domingo, 1 de noviembre de 2009

Pasado artístico y el kitsch

1. En su primer disco, Let love rule (1989), Lenny Kravitz utilizó técnicas de grabación de los años 70, para dar mayor autenticidad a la música. Quería que sonara real, sin interferencias electrónicas ni sampleados, para lo cual se encerró en un estudio de Hoboken (New Jersey) utilizando equipos antiguos, amplificadores de válvula de veinte años de antigüedad e instrumentos setenteros. El resultado fue fabuloso:
http://www.youtube.com/watch?v=YwTMUoVYVFE

Veinte años después, EMI lo ha reeditado con mucho material añadido y una buena remasterización.
Aquí cuenta Kravitz, en una entrevista con Rolling Stone, cómo escribió la letra de “Let love rule” en una pared y un día, al entrar a la casa y verla, entendió que allí estaba todo. Escribir en la pared, tocar como en los setenta. Borges dijo que él escribía para la Antigüedad.

2. Black Dynamite (2008), de Scott Sanders, se plantea como una parodia deliberada de las películas de blaxplotation de los años 70. Lejos del rescate de Tarantino en Jackie Brown (1997), donde se intentaba partir de Pam Grier –una de las heroínas del blaxplotation y de la época– para hacer un homenaje oblicuo y elegante, Black Dynamite es una inmensa broma, pero que utiliza el mismo ritmo, los mismos encuadres y el mismo tipo de celuloide que aquellas cintas. Algo así intentaba Tarantino en las escenas de entrenamiento de la protagonista de Kill Bill, pero también había aquí más homenaje a las películas de Bruce Lee que chanza o parodia. Sanders va más allá; intenta hacer en 2008 la última película del género, a costa de la carga kitsch; la ironía la convierte en un producto hiperconsciente, posmoderno, donde la burla no es tanto sobre el género huésped como sobre la película misma:



3. Miquel Barceló presentó en 2002 en la Galería de Arte Moderno de Roma una amplia retrospectiva, entre cuyas piezas se contaban algunas cerámicas hechas con materiales de la época pompeyana, y a imitación de las mismas. El artista declaró: “es un sitio magnífico, y lo mejor es que tengo a disposición los materiales que usaron los artistas de Pompeya hace dos mil años, la arcilla y los pigmentos antiguos, como el negro de manganeso”. Aquí el anacronismo es insalvable. Se produce algo que nace muerto, como la ciudad revisitada.

4. El Discovery Channel se propuso reconstruir las máquinas diseñados por Leonardo da Vinci, utilizando exclusivamente las técnicas existentes en la época. Aquí está el resultado:




5. Sky Captain and the World of Tomorrow (2004), de Kerry Cornan, es el último ejemplo y el colmo del oxímoron; al “mundo del mañana” se llega mediante la revisitación estética de Metrópolis (1926), y por lo tanto a partir de un deliberado viaje al pasado. Es dudoso si el anacronismo buscado gira en torno al kitsch o más bien a la idea de una distopía clasicista; pero en cualquier caso la resurrección digital de Laurence Olivier en la película, similar a la que Natalie Cole obligó a su padre, Nat King Cole, en Unforgettable, la dota de un ambiente espectral. No hay más allá del tiempo, sino un tiempo paralelo, inexistente, irreal, creado por la ficción del lenguaje cinematográfico pervirtiendo –sin ironía, con una helada convicción– las pautas de la lógica del rescate. Quizá eso explica cómo, a pesar de su calidad visual, ha pasado rápidamente al olvido:



Olvido que quizá pueda no afectar a La antena (Esteban Sapir, 2007), una original película argentina, cuyas recuperaciones estéticas no sólo hacen brindis a la fantasía, sino también al humor, a la crítica política, a la estética publicitaria y a la inteligencia narrativa:




Cinco formas de proyectarse hacia el pasado. De volver para… ¿lanzarse al futuro? No lo creo, no en todos los casos. Se ronda siempre el kitsch, sea en la acepción tardorromántica de “velo rosado arrojado sobre lo real (…) mal estético supremo” (Milan Kundera, El telón. Ensayo en siete partes; Tusquets, Barcelona, 2005, p. 67), o en el sentido –anterior al de Kundera… y acaso más moderno- de Gillo Dorfles. Escribía Dorfles en Nuevos ritos, nuevos mitos (Lumen, Barcelona, 1969) que el kitsch tiene dos dimensiones, una de mitificación y otra de fetichismo (a la que habría que sumar la histórica, estudiada con profundidad por Matei Calinescu). Creo que cuando en una obra de arte (o en un acto de recuperación científica, como en el caso de las máquinas de Leonardo) se pone más énfasis en la primera que en el fetichismo, hay posibilidad de que la búsqueda realizada obtenga algún tipo de éxito. Creo que ése es el caso de Kravitz, cuya obsesión era cierto sonido y no la antigüedad de los instrumentos utilizados para conseguirlo. Estos eran sólo un medio. Sky Captain, en cambio, se deja llevar por el fetiche; la devolución virtual, poshumana, de Olivier, responde a un deseo de reestimulación forzada, innecesaria, como diciendo si Olivier viviera hubiera querido formar parte de esta película. Lo dudo. Incidir en el aspecto mitificante hubiera implicado elegir a un buen actor actual y hacerle interpretar a Olivier, algo que no casaba en la lógica de la película, pero sí en la lógica del mito. Sky Captain se queda, por tanto, a medio camino. Como decía con acierto el arquitecto Jean Nouvel, "raramente un neofenómeno sobrepasa la potencia que tuvo el original. El neogótico aplicado a los rascacielos como técnica de adquisición de inmediata profundidad histórica por parte de una civilización mergente puede tener algún interés, pero nunca la misma potencia expresiva de aquellas culturas capaces de expresar directamente sus valores" (entrevista en revista El croquis, nº 65-66, 1994, p. 19). Los regresos al pasado ejecutados con deliberación tienen sentido sólo cuando buscan ser una ironía con destellos de inteligencia (Black Dynamite, La antena), o cuando se plantean como el medio instrumental de recuperar algo valioso perdido, o en peligro de extinción. Sólo en esos casos aportan algo al tiempo real, y dejan de ser una simple reverberación forzada del tiempo aniquilado.

24 comentarios:

Alvy Singer dijo...

Qué ganazas de ver Black Dynamite. Unas cuantas reflexiones:

Cuando fuí a la charla de Raúl Minchinela sobre su Repronto en la facultad de Bellas Artes de la UB hizo una defensa a ultranza de lo retro usando los tebeos de Warren Ellis como modelo. Citó a Ellis y dijo “quién me ha robado mi mochila voladora”. El futuro es retro nos explicaba Minchinela. Voy a ir un poco más allá intentando descifrar esa película imposible que es Sky Captain y el mundo del mañana (2004, Kenry Conran) para mi un CLÁSICO superior a dos ejemplos que intenan exactamente lo mismo y se estrellan por distintas razones....Las películas son King Kong (2005, Peter Jackson) e Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008, Steven Spielberg).

En King Kong, Peter Jackson propone una insólita variante del remake: el remake alucinado. Toda su película es una relectura casi paso por paso del original, pero amplificada. En el proceso (singular, qué duda cabe) de exagerar lo que ya estaba allí, Jordi Costa ha visto no pocos símiles con procedimientos del videoarte. Lo fascinante (para mí) está en como su visión hiperrealista del sense of wonder (ahora vemos el Empire State de un modo que la técnica del cine de los treinta no lo permitía) hace desaparecer al sense of wonder, por muy hermosos que sean sus habitualmente intricados travellings que rondan a una Nueva York 'de los treinta de verdad' y su amanecer y su isla. En King Kong, la ecuación de Jackson le restaba el pulp a la gran obra cinematográfica dedicada al monstruo encima del momento, al mito fundacional de nuestro fantástico.

En Indiana Jones y el reino....Steven Spielberg devolvía al héroe, a los compases de John Williams y todos nos sentíamos como en aquella viñeta de Daniel Clowes tan memorable en la que un personaje aseguraba que sentía nostalgia de como los ochenta releían los cincuenta. Más o menos eso parecía reclamar una generación de treintañeros: una película nostálgica a la manera de los cincuenta, los cuarenta y los treinta. No se daban cuenta, claro, pero el secreto del éxito de Indiana Jones estriba en estirar hasta el límite (hitchockiano) las lógicas aventureras de El tesoro de Sierra Madre; Gunga Din; Las Minas del rey Salomón y un largo etcétera de películas favoritas que Spielberg citaba implícita o explícitamente en su saga. Al colocar, irónicamente, su héroe en los cincuenta, Spielberg lo mostraba desclasado en una época en la que los nazis ya no eran el evidente elemento villano y eso lo dejaba en un sitio problemático, odiado por su pais y desterrado por los rusos. Lo curioso de la pirueta nostálgica era la artrosis narrativa de lo que en su mejor forma era set piece tras set piece y aquí era todo irregularidad.

Alvy Singer dijo...

Para mí en Sky Captain and the world of tomorrow está el secreto. Su estética busca el futuro del cine (recordemos que fue la primera película rodada íntegramente con pantallas azules, antes que la celebrada y arrítmica Sin City) en la espeleología de las portadas de los viejos Sci-Fi Magaizne y realmente la encuentra: camufla en ese Metrópolis langiano esos robots gigantes que tantas portadas llenaron, desde los treinta a los cincuenta, Weird Stories, Sci-fi Magazie et. al. La melodía de Edward Shearmur remite....a la de John Williams para Indiana Jones. El encuentro con Angelina Jolie en la base área hace pensar en un cruce imposible entre Star Wars y el viejo cine de aviación y es imposible porque es redundancia, cuando no oxímoron: en Lucas ya estaba el saqueo, por la faceta nostálgica como todos los posmodernos norteamericanos de la primera generación, de esas viejas películas de guerra que aquí son un espejismo ¿futuro? La paradoja prosigue y llegan hasta Shangri-La, viejo lugar exótico del cine de aventuras de antaño que aquí se antoja lugar absolutamente asombroso y...¿nunca? Visto. Jude Law y Gwyneth Paltrow interpretan a actores clásicos antes que a personajes, remodelan viejos gestos de George Sanders algo de la fanfarronería de Ford y del Captain Mystery (inolvidable serial de aventuras aviadoras), y Gwyneth Paltrow es una mezcla imposible entre Veronica Lake y Katherine Hepburn.

A mí, esta película que se finge retrofuturista para ser rabiosamente contemporánea, teniendo en cuenta todas y absolutamente todas las variantes de la ciencia ficción y las aventuras (el villano es una gran summa del simulacro: perfecta metáfora de la película y de la posibilidad de un pulp en los tiempos post-Matrix) de los últimos cincuenta años.......Una gozada que, ojalá, no se mantenga desclasada mucho tiempo porque es única. Y eso es algo que puedo decir mu pocas veces de ciertas películas.

tropovski dijo...

Ayer por la noche veia, despues de mucho tiempo sin hacerlo, Brazil; y me dije: mañana, una entrada para mi blog llamada "Regreso al retro-futurismo". Hoy paseo por aqui y... ¡wow!

mario cuenca dijo...

Curiosa también la revisión del Sgt. Pepper's que encargó la BBC a varias bandas actuales (Oasis, Razorliht, The Fray, Kaiser Chiefs...) con motivo del 40 aniversario de su publicación. Se "volvió a grabar" el álbum en una mesa de 4 pistas como la de entonces, con la microfonía de entonces y, por supuesto en el mismo estudio y con los mismos técnicos. Mismos medios, mismas canciones, pero tics vocales, arreglos y actitudes de otro tiempo.

Vicente Luis Mora dijo...

Gracias, Mario.

Querido Sr. Singer, respetando su valoración, aunque a mí no me pareció tan excelente -mis disculpas- Sky Captain (me pareció muy correcta, algo notorio tratándose de una opera prima), no entraba yo a valorar tanto la calidad de la película como el modo en que su tratamiento del kitsch la ha conducido rápidamente al olvido. Porque no le quepa duda de que esa película ha pasado ya, no al limbo, sino al purgatorio del olvido. Los mecanismos del oblivion mode son complicados, casi tanto como los del éxito comercial, pero algo tienen en común, y es su engarce íntimo con la santa voluntad de los espectadores / compradores. Algo hace "click" y engancha con el público; algo hace "plof" y la película o el producto (Windows Vista, por poner un ejemplo) se sepultan en el modo olvido; recuerde cómo el público PC se desintalaba el Vista en su flamante ordenador nuevo y volvía al XP, lo que ahora que lo pienso es también es un gesto de retrofuturismo...

El asunto es que Sky Captain ha pasado al letargo, y los síntomas son claros: su estética se ha disuelto, no ha enganchado, no aparece en la iconografía de la publicidad actual, no es "citada" en series de televisión, ni en otras películas (hasta Terminator tenía su "Sherminator" esperando en American Pie), ni en parodias de humoristas o gags del Saturday Night Live. ¿La recuperación que en esa cinta se hacía de Metropolis? Las referencias no acuden a ella, sino a Metropolis directamente. ¿El tratamiento de los personajes con sombreros, al estilo clásico del Hollywood de los 40? Nein, el imaginario recurre a la actual serie Mad Men, o a la película de Lee Tamahori Mulholland Falls (1996), estrenada en España con el nefasto título de Abuso de poder. En el recuerdo de los espectadores y en la capacidad de cita de los mecanismos (artísticos, cómicos o comerciales) de reproducción estética, no ha quedado un hueco definible para Sky Captain. Eso no quiere decir que sea una mala película, sino que no ha sabido lidiar con el poder simbólico del kitsch, que es otra cosa y algo muy complicado de gestionar (quizá demasiado para un debutante). Un abrazo.

Alvy Singer dijo...

¿Está tan convencido? Piense en la técnica y en las influencias: Sky Captain rinde tributo no solo a Metrópolis, sino también a los cortos de Superman de los hermanos Fleischer, a las expos mundiales de principios de siglo y demás pulp/Art Déco. ¿Realmente cree que sin Sky Captain hubieran sido posibles Sin City y The Spirit, otras dos películas donde la urbe retrofuturista es la estrella? Concedo la evidfencia de que Miller y Eisner están antes como fuente, pero tiempo atrás era imposible imaginarlos de ESE modo en la gran pantalla...

Y desde una perspectiva más pequeñita, The Mercury Men, anunciada como un serial por entregas para la red, no creo que fuera posible SIN el camino estético que redescubrió Kerry Conran: http://www.mercuryseries.com/.

En lo que resta a su impacto relativo estaría de acuerdo. Pero añadiría estos tres ejemplos para seguir con estas suposiciones, claro.

Alvy Singer dijo...

Ah y no olvidemos que John Carter From Mars fue 'recuperada' para el cine con Kerry Conran al mando, en pleno 2004. A día de hoy ha sido sustituido por Andrew Stanton (Wall-E) y al guión está otro amante de la pulpa aventurera, Michael Chabon. Veremos si queda algo de la técnica que inventó Conran para ahorrar la construcción de sets y de su estética, claro.

Vicente Luis Mora dijo...

Sr. Singer, creo que estamos caminando por dos líneas diferentes; usted está haciendo un uso autotélico de lo referencial, y yo heterotélico; usted habla de un sistema de referencias intrafílmico, en el que todo lo que usted dice es seguramente exacto -sabe usted mucho más que yo de eso-, pero yo le hablo de(sde) una exterioridad simbólica, que es justo donde no se ha producido la recepción de la película. Ahogada en referencias, ha perdido la oportunidad de ser ella misma referencia para otras. El problema, lo he estado pensando después, es que hay que ser muy grande como lector del pasado (Tarantino sería un ejemplo) como para no ser devorado por él. Me explico: si uno relee desde el cine algo tan simbólico referencialmente como Metrópolis, lo normal es que quede sepultado por su poder icónico, sin poder plantear un modelo alternativo. Hace poco ha leído usted a Bloom y sus angustias influenciales: recuerde a Joyce y sus angustias con Shakespeare, recuerde a Faulkner y sus angustias con Joyce, recuerde a García Márquez o Benet y sus angustias hacia Faulkner. Sólo cuando esos artistas se salen de la órbita del icono artístico anterior pueden alcanzar cotas semejantes a las "combatidas". Lo que intento decir es que Sky Captain se lanzó a un combate suicida contra todas esas referencias que usted cita sin utilizar los mecanismos desmitificadores adecuados; no utilizó la ironía (Sanders), ni la resituación dentro de un código estético contemporáneo más amplio (Tarantino), ni la deglución en un código estético personalizado que a su vez plantease elementos nuevos y socialmente críticos (La antena). Es decir, el retrofuturismo muere cuando es pura retroalimentación y vive cuando es realimentación, cuando se toma como punto de partida para buscar algo nuevo, ajustado al presente... y no al pasado.

Bueno, esta es mi opinión; si no le gusta, ya sabe lo que dijo el maestro Groucho, tengo otras ;)). Un cordial saludo, Sr. Singer, y gracias eternas por obligarme a pensar.

Anónimo dijo...

"Los regresos al pasado ejecutados con deliberación tienen sentido sólo cuando buscan ser una ironía con destellos de inteligencia (Black Dynamite, La antena), o cuando se plantean como el medio instrumental de recuperar algo valioso perdido, o en peligro de extinción. Sólo en esos casos aportan algo al tiempo real, y dejan de ser una simple reverberación forzada del tiempo aniquilado."

No olvidemos que siempre marchamos hacia el futuro aunque miremos hacia cualquier otro punto cardinal del tiempo.¿Cuál es el futuro de un lemming, ese roedor que parece inventado por Borges? Me interesa esa tarea, exitosa o no, de emplear el tiempo presente en alucinar legados, reparar sentidos e implementar artefactos para uso recreativo. Una faena no exenta de riesgos. Un saludo y hasta otra.
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c.m.

Vicente Luis Mora dijo...

¿Qué haríamos los críticos literarios, cinematográficos, artísticos, culturales, sin esas revisitaciones, Carlos? Por supuesto que las necesitamos -también los lectores/espectadores. Pero la cuestión es discriminar entre quienes aciertan más y menos en ellas. Al final no somos nosotros, por fortuna, quienes ponemos las cosas en su sitio, sino los lectores y espectadores.

Anónimo dijo...

Lo que sí me ha parecido, y en esta entrada ya lo adviertes desde el comienzo, es la voluntad de comentar actitudes y posibles logros, sin ánimo exhaustivo, por supuesto.

Se trata también de una revisitación que nunca se detiene (desde Vasari, y mucho antes,y mucho después), sólo que a veces la pata de elefante es más clara que algunos detalles más sutiles. Las búsquedas nunca son, en principio (otro asunto es la apatía indolente, que es un modo presuntamente indolente de dirigirse a la parálisis, que no a la ataraxia), para encontrar algo no valioso, es por ello que "sólo en esos casos aportan algo al tiempo real". La atención es primordial, como sugieren algunas obras de Bruce Nauman. Lo que valoro de Sky Captain, por citar uno de tus ejemplos, es la persecución personal de Conran, su esfuerzo (la peli me gusta, pero no tanto)

Por cierto, sin venir al caso, se me ocurre pensar que en Tiempo, en lugar de mirar atrás, se podría pensar en una inmersión en su materia, a la manera del increíble hombre menguante. Un saludo y hasta otra.
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c.m.

Javier Esteban dijo...

Para mí, Sky Captain es precisamente un ejemplo de cine que fracasa en su acercamiento a lo retrofuturista de la ciencia ficción, algo que queda en evidencia comparado con el ámbito literario (un ejemplo temprano y fundacional fue "El Continuo Gernsback" de Gibson) o del cómic (Alan Moore, sin ir más lejos). Y es que al hablar de retrofuturismo o nostalgia pulp, a estas alturas, no se debe obviar la mirada irónica ni a la realidad hitórica en la que aquellos referentes se forjaron y a nuestro propio momento. Lo mismo les pasó a sus predecesoras "Rocketeer" y "The Shadow". Por eso mismo, creo que las trilogías originales de Star Wars o de Indiana Jones (aquí a cada película más irónica, por cierto) funcionaron, pero sus réplicas posteriores decepcionaron.

Vicente Luis Mora dijo...

He introducido en el cuerpo del post esta cita del arquitecto Jean Nouvel, que me parece demoledora:

“Raramente un neofenómeno sobrepasa la potencia que tuvo el original. El neogótico aplicado a los rascacielos como técnica de adquisición de inmediata profundidad histórica por parte de una civilización emergente puede tener algún interés, pero nunca la misma potencia expresiva de aquellas culturas capaces de expresar directamente sus valores”; Jean Nouvel en El croquis, “Jean Nouvel 1987-1994”, nº 65-66, Madrid, p. 19.

Anónimo dijo...

Otra cosa, ahora que estamos a veinte años de, pongamos, el primer disco de Stone Roses, o Disintegration, y tantos otras grabaciones que marcaron su época, no dejan de aparecer autores muy jóvenes, algunos tanto como para casi ni poder andar entonces, o no haber nacido, que miran atrás, desde una tecnología punta, para aprender un sonido, saber cómo se construyeron espacios como los de Loveless, de My Bloody Valentine, o qué tenían las pastillas en Ibiza en 1987. No sé si esto es trasladable al cine o la literatura (intuyo que sí), pero ese taller personal se me aparece como una manera completamente contemporánea a su vez de marcar el territorio de cómo se escucha, cómo se lee, y de qué modo miramos el desierto (u otra inmensidad) desde nuestra ciudad de recuerdos.
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c.m.

Alvy Singer dijo...

Joder, qué bien se explica.

Hautor dijo...

Disculpen si me pongo filosófico, pero creo que el fenómeno del kitsch se vincula sin remedio a las (pre)concepciones historicitas que predominan en nuestro tiempo. Sólo el que cree que algo aconteció de determinado modo (en un tiempo fijo, sujeto a ciertos condicionantes sociales), un modo archivable (en forma de documento, de listado de instrumentos, de grabación visual o sonora) puede caer en el kitsch. Y esto, naturalmente, tiene que ver con el fetichismo (que es un tropo metonímico por excelencia), con la reducción del acontecimiento a la imagen que tenemos de ella. Creo que la única manera de no caer en el kitsch es mantener una visión del tiempo no historicista. Aby Warburg, Benjamin, Huberman y Bloom son buenas referencias en ese sentido. Si uno parte de que nada aconteció 'del todo' en el pasado, de que los antiguos no sabían todo sobre su obra (como tampoco los contemporáneos los sabemos de la nuestra), de que no existe el sentido clausurado de ninguna obra de arte del pasado, sólo en ese caso el hombre actual puede acudir a ella e intentar elucidar lo que quedó por decir en esa obra. Lo que diferencia al kitsch de la obra artistica es que esta última siempre es una -nueva- lectura de la que le precede. Este gesto no tiene que ver propiamente con la imitación, ni mucho menos con la copia, sino más bien con el misreading de Bloom o la 'imagen dialéctica' de Benjamin. Y, por supuesto, yo quitaría 'La antena' del prontuario de lo kitsch.

IváN dijo...

Tal vez todos esos proyectos puedan definirse como un ready made temporal. Son post-postmodernos, porque no les interesa tanto la simultaneidad en el espacio sino una cierta colonización del tiempo. Hay asimismo algo bastante conservador en creer que la similitud con las condiciones originarias o seminales garantizan la "verdad" de sus propuestas. Podrías incluir a Ry Cooder: este no sólo buscó las músicas e instrumentos originales de Viet Nam o Cuba, sino que en el paquete incluyó incluso a los viejitos. En "Los pasos perdidos", de Alejo Carpentier, y en "Fitzcarraldo", de Herzog, me parece ejemplar la presentación de esta obsesión por el viaje a mundos incontaminados por el presente. Abrazo.

Alvy Singer dijo...

En ESE sentido no historicista puede leerse Sky Captain and the World of Tomorrow. Quiero decir, que me parece muy claro que no ironiza, ni propone una reutilización....pero ¿acaso esas referencias habían sido tomadas como una única (e interesantísima) concepción estética (y del mundo? Es decir ¿alguien se había planteado que puedes contar una de mad doctors (simulados) si conoces los seriales de aviación y le das una bso post-Indiana Jones para que cierta generación consiga situarla? ¿Alguien ha caído en la cuenta que si tomas elementos y logros de los cortos de Superman (que vive justamente en Metrópolis) y los traes al expresionismo alemán, tiene sentido si usas los códigos narrativos del pasado y lo lees como un todo? Sí, Kerry Conran y estoy absolutamente de acuerdo con él y con Vicente en que posiblemente sea un movimiento modesto...pero a mí ya me parece uno muy significativo e interesante porque es ampliar la misma pirueta de 'Raiders of the Lost Ark' (James Bond de los 30), aunque esté más cerca de los presupuestos de The Hudsucker Proxy (1994, Joel Coen).

Se me ocurre otro referente, inapelable para continuar nuestro debate, y es 'Tom Strong' de Alan Moore. Moore, ustedes lo saben, ha deconstruido (Watchmen, MiracleMan), ha reconstruido (Top Ten) e incluso nos ha dado una clase magistral de semiótica y cultura (Tomorrow Stories). 'Tom Strong' es, en teoría, un homenaje a los héroes pulp: un tipo criado en la selva (como Tarzán), pero por unos padres científicos y experto en ciencias (Doc Savage), aunque con unos poderes y una honradez en su trazo dignas del más célebre nativo de Krypton. Le acompaña un gorila parlante y se dedica a salvar a....Millennium City. La diferencia de Moore es....que ambienta su tebeo en los 00s, pero apenas cambia directrices estéticas. Lo que quiero decir es que el (excelente) Control de todos los recursos de Moore es contemporáneo porque en ninguno de sus referentes cabía tanta imaginación junta. ¿O sí?

Anónimo dijo...

Muchos grupos y cantantes trabajan de la manera que expones en el apartado 1. para conseguir lo que se conoce como sonido "garaje" o vintage.
Lo digo porque al leerte parece que sea una singularidad de LK en el trabajo (vulgar en mi opinión) del que hablas.

Kakatúa

Francisco Javier Torres dijo...

Para burla, parodia y celebración del héroe más atildado de nuestra filmografía, échenle ustedes un vistazo a este avance de una película memorable, pero memorable de verdad. Black Dinamyte no le llega ni a los talones a 00, y eso a pesar de... bueno, ya saben. Un gozosísimo refrito pretarantiniano, prespilbergtiano, etc., etc.

http://www.youtube.com/watch?v=5jfftK6TRqI

logiciel dijo...

Es difícil revisitar sin caer en el 'déjà vu'.La mirada atrás no como nostalgia sino como guiño. Muy difícil. Y no soporto el 'vintage' que huele a nuevo, por ejemplo. Pero es sólo una opinión personal.
saludos

Alvy Singer dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=wGspm80jaZg

(Drácula vs. Frankeinstein)

Latitude Zero (1969, Inoshiro Honda)

http://www.youtube.com/watch?v=AEMDfCwnRGw

Como el pasado de estas películas es relativamente inmediato (las películas de terror de Frankeinstein y Drácula ; las películas de Godzilla mezcladas con el Dr. No). ¿Que son ellas? (La segunda es puro sense of wonder).

Antonio Ruiz Bonilla. dijo...

Puede que conseguir armonizar diferentes épocas y estéticas sea un arte en sí pero, ni Lenny Kravitz ni Sky captain logran atraparme por lo que son o hacen a partir de ahí.
Un saludo

logiciel dijo...

Oldies sobre oldies
http://www.youtube.com/watch?v=hVxFfD_jX3E

...es una pequeña broma, pero ambos difíciles de superar, aunque emulados hasta la saciedad.