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sábado, 13 de diciembre de 2008

Entrevista a editores independientes

Cada vez tengo más claro que una de mis obligaciones como crítico debe ser la defensa de la escritura alternativa, entendiendo por tal la escritura de alto voltaje literario no necesariamente experimental. También existen ciertos tardomodernismos exquisitos que son tan necesarios como difíciles de localizar, y por ese motivo necesitan toda la ayuda y difusión posibles. En consecuencia, creo que hay que defender a las editoriales independientes, que no sólo publican a este tipo de autores sino que, como luego veremos, sacan a las librerías los títulos que estos escritores alternativos necesitan para comenzar a escribir o para seguir escribiendo. Por ello aprovecho que están en la Feria del Libro de Guadalajara (México) los editores independientes agrupados bajo el sello Contexto, recientes Premios Nacionales a la Mejor Labor Editorial, para hacerles unas preguntas. Julián Rodríguez, el editor de Periférica, se ha quedado en España pero nos responde vía correo electrónico.

La primera pregunta sería en qué consiste ser un editor independiente. Rodríguez se pregunta a su vez: “¿’Independiente’ de qué? Conocemos buenos sellos editoriales que pertenecen a grandes grupos, y que publican, como dijimos antes, excelente literatura, o literatura a secas, sin pensar en la cuenta de resultados. Al menos sus directores literarios… En realidad, todos, de un modo u otro, dependemos de alguien: de nuestros banqueros, lectores, distribuidores, libreros, críticos… La única independencia está en tratar de elegir siempre qué vas a editar sin pensar en ellos… Nuestro propósito es, en ese sentido (y aunque, sinceramente, tengamos en cuenta todos esos factores), de una independencia total”.

Enrique Redel, de Impedimenta, responde: “Somos los más pillados por un montón de ámbitos: red de librerías, distribuidores a los que implicar, a los bancos (a los que perseguimos y que nos persiguen). Somos independientes, en el sentido de que tenemos la única y última palabra para elegir nuestros títulos, pero esa es casi nuestra única libertad”.

Diego Moreno, de Nórdica Libros, comenta: “tenemos un criterio para decidir los libros que editamos que nunca depende de la cuenta de resultados. No miramos si va a gustar al público o no. No publicamos cosas para pagar unas con las otras”. Para Redel, muchas editoriales compran los libros sin siquiera leer el libro, teniendo a la vista simplemente la cuenta de resultados de otras editoriales de otros países. “Eso me resulta impensable como editor”, añade. Moreno, que acaba de sacar en Nórdica una edición ilustrada de Bukowski, explica que: “mi colección de narrativa nórdica es ruinosa, pero desde el principio lo tuve claro: era un proyecto cultural, quería dar a conocer la literatura de esos países sin pensar en si vendían o no. Lo echaba en falta como lector. Hamsun me influyó muchísimo como lector, y quiero que otras personas tengan la oportunidad de sentir el mismo impacto que yo sentí al leer Hambre” (impacto que compartimos, por cierto, pues Hambre también me parece un libro imprescindible).

Enrique Redel acaba de publicar Estallidos y bombardeos, de Wyndham Lewis, con una traducción premiada de Yolanda Morató y prólogo de Juan Bonilla. “Lewis –comenta su editor– no tiene casi presencia en el mundo hispánico, y la persona de su autor es incluso tremendamente desagradable para muchos. Pero me gustaba su provocación y me lancé a difundirlo sin pensarlo. Apoyas libros de menos salida, con la confianza, quizá excesiva, en que los lectores los descubran, y se vuelvan rentables por su indudable calidad. Lo que me anima a publicar libros es que no suelo encontrar el libro que quiero leer en las librerías. No publico para hacerme rico, es obvio, en cuando a la elección lo que quiero es aportar es un punto de vista cultural aportando un libro que no está en este momento, un punto de vista estético que falta”. Luis Miguel Solano, de Libros del Asteroide, por su parte, sintetiza diciendo que editor independiente es: “aquel que intenta buscar un sutil equilibrio entre la calidad literaria de lo que publica y la exigible rentabilidad económica que necesita toda empresa para funcionar correctamente”.

Se suele reprochar a estos editores independientes su escasa apuesta por autores españoles, basada quizá en las escasas ventas que tienen. Pero ellos se defienden de esta acusación: “Lo que yo hago con los autores nórdicos –dice Diego Moreno– es lo que hacen otras editoriales con los escritores españoles. Para que haya buenos autores deben existir buenas traducciones, y uno de los papeles de las independientes es que facilitamos a los nuevos escritores libros que deberían estar a su disposición. No se puede ser buen escritor sin tener a mano a Gogól, a Kafka, a Pirandello, a Tolstoi, etc. Aportar cosas importantes para la sociedad es valioso pero, en el caso de los autores españoles, ya lo están haciendo otros”.

También el editor de Libros del Asteroide se defiende: “No creo que existan autores independientes: existen buenos y malos autores. Nosotros intentamos publicar buenos autores. En nuestro caso se nos podría acusar de no publicar autores españoles (es cierto con las excepciones de Chaves Nogales, Pla, Antoni Marí o Edmundo Paz Soldán). Lo verdaderamente cierto, al menos en el caso de Asteroide es que no publicamos originales en español, obras que no se habían publicado antes, las razones son varias: 1) que existen otros editores que seleccionan autores noveles mejor que nosotros, 2) que por originales de autores españoles que nos puedan gustar tendríamos que pagara anticipos muy superiores a los que pagamos actualmente por autores extranjeros. Dicho esto también me gustaría aclarar que esto tendrá remedio, que en los próximos años aumentaremos la cuota de ‘recuperaciones’ de autores españoles y que en el medio plazo comenzaremos también a publicar originales escritos en castellano”.

Enrique Redel dice que el caso de Impedimenta es diferente, ya que está deseando publicar autores españoles (como Andrés Ibáñez, a quien ha editado El perfume del cardamomo), pero se produce la paradoja de que los quiere publicar ya están en otras editoriales que les pueden pagar más. Los autores españoles que le interesan cobran más que los extranjeros importantes a los que traduce. Cree que la situación de la literatura española es muy buena, pero el mercado es más limitado de lo que parece, y los que llegan a un nivel son muy pocos, pero es difícil competir con las editoriales que los publican. “Si no publico autores españoles, es porque no puedo”.

Respecto a los noveles, coinciden todos en que es un riesgo publicarlos, pero también es difícil encontrar obras de noveles realmente sugestivas por las cuales se la jueguen. En eso tengo que darles la razón; la calidad de los noveles es muy irregular y hay que tener un estado de cuentas notable para lanzarse alegremente a la publicación de noveles.


Siempre suelo preguntarles a los editores el por qué de su actividad, los motivos de su vocación editora. Todos me hablan de pasión: “Una de las características es la pasión por los libros que publicas -explica Diego Moreno-. El criterio nuestro para publicar cada libro en concreto es subjetivo, pero al final aparece una coherencia entre colecciones. Otras veces te das cuenta que hay relaciones entre escritores que publicamos. Las lecturas de Lidell, por ejemplo, tienen mucho que ver con la línea editorial de Nórdica. De alguna manera, tu catálogo es la biblioteca de mucha gente, y esa es una de las cosas que te mueven. Cundo publicas algo que no tiene mucho sentido, el lector lo detecta y lo castiga”.

Para el responsable de Periférica, “Un editor es un lector apasionado y también un lector crítico. Un editor es alguien que ‘recomienda’, que quiere recomendar como apasionado que es, que quiere compartir, lo que leyó previamente (al menos, nosotros sólo publicamos aquello que hemos leído y disfrutado o pensado previamente; nunca contratamos a través del parecer de otros o de propuestas de agencias que no vienen acompañadas de un texto…)”. En el mismo sentido, Luis Miguel Solano añade: “Yo creo que sí, sin esa pasión es prácticamente imposible tener el empuje suficiente necesario para que una editorial funcione”. Para Enrique Redel, “lo que nos caracteriza es que somos enamorados de los libros. Una de las comidas más aburridas que he tenido en mi vida ha sido con una agente inglesa que no había leído ni a Burguess ni a Woolf. La energía se transmite. Para mí es imposible sacar un libro y venderlo sin que sea un libro que me haya emocionado como lector. Mi elección resulta coherente desde fuera, aunque a mí me parece muy diversa. Me gusta lo que dice Julián sobre la pasión, creo que es un elemento preponderante, y desde luego es mi caso”.

Diego Moreno dice algo que me hace pensar: “yo me niego a crecer, porque es imposible que me enamore al año de más de 15 libros. Creo que el tamaño de mi editorial es el de mi gusto lector. A partir de ahí, le estaría dando gato por liebre al lector”. Medio en broma, medio en serio, le digo que le recordaré esta frase dentro de diez años.

El día anterior se le había realizado a Manuel Borrás, el editor de Pre-Textos, el Homenaje al Mérito Editorial de la FIL, seguramente el reconocimiento más importante que puede recibir un editor en lengua española. En su discurso, Borrás recordó su ya célebre frase: “el catálogo de su editorial es el libro más importante de un editor”. Les pregunto por ella:

Para Diego Moreno, “es una de las frases editoriales más afortunadas de la historia, y más viviendo de Borrás, cuyo catálogo habla muy bien de él. El catálogo debe ser polifónico y coherente a la vez. Mario Muchnik decía que los malos libros hablan mal de los editores. Un mal libro editado es una errata terrible en el catálogo de uno”. Para Enrique Redel, “el de Borrás creo que es uno de los pocos modelos a seguir, porque publica con una tremenda valentía, que es lo que le caracteriza, sin plantearse cómo va a funcionar el mercado por sus libros, y eso se nota mucho a la hora de ver su catálogo. Abundando en su frase, viendo el catálogo de una editorial, puedes ver la vida de un editor. El catálogo es la biografía de una persona. Mientras que su obra, tus actos, sean tangibles, tu vida no muere. Como la vida de un editor suele tener unos efectos llamados libros, éstos son la expresión más depurada de la biografía”. Julián Rodríguez escribe: “El catálogo… Evidentemente, el catálogo de una editorial es su principal y único valor; su energía y su aval. Da igual el nombre, da igual el lugar o país desde el que edites, da igual tu ‘poder’ mediático o económico: para juzgar a una editorial lo único que hemos de recorrer son las líneas (los nombres propios, tanto los ‘sonantes’ como los poco ‘sonantes’o asonantes) de su catálogo. Y, sobre todo, la conjunción entre todos esos nombres. A todo esto algunos lo llaman ‘perfil’, me parece bien: el perfil de un rostro llamado editorial”.

Llega la inevitable pregunta sobre el libro electrónico y nuevas tecnologías. Aprovecho para comentar que Nintendo sacará en navidad una consola adaptada para la lectura de libros electrónicos, con lo cual ya no hay paso atrás: si Nintendo está interesada, es como si la Coca-Cola se interesa por un nuevo formato de botella.

Enrique Redel comienza diciendo que “vamos a disentir, pero yo soy un firme defensor del libro electrónico, que culminaría muchos de mis sueños más dorados. Creo que la tecnología digital del libro electrónico es insoslayable, y podemos o aceptarla o mirar hacia otro lado. Dicho esto, creo que le libro tradicional no va a desaparecer, que seguirá conviviendo con otras modalidades de edición, y tienen defectos que pueden hacerlos incómodos: pesan, cogen polvo, etc. Pero si pudiera tener una biblioteca digital que no cambie en 50 años, lo haría sin dudarlo. Creo que tendremos otras cosas que ahora no tenemos y que nos vienen muy bien”. Diego Moreno, en efecto, disiente: “no soy partidario, pero da igual. Creo que el libro electrónico va a funcionar muy bien. Creo que cuando esté bien hecho, con poca batería y con todas las funciones de un iPhone, por ejemplo, va a funcionar muy bien, porque el que ha cambiado es el lector. La manera de ver la música y la cultura ha cambiado y las cosas también, ya no se compran enciclopedias enormes. Los gustos del usuario/comprador cambian, y el e-book puede enriquecer mucho la experiencia del lector y complementarla. No son incompatibles con los libros tradicionales, porque pueden cumplir funciones o paliar necesidades diferentes”. Luis Miguel Solano dice que el libro electrónico es: “el futuro, aunque no tan cercano como muchos parecen pensar. Creo que tardaremos en llegar a ver la lectura en pantalla para la lectura de ocio, otra cosa distinta es para la lectura profesional, donde lo veremos mucho antes. Lo que tengo claro es que en literatura ambas formas de lectura (en papel y convencional) convivirán durante mucho tiempo”. Según Rodríguez, “creemos que hay cabida para la edición electrónica y para la ‘tradicional’ al mismo tiempo, pueden convivir. Incluso es posible que los sellos más ’artesanales’, que más mimen sus ediciones, tanto en lo formal y natural: la cola o el hilo vegetal de sus encuadernaciones, el papel respetuoso con el medio ambiente, etcétera, etcétera, como en el diseño o la ‘puesta en escena’, puedan sobrevivir mejor a esos cambios. Siempre hay espacio para lo vintage bien entendido… Y, por otra parte, quién no quiere tener cien libros, o quinientos, en un solo aparato: también me parece fascinante… Creo que lo ideal sería poder disfrutar de ambas opciones, que lo ‘digital’ o inmaterial ayude a lo ‘analógico’, como las nuevas tecnologías (adsl, tarifas planas de móvil, skype, ordenadores baratos, transportes urgentes con tarifas culturales…) nos ayudan en nuestro trabajo, tan tradicional (¿o no?), nos ayudan a ser editores…”.

Enrique Redel concluye: “auguro que el 90% del sector no va a saber reacciona a esto. Va a haber un nuevo tipo de editor. Espero que nosotros tengamos cintura, pero de hecho el sentimiento que más capto en otros editores es que creen que el suelo desaparece bajo sus pies”.


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jueves, 20 de noviembre de 2008

Editoriales pequeñas y reconocimiento


Creo que es muy buena noticia que el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial 2008 recayese ayer en la Asociación de Editores Contexto , que incluye a seis pequeñas editoriales independientes: Barataria, Libros del Asteroide, Periférica, Global Rhythm, Impedimenta, Nórdica y Sexto Piso.

La nota del ministerio dice que el premio se concede a “por su irrupción innovadora en el panorama editorial, que desde la iniciativa individual y desde distintos puntos de España, han sabido vincular edición, distribución y librería en torno al proyecto Contexto”. En estos momentos de crisis económica en que todas las pequeñas empresas lo están pasando regular, creo que este premio puede ayudar a dar a las pequeñas editoriales la importancia que merecen, y de la que tanto se habla aquí. Cumplen un papel fundamental a la hora de publicar nuevos autores hispanoamericanos, rescatar viejos títulos y hacer nuevas traducciones de clásicos de todos los tiempos. Lástima que la dotación económica del premio tenga que dividirse entre seis... En todo caso, enhorabuena a los premiados y el consejo para todos de que sigamos comprando sus libros, único modo de que estas editoriales puedan sostenerse económicamente.