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domingo, 24 de septiembre de 2017

Cuestionario sobre realidad y relato en el siglo XXI en El Cuaderno





El Cuaderno ha publicado en cinco entregas durante esta semana de septiembre un Cuestionario sobre realidad y relato en el siglo XXI, con preguntas de las profesoras Teresa Gómez Trueba y Carmen Morán, a raíz de su libro Hologramas, que comentamos aquí hace pocos meses. Los encuestados somos Francisca Noguerol, Ricardo Menéndez Salmón, Mercedes Cebrián, Jorge Carrión, Cristina Gutiérrez Valencia, Agustín Fernández Mallo y moi. Creo que el resultado es muy interesante por la mezcla variopinta de respuestas-propuestas recogidas por las dos autoras. Aquí los enlaces, y, a continuación, reproduzco las cinco preguntas y mi contestación a cada una:





https://elcuadernodigital.com/2017/09/23/cuestionario-sobre-realidad-y-relato-en-el-siglo-xxi-5/



Pregunta de las encuestadoras: En las últimas décadas, buena parte de la narrativa ha seguido el camino de los experimentos intermediales entre la página y la pantalla (búsqueda de conexiones e interferencias entre los discursos literario, cinematográfico, televisivo, cibernético, etc.) Paralelamente, la crítica –pero también el receptor— se interesa cada vez más por los procedimientos compositivos –retóricos, cabría decir— de formas como las series televisivas o los videojuegos. ¿Significa esto que es pertinente un concepto de narrativa que rebase lo literario y comprenda también otras formas, como las mencionadas?  ¿Es únicamente una cuestión de moda o de influencias extraliterarias que no modifican el concepto de literatura heredado y vigente hasta el siglo XX?
Respuesta: El concepto de narrativa, en el sentido de acto de contar una historia, es muy anterior al nacimiento de la literatura, término que apela a la decantación o sofisticación retórica de algunos modos de contar acaecidos en los últimos tres milenios -y que se acuña como lo que hoy entendemos por literatura hace pocos siglos-. Son también narrativos algunos fenómenos (comunicativos, artísticos, judiciales, etcétera) que no tienen que ver con la literatura de un modo estricto. Lo narrativo es más antiguo y más amplio que lo literario, y una de las líneas de fuga de la literatura actual (especialmente de la narrativa, pero también de la poesía), entra en colisión directa con otras formas de narratividad, sobre todo audiovisual. Este proceso es paralelo al que ya atisbara Horacio respecto a la poesía y la pintura, hace 2050 años, nada menos. Son evoluciones lógicas, en las que los sectores más avanzados de la literatura se cuestionan, se autocritican, se ponen en crisis e intentan dilucidar su situación respecto a otras artes de su tiempo. Ha pasado siempre y es normal que suceda ahora de nuevo.

Pregunta: En Hologramas hemos tratado de plantear una explicación única para fenómenos literarios que aparentemente poco o nada tienen que ver entre sí, tales como pueden ser las autoficciones y la intertextualidad, la fragmentación extrema, las estrategias narrativas (y comerciales) de literatura expandida, etc. En nuestra opinión, todas estas formas apuntan en última instancia a una visión de la vida como un relato-marco más, que incluye a otros (la novela, las novelas dentro de la novela… ) y puede ser, a su vez, incluida en una mise en abyme infinita. Creemos ver en ello una corriente neoplatónica, en el sentido de que conciben la vida y el universo humanos como una ilusión, ficción o caverna dentro de otra. ¿Considera plausible esta interpretación?
Respuesta: Son innumerables las obras que, en efecto, respaldarían esta visión; en La luz nueva (2007), apunté que el mito de la caverna es central en el imaginario contemporáneo. No obstante, me parece entrever que esa imagen tecnológica del simulacro de realidad está dejando paso, poco a poco, a otra metáfora, con raíz en los Vedantas, usada por Shakespeare, formulada por Schopenhauer y recogida por Nietzsche, entre muchos otros pensadores y artistas: la imagen hindú del Velo de Maya, según la cual hay un engaño interpuesto entre nosotros y el mundo, pero a fuerza de pensar podemos llegar a romperlo o a ver a su través. Marco Aurelio lo formuló a su manera: “Las cosas están cubiertas, por decirlo así, de un velo que hace que los principales filósofos las consideren incomprensibles, y que incluso a los estoicos les resulten difíciles de comprender” (Meditaciones, V, 10). La diferencia con el relato platónico es que el que sufre el ardid sabe que se le intenta engañar. Gran parte de la mejor narrativa actual, de Coetzee a Pynchon, pasando por Juan Goytisolo o Margaret Atwood, tiene que ver con la hiperconsciencia respecto a la construcción del relato, la consideración del escritor como hermeneuta que descubre conspiraciones, la escritura como representación parcial del mundo y la necesidad de trascender los recursos para llegar a la realidad de las cosas. Gran parte de la narrativa crítica española actual se inserta en esta visión, y, como escritor, intento anclarme también en ella.

Pregunta: Esa misma explicación podría aplicarse a la utilización de la Historia (por ejemplo, la Historia reciente de España) como argumento narrativo o materia de ficción. ¿Existen límites a la expresión artística políticos y éticos en ese uso? ¿Cuáles son?
Respuesta: He respondido a la pregunta anterior antes de leer ésta, y creo que está parcialmente contestada en mi reflexión previa: si pensamos en los casos de Elvira Navarro, Isaac Rosa, Belén Gopegui, Sara Mesa o Gonzalo Torné, nos damos cuenta de que sus novelas suelen girar alrededor de cómo se han construido los discursos históricos y la representación de las identidades geográficas y políticas de nuestro país. No soy muy partidario de marcar límites a la expresión artística, ya intentan otros ocuparse de ello. Prefiero pensar que los discursos que traspasen ciertas fronteras acaban desactivándose por sí solos: por desgracia, la literatura cada vez tiene menos calado social, con lo que las tonterías puestas por escrito cobran cada vez menos importancia.

Pregunta: La consideración de la vida como marco ficcional de la obra (y particularmente la vida del escritor, con sus registros fotográficos, sonoros, vídeos, etc.), junto con los juegos intertextuales, reescrituras, copias, plagios, etc., parecen desembocar en una literatura concebida como gran libro de arena, una Obra única que contiene todas las obras, escritas y reescritas por todos, con todas sus variables escritas y por escribir. Ante una noción así, ¿dónde queda el autor? ¿su identidad se diluye hasta hacerse líquida? ¿o, a pesar de ser uno más en la gran reescritura colectiva de La Obra, se exacerba merced a una presencia hipertrofiada en fotografías, perfiles y comentarios de redes sociales?
Respuesta: Quizá habría que preguntarles a los autores que practican ese tipo de literatura, entre los que no me cuento. Como partidario acérrimo de la imaginación y defensor de la potencia estética y política de la fábula, creo que el escritor debe preocuparse por la obra, y no por su persona dentro de la obra. Me temo que cada vez somos menos lo que pensamos de este modo. Respecto a la identidad del autor, es un tema muy complejo, al que he dedicado quince años de mi vida, destinados en dos libros, La literatura egódica y El sujeto boscoso, a los que me remito.

Pregunta: La historiografía de la literatura española del siglo XX nos habla de varios momentos álgidos en relación con el afán experimental (las Vanguardias en los años veinte, el boom de experimentación de los sesenta, la narrativa mutante del siglo XXI…). Pero naturalmente esos momentos han ido seguidos de las voces críticas que se empeñan en denunciar, tras la apariencia de total innovación, las irremediables conexiones con el pasado y la tradición. En relación con este último boom de narrativa experimental, ¿qué función cumplen la tradición y el canon de la literatura española? ¿Tiene todavía sentido, en el mundo global, el concepto de literatura nacional o son ya otros los contextos de influencia? Es más, ¿conserva en la actualidad el concepto de canon la misma vigencia que tuvo en el pasado? O, por el contrario ¿este, al igual que supuestamente el autor, se ha vuelto irremediablemente líquido e inasible?
Respuesta: La posmodernidad tuvo cosas buenas, pero ha legado también bastantes ideas nocivas; entre estas últimas, la negativa a aceptar cualquier idea de canon estético me parece de las peores en el campo de la teoría de las ideas. En la introducción a La cuarta persona del plural (2016) ya expuse que una idea abierta, plural, sociológica y crítica de canon es indispensable si queremos seguir pensando que la teoría literaria en general y la crítica en particular tienen algún sentido nuestros días. El canon actual de libros clásicos, en muchos casos, se compone de obras en su tiempo lucharon contra la tradición existente, con la intención de superarla o, por lo menos, de ir más allá de sus planteamientos. Galdós era literariamente mucho más avanzado y valiente que los numerosos imitadores de Galdós. Creo el papel de la literatura nuestros días debe seguir parámetros de actuación similares, de otro modo cae inmediatamente en el peligro de la repetición y el eco involuntario -que es la peor forma posible de eco-.






domingo, 7 de mayo de 2017

Nota sobre Hologramas y la narrativa española actual











Teresa Gómez Trueba, y Carmen Morán Rodríguez, Hologramas. Realidad y relato del siglo XXI; Trea, Gijón, 2017.


No me es posible reseñarla, pero al menos quiero dejar constancia de la salida de esta importante monografía, que resume con bastante acierto varias de las líneas de fuga de la narrativa española de lo que va de siglo. Las autoras, que suman cada una sus propias preocupaciones y enfoques, a veces claramente detectables, también logran un tercer discurso, superador o sintético de sus posiciones, que constituye una de las mayores riquezas del volumen. Su propósito es claro y Hologramas se ajusta a él: “aunque muy diferentes entre sí, todas las novelas de las que hablaremos […] se hallan incardinadas en una corriente de sospecha ante la realidad y su enunciación” (p. 56). Y así es, y una de las virtudes del volumen es demostrar que esa corriente de sospecha -no “frankfurtiana”, salvo excepciones puntuales- es mucho más extendida de lo que pudiera pensarse, y quizá es hija de estos tiempos de espectáculo, simulacro y postverdad en los que nos encontramos.

Entre los puntos fuertes de la monografía, las autoras entran al trapo del uso y el abuso de lo metaficcional; examinan -con alguna reserva, pero, en general, con demasiada benevolencia- en la epidemia de autoficcionalidad o “hibridez”, como ellas prefieren denominar al fenómeno; prefieren hábilmente hablar de la distinción entre discurso y realidad, en vez de distinguir entre ficción y no-ficción, para apreciar la “creciente fluidez entre compartimentos” (p. 156); hacen una excelente lectura de las relaciones de la literatura actual con la tecnología, la televisión y la fotografía, y llevan a cabo una necesaria recuperación de la figura del novelista Mariano Antolín Rato como antecesor necesario en el XX de algunos fenómenos literarios del XXI. En efecto, antes de Loriga y Casavella, Antolín Rato había llevado a cabo un claro movimiento de apertura a otras realidades literarias, y está por estudiar su huella en los contemporáneos y en las añadas siguientes.

Como reparo, pondría la excesiva presencia de Javier Cercas en el volumen, inversamente proporcional a sus méritos literarios -a mi juicio, por supuesto-. Para una segunda edición sugeriría a las autoras una referencia a los complejos juegos metaficcionales con los cuatro narradores que Ramón Buenaventura en NWTY (2013, que a su vez traen causa de los narradores de su novela El año que viene en Tánger), añadir a la parte de “falsos documentales” una referencia a La fórmula Miralbes (2016) de Braulio Ortiz Poole, y a Los últimos días de Adelaida García Morales (2016) de Elvira Navarro (imagino que el volumen se cerró antes de la aparición de estos libros), y sería conveniente rectificar el apellido de Rafael Pérez Estrada, llamado “López Estrada” en la p. 241.

En suma, es el de Gómez Trueba y Morán Rodríguez un manual más que útil para entender lo que ha cambiado y crecido en este siglo la narrativa española actual.