónimo dijo...

Y listas para opinar antes que todo esté en la ruina:

http://elblogdejaviercalvo.blogspot.com/2010/08/m-contraatacan.html

Cristina Morano dijo...

Una pequeña nota al discóbolo: lo que es circular en el discóbolo (aparte del pequeño objeto) es el MOVIMIENTO necesario para lanzar el disco. Eso es lo que se homenajea en esa escultura. Aparte de que excepto el pie en reposo, el resto de la figura se inscribe en un círculo perfecto.

Cris