domingo, 13 de diciembre de 2009

El narrador como interface

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A partir de una crónica de Eduardo Izquierdo para 13 Newsletter (un newsletter muy recomendable, si queréis daros de alta id a www.13nl.es), he tenido noticia de Multitouch-Barcelona, un grupo de ingenieros-artistas que están investigando sobre nuevas tecnologías y relación con el usuario. Su fantástica página web, por la que conviene perderse, es http://www.multitouch-barcelona.com/, donde podréis ver varios vídeos con sugestivos proyectos. Entre ellos hay uno que me ha interesado mucho, el simpático e ingenioso “Human Interface”, que personifica la interface de los ordenadores y que intentaremos relacionar con la literatura que viene, o que podría venir.



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Este vídeo me lleva a reflexionar brevemente sobre la proximidad de la idea de la interface (como sistema operativo que media o intermedia entre el hombre y la máquina) y el narrador (omnisciente, omnisciente limitado, falible, homodiegético, heterodiegético, etc.) de una novela o un cuento. El símil es hacedero por cuanto las novelas son máquinas de narrar, como expusimos en su momento. El narrador es quien media entre el lector y el libro, el que nos abre las puertas de la historia. Y todo mediador es una piel, escribe Linda Marie Walker, en un interesante ensayo titulado “Surface to Surface, Ashes to Ashes (Reporting to U)”[1], de ahí que la relación entre la interface y la piel haya sido vista desde distintas estéticas, incluida la arquitectónica: “Las tensiones entre los espacios o entre los objetos se registran sobre las superficies, sobre los interfaces[2], escribía hace tiempo el arquitecto Jean Nouvel[3]. El narrador de un libro visto como interface puede ser ahora mismo una metáfora, salvo en hipertextos y libros digitales, pero pronto habrá que acostumbrarse, conforme los escritores comencemos a sacarle partido al libro electrónico, que debe ir mucho más allá de ser la versión electrónica del libro en papel. Hablo aquí como autor, y no como crítico, y por eso he dicho debe y no puede: desperdiciar las nuevas posibilidades para contar historias es tan desafortunado como aprovecharlas mal. Gregory L. Ulmer decía en 1989 que las interfaces computacionales funcionan más efectivamente haciendo, reconociendo o generando modelos. Esto supone que en aquellas fases, aún primarias, de la ergonomía informática, la interface operaba agrupando conductas posibles hasta establecer patrones de las mismas, y la máquina se guiaba por esos patrones. Los modelos de control del narrador son similares: el escritor predice cómo va a leer el lector determinada escena o descripción, y elimina algunas partes para ser sutil o añade otras si piensa que el argumento es demasiado complejo y requiere clarificaciones. La literatura hipermedia convierte esas predicciones abstractas en pragmática, mediante las posibilidades tecnológicas de la interactividad. Practicantes de la misma, como Jacques Servin, apelaban al describir sus obras a la posibilidad del lector de dirigir la lectura; así describía el novelista y programador su obra Beast (TM), presentada en Skopje en 1997: “en vez de saltar de texto a texto, el lector puede dirigir el desarrollo de un texto suelto mediante la interacción con el mismo texto y con las ilustraciones que flotan mediante un aparente sistema de 3D (…) permitiendo al ojo ser un máquina de hipertexto mucho más sofisticada que cualquiera otra que pueda inventarse”[4]. Las posibilidades que nos abre el libro electrónico serán en poco tiempo casi infinitas. Amén de las ya conocidas de añadir imagen, vídeo y sonido a los textos que los requieran o que las permitan (siquiera para explicar visualmente algunos conceptos o para poder escuchar alguna canción citada en el texto cuya letra o tono contribuya a explicar por qué aparece la narración), la capacidad de los nuevos libros electrónicos para conectarse a la red convierte naturalmente a cualquier novela en una potencial hipernovela, a poco que el autor sepa sacarle partido a esas posibilidades. El lector tradicional no tiene que verse amenazado por estos adelantos: no está obligado a seguir los enlaces, ni a abrir los vídeos ni a escuchar las piezas, simplemente ahora podría hacerlo si quisiera. El texto es el mismo que el de la versión en papel, pero la obra es o puede (o debe) ser más compleja. En una versión en papel, el texto se limita a ser ecfrástico, a describir una secuencia de una película, por ejemplo; en la versión electrónica, el lector puede tener acceso inmediato a esa secuencia a través de un enlace desde el lector digital a YouTube. Si se puede desde el punto de vista técnico, éste sería el camino de mi próxima novela.

Y es que el camino de la narrativa contemporánea consiste en ir siendo consciente de sus posibilidades narratológicas (posibilidades, insisto, no obligaciones) como interface, como medio de interlocución entre la historia que quiere contar y los diversos procedimientos actuales de comunicación que pueden hacerla llegar al lector. El lector “analógico” no se ve afectado, puede leer en papel o leer de forma secuencial el mismo texto en un soporte digital. Pero el lector 2.0 recibirá complacido una obra cuyos límites pueden ser sólo los de la imaginación del escritor para permitir y los del propio lector para imaginar y/o completar la experiencia de lectura. En manos de cada autor está el modo en que organizar esa interface técnica que puede suplir al narrador omnisciente tradicional o sus posteriores derivados (el que yo plantearé en mi novela lo mantengo en secreto, de momento).

Estamos en un momento a la vez histórico y crítico, a las puertas de un nuevo modo de concebir qué será la literatura en el siglo que acabamos de comenzar. Los problemas que Michael Joyce veía en 2000 para encontrar una “true electronic form”[5] literaria podrían estar a punto de superarse: el modo es que la interactividad del lector actúe entre diversas formas electrónicas propuestas por un mismo autor o amparadas por la cada vez más estrecha noción de espacio público electrónico: todo lo que es aún accesible gratuitamente a través de Internet. Al fondo de toda esa arboleda de medios, de todas esas redes de historias, estarían la creatividad artística del autor y la creatividad lectora del receptor. Esa es la gran lección del vídeo de Multitouch-Barcelona: dentro de las máquinas, la inteligencia sigue siendo humana. Las nuevas tecnologías sólo son la misma humanidad por otros medios. No todos sabios, de acuerdo, pero tampoco todos errados. Hay que seleccionar los que valen, y creo que hay un puñado de ellos válidos para contar de otras formas, de formas extendidas, las historias del siglo 21, sin cambiar una sola coma del texto.

Esto ya no es el futuro. Es el puro presente. Y si media el talento los límites, por fortuna, no existen.




[1] Incluido en Darren Tofts y Lisa Gye, Illogic of Sense: the Gregory L. Ulmer Remix; Altx Press, Boulder (CO), 2007, p. 30.

[2] Jean Nouvel en El croquis, “Jean Nouvel 1987-1994”, nº 65-66, Madrid, p. 32.

[3] Véase también María Teresa Aguilar García, “La piel del espacio. Postestructuralismo y cibercepción”, Debats nº 84, “Lo virtual”, Valencia, primavera 2004, pp. 75ss.

[4] Citado en Mark Amerika, “Sur-Sample-Manipulate”, META/DATA. A Digital Poetics; MIT Press, Massachussets, 2007, p. 335.

[5] M. Joyce, Othermindness. The Emergence of Network Culture; The University of Michigan Press, Michigan, 2001, p. 182.

30 comentarios:

Alvy Singer dijo...

Un artículo apasionante, Mr. Mora. Yo creo, honestamente, que la literatura electrónica terminará en dos o tres o si hay buena cosecha quince obras maestras. O al menos obras excepcionales, usando muy bien todos esos recursos. Pero no creo que se convierta en paradigma. (Puedo equivocarme, claro)
Piense en Sebald, en Bréton, en Safran Foer: todos ellos han abierto caminos a la novela y han aportado indudables capacidades expresivas con la mezcla de sus textos con imágenes. Pero seamos directos, sin menoscabar el trabajo de estos escritores (Admirables al menos en un 70%): ya hay un medio que combina texto e imagen. El tebeo.

Ya existe un medio que elimina el narrador y te obliga a pensar desde la interfaz. Los videojuegos. Half Life 2 destruye la idea cinematográfica (¡no ya la literaria, sino la cinematográfica!) de la narración omnisciente con el uso del guión.

El epílogo de Braid usando texto, música y audiovisual ya es eso que propone usted para la literatura. Y seguramente más: un medio nuevo, hecho de interactividad. O GTA IV y su mundo con Internet, con televisión.

Vicente Luis Mora dijo...

Querido Sr. Singer, sin ánimo de entrar en polémica con usted, de la cual yo saldría seguramente vapuleado, me temo que no estoy de acuerdo. El tebeo no es lo mismo que una novela, ni siquiera lo es una novela gráfica. Si tenía clara la disparidad antes de escribir un cómic, después de hacer uno en colaboración con un dibujante lo tengo todavía más claro. Como no soy teórico de cómic lo dejo aquí, pero creo que son dos formas distintas que persiguen objetivos distintos, como la ópera y el musical cinematográfico parecen tener los mismos elementos y sin embargo buscan fines dispares.

Por otro lado, si la literatura electrónica cosecha 15 obras maestras, como usted dice, habrá igualado o quizá superado a la novela convencional del siglo XX. Al menos si entendemos "obra maestra" en un sentido tan radicalmente estricto como yo lo entiendo. Nunca me habrá visto utilizar esas palabras en este blog, y me temo que pasarán muchos años antes de que pueda utilizarlas.

Y los videojuegos ya han demostrado que son una narrativa poderosa, con amplio futuro por delante. Precisamente su pujanza invita -creo- a que otras narrativas más convencionales se pregunten sobre su sitio, sus protocolos y sus fines en el siglo nuevo. No todo es videojuego, quizá por fortuna. Saludos.

Alvy Singer dijo...

Por supuesto que son distintos, pero preste atención a como muchos críticos literarios están dispuestos a colocar cualidades literarias a los tebeos de los que gustan.

No niego lo de las novelas. Sí, pero ¿Dónde las leemos? ¿Quién las lee? ¿Usando Internet como espacio público? Vale. ¿Usando Kindle? (Propongo)

Un ejemplo: una novela electrónica hecha de Youtubes musicales, de pequeñas iluminaciones que el lector puede ver. ¿Novedad? Pobre. Ninguna. Por mucha calidad o capacidad expresiva, lo que estará haciendo esta novela electrónica es lo que se viene jugando en Nintendo DS bajo el nombre de 'Elite beat agents'. ¿Que el Elite Beat Agents no incluye poesía más respetable y opta por usar música pop y afianzar así su poética? Vale. Pero cuando la Nintendo DS produzca obras poéticas, que no debería quedar tanto, no usaremos ni la palabra literatura. Piense en un medio que mezcla el audiovisual con lo interactivo y que entre sus subgéneros, tiene uno con una tradición vasta y respetada y adorada, que es básicamente leído. Sí, la aventura gráfica.

Anónimo dijo...

Si esto ya ocurre dentro de uno mismo: " el escritor predice cómo va a leer el [primer]lector determinada escena o descripción, y elimina algunas partes para ser sutil o añade otras si piensa que el argumento es demasiado complejo y requiere clarificaciones."

Y no hay que olvidar, por otro lado, que aquello que "La literatura hipermedia convierte esas predicciones abstractas en pragmática, mediante las posibilidades tecnológicas de la interactividad", es en gran parte, producto del olvido y progresiva simplificación de lo que tenemos ahora mismo. Cada paso es un re-descubrimiento, y es algo que la comparativa con géneros diversos no hace sino recordar sobre el tapete, que casi parece un tablero dispuesto en horizontal, una serie de dibujos de estelas o cremalleras virtuales que desaparecen al poco. Algo así como Solaris, de nuevo, o un Telesketch, si nos ponemos a jugar.

Además, ese tipo de narración hipermedia requiere mucha más escritura de lo imprevisible, lo que sin ser ninguna paradoja le resta dinamismo y pegada frente a otra clase de propuestas. Ya se verá,sin duda. Un saludo.
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c.m.

mario cuenca dijo...

La verdad, Vicente, es que no me convencen las analogías de corte funcionalista entre máquina y novela, o entre dispositivo y novela. Corrígeme, pero creo que reducen el valor de la obra de arte al mayor o menor ingenio, versatilidad, comodidad del dispositivo, enfrían la interpretación de la experiencia lectora. No sé, no te lo digo como crítica, sino desde la humildad, y a la espera de conocer tu opinión sobre este particular. Salud

bydiox dijo...

Estoy tan de acuerdo con el señor Mora que poco puedo añadir. Ahora mismo mi única preocupación al respecto es en definir los límites de la literatura electrónica para crear un único estándar y liberarlo, para que cualquiera pueda crear su libro electrónico y los futuros dispositivos de libros electrónicos pueden leerlos.

Eso no quiere decir que el libro electrónico que hoy conocemos (en formato .pdf .ePub o cualquiera con DRM) no vaya a seguir existiendo, pues habrá autores que se negarán a añadir cierto contenido al margen del texto (no quiero usar el término 'multimedia' pero supongo que así nos entenderemos todos), pero sin duda el valor añadido de un formato digital, más acorde con el tiempo en que vivimos (lleno de guiños al lector, de referencias tal vez por la red -en ocasiones falsas, me viene a la mente los juegos que JJ y su equipo crearon paralelamente a Lost-, tal vez a imágenes o textos dentro del propio libro.

Ese futuro está a la vuelta de la esquina y me resulta apasionante el que vayamos a verlo y a trabajar en él.

Vicente Luis Mora dijo...

Querido Mario, como filósofo que eres, ya sabes que la imagen no es mía, sino de varios pensadores, entre ellos Deleuze y Focault. No creo que sea una metáfora (meramente) funcionalista. Pensemos, si quieres, con Ballard, en "la máquina como psicopatología conceptualizada”[J. G. Ballard, La exhibición de atrocidades, Minotauro, 2002, p. 156]. O pensemos, como hago en el texto, en el "fantasma" humano que puebla la máquina (homo ex machina) al que apelaba Steven Pinker, en La tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma en la máquina; Paidós, 2005. Pero si alguna duda nos quedaba de que todo libro es un dispositivo de comunicación, la aparición del libro electrónico es la confirmación definitiva. Tú dirás: estás confundiendo de forma materialista el texto con el soporte, y no es eso; hago una metáfora que apunta a que el texto es también un "agregado de diversas partes ordenadas entre sí y dirigidas a la formación de un todo", que es la tercera definición que el diccionario de la R.A.E. da a la palabra "máquina". También me sirven la segunda ("Conjunto de aparatos combinados para recibir cierta forma de energía y transformarla en otra más adecuada, o para producir un efecto determinado"), y hasta la primera, si me apuras: "Artificio para aprovechar, dirigir o regular la acción de una fuerza", entendiendo por tal la fuerza creativa. Pensemos en un libro como en un regulador de dispositivos y estructuras que vienen montados (tú que tienes una novela fragmentaria sabes lo importante que es ese montaje) para producir en el lector ese efecto "cálido" al que apuntas en tu comentario. ¿No es eso una máquina textual, un dispositivo, un autómata? Es una metáfora más. El hecho de que ahora los libros ya estén también dentro de las máquinas es sólo una imagen poderosa de refuerzo. Ahora veremos un aparato electrónico sobre una mesa y no pensaremos en una calculadora, en un ordenador: lo veremos allí tumbado, delgado y esperando a su usuario, y la palabra que vendrá a nuestra mente será "libro".

A eso me refiero. Saludos.

Anónimo dijo...

Tom McCarthy hablando de Jacques Derrida y The Post Card: From Socrates to Freud and Beyond (University of Chicago Press, Chicago, 1987):

La filosofía como una larga carta abierta -si bien encriptada- enviada por Sócrates a Freud y viceversa: la escritura como tecnología, como transmisión, y la transmisión como amor.

¿Un libro, un rectángulo como un monolito?
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c.m.

mario cuenca dijo...

te agradezco mucho las precisiones. Por ahí imaginaba que iban los tiros (el fantasma en la máquina), pero nos meteríamos en un debate potente sobre una concepción mecánica / orgánica de la novela, del mundo si quieres. Las analogías "mecánicas" tienen mucho de patencia, traigo la cosa en el sentido de Heidegger (ontoteología). La novela como entidad, como dispositivo, como "cosa". Creo que la propia fórmula que extraes de la DRAE ("ordenadas a la formación de un todo") delata el sentido funcionalista que late bajo todo esto. Joder, es un tema muy interesante. Pero me tengo que ir a clase a explicar la clasificación aristotélica de los saberes. Salud.

Antonio Ruiz Bonilla. dijo...

Acabaremos leyendo películas. Habrá que sacar tiempo de otras dimensiones.
Mientras en tu próxima novela quites el ruído de fondo del viento, seguro que merecerá la pena.
Un saludo

Pdta. No te pareces en nada a tu retrato. Aún no estoy seguro si es algo positivo.

Germán dijo...

Hola Vicente,

un estupendo post, muy interesante.

En las últimas semanas he estado dándole vueltas a eso de la literatura "electrónica" o "digital" para una serie de artículos que estoy escribiendo, y te anoto un par de reflexiones:

1. Una de las características de las obras de arte innovadoras (no diré que la principal, aunque es posible que lo sea...) es, en palabras de Katherine Hayles, la capacidad para "poner en cuestión la tecnología en la que se inscriben". Creo que, hasta ahora, la literatura electrónica se ha servido de la tecnología, pero no ha encontrado todavía las formas que la lleven a hacer de ello un "arte específico". Al menos, no conozco ejemplos de ello.

2. Lo mismo sucede con la hibridación de medios. Está por definir el papel que va a jugar el texto y a qué tipo de obras dará lugar. ¿Les seguiremos llamando novelas añadiendo algun adjetivo? ¿Será necesario mantener una estructura textual narrativa cuando los aspectos narrativos puedan ser, por ejemplo, visuales, y tenderán los textos a "sublimarse" en sus "formas más puras", más poéticas?

3. ¿Cómo aprovecharemos artísticamente las características no predecibles de máquinas cada vez más complejas? Si para algo tiene automía una máquina es para fallar de forma imprevisible: ¿aportan algo estos "errores del sistema" a las obras electrónicas?

4. Creo que la literatura está empezando a asumir "lo digital" para convertirse en post-digital, y que por ahí vendrán las aportaciones más interesantes. Copio y pego, en primicia, algunas frases de un artículo que saldrá en Enero:

"Cultura postdigital es, en mi opinión, aquella que produce una sociedad que ha asimilado lo digital como parte del mundo “natural” (nada “frío” e “irreal”, sino pura materia y pura vida, con sus molestias y sus imperfecciones), de tal modo que lo digital deja de ser el medio supremo de las artes o un objetivo artístico en sí mismo, se hibrida espontáneamente con lo analógico y, a partir de ese momento, hace volar por los aires la dualidad “analógico/digital” que, en cierto modo, se había convertido en la continuación por otros medios —y a través de otros medios— de la aberrante separación moderna entre naturaleza y artificio. "

Una de las conclusiones de tu post, en la que expones muy acertadamente que la "inteligencia" de la máquina no es más que inteligencia humana, ya apunta a la postdigitalidad.

Un abrazo,
Germán

croqueta dijo...

El hombre; el fantasma. La mejor interface que conozco es la ayahuasca. Para cuando el escritor escribirá también para las plantas, para cuando escribirá también para las máquinas. Creo que cada vez son menos necesarios

Manuel G. dijo...

Quiero dar otro enfoque. Lo que aquí se expone, parece una forma de narración multimedia. Bueno, nada que objetar a esta forma artística. Ahora bien, si queremos hacer entender que este puede ser un nuevo camino para la narrativa literaria, no lo veo claro. ¿Por qué? Porque la narración puramente lingüística, ya sea de manera oral o escrita, es por naturaleza un fenómeno con una individualidad aparte, la que impone la naturaleza humana, ya que en nuestra naturaleza está el abstraer discursos verbales de la acción real.

Veo posible que el teatro o el cine puedan ser sustituidos por otras cosas (y queden como reliquias históricas), ya que son artes "convencionales", de naturaleza histórica; pero la narración puramente lingüística es como tener pies o manos para el ser humano, ni convención ni invención.

No pretendo censurar nuevas formas, pero dudo que el camino natural de la "narración lingüística" vaya a consistir en la evolución hacia formas híbridas. El teatro, el cine, las series TV, los videojuegos etc... hasta ahora no pueden verse como una continuación-evolución de la literatura, sino como productos nuevos, pero que hasta hoy no han desarmado la literatura, ni ocupado su espacio, y parece difícil que lo hagan, ¿me equivoco?. Es decir, no está claro que la narración puramente literaria no vaya a seguir teniendo su camino independiente. Menos, ser sustituida por narración multimedia.

Anónimo dijo...

Hay muchos pasos. Hay muchas maneras de decir casi lo mismo de otra manera. Pensemos que la narración oral, el teatro, la literatura y el cómic (por no hablar de los videojuegos o artefactos interactivos que incluyan al usuario dentro de sí como espacio, o lo dejen apartado al otro lado de la pantalla) comparten algo, que es la experiencia de la recepción. Cada modo de hacer –y de ver- tiene sus énfasis, difumina la atención o la refuerza allí donde otros se crecen. Cada uno con sus particularidades. Una narración oral, por ejemplo, a menos que sea puro sonido, como las piezas radiofónicas de Juan Muñoz, crea un espacio a su alrededor enriquecido por la gestualidad de quien cuenta. Una obra literaria conforma un espacio con palabras que puede llegar a respirar, igual que un cómic, cuya parte más importante está en el espacio entre las viñetas. Los intervalos son fundamentales.

La futura creación “multimedia”, híbrida no creo vaya a sustituir nada, aumentará las formas de contar historias, renovará metáforas y comparaciones. En el peor de los casos, creará su propia basura de consumo multimedia e híbrida, y eso ya ocurre.

Mike Baron, guionista de Nexus, dijo una vez que sentía que a los cómics les faltaba banda sonora. Andy Warhol expuso cuadros acompañados de música con auriculares. ¿Qué "mejoraba" en la pintura? Modificaba la actitud del espectador, entonces, también, oyente. Y plantea una serie de preguntas sobre los límites como puntos de apoyo, sobre los géneros como lugar donde extremar los códigos expresivos.

El artista Matt Mullican, uno de los pioneros en utilizar tecnología de realidad virtual durante una larga etapa en colaboración con el MIT, dejó de trabajar en esta cuando, precisamente, la tecnología estaba comenzando a progresar. Y regresó a sus experiencias de performances bajo la hipnosis, una forma de entrar en el interior de las imágenes.

Dependiendo de lo que busquemos, una vez solventados los problemas técnicos que casi siempre tienen que ver con la imitación de lo anterior, cada nueva versión de las "máquinas" crea su espacio de interferencias y conexiones, y a su vez,cambia la forma de ver todo lo anterior. O que se lo digan a pintores como Gerhard Richter o a los colores alquímicos de Sigmar Polke. Un saludo y hasta otra.
c.m.

Germán dijo...

Hola Manuel,

estoy completamente de acuerdo contigo en que la narración escrita tiene entidad más que suficiente por sí misma. De hecho, la aparición de nuevas formas y tecnologías narrativas en ningún caso invalida o elimina las ya existentes.
Sin embargo, aunque no tenga por qué ser necesariamente así, cuando surgen nuevas tecnologías artísticas, las preexistentes también se modifican en cierto modo. No cabe duda de que el cine y la tv han afectado al modo en que se escribe y a la manera de leer, y buena parte de la literatura del siglo XX no se entendería sin tener en cuenta esa circunstancia. Creo que con los medios digitales está sucediendo lo mismo. Una buena parte de lo que denomino "literatura postdigital" es la narrativa "impresa" que se produce en una cultura que ha asimilado los medios digitales (aunque éstos no aparezcan siquiera mencionados expresamente en la obra). En este sentido, una novela histórica sobre el medioevo escrita hoy podría ser perfectamente postdigital. Pierre Menard, otra vez...

saludos,
Germán

Anónimo dijo...

Igual es un ejemplo muy elemental de las posibilidades del libro hypertextual, pero lo he encontrado mientras leía tu post y el parecido es razonable.

http://www.desordre.net/textes/bibliotheque/auteurs/perec/saint-sulpice.html

Anónimo dijo...

¿Y dónde queda la palabra? ¿No creéis que estamos asistiendo al nacimiento de otra cosa, de otro tipo de arte, un híbrido que aún no tiene nombre pero que, desde luego, no es Literatura? Con esto no entro en cuestionamientos sobre la calidad o falta de ella del mismo, sólo pregunto.

Por otro lado: la abundancia de (no sé cómo llamarlo) imágenes, links, etc, ¿no sacará al lector de ese mundo en el que está inmerso mientras lee? Si ya a veces salimos al leer una palabra (una simple palabra) que nos parece fuera de lugar en un relato/novela, ¿qué ocurrirá cuando tengamos que seguir el caminito de migas de pan y enlaces que nos propongan?

Eso jamás triunfará en Literatura, no al menos de la manera en que tú lo explicas, Vicente, eso creo yo. Después de los mil avances y rupturas que supuso la novela simbolista, impresionista, el behaviorismo, etc, etc, los novelistas en masa renunciaron a experimentar de esa manera radical y retomaron formas narrativas antiguas, eso sí, plagadas de influencias de las novelas que acabo de señalar. Luego pienso que todo ese cambio tan impresionante será una mera anécdota que serivirá (si es que sirve) para que solo un grano de arena de la Literatura dé un paso hacia adelante. Eso con suerte.

Un saludo.
Marta

logiciel dijo...

Estoy en buena medida de acuerdo con Marta, en el sentido que me molesta seguir los hiperenlaces determinados por el narrador. Es como leer un libro subrayado por alguien que no seas tú - creo que ya salió el tema en algún momento -A mí no me gusta, me molesta, diría, porque te obliga a interrumpir el hilo personal, que no tiene por qué coincidir con el del narrador. Por otro lado, puede ser interesante ver si se amplía la clasificación de Genette o no.
Saludos

Manuel G. dijo...

Germán, no cabe duda: cualquier cambio de vida o de tecnología queda reflejado en la mentalidad con que se escribe. Por eso sería imposible escribir a la manera del siglo XIX aunque uno quisiera; se meterían esquemas anacrónicos porque tenemos coches, teléfonos, televisiones...aunque no se nombren. La creación literaria sobre la modernidad me parece más interesante a este "nivel de esquemas", que a un nivel más aparente donde el tema consiste en hablar de todo tipo de aparatejos.

Por otro lado, para creer en una futura literatura multimedia, primero hay que dilucidar si la literatura se deja, jeje...es decir, si no hay unos límites "estructurales" más allá de los cuales entramos en una zona donde ya no se trata de literatura y el producto no funciona como tal, rompiéndose el encantamiento. Y esto no por nada, sino porque puede ser tiempo perdido salirse fuera del campo de juego con unas reglas básicas ancestrales. ¿Se puede levantar un castillo de naipes fuera de la gravedad terrestre?. ¿Tiene sentido algo como una novela-multimedia? ¿No son términos contradictorios, novela y multimedia? O llamemos a este nuevo engendro "videojuego sentimental".

Manuel G. dijo...

Y una última cuestion relacionada con lo anterior. Los juegos, como las artes, como las matemáticas, funcionan porque son campos de reglas restringidos en algún sentido, donde podemos desplegar habilidades y donde ser juzgados. Si ampliamos hasta el infinito los campos, se corre el peligro cierto de que el juego no tenga sentido. Un ejemplo: el teatro empieza históricamente como una representación de una sóla persona y un coro (creo). Si hiciéramos una obra de teatro con 4000 personas, o con una ciudad entera, el asunto comenzaría a dejar de ser teatro. Lo mismo está pasando con el cine: cuando todo se puede hacer por ordenador, las películas parecen convertirse en un disparate. Pasa igual con casi todas las artes, se necesitan unas reglas restringidas, y un campo señalado. A lo mejor se nos pasa esta clave por alto, y tras gastar nuestra vida en grandes planes y proyectos revolucionarios, volvemos al principio, para darmos cuenta que no se trataba de eso, sino de una cosa más sencilla.

A lo mejor el secreto de la literatura es muy simple, y cuanto más simple mejor. Una Voz...es suficiente para hacer literatura.

Anónimo dijo...

“Estoy en buena medida de acuerdo con Marta, en el sentido que me molesta seguir los hiperenlaces determinados por el narrador. Es como leer un libro subrayado por alguien que no seas tú - creo que ya salió el tema en algún momento -A mí no me gusta, me molesta, diría, porque te obliga a interrumpir el hilo personal, que no tiene por qué coincidir con el del narrador.”

Logiciel, a mí me pasa algo parecido, pero creo que son asuntos diferentes, si consideramos el subrayado parte integral -desde el principio- del artefacto para-literario. Pierdes algo, por descarte intencionado y obtienes una diferencia, que aporta algo. Después, es opcional forzar la compañía con lo “tradicionalmente” literario o la hibridación con otros campos. Pocas veces, en verdad, se ha escrito tanto paratexto con el fin de explicar las novedades formales (de estilo visual –juegos tipográficos, maquetación- también), más aún, incluso para llevar a cabo una renovación hace falta explicarla con claridad, ya sea delante de un amigo o de un lector imaginario. Subamos al trampolín.

Imaginemos un libro completamente conectado, uno que ya está escrito, en el que todas las palabras son azules y transportan a otras aguas, otra piscina, otro mar y otra corriente (que a su vez teje olas del mismo color hipervínculo) y crea un rumor, un zumbido.

Imaginemos que cada vistazo es una zambullida en una nueva lectura, y que hay tantas capas que las hojas o las pantallas están empapadas de ese tipo de azul, y que la tarea es abrirse paso entre la inmensidad, relativa, de ese silencio. Un libro que se lee suprimiendo contenidos.

Libros de papel con enlaces gráficos:

The Collected Works of T. S. Spivet

http://www.tsspivet.com/

http://en.wikipedia.org/wiki/The_Selected_Works_of_T.S._Spivet#External_links

Reif Larsen y la suerte del principiante

http://www.observer.com/2008/million-dollar-baby

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c.m.

Anónimo dijo...

El libro de Reif Larsen, si lo habéis podido tener en las manos, es muy atractivo visualmente y está muy bien maquetado. En la reseña del NY Times se comenta algo que sí pasa con el libro, la deficiente interacción del texto con los mapas y gráficos que hay en los márgenes (cuyos contenidos son muy importantes para la comprensión de la historia)con el texto. Y es un tanto extraño que la estampa de libro con gráficos -es un objeto bonito de ver- acabe por importar más que la narración.

Y bueno, donde esté Peter Beard ...

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Por otro lado, quizá esta clase de subordinaciones narrativas tiene una mejor resolución en algunos relatos de Oblivion/Extinción, o en algunos "libros de artista", como los Books of Jam de Tomato.

Book of Jam 7

http://www.underworldlive.com/archives/years/months-for-2008/weeks-for-dec/15-21-dec/bookofjam.html


Peter Beard

http://www.peterbeard.com/

Satoru Nihei´s Sleepless Nights of the Beautifool Mind

http://sleeplessnightsofthebeautifoolmind.com/
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c.m.

logiciel dijo...

Eres un máquina, Carlos.

Yo diría que las sensaciones serán diferentes. Lo cierto es que estéticamente es precioso. Pero aventuras gráficas fantásticas ya las ha habido y las hay (ahora mismo recuerdo unos estupendos Wallace & Groomit para niños de hace algunos años). Las sensaciones son más...¿'físicas'?

Anónimo dijo...

Logiciel, serán más físicas, casi seguro. Pero esto debería ponerse entre paréntesis, a pesar del camino que va de la mano al ojo o a la casa de las siete puertas en general. Hay que tener en cuenta la manera de pensar el espacio y el tiempo de cada época. La tecnología está reforzando una experiencia de la realidad en capas separadas, en tangencias (no hay más que mirar un vagón de metro y reconocerlo)y eso también cambia nuestra percepción de las texturas y de los segundos que acarician papel en diferentes formatos. Entre manos hay una opción o dos.

Una de las pérdidas inevitables de la literatura digital es el tacto -y eso también va a cambiar- La pantalla es otra gran igualadora. Pero igual que con tipografías y disposiciones de párrafos, aprendemos a leer con ganas unas webs más que otras, apreciar una lectura cómoda y más detalles que damos por supuestos.

La cuestión es qué importa ver, y es posible que (ese es mi punto de vista) dependa casi en exclusiva del contexto en el que aparece. El libro de Larsen apenas diría algo en el del arte contemporáneo o las publicaciones de corte alternativo.Lo valioso es la inserción en otro entorno.

Wallace&Gromit, claro ¿Qué tal Richard Scarry?

Con los Beastie Boys

http://www.youtube.com/watch?v=oT8VyXRz0c4

http://www.rotten.com/library/bio/authors/richard-scarry/

http://en.wikipedia.org/wiki/Richard_Scarry

--
c.m.

logiciel dijo...

Sí, en el fondo todo es una cuestión de contexto. Pragmática y discurso, creo que le llaman. Sorpresa, al fin y al cabo. Nada fácil, por cierto.
saludos

Miguel Ángel Maya dijo...

...Apasionante debate, sin duda...
...Me gusta que el detonante de la reflexión sea precisamente la imagen de las similitudes entre máquina y literatura, y el hecho de que la novela sea un mecanismo narrativo...
...Desde hace tiempo que vengo dándole vueltas, como autor y viéndolo desde el punto de vista del hipotético editor (con quien el autor trabaja -o debería hacerlo -codo con codo a la hora de editar la novela): del mismo modo que lo ideal en la relación autor-editor es que, una vez entregada la novela en papel, se empieza a trabajar la obra a cuatro, seis, ocho o diez manos, y no me refiero sólo al mero contenido novelístico (cuánto daño ha hecho Platón con sus dualidades ñoñas) de las palabras que allí se dicen o se ponen, sino también a trabajo de tanta gente que se implica en un libro, desde el más técnico (maquetación, diseño, paginación, etc.) al más editorial o semántico (corrección, limpieza del texto, búsqueda de incongruencias, errores, etc)...
...Es un trabajo apasionante que creo que al autor le viene bien (lo digo como autor), sobre todo para salir del hackerismo novelístico: la imagen del escritor de una novela es muy parecida a la del hacker o el enfermo: horas sentado frente al ordenador escribiendo palabras, abriendo páginas de internet, puntualizando, buscando; horas leyendo libros, subrayando, escribiendo en el blog de notas en medio de la calle, y cualquier otro pintoresco etcétera. El caso es que cuando llega el momento de la edición, afortunadamente, el autor sale de esa soledad de hacker y se enfrenta a su text tratado como mero objeto: al maquetador no le interesa lo más mínimo el sentido de las palabras, sino cómo van a quedar paginadas, por poner un ejemplo...
...Siempre he pensado, sobre todo ahora, que he comenzado con el proyecto de los making-off en forma de blog de las novelas en las que estoy metido: todas en niveles o procesos muy distintos: algunas a punto de terminar el momento de la última corrección y otras apenas balbuciendo ideas. El hecho es que en esos "making-off" de lo que luego va a ser una novela, voy colgando, no sólo palabras, sino que me sirvo narrativamente de cualquier otra cosa, principalmente vídeos, pero también músicas...
...Lo curioso es que, pocos meses después de haber comenzado este proyecto, siento que si la novela sólo sale en papel, de algún modo habrá que hacerle entender al lector que tiene a su disposición un blog soporte en el que puede encontrar las músicas o los vídeos que aparecen en la novela...
...Si la novela se publicara además en formato electrónico sería contraproducente para ella que ese formato no incluyera ya esas referencias de vídeos, de músicas, de notas, etc. y que sólo se valiera de un simple enlace a un (ya) rudimentario u obsoleto blog donde se ha ido haciendo el making-off de una novela en papel...
...Mi principal preocupación durante los meses del duro trabajo de edición de "Últimas 2 horas y 58 minutos" era qué hacer para incluir las músicas que se van escuchando en la novela: los problemas iban desde los costes a los derechos de autor; ahora, al no incluír de algún modo esas músicas (es un poco lo que me he propuesto con el blog de la novela) tuve que asumir que se perdía una parte narrativa crucial. Con una edición electrónica probablemente se hubiera completado la narración y además se hubieran abaratado los costes de la edición y el lector del libro electrónico habría leído una novela mucho más rica también narrativamente...
...Como bien dices, Vicente Luis, independientemente de las obras maestras que la novela electrónica dará o no dará (creo que es un debate secundario), sí que como narrador y escritor asiduo de un blog personal y los distintos "making-off" de las distintas novelas en las que estoy trabajando con más o menos intensidad, siento que si el papel, en cierto modo, se queda pequeño a la hora de incluir estos aspectos, imaginémonos cuán absurdo sería que no aprovechara sus posibilidades el libro electrónico...
...Para quien quiera, claro...
...Un saludo...

logiciel dijo...

Mirad esta demo:
http://www.rockfordsrockopera.com/home/

La música como parte de la historia.

Vicente Luis Mora dijo...

Me manda Javier García Rodríguez este párrafo, por su (¿posible?) relación con el tema:

“Él dijo que dentro de poco la verdadera poesía ya no serán palabras. Dijo que la belleza glacial de la significación perfecta mediante símbolos artificiales y no verbales y su relación mediante reglas convencionales vendrá a reemplazar gradualmente primero la forma y después la materia de la poesía. Dijo que una época se está muriendo y que él puede oír su estertor. Todo eso lo tengo guardado en las cartas que me envió. Guardo todas mis cartas en una caja. Dijo que las unidades poéticas que aluden, evoca, traen recuerdos y son limitadas de modo variable por la experiencia particular y la sensibilidad de cada poeta en concreto y de cada lector, dejarán paso a símbolos que serán y a la vez remitirán a lo que designan, y que tanto el límite como la infinitud de lo que es real puede ser expresado mucho mejor mediante el axioma, el signo y la función”; David Foster llace, “Aquí y allí”, en La niña del pelo raro, p. 182.

logiciel dijo...

Yo creo que no. Todos los intentos se centrarán en reproducir las sensaciones de las palabras, con mayor o menor fortuna - y muchos, muchos medios no al alcance de todo el mundo, por cierto -. Pero puede que sirva para inventar nuevas palabras. A ver.

Anónimo dijo...

Repetimos: "Dijo que la belleza glacial de la significación perfecta mediante símbolos artificiales y no verbales y su relación mediante reglas convencionales vendrá a reemplazar gradualmente primero la forma y después la materia de la poesía."

Si se construye un lenguaje para conseguir, un "grand style" desgajado en parte pero vinculado en origen a la comunicación verbal, se trata de algo posible. Pero si se está hablando de una sustitución, a menos que se aprenda ese lenguaje no verbal a la edad conque se adquiere entre humanos ese virus burroughsiano (y el primer contacto con él ya se da antes de nacer), me parece dudosa. Quizá no falten ganas, pero si se da el caso, no creo que lo lleguemos a entender a menos que aprendamos esos códigos, llegado ese momento, ¿cómo se apreciaría finalmentes lo que hemos experimentado en ese otro idioma? Un saludo y hasta otra.
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c.m.