sábado, 20 de mayo de 2023

Transhumanismo especulativo

 Max Power, Fuck Data. Granada: Sonámbulos, 2022.

 


El nombre de Max Power es, por supuesto, un pseudónimo, perteneciente a un escritor español que ha decidido dar un giro a su interesante pero poco conocida trayectoria mediante un nom de plume diferente. Pero eso en realidad no importa demasiado.

Lo destacable es el valor esta novela crítica de anticipación, especulativa, a medio camino entre la ciencia-ficción y la distopía política, así como la oportunidad de su aparición justo en este momento —aunque escribir un empeño ambicioso como Fuck Data ha debido llevar años—, al tratarse de una obra que ahonda críticamente en el transhumanismo tecnológico, en el escepticismo producido por los deepfakes y la opacidad oligárquica de las corporaciones dedicadas a convertir el mundo en simulacro. Y lo hace con una profundidad desusada que, sin caer en el ensayismo ni en el cólico informativo —defectos frecuentes en numerosas narraciones especulativas actuales— penetra hasta la médula en los asuntos que aborda, sobre todo en las complicaciones psicológicas y hasta psicoanalíticas que puede traer consigo el desarrollo transhumanista de la personalidad humana. En este aspecto psíquico, la novela contiene algunas de las mejores páginas que he podido leer sobre este asunto, y recordemos que es un tema sobre el que han escrito autores como Kazio Ishiguro, Michel Houellebecq o Ian McEwan, entre otros.

Fuck Data tiene elementos muy novedosos, y otros más clásicos, como el uso —obviamente actualizado— del manuscrito encontrado como recurso de partida para organizar la trama (los 27 capítulos se corresponden con otras tantas “transcripciones”). Pero, a partir de ahí, el narrador demuestra virtuosismo a la hora de organizar la información que va recibiendo quien lee, un lector que poco a poco va comprendiendo un argumento bastante complejo, sin ser consciente de cómo se almacenan en su memoria lectora las capas narrativas. Los diversos marcos de conciencia que se proponen en la novela se corresponden a la perfección con la entrada y salida de una primera persona verbal, cuyo desarrollo es parte clave para entender el sentido de la historia. Sin adelantar nada de esta, no me resisto a citar este párrafo de un ensayo reciente sobre psicología cognitiva:

“Imagina que una versión futura de mí mismo, tal vez no muy lejana en el tiempo, te ofrece el trato de tu vida: puedo sustituirte el cerebro por una máquina que sea igual a él en todos los sentidos, de tal forma que, desde fuera, nadie puede notar la diferencia. […] Pero […] no te puedo garantizar que vayas a tener experiencias conscientes si aceptas esta oferta. Tal vez las tengas si la conciencia depende únicamente de la capacidad funcional, del poder y la complejidad de los circuitos del cerebro, pero quizá no las tengas si la conciencia depende en realidad de un material biológico específico (las neuronas, por ejemplo). Por supuesto, como tu cerebro-máquina produce comportamientos idénticos a los anteriores en todos los sentidos, cuando le pregunto a tu nuevo tú si estás consciente, tú nuevo tú dirá que sí. Pero, ¿y si, a pesar de esa respuesta tuya, la vida -para ti- ya no es una experiencia en primera persona?” (Anil Seth, La creación del yo. Una nueva ciencia de la conciencia. Sexto Piso, 2023, p. 16)

En ese sentido, Fuck Data guarda cierto parecido con una novela no demasiado transitada, la habilidosa Génesis de Bernard Beckett (Salamandra, 2009), que en su momento planteaba una especie de diálogo platónico sobre inteligencia artificial.

Otro de los aspectos relevantes de la obra es su tratamiento del tiempo, tanto del narrativo como de la experiencia cronológica en general, un asunto que en las manos del autor se llena de sutilezas y de mañosas vueltas de tuerca conceptuales. Y, conectado con esto, agregaremos el hondo entendimiento de nuestro tiempo, de esta época, sobre la que hay, como en toda buena distopía, diagnósticos implacables (p. 145).

 


Lo que consigue el autor presentado como Max Power es una eficaz mezcla de anticipación, presentismo y crítica psicosocial, pasada por un tenue tamiz teórico y metaliterario que apoya y refuerza la narración sin aprisionarla. Sorprendente, distinta y radicalmente libre, Fuck Data tiene, como casi todas las novelas, aspectos mejorables —comenzando por el título—, pero merece ser atendida y entendida, y creo que gustará no solo a los aficionados a la ciencia ficción, sino también a los partidarios de la buena narrativa.

 

 

[Relación con autor y editorial: ninguna]

 

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