Aquí está el vídeo de la conversación que sostuve con Jorge Carrión sobre mi trayectoria literaria, especialmente sobre Circular 22, Teoría y Centroeuropa, en la sala cultural de Casa Seat en Barcelona, el pasado 4 de noviembre.
Aquí está el vídeo de la conversación que sostuve con Jorge Carrión sobre mi trayectoria literaria, especialmente sobre Circular 22, Teoría y Centroeuropa, en la sala cultural de Casa Seat en Barcelona, el pasado 4 de noviembre.
Los pasados 10 y 11 de noviembre se celebraron unas jornadas en la Universidad de Oviedo, dirigidas por Javier García Rodríguez, que tenían como eje central a David Foster Wallace, especialmente a su novela La broma infinita (Infinite Jest, 1996), considerada una de las novelas más relevantes de los últimos treinta años en cualquier lengua.
Yo intervine con una ponencia que espero que vea la luz junto a los otros textos resultantes del encuentro, y cuyos detalles prefiero, en consonancia, reservar. Pero me gustaría dar algunos consejos para leer la novela, cuya lectura recomiendo, por supuesto, encarecidamente:
-Es preferible leerla cuando se disponga de un período de tiempo con varias horas al día disponibles, preferiblemente durante unas vacaciones. La lectura concentrada de la obra facilita la retención de detalles importantes, y ésta es una novela de detalles. Me dirán que es un consejo aplicable a cualquier obra, pero no todas las novelas tienen 1.200 páginas y 388 notas finales a tamaño de letra 8.
-Algunos "cartuchos" con grabaciones visuales descritos en La broma infinita parecen estar en blanco, pero en realidad lo que precisan es un aparato que los reproduzca a una velocidad concreta (ver notas 205 y 301). Es decir, para verlos tienes que ir a la velocidad adecuada. Con la lectura de la novela sucede igual. Ni se precipiten, ni se demoren. Además, hay partes más densas, sobre las que conviene detenerse y otras -como las ambientadas en el centro de rehabilitación- que pueden leerse a mayor velocidad.
-Yo la leería con un cuaderno de notas al lado y tomando apuntes.
-Por un motivo que explicó Javier Calvo en las jornadas, y otro que expliqué yo, lo ideal sería leer Infinite Jest en el idioma original, en vez de la edición de La broma infinita en español. Pero hace falta un nivel de inglés al menos de C2. Yo la leí en español y luego me compré la versión original para releer algunos fragmentos y examinar la disposición de la novela, que sufre pequeñas, si bien decisivas, variantes en la versión traducida.
-Las notas al final no sólo son de obligada lectura, sino que algunas esconden claves para la comprensión de la novela.
-Una vez acabada, es conveniente comenzar de nuevo por el principio y releer, al menos, hasta la página 80. No sólo no le pesará hacerlo, sino que lo disfrutará mucho. De hecho, es una novela pensada para ser releída por completo.
-Si al terminarla la primera vez cree haber comprendido todo, seguramente no la ha comprendido. Pero si le sigue dando vueltas en su cabeza durante una semana o dos, cavilando y releyendo sus propias notas, puede que alcance algo parecido a una comprensión cabal de la historia. También puede informarse en los numerosos y conspiranoicos foros que la novela ha suscitado.
-Borja Bagunyà: “Creo que uno de los caballos de batalla de Foster Wallace era cómo salir de lo nihilista y solipsista de los posmodernos. Sus intentos constantes tenían que ver con la intención de agujerear la metaficción para que no se convirtiesen en textos que hablan de sí mismos. Eso ya se hizo en los sesenta y cuando él se sienta a escribir en los noventa sabe que simplemente ya no lo puede repetir".
-Infinite
Jest es la última gran novela del siglo 20, y a la vez prefigura la
narrativa de buena parte del siglo 21. Y también describe diversos problemas sociológicos que nos acucian y que Wallace anticipó con alcance visionario. Lamento ser tan terminante, pero lo digo como lo pienso: se puede saber de literatura sin haber leído La broma infinita, pero quien la ha leído adquiere un nivel de conocimiento literario distinto. No mejor, ni peor, pero sí distinto. Ricardo Menéndez Salmón dijo en las jornadas que, tras leer a David Foster Wallace, “es difícil volver a tu escritura indemne”. Y a tu modo de leer, añado. Porque aparece un rasero que antes no existía, una nueva vara con la que medir todas las novelas contemporáneas. Solo quien lo ha probado lo sabe.
En el último número de la revista Pasavento he publicado el artículo "Los ojos nuevos del escritor desajustado geográficamente". Es una reflexión sobre la mirada nueva y descontextualizada que, según los numerosos testimonios recabados -y mi experiencia personal-, adquiere la persona que escribe en una situación extraterritorial de cierta duración.
Puede leerse en abierto aquí o aquí.
Algunos trabajos académicos recientes.
En el marco del proyecto de investigación 'Exocanónicos', dirigido por Daniel Escandell Montiel, aparece este volumen colectivo, que incluye mi texto sobre la evolución de la acogida crítica y lectora de la singular obra poética de Pedro Casariego Córdoba.
En este volumen, coordinado por Yannelys Aparicio y Juana María González, y dentro de los trabajos del grupo de investigación GREMEL, colaboro con un capítulo titulado "Decirse poeta: figuraciones autoriales de la poesía española contemporánea escrita por mujeres".
En este otro libro, preparado por Marta Pascua Canelo, Borja Cano y Sheila Pastor (eds.), incluyo un provocador esbozo de panorama de la literatura reciente en castellano:
En rigor, esta nota debería ubicarse en la entrada que dedicamos hace unos meses a los dispositivos intergenéricos de impostura, a los que podrían sumarse también otras obras de Mor, como su Antología de Spoon River, de la que hablamos en su momento. Sus obras están trasvasadas de literatura, que concurre en forma de homenaje (en este caso, a Grains et issues de Tzara, publicado en 1935), intertexto o palimpsesto, con guiños constantes a otras autorías, en las que a veces se diluye. Larvalar, fiel a esta senda, tiene que ver con cualquier experimento literario donde una forma metamorfoseante se alíe con una disolución autorial. En Larvalar, de la misma manera que los personajes-yoes poéticos tienen dudas identitarias y su subjetividad (y su género sexual) fluye y se desmaterializa a partir de metamorfosis de la propia identidad del autor (Dolan Mor [seudónimo] – Lilo Mor [supuesto autor de la imagen de portada], Orlando Mora – Alina Mora / Larvalar, Larva, Lar – Valar), también los géneros literarios se hibridan y desdoblan, correspondiendo a los poemas titulados como “Lar” la voz más lírica y a los textos numerados bajo la rúbrica de “Valar” como más épicos o narrativos, como cuentos en prosa. La subjetividad disuelta encuentra un correlato en los géneros mezclados, de manera que todo en el libro (voces, personajes, géneros) va fluyendo a través de la metanoia constante.
Larvalar, por tanto, explora la utilización de dos espejos (un motivo recurrente en libros anteriores de Mor), uno sexual donde se refleja Alina y se reduplica Orlando, para explicar la división del sujeto (y, en segundo grado, la multiplicación psíquica del autor), y otro azogue de corte literario, donde narrativa y prosa se espejean hasta crear una retícula donde parece que no se habla de nadie, pero se está hablando, en poemas tan distintos como sugerentes, de todos nosotros. Jung escribió: “El hombre natural no es una individualidad, sino partícula de masa y masa, un ente colectivo hasta un punto que no está siquiera seguro de su yo”. Cómo no reconocerse en esa duda, en esa incertidumbre, que en Larvalar es la única forma posible de identidad.
Tania Favela, La imagen rueda. Los libros de la resistencia, 2022.
Pablo García Casado, La madre del futbolista. Visor, 2022.
Dionisia García, Vuelo hacia dentro. Libros del Aire, 2022.
Un poeta comentaba sobre la gran carga de pasado que soportamos. Los ayeres rompieron el compromiso retirando sus referencias, para dejarlo en el hueso.
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Ventanas que miran, sin entender, la ceremonia de la vida.
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En el Ampurdán, los árboles se comunican entre sí. Pasada la lucha con la tramontana, vuelven a la quietud. Sin embargo, ya no pueden soñar porque se sienten acechados.
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Si no nos esmeramos, ver comer a otro es un espanto.
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Clavicordio es una palabra acaracolada.
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El olvido se impone cada tres generaciones.
[Relación con los autores: ninguna con Tania Favela y Dionisia García; con Dolan Mor he sostenido correspondencia sobre sus libros, y con Pablo García Casado, amistad. Relación con las editoriales: ninguna.]