miércoles, 16 de marzo de 2016

Segunda jornada del CILE o la soga del insomnio


1.47 de la mañana. No puedo dormir. En el viaje no sólo perdí la maleta, también el sueño. La segunda jornada comienza tomando aire de las últimas bocanadas de la primera.

Unos improvisadores puertorriqueños que escuché ayer (¿hoy?) me han inoculado el peor de los venenos, el octosílabo.


Contradécima del insomnio

Los pies no pueden parar, 
los pasos no tienen dueño, 
quieren las aves trocar 
las pasarelas del sueño, 
sacan las garras de plata
con afán de enumerar 
resmas de tiempo pequeño.
La noche es una corbata
donde se ahorca su dueño,
donde su dueño se mata.



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Mañana, o dentro de un rato, continuamos la crónica.

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Poco después del alba, he aprovechado el insomnio para hacer una videorreseña de la fantástica novela de Rodrigo Blanco Calderón, The Night (Alfaguara). No se la pierdan -la novela, no la reseña, perpetrada con mi característica torpeza 3.0, mostrando sólo parte del rostro, para no alejarme de la cámara y preservar en lo posible el sonido-. Sí, el vídeo es un despropósito, pero la novela de Blanco Calderón es imprescindible. Además se aventura -cosas del insomnio- una hipótesis acerca de la razón por la que Roberto Bolaño ha ejercido una influencia tan profunda en los jóvenes narradores hispanoamericanos y españoles:

video


[Aunque mi confusión matutina no me deja explicitarlo tan claramente en el vídeo como ahora, lo que intento decir es que los escritores latinoamericanos jóvenes se han encontrado en una tesitura o disyuntiva nada cómoda; la de tener que elegir entre un realismo descarnado, a lo que parece invitar la realidad política de muchos de los países, pero que a veces carga demasiado la prosa de periodismo o crónica, y un tono fantástico, incómodo también porque podría crear asociaciones indeseadas con cierta literatura fantástica considerada incorrecta desde el punto de vista político, como la borgeana (sea por escapismo social o por la incómoda postura política de Borges), o, aún peor, con el realismo mágico. Sin embargo, ahí aparece Roberto Bolaño, que mezcla páginas de horrores muy realistas con alfilerazos o epifanías a veces surreales, a veces oníricas y a veces visionarias, que van almenando o intercalando el horror de salpicaduras azules, de imágenes vivas que elevan el tono literario de la novela. Realidad mostrenca y tono alucinado o alucinatorio conviven sin solución de continuidad. Creo que los narradores hispánicos, tanto hispanoamericanos como españoles, están optando en masa por seguir o imitar a Bolaño, porque les quita la angustia de tener que elegir entre ser realistas o irracionales, pudiendo serlo todo al mismo tiempo.]


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Llueve sobre Idomeni.

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Comienzo a enviar la crónica del encuentro de hoy -si es que ayer se acabó en algún momento, pues sigo jetlageado-. La mesa que comienza ahora tiene el título, algo ambicioso, de "Hispanoamérica y la esencia de la lengua", y en su primera parte se dedicará a recorrer la obra de cuatro poetas, todos con una estrecha relación con Puerto Rico: el puertoriqueño Luis Palés Matos, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez y Pedro Salinas. Con motivo del CILE se ha editado -amén del volumen sobre JRJ que ya apuntamos ayer- esta edición de otros tres libros de los otros autores mencionados:

 


Mercedes López-Baralt habla de Luis Palés Matos, un poeta no demasiado conocido que merece mayor atención, por su increíble plasticidad y porosidad al crear un idioma poético en el que conviven diversas tradiciones americanas y europeas. Palés recoge una negritud no realista, según López-Baralt, una negritud mítica dedicada a crear un arquetipo caribeño y telúrico, personificado en su personaje Filí-Melé, variante de la Sulamita bíblica, mezcla imposible del “neoplatonismo renacentista y de los ecos yorubas”, según López-Baralt. Melé viene del francés mezclada, y la venus negra de Palés viene a constituir un mestizaje total en constante transformación. El movimiento es esencial a la diosa negra protagonista de los poemas, y también al verso dúctil y sonoro -gongorino a veces- con que la describe. Reproduzco un fragmento de Palés a modo de aperitivo, para que el lector pueda tener una idea de su capacidad verbal:







Javier Blasco comenta que no es fácil reducir al esteticismo lo escrito por Juan Ramón antes de 1936, pues había elementos sociales en ella, pero desde entonces la ética fue cediendo mucho espacio a la ética en su obra. América Latina “cambió por completo a Juan Ramón” desde que se vio obligado a abandonar España. Ese cambio fue, sobre todo, vital, y el escritor se hace más público y más político y activo en esos años. Según el propio JRJ, “El hombre político me parece (…) el administrador de un pueblo (…) y le obliga a vivir en el presente (…) el vivir en el futuro es función de los poetas”. Se hace evidente en sus alocuciones que “el centro de gravedad de su escritura se ha desplazado totalmente hacia la ética”, dice Blasco. Así, es significativa la mutación de su juicio sobre la poesía de Neruda, volviéndose hacia 1942 más positiva, y en ese cambio la experiencia americana había tenido un importante papel, al permitirle comprender mejor el empeño estético del chileno. Desde otra óptica, JRJ defendió que el Modernismo, a partir de Darío, había contribuido a un importante entendimiento entre las dos orillas del idioma y sus respectivas literaturas. Blasco termina resumiendo que el encuentro americano reforzó tanto la vertiente ética como la estética de la obra de JRJ, elevándolas y profundizándolas.

Christopher Maurer comienza su ponencia sobre Pedro Salinas recapitula algunas escenas del poeta en Puerto Rico. A juicio de Maurer el país caribeño le permitió a Salinas ver de nuevo, ver de una nueva forma. El hecho de mirar fue capital para él, y de ahí que su célebre libro sobre el mar puertoriqueño se llame El contemplado, un libro intemporal y sobre el que no parece pasar el tiempo, como le sucede al propio océano. Maurer dice que en ese poemario se aprecia no sólo el contacto del poeta con el mar, sino también con otros paisajes norteamericanos, y su interés -quizá no por casualidad- se va desplazando hacia el poema largo. Se ha criticado el solipsismo del libro, que al centrarse en el agua rompiente da la espalda a la isla y a sus gentes, pero para Maurer se pueden hacer otros tipos de lecturas, más próximas a la renuncia y a la elección de la vida retirada, en la senda de un fray Luis, o también al derroche de un tiempo no pragmático y a la lentitud y la inactividad. Concluye Maurer diciendo que, parafraseando lo que dijo Pedro Salinas de fray Luis de Granada, "su lección es ver, mirar lentamente, admirar, contemplar, lección que repiten las olas, las del mar y, a pesar de todo, las de la poesía".

Reproduzco la notable intervención de Sergio Ramírez sobre Rubén Darío:





Y la apoteósica intervención de Álvaro Pombo sobre la poesía de Juan Ramón, que ha sido una fresca dosis de locura, una detonación de exceso en medio de una secuencia ordenadísima de ponencias:








José Luis Pardo, “Filosofía y creatividad”


Pardo comienza citando la metáfora de la bolsa de palabras únicas de Umberto Eco para definir la creatividad lingüística, definición que a juicio de Pardo ha tenido un éxito que ha producido consecuencias indeseadas. Según Pardo, en realidad las palabras dentro de esa bolsa están imantadas y salen en racimo, no una por una ni generadas en asociaciones falsas, salvo rarísimas ocasiones. Cuando sacamos un paquete de racimos, el nombre que recibe es “ideología”. El creador debería desimantar las ideas y crear asociaciones fructíferas y distintas, mediante las metáforas.

¿Hay creatividad en términos filosóficos?, se pregunta Pardo. Cita a Sánchez Ferlosio (de quien dice que es el mejor prosista y probablemente el mejor pensador español), cuando distinguía la metáfora de las alusiones intercambiables o simbolizadas del idioma realizadas por un niño. El niño ha descubierto el denominador común entre dos elementos y ciertas reglas del idioma, y las utiliza a su antojo para explicarse y abrir comparaciones entre las cosas; y ese descubrimiento se hace a través de una generalidad, abstracta hasta cierto punto, consecuencia de captar en un solo acto de aquellos elementos que las cosas tienen en común. Que un niño pueda hacerlo nos enseña que los conceptos no son algo a lo que se llega estudiando sesudamente la lengua, sino que es la experiencia mundana la que lo lleva a esa comprensión. El descubrimiento de los conceptos no es por tanto un descubrimiento lógico, aunque pertenezca a ese ámbito del logos, sino al descubrimiento de que hay algo llamado realidad, una forma terca de ser de las cosas que no se pliega a las necesidades de las palabras. De modo que la creatividad no está en esa bolsa de palabras de Eco, sino en la capacidad de combinación a partir de las deducciones generadas por la experiencia, incluso por la experiencia más simple y más infantil.  El filósofo vive el descubrimiento a partir de la conciencia de que hay otras reglas, y para ello el filósofo debe atarse al timón del barco para no dejarse seducir por el canto de las palabras. Su hallazgo, en consecuencia, es el entendimiento de que los conceptos son más poderosos a las palabras, y son los que tiran de ellas, sacándolas en cadena de la bolsa de posibilidades. 


Mesa sobre traducción y globalización

Miguel Sáenz. "La globalización es una cosa fenomenal"
Con la alusión a la guaracha del Macho Camacho en el título de su ponencia, Sáenz no quiere frivolizar, sólo contextualizar. Cita varias voces críticas sobre la globalización (Klein, Safranski, Renato Ortiz), pero recuerda que en realidad la globalización es un hecho con el que hay que lidiar. Distingue entre lo más opuesto a la globalización (el teatro), lo intermedio (la poesía) y lo más globalizado, que sería la narrativa, por sus propias características.
Para Sáenz, es inocente pensar que el traductor pueda ser invisible, "porque nunca lo será". Sobre todo cuando aparecen localismos o jergas, su aparición visible no podrá evitarse. Conocimiento de idiomas, buen oído y sentido común son para Sáenz los requisitos fundamentales de un buen traductor. De modo que cuanto más globalizado es un texto, más diluido será el papel del traductor. El texto debe ser creíble y válido como una obra literaria autónoma. Un libro traducido es del traductor, y por eso debe figurar su nombre en la portada. Echa en falta más contacto entre los traductores y escritores del momento, pero a veces no es fácil por la dificultad de la circulación del libro. En el caso de que los escritores y traductores puedan llegar a conocerse y acceder fácilmente a las obras de los otros, estaríamos ante un buen efecto de la globalización, que de momento no se ha producido. 

 
Pura López-Colomé, "El palo de lluvia. Aproximaciones a la traducción poética"
La poeta, traductora y estudiosa mexicana, considera que traducir y escribir poesía son formas de la misma actividad. Se remonta a su infancia para explicar las varias lenguas que se hablaban en su casa en Yucatán, que la fueron preparando para su futuro trabajo, puesto que "desde que empecé a hablar empecé a traducir". Después, hace el dificilísimo esfuerzo de traducir el poema "Rainstick" de Seamus Heaney, casi puramente verbal, intentando mantener los efectos vocales en su español de poeta (con bastante acierto, la verdad, dentro de lo complejo del intento). Cuenta su experiencia con el Patterson de William Carlos Williams, que le sirvió de crecimiento, y termina con su relación con la poesía de Heaney.


Chul Park ha traducido el Quijote al coreano, y comienza su intervención recordando que las primeras traducciones de textos castellanos a lenguas asiáticas se hicieron por motivos religiosos, para favorecer la evangelización. Pasa después a comentar las primeras versiones orientales del Quijote, muy divertidas por sus errores y confusiones -aunque meritorias por el esfuerzo-. La traducción literal de una versión que se hizo al chino sería, según Park, Historia de las aventuras extrañas de un viejo curioso de poco ingenio. Al principio no se entendió demasiado bien, considerándosele una serie de cuentos sobre un mentecato, aunque el traductor cree que es un libro que favorece ese tipo de confusiones por su sutileza y la ambigüedad de algunos episodios. Sin embargo, su valor acaba trascendiendo, según Park, cualquier malentendido cultural y la lucha por la dignidad y la utopía del caballero andante acaban conquistando a los lectores de cualquier parte, por mala que sea la traducción. 
 

El novelista boliviano Edmundo Paz Soldán, de quien hemos hablado ya en este blog,  presenta un texto llamado "El escritor como traductor". Comienza con el recuerdo de que comenzó traduciendo del español al español, porque las personas a las que daba sus escritos le corregían sus localismos bolivianos y le recomendaban otras palabras argentinas, españolas o mexicanas. Desnaturalizar el idioma, borrar los coloquialismos de Cochabamba, fue la primera operación a que se dedicó, animado por esos consejos. "Esa censura del lenguaje no era negativa del todo, pues iba en la dirección de lo que yo creía que era la literatura", apunta, creando un español algo estándar. Ese proceso se intensificó al mudarse de Argentina a Estados Unidos, creando una lengua neologizada, solemne, más cercana al diccionario que a la calle. En la universidad hizo autocrítica sobre estos procesos y se volvió más consciente del idioma y sus movimientos, sus cambios y sus interferencias, interiorizando una profunda reflexión al respecto. Se dio cuenta de que había tensiones geográficas y políticas en las operaciones, más o menos inconscientes, de un borrado en aras de una presunta corrección. Entendió que ciertas impurezas idiomáticas en EEUU eran consecuencia de una apropiación del inglés, y no de una capitulación ante el mismo. Los hispanos se hacen con el idioma, poniendo el escritor el ejemplo de beyondear, que es en algunas pandillas mandar a alguien al más allá. Paz Soldán cree que es uno de muchos ejemplos, que le parecen interesantes, como el inglés de Junot Díaz o el español de Rita Indiana, que están intervenidos por la lengua contraria a la materna. Cita los casos de Elmer Mendoza, Carlos Velázquez o Yuri Herrera como "radical reinvención de la lengua" y como casos a estudiar, por reflejar las tensiones del presente, pero, sobre todo, del futuro. "Somos muchos los que escribimos en EEUU en español, aunque no seamos aceptados por el mercado literario estadounidense", concluye.


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Y concluyo también yo, que este ha sido uno de los días más largos que recuerdo. Hasta mañana, espero.