sábado, 20 de junio de 2020

Voz interior en la poesía española contemporánea


Quizá alguna vez os hayáis preguntado por esa "voz" que oís (o escucháis, si le prestáis atención) en vuestra cabeza. Si nos "habla", ¿quién habla? Si le respondemos, ¿el "yo" es quien habla, o quien responde? ¿O somos ambas voces? Pero, si somos una sola entidad, ¿qué sentido tiene dialogar, cuando podemos emplear el monólogo interior? 

En la revista italiana Studi Ispanici acaba de aparecer este artículo que, por desgracia, no puedo subir a Academia.edu o similares. En él, vamos desde el daimon platónico al inner speech de los filósofos cognitivos, se describe el "neurotú" de cierta poesía actual y se recogen ejemplos poéticos del soliloquio cerebral. Próximamente en sus mejores bibliotecas universitarias.



sábado, 13 de junio de 2020

Poliantea 6



En la Cena de los siete sabios, Plutarco refiere humorísticamente que uno de los pastores de Periandro, déspota de Corinto, le trajo en una bolsa de cuero una criatura recién nacida que una yegua había dado a la luz y cuyo rostro, pescuezo y brazos eran humanos y todo lo demás equino. Lloraba como un niño y todos pensaron que se trataba de un presagio espantoso. El sabio Tales la miró, se rio, y dijo a Periandro que realmente no podía aprobar la conducta de sus pastores.

Borges y Margarita Guerrero, El libro de los seres imaginarios

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La gente desconoce la mayor parte de las cosas y le trae al fresco. A los hombres cultos esta circunstancia les produce lástima, pero no hay que olvidar que un hombre culto es alguien que pasea por la playa con apenas dos puñados escasos de arena en los bolsillos.

Ismael Grasa, De Madrid al cielo (1994)

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Allen: ¡Bien, pues que así sea! Dejemos que me quiten la vida. Que quede escrito que muero antes que renunciar a los principios de la verdad y la libertad de pensamiento. No llores, Agatón.
Agatón: No lloro. Es la alergia.
Allen: Para el hombre sabio, la muerte no es un fin sino un principio.
Simmias: ¿Por qué?
Allen: Bueno, deja que lo piense un minuto.

Woody Allen, Perfiles

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-No sé cómo ese don Saturno puede saber tanto: parece un mentecato.


Leopoldo Alas (Clarín), La Regenta (1884-85)


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Me hacen mucha gracia quienes recuerdan esa frase tan típica de “sobre gustos no hay nada escrito”. Disculpe, sobre el gusto hay miles de libros escritos, lo que pasa es que usted no los ha leído.

José Luis Molinuevo, en una conferencia

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Tal como se experimentó hace algunos años, en las célebres cuevas paleontológicas de Atapuerca, en España, salió a la luz un fragmento del cráneo del europeo más antiguo [...] Huellas de arañazos y raspaduras en los fragmentos del cráneo infantil indican que se tratan de vestigios de un banquete antropofágico –también esto resulta sorprendente, pues no se esperaban pruebas tan tempranas del interés de los hombres primitivos por el contenido de las cabezas de sus coetáneos.

Peter Sloterdijk[i]

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El filósofo griego Aristipo, que visitaba un burdel con algunos discípulos, sintió vergüenza de la conducta de uno de los más jóvenes, y sentenció su tristeza diciendo: “lo deshonroso no es venir a estos lugares, sino no poder salir de ellos”.

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La sociedad burguesa consiste en dos tipos de hombres: los que dicen que en algún lugar se ha desalojado un antro de corrupción y los que lamentan haberse enterado tarde de las señas.

Karl Kraus, La antorcha (aprox. 1908)

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DECISIÓN INÚTIL       

Antes de ponerme en compromiso
y darme a elegir
entre mis poemas o tú,
deberías tener en cuenta

que ellos son mayoría.


Daniel Aldaya, SMS (2007)

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He muerto a menudo, ahora sin embargo muero más excepcionalmente, pero alguna vez tendrá que ser la última vez.

Wolfgang Hildesheimer, Tynset (1965)

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La palabra Dios en cualquier lengua tiende a ser monosilábica: su tiempo, su duración, corresponde a un latido del corazón que la pronuncia. Un Dios bisílabo es posible, como sabemos, pero secretamente hospeda cierta creencia politeísta.

Eugenio Montejo, Los cuadernos de Blas Coll (2007)

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Si estás preocupado, triste o enfadado por algo, intenta concentrar tu mente en la conducción. Escuchar un poco la radio ayuda.

Del Código de Conducción de Nuevo México, Estados Unidos

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Para el escritor o escritora, no hay mejor manera de mantenerse que vivir de su cónyuge.

John Gardner, Para ser novelista

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Dos cosas eran llamativas sobre los veinticinco escritores recientemente designados por Granta como los mejores novelistas jóvenes norteamericanos. La primera es que casi todos ellos son licenciados en programas universitarios de escritura creativa. La segunda es que son uniformemente depresivos, una pila de angustiados.

Del blog Bookninja

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Los escritores no son personas exactamente.

Francis Scott Fitzgerald


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Los escritores mediocres y los malos poetas son felices, porque carecen de sentido crítico y siempre tienen algún pariente, alguna tía tuerta en la vecindad o algún abuelo bondadoso que los adora como seres geniales.

Ramón J. Sender, entrevista en Cuadernos para el diálogo (1976)


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Si tú fueras, ¡oh, Polo!, buen cristiano,
pensara que el casarme me lo hacías
reputándome a mí por luterano,
y que, por castigar blasfemias mías
querías ponerme tal verdugo al lado
que atormentase mis caducos días.

F. de Quevedo, Riesgos del matrimonio en los ruines casados


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-¿Sabés lo que dijo una vez un diputado? “Esta noche voy a hacer cornudos a treinta hombres: voy a coger con mi esposa.”

César Aira, Yo era una chica moderna (2004)

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Un día que discutían en el Grenier, Zola le dijo a Mallarmé que a sus ojos la m... valía lo que el diamante.

“Sí, -dijo Mallarmé-, pero el diamante es más raro”.

Contaba por ejemplo que Mallarmé le había leído un soneto ante algunos discípulos y éstos, en su admiración, por parafrasear el poema lo explicaban cada cual a su manera: unos veían una puesta de sol, otros el triunfo de la aurora; Mallarmé les dijo: “Que no, nada de eso... es mi cómoda”.

Paul Valéry, Piezas sobre arte

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            [...] recuérdese la siguiente anécdota de Jean Genet: vio en una cafetería a una señora que le hacía carantoñas a un perro y puso tal cara de contrariedad que la señora preguntó: “¿Es que no le gustan a usted los animales?”. Genet respondió: “Los animales, sí, mucho. Lo que no me gusta es la gente a la que le gustan los animales”.

Rafael Reig, Manual de literatura para caníbales (2006)

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Me puse enfermo y los médicos me prescribieron reposo. Me fui a Margate (sonrió) en el mes de noviembre. Allí escribí la primera parte. Después, me dieron un permiso para ir a Suiza, en donde terminé el poema. Era el doble de extenso de lo que es hoy. Se lo envié a Pound y lo dejó en la mitad. “Es curioso -contesté- que no hiciera con sus Cantos lo que hizo con Tierra baldía.

T. S. Eliot a Seferis sobre The Waste Land


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Corre por el mundo una conjura generosa y permanente contra dos cosas, a saber, la poesía y la libertad. La gente de buen gusto se encarga de exterminar a la primera, y la gente de orden de perseguir a la segunda.

Gustave Flaubert, Correspondencia

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Recuerdo que mi hermano le gritó al techador en el tejado, oiga, no lleva usted arnés, no le parece peligroso, o algo así, entonces oí que el techador le gritaba a su vez, qué, no entendía, y le pedía a mi hermano que hiciera el favor de hablar más alto, entonces mi hermano le volvió a gritar al techador, oiga, anda usted por allá arriba tan tranquilo sin llevar arnés, o algo así, y qué pasa si cae usted de repente, entonces oí que el techador le gritaba a su vez, entre sonoras carcajadas, que nunca en su vida se había caído de un tejado, qué ridículo, llevar arnés, él había aprendido [...] a moverse por cualquier tejado de manera libre y segura, sin caerse nunca [...] Mi hermano siguió describiéndole al director: Déjeme en paz, me gritó con insolencia, imagínese, señor director, pero mientras me gritaba con insolencia que le dejara en paz tropezó de pronto en las tejas, tropezó mientras gritaba con insolencia, sabe, señor director, explicó mi hermano, empezó entonces a resbalarse despacio, después cada vez más deprisa por el tejado en pendiente [...] y con una velocidad inusual, señor director, el cuerpo del techador llegó al borde del tejado, de donde cayó dando sonoros gritos. [...] Mi hermano pasó a describirle al director cómo, tras la caída, había intentado aún decirle al techador, recién chasqueado contra el suelo, y luego inmóvil y yacente, ve usted, si hubiera llevado arnés no le habría pasado esto, y aún pretendía decirle de veras esa frase, tan sorprendido estaba mi hermano por todo, sólo entonces, de repente, cobró conciencia de que, por supuesto, el obrero debía de haber fallecido en el acto. [...] Por supuesto, repuso mi hermano, le retiramos de inmediato el encargo de las reparaciones a aquella empresa, ya que un negocio de techados cuyos techadores se caen sin cesar de los tejados no puede ser en absoluto digno de confianza.

Gert Jonke, La escuela del virtuoso (2002)

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La inteligencia, aunque sea poca, siempre tiene una cierta envidia de la superficialidad sin traumas. Pero nunca a la inversa.

Francisco Umbral

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Samuel Johnson discutía con un seguidor de James Macpherson a raíz de las composiciones de éste presentadas como traducciones de Ossiam. Preguntado por él si creía que un hombre moderno podía haber escrito tales poemas, Johnson respondió: “Sí señor; muchos hombres, muchas mujeres y muchos niños”.

James Boswell, Vida del Doctor Samuel Johnson (1791)

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Sólo las mujeres y los médicos saben cuán bienhechora es a los hombres la mentira.
Anatole France

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No fue lo que llamaríamos un amante de las letras. Para ser exactos, las únicas palabras que escribió en los últimos cuarenta años de su vida fueron la frase: “De vez en cuando me olvido de ti”, aunque se desconoce a quién iba dirigida.

Dimitris Calokiris, El museo de los números

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            [...] allí se pueden leer algunas de las legendarias definiciones que Johnson dio de las cosas. Por ejemplo, de la avena. El Diccionario afirma lo siguiente: “Avena, sust.: Cereal que en Inglaterra sirve de alimento a los caballos, pero del que en Escocia se alimentan las personas”. Cuando una dama escocesa, indignada, arguyó que en Escocia también se daba avena a los caballos, el doctor Johnson precisó: “Me alegro, señora, de que en Escocia se cuide tan bien a los caballos como a las personas”.

Eduardo Moga, Corónicas de Ingalaterra (2015)

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Ogilvie (...) observó que Escocia tenía muchas y muy nobles perspectivas. Johnson “Creo, señor, que ustedes tienen muchas. Noruega también tiene grandes perspectivas nobles; y Laponia es notable por sus prodigiosas y nobles perspectivas. Pero señor, permítame que le diga que la perspectiva más noble que un escocés tiene siempre delante de los ojos es la carretera que conduce a Inglaterra”.

James Boswell, Vida del Doctor Samuel Johnson (1791)


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En medio de algunos gemidos patrióticos, alguien –creo que Alderman– dijo: “la pobre Inglaterra está perdida”. Johnson: “Señor, no es de lamentar tanto que Inglaterra esté perdida como que los escoceses la hayan encontrado”.

James Boswell, Vida del Doctor Samuel Johnson (1791)

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Una persona va a escribir un cuento, y encuentra que éste toma forma él solo frente a sus intenciones: que los personajes actúan de una manera distinta de lo que pensaba: que suceden acontecimientos imprevistos; y llega una catástrofe que en vano intenta evitar. Tiene que seguir la pista de su propio destino –al haberse convertido en uno de los personajes.

Nathaniel Hawthorne

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Otra alternativa hubiera sido darles lo que se llama una conferencia de divulgación científica, este es, una conferencia que pretendiera hacerles creer que entienden algo que realmente no entienden y satisfacer así lo que considero uno de los más bajos deseos de la gente moderna, es decir, la curiosidad superficial acerca de los últimos descubrimientos de la ciencia.

Ludwig Wittgenstein, Conferencia sobre ética

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Todos los jardineros me conocen; me abren los espacios reservados y creen que soy un científico porque, cerca de los estanques, me siento.

André Gide, Paludes (1895)









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[i] Peter Sloterdijk, “Actio in distans. Sobre las formas de producción telerracional de mundo”, en Gabriel Aranzueque (ed.), Ontología de la distancia. Filosofías de la comunicación en la era telemática; Abada, Madrid, 2010, p. 155.