Michael Winkler,
Grimmish. Trad. Eduardo Iriarte. Mutatis Mutandis Editorial, 2024.
Basta abrir la
primera página de esta novela para darnos cuenta de dónde nos hemos adentrado:
“-Enfermera,
¿adónde vamos?
-Al depósito de
cadáveres.
-Pero todavía
no estoy muerto.
-Bueno, todavía
no hemos llegado”.
A
continuación, llegamos a lo que parece un prólogo y en realidad resulta ser… la
reseña de la propia novela, escrita por su autor, en un giro que le permite
advertirnos del conjunto de rarezas y sofisticaciones discursivas que nos
esperan más adelante. Como ya viera David Lodge, este gesto de incluir la
autorreseña es característico de las novelas metaficcionales: “los escritores
metafictivos tienen el astuto hábito de integrar la posible crítica dentro de
sus textos y así convertirla también en ficción”, según recuerda el profesor David
Viñas Piquer en su reciente ensayo Usos de la Teoría en la
narrativa española del siglo XXI (Universidad de San Jorge,
2023, p. 27). Un ensayo ideal para leer a su través, acompasadamente, la novela
del australiano Michael Winkler, un escritor del que no tenía noticia hasta
ahora, pero que me ha sacudido desde el principio de Grimmish hasta el final, ganándome a los
puntos, y si utilizo este vocabulario pugilístico es porque la novela se
construye como una “novela de no ficción desbaratada” sobre un boxeador real,
Joe Grim (1881-1939), conocido en la historia de ese deporte como “The Human
Punching Bag”, porque era fácil de vencer pero imposible de noquear, pudiendo
alargarse los combates hasta veinte asaltos donde apenas se defendía y se
levantaba de la lona con una sonrisa, pidiendo más. Hay bastantes datos sobre
Grim, pero Winkler es consciente –o eso nos dice, de manera no muy fiable– de
que no cuenta con elementos suficientes para escribir una novela de no ficción,
y entonces decide cebarla, doparla, completarla. ¿Acaso la engruesa con
material autobiográfico, como es ya manía y moda en la industria comercial
contemporánea, haciendo un nuevo libro-en-el-que-crees-que-voy-a-hablar-de-otra-persona-pero-no?
En absoluto, Winkler es original y no huye de la imaginación, así que toma
varias decisiones asombrosas: lo que decide en Grimmish
es rellenar los huecos con teoría de la ficción y con historias inventadas,
intercaladas a la barroca maniera.
Porque, como dice Viñas Piquer, “igual que existe una teoría de la literatura,
empieza a ser evidente que existe una literatura de la Teoría” (Usos de la Teoría…, p. 14). Y la obra de
Winkler va cambiando de tono y de estilo y de género –con la inestimable ayuda del traductor, Eduardo Iriarte–, y se puebla de
interpolaciones y de notas, y se siembra de noticias –suponemos que– reales sobre
Grim tomadas de la prensa de la época, y se puebla de referencias extraídas de
libros sobre boxeo, deporte, dolor y sufrimiento, puesto que ese es el tema
final de la novela: el dolor, la capacidad de sufrir, los límites físicos y
mentales de una persona o de todas las personas, y su relación metaliteraria (p.
156) con el hecho de escribir, de crear un libro, esta novela manierista u
otra, porque escribir es caer sobre la lona blanca del folio y levantarse,
quizá sin sonrisa, para seguir recibiendo sinsabores y acaso golpes, y Winkler
pone a su servicio quinientos años de ficción occidental y oriental y doscientos
de teoría para contar la grimosa historia de Grim y su sufrimiento, similar al
de Tántalo, si pensamos que la victoria es el fruto que nunca se alcanza, aunque
él, Winkler, sí que triunfa en su empeño. “La novela más extraña que van a leer
este año”, dijo J. M. Coetzee sobre Grimmish,
y puede que no solo de este año. Divertida, ambiciosa, cruel y compasiva, esta
novela es para estómagos y cerebros no delicados, que sepan esperar
literalmente cualquier cosa de
un libro.
[Relación con autor y editorial: ninguna]