viernes, 18 de marzo de 2016

Cuarta crónica entre dos aguas, con pájaros que caen


Como comenté al final de la tercera, ayer fue un día extrañísimo, porque no leí absolutamente nada en todo el día. 

Hoy me he despertado leyendo, porque sólo leyendo encuentra uno cosas como esta:




Es el poema "Pájaro que cae", de la poeta puertorriqueña Mara Pastor. Incluido en Arcadian Boutique, con ilustraciones de Lorraine Rodríguez, UNAM, 2014.


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Mesa sobre crítica literaria y herencia cervantina



Una reflexión general y previa que se me ocurre antes de que la mesa comience es que sólo hay una mujer y seis hombres participando en el acto. La escasa presencia de mujeres es un elemento a mejorar en estos congresos de cara al futuro.



En el público la proporción es de 8 mujeres por cada hombre, aproximadamente. Es la tónica general de todos los eventos a los que he existido. 8 a 1. Lo que resulta muy significativo.



El ensayista Carlos Granés, que modera la mesa, comienza diciendo que no hay novela más crítica y autocrítica que el Quijote, gracias a la distancia temporal de dos lustros entre la publicación de las dos partes y la colaboración espontánea de Avellaneda. Dice que don Quijote es el primer romántico, por su inconformismo y su desafío al realismo vital.

Edgardo Rodríguez Juliá, escritor puertorriqueño, basa su intervención en el discurso de incorporación de Galdós a la Academia en 1897, que citamos nosotros hace tiempo en el blog decreciente. Relaciona algunas ideas de la alocución de Galdós con la narrativa de Thomas Hardy, donde se analizan conflicto de clases y se anuncian los problemas por venir: “Hardy nos trae noticias de un mundo inestable”, dice Rodríguez Juliá. Analiza, a partir de algunos estudiosos de Galdós y de la respuesta de Menéndez Pelayo al discurso de Galdós, la relación entre la novela del XIX y las dificultades sociohistóricas -y aun personales- del autor canario. Fortunata y Jacinta se convierte en paradigma del realismo fundado por Cervantes, dice Rodríguez Juliá.

El autor cubano-estadounidense Frederic de Armas habla del acto de adueñarse de la palabra como elemento propio de la escritura. Sin embargo, apunta, el escritor tiene problemas para criticar su propia obra. Cervantes no llegó a comprender que el Quijote no se convertiría en un gran clásico, pensando que su Persiles sería “el más malo o el mejor que en nuestra lengua se haya compuesto”, argumentando después que sería lo segundo. “El Persiles tuvo algo de éxito en su momento, pero un éxito que apunta a un olvido que poco a poco relega el libro a polvorientos archivos”, señala Armas. Carpentier se lamentaba de las fórmulas y códigos fantásticos que utilizaban escritores de su tiempo, por falta de imaginación creativo. Para el autor cubano, lo importante era el entendimiento y la reconstrucción discursiva de la realidad; citaba Carpentier a Cervantes como ejemplo a seguir porque “instala la dimensión imaginaria dentro del hombre con todas sus implicaciones terribles”, sin necesidad de llegar a lo fantástico. Por eso Carpentier valora el Persiles casi tanto como el Quijote. Armas destaca el valor de esta visión del autor del Viaje a la semilla. Si el Quijote representa el comienzo de la novela moderna, el Persiles apunta a otro tipo de ficción que se fija en lo mágico y lo maravilloso sin caer en su idealización. Para Carpentier, la maravilla está en todas partes, y eso es algo que descubrió Cervantes en el Persiles.

La hispano-estadounidense Carolyn Richmond, única presencia femenina de esta mesa, cuenta sus experiencias de enseñanza de Cervantes y la relación que tuvieron ella y Francisco Ayala sobre el Quijote, que leían en voz alta. Enseña una edición de la novela cervantina mandada encuadernar por ella y llena de notas marginales de Ayala. Comenta el ensayo “Un caballero granadino” de Ayala, un texto en el que se advierte ya que la reflexión del autor tiene ya presente la muerte. Recuerda que Ayala decía que “La crítica literaria es tan válida como la creación”, y que es muy necesaria y anima a todos a seguir aclarando y esclareciendo los textos, como forma (y como consecuencia de) amarlos.

J. M. Pozuelo Yvancos recuerda la labor cervantina de relector y comentarista de sí mismo, lo que ya destacase Américo Castro. Foucault, recuerda Pozuelo Yvancos, comparaba a Cervantes con las Meninas, por incluir críticamente al autor en el marco semántico del cuadro. Aunque se da más en la segunda parte, en el “Prólogo” a la I parte está ya esa presencia autorial que se pregunta sobre cómo escribir un prólogo. En el capítulo III de la II parte, en el diálogo con Sansón Carrasco, Cervantes aprovecha para hacer un repaso de la recepción de la I parte, y allí los dos socarrones -Sancho y Sansón- hablan de los palos recibidos por el caballero, y don Quijote dice que bien podrían haber sido calladas. El pasaje tiene una deuda evidente con Aristóteles, pero también hay que apuntar que la cita de Sansón de Ulises y Eneas tiene lugar asimismo en el capítulo XXV de la primera parte, en el episodio en Sierra Morena, pero allí es don Quijote el que hace la mención. De forma que Sansón le “devuelve” la cita al propio Quijote, lo cual es un juego literario eximio, a juicio de Pozuelo Yvancos.

Como ejemplos actuales de esta técnica comienza señalando a Vargas Llosa, quien hace en El sueño del Celta una mención a Joseph Conrad, considerando que hay un diálogo acerca de lo colonial entre los dos autores, que supera lo temporal. Otro ejemplo sería Javier Marías en Negra espalda el tiempo, donde Marías hace una crítica sobre la supervivencia de la muerte a través de los libros, que es un comentario sobre Todas las almas, de modo que hay un juego parejo al cervantino, al establecer un autor una reflexión o comentario sobre un libro anterior, con el que se discute. El último ejemplo es El punto ciego (2016) de Cercas, donde revisa su propia creación, planteándose en esas conferencias la cuestión que le llevó a escribir cada uno de sus libros y lo que anda persiguiendo con ellos.

Cree Pozuelo Yvancos que esta tendencia autocrítica es una constante histórica, y que es natural por la percepción que tiene todo autor sobre su lugar en el tiempo.


El escritor español Fernando Aramburu dice que tiene comprobado que las personas que frecuentan con regularidad el Quijote “se hace” su propio libro, particular en cada caso y orientado a sus propios intereses. Él también tiene su Quijote a medida, cuyo impacto ha sido similar al que las novelas de caballerías tuvieron sobre don Quijote (o sobre Cervantes, no lo he oído bien, disculpen). “Algunas de mis novelas están contadas sobre narradores que profesan las letras” y que tienen dificultades para separar ficción y realidad, dotados de un destino literario; considera que eso es una influencia directa de Cervantes. Define al hidalgo como una “literatura andante”, y esa imagen ha acompañado su propia visión de la escritura. Le fascinó de joven la idea de introducir la literatura en la realidad, como hace el caballero citando las novelas de caballería como si fueran tratados de buena conducta. Apunta que mientras escribe una novela tiene siempre un libro “acompañante”, que está sobre la mesa mientras redacta el libro en marcha, y que a veces su escritura replica a o dialoga con ese libro acompañante. En alguna ocasión ese libro ha sido cervantino, como en Viaje con Clara por Alemania, que es un remedo de la parte II del Quijote, desplazando el lugar y la anécdota a la Alemania actual. Esa manera de montar una historia cree haberla aprendido de Cervantes, y no de forma inconsciente sino sostenida con voluntad deliberada de hacerlo.

En otras obras ha incluido piezas intercaladas, que funcionan a la manera de las novelas incorporadas por Cervantes a la suya, o introduce piezas de títeres, como la de Maese Pedro. Incluso tiene en Fuegos con limón (1997) una broma vengativa a partir del encuentro del Quijote con el vizcaíno, que Aramburu convierte en un episodio contra un “alcalaíno” mentecato, devolviéndole narrativamente al alcalaíno el leñazo que el vizcaíno recibe en la novela de Cervantes. 

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He grabado por entero (hoy sí) la lectura de poemas. En el primer vídeo se recogen las lecturas de Álvaro Pombo, Hjalmar Flax, Olvido García Valdés, Gianina Braschi y Fabio Morábito. A Pombo se le oye muy mal, pero la culpa es de su pelea -claramente visible en la grabación- con el micrófono. 




En la segunda parte, lectura de Jorge Urrutia, Áurea María Sotomayor y Alexis Díaz Pimienta: 
 



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A las 3 pm se ha clausurado el VII CILE. La primera frase, a cargo del escritor puertorriqueño José Luis Vega, ha sido lapidaria y ha cerrado la herida abierta el primer día: "Este ha sido el primer Congreso de la Lengua celebrado en un país antillano". Dale, que dicen aquí. Bien está lo que bien acaba.

Un poco después, la sabia y admirable Luce López-Baralt ha hecho un impresionante discurso sobre la parte "fantástica" del Quijote. Lamento mucho no haberlo grabado, pero pensé que iba a hacer, por tratarse de la clausura, un discurso institucional. En absoluto. Nos ha dejado una joya discursiva donde López-Baralt ha revelado sus saberes hispanos, caribeños, árabes, españoles, antiguos, modernos, presentes y futuros. 

Estoy grabando una serie de microentrevistas, que publicaré en un post mañana.

Y ahora, nos vamos a bailar salsa. Apúntense, es gratis: