jueves, 24 de abril de 2008

Pasadizo entre Química, de Sofía Rhei, y Carne de píxel, de Agustín Fernández Mallo

Sofía Rhei, Química; El Gaviero Ediciones, Almeria, 2008.
Agustín Fernández Mallo, Carne de píxel; DVD Ediciones, Barcelona, 2008.

panta rhei
Heráclito

Aprovecho la ocasión para felicitar a los chicos de El Gaviero, Ana y Pedro, por la colección de libros que vienen sacando desde hace ya varios años, y que combina libros de contenido variado con una exquisita presentación editorial (para posibles interesados: www.elgaviero.com). Entrando en materia, para tender una línea de interpretación entre estos dos libros de versos, quizá puede ayudarnos la imagen del surfista planteada por Baricco en Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación (2006, traducción de Anagrama en 2008). Para Baricco los nuevos bárbaros, aquellos que han abrazado en nuestros días las formas ligeras y desustanciadas de cultura, aquellos a quienes caracteriza como americanizados y partidarios del vino espectacular frente al de calidad, o del futbol total frente al tradicional, esos bárbaros se han decantado por la superficie, frente a la antigua tradición occidental de ir al fondo de las cosas. “Tenían enfrente el modelo del burgués culto, inclinado sobre el libro, en la penumbra de un salón con las ventanas cerradas y las paredes acolchadas: lo sustituyeron, de un modo instintivo, por el surfista. Una especie de sensor que persigue el sentido allí donde se encuentre vivo por la superficie, y que lo sigue por todas partes de la geografía de lo existente, temiendo la profundidad como se teme a un precipicio que no llevaría a nada”[1]. Como señala el propio Baricco, eso no significa que la actitud surfista ante la vida o el arte sea sencilla de acometer: toda la energía que aquel burgués dirigía al abismo, es ahora precisa para ejercerla concéntricamente, sobre un vasto campo de intereses. Baricco pone el ejemplo de los multitaskers, que me parece afortunado; los multi-tarea o multi-atareados son personas capaces de hacer varias operaciones a la vez, tanto físicas como mentales. Además, Baricco opina (y hasta cierto punto es cierto) que esta visión surfista de la vida puede suponer el fin del Romanticismo en nuestro tiempo, por el sacrificio de los conceptos de alma y espiritualidad que conlleva (p. 146). Es en este sentido, tanto o más que en los anteriores, donde hemos de colocar la repetida cita de Mallo de que “todo es superficie” (Carne de píxel, también estaba en Nocilla Dream), frase que –como ya apuntamos en su momento– ya fuera en su momento el lema del visionario Otto Neurath, creador de la señalética visual internacional.

Algo de razón tiene el escritor italiano en esta exposición, sobre todo en la última parte referente a la decadencia de la versión animista o espiritualista de nuestra cultura; y creo que estos dos libros que comentamos son dos fieles testimonios notariales de ese proceso de cambio o de mutación, palabra que el propio Baricco utiliza para referirse al mismo. En el poemario de Rhei, como en el de Mallo, la imagen divina no aparece en ninguna parte, y lo espiritual se limita a las distintas formas en que se observa la materia, aunque lo que preocupa de ésta a los poetas no es su destino, ni la reflexión ontológica sobre la misma, sino otras medidas bastante menos trascendentales: volumen, peso, tamaño, temperatura de ignición, estabilidad subatómica o molecular, dependiendo del caso. Los cuerpos amados se tratan como si fueran sacos de moléculas, la realidad como conjunto entrópico de partículas. La visión, por supuesto, no es nueva (está en Las partículas elementales de Houellebecq, sin ir más lejos), pero ambos poetas, por su condición de científicos, la llevan a cimas de singular contundencia y eficacia. También Javier Moreno (matemático de profesión) ha utilizado este tipo de metáforas en Acabado en diamante, libro que saldrá pronto a la luz y para el cual estoy redactando ahora mismo un prólogo. Moreno canta a los quarks, Mallo a los bosones y Rhei a los enlaces tetravalentes: más allá de la metáfora puntual, lo que hay que retener es que los tres poetas cantan a la naturaleza desde una perspectiva objetiva, estética y científica a la vez, absolutamente laica y desacralizada, que quizá no ha vuelto a hacerse desde Lucrecio, o más bien desde Demócrito. Obviamente (puntualizo por si acaso) ninguno de los tres cantan a la “naturaleza” entendida como paisaje campestre, sino como realidad extensa, al modo filosófico: el mundo físico que nos rodea. La superficie de las cosas frente a la antigua "profundidad de los grandes temas". El resultado es una nueva objetividad (no en el sentido de Benjamin) de una concisión y potencia expresiva desconcertantes, que es capaz de lograr piezas tan fabulosas y complejas como este poema de Rhei:

FUNCIÓN

1. Capacidad de actuar propia de los seres vivos y de sus órganos, y de las máquinas o instrumentos.
12. Ling. Cada uno de los usos del lenguaje para representar la rea­lidad, expresar los sentimientos del hablante, incitar la actuación del oyente o referirse metalingüísticamente a sí mismo.
13. Mat. Relación entre dos conjuntos que asigna a cada elemento del primero un elemento del segundo o ninguno.
14. Mil. Acción de guerra.
Hay ciertas diferencias de acercamiento: Mallo suele explicitar la fuente de sus menciones científicas, mientras que Rhei no siempre (el verso: “y el gato de Chesire está vivo y está muerto”, habla a la vez del gato de Lewis Carroll en Alicia a través del espejo y del gato utilizado por el físico Schrödinger en su famosa paradoja); Rhei suele ser contenida en la expresión, frente al derrame verbal característico de Mallo; Mallo es más visual y Rhei prefiere la abstracción; ésta prefiere la química y aquel la física, etc., pero es normal que existan muchas diferencias entre ellos. Ni siquiera sus modelos son los mismos: el de Rhei es el poeta y premio Nobel de Química Roald Hoffmann, de cuyo recomendable libro Catalista (Huerga y Fierro, 2002) ya hemos hablado aquí en alguna ocasión; el de Mallo es quizá Wittgenstein -otro día explicamos esto-. Pero están unidos, insisto, en lo esencial, esto es: en donde buscan la esencia de la materia lírica. Y la buscan en la composición de la materia, en la esencia de las cosas mismas, en nuestro origen como seres (la genética en Rhei) y como habitantes de un planeta concreto (la astrofísica en Mallo). Desacralizados, con el solo instrumento de su pensar, con la mente puesta en el más allá de lo físico, ambos poetas bien pudieran ser, junto con Javier Moreno, Francisco Fortuny y pocos más, los últimos poetas meta-físicos que tenemos.

.
Nota
[1] A. Baricco, Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación; Anagrama, Barcelona, 2008, p. 146.

30 comentarios:

Hautor dijo...

A propósito del surf. Creo que para Deleuze el pensador era una especie de surfista capaz de trazar entre el campo "vectorial" aparentemente inconexo -y sin duda rizomático- del oleaje una trayectoria nítida y deslumbrante. Donde dice pensador, digamos nosotros poeta. Sigue sonando la mar de interesante, ¿no?

Luisa Miñana dijo...

No he leído aún los libros, pero lo haré, por interés, sin duda.
Así que sólo una cosilla. Entiendo lo de la superficie, pero tengo problemas para que me resulte válido. Encuentro siempre convexidades en la materia y en la misma superficie del espacio y del tiempo. La propia polisemia del desarrollo del poema que citas me parece en cierto modo un ejemplo de ello. Aunque ya entiendo que ésto debe ser un problema particular y ligada seguramente a mi formación exclusivamente humanística, que intento compensar. Quizás ocurre que entiendo que es en la superficie de las cosas donde siempre están "los grandes temas". Nunca ha habido nada más. Y de alguna manera es ahora cuando lo reconocemos. Es de nuevo el paganismo. Otra cosa es la metodología a desarrollar.
El poema es efectivamente inapelable y potente.


Un saludo

Wilco dijo...

Recuerdo haber leído algo sobre un somellier. Su criterio era muy valorado: si lo encuentra bueno, será bueno.

Mi vino se vende, le subo el precio.

Me parece despidió a un empleado éste empezó a explicar: pactos con empresas, a veces se limitaba a variar el texto de catas anteriores...

Me ha venido de la cabeza por lo del vino espectacular y uno de los tipos de surf sobre superficie

[me han venido más cosas, os las ahorro]

Copio un par de poemas de Agustín Fernádez Mallo, anteriores a "Carne de Píxel" por necesidades argumentales. Que sirvan como Pasadizos al núcleo del contenido de lo que intentaré decir.

De Joan Fontaine Odisea

80
Escribiste y llegó tu noche, nieve
de televisor, Pixel [Picture Element]: mínimo elemento de imagen que contiene toda la información visual posible, y sin embargo es una cifra, está vacío,

hacia una metafísica del pixel
tu cuerpo
uso tópico
sin espesor se acristala

lo más curioso fue aprender a escribir,
el viento en la calle y las galletas maría,
la estafa de Lou Reed en Heroin,
la de Hitchcock en Rebecca,
la del Septimo Día,
el abrigo estrangulado a tu cintura,
la mecánica de los pezones y otras fuerzas,

nostalgia de un espacio interior;

de ningún lado venían no porque de ningún lado venían sino
porque a ningún lado iban,

despedida y pixel,
despedida y ser,
despedida y cierre.


80.1
No es el precipicio lo que atrae
a la piedra, sino la velocidad,
[que existe porque toma forma de piedra]


cantan a la naturaleza desde una perspectiva objetiva, estética y científica a la vez, absolutamente laica y desacralizada

Re-encantamiento del mundo.

San Pablo? Por lo visible a lo invisible.
Por la superficie a la meta-física.

Vicente Luis Mora dijo...

Bien traídos los poemas, Wilco.

Luisa y Hautor, imaginaos cómo me he quedado hoy leyéndole esto a un tal Slavoj Zizek:

"Así que habría que invertir la concepción habitual que opone la profundidad del genuino arte a la superficialidad del kitsch comercial. En realidad, el problema del kitsch es que es demasiado 'profundo', manipula arcanas fuerzas libidinales e ideológicas, mientras que el auténtico arte sabe permanecer en la superficie y sustraerse de su contexto 'más profundo' de realidad histórica"

Ahí va eso.

Anónimo dijo...

Surfea o desconecta. ¿Habrá que pensar en el fin de la metafórica vertical? En la superficie no cabe el espesor, no hay nada más profundo que simbolizar... el fin de la analogía que apuntaba a eso que era como algo pero era otra cosa, (más profunda ¿más digna? ¿y qué "más"?) : Herramientas obsoletas para trabajar con un mundo que ha devenido superficie, ¿la soledad, tema fundamental en AFM, también carece de estratos solapados? ¿El subconsciente se puede acariciar? Pero me atrae:
la metafora que ya no se usa por defecto, que ya es yuxtaposición o relación entre significados siempre superficiales, que puede ser entendida más allá de la intectio oblicua, como intectio recta. Sin más diferencias de grados, o niveles de profundidad, diferenciadas sólo en el terrenal conflicto de interpretaciones.

La pantalla como quintaesencia de lo supercial.

No sé si me explico.

Un saludo.

cgamez dijo...

Hola.

Para mí, ese surfista del que habláis viaja por una red de nodos donde lo importante no son precisamente los nodos. Son las conexiones, los desplazamientos, las relaciones (a veces inversemblantes) entre conceptos, cosas, lugares, personas. El surfista circula por ese mapa del mundo, la mente, las sociedades... (pienso en Michel Serres).

Por otra parte, me parece muy acertada la calificación de poetas metafísicos que hace VLM. Porque, ¿es realmente objetivo el lenguaje científico? ¿No es también intrínseca a ese lenguaje una cierta visión del mundo, ya sea esta cientifista (segundo Wittgenstein)?

Un saludo.

Luisa Miñana dijo...

En términos "matemáticos" la profundidad no deviene de la calidad. Tampoco en términos artísticos. Recuerdo terribles cuadros manieristas. Muy profundos, muy kirsts y también bastante deplorables: demasiado efecto especular quizás.
Sigo pensando que la historia tiene un lugar a ocupar en el nuevo mundo, aunque no podría enunciar cuál vaya a ser con claridad.
El movimiento no es ya hacia adelante.
En este sentido estoy de acuerdo con la teoría del surfista.
Pero las corrientes marinas son las que imponen las direcciones, sobre todo las subtérráneas. Crean climas.
Y entonces, me entran dudas.

Todo es reaprovechable. Mejor.

(Buen fin de semana--->)

Wilco dijo...

Paganismo, no sé.

A paganismo se le suele asociar con la religión (creencias, todo eso) anterior a la llegada de la verdad.

La verdad del Libro (más no sé cuantos concilios, ajustes, debates, persecuciones...) sobre Dios, hombre, naturaleza. Mentir, pecado.

Luego la verdad empírica.
Me queman en nombre de algo explica las cosas en el Libro con poco acierto.

Diría es empírico la infinitud, el vacío, lo relativo....
Presente en fórmulas, operaciones y leyes químicas, biológicas o matemáticas las cuales resultan paradojas vivas (si no lo son, las paradojas), diría.

No lo sé pero "el cuerpo de cristo" afirmaría es una metáfora. Mentir es pecado. Equivocarse, no.

Se me ha ido, disculpad

[es como aquello: se me ha ido la musa. Ni existe ni no existe. Ya volverá]

Saludos

Wilco dijo...

Recuerdo (otro) una entrada de Vicente sobre un libro de Felipe Martínez Marsoa sobre Platón.
Sobre su pensamiento. Sobre su lenguaje.

Entre una cosa y la otra, a saber si no se habrá malinterpretado o perdido un poco de significado.

Quiero decir, volver al origen, algo no ha salido bien parece.
cm, escribe en una entrada reciente sobre los alquimistas.

Autores apuntan al Renacimiento como el inicio del desastre.
El fin de la alquimia, por ejemplo: adiós al trabajo con/sobre el imaginario (ya te servimos imágenes: brujas, demonios, Fausto alquimista malo)

Es curioso , alquimia en varias partes del mundo.
Partes occidentalizadas ahora.

Mientras a sacerdotes cristianos que van a la fuente, se les riñe. Ya no hacen ni caso: textos religiones (palabra llena de polvo) trascendencia de poemas, cuadros, fractal o "¿también la corteza es tu cuerpo? Si pudiera dejármela, es que prefiero la miga"

No recuerdo quién: el arte utiliza instrumentos, la mística a uno mismo.

No sé si me explico.


"dios no juega a los dados" ¿al parchís?

He encontrado una mención a superficie en otro tablero

"Los actores de primera fila siempre han estado al tanto de la realidad, pero los dramaturgos como Shakespeare suelen plasmar el subtexto en la superficie, ofreciéndolos en la superficie. Por ejemplo, en los soliloquios de Hamlet.

-Nunca he visto Hamlet.

-Pues ahí tienes el subtexto.

¿Tú crees que las circunstancias de mi propia vida realmente forman un subtexto para la película"



Película, movimiento de nada en realidad; restos de ese movimiento preservados en la resina, ya ámbar, de los fotogramas.

Anónimo dijo...

Pasadizo entre Philip y los monos malos.

Bad Monkeys.
(c) Matt Ruff, 2007



habitación blanca (i)

Es una habitación que un dramaturgo sin inspiración habría concebido mirando una página en blanco. Muros blancos. Suelo blanco. No desnuda, pero lo bastante como para hacer pensar que sus escasos elementos son cruciales para el drama que viene.
Una mujer está sentada en una de las dos sillas en torno a una mesa blanca rectangular. Sus manos están esposadas delante de ella; viste uno de esos monos carcelarios naranjas, cuyo brillo queda desvaído en la blancura. Una policía de un sonriente politico cuelga en la pared, encima de la mesa. Ocasionalmente la mujer eleva la vista hacia la foto, o hacia la puerta, que es la única salida de la habitación, pero principalmente mira sus manos, y espera.
Se abre la puerta. Un hombre con bata blanca entra, llevando más objetos, una carpeta y una grabadora en la mano.

“Hola”, dice, -¿Jane Charlotte?

“Presente”, dice ella.

-Soy el doctor Vale. Cierra la puerta y se acerca a la mesa. He venido a entrevistarla, si está de acuerdo. Cuando se encoge de hombros, él pregunta, ¿Sabe dónde está?

-A menos que hayan cambiado la habitación… Entonces:-Las Vegas, Centro de Detención de Clark County. El ala de los chiflados.

-¿Y sabe porqué se encuentra aquí?

Estoy en la cárcel porque maté a alguien que se suponía no debía matar. Dice de manera escueta. Sobre porqué estoy en esta habitación con usted, creo que debe estar en relación con lo que conté a los detectives que me arrestaron.

Sí.

Señala la silla vacía. ¿Puedo sentarme?

Otro encogimiento de hombros; sosteniendo la grabadora junto a sus labios, recita: cinco de junio, 2002, aproximadamente nueve cuarenta y cinco de la mañana. Soy el doctor Richard Vale, hablando con el sujeto Jane Charlotte, de…¿cuál es su domicilio actual?

Ahora mismo estoy entre casa y casa.

…sin domicilio estable. Deja la grabadora, todavía en marcha, sobre la mesa, y abre la subcarpeta. Entonces… dijiste a los detectives que te arrestaron que trabajas para una organización secreta en lucha contra el crimen llamada Bad Monkeys (Monos Malos)

No, dice ella-

¿No?

No luchamos contra el crimen, luchamos contra el mal. Es diferente. Y Monos Malos es el nombre de mi división. La organización como un todo no tiene nombre, no que yo sepa. Sólo es “la organización.”

¿Y qué significa Monos Malos?

Es un apodo, contesta. Todas las divisiones lo tienen. Los nombres oficiales son demasiado largos y complicados para usar excepto en la papelería, por lo que la gente usa versiones cortas. Como la rama administrativa, oficialmente son el “Departamento para la Óptima Utilización de Recursos y Personal”, pero todo el mundo lo llama Costos-Beneficios. Y el grupo de investigación, es el Departamento de Vigilancia Intermitente Ubicua, pero lo llamamos Panopticon en una conversación. Y está mi división, el Departamento para la Disposición Final de Personas Incorregibles…

Personas incorregibles. El doctor sonríe. Monos malos.

Correcto.

¿No debería ser Simios Malos, sin embargo? Como ella no responde, comienza a explicar, los seres humanos están más emparentados con los grandes simios que-

Estáis investigando a Phil, dice. También es un pejiguero, se encoge.
Sí, supongo que debería ser simios en lugar de monos. Y técnicamente, alza los brazos y sacude sus brazaletes, estos deberían llamarse esposas, pero no lo son.

¿Quién?


Mi hermano pequeño, Philip.

Así que en tu trabajo con Monos Malos, pregunta el doctor, ¿qué es lo que haces, castigar a la gente mala?

No. Normalmente los matamos.

¿Matar no es un castigo?

Lo es si lo haces para compensar a alguien. Pero la organización no funciona así. Simplemente intentamos hacer del mundo un lugar mejor.

Matando personas malvadas.

No a todas ellas. Sólo las que Costes-Beneficios decide que harán más mal que bien si continúan respirando.

¿Te molesta matar gente?

Normalmente no. No es como ser un agente de policía. Quiero decir, los polis, tienen que tratar con todo tipo de personas, y a veces, haciendo cumplir la ley, la toman con tipos que no son tan malos. Puedo ver que esto podría llevar a una crisis de conciencia; pero los tipos que perseguimos en Monos Malos no son la clase con la que usted tuviera dudas.

Y el hombre por el que fuiste arrestada, el señor-

Dixon., responde. No era un mono malo.

¿No?

Era un gilipollas. No me caía bien. Pero no era un mono malo.

¿Entonces porqué lo mató?

Ella niega con la cabeza. No puedo decirte eso. Incluso si me creyeras, no tendría sentido a menos que te lo contara todo antes. Pero es una historia demasiado larga.

No tengo nada que hacer esta mañana.

No. De verdad es una larga historia. Esta mañana te podría dar el prólogo, quizás; llegar a algo tomaría días.

Comprende que va a estar aquí durante un tiempo.

Por supuesto, dice. Soy una asesina. Pero no es razón por la que usted haya de perder su tiempo.

¿Quiere contar la historia?

Supongo que hay una parte en mí que quiere; quiero decir, no necesitaba contar lo de los Monos Malos a los polis.

Bien, si está deseando hablar, estoy deseando escuchar.

Vas a pensar que estoy loca. Probablemente ya lo haces.
Intento mantener la mente abierta.

Eso no ayudará.

Así que ¿porqué no simplemente comenzamos, y vemos cómo va? Cuéntame como te involucraste en la organización; ¿cuánto tiempo llevas trabajando para ellos?

Unos ocho meses. Me reclutaron el año pasado, después de la caída del World Trade Center. Pero ese no es realmente el inicio. La primera vez que cruzamos caminos fue cuando era una adolescente.

¿Qué ocurrió?

Me topé con una operación de Monos Malos. Así es como un montón de gente es reclutada: están en el lugar equivocado el momento equivocado, los pillan en una operación, y aún cuando no saben bien lo que sucede, muestran suficiente potencial como para que la organización tome nota de ello. Más tarde, días, puede que décadas, hay una oferta de trabajo, y Nueva Sangre hace una visita.

Cuéntame sobre esa operación en la que te viste envuelta.

Todo comenzó cuando imaginé que el conserje del instituto era el Ángel de la Muerte…

--

c.m.

Anónimo dijo...

"Así que habría que invertir la concepción habitual que opone la profundidad del genuino arte a la superficialidad del kitsch comercial. En realidad, el problema del kitsch es que es demasiado 'profundo', manipula arcanas fuerzas libidinales e ideológicas, mientras que el auténtico arte sabe permanecer en la superficie y sustraerse de su contexto 'más profundo' de realidad histórica"

Sontag, citando a Mallarmé, decía que la poesía creaba espacios de silencio, en medio de la realidad, como cargas de profundidad arrojadas contra submarinos. La imagen de la tabla de surf es muy buena, pero tengo dudas, reaprovechables espero, como Luisa Miñana. Leer que el movimiento ya no es hacia adelante (para recordarnos eso están los globos, las burbujas y las espumas; en la otra esquina, los geles) me ha hecho recordar una entrevista a Oasis, en la que exponían su teoría musical al respecto:

"Going forward is progression. Going backwards is regressión. Going sideways is just gression"

¿Surf como gresión conceptual?, entre cables. Un saludo

carlos maiques

Vicente Luis Mora dijo...

Wilco, tu estilo de escritura siempre me había recordado a otro, sabía yo que tu prosa, quizá sin tú saberlo, tiene en su singularidad conexiones con la de alguien importante, pero no me salía quién era. Hoy lo he recordado. Observa este párrafo de Lacan:

"Vuelvo de un viaje que esperaba hacer al Japón de lo que de un primero había experimentado... de litoral. Que se me entienda a medias palabras de lo que recién del Umwelt repudié como volviendo el viaje imposible: *** de un lado entonces, según mi fórmula, asegurando su real, pero prematuramente, solamente por hacer [al volver], pero por error [una mala distribución], imposible la partida, es decir [o sea ] a lo sumo cantar \"Partamos\"."

Wilco en estado puro, ¿no crees?

Vicente Luis Mora dijo...

Siguiendo con la conversación, aporto otra cita de Baricco (la verdad es que Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación es más que recomendable), sobre el tema:

"Es como si los cerebros hubieran comenzado a pensar de otro modo: para ellos, una idea no es un objeto circunscrito, sino una trayectoria, una secuencia de pasos, una composición de materiales distintos. Es como si el Sentido, que durante siglos estuvo unido a un ideal de permanencia, sólida y completa, se hubiera marchado a buscar un hábitat distinto, disolviéndose en una forma que es más bien movimiento, larga estructura, viaje. Preguntarse qué es algo significa preguntarse qué camino ha recorrido fuera de sí mismo."; Alessandro Baricco, Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación; Anagrama, Barcelona, 2008, p. 110.

cgamez dijo...

Muy interesante el comentario último. Creo que acabaré por leerme el libro.

Por cierto Wilco, ¿sabías que Newton, la gran figura de la modernidad científica (filosofía natural), era experto en alquimia? (a lo mejor no viene a cuento, pero surfeando...)

Un saludo.

Vicente Luis Mora dijo...

No tiene nada que ver con lo que estamos hablando, pero me ha encantado este poema de Javier García Rodríguez, de Estaciones; KRK, Oviedo, 2007, que parece un cuento del narrador firmante bajo el seudónimo F.M.:

OÍDO EN LAS NOTICIAS

Cuando la policía encontró a X
abrazada al cuerpo ensangrentado
y casi inerte de su esposo Y,
a quien acababa de apuñalar,
y le preguntó que por qué
lo había hecho,
con total frialdad respondió X:
son cosas nuestras.

Ibrahím Berlín dijo...

Tiene gracia. Hace tiempo intentaba abordar en un relato cómo los media persiguen la apropiación de ese pequeño porcentaje de espacio privado que queda en nuestras vidas, como si hubiesen flipado demasiado con Orwell o Huxley, ¿no? Me refiero a ese particular carácter normativo —que no descriptivo— por parte de los Mass en lo que a asuntos privados se refiere. Basta coger esos reportajes del todo kitsch típicos de la prensa socialdemócrata [la “otra” prensa sigue ocupada en convencer a los españoles de que las familias numerosas son la solución a la decadencia de Occidente] en los que recurren a ejércitos de psicólogos y expertos —ay, siempre los expertos— que explican con todo lujo de detalles cómo tenemos que amar, si posesiva o generosamente, o cómo detectar la esquizofrenia en tu pareja, o cómo llevar una relación saludable, y toda esa drysh*t infumable. Lamentablemente, lo políticamente correcto invade las páginas de los periódicos estrechando así las miras; y al final, la mera descripción acaba siendo monopolio de grupos minoritarios como es la literatura. Como Javier García, soy de los que cree que la clave de todo esto figura en la Calle Camino Viejo de Leganés, ya tú sabes.

Y bueno, qué demonios, el poema me parece freshy cool.

Anónimo dijo...

"Es como si los cerebros hubieran comenzado a pensar de otro modo: para ellos, una idea no es un objeto circunscrito, sino una trayectoria, (...)un hábitat distinto, disolviéndose en una forma que es más bien movimiento, larga estructura, viaje. "

Este párrafo de Baricco me ha recordado mucho algunas reflexiones de Chatwin, en los cuadernos de Los trazos de la canción.

Toda la serie Azogue/Quicksilver de Neal Stephenson, excesos aparte, es una ventana abierta a ese espacio cambiante -proto-steam punk- de la época de Newton, al que no le faltó tiempo para pensar en expediciones en busca de dragones.

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Os pongo dos textos del blog La jaula abierta de Roger Bartra, de la web de Letras Libres. Son largos, pero me parecen un buen complemento a lo que estáis hablando/escribiendo. Estelas plateadas...Un saludo.

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Conciencia y cerebro.

Desde que los neurocientíficos decidieron abordar el problema de la conciencia y abandonar la rígida clausura material del sistema nervioso central, se han tenido que enfrentar con el fantasma o el demonio del dualismo. Aunque algunos científicos han aceptado convivir o pactar con este demonio, la gran mayoría se ha propuesto rechazarlo, eliminarlo o superarlo. Sin embargo, esta maldición cartesiana, como me gusta llamarla, amenaza permanentemente a los científicos porque aparece con toda la fuerza del sentido común que nos ha acostumbrado a separar las dimensiones fisiológicas materiales de la espiritualidad o el pensamiento. Así, convertir la contraposición cerebro-mente en una ecuación que pueda encontrar una solución científica se ha convertido en la aspiración de no pocos neurólogos. Se trata de enfrentarse a la contradicción entre la naturaleza y la cultura, una herencia reforzada por las concepciones religiosas que estableció los cánones que rigen la relación entre el cuerpo y el alma. En suma, se trata de resolver el misterio de la conciencia.

José Luis Díaz ha dedicado un libro memorable, creativo y original de más de seiscientas páginas a enfrentarse a este misterio (La conciencia viviente, Fondo de Cultura Económica, 2007). Explora allí muchas aristas y dimensiones del problema. Yo me limitaré aquí a hablar de lo que me parece que es su propuesta básica para resolver la ecuación en la que se inscribe el vínculo entre el cerebro y la mente.

Más que una ecuación, a José Luis Díaz le interesa encontrar un modelo capaz de representar el dinamismo de un sistema integrado por diversas formas de comportamiento aparentemente contradictorias. Encontró en la llamada red de Petri un modelo computacional para representar la integración funcional de los procesos neuronales, las formas de comportamiento y la conciencia. La red de Petri consiste en un conjunto de sitios o nudos y de puntos de transición que forman una red debido a que los unen arcos que canalizan fichas de un nudo a un punto de transición y de este a otro nudo. Los nudos y las transiciones se pueden ubicar en diversos planos a lo largo de una secuencia temporal que describe la evolución de un sistema, sin introducir nociones deterministas. Aplicado a la conciencia, se trata de un proceso pautado, sostiene José Luis Díaz, un proceso psicofísico (psiconeural o psicobiológico). En este sistema las pautas son formas de movimiento inscritas en un proceso dotado de secuencia, combinación, transformación, cinética, periodicidad y calidad (p. 84).

No quiero entrar en los detalles, sino solamente señalar que el uso de la red de Petri como modelo de un proceso pautado requiere de una clasificación de las funciones cerebrales en diferentes módulos, una definición de distintos tipos de actividad cognitiva y una tipología de unidades de conducta. En la red los nudos representan unidades elementales de tipo cerebral, mental o conductual que disparan fichas, dirigidas a puntos de transición, para alcanzar otros nudos.

Desde luego, la gran dificultad tanto conceptual como práctica se encuentra en la definición de las tres clases de unidades elementales (cerebrales, mentales y conductuales), que son una abstracción. Se han reconocido más de cuatrocientos módulos cerebrales o sitios definidos por sus funciones, pero hay muchas dudas sobre su articulación y su arquitectura. Las unidades mentales básicas son mucho más difíciles de definir. José Luis Díaz, para simplificar, usa como ejemplo cuatro clases: sensaciones, emociones, pensamientos e imágenes. Y mucho más discutible es la posibilidad de establecer unidades de conducta diferente. Por el momento, dice José Luis Díaz, no hay técnicas para observar los procesos pautados en el cerebro, y su aplicación a la conciencia o a la conducta tiene un carácter tentativo y exploratorio muy poco definido.

A pesar de estas dificultades, José Luis Díaz parte de la hipótesis de que en cada proceso –nervioso, mental, conductual– hay un patrón distintivo, pero también una similitud o isomorfismo entre las arquitecturas de los tres. Esta similitud es la que le permite afirmar que los tres procesos pautados pueden catalogarse como psicofísicos, es decir que son simultáneamente corporales y mentales, al mismo tiempo materiales y espirituales.

Sin embargo, no es posible comprobar una definida similitud entre los procesos ni una clara correlación entre ellos. La evidencia de una plasticidad que permite diversas funciones a un mismo módulo anatómico y el hecho de que técnicamente no se pueden realizar mediciones confiables en individuos activos y en tiempo real, para dar testimonio de las correlaciones, nos lleva a concluir que por el momento estamos frente a un modelo que no se puede verificar científicamente.

Lo que estamos buscando es una teoría unificadora que explique tanto las funciones nerviosas como el psiquismo. José Luis Díaz usa el símil de la tan deseada unificación de las teorías cuánticas y las gravitacionales. Así como la carga eléctrica y el campo magnético constituyen dos aspectos de una fuerza única (electromágnética), así la conciencia y las actividades modulares del cerebro deben formar una unidad psicofísica. Pero hay que reconocer un retraso considerable en la exploración científica de los dos campos que hay que unificar para resolver el misterio de la conciencia.

La misma dualidad que queremos resolver y disolver no está claramente definida. El lado neurofisiológico de la dualidad acaso se encuentra mejor delimitado por la solidez de la investigación biológica. Pero sigue pareciendo borroso el otro lado, el aspecto psíquico, subjetivo, mental y conductual de la conciencia humana. De hecho, en los términos mismos que se usan para marcar este lado de la ecuación podemos reconocer las profundas huellas que la historia de la filosofía y de la psicología han dejado en el terreno. Las improntas de las taxonomías psicológicas o conductistas, del cartesianismo y del dualismo religioso han minado el terreno que es necesario explorar para comprender el fenómeno de la conciencia. El lector atento las podrá reconocer en el libro de José Luis Díaz. Acaso los avatares de la psicología y del psicoanálisis, que sufren la amenaza de convertirse en las hermanas pobres de la neurociencia, o la marginación de los fundamentalismos religiosos y filosóficos, nos dan la impresión de que las disciplinas dedicadas a explorar las expresiones no neuronales del pensamiento ofrecen una visión borrosa. Pero los importantes avances de las ciencias sociales, de la antropología y la sociología, nos dicen otra cosa. Nos dicen que la exploración de las formas sociales y culturales de la conciencia se encuentra muy avanzada y ofrece excelentes bases para abordar científicamente el problema de la dualidad cerebro-mente.

Por supuesto, una salida fácil de la trampa dualista consiste en adjudicar el fenómeno de la conciencia totalmente a las funciones cerebrales y negar cualquier otra dimensión extra-neuronal, considerada metafísica, en el proceso de la conciencia. Así, las relaciones sociales, las instituciones o los circuitos culturales suelen ser reducidos a manifestaciones del entorno o del medio en el que se produce el fenómeno cerebral de la conciencia, como meros inputs que alimentan un sistema neuronal que algún día rendirá las claves de la base funcional del pensamiento. La visión borrosa o indefinida del medio sociocultural no debería, desde esta perspectiva, afectar la investigación científica de los procesos neuronales de la conciencia.

Por supuesto, yo creo –y en ello coincide José Luis Díaz– que sin el estudio científico del entorno sociocultural en el que están inmersos los cerebros humanos no será posible resolver el problema de la conciencia. He expuesto extensamente mis propuestas al respecto en un libro, Antropología del cerebro (Pre-Textos/Fondo de Cultura Económica) donde desarrollo una hipótesis sobre las relaciones entre los circuitos simbólicos y los circuitos neuronales.

Nos enfrentamos a serios obstáculos. Así como muchos neurocientíficos se niegan a aceptar que los circuitos simbólicos de índole cultural forman parte del fenómeno de la conciencia, no pocos científicos sociales rechazan o ven con gran sospecha que las instituciones sociales y las expresiones culturales del pensamiento puedan ser explicadas gracias al estudio de su conexión con procesos neuronales.

Quienes estamos convencidos de la necesidad de encontrar una teoría unificada que disuelva la polaridad naturaleza-cultura encontramos enormes resistencias. Es más fácil postular que la conciencia opera solamente (o principalmente) en uno de los dos polos (el neuronal o el social) que buscar una alternativa unificadora. ¿Le sirve a un sociólogo pensar biológicamente los problemas de la conciencia social? ¿Para qué un economista tendría que tomarse la molestia de conectar las decisiones aparentemente racionales de los actores con los mecanismos neuronales que regulan la selección de opciones? ¿Acaso no les parece poco útil a muchos neurocientíficos la exploración de las estructuras simbólicas del lenguaje? ¿En qué le puede ayudar a un neurofisiólogo la exploración del posible isomorfismo entre las estructuras de la música y los procesos neuronales?

Por suerte, cada día hay más científicos que han dejado de creer que los acercamientos entre perspectivas tradicionalmente separadas son irrelevantes o meras actividades diletantes. José Luis Díaz es un excelente ejemplo de esta actitud abierta. Su magnífico libro es un gran esfuerzo creativo que debe ser bienvenido.

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Elogio de la casa de citas

Todos aquellos que hemos pasado por las agridulces tareas de dirigir una publicación periódica sabemos que la sección de comentarios de libros es una fuente permanente de dolores de cabeza. Por lo regular, estas secciones reciben una avalancha de reseñas elaboradas por los amigos del autor del libro. Por otra parte, es necesario a veces un esfuerzo que parece sobrehumano para obtener un comentario de obras que piden a gritos una reseña crítica, sea por su evidente importancia o por el amplio interés que han despertado. Pero lo más complicado es lo que a mí me parece una exigencia normal: que los comentarios de libros deben ser pequeños ensayos; microensayos, si se quiere, pero ensayos a fin de cuentas. Esto quiere decir que debemos exigir que los comentarios de libros cumplan ciertas condiciones mínimas, propias de todo ensayo. Dicho esto, advierto que en este breve comentario sólo me referiré a un aspecto, tal vez marginal, pero que está relacionado con las peculiaridades del género ensayístico. Me refiero a la manera de citar otros textos.

Desde hace mucho tiempo ha crecido como una moda que parece incontenible la idea de que las citas de pie de página (o al final del texto) son un mal hábito propio de especialistas tercos, y que quienes escriben libremente no tienen por qué usar de un método semejante. Y así, aunque un texto –digamos una reseña del último libro de Kundera– esté lleno de referencias literarias, muchas veces su autor evade cuidadosamente toda mención a sus fuentes: él debe dar la impresión de que su pensamiento es original y fluye con libertad, y que si hay préstamos de ideas ajenas todo lector culto sabrá reconocerlas de inmediato, de manera que el escritor no debe agregar ni una sola nota; ello sería rebajarse a realizar tareas necesarias sólo para lectores ignorantes que necesitan acudir a casas de mala nota para satisfacer sus necesidades rudimentarias. Además, como es sabido, las notas de pie de página le complican la vida a los diseñadores de publicaciones.

Yo no quiero generalizar, pero me voy a permitir un breve elogio de la anotación de referencias. Las notas y citas de pie de página son como las escaleras de incendios que hay en muchos edificios de Nueva York. A primera vista parecen afear la construcción; pero si miramos con cuidado, el conjunto gris o rojizo del edificio, con su extraña red metálica, tiene un gran encanto. Sin esas escaleras el edificio no sería interesante ni, sobre todo, inquietante.

Esas escaleras, lo mismo que las citas, son fruto del miedo y del peligro. Los edificios, como los textos, están amenazados por la posibilidad del incendio. Su construcción no es segura y sus habitantes vivirían en la inquietud permanente si no hubiera forma de escapar. Hay textos que convocan ideas peligrosas cuya manipulación puede acarrear consecuencias; es preciso darle al lector una cierta seguridad de que no perecerá durante la lectura. Además, las citas y notas deben ofrecer una escapatoria: si el texto no satisface, abren la alternativa a otros libros, ensayos y escritos que tal vez son más prometedores.

Así, el aparato crítico de notas y citas es una criatura de la inseguridad moderna. Es necesario si se escribe como quien camina por la cuerda floja. El ensayo, que es por definición una prosa de la incertidumbre, puede explorar con creatividad los laberintos de las salidas de emergencia y de las escaleras de incendio.

Me ha sucedido que, al leer la reseña de un libro, encuentro unos versos de Nerval; y me entran unas ganas irresistibles de leer el poema completo... Pero he aquí que el autoritario autor no se dignó colocar una nota señalando el origen de los versos. Con pedante modestia y con desprecio al lector que no tiene en su memoria la obra de Nerval, el autor nos bloquea la huida y nos encierra en el calabozo de su texto.

Por otro lado: ¿por qué despreciar la inseguridad y el miedo del propio escritor? Su mano temblorosa coloca a pie de página la exacta referencia y la fuente de su cita, para confortar al lector y confortarse a sí mismo: “¡créanme –parece implorar– no he inventado lo que digo!”.*

Los lectores podrán ahora comprender cómo sufrían mis colaboradores: con semejantes exigencias, la sección de comentarios de libros se convertía en un laberinto borgiano o en un desierto marciano.

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*Véase Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, segunda parte, capítulo II, p. 645 de la edición preparada por Francisco Rico, Crítica, Barcelona, 1998.

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c.m.

Luisa Miñana dijo...

La cita de Baricco sobre la transformación del modo de pensar es irrefutable, es ya comprobable en muchos comportamientos individuales y sociales y en los discursos.
Quizás lo único que yo pienso es que la superficie no es exactamente plana, lo mismo que una "cuerda" parece comportarse como elementos básicos distintos de la materia según su punto de movimiento.
Respecto a los indicios del cambio de forma de pensar, me hablaba hace poco una psicoanalista de lo evidente que ello se hace ya en las aulas entre los adolescentes. No hay duda.

Vicente Luis Mora dijo...

Espléndida reseña de Javier Moreno en Deriva.org sobre Carne de Píxel:

http://www.deriva.org/articulos/articulos.php?PHPSESSID=a6e4d90ef5710f33ba5e9c2c3fa03648

"Carne de Píxel, Agustín Fernández Mallo (DVD Ediciones, 2008, XXXIV Premio de Poesía Ciudad de Burgos).

Por Javier Moreno

Si en Creta lateral travelling (La bolsa de pipas) Fernández Mallo se iniciaba en el viaje poético con una mirada que aunaba la contemplación de la ruina y la factura "absolutamente moderna" (postpoética, en su caso) de su estro poético, en Carne de Píxel vuelve de alguna manera Agustín al viaje, un viaje de nuevo mediterráneo, napolitano, pompeyano. Otra vez la ruina, otra vez el tiempo, ese bucle que se enrosca poniendo cerco al recuerdo. Y el píxel, ese elemento mínimo de representación de la imagen digital, esa "ventana de Alberti" (lean, si no, el De Pictura del tratadista del renacimiento italiano) que nos ha tocado vivir y contemplar y que quizás no consista (frente a aquellos que observan la "era digital" con ojos apocalípticos) sino en una reconfiguración de la mirada renacentista.

Fernández Mallo nos propone en esta Carne de Píxel un cerco a una imagen que se repite, la de una mujer que llora bajo la lluvia. Y, al igual que hace con las muestras de papel higiénico (descarten la escatología en este asunto), escaneadas y convertidas en algo así como obras de arte digital, Agustín interpreta y vuelve a interpretar esta imagen -analógica- a través de sucesivos pixelados, un poema tras otro. Porque, como ya se encarga de anunciar el propio autor: Ahora yo ya sólo aspiro a las enumeraciones.

Pero no sólo ocurre esta traslación -metafórica- de lo analógico a lo digital (el fiat del libro ya es indicio suficiente de lo que ocurrirá más adelante, y así lo ofrecemos como prueba: mi cara digitalizada en el parpadeo de la pantalla. A mitad de la calle un portal, 1 m de acera, 2 m de aire, escenario en que el tiempo [emboscado en su abstracción sin masa ni peso] a fin de encarnarse saqueará el recuerdo.), sino que también se produce el recorrido inverso, el que va de lo digital a lo analógico (pues qué es el poema, al fin y al cabo, sino la versión analógica de los sucesivos pixelados que se enumeran en el libro). De alguna manera es posible entrever en el pixelado la opacidad de la memoria, imagen virtual que se actualizaría -cada vez de manera distinta- en el poema. Y es que la pregunta esencial que puede extraerse y abstraerse de la lectura de Carne de píxel podría enunciarse de la siguiente manera, variante de aquel enigma irresoluble del huevo y la gallina: ¿qué fue antes, la carne o el píxel? En ese territorio, en el límite que se abre entre el genitivo activo y pasivo del título, se juega la escritura de Fernández Mallo.

Y es que el autor -científico, no lo olvidemos de (de)formación- parece ser consciente de hasta qué punto el mundo virtual representa el triunfo de la idealidad platónica:Hay en el píxel una metafísica. En este sentido Fernández Mallo quizás sea uno de los pioneros en el tratamiento literario de un motivo que se viene imponiendo dentro de las artes plásticas, la lábil frontera entre el mundo así llamado analógico y el otro mundo, ese que parece amenazarnos con su imparable hipertrofia: el universo virtual. Más que con otros escritores, habría que emparentar a Agustín con artistas plásticos tales como Michael Somoroff (Quero) o Fontcuberta (Googlegramas), en tanto Carne de píxel tiene que ver con la reflexión acerca de la naturaleza de la imagen.

Ese pixelado -llamémosle- original del que ya hablamos anteriormente jamás podrá agotarse por la vía analógica del poema, precisamente porque tras él está el de una mujer que llora bajo la lluvia, que es la Ingrid Bergman de Viaggio a Italia ante el hombre y la mujer abrazados (restos petrificados de una pareja pompeyana recién desenterrada), o el del androide de Blade Runner diciendo aquello de he visto cosas que nunca imaginarías. Recuerdos, pixelados. La escritura como memoria artificial, algo que ya nos enseñó Platón. Así el mundo de la imagen y -como era previsible- el cine son referencias imprescindibles en este libro.

Al mismo tiempo, y de manera paralela a la historia -llamémosla así- principal, Agustín, fiel a su credo postpoético, se apropia de una noticia que tiene que ver con la astrofísica, en particular con la existencia de los agujeros negros. Contrapunto científico éste que, retomado una y otra vez (Fernández Mallo maneja como pocos el "estribillo" poético), resuena junto a la carnalidad pixelada (el misterio más profundo está en la materia) del resto de poemas. El agujero negro como metáfora quizás de la memoria, vacío invisible que sin embargo gobierna -paciente como una araña en el centro de su tela- el devenir de la galaxia.

Dualidad de la carne y el píxel, de la materia y su metafísica. El mundo -el viaje y la vida- vistos a través de lo virtual, y viceversa. Un terreno fértil que recién empieza a roturar la poesía española."

CARNE DE PíXEL
Publicado el 28/04/08 por Javier Moreno

cgamez dijo...

Aunque el debate se va atenuando, querría colgar este extracto sobre la teoría Actor-Red de Bruno Latour. No está traducido porque no soy muy bueno traduciendo del inglés. Si alguien no lo entiende, trataré de traducirlo. Conste que se trata de una teoría reduccionista y relativista como sus autores indican:

"Put too simply ANT (Actor Network Theory) is a change of methaphors to describe essences: instead of surfaces one gets filaments (or rhyzomes in Deleuze's parlance (Deleuze and Guattari, 1980). More precisely it is a change of topology. Instead of thinking in terms of surfaces -two dimension- or spheres -three dimension- one is asked to think in terms of nodes that have as many dimensions as they have connections. As a first approximation, the ANT claims that modern societies cannot be described without recognizing them as having a fibrous, thread-like, wiry, stringy, ropy, capillary character that is never captured by the notions of levels, layers, territories, spheres, categories, structure, systems. It aims at explaining the effects accounted for by those traditional words
without having to buy the ontology, topology and politics that goes with them."

En http://www.nettime.org:80/Lists-Archives/nettime-l-9801/msg00019.html

Un saludo.

Anónimo dijo...

Traducción express del texto aportado por cgamez:

Resumiendo en extremo, ANT (Teoría Actor-Red) es un cambio de las metáforas descriptivas: en lugar de superficies tenemos filamentos (o rizomas en terminología deleuziana). Se trata más bien de un cambio de topología.
En lugar de pensar en superficies bidimensionales, o en esferas -tres dimensiones- se le pide a uno pensar en nodos con tantas dimensiones como conexiones. En una primera aproximación la ANT sostiene que las sociedades modernas no pueden ser descritas sin reconocer su naturaleza fibrosa, filamentosa, cableada, capilar, que nunca llega a ser capturada por las nociones de niveles, capas, estructuras, territorios, esferas, categorías, estructuras, sistemas. Su propósito es explicar los efectos enumerados por estas palabras tradicionales sin asumir la topología, ontología y políticas que suelen conllevar.

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c.m.

Anónimo dijo...

Paul Davies y supercuerdas.

Globos, burbujas, espumas del otro Peter.

Wired and The Wire.

La mazmorra.

Mandalas.

Neurocultura de Francisco Mora.

En fin, por dónde empezamos. Suena muy interesante, cgamez.

Hasta otra.

c.m.

cgamez dijo...

Gracias, Carlos Maiques por tu traducción express y las sugerencias que comentas. Creo que estos modelos, además de permitirnos nuevas formas de conocimiento, son muy interesantes para aplicarlos a las artes (expresión). Un saludo.

Anónimo dijo...

Gracias a ti, cgamez. En suma, porque estas teorías se completan y no se anulan entre sí, también estamos entre cambios de paradigma, al decir de Thomas Kuhn. Es fascinante cómo un mito pervive como imagen, y va modificando sus cualidades atravesando siglos, mientras las teorías vienen y van. Respecto a la imagen del surfista inicial, no opondría la de profundidad, y se me ocurre que esa es la razón de la que hayas escrito sobre ANT (habrán tenido en cuenta que significa hormiga, supongo, y colectividad, entre otras implicaciones; sobre las hormigas, no olvidemos, hay batallas incendiariass entre sus estudiosos) El alucinante mundo de los artrópodos, ya sabes. Un saludo.

carlos maiques

Anónimo dijo...

En cuanto a la aplicación de la/s teoría/s al ámbito de la práctica (artística en este caso, el de tu comentario), me parece que cualquiera sirve mientras el trabajo no quede sólo justificado por su soporte intelectual. En la entrevista a Ángel González en El País, no hace mucho, venía a decir que el arte era una suerte de reestructuración transitoria de la realidad. Una obra que se limitara a reflejar su concepción previa, a su entender, sería insuficiente. Pero es una opinión que no es muy compartida que digamos hoy en día. Nos vemos en otro pasadizo.

c.m.

Wilco dijo...

Qué bueno lo de las hormigas, carlos

Si vamos por el pasadizo hasta la entrada de Ballard, creo que el mismo cm ha escrito "allí" respecto a lo que hablamos "aquí"

Voy y vengo.

"Ballard es asombroso:

'Un gusto generalizado por la pornografía nos dice que la naturaleza nos alerta sobre amenazas de extinción.

Los electrodomésticos, los ordenadores personales en especial ayudarán a la emigración del interior, la salida opcional de la realidad. La realidad ya no va a ser lo que está fuera, si no lo que está en el interior de tu cabeza. Va a ser comercial y desagradable a un tiempo.

Todo se va convirtiendo en ciencia ficción. Desde los bordes de una literatura casi invisible ha brotado la realidad intacta del siglo XX.


Dado que la realidad exterior es una ficción, la tarea del escritor es casi superflua. No necesita inventar nada que ya no se encuentre allí.

Una palabra resumiría mis miedos ante el futuro: aburrido. Y ese es mi único miedo: que ya todo ha pasado, nada excitante o nuevo o interesante va a ocurrir. El futuro tan solo va a ser un gran, tranquilizador afuera del alma.


Ciencia y tecnología se multiplican alrededor de nosotros. En un grado creciente dictan los lenguajes con los que pensamos y hablamos. O utilizamos estos lenguajes, o bien nos callamos.

Lo que nuestros hijos han de temer no son los coches sobre las autopistas del mañana como nuestro placer en calcular los parámetros más elegantes de sus muertes.' "

¿No os parece?

Cambio de topologías, de metáforas

el auténtico arte sabe permanecer en la superficie y sustraerse de su contexto 'más profundo' de realidad histórica"

Es fascinante cómo un mito pervive como imagen, y va modificando sus cualidades atravesando siglos, mientras las teorías vienen y van

Respecto a los indicios del cambio de forma de pensar, me hablaba hace poco una psicoanalista de lo evidente que ello se hace ya en las aulas entre los adolescentes. No hay duda.

Lo que nuestros hijos han de temer no son los coches sobre las autopistas del mañana como nuestro placer en calcular los parámetros más elegantes de sus muertes

¿qué fue antes, la carne o el píxel?

gression circular...

[cm, ¿todos los nodos son godianos?]

cgamez, sí Newton y la alquimia. En su época, me parece, no se podía hablar de ello abiertamente.
Y luego el desmadre: espiritas, teosofía, ciencia cristiana, nuevos movimientos religiosos o de otra índole.

Desmadre, cuanto menos indicativo de un problema y su adaptación hacia otras formas. Tras éstas, el resultado, pues, no es muy diferente diría.


Lacan, sí, qué curioso. Thanks, Vicente

cgamez dijo...

En relación a una conversación con Carlos Maiques e inspirado por Wilco:

Teoría Actor-Network: pensando en tu comentario sí, debería incluir lo fractal. Pero Latour, como Foucault, se interesa por la relación ciencia-tecnología-poder. Trabaja en los 80, no parece muy interesado por la matemática del caos (forma parte de los sociólogos de la ciencia que construyeron una crítica teoría de la ciencia: ciencia como negociación, como convención, como una de las formas del poder. Es hijo del 68). Nosotros no, somos de otro tiempo, podemos conectar ambas con neurociencias, con mandalas, con alquimia, con burbujas, con supercuerdas. Otros vendrán después y harán conexiones distintas, crearan su propia ANT cual hormiguero.

Especialmente interesante la conexión entre ciencia y teología (y poder político si me apuras): fisico hindú que considera las ruedas mejor metáfora que el Big Bang. Los cosmólogos consideran dos hipótesis: 1) Exceso de masa: el Universo se expande y se contrae cíclicamente en infinitos Big Bangs (visión teológica oriental); 2) Defecto de masa: el Universo se expande indefinidamente desde el Big Bang, antes la nada (visión teológica judeo-cristiana-musulmana, la flecha del tiempo). De qué depende, de la materia oscura (toma ya). No se puede responder. Newton, el filósofo natural ferviente cristiano (puritano como Cromwell). Su visión del Sistema Solar como una balanza, como algo en lo que Dios debe interactuar contínuamente (por tanto, Dios existe); democracia paralamentaria, sistema imperfecto, Locke, Hobbes. La visión de Leibniz: el Sistema Solar es un reloj, Dios intervino al principio, después es cosa de los hombres, absolutismo, idealismo, Descartes. Curiosamente, de Leibniz se derivó la visión atea del Universo, pero dándole la autoria a Newton (Laplace especialmente) (gracias Wilco). Los físicos franceses se olvidan de la religiosidad de Newton (¡era reverendo!). La República está por encima. Se tergiversa su visión, se silencia su alquimia, se olvida (cuidado, ese peligro puede acecharnos a nosotros en nuestras interpretaciones). Ahora ciencia y religión se dan la mano (no en Europa, desde luego). Pero el 80% de los premios Nobel de física son judíos, y algo saben de teología (aunque se declaren ateos).

Cambio. Red, surfista, realidad y literatura. Lo más interesante de la teoría de las hormigas (ANT), es que los nodos son no sólo personas, también objetos, conceptos teóricos, ideas, experimentos. Sí, ya sé que eso hace tiempo que se utiliza en literatura (Fernández Mallo sin ir más lejos, con su árbol, y los zapatos. Y Joyce en el Ulises con Elías vuelve, y la canción "Mi chiquita es de Yorkshire"). Pero es el mito, y como dices, Carlos, está por encima de la teoría. Por eso unas Nike Air, por ejemplo, pueden ser un nudo de la red, pueden conectar respeto, producción, estética, veneración en torno al objeto, consumo, explotación, clases altas, clases bajas, espectáculo, publicidad, marginación, capitalismo, globalización. Pueden suponer una gran metáfora contemporánea entre una red de personas y cosas.

Otro cambio. No creo que todo haya pasado. Para nosotros, sumidos en Imperium Civitas, tal vez. Pero algún día se acabará el petróleo, o no se podrá respirar (tal vez no lo veamos, espero). Y la red cambiará, y las conexiones también, y la producción, y las relaciones de poder, y sus estructuras (la historia no puede detenerse, Karmina Burana, grupo valenciano de los 80). Impredecible. Interesante.

Como veis, se me ha ido. Pero estoy en la red, y sé que vuestras interpretaciones y conexiones serán distintas y me enriquecerán.

Un saludo y perdón por la extensión.

logiciel dijo...

Muy interesante esta conversación entre los rezagados que disfrutan del silencio de la sala de actos ya vacía - como suele pasar, por otro lado -.

No creo que la cuestión consista en si surfear o zambullirse, sino en que los pasadizos, nodos, filamentos y rizomas deberían servir para generar nuevas resonancias y no simplemente ecos, lo que de hecho ha sucedido siempre en arte. La diferencia es que ahora resulta relativamente sencillo seguir los garbanzos de Hansel y Gretel, y ahí está el reto.

Un saludo

Vicente Luis Mora dijo...

Estoy de acuerdo contigo, logiciel. En realidad, el funcionamiento no debería ser muy distinto del que tiene el cerebro humano. La información necesita neurotransmisores para llegar de una neurona a otra y "activar" la sinapsis. Vuestros comentarios a este post son un ejemplo. Saludos.

Vicente Luis Mora dijo...

Los debates no decaen, los libros los reactivan.

Poema de Ernesto García López en su libro recién aparecido:

NOMBRES Y SUPERFICIE

Disputar nombres a la superficie.
Burlar la superficie de los nombres.
Acabar con la disputa que divide
nombre y superficie.
Arrinconar el fracaso de los nombres,
el fracaso de la superficie,
el fracaso de los nombres en superficie.
Transplantar la sabina de los nombres
al parterre herido de la superficie.


E. García López, "El desvío del otro", Devenir, Madrid, 2008, p. 23.