Estela Sanchís, Hasta aquí todo va bien. Candaya, 2025.
Esta novela es un golpe directo contra la blandenguería, la insustancialidad, la llamada a la corrección y la búsqueda comercial de comunicabilidad y fácil comprensión que están estropeando, aún más, la novela española contemporánea, y que la conducen a un encerrona socioestética que podríamos definir como “novela infantil para adultos”, donde temas baladíes, contados de forma elemental, tienen como objetivos los de no molestar, entretener, enganchar a sus lectores, no hacerlos pensar, no incomodarlos, no sacudirlos y convertirse en la pasarela bobalicona hacia la novela siguiente, en un continuo pasatista donde lo importante es lo bonita que ha quedado la foto del libro para las redes sociales.
Hasta aquí todo va mal, así que son necesarias novelas como Hasta aquí todo va bien de Estela Sanchís, llamativo debut de la autora y andanada contra la línea de flotación de ese infantilismo narrativo generalizado. Sanchís seguramente estará de acuerdo con Juan Benet en que “el primer enemigo de una buena novela es la novelística”[1], y se opone –no tanto como fin explícito, sino como resultado natural de su radicalidad–, contra ese estado narrativo de cosas que nos asfixia, con un planteamiento demoledor. Diríase que la autora se planteó, antes de escribir Hasta aquí todo va bien, lo siguiente: “parece que a ustedes les gusta la autoficción; pues bien, vamos a ver hasta qué punto son capaces de soportar la posible confusión de una autora con una protagonista homónima salvaje, que rompe todos los límites de la corrección esperada”. La maravillosa incomodidad que genera esta novela se sitúa justo ahí, en ese hiato insalvable de terminar la lectura y decir “esto no puede ser verdad”, pero sin hallar información narrativa para saber hasta qué punto es cierto lo contado, quedándose quien lee en las éticas y espinosas aguas de la indeterminación. Incertidumbre a la que ayudan unas estratégicas fotografías que, según los cánones convencionales, vendrían a aportar veracidad, testimonio, documentalismo. Y ahí, con el agua moral al cuello, quien lee se quejará de que le gustaba el morbillo de la autoficción siempre que fuese una experiencia complaciente, en la que pudiera reflejarse o con la que pudiese “empatizar”, de la que saliera reforzada o halagado, y no cuestionada o desafiado. Porque el lector de malas autoficciones, alguien lo habrá dicho ya, quizá fui yo en La huida de la imaginación (2019), lo que busca en ellas es… una mejor imagen de sí mismo como lector molón y al día de las tendencias.
Ese lector encantado de conocerse se estrellará de bruces contra Hasta aquí todo va bien, una novela en la que una protagonista salvaje se hace la autopsia a sí misma ante nuestros ojos, quebrantando cualquier norma de corrección bajo el amparo del propósito artístico, y cuestionando ciertos consensos actuales considerados intocables. Y lo hace con una forma estética propia, rompedora de la diégesis y a veces textovisual, que también se lleva, éticamente, al límite, para dejar a quien lee frente a sus propios prejuicios lectores. Y ambas dimensiones, la semántica y la formal, se aúnan en una coherencia pasmosa para tratarse de una primera novela. Como decía el crítico y escritor Adrián Curiel Rivera, “el experimentalismo […] es la manifestación, como ya se ha dicho, de un programa teorético diseñado para la destrucción de la novela […]. La novela experimentalista se arroga así, paradójicamente, la facultad de representar un universo irrepresentable.”[2]
Así es, al terminar la novela de Estela Sanchís nos encontramos con algo que puede parecer irrepresentable para muchas personas, cuya visión del arte en general y de la literatura en concreto es bastante escolar, atenida a pautas morales y ordenadita. Para los demás, para quienes creemos que la literatura no es un espacio pedagógico ni edificante ni moralista ni cómodo, Hasta aquí todo va bien es, pura y simplemente, la novela que estábamos buscando.
[Relación con autora y editorial: ninguna]
[1] Juan Benet, (1971), Cartografía personal; cuatro ediciones, Valladolid, 1997, pp. 65-66.
[2] Adrián Curiel Rivera, Novela española y boom hispanoamericano: Hacia la construcción de una deontología crítica; UNAM, México D.F., 2006, p. 98.

