domingo, 3 de marzo de 2024

Grimmish y la teoría

 


Michael Winkler, Grimmish. Trad. Eduardo Iriarte. Mutatis Mutandis Editorial, 2024.

Basta abrir la primera página de esta novela para darnos cuenta de dónde nos hemos adentrado:

 

“-Enfermera, ¿adónde vamos?

-Al depósito de cadáveres.

-Pero todavía no estoy muerto.

-Bueno, todavía no hemos llegado”.

 

A continuación, llegamos a lo que parece un prólogo y en realidad resulta ser… la reseña de la propia novela, escrita por su autor, en un giro que le permite advertirnos del conjunto de rarezas y sofisticaciones discursivas que nos esperan más adelante. Como ya viera David Lodge, este gesto de incluir la autorreseña es característico de las novelas metaficcionales: “los escritores metafictivos tienen el astuto hábito de integrar la posible crítica dentro de sus textos y así convertirla también en ficción”, según recuerda el profesor David Viñas Piquer en su reciente ensayo Usos de la Teoría en la narrativa española del siglo XXI (Universidad de San Jorge, 2023, p. 27). Un ensayo ideal para leer a su través, acompasadamente, la novela del australiano Michael Winkler, un escritor del que no tenía noticia hasta ahora, pero que me ha sacudido desde el principio de Grimmish hasta el final, ganándome a los puntos, y si utilizo este vocabulario pugilístico es porque la novela se construye como una “novela de no ficción desbaratada” sobre un boxeador real, Joe Grim (1881-1939), conocido en la historia de ese deporte como “The Human Punching Bag”, porque era fácil de vencer pero imposible de noquear, pudiendo alargarse los combates hasta veinte asaltos donde apenas se defendía y se levantaba de la lona con una sonrisa, pidiendo más. Hay bastantes datos sobre Grim, pero Winkler es consciente –o eso nos dice, de manera no muy fiable– de que no cuenta con elementos suficientes para escribir una novela de no ficción, y entonces decide cebarla, doparla, completarla. ¿Acaso la engruesa con material autobiográfico, como es ya manía y moda en la industria comercial contemporánea, haciendo un nuevo libro-en-el-que-crees-que-voy-a-hablar-de-otra-persona-pero-no? En absoluto, Winkler es original y no huye de la imaginación, así que toma varias decisiones asombrosas: lo que decide en Grimmish es rellenar los huecos con teoría de la ficción y con historias inventadas, intercaladas a la barroca maniera. Porque, como dice Viñas Piquer, “igual que existe una teoría de la literatura, empieza a ser evidente que existe una literatura de la Teoría” (Usos de la Teoría…, p. 14). Y la obra de Winkler va cambiando de tono y de estilo y de género –con la inestimable ayuda del traductor, Eduardo Iriarte, y se puebla de interpolaciones y de notas, y se siembra de noticias –suponemos que– reales sobre Grim tomadas de la prensa de la época, y se puebla de referencias extraídas de libros sobre boxeo, deporte, dolor y sufrimiento, puesto que ese es el tema final de la novela: el dolor, la capacidad de sufrir, los límites físicos y mentales de una persona o de todas las personas, y su relación metaliteraria (p. 156) con el hecho de escribir, de crear un libro, esta novela manierista u otra, porque escribir es caer sobre la lona blanca del folio y levantarse, quizá sin sonrisa, para seguir recibiendo sinsabores y acaso golpes, y Winkler pone a su servicio quinientos años de ficción occidental y oriental y doscientos de teoría para contar la grimosa historia de Grim y su sufrimiento, similar al de Tántalo, si pensamos que la victoria es el fruto que nunca se alcanza, aunque él, Winkler, sí que triunfa en su empeño. “La novela más extraña que van a leer este año”, dijo J. M. Coetzee sobre Grimmish, y puede que no solo de este año. Divertida, ambiciosa, cruel y compasiva, esta novela es para estómagos y cerebros no delicados, que sepan esperar literalmente cualquier cosa de un libro.

 

 

[Relación con autor y editorial: ninguna]

 

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