domingo, 3 de septiembre de 2017

Fred Cabeza de Vaca


Tras un largo período de escritura y revisiones (unos cinco años en total), es un placer para mí compartir con vosotros la salida de la novela Fred Cabeza de Vaca, con la que tuve la suerte de obtener el XVIII Premio Torrente Ballester de Narrativa. 





La novela, publicada por Sexto Piso, se propone desafíos diversos y toca temas muy diferentes: el arte contemporáneo, el problema de cómo contar la vida de una persona desde varios puntos de vista (la biografía y las memorias entre ellos), la sociedad actual, la práctica artística, la pulsión sexual como motor creativo, la amistad, la fama y algunos otros. 

En cuanto al argumento, es fácil de sintetizar: la novela cuenta la vida de Fred Cabeza de Vaca, un crítico de arte que decide convertirse en artista por varias razones, casi ninguna de ellas benéfica. La trama ya se vuelve más compleja, gracias a la argucias y estructuras que Natalia, la narradora de la historia, va tejiendo para poder contar ese argumento.

Agradezco a la editorial Sexto Piso su esmerado trabajo, y a Riki Blanco su inteligente ilustración de cubierta, que define de un plumazo a Fred.

Está ya disponible en algunas librerías desde la semana pasada, y creo que a partir de mañana estará en las restantes. Ojalá os interese y su lectura colme vuestras expectativas.



8 comentarios:

Gema dijo...

He leído el inicio en El Cultural y apetece continuar. ¡Enhorabuena y suerte!

Vicente Luis Mora dijo...

Muchas gracias, Gema, si la lees, déjame saber qué te parece. Saludos.

Ilkhi Carranza dijo...

Estoy deseando leerla. Mañana me hago con ella.

Vicente Luis Mora dijo...

Gracias, ojalá te guste. Un saludo.

Ilkhi Carranza dijo...

Ya la he leído. Me gusta la forma fragmentaria en que la estructuras. Sobre todo, los "esquejes" que "plantas" a lo largo de la novela, los cuales llaman a la reflexión continua. Las intrigas del mercado del arte ya las conocía. De hecho, tu novela me ha recordado el libro True Colors: The Real Life of the Art World, 1996, del crítico de arte Anthony Haden-Guest, en el cual se ve como se confunde el arte y el dinero, así como el talento y la fama en las tres últimas décadas del siglo XX.

Me parecen muy interesantes las reflexiones que el personaje Cabeza de Vaca hace sobre la realidad, en su diario dice: "La realidad me parece incognoscible". Teniendo en cuenta que llevamos casi cuarenta años conviviendo con la crisis de lo real, creo que es un tema candente a debatir. Hay muchos temas filosóficos en la novela que están abiertos al debate.

También me ha llamado la atención el que hayas elegido como lugar de nacimiento de Cabeza de Vaca el pueblo riojano de Albelda de Iregua; es un pueblo que conocí en la década de los 80, y al describirlo/descubrirlo en la novela me siento como paseando por sus calles.

En cuanto al falso On Kawara, también me ha tocado de cerca, pues el año 2000 vi su obra One Million Years en el Museo del Louvre, y aquello me llevó a realizar en 2002 mi libro de artista Aión aisthetós en el valle de Berrueza.

Hay un momento en tu novela en el cual el crítico gastronómico Glawmeckärter empieza un artículo diciendo. "No se puede hacer todo bien. [...] sería plausible imaginar a un gran músico que además bordase un tafetán o un dobladillo con encanto y precisión, pero chirriaría el hecho de que también levantase como harrijasotzaile la piedra Albizuri aundi de 170 kilos". Pues bien, tú casi lo has conseguido con esta novela. Te felicito. Lo que más admiro en ti es tu afán de superación y autocrítica.

Saludos

Vicente Luis Mora dijo...

¡Qué velocidad, Ilkhi! Te agradezco mucho tus comentarios. He leído muchos libros sobre arte contemporáneo (no pocos de ellos muy críticos), pero no el de Haden-Guest, que anoto.
Qué curioso que pasearas por Albelda de Iregua, y que te guste tanto On Kawara; me alegro de que algunos pasajes despierten vivencias o recuerdos en los lectores. Gracias de verdad por dejar tu opinión, que es la primera que recibo de alguien no involucrado en el proceso de edición del libro. Ojalá todas las restantes sean como la tuya :)
Saludos y gracias

Heimito von Graf dijo...

Te leo desde hace unos tres años, pero no me he animado a dejar un comentario hasta ahora. Seré breve: creo que lo que ambiciosamente planteabas en Alba Cromm, y que no pasó de tentativa, lo has logrado con Fred Cabeza de Vaca. El mosaico narrativo está mejor trabado e interrelacionado. La nota del editor que en Alba Cromm servía de manual de instrucciones para el lector se vuelve aquí una cita de Magris inserta a mitad del libro que aboga por la fragmentación de la biografía con miras a dotar de mayor significado a cada uno de los «biografemas». Quizá radique el acierto en el peso específico de las partes con respecto al todo. Y acaso la biografía se preste más fácilmente a ello que la investigación policial.

Has diluido tu querencia por el psicoanálisis, aunque sin renunciar a ella, y has hecho bien, al menos por lo que toca a la supresión de pasajes teóricos. La tachaduras de Natalia o la relación de Fred con su madre no requieren de mayor explicación, o en todo caso esta corre a cuenta del lector. Tampoco te ha podido el prurito, digamos, exhibicionista. No es difícil convenir en que a estas alturas de la literatura una novela no debe renunciar a la hibridación de géneros, a la polifonía, al perspectivismo, a la problematización de la instancia desde la que se narra, a la participación activa del lector, etc., etc. Pero de nada sirve incluir todo esto a bulto y sin subordinarlo a un propósito narrativo bien definido. No es el caso.

Hay, por otro lado, un motivo recurrente de cierta narrativa actual que personalmente me divierte en extremo, y se conoce que a ti también. Me refiero a la proyección distópica (ma non troppo: la palabra distopía tal vez le quede grande) de un futuro o incluso de un pasado reciente. Pienso, pongamos, en el Madrid inundado de Rafael Reig o en la Francia islamizada de la última novela de Houellebecq. Las posibilidades que brinda al escritor este juego prospectivo son inmensas, y no las desaprovechas: genial lo del cambio de capitalidad a Barcelona, o la sobrecogedora isla de basura en mitad del Pacífico, por no citar más que dos ejemplos.

Y luego está Fred, claro. Truchimán del arte, machista redomado, vanidoso, trepa y extorsionador, pero al mismo tiempo genio y visionario, inaccesible al juicio sumarísimo y maniqueo. Fred encarna esa ambivalencia del arte contemporáneo, libérrimo, imprevisible, pero siempre «al borde del timo», como en la pertinente cita de César Aira que aduces en algún pasaje. Muchas de las performances de Fred involucran en ocasiones a un país entero y motivan una reacción gubernamental. ¿Cuál fue el último artista que mereció el rapapolvo de un portavoz del gobierno? Fred me ha recordado, salvando las distancias, a ese performer del capítulo inaugural de la serie Black Mirror que secuestra a una princesa y exige para su liberación que el primer ministro cometa bestialismo con un cerdo. Como si al arte no le quedara otro remedio que abrazar la desmesura y aun la criminalidad a fin de sacudir las conciencias de un público indolente y acomodaticio.

De la España de estos últimos años también tenemos noticia. Una sociedad esquizoide, dizque indignada por la corrupción de sus gobernantes, y no obstante perpetradora de infinitas microcorrupciones cotidianas. Me pregunto quién puede deslizarse por las páginas finales sin sentirse aludido en ningún momento. Yo no, desde luego.

La edición es, por lo demás, impecable. Solo dos reparos de dómine: pág. 279, línea 2, el eje al que se hace referencia no debería ser, creo, de «coordenadas», sino de 'ordenadas'; pág. 321, línea 32, no «dejase que pagar», sino 'de' pagar.

Esta es una de esas novelas que dejan poso. Enhorabuena, Vicente.

Vicente Luis Mora dijo...

Bueno, pues no sé bien qué decir, estimado pariente lejano de H. von Doderer. Es alucinante tu lectura, y más meritoria aún por estar contextualizada con Alba Cromm, me parece increíble que la tengas tan fresca 10 años después. Te agradezco mucho los puntos que señalas a FCVaca, alguno de ellos pensé que iba a pasar desapercibido, pero veo que tengo mejores lectores de los que merezco. Apunto esas dos cosas que señalas para comprobarlas, ahora mismo estoy fuera y no tengo la novela a mano -pero seguro que tienes razón-.

En lo de la parte ambientada en el futuro es cierto que me gusta proyectar la temporalidad porque me permite libertad absoluta, pudiendo quebrantar la verosimilitud todo lo que me plazca. No obstante, he obrado con cautela, no quería que un exceso de efectos visionarios difuminase la mirada arrojada sobre pasado y presente, tanto o más importantes, como bien señalas.

Gracias de verdad por tu lectura. No sé quién eres pero, por favor, no te vayas muy lejos. Saludos y gracias.