martes, 5 de mayo de 2009

El éxito como enfermedad

[Este texto es una versión ampliada del aparecido en el diario Córdoba el 02/05/2009].

Win or go home
Lema de los playoffs de la NBA


Manuel Borja Villel, director del Museo Reina Sofía, decía hace poco en una entrevista que “el éxito es una obsesión anglosajona”. Como dándole -brutalmente- la razón, sólo un día después, la actriz anglosajona Stephanie Parker se suicidó tras cancelarse la serie de la BBC en la que trabajaba, Belonging.


En efecto, los anglosajones en general y los estadounidenses en particular sufren una enfermedad contagiosa (no me refiero a la gripe porcina, que tanto juego metafórico, y tan poco ingenioso, está dando a ambos lados del océano), que se transmite de generación en generación, y es el obsesivo síndrome del éxito. Les pongo varios ejemplos. Una vez, en una reunión por estas tierras con empresarios yanquis, uno de ellos anunció que se jubilaba. Los demás se miraron entre sí morbosamente, como diciendo: “uno menos; John está acabado”: el tal John iba a dejar de ser productivo y no podría tener más triunfos en el futuro... Otro caso, aún más inquietante: hace días unos niños jugaban en las calles próximas a mi casa, persiguiéndose unos a otros con las bicicletas. Se desafiaban de esta forma: “si no me alcanzas, eres el mayor perdedor del mundo”. El otro respondía: “si te pillo, serás un tarado y apestoso perdedor”.

Un programa televisivo norteamericano -bastante exitoso, por desgracia- se denomina Bigger Losers (Los mayores perdedores). El título es un juego de palabras. Se trata de un concurso donde se admiten sólo participantes de peso superior a 130 quilos, y gana quien más peso pierde en varias semanas. Ver un capítulo da vergüenza ajena, como podrán imaginar, tanto por la condescendencia con que son tratados los participantes como por el preocupante sentimiento de vergüenza que ellos sufren por su sobrepeso. El doble sentido del título alude a que el gordo (como el feo, como el bajito enclenque, como el albino, como el mutilado), está fuera del sistema, es un perdedor nato, es una especie de freak o bicho raro que no se atiene al sistema icónico tradicional dirigido al cuerpo danone.

El escritor mexicano Heriberto Yépez publicó el año pasado un librito pequeño y excelente, Contra la Tele-visión (Tumbona Ediciones, México, 2008) donde sacaba a la luz algunas escrituras discursivas de la televisión que no siempre son visibles entre las 625 o 1215 líneas, depende de si el receptor tiene o no alta definición. Escribía el autor: “las estrellas que el espectáculo coloca en su cielo convexo son las monedas aseguradas en el bolsillo inferior. Las promesas telefísicas, en verdad, se refieren a valores ya dominantes. Seducirnos de lo Mismo, seducirnos del nihilismo y la acidia (…) hacer seductora, atractiva, la confirmación de la tabla de valores imperantes, es la función fundamental del espectáculo. Comúnmente a esto se le conoce como éxito” (p. 29).

Pero no es sólo la pantalla. Los medios de inoculación del veneno del síndrome del éxito son a veces evidentes y a veces más sutiles y, por ello, temibles. Es frecuente ir conduciendo por estos lares y ver en la parte posterior de los coches pegatinas con lemas como: “Soy el orgulloso padre de un alumno destacado de Hill School”; o: “Mi hijo es honored student en la Universidad de Virginia”. Esas pegatinas son fabricadas por las propias instituciones académicas, que las regalan a los padres cuando sus hijos alcanzan las menciones. Hay cosas todavía más chocantes. Una de mis vecinas tiene un cartel en su ventana avalando que fue una animadora premiada en un concurso de animadoras deportivas (cheerleaders; ojo al “leaders", líderes, de la palabra).

Max Weber ya estudió cómo el crecimiento del protestantismo en los países anglosajones creó un modelo teológico que no era incompatible ni con el éxito colectivo ni con el enriquecimiento personal. Esta tranquilidad de conciencia, producida por un credo comprensivo con el modelo empresarial, puede explicar a juicio de Weber el rápido crecimiento de Inglaterra y Estados Unidos durante los siglos XIX y XX y su éxito económico (hoy en horas bajas). Decía Elías Canetti en La conciencia de las palabras (donde habla de una tranquilidad de conciencia muy diferente) que, para los hombres, “su deseo de vivir experiencias ajenas desde dentro no debería ser determinado nunca por los objetivos que integran nuestra vida normal u oficial, por decirlo así; debería estar libre de cualquier aspiración a obtener éxito o importancia”. En Europa, estas palabras suenan a utopía; en Estados Unidos, a algo absurdo, si no sacrílego. Es cierto que el fracaso cansa, como dijera Alejandro Rossi, pero el éxito continuo, sobre todo el de los otros, cansa una hartá.

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28 comentarios:

Anónimo dijo...

"Bigger Losers" no sólo en EEUU, Vicente, no sólo.

http://www.antena3.com/PortalA3com/Cuestion-de-peso/P_5352223

Hace una semanas he estado leyendo a un autor que conocí por una entrevista tuya, G. Saunders, y en Pastoralia, esa conciencia del éxito y ese perfil de seres "perdedores" es muy nítido. Sobre todo, me sorprendió un detalle, la exclusión espacial, la mayoría de esos personajes viviá a las afueras de la ciudad, en sitios poco definidos, pero excluidos.

Tampoco es raro el éxito de los libros de autoayuda y espiritualidad dudosa, y menos raro, la delgada línea que separa estos libros de otros sobre cómo triunfar económica y empresarialmente.

Vicente Luis Mora dijo...

Bueno, me gustaría hacer una puntualización creo que pertinente: en Estados Unidos, el 98% de la población, tanto los ricos como los pobres, viven "a las afueras de la ciudad, en sitios poco definidos". La tendencia a vivir en el centro de las ciudades es Europea, aquí sólo existe en Manhattan, y quizá en parte de San Francisco.

No es la localización lo que produce la exclusión, sino la falta de medios. Por lo demás, el libro de Saunders me pareció un absoluto hallazgo, como Guerracivilandia en ruinas, otro libro para guardar.

No sabía lo de Antena 3. Todo lo malo se copia. A ver cuándo las televisiones españoles, en vez de estas porquerías, importan algunas series de aquí fenomenales, como Wired, Curb your enthusiasm, In treatment, etc. Saludos.

Anónimo dijo...

Guerracivilandia en ruinas lo leí antes. De ese libro recuerdo mucho Descargando para la señora Schwartz. De todas maneras, me costó encontrar ambas obras de Saunders. Andan a mediodescatalogar, creo.

Sé algo de Geografía Urbana, pero sí europea, algo di en una asignatura optativa de la Facultad hace bastantes años. Pero bueno, hablaba más de un concepto de periferia que leí en algún sitio a Marc Augé.

Me conformo con que se importen series como House, A dos metros bajo tierra o Las Chicas Gilmore, tal como está la programación "qué me dejen como estoy".

Juan Murillo dijo...

La idea de Weber se basaba en lo que en el protestantismo se conoce como el llamado, que es a fin de cuentas lo que según Dios uno esta llamado a hacer en el mundo. En la actualidad el llamado común de todo americano, según el dictado del American Dream, es el de ser un consumidor. El nivel de éxito se refleja finalmente a través de los hábitos y estilo de consumo.

Cuando Fernandez Mallo abogaba hace poco por una TV de solo anuncios y sin programación no hacía más que reflejar que tan profundamente adoptado esta el llamado de ser consumidor en lo que hoy es la suburbia americana: las grandes ciudades occidentales.

Todo parece indicar que la adopción de esta filosofía de vida en China e India será lo que nos lleve por fin a un punto de quiebre a nivel mundial en cuanto a sostenibilidad se refiere.

Al cooptar el mensaje Jeffersoniano de la "pursuit of happiness" y unirlo de lleno con la competencia por el éxito, el sistema cultural americano ha conseguido que la gran mayoría no logre nunca ser feliz, en vista de que no todos podemos ganar. Una paradoja, si las hay, en la tierra donde todos los hombres son iguales (aunque unos son más iguales que otros).

Vicente Luis Mora dijo...

Interesante reflexión, Juan. Sólo una apostilla juridica: el derecho a perseguir la felicidad se remonta a los constituyentes franceses de la primera constitución de 1789; de ahí llega, por ejemplo, hasta el artículo 13 de la Constitución española de 1812, la famosa Pepa que dentro de poco cumplirá 200 años: "el objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen".

La I Guerra Mundial sacudió al mundo occidental de este sueño y, gradualmente, este hermoso derecho a lograr ser feliz fue desapareciendo de todas las constituciones. Los legisladores, a la vista de las circunstancias y de la materia humana con la que trabajaban, intentando lograr al menos el amparo legal, hicieron bueno el adagio de Flaubert y se conformaron con perseguir la tranquilidad, en vez de seguir buscando la felicidad de todos.

Isabel dijo...

Es lo que más triste me pone "que las personas no logren ser felices teniendo los medios para serlo" entendiendo como medios la capacidad de organizarnos la vida.

Esta actitud, tremendamente rentable para muchos, es lo que genera más conflicto y, llevado a la economía más gasto social.

Me encantaría que esta crisis hiciera a algunos replantearse estos valores dominantes que nos llevan por caminos equivocados.

Un saludo

Ibrahím B. dijo...

Vamos con un poquito de estética de la hipercita; el tema lo merece.

Hace poco se lo decía a Carlitox en mi blog: figura en el código normador o de conducta presente en el —llamémoslo así— Sistema Literario Vigente, un prejuicio espantoso que se retrotrae a la Escuela de Frankfurt, que se retrotrae a su vez a aquellos intelectuales de Weimar que empezaban a recelar del colonialismo americano (no me pregunten nombres, la referencia proviene de la entrevista a Martin Jav sobre Adorno en el número 83 de ‘Archipiélago’), y que guarda relación con la tendencia a emplear bizantinos eufemismos del tipo «dinamitar el horizonte de expectativas», «experimentar estéticas inéditas» o, simplemente, «innovar», para apelar a algo que igualmente podría ser referido como «ser competitivo», o también aplicar la «disrupción» o salto cuántico de la que el publicitario J.M. Dru hablaba en los (si mal no recuerdo) 70’, precisamente porque el concepto «competitividad» apela a manifestaciones culturales más o menos vulgares como pueda ser el fúmbol [Odio Barcelona, aprovecho para decir] (o en los ejemplos que propones: los programas basura), o a esa disciplina de la que la todos parecemos huir llamada Economía (Capitalista). Harold Bloom, que es un señor al que hay que oír y no temer, lo dice en su Canon: «A los escritores contemporáneos no les gusta que les digan que deben competir con Shakespeare y Dante, y aun así esa lucha fue lo que llevó a Joyce hasta la grandeza, hasta una eminencia compartida sólo por Beckett, Proust y Kafka entre los autores modernos occidentales.» Y todos sabemos que Shakespeare era un tipo sublime, pero también terriblemente obsesionado por superar a cierto dramaturgo contemporáneo suyo, del mismo modo que todos esperamos con los brazos abiertos la llegada de nuevos Becketts, Prousts y Kafkas. Tipos duros de verdad. Clints Eastwood de la Narrativa dispuestos a escribir novelas del tamaño de un paquete de Frosties, o novelas de dimensiones estándar pero en lapsos de tiempo brevísimos, rollo Philip K. Dick (& las anfetaminas) o incluso rollo (tierna y diabólica femme fatale) Corín Tellado (¡!). Más aún, tu cuento titulado “El prisionero” es bastante preciso e ingenioso a la hora de referir esa competitividad: «Ambos ven estúpido el modo de proceder del otro. Eso explica, piensan, ciertas cosas. Quizá esta es la razón, se dicen muy por lo bajo, de que, secretamente, jamás se lo diría, siempre haya algo sustancial que hace que esté en desacuerdo con cada libro que publica. Ahora me pregunto, se dicen, dejando pasear la punta de la pluma por el papel como si ya estuvieran escribiendo, por qué le tengo que decir, libro tras libro, que está bien cada cosa que escribe, cuando en realidad no me parece bien escrito, ya que su procedimiento es incorrecto: de otro modo, yo mismo lo utilizaría.»

[Applause]

Ya lo comentaba con Eloy en su entrevista a propósito de ‘Homo Sampler’: su cita: «Hablar de cultura de consumo es hablar, en primer lugar, de un impulso primordial: el de devorar» es en la actualidad completamente aplicable al contexto cultural, solo que en lugar de devorar Bic Macs devoramos capitales más ‘nobles’, a saber, capital cultural. Igual ocurre con la producción de éste.

Y eso mola. ¿Que no?

Tú mismo, de bolo en bolo, de conferencia en conferencia, ejemplificas el arquetipo vigente de homme du lettres workaholic (¡!), cosa que me parece estupendísima, defiendo fervorosamente y además trato de suscribir desde mi experiencia personal. De hecho, conozco pocos empleos más absorbentes y obsesivos que la literatura, por si fuera poco, solo remunerado desde un punto de vista (casi) estrictamente social; no lucrativo. Y ahí es donde tenemos otro problema: en confesar abiertamente y sin ruborizarnos lo mucho que nos excita trabajar. Más que una peli de Erika Lust.

Martin Offenbacher, citado por Weber en ‘La ética protestante’ (texto muy dado al misreading, como ya advierte el prologuista en la edición de Alianza), defiende que «El católico […] es más tranquilo; dotado de un menor afán de lucro, se entrega a una vida lo más segura posible, aunque con menores ingresos, más que a una vida excitante, en peligro, aunque eventualmente le trajera riqueza y honores. El lenguaje popular dice en broma: o comer bien o dormir tranquilos. Según esto, al protestante le gusta comer bien, mientras que el católico quiere dormir tranquilo»

Moraleja: Sean competitivos. Escriban buenos textos. Tengan éxito. Coman bien. Y, sobre todo, no duerman.

Un abrazo,

Ibrahim B. (‘coach’ literario)

Manuel G. dijo...

Tenemos versiones autóctonas de lo que es el éxito, pero no iguales al concepto anglosajón.

Pensemos en Andalucía. Siempre me ha parecido fascinante el concepto de "El figura", que quizás venga de los toros, mezcla de habilidad, apostura física y valentía. El éxito torero, la fama de bandolero, etc... fueron durante mucho tiempo lo único que, fuera de las clases apoltronadas, podía significar algo parecido a lo que es el admirativo éxito anglosajón.

En Andalucía, fuera de los cargos y de los señoritos propietarios de la tierra, no había nada “serio” donde se pudiera trabajar “el éxito”. Para el pueblo ha quedado un concepto de éxito basado en el lucimiento "y nada más" (dentro de una cultura del lucimiento), y no tanto en conseguir logros, capacidades, dineros... (o bien ser funcionario, que es poco menos que sentirse amo despreciativo del mundo, envidiado por todos. Quizás a eso se reduzca el éxito).

Hay un dicho del poeta cordobés Aben Quzman, que muestra que algo de esto ya viene de antiguo, para mi perfectamente aplicable a esta forma andaluza de éxito.

"Tener la camisa blanca y el alma negra"

Vicente Luis Mora dijo...

No me considero "workalcoholic", mi querido JA, por una sencilla razón: el trabajo es remunerado. Hay un desplazamiento de fuerza de trabajo compensado por una transferencia de capital. En mi caso el esfuerzo se da, seguro, pero no la transferencia, salvo en contadísimos casos. Uno de cada 20, para ser escasos. ¿Te imaginas trabajar cobrando uno de cada 20 meses? ¿No sería trabajo, verdad?

En consecuencia, lo mío no es trabajo, sino estudio. Soy un estudiante: leo para aprender unas veces y leo para estudiar lo que los demás hacen, otras. Mi retrato no sería el de un icono eisenstenieano (de Eisenstein, no de Einstein), enarbolando herramientas de trabajo, sino más bien el de este retrato de Pablo Gallo:
http://2.bp.blogspot.com/_nzEXZYxvbdo/SfQ4jhntgDI/AAAAAAAAAVM/GLyjwdZIazQ/s1600-h/relecturas+005.JPG


Saludos.

Pablo Gallo dijo...

Quizá, como un discípulo con infinidad de maestros.

Anónimo dijo...

El éxito, esa trituradora descarriada con segundos y terceros actos...Casi parece que hables del éxito como una enfermedad infecciosa. Afortunadamente, la imitación no lo es, o que se lo digan a las neuronas espejo.

Morir de éxito. O como utilizar cualquier cosa como solución para esa carretera infinita donde se da el hipnotismo vidiota (narrado por Tom DeFalco en el primer remake de el Hombre Máquina con BWS:Plasmatics, en 1985, considerados en 2020 música clásica)

Como se decía en otra parte, quizá no hay un afuera del mercado, pero sí hay afueras, grietas en él. Grietas que sostienen, también, como no podría ser de otra manera, la malla de contradicciones del mismo. Estas fisuras forman parte de un todo no sofisticado, pero con un sufrimiento individual exportable. La creación de una comunidad como declinación perversa de lo que en otro sitio es real. The Suffering Channel o quedarse muy corto, por desgracia para lo hiperreal.

Con lo que acabamos por llegar a un par o más de repeticiones constantes, no el éxito en sí, sino la redención. Igual que Burroughs hablaba en uno de sus últimos libros del síndrome del samaritano, para mí uno de los temas fundamentales de la creación estadounidense es la transformación. Lo que da como consecuencia inevitable pensar en los fantasmas como los verdaderos habitantes de Estados Unidos, y en la mentira como forma de ser (Disch en On SF), como auténtica comunicación inter pares. Preferiría no hacerlo (perder, a lo mejor)Un saludo y hasta otra.

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Más Bloom. La religión americana como pleonasmo.

“-¿Se podría decir que la "religión americana" es, en fin, una lectura errónea de la Biblia?

Iría más lejos que eso. Yo soy un especialista en lo que yo llamo malas-lecturas fuertes (strong misreadings) que desarrollé en La angustia de la influencia y El mapa de las malas lecturas. Entonces iría más lejos. La religión americana, aun cuando se enmascara como la cristiandad, no tiene ninguna relación con el cristianismo europeo y medio oriental histórico, teológico y certificado. No tiene ninguna relación en absoluto. No es una variedad del protestantismo o del catolicismo o del catolicismo ortodoxo.

-Y sin embargo Jesús es el emblema para todas las religiones americanas.

¡Ah sí! Pero este es el Jesús americano. No es el Jesús judío, o el Jesús de San Pedro; no es el Jesús del Mundo Antiguo, no es el Jesús de la tradición cristiana. Este es el Jesús americano. Cuando yo estaba escribiendo este libro viajaba por todo el país –cuando lo estaba investigando y escribiendo era un hombre relativamente joven– y se publicó, originalmente en 1992 después de muchos años de trabajo...”
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La religión americana en 2005

http://www.elpais.com/articulo/semana/unico/genio/tradicion/americana/Walt/Whitman/elpeputec/20050917elpbabese_1/Tes

En 2009

http://salonkritik.net/08-09/2009/03/lo_mejor_de_la_cultura_america.php


Ben Marcus, sobre el prólogo de Jonathan Franzen a Runaway, de Alice Munro.

http://www.harpers.org/archive/2005/10/0080775


Failure: Fracaso. La tostadora valiente.

De esto

http://en.wikipedia.org/wiki/Thomas_M._Disch

Disch, que ya previno sobre el infantilismo de gran parte de la ciencia ficción y su base lectora, fue un autor que también escribió para niños.

http://en.wikipedia.org/wiki/The_Dreams_Our_Stuff_Is_Made_Of


http://en.wikipedia.org/wiki/The_Brave_Little_Toaster

http://en.wikipedia.org/wiki/The_Brave_Little_Toaster_Goes_to_Mars

Claro que no dejó de tener su problema con las adaptaciones. Puede acabar siendo esto:

http://www.imdb.com/title/tt0092695/

http://www.imdb.com/title/tt0147926/


Murió con un falafel en las manos.

http://en.wikipedia.org/wiki/He_Died_With_A_Felafel_In_His_Hand

Naturalmente, con su versión audiovisual

http://www.imdb.com/title/tt0172543/


El empleo del tiempo y aprovechar las oportunidades. Isaacson y su Horse Boy. El niño caballo a galope hacia la esperanza

http://www.nytimes.com/2009/04/15/books/15horse.html


http://well.blogs.nytimes.com/2009/04/14/healing-autism-with-horses/

Sobre la costumbre de sentar cátedra a toda costa y bajo cualquier circunstancia (el fracaso, también, como una opción de éxito)Gary Busey o el hombre sin miedo que ha visto el abismo y nos lo da troceado en siglas.Miedo como falsa evidencia con apariencia de realidad.

Busey via IMDB:
Personal Quotes
Great things like this only happen for the first time once.
It's good for everyone to understand that they are to love their enemies, simply because your enemies show you things about yourself you need to change. So in actuality enemies are friends in reverse.
Never dip lower than you can dip.
You know what 'FEAR' stands for? It stands for 'False Evidence Appearing Real.' It's the darkroom where Satan develops his negatives.
You know what 'FAILING' stands for? It stands for 'Finding An Important Lesson, Inviting Needed Growth.'
You know what 'SOBER' stands for? It stands for 'Son Of a B****, Everything's Real!'
You know what 'DOUBT' stands for? It stands for 'Debate On Understanding Bewildersome Thoughts.'
You know what 'ROMANCE' stands for? It stands for 'Relying On Magnificent And Necessary Compatible Energy.'
[To a fan who asked him to sign Buddy Holly's name to a color photo]: There IS no OTHER Buddy Holly... I like Buddy fine, but *I'm* 'Gary Busey.
Drinking your own blood is the paradigm of recycling.
Men are failed women at birth.
If you take shortcuts, you get cut short.
The more time you take to come clean, the less time it takes dirt to come for you.
--
c.m.

Anónimo dijo...

Siempre me ha parecido curiosa la teoría de Weber. Por un lado tenemos un Dios que ya tiene su lista de salvados y la mantiene en secreto hasta el último capítulo y por otro la criatura que quiere saber si ha sido agraciado (de gracia) y para ello se pone a currar a hierro con una fe ciega (como su dios) en que si la vida le va bien aquí en el plano económico eso es señal de que Dios lo ha escogido, de que es un vip y de que entrará sin problemas en el reservado del más allá.

Me viene a la cabeza esos dos conceptos que para el colectivo Tiqqun funcionan en su síntesis como tenazas: El Biopoder y el Espectáculo. Creo que la enfermedad del éxito podría ser consecuencia de la presión que esas tenazas ejercen sobre cada uno de nosotros.

Un saludo.

Oche.

Anónimo dijo...

Como dice Oche:"Creo que la enfermedad del éxito podría ser consecuencia de la presión que esas tenazas ejercen sobre cada uno de nosotros."

Pero no sólo es eso. Ahora mismo no es una tenaza: es, para mucha gente, la única manera con que se puede acceder a la "verdadera" vida. La enfermedad es la falta de éxito y todas las ciudades que son su sala de espera, y hay unas cuantas dentro de cada uno.

La tijera puede cortar o no, pero fórmulas como biopoder o espectáculo también son maquinarias de sentido que funcionan bien engrasadas al reestructurar el universo que las circunda, que es el de otras palabras-error, otras colectividades dando pasos en falso. El problema es su potencia como reactivo, utilizado como opresión por aquello a que se enfrenta.

Aún así, cómo no va a enfermar o pensar uno en el éxito: si no garantiza felicidad,al menos un buen seguro para cuando llegue otra enfermedad inesperada...Un saludo.
--
c.m.

chaibasa dijo...

Hola Vicente,
una aclaración respecto a lo del pursuit of happiness: la expresión se encuentra ya en la declaración de independencia de los EEUU de 1776, así que no se puede remontar a la revolución francesa.
Es una de mis frases favoritas y suena bien en todos los idiomas que conozco, por ejemplo "Streben nach Glückseligkeit" en alemán, mi lengua. Habría que añadir que aunque haya sido la sociedad burguesa/capitalista la que inventó la promesa de felicidad, esa misma sociedad es incapaz de cumplirla. Haría falta suspender/elevar/conservar ("aufheben") de manera dialéctica esta contradicción en un nivel superior - otra sociedad (by the way: ¿son éstos los terminos en castellano para designar el triple significado del hegeliano "aufheben"?).

Saludos de Berlin
Chaibasa

Vicente Luis Mora dijo...

Ah, caramba, gracias por la corrección. Me bailaron las fechas, y los constituyentes estadounidenses dieron carta de naturaleza al derecho con anterioridad. Disculpas y gracias por intervenir.

Manuel G. dijo...

Oche, cuando estudié a Weber el protestantismo me pareció algo realmente demencial. Al lado, el catolicismo me parece hasta razonable.

Resulta que el protestante busca la riqueza porque eso muestra que eres un elegido de Dios...¿pero si eres elegido, para qué molestarse si te llega sólo? Menudo truco, la cosa tiene trampa.

Kafka y Pessoa no tuvieron ni una pizca de éxito en vida, ni se molestaron para conseguirlo. Joyce vendió 30 ejemplares de su primera edición del Ulises. Tipos así normalmente son admirados por muchos escritores de éxito o que quieren tener éxito.

logiciel dijo...

No sé si la conoces. A mí me gusta, aunque sólo sea una canción.

http://www.youtube.com/watch?v=mSaB5W6LDMU&feature=related

Blumm dijo...

Por el éxito también se suicidó David Foster Wallace.

No me lo reveló pero quizás no supo rebelarse a esa moda americana.

Pienso.

Saludos.

Francisco Ortiz dijo...

Cómo se cansa uno de los vencedores, cómo se siente cada vez más cerca de los vencidos (entre los que me hallo). Buen texto.

Raúl dijo...

Que les den jamón, Vicente, del serrano, que les den.

Benjy, el poeta memo dijo...

Cuando yo sea un famoso poeta, un poeta de éxito, espero que mis libros formen grandes bloques a la entrada de los Carrefours, hasta entonces no diré mi nombre, no vaya a ser que alguien me reconozca como quien en realidad soy.

Ana dijo...

Siento incomodidad en relacionar a Weber con la palabra éxito tal y como se entiende en el siglo XXI. Modestamente creo que se refería a otra cosa.

Primero, porque según Weber ninguna ciencia podrá indicar a la humanidad la naturaleza de su futuro (en este punto se oponía a Marx).

Segundo, la epistemología que subyace en esa obra es la del TIPO IDEAL (arquetipo) que implica una concepción analítica y parcial de la causalidad. Para Weber el capitalismo es un tipo ideal y se define por la existencia de empresas cuyo objetivo es obtener el máximo de ganancia, y cuyo medio es la organización racional del trabajo y la producción. La unión del deseo de ganancia y de la disciplina racional es históricamente el rasgo singular del capitalismo occidental. En todas las sociedades conocidas ha habido individuos ávidos de dinero, pero lo raro y original, según Weber, es que este deseo tienda a satisfacerse, no mediante la CONQUISTA, la ESPECULACIÓN, o la AVENTURA, sino mediante la DISCIPLINA y la CIENCIA.

El capitalismo se identifica con la moderación racional del impulso irracional de adquirir. Pero la organización racional de la empresa, vinculada con los cálculos acerca de un mercado regular, no hubiera sido posible si no hubiesen existido otros dos factores importantes: la separación del hogar y de la empresa y la contabilidad racional.

La forma de razonar de Weber es típicamente sociológica. Su hipótesis es que cierta interpretación del protestantismo ha creado algunas de las motivaciones que favorecieron la formación del régimen capitalista. Con el fin de confirmar esta hipótesis Weber realiza varios análisis: al comienzo de su estudio realizó análisis estadísticos con el fin de establecer el hecho siguiente: en las regiones de Alemania donde coexisten dos grupos religiosos, los protestantes – y sobre todo los protestantes de ciertas iglesias) poseen un porcentaje desproporcionado de la fortuna y las posiciones económicamente más importantes. Asimismo, Weber ha procurado determinar si, o en qué medida, las condiciones sociales y religiosas eran favorables o desfavorables para la formación de un capitalismo de tipo occidental en otras civilizaciones (estudiará en otras obras). Si bien existen fenómenos capitalistas en civilizaciones ajena a Occidente, los rasgos específicos del capitalismo occidental, la combinación de la búsqueda de la ganancia y la disciplina racional del trabajo, han aparecido sólo una vez en el curso de la historia. Fuera de la civilización occidental, en ninguna parte se ha desarrollado el capitalismo de tipo occidental. Weber se ha preguntado en qué medida una actitud particular respecto del trabajo, determinada a su vez por las creencias religiosas, habría constituido el factor diferencial, presente en Occidente y ausente en otros lugares.

La tesis de Weber es que hay una adaptación significativa entre el espíritu del capitalismo y el espíritu del protestantismo. Corresponde al espíritu de cierto protestantismo adoptar con respeto a la actividad económica una actitud que a su vez se ajusta al espíritu del capitalismo. La ética protestante a la cual Weber alude es esencialmente la concepción calvinista, no por ejemplo, a los luteranos.

El calvinismo excluye todo misticismo y fue el principal impulsor del movimiento ascético llamado puritanismo. Destaca entre todos sus dogmas y creencias el dogma de la predestinación positiva para la salvación o para la condenación por la importancia de las consecuencias morales y prácticas que se extrajeron de dicha dogma. Consecuencia rígida de este dogma era la fe absoluta en la pertenencia al número de los elegidos y el esfuerzo sistemático por llevar una conducta ascética y virtuosa para la gloria de Dios, fomentando de este modo el trabajo y el individualismo, rasgo constitutivo de la modernidad.

La ética protestante es el ejemplo perfecto de ascetismo en el mundo, es decir, de la actividad llevada más allá de la norma corriente, no para obtener placeres y goces, sino para realizar el DEBER en la tierra. Esta derivación psicológica de una teología favorece el individualismo. Cada uno está solo frente a Dios. Se debilita el sentido de la comunidad con el prójimo y del deber, respecto de los otros. El trabajo racional, regular, constante, acaba por ser interpretado como la obediencia a un mandamiento de Dios. Lo que en mi opinión reflejaría este espíritu del capitalismo es mucha de la pintura holandesa del XVII referida a esa incipiente clase social: la burguesía.

El que se comportó de una manera “calvinista” según la ética de Weber en la crisis que padecemos sería el trabajador de la Comisión de Valores americana, creo recordar que el organismo se llama SEC, (No recuerdo el nombre de este funcionario creo que era de origen italiano) cuando a pesar de todo y todos emitió un informe contrario a las prácticas especulativas y fraudulentas de Madoff. Ese fue el que se comportó de una manera racional de acuerdo a los fines racionales que definían su puesto de trabajo (funcionario), y su conducta fue así porque era su deber.

On the road dijo...

Algunos perdedores como yo pensamos que en el éxito hay algo "reaccionario". Pero seguramente solo es envidia.

Manuel G. dijo...

Escucho en la radio, que las entrevistas hechas a los universitarios muestran que en España un 65 % de los universitarios tienen como objetivo ser funcionarios; en USA los universitarios que quieren ser funcionarios son un 5 %.

El éxito aquí es un cargo.

Siguiendo con la relación entre éxito y lucimiento, tengo una teoría "estravagante" sobre que el éxito es algo que se transluce o se concreta en el cuerpo físico de la persona. Es decir, se nota en los movimientos del cuerpo, los gestos, las poses, la manera de hablar, de sonreir, y por extensión de comportarse y relacionarse...

La persona con ese éxito social, en un grado medio, al que muchos reconocen, despliega unos gestos determinados de suficiencia, imperturbabilidad, distancia...(es necesario ese refuerzo o espejo corporal del éxito)

Cuando el éxito no puede ya llegar más lejos, se opta por una humildad militante, que añade más virtud aun al hombre...

El funcionario andaluz, por ejemplo, tendría un código corporal determinado muy explícito, como lo tienen los mafiosos en italia, o los yupis de wall street...jeje

Vicente Luis Mora dijo...

Es cierto lo que dices sobre la escasa mentalidad funcionarial en los Estados Unidos, pero también habría que precisar que aquí no hay funcionarios de por vida (salvo escasísimos ejemplos), sino gente que trabaja unos o varios años para los Estados, o para el Estado Federal, pero que pueden ser despedidos en cualquier momento. De hecho, la crisis ha obligado al lay off (aquí se distingue coloquialmente el verbo despedir, to fire, del cese temporal o permanente de la relación por motivos económicos, to lay off) de numerosos funcionarios. Esto es algo difícil de imaginar en España, pero en Estados Unidos las fundaciones, los gobiernos estatales, las universidades, etc., suelen meter sus ahorros en fondos de Wall Street para que produzcan. A finales del año pasado, con el crack bursátil, todas esas instituciones públicas y privadas perdieron muchísimo dinero (Harvard perdió ¡mil millones de dólares de su fondo para constitución de becas!). Esto ha provocado que muchos funcionarios se vayan a la calle, al desaparecer los fondos que garantizaban sus sueldos. Saludos y gracias, Manolo.

Manuel G. dijo...

Abro el suplemento del periódico hace un rato...la imagen de este tipo me parece ese espejo corporal del éxito que digo. Va sobrado. No le asusta afrontar al público. No le perturba casi nada. Todo está controlado.

http://www.xlsemanal.com/web/articulo
.php?id=42658&id_edicion=4127

Asesora a Obama en política internacional, pertenece a uno de los ‘think tanks’ más potentes de Washington y sólo tiene 32 años. Por si fuera poco, ha escrito un libro donde expone su visión del mundo y sus opiniones no han dejado indiferente a nadie. Hablamos con él.

Manuel G. dijo...

Pues me parece infinitamente mejor el sistema americano. Aquí en España los funcionarios no quieren ni necesitan hacer mucho. No se sienten empleados, se sienten los amos del mundo.

Ana dijo...

En relación con la discusión del éxito en una sociedad como la estadounidense, en el último número de “Revista de Libros” aparece un artículo del sociólogo Miguel Requena dedicado a un libro de Werner Sombart “¿Por qué no hay socialismo en los Estados Unidos?.

Me da la impresión que este autor, quizás me equivoco, no es muy conocido para aquellos que no hayan estudiado Teoría sociológica y su libro “El burgués”.

Me gusta el artículo de Requena y como indica Sombart tiene una obra interesante, mezcla de economía, sociología e historia. Ha tenido como aspecto negativo el resistir mal la comparación con su gran coetáneo y amigo Max Weber.

El artículo que trata del excepcionalismo estadounidense viene a colación de lo que se está discutiendo aquí. Se habla del credo norteamericano (libertad, igualitarismo, populismo, individualismo y laissez faire- y su importancia para la identidad colectiva de los estadounidenses. Dos de los más importantes corolarios de ese credo son la hostilidad crónica al Estado y la exaltación de la meritocracia.

Yo creo que esto último, la meritocracia, estaría relacionada con esa idea de éxito que se está aquí debatiendo. Como argumenta Requena ellos creen en esa meritocracia aunque los estudios sobre movilidad social no resaltan que ésta haya sido mayor que en otras sociedades avanzadas.

Saludos,