En el último número de la revista Nayagua se puede leer mi reseña de Nuevas cartas náuticas (2022), de Adalber Salas Hernández.
Aquí la versión en línea de la revista: https://issuu.com/hellen544/docs/nayagua_34_fundaci_n_jos_hierro
MARES ENUMERADOS
Adalber Salas Hernández, Nuevas
cartas náuticas. Valencia: Pre-Textos, 2022.
En un libro de poemas anterior
de Salas Hernández, La ciencia de las despedidas (Pre-Textos, 2018), la
pieza conclusiva elaboraba los motivos del viaje personal y continuo, en el que
no es difícil atisbar la huella autobiográfica de Adalber Salas, y se podía leer:
“desde hace años sueño con una ballena que me traga […] para finalmente
escupirme en costas extrañas”. El mito a medias religioso y a medias náutico de
Jonás y la ballena anunciaba estas espléndidas y eruditas Nuevas cartas
náuticas, un volumen extenso, trufado de poéticas diversas —propias y
ajenas— y referencias culturales, cuya complejidad vamos a esclarecer por lo
menudo, tras brindar un poco de contexto.
Adalber Salas Hernández (Caracas,
Venezuela, 1987) es una sola persona, pero por su actividad varia y constante
opera como un colectivo: poeta, traductor incansable, antólogo, agitador
poético y cultural, ensayista, investigador y nodo de enlace entre numerosos
terminales de la poesía escrita en castellano, mundo al que a su vez
contribuye, no sólo con su propia lírica, sino con las continuas versiones de
otras lenguas. Esta última dimensión es indispensable para entender Nuevas
cartas náuticas, donde numerosas lenguas se mezclan en interesantes
hibridaciones con la castellana. En alguna entrevista ha declarado Adalber
Salas que “cuando nos movemos entre lenguas surge una mirada desplazada muy
enriquecedora”, y en efecto este libro presenta ricos desplazamientos casi
rousselianos entre lenguas que contribuyen, en su extrañamiento, a fertilizar la
expresión poética y darle aires y sonidos novedosos. Trazas de latín, de griego
clásico, de español antiguo, de inglés, de francés, de catalán o de portugués
reordenan la logomaquia convencional, invitando a quien lee sus páginas a
entender la lectura de poesía como un desentrañamiento, a incardinarse en un
juego entre los términos entrañar y extrañar que en su sístole y diástole riegan
de sangre feraz al cuerpo del poema.
Ya desde el título, estas Nuevas
cartas náuticas declaran a la vez un vínculo con la tradición y un modo de renovarla
o reencaminar mediante brujuleos distintos a las esperables. Los antiguos modos
literarios de referirse al mar están presentes (la carta de navegación, el arte
de marear, la famosa repetición de la Anábasis de Jenofonte, con la que
se abre el poemario), como también hallamos mencionados los oficios ligados a
la tradición marina (el pescador, el arponero, el piloto, el buzo), o sus
satélites (el clavadista, el nadador), pero la novedad comparece en la forma de
estructurar el libro y en el amalgamamiento de lenguajes, estilos y voces con
que los temas se estructuran. Para un lector español, la sorpresa puede ser
menor, puesto que estas Nuevas cartas náuticas pueden traerle
reminiscencias del culturalismo novísimo de los 70, en especial de
libros como Arde el mar o L'espai desert de Pere Gimferrer, pero
la referencialidad de Adalber Salas es quizá más comunicativa, o más
identificable, de modo que su discurso siempre resulta próximo al lector, que
se siente aludido.
Otro aspecto interesante de este
libro es su polimetría, su trabajo en la construcción de distintos metros y
estrofas que no siguen los caminos transitados: “mi trabajo de escritura
va en dirección contraria: a prosificar o a desmusicalizar el verso. Las
enciclopedias me encantaban”, ha
declarado el autor alguna vez, en una yuxtaposición que no resulta en absoluto
fortuita, cobrando más bien la forma de una declaración de intenciones. Esto no
quiere decir que nos hallemos frente a una antipoesía, como la de
Nicanor Parra, sino una parapoesía, a ratos narrativa y a ratos lírica,
que busca su voz propia a través del desmantelamiento de los cánones
tradicionales. El resultado de un trabajo de escritura tan meditado e
intelectualmente bien construido es, como suele suceder, una voz poética
singular, que consigue numerosos hallazgos.
Como también anuncia con
claridad el título, el tema marítimo es el central de Nuevas cartas náuticas,
y lo es desde los acercamientos más diversos. Así, encontramos lo que parecen
reelaboraciones de mitemas antiguos, con numerosas apoyaturas textuales, que
son más un punto de partida que de llegada. Los textos clásicos sobre singladuras
y largas epopeyas marinas, ligadas a las épocas de descubrimientos científicos y
colonizaciones sangrientas, se alternan con estampas de guerras en el mar y con
mitologías antiguas que cifran su doloroso imaginario en el barco o en la
necesidad de buscar el sustento —o el prestigio épico— en el ponto vinoso, aventuras
casi siempre materializadas en un alto coste de vidas humanas. Por ese motivo, no
debe entenderse que estamos ante un libro escapista, sino todo lo contrario: un
conjunto de poemas que pone en el centro del escenario al ser humano y su
experiencia de lucha y supervivencia en el mar, sin excluir textos de extrema
dureza sobre el transporte marítimo de esclavos (un tema tocado también en la
reciente novela Azucre, de Bibiana Candia) o sobre la violencia desatada
antes, durante y después del viaje por mar.
De los varios diálogos
intertextuales inclusos en Nuevas cartas náuticas, quizá el más
interesante es el sostenido con Tristia, de Ovidio. Dejando al margen la
posible relación semántica entre el exilio ovidiano y la larga estadía
neoyorkina de Salas, destacan las diferentes capas de lectura del original
latino; si algunos poemas se decantan por la traducción progresiva (p. 44), y
otros parecen constituirse en fugas u homenajes, algún caso, como el poema XXXI,
comienza siguiendo fielmente la elegía XI de Tristia, para luego
truncarse y pasar al presente inmediato de Salas, después de la quinta estrofa:
“Tenía la voz flaca, sí. Como un hilo / titubeante sobre el papel. Voz de
sismógrafo” (p. 55). Pasado y presente se sueldan así en un diálogo
interlingüístico, interpoético e intertemporal, generando, como decíamos al
principio, un estilo a medias innovador y a medias increíblemente respetuoso
con la tradición. Y este es solo uno de los muchos ejemplos reseñables.
El resultado de todos estos
estimulantes procederes y recursos prosódicos es un libro rico, sólido,
erudito, notable, comprometido con la sociedad y con el arte, a la vez
inmemorial y profundamente incrustado en los problemas de nuestro tiempo.
[Relación con el autor: ninguna. Relación con la editorial: Pre-Textos publicó varios de mis anteriores libros de poesía.]