domingo, 13 de abril de 2008

Pasadizos entre grandes vidrios




Ayer, en Brown University, asistí a una interesante ponencia de Inés Sáenz, del TEC de Monterrey, titulada "El Gran Vidrio de Bellatin: las posibilidades del yo". Quizá debería aclarar antes que llevo un mes secuestrado por Bellatin y su inclasificable literatura, en la que me sumergí por una viva recomendación de Lolita Bosch. Aún no tengo palabras para formular mi admiración por él, no hasta que lea su obra completa hasta el momento, pero me gustaría hacer al menos algún apunte. La lectura de Sáenz sobre El Gran Vidrio (Anagrama, 2007) de ayer indagaba en varios momentos con la posible relación con la obra de Duchamp. El libro de Bellatin, un conjunto de tres autobiografías falsas, fragmentarias y parcialmente herméticas, fue extricado inteligentemente por la profesora, que hacía un estudio estructural de los elementos temáticos que se repiten en las tres, antes de lanzarse a una posible e interesante relación entre obras.

A mí me gustaría intentar, seguramente desde el error (pero el propio Bellatin ha escrito en algún lugar que lo no acabado, lo imperfecto, tiene más posibilidades estéticas que lo perfecto), otra posible relación. Por los testimonios que dejó Duchamp, mientras componía El Gran Vidrio tenía problemas para unir las dos partes de la pieza, buscaba la posible relación entre la parte superior y la inferior, sin encontrarla. El azar solucionó su problema; la escultura se cayó y se rompió el vidrio. Al principio Duchamp se estremeció, pero al levantarla del suelo y contemplar el estado, se dio cuenta de que la rotura había unido la pieza. El cristal roto era el buscado elemento de unión entre las partes. La pieza estaba terminada.

Pues bien, supongo que ya lo ven venir. También la identidad rota, la narrativa disuelta, la fractura del relato y de las propias autobiografías e historias, la rotura estructural, es lo que caracteriza esta obra de Bellatin y es lo que, a mi jucio, podría explicar el título, más que la extraña e inventada historia que se cita en la contraportada y que, como bien señaló Sáenz, en parte no es más que un microrrelato más del propio autor.



13 comentarios:

Luisa Miñana dijo...

La rotura estructural me parece un concepto a acuñar, un punto de observación y de actuación que puede permitir explicar muchos de los fenómenos contemporáneos. Iluminador, desde luego.
No conozco la obra del autor, pero voy a remediarlo.
Un saludo

Yago Méndez dijo...

Lo interesante del proceso creativo en Duchamp es su relación con las fases simbólicas de la Alquimia llamada espiritual. En este caso la rotura accidental del vidrio cataliza la unión de las dos partes, correspondiendo así con la coniunctio, la coincidentia oppositorum, de las dos partes de la obra final.
La poética del fragmento, con ese espacio que deja al lector para que elabore se propia narración (y no me refiero a su versión del texto ajeno, sino a su propia elaboración), convierte el texto en un cristal con posibilidades fractales infinitas.

Vicente Luis Mora dijo...

Gracias, Luisa. En efecto, ese concepto es la base nuclear de mi tesis doctoral, que versa sobre las representaciones literarias del sujeto contemporáneo. A ver si la acabo!!

Tienes razón, Yago. Por cierto, que estoy releyendo Mysterium Coniunctionis, y volviendo a disfrutar como la primera vez. Supongo que también está entre tus favoritos. Saludos

Miguel Espigado dijo...

Algo raro pasa con Duchamp. Bolaño lo introduce en uno de los centros de su novela 2666, donde un personaje imita un ready made consistente en colgar un cuadro de un tendero "a ver si aprende". Curiosamente, y sin conocimiento previo del autor, F.Mallo -Duchamp por los cuatro costados- utiliza el mismo objeto de Duchamp en Nocilla Experience. Pero es que en 2666 de Teatro Lliure, una adaptación de la novela, el director y el dramaturgo decidieron, de tantísimas y tantísimas cosas que se cuentan en una novela de más de 1000 páginas, plasmar la misma escena del libro de geometría en su representación teatral. Y Mario Bellatín rinde culto a Duchamp en el Gran Vidrio. Y eso que Duchamp nació en 1887, antes que mi bisabuelo. Un saludo.

Miguel Espigado dijo...

Mil disculpas, no cuelga un cuadro, sino un libro de geometría. La prisa mata.

Anónimo dijo...

Aquí parece que todo el mundo nació ayer y como si el mundo se hubiera creado el día anterior al de su nacimiento. Paso págína y me voy a beber un vodka con algo...

Vicente Luis Mora dijo...

Corre, corre.

Sr. S. dijo...

Sí, es el Testamento geométrico, de Rafael Dieste; lo geométrico, lo racional, azotados por el viento de la vida... quizá Bolaño, apoyándose en Duchamp, trata de reactivar el impulso fracasado de la vanguardias de unir el arte y la vida, y por eso Amalfitano cuelga el libro, transformado en una máquina generadora de símbolos

Anónimo dijo...

Conocí a Mario Bellatín en Venezuela el pasado otoño. Me impresinó su inteligencia, y su manera de tomarse la vida, la literaria y la no literartia, si es que tal separación se puede hacer.
Celebro que hables de él, Vicente.
Hay algo que atraviesa parte de su literatura, que es el cuerpo. Para los que no los sepan, tiene un defecto en una mano que le obliga permanentemente a usar un garfio metálico, que no oculta en ningún momento, e incluso teoriza sobre de él.

Respecto a mi papá Duchamp, el otro día leí en no sé dónde que la obra más influyente del siglo 20 y lo va de 21 es el urinario que metió en un museo. Ahí queda eso. El absurdo, cuando es con inteligencia, es la máxima expresión de la misma.

Agustín

dondiego dijo...

Eugenio Trías utiliza precisamente "EL gran vidrio" para ilustrar su "Teoría del límite" en unas páginas muy interesantes de su obra "Los límites del mundo"
Les invito a todos a leer su interpretación metafísica del mismo

J. A. Montano dijo...

En efecto, las páginas que dedica Eugenio Trías al Gran Vidrio son sublimes. Creo recordar que titulaba el capítulo "Crítica de la transparencia pura".

Anónimo dijo...

Ya queda lejos este post de la actualidad, pero los libros de Juan Antonio Ramírez en Siruela son muy recomendables.

Y si Motor está por ahí leyendo, estaría bien saber qué le ha parecido El canto de las sirenas de Trías. Muchas gracias.

c.m.

Vicente Luis Mora dijo...

No te preocupes, Carlos. Algunos posts de la bitácora antigua todavía reciben comentarios, pasados los años. Lo bueno de esto es que permanece, al menos de momento. Su actualidad es continua, se reactiva en cuanto alguien pincha de nuevo sobre sus contenidos. Saludos.